GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...
...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

Mostrando las entradas con la etiqueta Delfo Cabrera.. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Delfo Cabrera.. Mostrar todas las entradas

martes, febrero 17, 2026

De repente, las candilejas o cuando el desconocido se transforma en famoso.

 


De repente, las candilejas o cuando el desconocido se transforma en famoso.

Por Nicolás Kasanzew.

Generalmente el éxito es el resultado de un largo ejercicio de paciencia, o la consecuencia de esa fórmula que atribuye a la transpiración un abrumador, mayoritario porcentaje. A veces, -no muy a menudo, claro,- el azar, la casualidad, alguna circunstancia fortuita o simplemente una buena estrella obran el milagro y súbitamente transforman al desconocido en famoso, catapultan al ignoto transformándolo en célebre.
Y no sólo en el mundillo de la farándula suelen cosecharse famas repentinas. El fenómeno de la popularidad súbita, casi siempre fortuita e inesperada para los propios protagonistas, se registra también en el deporte, la astrología y hasta la cirugía cardiovascular.
Para una nota en la revista “Siete Días” de hace exactamente medio siglo, no me fue fácil conformar una nómina de notorios, signados por este “repentismo”, que resultara además equitativa en cuanto a su distribución por profesiones.
El deporte, -quizá por los rigores del entrenamiento y la persistencia del trabajo,- era el sector más avaro en prodigar consagraciones de la noche a la mañana. En las entrevistas que hice, un par de nombres lo representan: el del futbolista Roberto Telch y el del maratonista Delfo Cabrera. No ocurría lo mismo en el ambiente artístico, - en especial dentro del mundillo televisivo- donde menudean las circunstancias azarosas capaces de redimir los más profundos anonimatos.
El astrólogo Horangel, los cómicos Alberto Olmedo y Haydée “La Chona” Padilla me relataron también las insólitas circunstancias que propiciaron -en menos de lo que canta un gallo- su caudalosa popularidad.
Otros sectores del arte de ese entonces encontraron su representación en el director cinematográfico Rodolfo Kuhn, el bailarín Oscar Aráiz, el escritor Enrique Medina y la modelo Teté Coustarot, todos signados también por una repentina fama cuyos curiosos entretelones recogí en una nota que se completó con una consagración ajena al ámbito artístico, pero que dejó a todos con el corazón en la boca: la del cirujano Miguel Bellizi, el realizador del primer trasplante cardiaco en la Argentina.

LOS PROTAGONISTAS
* ALBERTO OLMEDO: Yo hice de todo: fui repartidor de carne, de verduras, de farmacia, linotipista, amasador de pan, manejé una jardinera, vendí diarios, trabajé de acróbata y cuando vine a Buenos Aires, en 1954, el director Pancho Guerrero me hizo entrar en el Canal 7 como ayudante técnico. Yo cambiaba de oficio a cada rato porque sabía que iba a encontrar algo que me daría satisfacción. Un día, hacía fines de 1954, los ánimos estaban muy caldeados en el canal por razones laborales y yo, para aliviar las tensiones, empecé a hacer algunas payasadas; los ejecutivos del canal que se estaban yendo, se quedaron mirándome. Una semana después debutaba con un monólogo. Comencé trabajando con Tincho Zabala y Rodolfo Crespi. Ahora, que ganó 200 veces más que antes, cuando vivía en una pieza con otras seis personas en Lavalle y Maipú, y comía día por medio, escucho a algunos que me dicen: “Vos sí que la tenés”. Una vez, me paré a charlar con uno y le conté mis pasadas penurias. Me pidió perdón. Yo sé que hay gente, que queda mareada con la fama. No es mi caso. Yo siempre seré: “El Negro Olmedo”.

* DELFO CABRERA: Hacia 1948, cuando gané la medalla de oro en maratón, en las Olimpíadas de Londres, muchos quedaron boquiabiertos. Aunque estaba lejos de ser un don nadie -era campeón nacional y sudamericano de fondo- nadie me conocía. Es el destino del deportista amateur. Yo, que trabajaba como bombero, tenía un único afán: emular a Juan Carlos Zabala, “el ñandú criollo”, que ganó la maratón en 1932. Y lo logré él mismo día -un 2 de agosto- dieciséis años después. Imagine la poca fe que nos tendrían, que el presidente de la delegación argentina se enteró de mi triunfo porque lo despertaron cuando dormía la siesta. “¡Que mañana, me perdí la foto!”, atinó a decir. La maratón se corría en el más puro estilo griego: 40 kilómetros por la calle. Y el evento culminaba en el estadio de Wembley, en presencia de la reina. Le gané a un inglés por sólo cien metros. Y así me convertí en famoso. El milagro duró dos horas y media; el tiempo que demoré en ganar la maratón. ¿La fama? Es linda si viene acompañada de dinero. Si no, es una molestia.

*HAYDEE PADILLA (LA CHONA): Yo siempre había acuado como actriz dramática, en diversos teleteatros. Un día, allá por 1966, una persona que se divertía mucho cuando yo hacía La Chona - imitaciones de entrecasa, realizadas en rueda de amigos - quiso que me viera el dueño de Canal 9, Alejandro Romay. “Vos entrá hablando como La Chona”, me dijo. Al escucharme, Romay explotó: “¿Y vos, donde tenías guardado ese personaje?” Así comenzó la cosa. En el programa “Tropicana” hice un monólogo. El director, que no sabía nada de antemano, se quedó con la boca abierta. El esperaba que hiciera uno de mis habituales personajes. Inmediatamente mi contrato, que era por un mes, fue ampliado a tres años. En menos de tres semanas me hice muy popular: en el colectivo la gente me preguntaba por “el Hétor”, los tacheros no me cobraban; uno me vino a buscar al canal con su mujer para que fuera a comer a la casa de su madre, cuya mayor ilusión era conocerme. Fui y la viejita se quedó chocha. Las mujeres me hacen cómplice de sus cosas; cuando voy a la cancha, me gritan: “Chona, te viniste sin el Hétor, te viniste”. La gente se identifica con el personaje y me brinda mucho cariño”.

* HORANGEL: Desde los 14 años me dedico a investigar en astrología. También enseñé Física, Historia, Matemáticas y Cosmografía en una academia que preparaba alumnos para el ingreso a la universidad. El espaldarazo lo recibí en 1963, con el programa “ Mensaje Astral”, que transmitía Canal 9. Allí, en octubre, predije que algo gravísimo le sucedería a John Kennedy entre el 22 y el 24 de noviembre. No era una agorería. Yo explicaba a la teleplatea ciertas coincidencias cósmicas e históricas. Cuando Kennedy cayó asesinado en Dallas, yo no recordé mi vaticinio: cuando hago una predicción, me olvido y a otra cosa. Pero el público quedó pasmado. A nivel internacional mi pronóstico tuvo también una gran repercusión: mis palabras se tradujeron hasta al birmano y vino a verme gente desde Francia, Estados Unidos e Italia. Pero yo no hago estudios personales, a menos que lo pida, por ejemplo, un presidente. En una situación así, es imposible negarse.

* TETE COUSTAROT: En mi caso, el azar tiene el nombre de un fotógrafo de la revista Siete Días, Osvaldo Dubini. En el verano de 1969 me vio en Mar del Plata e insistió que participara en el concurso de Miss Siete Días. Entonces, mi vida se transformó: atrás quedaron mis estudios de periodismo en La Plata, un empleo en una agencia de autos, algunos desfiles. Desde que gané el concurso y salí en la tapa de Siete Días, comenzó la popularidad. Me invitaron a programas de televisión, empezaron los reportajes; la gente, en la calle, comenzaba a decirme “Chau, Teté” y de pronto me di cuenta de que mis modas, sobre todo mis maneras de cortarme el pelo, eran imitadas. De todas maneras, yo creo en el factor suerte; una vez me equivoqué de piso y entré a una oficina donde estaba reunida gente de publicidad. Apenas abrí la puerta, me miraron y dijeron: “Esta es la modelo que estamos buscando”. Y me contrataron para una publicidad de un shampoo. De igual modo, cuando viajé a Estados Unidos, caí justo para una campaña publicitaria que me permitió pasarme dos meses en Japón. Claro que la suerte -que no siempre es grela- para mí tiene el nombre de la revista Siete Días.

* RODOLFO KUHN: A los 15 años empecé a hacer cine con mis compañeros de colegio. Un año después gané un premio del Cine Club Argentino con mi cortometraje “Delirio”. Obligado por mi padre, estudié medicina un par de años y en 1956 empecé a trabajar como asistente de dirección de Lowe. Fui a Nueva York donde estudié con el cineasta alemán Hans Richter, volví al país y produje el primer teleteatros unitario argentino - “Teleteatros a la hora del té”. Pero la fama llegó recién con “Los jóvenes viejos”. El guión lo escribí entre 1958 y 1959, pero fue rechazado varias veces por el Instituto Nacional de Cinematografía, que negaba los créditos por considerarlo poco interesante. Por fin la película se realizó en 1961 con María Vaner, Alberto Argibay, Marcela López Rey y Jorge Rivera López, entre otros. Si el eco que halló en el público fue inmenso, el de la crítica fue triunfal. El diario La Nación dijo que era una de las mejores películas que se hubieran hecho jamás. En Europa me compararon a Orson Welles y a Buñuel. Cristina Rochefort escribió: “Nadie creerá que se trata de una ópera prima por la madurez con que está tratada”. Yo pensé que siempre podría vivir del cine de largometraje. Pero la realidad se encargó de demostrar lo contrario.

* ROBERTO TELCH: En 1964 yo era suplente del Seleccionado Argentino que debía enfrentar a Brasil en Pacaembú. Tenía 20 años y estaba haciendo el servicio militar. Antes había jugado en Defensores de Billinghurst, de donde pasé a San Lorenzo. Al comenzar el partido con Brasil yo estaba en el banco, pero un imprevisto cabezazo de Pelé le rompe el tabique nasal a Messiano. Entonces entré yo. Rattín me dijo: “Salí a jugar libre, que yo lo marco a Pelé”. Y salí como si tuviera un motor fuera de borda: era mi gran oportunidad. Marqué dos goles (el partido terminó tres a cero), con lo cual la Argentina se alzó invicta con la Copa de las Naciones. ¿Las jugadas del gol? No me las olvidaré jamás. Onega la tira al centro, la toma Alfredo Rojas y de un pelotazo le rompe el pecho a Gilmar. Y la pelota se queda ahí. Entonces, yo le pego de sobrepique. Un jugador de Brasil la quiere sacar, pero se traba a sí mismo y cae. Fue el primero. El segundo vino con una pelota que paró Onega y yo la mandé al fondo del arco. Me di cuenta de mi popularidad, cuando en Ezeiza vi la manifestación que coreaba mi nombre. Perdí la corbata, me rompieron el traje. Yo sabía que el triunfo no era casual, porque me tenía confianza.

* OSCAR ARAIZ: La idea consistió en montar un audiovisual con danzas. Casi una revista, pero sin sketches hablados, donde mezclé música de los Beatles con la Sinfonía de los Juguetes de Haydn y algo de música concreta. En la melange se juntaba “Lucy in the sky with diamonds” con un boletín metereológico radial, un gol aullado en el mejor estilo, una receta de cocina, una ranchera cantada por Mercedes Simone. Se llamó “Crash” y se estrenó en el Instituto Di Tella en el año 1966. Durante seis meses se dio con un lleno completo y lo interrumpí para hacerme cargo de la primera consecuencia de mi súbita popularidad; es decir de la dirección del ballet del Teatro Municipal. No se muy bien que elementos contribuyeron a ese éxito. Tal vez fue la mixtura de música de Pink Floyd con “La consagración de la primavera” de Stravinsky. Tal vez se debió a que “Crash” fue la primera obra que incursionó por la nostalgia, mostrando viejos álbumes de familia y antiguas postales. Había días en que la sala estaba llena de viejitos, que se iban cantando. Pero eso sí, para poder seguir creando, el éxito debe ser conquistado todos los días.

* ENRIQUE MEDINA: Entre los 6 y los 16 años viví en un reformatorio. Trabajé como peón de obra, linotipista, mimbrero, técnico en la Ballester Molina; estudié Bellas Artes, cine y también hice títeres, con los que recorrí toda Centroamérica durante seis años. Siempre me gustó escribir, claro, y un buen día me propuse trabajar en una novela que narraba mi paso por el reformatorio: tardé cinco años en escribirla, entre 1965 y 1970. Dos años después se publicó “Las Tumbas”, con un notable éxito editorial. Pero mi popularidad se la debo en gran parte a los medios masivos de difusión, que promocionaron mi libro. Como yo trabajaba de cameraman en Canal 11, pude vincularme con gente que me ayudó mucho. Así me empezaron a llamar de todos lados. La gente me paraba en la calle, como en el caso de una mujer que me detuvo para preguntarme ¿que reformatorio debía elegir para internar a su hijo? Yo le contesté que antes de hacer eso era preferible tirarlo al inodoro: no había entendido nada mi libro. Los quiosqueros me conocen y cuando pasó vocean “Las Tumbas” como si fuera un diario. Ahora soy popular: “Transparentes”, mi última novela vendió 50 mil ejemplares.

* MIGUEL BELLIZI: Desde el año 1958 trabajé en cirugía experimental en los Estados Unidos con los cardiocirujanos Denton Cooley y Michael Debakey y lo seguí haciendo cuando volví al país en 1965, en el hospital Rawson. Cuando en 1967 Christian Barnard realizó su primer trasplante, nuestro equipo ya estaba a punto para hacerlo, pero carecía de un ámbito apropiado. El 27 de mayo de 1968 atendí a un paciente de apellido Serrano, afectado de insuficiencia cardíaca terminal: estaba casi agónico. Decidí trasplantarlo. Pedí un donante al Costa Buero. Consiguen uno, pero la familia se opone. Mientras volvía a mi casa, cambiaron de idea. Una telefonista avisa a un diario que se hará un trasplante de corazón. Horas después, cuando llegué a la Clínica Modelo de Lanús, había un periodista de “Clarín” que me dice: “Doctor, usted va a hacer un trasplante”. Él lo sabía antes que yo.
Fue una verdadera apoteosis. El paciente vivió cinco días y murió de una hemorragia al cerebelo, sin que el trasplante tuviese nada que ver con su deceso. La operación duró entre las 2 y las 5 de la mañana del 31 de mayo. Cuando salí del quirófano, el tránsito estaba cortado. Me pedían autógrafos.

Publicado en LA PRENSA.

jueves, agosto 07, 2025

Delfo Cabrera gana la maratón olímpica de Londres el 7 de agosto de 1948, medalla de oro.

 

Delfo Cabrera gana la maratón olímpica de Londres el 7 de agosto de 1948, medalla de oro.

DELFO CABRERA.

Delfo Cabrera nacido en Armstrong, es una localidad del Departamento Belgrano, sudoeste de la provincia de Santa Fe, la Argentina; el  2 de abril de 1919. Fallece en Alberti, es una localidad del Departamento Belgrano, sudoeste de la provincia de Santa Fe, Argentina el 2 de agosto de 1981.

En 1932, con solo 13 años se entera de la hazaña del rosarino Juan Carlos Zabala en los juegos Olímpicos de Los Ángeles, esto le sirvió de inspiración.

Francisco Mura, su descubridor, lo conoció en la Copa Presidente de la Nación que se realizó en Rosario en 1937. En ese entonces, lo convenció de mudarse a Buenos Aires y comenzó a entrenarlo en San Lorenzo, club donde lo formó profesionalmente.

Su mayor logro lo consiguió en la prueba de maratón, ganando la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Londres 1948. 

Cuatro años después, fue el abanderado de la delegación argentina en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952. 

Además, fue campeón panamericano al obtener la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de 1951 que se realizaron en Buenos Aires.

Una carrera en la que otros dos argentinos –el bahiense Armando Sensini (9°) y el mendocino Eusebio Guíñez (5°)- también se ubicaron en el top 10.

No ganó los selectivos para los Juegos, pero su estado de forma, su evolución y su confianza convencieron a los entrenadores, que lo nominaron junto a Guíñez y Sensini para una aventura que comenzó el 17 de junio de 1948.

Aquel día, en la Dársena A de Puerto Nuevo, familiares y amigos despidieron a la delegación argentina para los primeros Juegos Olímpicos de la posguerra. Poco antes los había saludado el presidente Juan Domingo Perón en la Casa Rosada.

No figuraba entre los candidatos al oro, pero el argentino sorprendió al mundo con una actuaciòn espectacular.

Medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 1948.

“Delfo viajó junto a Eusebio Guiñez y Armando Sensini, quienes emprenderían la maratón el 7 de agosto a las 15:30. Al comenzar la carrera el paso lo marcó el competidor coreano, pero pronto tomaría la cabeza de la competencia el belga Gailly durante casi toda la carrera. Los competidores argentinos tenían como estrategia reservar fuerzas para el sprint final. Cabrera se fue acercando poco a poco al líder hasta la entrada al mítico estadio de Wembley donde Delfo entró en el segundo puesto. El líder Étienne Gailly parecía quebrado físicamente por el extenuante calor y Cabrera, con un gran final, logró superarlo ante la ovación de la gente que había llenado el estadio y pudieron ver como entraba en primera posición (Wikipedia).

En Londres, Argentina terminó el medallero con tres oros, por dos campeones en boxeo (Rafael Iglesias y Pascual Pérez) y uno en atletismo (Delfo Cabrera, maratón).

A su regreso expresó abiertamente la admiración que profesaba por Perón y Evita, quienes fueron los padrinos de su primera hija. Recibió la medalla al mérito deportivo en la Plaza de Mayo y fue ascendido a cabo. Terminó sus estudios y se recibió de profesor de educación física.

“Formó familia con Rosa Lento con quien tuvo 3 hijos: Hilda, María Eva (ahijada de Eva Duarte de Perón) y Delfo. Por el apoyo que recibió del peronismo para fomentar el deporte (incluso recibió en 1949 la Medalla Peronista) fue vetado, junto con centenares de deportistas, durante la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu de participar en todo tipo de eventos deportivos dentro y fuera del país” (datos Wikipedia).

Fue despedido de la policía y olvidado.

Años después como el deporte Argentino no volvía a conquistar medallas en atletismo su figura renació, así fue que el 2 de Agosto de 1981 fue a la Ciudad de Lincoln a recibir un homenaje. A su regreso chocó frontalmente con un Ford Falcon manejado por un militar alcoholizado. La familia le inició juicio al estado pero la dictadura militar se encargó que ningún abogado aceptara el caso. La causa estaba perdida hasta que un abogado de extracción radical y dirigente del partido aceptó el caso. Fernando De La Rua llevó adelante el proceso, fue amenazado y perseguido pero se mantuvo junto a la familia Cabrera hasta que ya en democracia, en 1989 ganó el juicio.

miércoles, agosto 07, 2024

7 de agosto es el Día del maratonista argentino por las victorias de Juan Carlos Zabala y Delfo Cabrera.


Un viaje de 42 kilómetros hacia la gloria eterna.

El baúl de los recuerdos. Juan Carlos Zabala ganó la medalla dorada en la carrera de los 42.195 metros de Los Ángeles 1932 y Delfo Cabrera lo imitó en Londres 1948. Por ellos, el 7 de agosto es el Día del maratonista argentino.

Por Carlos Viacava.  

Juan Carlos Zabala y Delfo Cabrera, los argentinos vencedores del maratón olímpico.

Allá va Juan Carlos Zabala. De físico esmirriado y engañosa apariencia de fragilidad. El sol abrasador de Los Ángeles no perdona. El joven de 19 años cubre su cabeza con un gorro blanco. Corre decidido hacia la meta. Eso ocurre en 1932. Delfo Cabrera, pleno de confianza, avanza y supera al desfalleciente belga Ettiene Gailly. La acción transcurre en 1948 en Londres. Zabala y Cabrera protagonizan las dos mayores hazañas del atletismo argentino: ganan el maratón olímpico. Los iguala un recorrido de 42 kilómetros hacia la gloria eterna.

Las históricas victorias de los dos atletas en una prueba tan simbólica se dio un 7 de agosto. Entre un triunfo y el otro pasaron 16 años. La causalidad los hermanó para hacer realidad una fecha única en el calendario afectivo del deporte nacional. Por El Ñandú Criollo y por Delfo, el 7 de agosto será para siempre el Día del maratonista argentino.

“Voy a demostrar que se puede largar en punta y llegar primero. O llegan después o se rompen en el camino”. Zabala, un impertinente muchacho de 19 años, lanza un pronóstico temerario. Demostró ser un hombre de palabra: tomó la vanguardia del pelotón desde el comienzo de la carrera y, salvo por algunos kilómetros, la mantuvo en su poder hasta el final. Le faltó un detalle: consumó su espectacular victoria con un récord olímpico: 2 horas, 31 minutos y 36 segundos le tomó cubrir los 42.195 metros.

Zabala se propuso ganar de punta a punta y
lideró el pelotón durante casi toda la carrera.

“¿Si él lo hizo, por qué no yo?”, se pregunta un niño apellidado Cabrera cuando ve en acción a Zabala, su ídolo. Y 16 años después, emula el triunfo del hombre al que admiraba con indisimulable fervor. Él no tuvo que hacer honor a un ambicioso anuncio público. En cambio, se probó a sí mismo que era capaz de convertir sus sueños en realidad. Su éxito fue angustioso: tomó el primer puesto cuando el lote de corredores liderado por Gailly ingresaba en la pista del estadio de Wembley. El aplauso de la multitud acompañó los 400 metros finales de su camino hacia el triunfo.

EL ÑANDÚ CRIOLLO.

Juan Carlos Zabala había nacido el 21 de septiembre de 1912 en el seno de una familia en la que lo único que sobraba eran las privaciones. Prematuramente huérfano, pasó gran parte de su vida en la Colonia Ricardo Gutiérrez, una especie de reformatorio. Como muchos de sus ocasionales compañeros, se entregaba a furiosos partidos de fútbol en los ratos libres que les quedaban en ese lugar que hoy alberga al Complejo Penitenciario Federal II. También jugaba al básquet y nadaba.

Uno de los profesores de educación física en la Colonia era Alejandro Sterling, quien, además, se desempeñaba como entrenador de atletismo. Le llamó la atención la forma en que Zabala corría en esos picados detrás de la pelota. Lo tomó bajó su cuidado y fue puliendo la técnica de ese muchacho al que consideraba destinado a obtener grandes triunfos.

El Ñandú Criollo se impuso en Los Ángeles 1932 y batió el récord olímpico.

No se equivocó. En poco tiempo, El Ñandú Criollo - el apodo que le otorgó el diario Crítica- empezó a sumar victorias y marcas importantes. Hizo suyos los récords nacionales de 3.000 y 10.000 metros. Les ganaba a atletas mayores que él con un desparpajo inaudito. Se jactaba de sus condiciones y anunciaba que iba a quedarse con la victoria con una naturalidad que despertaba el odio de sus rivales. Su fama crecía a una velocidad insólita.

En 1931 lo llevaron de gira a Europa, donde compitió nada más y nada menos que con el finés Paavo Nurmi, una figura descomunal del atletismo. El escandinavo acaparó nueve medallas doradas y tres plateadas en los Juegos Olímpicos, desde Amberes 1920 hasta Ámsterdam 1928. Su virtuosismo lo llevaba a imponerse en pruebas que iban de los 1.500 a los 10.000 metros y hasta en carreras a campo traviesa y con obstáculos. Lo llamaban El finlandés volador.

El irreverente Zabala estaba al tanto de los pergaminos de Nurmi, pero de ninguna manera se iba dejar atormentar por ellos. Se trenzaron en una prueba de diez kilómetros con otros respetados fondistas de entonces. El argentino estaba cumpliendo un gran papel e iba al frente. Terminó tercero, a pocos segundos del finés y del alemán Max Syring. El argentino dijo muchas veces que pudo haber ganado, pero cometió la travesura de darse vuelta para sacarle al lengua al Finlandés volador y fue superado cerca del final.

El ilustre Paavo Nurmi, apodado El finlandés volador, pronosticó el triunfo de Zabala en Los Ángeles.

Poco tiempo después, Zabala le puso en Viena su nombre al récord mundial de los 30.000 metros en pista con una marca de 1 hora, 42 minutos, 30 segundos y 4 décimas. Pasó de ser un desconocido a convertirse en una celebridad. El propio Nurmi anticipó que el argentino se perfilaba como uno de los candidatos en el maratón de Los Ángeles en 1932. El 28 de octubre de 1931 había debutado en la distancia con un triunfo en el maratón de Kosice (actual territorio de Eslovenia) con un notable registro de 2 horas 33 minutos y 19 segundos.

Nurmi también había dado el paso hacia la mayor distancia del atletismo y aspiraba a vérselas con Zabala en los Juegos del ´32. Se le impidió participar porque en esa época solo los deportistas amateurs podían ser parte de esa disciplina en el ámbito olímpico y el finés había recibido recompensas económicas por una serie de competencias en Estados Unidos. El duelo con El Ñandú Criollo no podía darse Los Ángeles. Esa situación incrementaba las posibilidades y el optimismo del argentino.

Había un inconveniente no menor para que Zabala pudiera estar presente en los Juegos. La edad mínima para ser parte del maratón era 20 años y él tenía 19. El presidente de la Nación, Agustín P. Justo, ordenó fraguar un documento de identidad para que el atleta nacido en Rosario fuera habilitado para la emblemática competencia de los 42,195 kilómetros.

El argentino cumplió su palabra: ganó de punta a punta. 

Zabala compartió la partida con sus compatriotas Fernando Ciccarelli y José Ribas y con otros 25 fondistas. Tal como lo había advertido, su plan era ganar de punta a punta. Salió al frente, bien fuerte. El finlandés Lauri Virtanen le arrebató el primer puesto durante algunos kilómetros en los que el argentino medía las consecuencias de un inoportuno dolor de rodilla. Cuando faltaban cuatro mil metros, recuperó el liderazgo y no lo soltó jamás.

Ingresó en el Coliseum de Los Ángeles con un paso firme. Más de 75 mil personas aplaudían a ese hombre identificado con el número 12 que llevaba un gorrito blanco para cubrirse del implacable sol californiano. Cruzó la línea de meta en absoluta soledad y con un tiempo récord de 2 horas, 31 minutos y 36 segundos.

Él mismo contó en las páginas de la revista El Gráfico una anécdota increíble: “Muchos diarios de entonces dijeron que caí desmayado por efecto del cansancio, pero no fue tan así. Es que el boxeador Carmelo Robledo, que en esos Juegos ganó también la medalla dorada, estusiasmadísimo me tiró una bandera argentina con un mástil de hierro que me pegó en la cabeza. No es cierto que haya estado derrumbado, solo pasó que me derrumbaron…”.

Así quedó retratado Zabala para la posteridad en la tapa de El Gráfico.

DELFO TAMBIÉN PUDO.

Cabrera nunca había corrido un maratón cuando llegó a Londres en 1948. Tenía la firme determinación de repetir la hazaña de Zabala en Los Ángeles. Más allá de la similitud de los objetivos, los estilos eran diferentes. Delfo, nacido el 2 de abril de 1919 en la ciudad santafesina de Armstrong, tenía un perfil más bajo. No vociferaba pronósticos. Tenía la misma determinación que El Ñandú Criollo, aunque para vencer en el maratón olímpico optó por correr de atrás, justamente porque no conocía la distancia.

“Mi preocupación era guardar energías. Yo nunca había corrido más de 20 kilómetros”, advertía en una sensata muestra de responsabilidad. Claro, esa aparente prudencia desapareció un par de días antes de la largada de los 42K, cuando, junto con sus compatriotas Eusebio Guíñez y Armando Sensini, no tuvo mejor idea que aceptar el desafío de otros maratonistas en una absurda carrera de 20 kilómetros a un ritmo peligroso teniendo en cuenta la proximidad del debut en los Juegos Olímpicos. Lo que pudo haber sido un pecado imperdonable, por el contrario, sirvió para confirmar que la preparación había sido acertada.

Cabrera avanza con determinación hacia el triunfo en Londres 1948. 

A Cabrera lo hermanaba con Zabala una vida de lucha constante. En su caso, debió desempeñar mil y un oficios para ganarse el pan. Había sido cosechero, jornalero, bombero y profesor de educación física. Se encontró con el atletismo por una cuestión llamativa: hacía a las corridas el trayecto desde su casa hacia cualquier destino. Corría, corría y corría. Y cada día corría más que el anterior. Así como su ídolo encontró a Sterling, él tuvo como maestro a Francisco Mura.

Su entrenador lo llevó a San Lorenzo, club en el que terminó de pulir su técnica mientras acaparaba triunfos. Los títulos nacionales e internacionales jalonaban el progreso de ese hombre de gruesos bigotes, físico morrudo y piernas incansables. Su hábitat era la pista, un detalle no menor en función de la ilusión a la que se había abrazado desde que a los 13 años se enteró de la proeza de Zabala.

La falta de antecedentes del santafesino en el maratón impedía que se lo considerara como aspirante al oro. Es más, lo conocían tan poco que en los programas oficiales de los Juegos su apellido estaba mal escrito: lo presentaron como Cabrora. Ajeno a esa situación, estaba listo para salir a buscar la victoria sin excesos innecesarios y con un plan muy bien pensado: correr desde atrás y esperar que los líderes se fueran cayendo mientras él avanzaba. Simple y práctico. También ambicioso.

No figuraba entre los candidatos al oro, pero el argentino sorprendió al mundo con una actuaciòn espectacular.


El atleta que llevaba el número 233 en el pecho ocupaba las últimas posiciones del grupo de 42 protagonistas. El primer lugar le pertenecía al belga Gailly, un paracaidista de profesión que estaba seguro de que iba a darle una medalla a su país. Si bien su especialidad eran los 5.000 y los 10.000 metros, el europeo se animaba a pensar en el primer puesto en una competición que, además de su extensión, contaba con un tortuoso recorrido. Sus oponentes más calificados eran el británico Thomas Richards y el coreano Yun Chil Choi.

El asiático marcó el camino durante algunos kilómetros, pero Gailly lo superó. En la mitad del trayecto, Cabrera se decidió a acelerar y dejó atrás a Guíñez, quien estaba cumpliendo un destacado papel. Era a todo o nada. Choi recuperó la punta por un rato, pero abandonó y pareció renacer el belga, quien estaba listo para ingresar en la pista del estadio de Wembley. El cansancio lo tomaba como presa. Debía encomendarse a la suerte para completar la distancia.

Sus piernas se sacudían sin coordinación. Se bamboleaba de un lado a otro. Perdía velocidad. Le faltaban unos 400 metros. Interminables 400 metros. De pronto, hizo su entrada triunfal Cabrera en un inesperado segundo lugar. Parecía estar fresco como una lechuga. Recortaba la diferencia que le llevaba el primero. La redujo a la nada y dejó atrás al tambaleante Gailly. Completó con los ojos al frente, las piernas firmes y el corazón indestructible los 42,195 kilómetros.

Delfo en El Gráfico, la revista que siempre albergó las mayores hazañas del deporte argentino.


Poco después arribó Richards. El poco resto que le quedaba a Gailly le permitió subirse al tercer escalón del podio. En realidad, se encontraba en plena agonía y ni siquiera estuvo en condiciones de participar de la ceremonia de premiación. Los otros argentinos también se lucieron: Guíñez fue quinto y Sensini noveno. La victoria fue para Cabrera, con una marca de 2 horas, 34 minutos y 52 segundos. Había sido capaz de repetir la gesta de Zabala. Por el largo recorrido hacia la gloria eterna que Delfo y El Ñandú Criollo habían completado, los maratonistas argentinos tenían su día.


Los maratonistas argentinos celebran el 7 de agosto su día por las victorias de Zabala y Cabrera.

Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/Un-viaje-de-42-kilometros-hacia-la-gloria-eterna-548410.note.aspx

domingo, agosto 07, 2022

Delfo Cabrera, el bombero atleta que le dio nombre a una calle de la Villa Olímpica de la Juventud.

 



Nació en Armstrong, departamento de Belgrano, provincia de Santa Fe.

Delfo Cabrera fue bombero de la Policía Federal y atleta en simultáneo. En 1948 pasó a la historia por representar a Argentina en los Juegos Olímpicos y consagrarse ganador de la Maratón. Ese mismo año también fue ascendido a Cabo.

Francisco Mura, su descubridor, lo conoció en la Copa Presidente de la Nación que se realizó en Rosario en 1937. En ese entonces, lo convenció de mudarse a Buenos Aires y comenzó a entrenarlo en San Lorenzo, club donde lo formó profesionalmente.

En aquella inolvidable gesta de Londres estableció una marca final de 2:34:51 y corrió contra todos los pronósticos: sufría de un soplo al corazón, pero decidió presentarse a competir igual.

Por su logro, recibió el Diploma al Mérito de la Fundación Konex y su nombre se convirtió en una de las calles de la Villa Olímpica de la Juventud de Buenos Aires en 2018.

PUBLICADO EN BILLIKEN.

https://billiken.lat/interesante/delfo-cabrera-el-bombero-atleta-que-le-dio-nombre-a-una-calle-de-la-villa-olimpica-de-la-juventud/

Delfo Cabrera.
Premio Konex 1980: Atletismo.

Nació el 02/04/1919. Premio Konex 1980. Campeón Olímpico de la Maratón de Londres (1948). A los 13 años participó en la llamada Vuelta de Armstrong (1933) en la que obtuvo el segundo puesto. Desde entonces participó en competencias locales hasta llegar a conquistar los campeonatos nacionales de 3.000 y 5.000 metros en 1941 y 1942, respectivamente. En 1946 fue campeón argentino en los 10.000 metros y subcampeón en los 3.000 metros. En 1947 obtuvo el Campeonato Nacional y el Sudamericano. Vencedor de la Maratón en los Juegos Panamericanos (1951). En 1952 estableció el récord sudamericano en la Media Maratón de Lima (Perú). Fue 6 veces Campeón Sudamericano en diferentes distancias. Durante su actividad realizó, en total, cerca de 300 carreras con 250 triunfos. Se desempeñó como instructor y maestro en escuelas y centros deportivos. Fue Presidente del Comité Olímpico. Falleció el 02/08/1981.

https://www.fundacionkonex.org/b1713-delfo-cabrera

Información e imagen: Fundación Konex.

miércoles, abril 01, 2020

1º de abril de 1908: San Lorenzo cumple 112 años: una historia fútbol e identidad.

El Club Atlético San Lorenzo de Almagro, conocido popularmente como San Lorenzo de Almagro o simplemente San Lorenzo es un club social y deportivo de Argentina, fue fundado el 1º de abril de 1908.

La llegada al barrio del padre salesiano Lorenzo Bartolomé Massa fue determinante a la hora de la fundación de San Lorenzo de Almagro, con su visión social para sacar a los pibes de los peligros de la calle.
Fundado en los albores del siglo XX por un grupo de jóvenes del barrio de Almagro, al amparo del cura Lorenzo Massa, el club logró trascender las fronteras de la ciudad de Buenos Aires.
La fecha quedó instalada el 1 de abril de 1908, pero los jóvenes fundadores de San Lorenzo​ jugaban, por lo menos, desde un año antes. El equipo que tenían se llamaba Forzosos de Almagro.
El Padre Lorenzo Massa les ofreció el terreno que tenía en el fondo de la capilla.
El Padre se negó a que se llamara Lorenzo Massa. Dice que alguien se acordó de la batalla de San Lorenzo y que el cura, entonces, sí dio el visto bueno. Así nació San Lorenzo de Almagro. Fué así en honor al santo y a la Batalla de San Lorenzo y le agregaron "de Almagro", por esa barriada porteña.
Es un club que se destaca por haber sido laureado en todos los deportes, teniendo en su haber campeones olímpicos como Delfo Cabrera. Su mayor logro lo consiguió en la prueba de maratón, ganando la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Londres 1948. Cuatro años después, fue el abanderado de la delegación argentina en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952.
El 4 de abril de 1915, San Lorenzo debutó oficialmente en la Primera División, siendo derrotado por Platense por el score de 5 a 1. El primer punto obtenido llegaría recién el 9 de mayo, en la cuarta fecha, tras empatar 0 a 0 ante Tigre.
Es el 3° equipo de la Argentina con más entradas vendidas a lo largo de la historia de la Primera División, con un total de 33.207.509.
José Sanfilippo (1953-1963 y 1972) es el máximo goleador en la historia de la institución con 217 goles.
El conjunto de Boedo se ubica 3° en la tabla histórica de la Primera División, con 4623 puntos.
San Lorenzo fue el primer campeón invicto del fútbol argentino en el profesionalismo, logrando el título sin derrotas en el Campeonato Metropolitano 1968. Repitió la hazaña en el Nacional de 1972.
Luego de un período sin un estadio definitivo -que incluyó un par de años de inactividad- logra emplazar su cancha, conocida como el Gasómetro, la cual estuvo en funcionamiento hasta 1979.
En la actualidad mantiene varias sedes y propiedades en el lugar donde se encontraba el viejo Gasómetro, pero ha mudado su estadio a la ciudad deportiva que tiene en la zona popularmente conocida como Bajo Flores.
Como particularidad es el único club del mundo cuya camiseta se encuentra en el museo de la FIFA, específicamente la usada el 16 de marzo de 2013 contra el club Club Atlético Colón en honor al papa Francisco que es hincha de San Lorenzo de Almagro.
La pandemia de coronavirus que obligó a hacer un festejo en redes sociales e interacuar de manera especial.
Algunos famosos de San Lorenzo de Almagro, Susana Giménez, Roberto Galán, Pancho Ibañez, Marcelo Tinelli, Mariano Grondona, Mario Sapag, Alejandro Lerner,  Viggo Mortensen, Ana María Picchio (Actriz), Osvaldo Soriano , Juan Carlos Copes (Artista / Bailarín), Pappo Norberto Napolitano popular músico argentino, Eliseo Subiela, Juan "Corazón" Ramón, Axel, José Angel Trelles, Rodolfo Terragno, Daniel Filmus, James Richard Cheek  ex Embajador de los Estados Unidos en la  Argentina, (1993/1996),Ricardo López Murphy, Lorenzo Miguel; José Ignacio Rucci, entre otros.
Fuente de información é imágenes: web.

jueves, agosto 02, 2018

2 de Agosto de 1981: fallecía, en un accidente automovilístico, el ganador de la medalla de oro de la maratón en los juegos Olímpicos de Londres en 1948 Delfor Cabrera.


El 2 de Agosto de 1981, en un accidente automovilístico moría el ganador de la medalla de oro de la maratón en los juegos Olímpicos de Londres en 1948, ese día fallecía Delfo Cabrera. Nacido en Armstrong, Santa Fe, en Abril de 1919, en el seno de una humilde familia, que lo rodeó de amor al igual que a sus 5 hermanos, Delfo de muy joven trabajó en tareas rurales y se movilizaba corriendo, llegó a correr más de 20 km diarios. En 1932, con solo 13 años se entera de la hazaña de Zabala en los juegos Olímpicos de Los Ángeles, esto le sirvió de inspiración. En 1937 lo descubre el entrenador Francisco Mura, quien lo lleva a San Lorenzo de Almagro donde entrenó profesionalmente mientras se desempañaba como policía.
En los juegos de Londres 1948 participó en la maratón, largó moderadamente resguardando fuerzas para el sprint final, ingresó al estadio Wembley en segundo lugar detrás del Belga Étienne Gailly al que rebasó a escasos metros de la meta, medalla de oro y gloria eterna.
Se le invitó a regresar en primera clase pero prefirió hacerlo con sus compañeros atletas en tercera.


A su regreso expresó abiertamente la admiración que profesaba por Perón y Evita, quienes fueron los padrinos de su primera hija. Recibió la medalla al mérito deportivo en la Plaza de Mayo y fue ascendido a cabo. Terminó sus estudios y se recibió de profesor de educación física.
La revolución libertadora arruinó su vida, fue despedido de la policía y olvidado.
Años después como el deporte Argentino no volvía a conquistar medallas en atletismo su figura renació, así fue que el 2 de Agosto de 1981 fue a Lincoln a recibir un homenaje. A su regreso chocó frontalmente con un Ford Falcon manejado por un militar alcoholizado. La familia le inició juicio al estado pero la dictadura militar se encargó que ningún abogado aceptara el caso. La causa estaba perdida hasta que un abogado de extracción radical y dirigente del partido aceptó el caso. Fernando De La Rua llevó adelante el proceso, fue amenazado y perseguido pero se mantuvo junto a la familia Cabrera hasta que ya en democracia, en 1989 ganó el juicio.

Publicado en el sitio: http://blogopinar.blogspot.com/2017/09/delfo-en-pocas-palabras.html#ixzz4wUDzijoA

viernes, agosto 19, 2016

¡VAMOS ARGENTINA! Ya se igualó la marca de Londres 1948.

Ya se igualó la marca de Londres 1948.

La delegación albiceleste igualó ayer su mejor marca en Juegos Olímpicos en 68 años, ya que con las tres medallas de oro que acumula en Río de Janeiro 2016 empardó la cosecha de Londres 1948.
Argentina sumó su tercera presea dorada de la mano Los Leones y anteriormente se habían consagrado la yudoca Paula Pareto, el pasado 6, y la dupla Santiago Lange-Cecilia Carranza, el miércoles.
En Londres, Argentina terminó el medallero con tres oros, por dos campeones en boxeo (Rafael Iglesias y Pascual Pérez) y uno en atletismo (Delfo Cabrera, maratón).
Además de Londres 48 y Río 2016, Argentina también llegó a sumar tres oros en Amsterdam 1928, con dos en boxeo (Víctor Avendaño y Arturo Rodríguez Jurado) y una en natación (Alberto Zorrilla), y en Los Ángeles 1932, con dos en boxeo (Carmelo Robledo y Alberto Lovell) y en atletismo (Juan Carlos Zabala, maratón). Además, está la plata en tenis de Juan Martín Del Potro y hay más posibilidades de preseas en otras disciplinas.
Sin dudas, se tratara de una actuación que superó las expectativas e incluso, puede mejorar hasta el cierre del domingo.
Publicado en Diario "Río Negro", 19/08/2016.