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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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martes, noviembre 01, 2022

El increíble legado del primer ingeniero graduado en el país y la polémica por el puerto de Buenos Aires.

 

Luis Augusto Huergo fue el primer ingeniero recibido en el país. Llevó adelante importantes proyectos de obra pública. El que más trascendió fue el del Puerto de Buenos Aires.

El 1 de noviembre nació Luis Augusto Huergo, quien tuvo una amplia actuación en la obra pública en casi toda Argentina. Su trayectoria, sus obras y la confrontación con Eduardo Madero cuando se disputaron la creación de un puerto en la ciudad de Buenos Aires acorde a los tiempos que se vivían.

Ni la persona con la mayor imaginación habría aventurado que con el correr de las décadas Huergo y Madero, que la historia y la ingeniería los habían enfrentado en una durísima polémica, compartirían el nombre de una avenida en la ciudad de Buenos Aires.

Cuesta creer todo lo que hizo Huergo. Su diploma de ingeniero del 6 de junio de 1870 lleva el número 1. Habían sido 13 los alumnos que se habían inscriptos en 1866.

Había nacido en Buenos Aires el 1 de noviembre de 1837 y cuando a los 12 años quedó huérfano de padre, su hermano mayor lo mandó a estudiar al Santa María, un colegio jesuita de Maryland, en Estados Unidos. Volvió a Buenos Aires en 1857 manejando perfectamente el inglés y con un apodo que describiría su personalidad: “Bull”, toro.

En 1862 se recibió de agrimensor y cuando el rector de la Universidad de Buenos Aires Juan María Gutiérrez creó en 1865 la carrera de Ingeniería, se anotó. El 6 de junio de 1870 se convirtió en el primer ingeniero en graduarse en el país, con la tesis “Vías de comunicación”.

Gran parte del país tiene una deuda de honor con él: estudió el cauce del río Salado, la canalización de los ríos Tercero, Cuarto y Quinto, y proyectó un canal de navegación por el río Primero desde Córdoba al río Paraná.

Fue el responsable del tendido del ferrocarril entre Buenos Aires y Villa Mercedes, en San Luis. Proyectó el dique de San Fernando y aumentó la capacidad del San Roque, en Córdoba.

En Mendoza y Río Negro desarrolló obras de irrigación, se ocupó de la salubridad en la ciudad de Córdoba y proyectó mejoras en el puerto de Asunción.

Hizo el primer trazado de un camino que unió las ciudades de Buenos Aires y La Plata. Además, estableció el ejido urbano de lo que se transformaría en la ciudad de Ensenada.

Fue ministro de Obras Públicas de la provincia de Buenos Aires, fue el presidente de la Sociedad Argentina de Ingenieros Civiles, del Centro Argentino de Ingenieros y fundó la Sociedad Científica Argentina en 1872 con un grupo de compañeros con los que había estudiado ingeniería. Fue por muchos años profesor y decano de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UBA.

Hasta se involucró en la incipiente industria petrolera. En 1910 el presidente Roque Sáenz Peña lo nombró a cargo de la flamante Dirección General de la Explotación del Petróleo.

De todas formas, su nombre quedaría asociado al famoso y polémico proyecto del puerto de Buenos Aires, que se venía debatiendo desde la época de Bernardino Rivadavia.

Para Luis Augusto Huergo, la cuestión de dotar a la ciudad de un puerto acorde a las circunstancias lo hizo sentir como un Quijote luchando contra los molinos de viento.

Cuando fue nombrado director técnico de las obras del Riachuelo, demostró lo que tenía en mente. Convenció a las autoridades y gracias a la legislatura provincial que votó la suma de medio millón de pesos fuertes para mejoras en el Riachuelo. En 1876 comenzó a trabajar en un ambiente de mucho escepticismo. Pocos le tenían fe a mejorar ese curso de agua que su profundidad no llegaba al metro ochenta. Estaba convencido que esas obras serían la base del puerto que Buenos Aires precisaba.

Trazó un canal artificial que partía de la boca del Riachuelo y que terminaba en las aguas profundas, por el que comenzaron a ingresar buques de gran calado, de hasta 21 pies. Era momento de presentar su gran proyecto para el puerto porteño, con una serie de muelles como si fueran los dientes de un peine.

Pero no imaginaba la maraña de intrigas y favoritismos que se jugaban a sus espaldas.

Eduardo Madero era cuatro años mayor que Huergo y su infancia la pasó en Montevideo junto a su familia, exiliada durante el rosismo. El padre había armado una próspera empresa de importación y exportación y cuando Eduardo regresó a Buenos Aires, quiso continuar con el negocio familiar, pero para ello se necesitaba un puerto acorde.

Su proyecto consistía en cuatro diques cerrados, con esclusas, intercontectados mediante puentes, y dos dársenas, la norte y la sur. Madero corría con ventaja: era el sobrino de Francisco Bernabé Madero, vicepresidente de Julio A. Roca. No demoró en lograr una audiencia en gobierno para presentar su idea, que contemplaba una inversión de 20 millones de pesos fuertes.

Mientras tanto, Huergo siguió los canales burocráticos. En 1881, el mismo año que lo hizo Madero, presentó su proyecto para el que se necesitaba una inversión de 3.500.000 de pesos fuertes. En abril del año siguiente le solicitaron los planos para ser analizados por el Departamento de Ingenieros para así luego girarlos al Congreso. Nunca se supo qué pasó con ellos.

Madero y el gobierno sabían que su proyecto no pasaría el examen del Departamento de Ingenieros y lo giraron primero al Congreso. Roca hizo conformar una comisión ad-hoc para analizarlo, pensando que tendrían una opinión positiva. Pero su dictamen fue lapidario: lo que Madero había presentado era un mero bosquejo.

La idea había sido desarrollada por el ingeniero civil británico John Hawkshaw, que había participado de la construcción de puertos en su país, y hasta había sido consultado sobre la viabilidad del proyecto del Canal de Suez, cuando las obras ya habían comenzado.

Aun así, en 1884, con los planos definitivos, se firmó el contrato y el gobierno hizo caso omiso al dictamen que los ingenieros había suscripto en 1886. Para darle mayor validez al acto, Roca convocó a los ex presidentes Mitre, Sarmiento y Avellaneda. En abril de ese año Huergo renunció a su cargo de director técnico del Riachuelo.

La historia es conocida: en marzo de 1887 empezaron las obras y dos años después se inauguró la Dársena Sur y el malecón exterior. Cuando estalló la crisis económica de 1891 ya estaban listos los diques 1 y 2 y faltaban el 3 y el 4, la Dársena Norte y el canal norte. Las obras continuaron hasta 1898. De los 20 millones iniciales se pasó a un costo de más de 50 millones. Para 1902 el puerto desbordaba de tráfico, era operativamente lento y caro.

Roca, nuevamente en la presidencia, le pidió opinión al ingeniero Elmes Corthell, que dijo que la solución era hacer un puerto con el sistema de peine de Huergo. El presidente se negó, ya que hubiese sido admitir su error. Finalmente en 1907 José Figueroa Alcorta llamó a concurso para hacer el Puerto Nuevo, con el diseño de Huergo. Para 1925 Puerto Madero fue abandonado hasta que en el gobierno menemista se reconvirtió en un barrio exclusivo, y del puerto solo le quedó el nombre.

Al final de su vida, Huergo fue director honorario del primer yacimiento petrolífero descubierto en Comodoro Rivadavia y se destacó por su defensa del recurso natural.

Tenía 76 años cuando murió el 4 de noviembre de 1913. En su honor el 6 de junio se celebra el día de la ingeniería argentina. Alcanzó a ver el inicio de las obras del puerto, tal como lo había proyectado. Murió seis años de su inauguración. Pero el tiempo le había dado la razón.

Autor: Adrián Pignatelli.

PUBLICADO EN INFOBAE.

1º de Noviembre de 2022.

Luis A. Huergo y la Patagonia.

09/06/2008.

Un poco olvidado o no muy conocido? En relación con la Patagonia casi nada, aunque una localidad rionegrina del Alto Valle lleve su nombre y en Comodoro Rivadavia el antiguo club petrolero haya instalado su apellido, lo mismo que algunas calles del sur argentino. Luis Augusto Huergo -nacido en Buenos Aires en 1837- nunca mostró los blasones heráldicos pero una publicación ubica su apellido por el 1600 y algo: «Los Huergo: es un linaje de Asturias originario del Consejo de Siera. Hubo varias casas con ese apellido. Tirso de Avilés dice que el tronco o fundador de este linaje en Asturias era originario de Grecia, que se llamó Georgias de Güergo, que vino en compañía del Capitán Gijón, edificando una ciudad. Aparecen con el tiempo escudos, asignados a esa familia, siempre con un brazo armado, las cabezas degolladas de moros y flor de lis, como elementos comunes. En el nobiliario del Virreynato del Río de la Plata aparecen como antecesores de los Huergo, José María de Jove, casado allí con María Josefa de Huergo». El padre había nacido en Catamarca en 1795 -según otra publicación en Tucumán- constituyendo una de las primeras familias en ese territorio. Luego se trasladó a Buenos Aires, donde instaló industrias yerbatera y tabacalera. Vivieron en Belgrano 38, casi esquina Balcarce.

Luis Augusto Huergo -más conocido como Luis A. Huergo- tuvo enseñanza primaria en su casa con docentes particulares y luego fue enviado a Estados Unidos para que cursara el secundario en el colegio jesuita Mount St. Mary;s College, Emmitsburg, Maryland. También su hermano menor, Dalmiro. Otros fueron enviados con similar propósito a Inglaterra. Parece que en Estados Unidos, «a más de las materias de cultura general, siguió cursos de matemática, agrimensura e ingeniería», regresando en 1856. Como su padre había fallecido, con su hermano mayor se hicieron cargo de tareas industriales y ganaderas y además tuvieron una intensa vida social, tertulias mediante, entre la encumbrada elite porteña de entonces.

El gobierno nacional creó en la UBA (1865) el Departamento de Ciencias Exactas -primeros profesores italianos- «con el fin de formar ingenieros y profesores de otras esencias», cuyo rectorado era ejercido por Juan María Gutiérrez, carrera que tuvo a Luis A. Huergo como aventajado alumno, tanto que al finalizar estudios obtuvo el diploma número uno, el 6 de junio de 1870 (33 años): «Universidad de Buenos Aires. Nos el Rector y Cancelario de la Universidad. Sea motivo a todos cuantos vieren este público instrumento que a consecuencia de haber sido Luis Augusto Huergo ganador de los cursos necesarios, tanto en las facultades preparatorias como en la mayor de Ciencias Exactas y por último haber acreditado previamente haber dado las pruebas y los exámenes respectivos con aprobación de los examinadores… en virtud del cual se lo considera como ingeniero de la Escuela de esta Universidad en la Facultad de Ciencias Exactas». Posteriormente aquella fecha sirvió de bautismo para fijar anualmente la celebración del Día de la Ingeniería Argentina y del Ingeniero: 6 de junio. Esa promoción mostró otros destacados apellidos de la ingeniería argentina: Guillermo White, Francisco Lavalle, Luis Silveyra, Guillermo Villanueva y otros.

Se casó con su prima Ana Molina Regueira, con quien tuvieron quince hijos de los que sobrevivieron seis. Según una publicación, «era de altura normal, más bien alto. Tez blanca, cabello negro, ojos agrisados y sus amigos lo llamaban». La actuación más destacada que ha perdurado hasta en publicaciones especiales fue por su proyecto del puerto porteño y su ejercicio profesional en otros lugares del país, sin olvidar su paso como ministro de Obras Públicas y también diputado y senador bonaerense. Fue decano de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales; miembro de varias sociedades científicas, con varios viajes al exterior, y representante argentino en congresos internacionales. Lo trasladamos a la Patagonia.

Con motivo de la campaña de Roca a la Norpatagonia en 1879, surgió la necesidad de contar con naves adecuadas para navegar sus ríos. Inglaterra fue la destinataria para que los vapores «Río Neuquén» y «Río Negro» llegaran desarmados a Buenos Aires primero y luego, a Carmen de Patagones, donde fueron ensamblados. Previo a todo ello estuvo el proyecto, «Según los estudios realizados por una comisión compuesta por los ingenieros Luis A. Huergo y Guillermo White, el doctor Estanislao Zeballos y el entonces coronel de marina Ceferino Ramírez», detalle éste poco conocido de la afinidad de Huergo con aquellas primeras navegaciones en los ríos Negro, Neuquén y Limay.

Todavía no sabemos cómo se produjo la llegada de Luis A. Huergo al Alto Valle rionegrino, pero no sería equivocado pensar que fue a raíz de contactos con algunos terratenientes porteños que habían elegido la región de Colonia Roca para sus proyectos productivos, sin desechar a directivos de la inglesa Ferro Carril Sur. En una publicación se expresó que «en 1908 realizó trabajos de irrigación con Cipolletti sobre la zona del Alto Valle del Río Negro» (sic), lo cual es incorrecto porque el ingeniero Cipolletti falleció en alta mar en enero de 1908. ¿Pudo ser con algunos de sus colaboradores que llegaron al país? Otra mención similar: «en 1910 fue asesor de la Cooperativa de Irrigación de la Colonia General Roca y, a título de simple vecino, publicó un folleto titulado; Carta al Presidente de la Cooperativa de Irrigación; por haberse contratado un práctico en canales chilenos, en vez de un ingeniero nacional, defendiendo así la profesión». El mismo autor escribió: «Entre citas de la historia vitivinícola del país, hallamos que realizó un desmonte de 400 ha. Y asociándose con el Ing. Humberto Canale se abocó a la plantación de viñedos y construyó la primera bodega de importancia económica de la época». Un periodista y escritor que visitó el emprendimiento por 1918 resaltaría en libro de su autoría: «La bodega de Huergo y Canale es la más importante de la zona, atendiendo a la cantidad de vino que elabora anualmente… se inició con cubas de madera… pueden contener 80 hectolitros y dan un resultado excelente… están construidas en raulí patagónico… La maquinaria de este establecimiento vinícola es absolutamente moderna… Esta bodega elabora, actualmente, 5.000 bordalesas… sus plantaciones abarcan 170 hectáreas, con 100 de viñedos y el resto de frutales». Supo que elaboraban tipos malbec, semillón, pinot y cabernet y un poco de criolla». (Molins, W. J., 1919)

También citó su tarea en el Alto Valle un médico francés en libro de su autoría en ese idioma (Doleris, J. A., 1912) y en la «Revista del Ferrocarril Sud» (1928) se sitúa el establecimiento «próximo a la estación kilómetro 1156, es uno de los grandes establecimientos de la zona explotado directamente por sus propietarios y administrado desde hace muchos años por el señor Taduro». Da cuenta de que la bodega se inició en 1914 y llegó a poseer «105 toneles de 11.000 litros y 55 piletas de cemento armado de 20.000 litros cada una. La última producción fue de 10.000 barriles de vino común blanco y tinto». Además, el año anterior habían industrializado 40.000 kilos de ciruelas con «secadores a vapor y al aire libre».

Llega la última actuación patagónica del ingeniero número uno de la Argentina. Luego del descubrimiento de petróleo en Comodoro Rivadavia, el gobierno nacional (Roque Sáenz Peña-Eleodoro Lobos), mediante decreto de diciembre de 1910, creó la Dirección General de Explotación del Petróleo de Comodoro Rivadavia. Designada la primera comisión administradora, se celebró la sesión inicial el 20 de enero de 1911 (local de Maipú 1241), presidida por Luis A. Huergo e integrada también por el ingeniero Enrique M. Hermitte, el Dr. Pedro N. Arata, José A. Villalonga y Adolfo Villate (h). Huergo sostenía la explotación del petróleo por parte del Estado nacional y no por empresas extranjeras. En el corto período de su presidencia se concretaron valiosas iniciativas que impulsaron la explotación petrolera. Por razones de salud debió abandonar el cargo y falleció dos meses después, el 4 de noviembre de 1913. Hubo decreto nacional y de la provincia de Buenos Aires en señal de duelo con bandera a media asta «y honores militares de general de brigada». En el pedestal del monumento a Luis A. Huergo que ejecutó el escultor Torcuato Tasso -Capital Federal- puede leerse la frase «Iustus et tenax». Sin duda, acertada definición.

Por HÉCTOR PÉREZ MORANDO (Periodista. Investigador de historia patagónica).

Especial para «Río Negro», Año 2008.

Bibliografía y fuentes principales: Álbum Centenario de YPF, Bs. As., 1972; Gran Omeba, DEI, 1969; «Revista del Ferrocarril Sud», 1928; Mayorano, Martha: «Un ingeniero», 1998. González Lonzieme E.: «La Armada» (HMA, tomo VIII), 1990; Ministerio de Agricultura: «Petróleo, informe», 1913. Doleris, J. A.: «Le Nil Argentin», París, 1912; Toledo, T. L.: «Historia», 1972; Molins, W. J.: «El Alto Valle», 1919; Fernández Díaz, A.: «Canal a San Antonio», 1916; Bordi de Ragucci, N.: «Ingeniero Luis A. Huergo» (IV Congreso IHA) Bs. As., 1982; Reggini, H. C.: «El ejemplo» (La Nación), 2001. Archivo y bibliotecas del diario «Río Negro», B. Rivadavia (Cipolletti) y Central UNC. Biblioteca Patagónica (VECh) y otros.

PUBLICADO EN DIARIO RÍO NEGRO.

https://www.rionegro.com.ar/luis-a-huergo-y-la-patagonia-HHHRN200861609601/

lunes, noviembre 01, 2021

Luis A. Huergo por JOSÉ NAROSKY.

 


`Los hombres más avanzados, son los que más avanzan'

Las hazañas de los grandes deportistas argentinos, se alojan en la memoria popular. También los éxitos artísticos, los logros científicos o los triunfos militares. Nadie los discute. Pero se suele cometer la injusticia de olvidar a otros grandes de nuestro país. Y a esa indiferencia, además del olvido se le suma injusticia.

Si hiciésemos una encuesta preguntando: ¿Qué realizó el Ingeniero Huergo?. Creo que un elevado porcentaje de argentinos, no sabría responder.

En nuestro país se celebra cada 6 de junio, el Día del Ingeniero, ¿y saben por qué?. Porque ese día de 1870 se otorgaba en Buenos Aires, el primer diploma de Ingeniero. Y el destinatario era Luis Augusto Huergo.

La lista de sus realizaciones es muy numerosa: Dedicó gran parte de su vida, para dotar a la Ciudad de Buenos Aires de un puerto, acorde con las necesidades del creciente tráfico marítimo, para lo cual, presentó un proyecto muy completo, útil y práctico.

Otro Ingeniero, Eduardo Madero también dio a conocer, poco tiempo después, otro proyecto que al Ingeniero Huergo no le pareció adecuado. Sin embargo, el Gobierno Nacional, se decidió por el de Madero, que ubicaba a los diques en forma paralela a la costa, lo que dificultaría futuras ampliaciones.

El tiempo demostró que el proyecto de Huergo, que posibilitaba ampliar el puerto paulatinamente, a medida que las necesidades lo exigieran sin interrumpir la actividad, era más viable. Lo utilizaron también, pero solamente para las obras posteriores.

A los 39 años fue nombrado Director de las Obras del Riachuelo, que era en ese momento, un precario arroyo surcado solamente por pequeñas embarcaciones.

Lo transformó de tal manera, que la capacidad de anclaje del Riachuelo, fue creciendo, hasta poder recibir barcos de mayor calado. También viajó a Inglaterra, enviado por el gobierno, para contratar la construcción de 120 puentes, cuyo armado en nuestro país, dirigió a su regreso.

Ideó posteriormente, el primer dique seco para la Argentina, y lo plasmó en San Fernando, en el Gran Buenos Aires.

Sólo agregaría, sin olvidar su concretado proyecto del ferrocarril Buenos Aires-Villa Mercedes (San Luis), el diseño y construcción con Guillermo Villanueva y el Ingeniero Luiggi, del puerto militar cercano a Bahía Blanca, denominado hoy Puerto Belgrano.

Fue también, además de Diputado y Senador Provincial, Ministro de Obras Públicas de la Provincia de Buenos Aires y Decano y Profesor de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires.

Y una breve anécdota final que lo define: Siendo ministro de Obras Públicas, leyó en un diario que uno de sus ordenanzas, había devuelto una billetera que había encontrado en la calle, con una suma de dinero.

Lo llamó a su despacho y en la conversación, se enteró que el modesto ordenanza, tenía una hipoteca sobre su vivienda.

Firmó entonces una resolución, adjudicándole un premio en efectivo por su honradez, que le alcanzaba al empleado para abonar la deuda hipotecaria.

Además, resolvió ascenderlo en jerarquía, incorporándolo a su secretaría privada.

Creo que este gesto del Ingeniero Huergo, define gráficamente la nobleza de su condición humana.

Y un aforismo para el Ingeniero Huergo, que murió en 1913, tres días después de haber cumplido 76 años: "Algunos hombres agregan rosas a los rosales".

PUBLICADO EN DIARIO "LA PRENSA", 31/10/2021.

https://www.laprensa.com.ar/508418-Luis-A-Huergo.note.aspx

martes, agosto 11, 2020

Giuseppe Ingenieri más conocido como José Ingenieros.

Giuseppe Ingenieri más conocido como José Ingenieros.
Nació en Palermo el 24 de abril de 1877. Sus padres, Salvatore Ingenieri y Mariana Tagliavia, decidieron viajar a Buenos Aires, ya que la nueva unidad de Italia, traía grandes dificultades sobre todo para los habitantes del sur de la península.
Su padre se desempeñaba como periodista, aunque con algunos problemas al inicio, por lo cual, el pequeño José colaboraba haciendo correcciones.
A los 11 años ingresó al Colegio Nacional de Buenos Aires, cuyo director era Amancio Alcorta. En el año 1892, con solo 15 años, fundó el periódico La Reforma y al año siguiente ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, donde se recibió en el año 1897 de farmacéutico y en el año 1900 de médico con su tesis Simulación en la lucha por la vida. Para esos tiempos era ya muy notorio en los ambientes literarios.
Además de sus intereses puramente científicos y sociales, también tuvo desde muy joven interés por el estudio del ocultismo, los fenómenos parapsicológicos y la teosofía.
En el año 1897, junto a Leopoldo Lugones, dirigió el diario La Montaña, un periódico que se autodenominaba socialista revolucionario. En muchas de sus publicaciones mostraba un rechazo por las posturas científicas oficiales y se mostraba más propenso a la investigación vinculada a la psicología.
En 1903, la Academia Nacional de Medicina lo premió por Simulación de la locura, además fue nombrado jefe de la Clínica de Enfermedades Nerviosas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.
Logró ser un miembro destacado de la Cátedra de Neurología que estaba a cargo de José María Ramos Mejía. Asimismo formó parte del Servicio de Observación de Alienados de la Policía de la Capital, del cual llegó a ser su director.
Entre los años 1902 y 1913, dictó varias conferencias en Europa, alternando la dirección de los archivos de Psiquiatría y Criminología y del Instituto de Criminología de la Penitenciaría Nacional de Buenos Aires.
En 1908 fundó la Sociedad de Psicología y en 1909 fue elegido presidente de la Sociedad Médica Argentina, además fue nombrado delegado argentino en el Congreso Científico Internacional celebrado en Buenos Aires. Completó sus estudios científicos en las universidades de París, Ginebra, Lausana y Heidelberg.
Varios de sus escritos tuvieron notorio impacto entre la juventud universitaria de la época, entre ellos se destacan: El hombre mediocre y ensayos críticos y políticos, como Al margen de la ciencia, Hacia una moral sin dogmas, Las fuerzas morales, Evolución de las ideas argentinas y Los tiempos nuevos.
Tras un noviazgo iniciado en Buenos Aires con Eva Rutenberg, contraen matrimonio en la ciudad suiza de Lousana en el año 1914. del cual nacieron 4 hijos.
Entre los años 1915 y 1928 empieza a publicar una colección editorial denominada La Cultura Argentina​ donde se editaron diversos títulos nacionales, de diversos autores tales como Alberdi, Sarmiento, Echeverría, Agustín Álvarez, Carlos Octavio Bunge, Florentino Ameghino, Ramos Mejía, etc.
Con amplio apoyo del movimiento estudiantil, durante la Reforma Universitaria de 1918 fue elegido vicedecano de la Facultad de Filosofía y Letras .
Entre 1919 y 1920, más vinculado a la politica, decidió renunciar a sus cargos docentes y participar de manera activa en el grupo progresista Claridad de clara tendencia comunista.
En 1922 propuso la formación de la Unión Panamericana, un organismo de lucha contra el imperialismo que difundió continentalmente las ideas antimperialistas.
A principios del año 1925 fundó el periódico Renovación, con salidas mensuales, donde bajo los seudónimos de Julio Barreda Lynch y de Raúl H. Cisneros, escribía en contra del imperialismo.
Luego, comenzó a disentir con el socialismo de estado y se vinculó más estrechamente con el anarquismo, incluso colaboró con varios periódicos anarquistas. Acá de puede apreciar la influencia de su amigo, el criminólogo italiano Pietro Gori.
Muere en Buenos Aires, a los 48 años de edad el 31 de octubre de 1925 producto de una grave meningitis.
Nos dejó una profusa obra, entre libros y artículos. Sus trabajos sobre la identidad argentina y el antiimperialismo dejó una huella indeleble en varias generaciones del continente latinoamericano.
Una estación de tren de la línea Belgrano Sur, en la localidad Ciudad Evita, La Matanza, Buenos Aires, lleva su nombre, como así también una localidad ubicada en el Partido de Tres de Febrero en la provicnica de Buenos Aires, lindera con la Capital Federal cuyo representante más conocido es el club Almagro.
Publicado en
Argentina Italia, corazón y alma

viernes, agosto 02, 2019

Las galletitas marca "Cuchuflito" salieron hoy a la venta en una localidad de Santa Fe.


Ingenio popular y comercial: salieron a la venta las galletitas marca "Cuchuflito".
Su impulsor, un empresario de Los Quirquinchos, explicó que utilizó los dichos de la expresidenta Cristina Fernández como un mensaje en "defensa a la industria nacional".

Las palabras "pindonga" y "cuchuflito", pronunciadas por la exmandataria Cristina Fernández de Kirchner en alusión a las segundas marcas, no sólo generó polémica en su momento sino que despertó el ingenio comercial. Esta vez el empresario de Los Quirquinchos Juan Marinozzi aprovechó el revuelo y lanzó al mercado unas nuevas galletitas dulces marca "Chuchuflito".

El santafesino es propietario de la firma Alimentos Marinozzi con sede en esa localidad y que además tiene planta de elaboración en Carcarañá, a 50 kilómetros de Rosario. La empresa lleva 80 años de vigencia en el mercado y su actual dueño es la cuarta generación de la familia.
Con el revuelo mediático que se armó con el discurso de Cristina Fernández en la presentación de su libro "Sinceramente" en Mar del Plata, la compañía vislumbró una posibilidad comercial y creó la nueva marca de galletitas dulces sabor vainilla.

"Hay que usar un poco el ingenio en este momento de baja de consumo”, manifestó Marinozzi en diálogo el programa "Una Tarde Perfecta" de La Ocho al reconocer que "la idea surgió de un cliente que tengo en Venado Tuerto, Martín Bonadeo", al tiempo que admitió que "se aprovechó la volada de lo que dijo Cristina, obviamente”.

Publicado en Diario “La Capital” de Rosario, viernes 2 de agosto de 2019.

sábado, junio 29, 2019

La "placa roja" más triste. Murió Héctor Ricardo García, fundador de Crónica. A los 86 años falleció el periodista que creó un estilo de hacer gráfica y televisión, que revolucionó el periodismo argentino para siempre.

La "placa roja" más triste.


“Adiós al padre de las placas rojas”. Así se refirieron a la muerte de García en la mañana de este sábado en Crónica TV para despedirlo.
Las famosas placas rojas de Crónica TV debieron informar en la mañana de este sábado la muerte de su creador, el periodista Héctor Ricardo García fundador de Crónica TV y Diario Crónica
Eran las 10:14 cuando la pantalla de Crónica se volvió roja, sonó la música y el locutor anunció: "Último momento... Murió Héctor García, el mejor periodista de la argentina, creador y fundador de Crónica TV".
Fue creador de un estilo de hacer periodismo gráfico y televisivo. 
Empezó como canillita y fotógrafo, pero el primer éxito de su carrera fue con la creación de la revista "Así es Boca". 
El 29 de julio de 1963, García fundó el Diario Crónica, el único con tres ediciones diarias, una matutina y dos vespertinas, revolucionando la gráfica argentina. 
En su primera edición explicó: "Nada de eufemismos ni retorcimientos idiomáticos. La voz popular ha de recogerse para el mejor entendimiento de la información. El idioma argentino será nuestra manera de decir las cosas. A la verdad hay que gritarla en su mayor sencillez".
En 1994, apostó a la televisión y fundó Crónica TV, el primer canal de noticias en transmitir las 24 horas en vivo con las placas rojas de Crónica TV.
De su ingenio e iniciativa se destacan también la revista Así (1955) y la Editorial Sarmiento (1965), de la que surgieron los semanarios Ahora y Flash.
De la escuela de Ricardo García surgieron figuras como Víctor Hugo Morales (empezó a relatar fútbol en Radio Colonia)Jorge Rial y Luis Ventura, entre muchos otros.
También incursionó en el espectáculo como un importante productor teatral. 
En 1972 compró el Cine Astor, que convirtió en el Teatro Astros.
Aunque en 2005 vendió el diario al Grupo Olmos y siete años después hizo lo mismo con el canal, la edición del domingo le rendirá un homenaje y saldrá impresa en blanco y negro. 
El estilo y su lema, "siempre junto al pueblo", son el ADN de Crónica el invento de García.

jueves, agosto 30, 2018

José Ingenieros acerca del hombre mediocre Por Alberto Benegas Lynch (h).

Vuelvo sobre el tema de la mediocridad desde otros ángulos. Es como escribe Enrique Santos Discépolo en Cambalache en donde resulta que al mediocre le da lo mismo “el burro que el gran profesor”. Un antídoto para la mediocridad es la buena lectura que puede resumirse en el subtítulo de uno de los libros de Fernando Savater: “Sobre el gozo de leer y el riesgo de pensar”.
Y aquí irrumpe en escena José Ingenieros (1877-1925) escritor, filósofo y médico egresado de la Universidad de Buenos Aires con estudios en París, Ginebra y Heidelberg. Premiado en 1903 por la Academia Nacional de Medicina por su libro Simulación de la locura. En 1908 trabajó en la cátedra de Neurología a cargo de José María Ramos Mejía en la Facultad de Medicina de la UBA y también se hizo cargo de la cátedra de Psicología Experimental en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma universidad donde diez años más tarde fue designado Vicedecano.

En 1909 fue electo presidente de la Sociedad Médica Argentina.  Colaboró en periódicos de inclinación anarquista y fue fundador y escritor asiduo en diversas revistas y medios periodísticos como La Vanguardia establecida por Juan B. Justo y Nicolás Repetto de donde tomó partes de un así denominado socialismo que luego derivó en el socialismo democrático al estilo de Américo Gholdi, posición intelectual de quienes se oponían a la banca central y sustentaban el libre comercio entre las naciones y el patrón oro, aunque en materia laboral suscribían varios aspectos de raigambre marxista, a pesar de contener en muchos de sus miembros características eminentemente respetuosas para con las autonomías individuales en un contexto de libertad.
En todo caso en esta nota periodística quiero centrar la atención en una obra de Ingenieros que ha concitado la atención de no pocas mentes inquietas. Se trata de El hombre mediocre que fueron originalmente sus clases en la antes mencionada cátedra en la Facultad de Filosofía y Letras durante el ciclo lectivo de 1910, luego publicadas en forma de libro.
Cabe destacar la notable maestría con que el autor administra su prosa imbuida no solo  de una muy pulida gramática sino de un formidable ingenio y capacidad descriptiva.
Comienzo por algo que Ingenieros toca al pasar pero que constituye un hallazgo de grandes proporciones del que derivan consecuencias de  importancia para la comprensión del individualismo metodológico. Hay veces que uno da por sentado como verdad un error manifiesto y recién uno se percata de la equivocación cuando se desnuda el tema.
Bien, el asunto estriba en que José Ingenieros sostiene que es un error garrafal aludir al “sentido común” ya que se trata en verdad del “buen sentido” siempre personalísimo ya que no es comunitario el tan cacareado sentido común puesto que se trata de un antropomorfismo, es decir, se trata de un colectivo como si fuera una persona, lo cual conduce a confusiones varias. Es de la misma estirpe que cuando se parlotea que “el pueblo demanda”, “la nación piensa”  o “las instituciones dicen” y yerros equivalentes. No hay tal cosa, son metáforas peligrosas porque conducen a la liquidación de la persona en aras del grupo. Es en rigor la expropiación del hombre que es engullido por lo colectivo. En el mejor de los casos pueden ser abreviaciones que de tanto repetirlas se toman literalmente. Es cierto que puede haber una acepción más benévola del sentido común en cuanto a que apunta a lo que es común a muchas individualidades, pero de todos modos vale la advertencia para no caer en zonceras antropomórficas tipo “Estados Unidos reprobó la conducta de África” y tropelías similares.
Ingenieros define la mediocridad en varios pasajes de su obra como “el hábito de renunciar a pensar”, “llaman hereje a quienes buscan una verdad” (sin comprender que como señaló Shakespeare “El hereje no es el que arde en la hoguera, sino el que la enciende”), “sus ojos no saben distinguir la luz de la sombra”, “la originalidad les produce escalofríos”, “pronuncia palabras insubsanciales”, “el esclavo o el siervo siguen existiendo por temperamento o por falta de carácter. No son propiedad de sus amos, pero buscan la tutela ajena”, “incapaces de elevarse de la condición de animales de rebaño”, “rechazan la aristocracia del mérito”, “creen que el buen humor compromete la respetuosidad” y “su pasión es la envidia”
A título personal, analizaremos brevemente las dos últimas referencias en sendas por la que ya hemos transitado con anterioridad pero que se hace necesario reiterar en vista de lo apuntado por Ingenieros. En primer lugar, la importancia del humor. Debemos tener muy presente que nos encontramos ubicados en un universo en el que existen millones de galaxias con altísimas probabilidades de vida inteligente en otros mundos y concientes de nuestra inmensa ignorancia de casi todo. Estas son poderosas razones para no tomarnos demasiado en serio.
El sentido del humor no significa para nada frivolidad, es decir aquel que se toma todo con superficialidad y descarta y desestima los temas graves. Tampoco el sentido del humor alude a lo hiriente y agresivo, ni las referencias a temas que no son susceptibles de risa.
Platón sostenía en La República que “los guardianes del Estado” debían controlar que la gente no se ría puesto que eso derivaría en desorden (lo mismo sostuvo Calvino). De esta tradición proceden las prohibiciones de mofas a los gobernantes autoritarios en funciones. Nada más contundente para gobernantes que se burlen de ellos.
La seriedad cuando se está frente a temas serios es una cosa y la solemnidad pomposa es otra. Es curiosa la psicología junto a la fisiología: nadie explicó la razón de llorar cuando nos duele el alma y reír cuando estamos alegres ¿por qué no al revés? Del mismo modo Aristóteles se pregunta por qué no nos reímos cuando nos hacemos cosquillas a nosotros mismos. En realidad la risa es propiamente humana, lo de la hiena es un simulacro, igual que el amor (por eso aquello de “hacer el amor” para asimilarlo a las relaciones sexuales es limitar lo sublime del amor que va más allá de lo puramente físico y es característico de lo humano).
Debido a que nos equivocamos con frecuencia, es sano reírse de uno mismo. En reuniones sociales es de interés probar el sentido del humor contando errores garrafales que uno comete y se observará dos tipos de personas: los que siguen la gracia y agregan casos propios y los que les parece un desatino la patinada que uno cuenta. Hay que estar prevenido y alerta respecto a este último grupo de supuestos infalibles, un signo de mediocridad.
En segundo lugar, la envidia. La  manía de la guillotina horizontal básicamente procede de la envidia además de conceptos errados. De allí surge el inaudito dicho por el que “nadie tiene derecho a lo superfluo mientras alguien carezca de lo necesario”, como si nadie pudiera comer langosta antes que todo el planeta tuviera pan sin comprender que el lujo es el estímulo para que los eficientes expandan su producción haciendo que lo superfluo hoy resulte en un bien de consumo masivo mañana. Las tasas de capitalización que resultan de ganancias incrementadas es lo que hace posible salarios e ingresos mayores en términos reales. Que nadie pueda contar con una computadora antes que todos dispongan de papel y lápiz es tan descabellado como suponer que nadie pueda tocar la guitarra antes que todos tengan zapatos.
La envidia es en realidad un complejo de inferioridad y de gran inseguridad. La persona envidiosa sabe que carece de las cualidades que posee el envidiado y cuando más cerca se encuentra mayor es la dosis de envidia. No es frecuente que en nuestros días se envidie la capacidad oratoria de Cicerón, sin embargo es un lugar común que se envidie al vecino o al pariente.
Como bien ha consignado el célebre H. L. Menken en el contexto de los envidiosos: “la injusticia es relativamente más aceptada, lo difícil de absorber es la justicia”, es decir los talentos y dones del envidiado.
Por supuesto que debe distinguirse el espíritu de emulación a lo bueno y noble de lo que es la envidia. Aristóteles hacía esta importante distinción. Lo primero empuja la vara y apunta a la excelencia, mientras que lo segundo hunde en el pantano.
He contado antes la historia pero es pertinente reiterarla. Cuando el destacado empresario Goar Mestre se exilió de Cuba luego que todos sus bienes fueron confiscados por la tiranía castrista, en casa de mi padre una vez nos mostró un diario editado en Miami por cubanos en el exilio. En ese periódico se leía que un fulano declaraba que “la revolución arruinó mi vida y la de mi familia, pero por lo menos le sacaron todo al millonario Mestre”. Este es el espíritu maligno de la envidia, aunque el titular la pase mal se satisface con la destrucción de personas exitosas.
En lo que posiblemente sea el tratado sobre la envidia más suculento escrito por Helmult Shoeck, este autor concluye sobre lo que es en verdad un espíritu de demolición: “La mayoría de las conquistas científicas por la cuales el hombre de hoy se distingue de los primitivos por su desarrollo cultural y por sus sociedades diferenciadas, en una palabra, la historia de la civilización, es el resultado de innumerables derrotas de la envidia, es decir, de los envidiosos”.
Aparecen muchas formas de disfrazar la envidia. Tal vez la más común sea la necesidad de liberarse de responsabilidad y endosar la culpa de la situación desfavorable del envidioso sobre las espaldas del envidiado, sugiriendo aquí y allá que lo desventajoso del envidioso se debe a un mal comportamiento del envidiado o de circunstancias que lo colocan en ventaja de modo inaceptable al sentido de ecuanimidad. Sin duda que en este mismo contexto una errada aplicación de lo que en la teoría de los juegos se denomina la suma cero juega un rol importantísimo en la psicología de la envidia.
Así se sostiene en el terreno crematístico que lo que uno no posee es porque el otro lo tiene, como si la riqueza fuera una torta que hay que repartir sin percatarse que en procesos abiertos de lo que se trata es de multiplicar las tortas. Y en el campo de los talentos y las apariencias físicas siempre el envidioso encuentra excusas y subterfugios para victimizarse porque no puede competir con éxito. La competencia lo inhibe, se oculta en diversos disfraces para eludirla y pretende actuar en base a privilegios alegando “competencia limpia”.
Por último y volviendo directamente a Ingenieros, contrasta con énfasis el mediocre con el idealista el cual considera que muestra “un gesto del espíritu hacia alguna perfección” y en línea con la manía de emprenderla contra la teoría, afirma que “los ideales, por ser visiones anticipadas de lo venidero, influyen sobre la conducta y son el instrumento natural de todo progreso humano”, es “la anticipación de la imaginación a la experiencia”, es “el contraste entre el servilismo y la dignidad”, son los que “clavan las pupilas en las constelaciones lejanas y de apariencia inaccesible”, son “los que no se dejan domesticar” y hablan claro y fuerte sin rebusques y poses alambicadas.
En resumen, nos dice el autor aludiendo a la mediocridad de quienes profesan especial fobia por el trabajo teórico de lo cual depende toda práctica que no proceda a los tumbos: “Sin ideales sería inconcebible el progreso. El culto del hombre práctico está limitado a las contingencias del presente”.

martes, junio 19, 2018

ARGENTINA | 1918 -REFORMA UNIVERSITARIA- 2018.

CIEN AÑOS DE LUCHA POR LA UNIVERSIDAD ABIERTA AL PUEBLO Y A SU SERVICIO.

En la Argentina de principios del siglo XX el afianzamiento del desarrollo capitalista generó nuevas formas y relaciones de producción que demandaban mano de obra calificada y profesiona

TODO COMENZÓ ASÍ…

El 10 de marzo de 1918, los estudiantes se manifiestan en las calles exigiendo algunos cambios en la universidad. Ante la negativa de las autoridades declaran una huelga general de estudiantes obteniendo una adhesión total.
La fecha del 15 de junio fue la culminación de un proceso que se fue gestando con triunfos estudiantiles en la elección de autoridades de las facultades, lo que ese día fue desconocido a la hora de elegir al nuevo rector. Esta traición desató la reacción y los estudiantes tomaron pacíficamente la Universidad lanzando sus consignas de cambios profundos.
Marcharon por las calles de Córdoba y obtuvieron la adhesión de la Federación Obrera de esa ciudad a la lucha estudiantil, fortaleciendo la unidad entre obreros y estudiantes.
El 21 de junio, Deodoro Roca redactó anónimamente el “Manifiesto liminar de la Reforma Universitaria”. Un romántico documento que se alza contra el oscuro clericalismo imperante y tiene un profundo contenido antiimperialista y latinoamericanista, expresado en su título “La juventud de Córdoba a los hombres libres de Sudamérica”.
Los estudiantes siguieron la lucha hasta que la policía arrestó a varios dirigentes estudiantiles, pero el movimiento tuvo sus frutos: las autoridades cedieron y los estudiantes lograron una reforma del estatuto universitario incorporando la docencia libre, la periodicidad de las cátedras y el acceso a las mismas por concurso para eliminar los nichos de poder y la democratización universitaria a través de la autonomía y el cogobierno de docentes, estudiantes y graduados. Al poco tiempo esto se trasladó a todo el país, al continente y llegó a Europa en un inédito movimiento contracultural.

LOS APOYOS Y LAS CONSECUENCIAS POLÍTICAS

El gobierno radical de Irigoyen laudó a favor de los estudiantes y los socialistas Alfredo Palacios, Juan B. Justo, José Ingenieros, Mario Bravo, entre otros fueron protagonistas y estuvieron junto a la lucha estudiantil.
A partir de ahí el movimiento reformista tuvo fuertes aliados en estas filas que adoptaron su programática como propia. Entre las agrupaciones surgidas al calor de la Reforma, destacamos el Movimiento Nacional Reformista, nacido de la militancia de tres grandes centros universitarios del interior (Córdoba, Santa Fe y Tucumán), cuya figura destacada fue Guillermo Estévez Boero. Se funda en 1960 como resultado de la lucha por la educación laica que, lamentablemente se perdió frente al gobierno de Frondizi que con su ministro Gabriel Del Mazo (ex militante reformista) estableció la educación libre posibilitando en ese momento a la iglesia tener centros de estudio, pero que abrió la puerta a la educación privada mercantil de nuestros días, generando nuevos nichos de formación de las elites al margen del pueblo. El MNR ya lleva 68 años en las universidades nacionales y es la única agrupación reformista que perduró en el tiempo sin fisuras en su ideario.
Lamentablemente, por razones cuyo desarrollo escapa a los alcances de estas líneas, entre el gobierno popular del General Perón y el movimiento reformista hubo una confrontación que impidió el mutuo enriquecimiento de ideas y prácticas, pero las políticas distributivas del primer peronismo abonaron la concreción en la práctica de muchos de los postulados reformistas en cuanto al acceso popular a la educación en todos los niveles, incluido el universitario. Si bien se crearon como un compartimento separado, las Universidades Tecnológicas Nacionales, aún existentes, abrieron el acceso a los trabajadores industriales a los altos estudios mejorando a la sociedad toda y a su propia calidad de vida en particular.
Por último vale mencionar que la repercusión latinoamericana de la reforma fue tal que se crearon partidos políticos a partir de su ideario, tal el caso del APRA de Perú que liderado por Raúl Haya de la Torre fue un fuerte protagonista de la política en ese país hermano.

LA REFORMA UNIVERSITARIA Y LA SOCIEDAD.

El movimiento reformista cuestionó el papel de la universidad como institución que solo entregaba títulos. Para los reformistas, las universidades debían tener un rol importante en la emancipación de los pueblos.
El mencionado manifiesto liminar hace una síntesis de la problemática contra la que se alzaron los estudiantes, “Las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes,…y – lo que es peor aún- el lugar en donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara. Las universidades han llegado a ser así fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil”; Para ellos, las universidades forman generaciones para conservar los ejes de la dominación o forman jóvenes para el cambio social.
El Movimiento Reformista introdujo nuevas expectativas para la labor universitaria, entendida como el motor fundamental de una sociedad abierta, con inclusión popular y sus conquistas supieron de avances y retrocesos a lo largo de estos 100 años que hoy conmemoramos.
Actualmente, se ha acrecentado la brecha que separa a la universidad de la clase trabajadora y los sectores más pobres de la sociedad. Sin dudas el modelo actual, a pesar de conservar muchas conquistas, responde a un modelo capitalista que, con su inherente carácter elitista, constantemente segrega a amplios sectores de la población del acceso y permanencia en la misma.
La Ley de Educación Superior (LES) sancionada en 1995 durante el menemismo, y mantenida por los posteriores gobiernos, constituyó un importante avance del neoliberalismo sobre las universidades nacionales: esencialmente al habilitar el financiamiento privado y desfinanciar por parte del Estado a las Universidades puso en marcha un proceso de privatización de la orientación de las carreras que cada día son más serviles a los intereses de las multinacionales, como por ejemplo el caso de la agroindustria que tiende a formar profesionales que acepten sin cuestionar el modelo sojero favorable a la industria farmacéutica y los grandes laboratorios. Esto es todo lo contrario a lo que proponían los estudiantes de 1918. Esta es una medida del retroceso en el que hemos caído.
Paralelamente se introdujeron posgrados pagos que van en detrimento del título de grado, se recortan las ofertas horarias dificultando la continuidad a miles de estudiantes que, debido a su situación económica, se ven obligados a trabajar y terminan abandonando los estudios, ya que el sistema de becas es cada vez más escaso e incompleto.
El gobierno neoliberal del presidente Macri no solo mantiene y profundiza esta ley, sino que además recorta poder a los títulos universitarios, mantiene a los docentes con paritarias a la baja y suma tarifazos en los transportes públicos.
Desde el Partido Socialista y nuestras agrupaciones del MNR en todo el país, queremos conmemorar estos 100 años de la Reforma Universitaria impulsando el debate hacia el seno de la comunidad universitaria y frente a la sociedad en general por la promulgación de una Nueva Ley educativa que reemplace la menemista Ley de Educación Superior (LES). Una Nueva Ley que entienda a la educación y el conocimiento como bienes públicos que constituyen derechos personales y sociales y no como servicios lucrativos y mercantilizados; que garantice la centralidad del Estado en el financiamiento para el conjunto de la Educación Superior, en la provisión de sus recursos indispensables, en la orientación de políticas de calidad y excelencia; que establezca la gratuidad de los estudios de grado; que garantice, finalmente, establecimientos educativos autónomos de los poderes de turno. Pero fundamentalmente, queremos invitarte a participar en el seno de nuestra organización para que juntos transformemos nuestra sociedad y podamos vivir dignamente en un país más justo y solidario.
Partido Socialista
Río Negroles en las diversas disciplinas científicas. Este ingreso al modernismo trajo aparejado la formación de nuevas clases sociales: los trabajadores y los sectores medios, que comenzaron a disputar poder a la tradicional oligarquía terrateniente.
El sistema político estaba hecho a la estrecha medida de esa vieja elite conservadora y estos nuevos sectores dieron batalla para participar de las decisiones del Estado. Lograron la ley del sufragio universal y secreto que inmediatamente llevó a las capas medias al poder a través de Hipólito Irigoyen en 1916.
Al igual que el aparato del Estado, las Universidades solo estaban para reforzar aquel estrecho sistema dando títulos en abogacía o en medicina a los hijos de los terratenientes las más liberales o formando ciudadanos bajo el imperio de la religión y alejados de las ciencias en otros casos.
Era Córdoba el refugio más duro de esta cerrada concepción monárquica y monástica y es por ello que fue en esa Universidad donde los estudiantes se alzaron contra el oscurantismo encerrado en sus gruesos muros, pero los estudiantes reformistas del 18 fueron mucho más allá de la búsqueda de cambios meramente académicos planteando un profundo cuestionamiento de la Sociedad.
Para 1918 ya se habían creado varios centros de estudiantes en diferentes universidades (Buenos Aires, La Plata, Santa Fe, Tucumán y Córdoba) y en el mundo sucedían procesos sociales que cuestionaban al sistema capitalista, como la revolución Rusa. El correlato de estos nuevos aires en nuestro país se manifestaba en la ya mencionada voluntad popular expresada en las urnas y en un movimiento obrero que se fortalecía y organizaba en centrales que canalizaban su lucha por mejores condiciones de vida.
En este contexto, los estudiantes cordobeses comenzaron a exigir la introducción de reformas en vistas de modernizar la casa de estudios.
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