GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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sábado, diciembre 03, 2022

Vicente Fidel López, ministro de Hacienda.elis

 


Por Roberto Elissalde.

Pablo Emilio Palermo nos tiene acostumbrados a interesantes artículos y ha publicado varios libros. Comenzó hace unos años con Vicente López y Planes y continúa ahora esta serie familiar con su único hijo Vicente Fidel, atrapante biografía que de quien se llamaba a si mismo “hermano del Himno”, aunque casi dos años menor. 

Abogado, docente universitario, periodista, novelista, historiador, senador, diputado, rector de la Universidad, presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires y ministro de Hacienda en difíciles circunstancias, la larga existencia de don Vicente Fidel (1815 -1903) pasan rápidamente a través de estas casi 300 páginas, que además de ser una acabada expresión de la investigación del autor, proporciona una amena lectura.

De esta obra el capítulo dedicado a su paso por el ministerio de Hacienda, cargo al que fue llamado por el presidente Carlos Pellegrini, merece recordarse en estos momentos. El gabinete lo integraban además Eduardo Costa en Relaciones Exteriores; Juan María Gutiérrez en Justicia, Culto e Instrucción Pública; Julio A. Roca en Interior y Nicolás Levalle en Guerra y Marina. El autor cita con acierto a Miguel Ángel De Marco que definió claramente a los colaboradores de Pellegrini: “Se podía hablar de un gabinete de conciliación nacional, y así lo entendió la opinión pública y el periodismo, que aplaudieron los nombramientos”; y también cuando el presidente le confió a su íntimo amigo Miguel Cané: “Me he recibido de un montón de escombros en todos los ramos de la administración, y en política un movimiento de opinión que sacude toda la República”. 

Fue La Prensa el diario que a los tres días de asumir el cargo escribió:

“Felizmente se halla frente al Departamento de Hacienda un ciudadano eminente preparado para afrontar aquellas cuestiones, por su vastos conocimientos, sus estudios especiales en economía política e ideas prácticas que ha revelado, ya en el parlamento, ya en la cátedra, ya al frente de la poderosa institución del Banco de la Provincia, a la que está ligado su nombre, que es a la vez gloria de las letras argentinas”. 

Su hijo Lucio Vicente preocupado le manifestaba al presidente su preocupación por la sordera de don Vicente y los achaques físicos a lo que Pellegrini le escribió: “Te he ganado a tu padre. Comprendo tus cuidados filiales, pero él quiere servir al país me ha dicho que se siente cansado de estar sólo entre libros”. 

La crisis no era menor, y a esa gestión se le debe la creación del Banco de la Nación Argentina, encabezado por el empresario Vicente L. Casares, que era amigo personal del presidente y del ministro. Pellegrini dijo unas palabras defendiendo esa creación: “Casi todas las grandes instituciones de crédito que hay en el mundo, nacieron en momentos de crisis, y algunas sobre base de deudas menos garantidas que una emisión, y que aun figuran en los estados de esos Bancos sin haber sido amortizadas en un siglo”.

LA RENUNCIA.

Durante veinte meses fue la mano en Hacienda del “piloto de tormentas”; cuando se enteró de su renuncia escribió: “Comprenderá que no me conformo con la idea de privarme de la experiencia de sus años, de sus largos estudios, de su amor al país, de la colaboración de su talento”.

Y como se rumoreaba de una enemistad entre ambos junto a su renuncia “a causa de la disminución de mi oído”, agregaba López para aventar cualquier duda esta esquela: “En los breves renglones de mi renuncia, consigno cuanto podría decirle con respecto a los pocos años que he sido parte de su gobierno”. Y este párrafo que podría repetirse a muchos políticos de los últimos tiempos: “No extrañe no ver en esa renuncia la palabra indeclinable, tan usada ahora. Yo pienso que ningún hombre serio hace renuncias de aparato, y que cuando renuncia un puesto público es porque no se puede o no se debe continuar ocupándolo”.

La respuesta de Pellegrini fue más que un acto de justicia:

“Entre los que hemos actuado en este gobierno, corresponde a Ud. el mayor mérito. Sin vinculaciones ni deberes para con los partidos políticos, con una larga foja de servicios prestados al país, por todos reconocidos y apreciados, Ud. sin más anhelo que el bien público abandonó a una edad en que se ha conquistado el derecho al reposo, sus tareas tranquilas, y tomó sobre sí la más difícil, la más dura y la más importante de las tareas públicas, y con todo el vigor de los primeros años, ha desempeñado el ministerio de Hacienda con una contracción de la que sus compañeros de tareas somos testigos”.

“No me corresponde a mi juzgar la obra, pero hay hechos indiscutibles, sobre los cuales no puede haber divergencias de opinión, que están ahí para marcar su paso por el Ministerio. La Caja de Conversión los Impuestos Internos y el Banco de la Nación, son tres creaciones a las que ha vinculado su nombre y, o mucho me equivoco, o serán los tres elementos que concurrirán a hacer posible la reorganización de nuestra situación económica y a devolver a la Nación el crédito y el prestigio que ha perdido”.

Quizás estos párrafos tomados del libro de Pablo Emilio Palermo, sirvan para reflexionar sobre el presente, recordando tiempos difíciles; pero sobre todo que se necesitan valores, esos que a la muerte de don Vicente Fidel López tan bien definió El Diario de los Láinez:

“Entre lo mucho que sabía, una sola cosa ignoraba: el transigir con nada que estuviese en pugna con sus principios. Todo lo que tenía de maleable su espíritu para acomodarse a las evoluciones lógicas de las ideas, tenía de inflexible su carácter para resistir a las contemporizaciones enervantes. Era tallado de una sola pieza, sin goznes ni muelles…”.

Publicado en Diario La Prensa.

https://www.laprensa.com.ar/523228-Vicente-Fidel-Lopez-ministro-de-Hacienda.note.aspx 

miércoles, septiembre 28, 2022

El 28 de septiembre de 1823 nació en Buenos Aires María Bevans.

 


El 28 de septiembre de 1823 nació en Buenos Aires María Bevans.

Era hija del ingeniero inglés James Bevans, especializado en obras hidráulicas y llegado al Río de la Plata contratado durante la era rivadaviana.
Ese mismo año,1823, por primera vez, la Ciudad de Buenos Aires vio asombrada la iluminación de gas. En el mes de mayo y como parte de los festejos patrios, el Ingeniero Bevans logró alumbrar en la Plaza de la Victoria, la Casa de Policía, dos fuentes de agua y formar con caños de fusiles la frase "VIVA LA PATRIA".
María Bevans se casó en 1841 con el ingeniero Carlos Enrique Pellegrini y fueron padres de Carlos Pellegrini (en el grabado), presidente de la Nación Argentina y destacado hombre público.
Los restos de María Bevans de Pellegrini descansan en la Recoleta.

Publicado en Junta de Estudios Históricos de la Recoleta / Facebook

28 de Septiembre del 2021.

viernes, julio 17, 2020

La frase del día: Carlos Pellegrini.

"Una nación, en el concepto moderno, no puede apoyarse exclusivamente en la ganadería y la agricultura. No hay ni puede haber gran nación si no es nación industrial. La República Argentina debe aspirar a ser algo más que la inmensa granja de Europa.”
* Carlos Pellegrini, el fundador del Banco de la Nación Argentina, 1906.

Carlos Enrique José Pellegrini (Buenos Aires, 11 de octubre de 1846-17 de julio de 1906).
Hijo de la británica María Bevans y del ingeniero saboyano (de ascendencia francesa e italiana) Carlos Enrique Pellegrini, oriundo de Chambery (Reino de Cerdeña). Abogado, retratista, periodista, traductor público y político argentino que se desempeñó en la Legislatura Nacional y el Ministerio de Guerra y Marina y fue electo vicepresidente de Argentina en el año 1886. Presidente de la Argentina cuando debió completar el mandato de Miguel Juárez Celman entre 1890 y 1892.
Carlos Pellegrini asumió la presidencia en 1890 en medio de una profunda  crisis económica. Al año siguiente creó el Banco de la Nación Argentina después de una serie de quiebras en el sector financiero, y dispuso  la apertura de la Caja de Conversión y el aumento de la moneda en circulación. Pellegrini logró impedir la bancarrota de la Argentina.
Elegido senador en 1895, mantuvo su banca hasta 1904. Ínterin, descartó varias  propuestas para que presentara su candidatura presidencial en 1898.
Carlos Pellegrini fundó el diario “El País” desde cuyas páginas defendió la necesidad de extender  la democracia Su denuncia de la corrupción argentina lo acercó en el Congreso a Alfredo Palacios, del Partido Socialista. Falleció en 1906 en ejercicio de una banca de diputado.

viernes, mayo 31, 2019

Los secretos de la primera farmacia del país, un lugar centenario que se mantiene en pie en el corazón de San Telmo.


Los secretos de la primera farmacia del país, un lugar centenario que se mantiene en pie en el corazón de San Telmo.
La Farmacia de la Estrella es una auténtica joya del patrimonio porteño, que abre sus puertas a diario como local comercial y como museo, con más de 130 años de historia. Por allí pasaron grandes próceres como Bartolomé Mitre y Julio Argentino Roca, entre otros.

Tiene el olor de lo histórico y la oscuridad de lo antiguo. Desde 1885 la Farmacia de la Estrella está a pasos de la Basílica de San Francisco, en una zona de calles angostas y adoquines de San Telmo, en la Ciudad de Buenos Aires. "Mantenemos las luces bajas para preservar los lienzos. Aquí en invierno hace frío y en verano, calor. Para cuidar el arte tenemos que moderar el uso del aire acondicionado", explica a Infobae Alejandro Cardelli, uno de los actuales dueños del lugar.
Ubicada en Alsina y Defensa, por esta esquina emblemática pasaron grandes próceres argentinos como Bartolomé Mitre, Julio Argentino Roca, Carlos Pellegrini e Hipólito Irigoyen, que hacían reuniones en el subsuelo del boticario. Con más de 130 años de historia, la farmacia permanece en funciones hasta la actualidad para atender al público y, además, ser museo.

"Ayer estuvimos desde las ocho de la mañana hasta las doce de mediodía recibiendo a maestras y niños de jardín de infantes. Los chicos se fascinan con la balanza pero… 'avísenme antes de venir y coordinamos', le dije a la directora", ríe el farmacéutico, que hace cinco años se asoció a Francisco Malfati para dirigir esta joya centenaria ubicada en el corazón del casco histórico porteño.
Mientras, mapa en mano, una pareja de alemanes comenta lo bello del piso de mosaicos genovés, Alejandro apunta: "Estamos en todas guías de turismo de Europa. Vienen cincuenta extranjeros por día. El domingo abro básicamente para chilenos y brasileros".

El desafío de honrar la historia
"Yo manejaba veinte farmacias de una cadena grande cuando me llamó por primera vez el padre de mi socio. Le contesté: "No me interesa, gracias". Me insistió durante un año. Hasta que acepté tomar un café en aquella mesa de este bar", relata el farmacéutico en otro notable, el Bar La Puerto Rico, de 1887. "Vení que te la muestro", parece que le dijo y… "¡Cuando la vi!", rememora Alejandro como si hablara del amor de su vida. "Quedé encantado. Dejé todo y me asocié. Sabía que era un desafió desde lo económico pero no podía dejarla ir", cuenta sobre ese romance ineludible, que promovió Malfati, cuya familia está en la farmacia hace tiempo.

De Villa Regina, Río Negro, Alejandro eligió su profesión admirando a su abuelo, "el farmacéutico de Luis Beltrán", una localidad vecina. "Lo veía preparar las cremas con una cuchara de madera enorme y me fascinaba. Porque en esa época empezaban las droguerías pero todavía las tinturas y jarabes se preparaba en las farmacias", cuenta Cardelli, que estudió la carrera en la Universidad de La Plata.
Entonces, basta poner un pie en el primer escalón de aquel antiguo boticario de Monserrat, para vivir ese viaje al pasado en ritmo presente. Porque transeúntes vienen y van, guareciéndose de la lluvia debajo de la misma pérgola de vidrio y hierros que está hace casi 135 años. Mientras tanto, el cartel de la entrada, en marrones y caqui, sigue como entonces para que los clientes atraviesen las puertas vaivén con vidrio de Venecia y se acerquen a los mostradores de madera de nogal traída de Italia para comprar un remedio de este siglo, algunas cremas antiage o perfumes de moda.

Están también los turistas que, sin comprar, entran especialmente para conocer esta gema porteña. Y quedan extasiados frente a los dos lienzos y el fresco –El triunfo de la farmacopea frente a la enfermedad– que pintó el italiano Carlos Barberis en 1900 y que engalanan paredes y cielo raso. Todo mientras Alejandro señala "la chica estudiando la fármaco botánica", en el lienzo de la izquierda y los frascos Erlenmeyer y balón y la auto clave –para esterilizar–, en el de la derecha. Entonces se hace eco de los rumores de entonces: una de aquellas dos damas de los lienzos sería Mercedes Quiroga, la hija del caudillo, casada con Antonio Demarchi, uno de los hijos de dueños de la farmacia.
Pero el arte de la Farmacia de la Estrella se presume además en cada uno de los muebles, cajones, mostradores y estantes que están coronados por un reloj de época que "anda perfecto y sólo necesita cambio de pila de vez en cuando". Se observa también un banco "que está como entonces" y los frascos color caramelo "que se usaban para que las drogas no se oxidaran con la luz". Mientras que los azules "siempre fueron para fragancias y artículos de perfumería".

–¿Cómo hacen para mantener una farmacia de 1885?

–Tenemos un contrato de bienes raíces que funciona como un alquiler de por vida. Eso implica hacernos cargo de la manutención. No contamos con ningún tipo de apoyo. La gente del Museo (de la Ciudad, donde se exponen objetos cotidianos de la antigua vida porteña) hace lo que pueden. Nuestro único rédito es mostrarla con orgullo. Es una verdadera reliquia. Yo soy farmacéutico. Cuando me enamoré al verla y me asocié con Malfitani no tenía ni idea de antigüedades, ni arte. Pero, con ayuda de expertos y restauradores, aprendí mucho.

–¿Y por dónde pasan los mayores desafíos de conservarla, en el día a día?

–Las veredas son angostas, muchos camiones dañan los toldos al pasar. El año pasado tuve que cambiarlos dos veces. Las calles son de piedra, los autos pasan y se mueve todo, entonces los pisos de mosaico se levantan. Guardo cada pieza que se sale y cada seis meses viene un especialista y la pega. El cableado es de época. Y de hecho el otro día vino el electricista por un aplique y me decía: "No hay manera de arreglar esto". Yo le contesté: "Arreglalo como puedas, pero no me la cambies". La madera se conserva con una cera en particular que se aplica cada un tiempo determinado. La trabaja un carpintero especial. Porque acá todo está en funcionamiento. Los cajones no son artículos de decoración, se usan para guardar los remedios.
–¿Es muy difícil mantener un lugar así?

–Si no estás en los detalles, todo se va perdiendo o dañando. Hay humedades, suciedad y hollín. Hace diez años hicimos una gran restauración con expertos y a pulmón. Pero llegamos hasta la mitad de la farmacia. Fue carísima. Hoy no podemos seguirla. Queremos, pero económicamente sería imposible. Sí estamos por pintar la fachada. Y además ya llamé al pintor restaurador para repasar el cartel de entrada. Todos los días hay algo para limpiar o arreglar. Porque si te dejás estar se cae a pedazos. Hay quienes aseguran que en un momento estuvo a punto de ser demolida. Nosotros estamos todo el tiempo en el mix de conservarla y atender el comercio, porque vivimos de la farmacia.

–Es decir que funcionan como una farmacia más…

–Claro. Hacemos todo lo que hace una farmacia. Tenemos vacunatorio para grandes y chicos. Aquí trabajan 14 personas. Abrimos de lunes a viernes de 8 a 20 horas; los sábados de 8 a 13 y los domingos, de 9 a 15 horas. Tenemos dos laboratorios: homeopatía y alopatía. El primero son las Flores de Bach, Glóbulos y demás. El segundo, los medicamentos que preparamos nosotros. Compro la droga, la peso y tengo la máquina de hacer comprimidos. Además, hacemos las tinturas madre.
–¿De que se trata?

–Consiste en extraer de una planta el principio activo para crear medicamentos. Hay tintura madre para diabetes, menopausia, fiebre, torcerduras. En los grandes laboratorios se hacen procesos de síntesis. Nosotros hacemos una maceración, que lleva siete días con alcohol a 70. Extraemos, filtramos y obtenemos productos muy buenos. Entiendo que la homeopatía se ponga en duda, pero las tinturas madres son indiscutibles. Hay un cuento que lo grafica. Pedro y Juan eran amigos y tenían sus casas a la vera del río, a cien metros de distancia y separadas por un sauce. La corriente iba de lo de Pedro a lo de Juan. Pedro, que sufría de dolores de cabeza, le decía a su mamá: "Cuando paso el día en lo de Juan, y tomo agua del río, se me va el dolor de cabeza". La mamá no entendía… No sabía que del sauce se extrae el ácido acetilsalicílico de la aspirina.

De sótanos y boticas

La historia de la Farmacia de la Estrella dice así. En 1834, casi veinte años después de la Revolución de Mayo, Bernardino Rivadavia convocó al bioquímico y botánico Pablo Ferrari para que fundara el primer boticario del país. Cuatro años después, se la vendieron a Don Silvestre Demarchi, un suizo –además el primer cónsul italiano en Argentina– que junto a la farmacia instaló una droguería que a mediados de siglo era la más importante de Sudamérica. Lo sucedieron sus hijos Demetrio, Marcos y Antonio –el yerno de Facundo Quiroga– que establecieron sucursales en Rosario, Córdoba y San Nicolás, además de Montevideo.
En 1864, Demetrio Demarchi se asoció al norteamericano Melville S. Bagle –que había trabajado de joven como cadete de la farmacia– y viraron a lo que sería Bagley y Cia, el gigante de las galletitas. Pero la droguería siguió creciendo. Y en 1885 los hermanos Demarchi se unieron con el bioquímico Domingo Parodi, para construir el local de la esquina de Defensa y Alsina.

A fin de siglo Marco Demarchi di Demetrio se organizó con José Soldati, Juan Carlos Craveri y Domingo Tagliabue para crear una sociedad anónima. Y en 1968, el famoso arquitecto José María Peña creó el Museo de la Ciudad en buena parte del edificio que originalmente era boticario. Así, la Farmacia de la Estrella pasó a ser Patrimonio Cultural de la Comuna y desde entonces forma parte del Casco Histórico de la Ciudad de Buenos Aires.
"Junto a sus mostradores o en sus trastiendas dábanse cita, noche tras noche, los parroquianos más expectables del barrio en tertulias que se prolongaban invariablemente hasta promediar la noche, cuando el silencio dominaba en la ciudad y solo quedaba en la rumorosa botica el farolillo tras la ventana, indicador de un servicio nocturno que aun hoy conserva su tradicional y misteriosa apariencia", escribe Francisco Cignoli, en su Historia de la Farmacia Argentina, de 1953. Habla de aquellas históricas reuniones en los subsuelos, de las que participaban Bartolomé Mitre, Julio Argentino Roca, Carlos Pellegrini e Hipólito Irigoyen.
Enclavada al lado de una iglesia, para que quienes la necesitaban pudieran ubicarla fácilmente buscando el campanario más cercano, la Farmacia de la Estrella vendió el primer algodón de la marca que hoy conserva el mismo nombre. Pero además, de aquella esquina salió el Tetralgin de Craveri, la Hesperidina de Bagley y las pastillas para la tos Parodi.

Y entre inmigrante ilustres, como bien relata Alejandro Cardelli, la Farmacia sigue ligada a la historia. "En aquella época los dirigentes se reunían en nuestros subsuelos. Ahora, todo el tiempo se cruza algún Ministro o funcionario a comprar medicamentos. Y nuestros farmacéuticos son los únicos acreditados para entrar a aplicar inyecciones a la Casa Rosada. Nos llaman secretarios e incluso vamos por el Presidente con algún que otro envío", detalla el farmacéutico que, desde su lugar, no sólo vela por la historia argentina sino que además acude a las urgencias de estos tiempos.
Publicado en INFOBAE, 12/05/2019.

jueves, octubre 11, 2018

11 de octubre de 1846: nace en Buenos Aires, Carlos Enrique José Pellegrini fue uno de los grandes políticos argentinos del siglo XIX.

El “Gringo”. Episodio I.


Nacido el 11 de octubre de 1846 en Buenos Aires, Carlos Enrique José Pellegrini fue uno de los grandes políticos argentinos del siglo XIX. Vinculado a una tradición industrialista de la ciudad de Buenos Aires, defendió con ardor, hasta cuanto pudo, la idea de sacar a la Argentina de su lugar como la “Granja Grande” de la Colonia. Pero al final, cada impulso patriótico dio lugar a la comodidad que daba la función pública. La mala salud de sus últimos quince años, aquejaron también su independencia de criterio, y terminó sumido a Roca, con quien formó una sociedad histórica, hasta romper con el viejo zorro en su última etapa..
JUVENTUD.
  Como todos los de su generación, combatió valientemente en la guerra del Paraguay. Se destacó en Tuyutí, y en otras batallas, para finalmente volver a Buenos Aires por una enfermedad. En 1869 se recibe de abogado, en lo que fue la más destacada promoción de estudiantes de la historia de la UBA: Alem y Del Valle entre ellos, Pedro Goyena, Juan José Romero, Mariano De María, el propio Victorino De La Plaza (en 1868) etc. Todos van a ir a formar espacio en el partido Autonomista de don Adolfo Alsina y a cumplir brillantes carreras políticas. Pellegrini se inicia en el ministerio de Hacienda, ocupando una subsecretaría en pleno gobierno de Sarmiento. ¡Les estoy tirando una caterva de nombres para que se den de culo al suelo!.
  Desde un primer momento apuesta a la industrialización del páis, y anda entreverado en la fundación del Club Industrial con Rafael Hérnandez, Osvaldo Magnasco, y el espaldarazo de Vicente Fidel López. Su carácter franco y abierto le ganaba amistades por doquier: De La Plaza, Miguel Cané, el propio Aristóbulo, Dardo Rocha, Martín Yrigoyen -el hermano de Hipólito- lo apreciaban, y mucho. Y aunque intentó y buscó su amistad con Alem, éste se mantuvo apartado de esas sensualidades que tiene el poder.
  Amén de su histrionismo, su bagaje intelectual, y su elocuencia, el “Gringo”, como se le decía por ser hijo de una inglesa y un ‘tano’, por su manejo de varios idiomas y por su tez, gustaba del juego y el buen vivir. Era, lo que diríamos hoy, un “dandy”.
   Tras dos intentos frustrados, Pellegrini accede a una diputación nacional en 1874. Allí su primera “muñequeada”.
  Un fraude escandaloso de esos que podríamos dar cátedra los argentinos se sucede para evitar la victoria presidencial de Mitre en ese ’74. Adolfo Alsina lo ha preparado, para armar con Nicolás Avellaneda una presidencia donde él fuera Alma y Sangre. Sarmiento, presidente, con tal de perjudicar a Mitre, avala todo. Monseñor Aneiro, electo por la lista alsinista, renuncia ante tamaña inmoralidad. Y acto seguido, le sigue Pellegrini.
   Alsina podía llegar a creer que al cura le diera un ataque ético, pero,  ¿¿al Gringo??. Averiguó en que andaba el joven y se enteró: Con la ayuda de alguno de sus viejos compañeros, buscaba el Gringo armar una futura Presidencia con Avellaneda, Mitre su puntal, y Pellegrini ministro. Si fuera cierto, o no, Alsina actuó en consecuencia, y desbarató la intentona.
  Es que al alsinismo le empezaban a pesar los años de ser Gobierno, y el desencanto de la población había tornado a Mitre, ¡A Mitre!, al Redentor Popular del Porteñaje: Y con tal de perjudicar a Sarmiento, el pueblo porteño era capaz de esas cosas.
ALSINA.
  Diputado Nacional en el período 74/78, Pellegrini hace gala de su erudición, sus piezas oratorias, y sus conocimientos económicos. Esa generación promisoria de jóvenes amparados por Alsina se van haciendo un lugar propio, haciendo a un lado al viejo caudilo de los piringundines.
   El putañero compadrito de las orillas, pero tratado como un Señor Conservador, ha llegado al fin de su ciclo. Como jefe partidario y caudillo puede imponer presidentes, gobernadores, y ganar elecciones. Con su oratoria impresionante, y sus manejes de político consumado, ganar debates parlamentarios, impresionando a la barra, y evitar perder votaciones legislativas. Lleva tras su mochila un apellido ilustre y una gobernación bonaerense: ¿Qué le falta para gobernar la Nación?.
   En ese emporio mercantil que era Buenos Aires, no le sobraba nada. Lo que le faltaba era liderazgo nacional en las provincias. Antimitrista pero porteño al fin, carecía, establezco yo, de un propósito nacional genuino para ganarse el favor de “los de adentro”. Podía llegar a la Presidencia. Claro que sí. Asegurarse Buenos Aires y pactar con los distintos gobernadores, que por otra parte le debían los cargos, y el trampolín era sencillo. Pero Alsina no presidía la República. Y su tacto no quería dañar la reputación y el orgullo de quien verdaderamente lo era. Aunque fuera un amigo de toda la vida. Reitero algo expresado anteriormente. Alsina tenía todas las actitudes de un caudillo popular. Pero en su espíritu, seguía siendo un unitario porteñista que entiende que las cuestiones de la Nación se resuelven en un Club de Buenos Aires. No le daba el sentimiento, para ir más allá.
La impopularidad de nueve años de gobierno y el preocupante cisma en el seno de su partido, lo tienen a mal traer también. El joven ministro bonaerense, don Aristóbulo del Valle, es cabeza visible de la oposición interna. Pero don Adolfo sabe quien detrás del cisma: Alem, Dardo Rocha y Carlos Pellegrini. Busca contentar a Del Valle con una senaduría nacional, y arriesga presentándose como candidato a gobernador. Perdería, entonces, el manejo de los hilos de las situaciones provinciales (seguramente en la persona de un petizo del cual desconfía: Roca) Del Valle se contacta con este joven general, y el Jefe autonomista trina, pero no de furia, ¡de angustia!.
Con la juventud autonomista de los hijos del Rosismo que agitan banderas de renovación política, libertad electoral y nacionalismo económico; Con Bernardo de Irigoyen deleitándose como estadista en la Cancillería; Con Iriondo en Santa Fe; Con Julito Roca en Cuyo queriendo abrirse camino sin él, y hasta contra él, no le quedó otra que buscar al adversario de siempre, para entenderse, y socavar todos los impedimentos a su futura presidencia.
   Ha muerto don Juan Manuel en Southampton. Sus familiares harán misa en su recuerdo. Se arma el considerable repudio de la gente bien. Se rechaza la posibilidad y, en cambio, se hará una misa en honor a los que murieron contra él. El hijo del mártir de Metán preside la República, el hijo de Alsina, y Mitre se encuentran: Se dan un abrazo histórico, y a la mier… coles. ¡Conciliación!.
  A un lado quedaban Sarmiento y los jóvenes que rodeaban a Alem, Rocha y Del Valle. Pellegrini decide esperar, Roca, también. Eso los reposicionará para el futuro. 

jueves, octubre 04, 2018

4 de octubre de 1866: Durante la presidente de Bartolomé Mitre (1862-1868) se conformó la Oficina de Patentes. Las tres primeras patentes argentinas.


Las tres primeras patentes argentinas.
Desde 1866 hasta el 1900 se presentaron 4.475 solicitudes y fueron concedidas 4.113 patentes.
El 4 de octubre de 1866, Durante la presidente de Bartolomé Mitre (1862-1868) se conformó la Oficina de Patentes, nombrándose Comisario a don Daniel Maxwel y subcomisarios a los ingenieros mecánicos Carlos Enrique Pellegrini –padre de quien años después sería presidente de la República-, y Tomás Allen, y los profesores de química Miguel Puiggari y Tomás Perón –abuelo de Juan Domingo Perón.
#1
El 1 de diciembre de 1866 se les concedió a los inventores Antonio Carcenac y Santiago Barrere la patente por un invento para la conservación de cueros, lanas sucias y sebos.
#2
El 20 de diciembre de 1866 se le concedió a Severo Pizarro la patente por la invención de un dispositivo para extraer agua por medio de un balde.
#3
El 23 de diciembre de 1866 se le concedió a Manuel Eguía, Guillermo H. Laurence y Jorge Parkes la patente  por una bomba para líquidos, de la que era inventor el mecánico residente en la Argentina, Samuel Pollock.
Fuente: CRESTO, J.J. (2004) "140 AÑOS DE REGISTROS DEL PROGRESO : MARCAS Y PATENTES" BUENOS AIRES: JORGE ROSSI CASA EDITORIAL.
Publicado en INPI. http://www.inpi.gob.ar


¿Cuál fue la primera marca registrada de Argentina?

Se trata sin dudas de una de las bebidas clásicas argentinas, con cientos de años de historia, y con un “récord” no conocido por muchos: haber sido la primera marca registrada de la historia del país.

Tal como informa el Instituto Nacional de Tecnología Industrial, los orígenes de las marcas y patentes en la Argentina se remontan a 1864, año en que fue promulgada la Ley de Patentes. En 1866, en pleno crecimiento del modelo agroexportador, se concede la primera patente de invención argentina a Antonio Carcenac y Santiago Barrere por un invento para la conservación de cueros, lanas sucias y sebos.
Diez años después se sanciona la Ley de Marcas, cuando tan sólo siete países poseían legislación marcaria. Al año siguiente, la Argentina registra la primera marca nacional, la “Hesperidina”, un licor con “propiedades curativas estomacales” inventado y fabricado por Melvine Sewell Bagley, un inmigrante de origen norteamericano.
Obviamente, este señor Bagley, es ni más ni menos que el mismo de las galletitas y los chocolates. La Hesperidina es una bebida argentina a base de corteza de naranjas amargas o agrias, y dulces de frutos inmaduros los cuales tienen gran contenido de flavonoides (hesperidina, neohesperidina y narangina). Su sabor es suave, dulce, y se la suele mezclar con agua tónica, gaseosa de lima y limón, o con diferentes cócteles.
El Doctor en letras Pedro Luis Barcia, transmitió el siguiente relato: "El viejo Bagley, el que fabricaba las galletitas, norteamericano de origen, inventó esta bebida y la llamó Hesperidina, porque el mito dice que cuando los griegos navegaban por las costas de Valencia, las naranjas, en medio de las hojas verdes, parecían frutos de oro, frutos de oro del jardín de las Hespérides. Y como estaba hecho con cáscara de naranja lo llamó Hesperidina. Lo curioso es que era una bebida común en los boliches del siglo XIX. No precisamente el vino tinto, que es muy posterior. Primero fue la ginebra, después la Hesperidina, y luego el vino tinto”.
El nombre de esta bebida recuerda al jardín de las Hespérides, ya que en las islas donde se encontraba tal jardín se encontraban también mágicas o doradas manzanas custodiadas por las Hespérides. Tales "manzanas doradas" serían las naranjas que, acorde el mito griego, solo Hércules pudo llevar a lo que hoy es Europa.
E inclusive, mucho antes que la Coca Cola hiciera lo propio, Bagley registró también la particular forma de sus botellas de Hesperidina.
Por Diego Di Giacomo.

martes, septiembre 11, 2018

11 DE SEPTIEMBRE: DÍA DEL MAESTRO EN LA ARGENTINA.

Publicado en GOOGLE: 11 DE SEPTIEMBRE de 2.018.

Día del maestro en la Argentina.

"En 1943, la Primera Conferencia de Ministros y Directores de Educación de las Repúblicas Americanas, celebrada en Panamá, propuso también una fecha unificada para todo el continente; eligiéndose el 11 de septiembre, aniversario del fallecimiento del estadista y educador argentino Domingo Faustino Sarmiento. Dicha fecha ha continuado conmemorándose en Argentina, pero se ha abandonado en el resto del continente" -esto dice Wikipedia-.
Dos años más tarde el presidente de la Argentina de ese entonces, Edelmiro Farrell, firmó un decreto por el cual se adoptó ese día para la conmemoración en nuestro país.
El 15 de febrero de 1811 nace Faustino Valentín Quiroga Sarmiento, que ese era su verdadero nombre. Hijo de José Clemente Cecilio Quiroga Sarmiento y Paula Zoila Albarracín Irrazábal.
Presidente de la Nación Argentina entre los años 1868 y 1874.
El 11 de septiembre de 1888 Sarmiento falleció en la capital paraguaya, a los 77 años de edad y sus restos fueron inhumados en el Cementerio de la Recoleta en Buenos Aires diez días después. Ante su tumba, Carlos Pellegrini sintetizó el juicio general: “Fue el cerebro más poderoso que haya producido la América".

jueves, agosto 10, 2017

Roque, un hijo que decidió no competir con Luis, el padre. A horas de las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias, es interesante recordar a Roque Sáenz Peña, el Presidente que impulsó el voto universal, secreto y obligatorio.

Roque Sáenz Peña.
El 09/08/1914 murió mientras era el Presidente de la Nación, el político y abogado argentino, Roque José Antonio del Sagrado Corazón de Jesús Sáenz Peña.

Él había nacido en Ciudad de Buenos Aires, en 1851, en un hogar simpatizante de Juan Manuel de Rosas, 1 año antes de la derrota, renuncia y exilio de Rosas. Esto no modificó la enseñanza de los valores de todo simpatizante federal que le impusieron sus padres, Luis Sáenz Peña y Cipriana Lahitte.
Estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires y Facultad de Derecho en la Universidad de Buenos Aires, período durante el cual inició su militancia en el Partido Autonomista, que dirigía Adolfo Alsina. Luego, él inició su carrera militar.
Precisamente él interrumpió sus estudios en el marco de la Revolución de 1874, cuando Bartolomé Mitre se levantó contra el presidente electo Nicolás Avellaneda.
Sáenz Peña fue capitán del Regimiento N°2, y su jefe era Luis María Campos, quien al finalizar el conflicto pidió que a su subordinado lo ascendieran a comandante. Sánez Peña se graduó Doctor en Leyes en 1875, y fue elegido diputado bonaerense, donde llegó a presidente de la Cámara con 26 años.
Alejándose del Partido Autonomista, él fue cofundador en 1877 del Partido Republicano, junto a Leandro N. Alem, Aristóbulo del Valle, Hipólito Yrigoyen, Vicente López y Pedro Goyena.
En 1879 comenzó la Guerra del Pacífico: Chile vs Bolivia / Perú. Sáenz Peña era un apasionado y no dudó en viajar a Lima para ingresar al Ejército peruano, donde lo designaron Teniente Coronel, y se fue al combate hasta que en Arica fue herido de bala y apresado.
Estuvo prisionero 6 meses pero en 1880 fue devuelto a la Argentina, donde regresó al poder Julio Argentino Roca. De inmediato lo designaron subsecretario de Relaciones Exteriores pero en 1882 abandonó el cargo y se fue a Europa, de donde regresaría como 'hermano masón', integrante de la Logia Docente.
En 1885 él ya estaba junto a Carlos Pellegrini quien ingresaba a la fórmula presidencial que ganaría las elecciones. Por entonces él fundó el periódico Sud América, que apoyó la candidatura de Miguel Juárez Celman y criticaba a Dardo Rocha.
En junio de 1890, Juárez Celman, en plena crisis, lo nombró ministro de Relaciones Exteriores, pero a fines de julio de ese año estalló la llamada Revolución del Parque. Si bien fracasó el motín, desplazó a Juárez Celman del poder, y asumió el vice, Carlos Pellegrini para completar el mandato. Sáenz Peña renunció a su cargo.
Mucho se hablaba de Roque Sáez Peña Presidente. Su candidatura fue proclamada en La Plata a mediados de 1891 por el grupo llamado "modernista", en el que se destacaban Carlos Pellegrini y José Figueroa Alcorta.Pero Roca y Bartolomé Mitre amañaron un acuerdo que cerrarle el paso a Alem/Yrigoyen pero también a Sáenz Peña: lanzaron la candidatura de su padre, Luis Sáenz Peña.

Fue un golpe bajo. Roque Sánez Peña se negó a enfrentar a su padre, renunció a la candidatura ("lamento que circunstancias ajenas a mi voluntad, pero no extrañas a mi corazón me impidan aceptar el alto honor que se me ha discernido") y decidió administrar una estancia en Entre Ríos por 2 años.
Hasta decidió abandonar su banca de senador nacional por Provincia de Buenos Aires. No podía ser oficialista pero, por respeto filial, tampoco podía ser opositor.
Luis Sáenz Peña le agradeció el gesto en una carta pública: "Creo que nos abraza una aureola de honor para el hijo y para el padre. El abnegado retiro de tu candidatura me deja amplia libertad de proceder. Tú eres todavía muy joven, y en tu corta vida pública has dejado ya rastros indelebles de tu inteligencia y de tu carácter".
Regresó a escena recién en 1904, con el entonces presidente José Figueroa Alcorta, quien lo designó ministro plenipotenciario ante España, Portugal, Italia y Suiza.
En Europa observó que la democratización política avanzaba y al regresar al país en 1909, decidido adherir al cambio. Otra vez candidato a Presidente, con 59 años se presentó a las elecciones de 1910 acompañado por el salteño Victorino de la Plaza.
El Pesidente electo se encontraba nuevamente en Europa cuando lo proclamó el Colegio Electoral.
Llegó y se reunió con el presidente Figueroa Alcorta, y luego con el jefe de la oposición, Hipólito Yrigoyen, en la casa del Manuel Paz.
Yrigoyen se comprometió a abandonar la vía revolucionaria y Sáenz Peña, a impulsar la Ley Electoral.
Sáenz Peña cumplió con su palabra enviando al parlamento el proyecto de Ley de Sufragio, elaborado por el ministro del Interior, Indalecio Gómez: un nuevo padrón, basado en los listados de enrolamiento militar, y voto secreto y obligatorio para todos los ciudadanos varones mayores de 18 años.
Sáenz Peña presentó el proyecto afirmando: "He dicho a mi país todo mi pensamiento, mis convicciones y mis esperanzas. Quiera mi país escuchar la palabra y el consejo de su primer mandatario, quiera el pueblo votar".
El texto fue conocido como Ley Sáenz Peña. Posibilitó el final del fraude, o sea la posibilidad de expresión de las fuerzas políticas opositoras, hasta entonces marginadas del sistema por los gobiernos conservadores.
El procedimiento se estrenó en aquel 1912: creció el bloque legislativo socialista, y la UCR ganó en Entre Ríos y Santa Fe.
En 1913, la salud de Sáenz Peña se deterioró mucho y él tuvo que solicitar licencia. Falleció en la madrugada del 09/08/1914, mientras en Europa estallaba la 1ra. Guerra Mundial.
Publicado en Urgente24, miércoles 9 de agosto de 2017. Texto en amarillo destacado de Urgente24.