GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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sábado, noviembre 27, 2021

EL PARÍ.

 


EL PARÍ.

Quizás para algunos decir "Warnes" sólo los remita a una calle de Buenos Aires, en donde se venden repuestos automotores de dudosa procedencia. Probablemente pocos sepan el origen del nombre Warnes.

Dicha calle homenajea a un PATRIOTA, Héroe de nuestra Guerra de Independencia.

Ignacio José Javier Warnes y García de Zúñiga, había nacido en la Ciudad de Buenos Aires en 1770.

De larga carrera dentro de las Armas sería muy extenso hacer un resumen de su vida militar. Sólo daremos los nombres de las Batallas más sobresalientes en donde combatió: Invasiones Inglesas. Expedición al Paraguay de Belgrano (donde cae prisionero de los paraguayos), Tucumán, Salta, Vilcapugio, Ayohuma...

Fue uno de los vencedores de la Batalla de la Florida (25 de mayo de 1814), que da nombre a la importante calle céntrica de Buenos Aires, y a la localidad del conurbano bonaerense.

Combatió al lado de la General Juana Azurduy y de su esposo Manuel Padilla.

Hasta que llegó la "Batalla del Parí" en Santa Cruz de la Sierra, actual Bolivia.

Warnes, al mando de 1000 hombres, se enfrenta a 1600 hombres del Rey a las ordenes de Francisco Javier Aguilera.

Warnes, encabezando la caballería patriota destroza sin piedad a las fuerzas de Aguilera. La victoria está del lado de los independentistas. Sin embargo, sucede lo impensado. Una bala de cañón mata al caballo de Warnes, y en su caída, atrapa la pierna de su jinete. Desdichadamente, el Coronel Ignacio Warnes no tuvo a su lado un Cabral, y pronto es atravesado de un bayonetazo. Muerto el Jefe, los patriotas se desconciertan. Y lo que era una victoria segura, se transforma en derrota. De los 1000 combatientes de Warnes, 650 mueren durante el combate, y de los 1600 realistas, mueren 1400. En un acto de suprema ignominia, Aguilera, el vencedor, manda degollar a los prisioneros patriotas. La Batalla del Parí fue la más sangrienta de todas las batallas de la Guerra de Independencia, en proporción a la cantidad de muertos y la cantidad de combatientes.

Al día siguiente de la Batalla, Aguilera entra a la Ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Pero sus hombres no llevan por delante el Estandarte Real, sino que avanzan llevando la cabeza de Warnes clavada en una pica.

Ignacio José Warnes es Héroe Nacional de Bolivia. Diversas estatuas lo recuerdan, como también una Ciudad que lleva su nombre y un Departamento de la Provincia de Santa Cruz.

Quisimos recordar a éste patriota olvidado hoy precisamente. Porque hoy se cumplen 205 años de la Batalla del Parí (21 de noviembre de 1816), batalla sangrienta en donde el Coronel Ignacio José Javier Warnes y García de Zúñiga ofrendaba su vida por la Patria naciente.

Nuestro recuerdo y homenaje a éste valiente.

Esta es una foto muy especial, que encontramos hace ya varios años.

Es Rommel Pantoja (ya fallecido), descendiente directo de Warnes.

En la foto vemos a Pantoja mostrando unas espuelas sobre un cojín. Esas espuelas pertenecieron a su ancestro, el Coronel Ignacio Warnes.

Publicado en Granaderos Bicentenario / Facebook.

viernes, julio 09, 2021

A propósito del 9 de julio: de liderazgos y “segundas líneas”. Por Ricardo de Tito.


El 9 de julio es fecha de orgullo para toda la América hispana. Sin embargo, y lejos de toda trivialidad, es preciso subrayar que de esa gesta no participó ninguna de las primeras figuras del proceso revolucionario: ni San Martín, Belgrano, Güemes, Pueyrredón o Artigas estuvieron allí; el único de los hombres de Mayo fue el infaltable Juan José Paso, quien leyó en alta voz la declaración redactada.

La Independencia, en efecto, la concretó una “segunda línea” de hombres públicos quienes conformaron un amplio acuerdo práctico.

Tampoco la Primera Junta –que había reunido a varias de las primeras espadas– incluyó a muchos de los políticos más destacados, como Rodríguez Peña, French, Chiclana, Pueyrredón y Vieytes privilegiando –al lado de los insustituibles, Saavedra, Moreno, Castelli y Belgrano–, la inclusión de hombres de bajo perfil, tales los casos de Larrea, Matheu, Azcuénaga y Alberti para integrar una verdadera “Junta”.

Ambos momentos dieron luz entonces a sendas coaliciones políticas que, en Tucumán, concretó aquella “jugada maestra” como la definió San Martín, su principal artífice tras bambalinas.

En los tiempos previos quienes habían fallado en la función pública o no coincidían con el plan continental de la Logia Lautaro, eran dejados a un lado, como sucedió con Dorrego o Alvear. Otros, y en particular quienes peleaban por las autonomías provinciales, eran directamente guerreados como el santiagueño Borges –fusilado–, el primer gobernador electo en Córdoba José Díaz y todos los insurrectos litoraleños donde había otra segunda línea de peso: santafecinos, entrerrianos, correntinos, orientales y misioneros, que no fueron de la partida en Tucumán jugaron un papel clave para que el Congreso pudiera funcionar frenando en las fronteras las ambiciones brasileñas.

Pero nuestro tema es hoy Tucumán que invita a un recorrido por tres barrios porteños en los que se reúne la mayoría de los ignotos congresales: Almagro, Boedo y Palermo.

Mariano Medrano fue quien propuso enmendar el texto para que la independencia se afirmara contra “toda otra dominación extranjera”. Su calle de continuación, el fraile Castro Barros, había “jugado” ya en la Asamblea del año XIII. El salteño Mariano Boedo –además de avenida, barrio señero– ofició como vicepresidente de la sesión; los conspicuos cordobeses Jerónimo Salguero y José Antonio Cabrera eran descendientes del fundador de la ciudad y el obispo Colombres, un emprendedor de la industria azucarera tucumana.

Pérez Bulnes, cordobés, terminará en abierto conflicto con su hermano Juan Pablo, de militancia federal; el santiagueño Pedro Díaz Gallo era, igual que el salteño Manuel Acevedo, Maestro de Artes por la Universidad de Córdoba. Como Colombres, fue diputado por Catamarca, provincia que, así, fue representada por dos “extranjeros”. Entre los bonaerenses figuran Esteban Gascón –natural de Oruro– y el terrateniente Anchorena y, por fin, la esquina “Sánchez y Sánchez” de Rivadavia al 3400 da cuenta de otros dos congresales: el abogado jujeño Sánchez de Bustamante oficia como continuación de Sánchez de Loria, canónigo de la catedral de Charcas.

La traducción del Manifiesto al quechua y al aimara nos lleva a Palermo: corrió por cuenta de José María Serrano, diputado por Charcas. Acevedo, Aráoz, Malabia, Thames, Darregueyra, Gorriti, Pacheco de Melo, Uriarte y Oro estamparon allí su firma pero José Moldes quedó atravesado: sus pliegos como diputado por Salta fueron rechazados. De cualquier modo, se cruza con Pedro Ignacio Rivera, diputado por Mizque y con la avenida Congreso de Tucumán.

Los cuyanos conformaron el bloque “sanmartiniano”. No es casual la presidencia de Narciso de Laprida, y el rol clave de Godoy Cruz y Maza. Pueyrredón, electo como puntano, no estuvo presente: ungido Director Supremo había partido hacia Buenos Aires. Allá por Villa Luro, quedó solito Miguel del Corro que fue enviado por el Congreso a gestionar ante Artigas y terminó por cambiar de bando.

También por el oeste se memora a Cayetano Rodríguez. Finalmente, Antonio Sáenz, primer rector de la UBA, es homenajeado con una importante avenida en el sur porteño, pero no hay calle que recuerde a Fernández Campero –el marqués de Yavi–, que fue electo por Chichas pero prefirió permanecer en la lucha de las republiquetas.

Sintetizando: diez provincias de la actual Argentina tuvieron 24 representantes presentes y de la actual Bolivia hubo cinco diputados por tres provincias. Por su lado, Santa Fe, los Entre-Ríos, las Misiones y la Banda Oriental, agrupadas en la “Liga de los Pueblos Libres”, no enviaron diputados.

Moraleja: casi nadie es indispensable y siempre existen reemplazos con sangre fresca y dispuesta. Los buenos conductores, conscientes de sus límites, no se anotan en todas; los liderazgos corren el riesgo de convertirse en personalismos autoritarios; y resultan inútiles los porfiados en sostenerse en el poder creyéndolo algo inmanente.

La política es un arte que exige dominio de los tiempos para abrir paso a escenarios nuevos y la irreverencia realizada por aquel equipo en Tucumán, cuyos nombres casi nadie recuerda, es prueba fehaciente.

El lugar de “intocables” no fue el destino que eligieron para sí los Moreno, Castelli, San Martín, Belgrano, Saavedra, Güemes, Pueyrredón, Brown o Monteagudo. Tampoco los Padilla, Azurduy, Warnes o Arenales, ni los Viamonte, Rondeau, Las Heras o Balcarce. Menos aún Artigas, Campbell, Diez de Andino, Candioti, Hereñu, Barreiro o Andresito, líderes de la Liga Federal.

Todos ellos se subieron al toro bravío de una revolución en curso y la lógica de la guerra los alejó de todo discurso vacuo sobre transformaciones hipotéticas que nunca llegan: ellos las emprendieron.

La mayoría de los “referentes” del presente, en cambio, se siente insustituible. Memoran el pasado con tono épico pero, amantes del bienestar autocrático, viven en las antípodas de todo ejemplo de desprendimiento. No parecen hacer honor a esta historia.

Ricardo de Titto es historiador. Autor de "Las dos independencias argentinas".

martes, marzo 16, 2021

Albergue Warnes. Demolido: 16 de marzo de 1991 bajo la Presidencia de Carlos Saúl Menem.


Se conoció como Albergue Warnes al conjunto edilicio que existió, entre 1951 y 1991, sobre la Avenida Warnes, entre Avenida de los Constituyentes y Avenida Chorroarín, en el barrio porteño de La Paternal.
El edificio iba a ser un hospital infantil con especialización en "Epidemiología" lo que por ese entonces se imaginaba sería el hospital de niños más importante de Latinoamérica y uno de los más completos del mundo, capaz de acoger a miles de pacientes. Con este propósito se expropió un predio de 19 ha, frente al Hospital Alvear, perteneciente a la familia Etchevarne y pronto comenzaron los trabajos de edificación.
La obra fue iniciada bajo el gobierno del presidente Juan Domingo Perón. Estaba cerca de ser inaugurado cuando derrocaron a Perón en 1955. No terminó de construirse por ser considerada, por los diferentes gobiernos de facto, como "una obra peronista" del Ministro de salud era el Dr. Ramón Carrillo, primer ministro en crear en la Argentina una "Política Sanitaria con carácter social".
El lugar fue abandonado en avanzado estado de construcción y lentamente ocupado por familias que lo fueron identificando como el "Albergue Warnes".
En los diferentes pisos, también empezaron a aparecer almacenes, una pizzería, un salón de billares, una tienda, y en el noveno piso, un prostíbulo.
Veintiún años después de la paralización de las obras del hospital, el albergue hospedaba a más de 600 familias. En ese período la familia Etchevarne empezó a tramitar judicialmente la devolución del predio, ya que el fin de la expropiación no se había cumplido. 
En el año 1975 la Suprema Corte de Justicia, confirmó la sentencia, obligando a devolver el inmueble, en las mismas condiciones en que fue expropiado: libre de gente, edificios, cercado y con veredas.
En su interior habitaban 2436 personas que conformaban 646 familias. Un tema interesante es la nacionalidad de estos pobladores el 76.16% argentinos y el 23.84% extranjeros en su mayoría paraguayos. En cuanto a la situación laboral de los jefes de familia el 70% poseían trabajo, en especial obreros de la construcción, servicio doméstico y en su mayoría cartoneros y vendedores ambulantes.
La mañana del 7 de diciembre 1990, las calles Warnes y Chorroarín fueron testigos de cómo más de 200 camiones hacían filas esperando su turno para trasladar alguna familia del ex-Warnes hacía el flamante Barrio Ramón Carrillo (en homenaje al Ministro de Salud del primer gobierno peronista), , en Villa Soldati. Y en 1991, por orden del entonces intendente de la ciudad, Carlos Grosso.
El sábado 16 de marzo de 1991, frente a un público de 30 mil personas, se procedió a la demolición de las edificaciones vía implosiones.
En 1995 Carrefour ofreció hacerse cargo de la deuda a cambio de la titularidad del terreno y el compromiso de construir un parque, una escuela y una obra vial dentro de un proyecto comercial. Para que eso fuera posible era necesario rezonificar el predio, lo que requirió de un amplio debate hasta que finalmente la Legislatura aprobó el plan en noviembre de 1997.
En la actualidad la zona se transformó en una zona de compras y paseo que incluye un supermercado, un parque y un túnel para la circulación de autos.

martes, diciembre 31, 2019

Manuel Belgrano no eligió los colores de la bandera, lo veían afeminado y donó una fortuna: mitos y verdades sobre el prócer.

250 años de su nacimiento, 200 de su muerte.

Manuel Belgrano no eligió los colores de la bandera, lo veían afeminado y donó una fortuna: mitos y verdades sobre el prócer.

El historiador Daniel Balmaceda cuenta que se ocupó de la educación antes de que naciera Sarmiento y murió tan pobre que para su lápida sacaron el mármol de una cómoda. Nunca se casó. Qué pasó con sus hijos.

Un guerrero y adelantado, así fue Manuel Belgrano. O, por lo menos, eso es lo que dice el historiador Daniel Balmaceda que atento a un 2020 belgraniano -en junio se cumplen 250 años de su nacimiento y 200 de su muerte- publicó Belgrano. El gran patriota argentino. Honda e imperdible investigación donde desentraña vida y obra y derroca mitos con datos soslayados de la historia oficial, un caso: creó la bandera, no definió sus colores.

El autor recibió en su casa a Clarín, allí asoma una biblioteca reluciente con decenas de textos sobre el patriota, muestra del meticuloso trabajo, y lo presenta: “Él tenía un alto concepto de los valores institucionales, aun desde la época del virreinato. Siempre tuvo clara la importancia de la institucionalidad, el deseo de generar una economía favorable a la región y de promover la educación: vale la pena conocerlo como gran ejemplo”.
-¿Qué mitos y verdades clave develó tu investigación?
–Aunque Belgrano creó la bandera y la escarapela no eligió sus colores, los tomó de distintivos que ya existían: otras fuerzas militares ya los utilizaban desde antes, por ejemplo los patricios. Otra posibilidad es que los haya tomado de los morenistas, que los usaban para diferenciarse de los saavedristas. Además, ninguno de sus contemporáneos destacó eso como logro. Otro mito: hay confusión sobre su sexualidad y estilo, en su época decían que tenía “actitudes afeminadas”. Lo que pasaba era que él no se mostraba brutal como el hombre de entonces. Era una persona que cuidaba su aspecto: mantenía las uñas, usaba colonias y camisas pulcras, en las tertulias conversaba con mujeres. Varios lo consideraban un dandi, alguien que en el mundo poseía formas que subrayás que le molestaba que sus tropas no fueran profesionales...
-Al comenzar la Guerra de la Independencia en 1810 se formaron los primeros ejércitos, sin tener profesionales. Eran muchos entusiastas jóvenes que querían ir a pelear por la patria pero sin disciplina, orden o teoría; aprendían en el camino. Fue importante la llegada de San Martín -en marzo de 1812- con un grupo de militares expertos: la formación militar cambió. Pero al inicio Belgrano lidió con gente que no estaba dispuesta a capacitarse como corresponde a esa profesión, sentía que luchaba contra molinos de viento... Sin embargo fue obstinado y un convencido de que ese era el camino a seguir.
-¿Y su principal aporte político?
-Yo destaco la Declaración de la Independencia. Belgrano llegó a Tucumán desde Buenos Aires el 5 de julio de 1816, los congresales tenían cuatro meses debatiendo. El 6 de julio les dio una charla y el 9 de julio se declaró la independencia: demuestra la importancia de su discurso emotivo, en donde les hablaba de la patria y lagrimeaban al escucharlo.
-¿Quién fue su gran amor?
-Josefa “Pepa” Ezcurra por encima de Dolores Helguero y esa segunda relación, surgida en Tucumán, deja muchas dudas... Tuvo dos hijos, los descendientes de Manuela Mónica (hija de Dolores Helguero) son muy conocidos, el presidente del Instituto Nacional Belgraniano se llama igual que el general y es su chozno nieto. En cambio la descendencia de Pedro Pablo (de Josefa Ezcurra), llevó el apellido de Rosas y Belgrano, tuvo 13 hijos que no se llevaban bien y varios no lo mantuvieron, usaron solo Rosas y se amplió tanto que debe haber algunos argentinos sin saber que descienden nada menos que de uno de los padres de la patria.
-En tu opinión, ¿qué batalla resultó su mayor victoria?
-La de Tucumán, el 24 de septiembre de 1812, fue muy importante porque si nos ganaban casi estaba perdida la Revolución de Mayo​. Y Vilcapugio es su derrota más apasionante: cuando ya estaba todo perdido, por una confusión (una corneta tocó retirada cuando no correspondía) reunió a 300 hombres en un morro, entre heridos y otros, colocó a los caídos en los caballos, rodeó al grupo con soldados para escaparse de ese lugar en el que iban a terminar encerrados, puso a Gregorio Perdriel -uno de sus oficiales- adelante con la bandera que él creó, e iba atrás con un fusil y municiones como si fuese Rambo, y dijo: “¡No van a tocar nuestros hombres, estoy atrás para cuidar a cada uno de ustedes!”. Emocionante.
-¿Cuál de sus facetas es más importante conocer?
-Uno de los acontecimientos más conocidos de su vida fue cuando lo premiaron con 40 mil pesos tras el triunfo apabullante de la batalla de Salta, al pensar que terminaría toda la guerra, en febrero de 1813. Era tanta plata que él habría tenido que trabajar 20 años como militar para obtenerla. Lo rechazó de inmediato, dijo “no, con este dinero hay que hacer escuelas”, convencido de los valores. Ese es su principal aspecto a descubrir: su interés por el bien común, el preocuparse por el otro al punto de descuidar su salud, economía, comodidad, toda su vida porque había un prójimo que podía necesitarlo más.
-Belgrano fundó las academias Náutica y de Dibujo, ¿por qué creés que fracasaron?
-En tiempos de la Guerra de la Independencia lo educativo o relacionado al desarrollo económico no parecía tan importante, había que pelear. Él creía mucho más vital hacer una escuela a ganar una batalla. En esa época, como en otras de nuestra historia, crear una escuela no generaba empatía o admiración, como ser un general de la patria. Belgrano jamás quiso serlo, quería servir a su tierra. Decía: “no quiero ser considerado un padre de la patria, sino un buen hijo suyo”, ahí se parecían con San Martín.
-En tu libro destacás a un Belgrano preocupado por la disciplina, la diplomacia y la educación.
-Belgrano entendía que un cuerpo de ejército disciplinado salvaría vidas. El orden, la pulcritud eran poco comunes en los comienzos de la Guerra de la Independencia y a él se lo veía como un distinto pidiendo esas virtudes. Además se destacó en diplomacia, sin entrenamiento. Si Paraguay no se volvió un enemigo del Río de la Plata, potencialmente peligroso, fue por sus gestiones diplomáticas. Antes de que se conocieran los padres de Sarmiento, él ya pensaba en la educación pública y en la de hombres y mujeres. Estaba convencido de que la diferencia, evolución, el crecimiento y desarrollo de nuestra tierra surgiría de la enseñanza.
-¿Con qué finalidad negó en su testamento tener descendencia?
-Belgrano no oficializó allí -el documento es de 1820- que tenía esos hijos, Pedro Pablo (Ezcurra) sin problemas económicos y otra hija, muy joven, nacida en 1819, Manuela Mónica (Helguero). Y se preocupó más por ella porque esa familia no tenía un bienestar patrimonial holgado, como los Ezcurra acá. Él le dejó a la niña una propiedad que le dio el Cabildo de Tucumán, si la mencionaba en el testamento podía perderla para pagar deudas: así la protegió de cualquier reclamo monetario. Además dejó instrucciones a su familia, de ocuparse de su crianza y así se hizo.
-¿Por qué alguien como Belgrano murió tan pobre y endeudado?
-Su familia había tenido un buen pasar. Domingo Belgrano -comerciante- y Josefa González tuvieron 16 hijos pero al morir él su fortuna se distribuyó. Y al fallecer Manuel sus hermanos tenían una economía tan endeble que para su lápida en la iglesia de Santo Domingo, donde pidió ser enterrado, le sacaron el mármol de una cómoda de su hermano Miguel. Murió endeudado (y le debían mucho) por ocuparse de sus soldados, a veces para comida o por ayudar a sus heridos. Un caso llamativo es el de uno de sus oficiales, Warnes, herido en Vilcapugio: fue enviado a Jujuy en un carruaje que contrató y pagó Belgrano. Al final, el Estado le dio lo adeudado al familiar Domingo Estanislao -sacerdote- y con ese dinero saldó las deudas de su hermano.

viernes, febrero 08, 2019

Güemes, la Patria tras sus pasos. Autor: CARLOS PISTELLI.

Entra en la categoría del Héroe. El que da la vida por la Patria, aún cuando pueda salvarse. En el más alto signo del Patriotismo, la entrega, el altruismo y el coraje a prueba de lanza. Es la encarnación en poncho de la argentinidad americanista. Es…

Martín Miguel de Güemes.

            Estando en Salta, el futuro Libertador tuvo oportunidad de suceder uno de los motivos por los cuáles Argentina es hoy independiente. Recorriendo las zonas del conflicto, se encontró con su lugarteniente mejor: El jefe de los guerrilleros infernales, Güemes.

 Güemes había nacido en Salta el 8 de febrero de 1785. Héroe de los acontecimientos acaecidos en 1806 y 1807, fue el edecán de Liniers. Al provocarse la Revolución de Mayo, acompañó a las huestes de Castelli camino al norte. Figura preponderante del triunfo de Suipacha, no participa de la primera entrada al Alto Perú por desavenencias con Castelli y González Balcarce. Permaneció en Salta y luego serviría a Belgrano. Tampoco participa de los encuentros de Tucumán y Salta por dejos de insubordinación, trasladado a la Banda Oriental. La llegada de San Martín alteraría el curso de la historia. Reintegrado al Ejército del Norte, se puso al servicio de Dorrego, Jefe de la Vanguardia. Al pedir éste la baja, San Martín lo reemplazó con el salteño. El arrastre popular del Caudillo, y un triunfo militar en las inmediaciones de Salta, lo convertirían en el hombre fuerte de la región.
  En el invierno de 1814 Pezuela está en Salta sin que San Martín pueda expulsarlo de los confines de la Patria. Saqueos, violaciones, depredaciones de todo tipo son la huella realista. Güemes ha logrado conformar la “Legión Infernal”: Gauchos de a caballo, armados con lo que hay, corajudos, temerarios, patriotas. El 24 de mayo de ese año, las tropas alto peruanas al mando de Warnes, Manuel Padilla y Arenales expulsan de territorio santacruceño al ejército español, poniendo en apuros la situación de Pezuela. Aprovecharía la situación Güemes y los suyos expulsándolo de suelo salteño. Rondeau lo confirmaría en el cargo militar y político: Controlar la región que va desde Tucumán hasta Tarija.
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  La caída de Montevideo y la retirada de Pezuela eran indicios claros: La marea cambiaba. Insurrecciones de todo tipo se suceden saludando la llegada de los Ejército de “Abajo”. No supieron aprovecharlo los “estrategas de Buenos Aires”, separando a San Martín del mando, combatiendo a Artigas y despreciando a las huestes de Güemes, verdaderos artífices de la remontada nacional. Pero de eso ya sabemos porqué. Si hasta la Bandera Celeste y Blanca se dejó de usar nuevamente.

de Vale la pena ser argentino, tomo I.

  Martín Miguel de Güemes es esencial para comprender la existencia de la Libertad Americana. No hay Patria sin don Martín y sus infernales. No existe patriotismo si no se recuerda la grandeza enorme del Caudillo del Norte. La Patria misma, cabalga con Güemes en la lucha por ser libres de toda injerencia extranjera. Y hoy, que me da tanta pena que no se lo recuerde y estime como merece, venimos a levantar su nombre IMBORRABLE de la memoria popular. Ésa, que se toma el colectivo todos los días para ir a trabajar, pero cuando Güemes llama, dejamos todo de lado porque en donde esté Güemes, la Patria es Libre.

Alvear y el coloniaje (1815),

             La logia Lautaro, integrada por masones venidos de Londres, toma las riendas del asunto a la caída de don Bernardino. Son su continuación, aunque con otros nombres, y ya dispuestos a acciones más concretas. Aunque el personaje disparatero de Carlos Alvear pudiera hacernos confundir:

Al principio, Alvear acompaña la idea de Declarar la Independencia y hasta de continuar un proceso de emancipación social presentado por Moreno. Como entiende que no podrá gobernar sin conseguir una gloria militar y sin el apoyo de Inglaterra va cediendo posiciones. Los bastiones patriotas van cayendo de a uno en el Continente. Quedan en pie Paraguay, Argentina y Uruguay. Asunción es impenetrable, pero a Artigas se lo saca por la fuerza. El Jefe Oriental reclamaba cuestiones morenistas y contaba con el apoyo de fuertes contingentes sociales que hubieran estado junto a Saavedra. Artigas es la Revolución de Mayo misma.
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    Alvear cede, derrapa y se pierde en un lenguaje al que recién Roca junior repetirá en tiempos de la década infame. Desobedecido por la Nación que atinó a unir en su contra, solicitó a Londres colonizar el país. Derrotado, prestará servicios a Fernando VII. Después volverá al seno argentino,

   En la tercera década del Siglo XX, siendo presidente su nieto Marcelo, se descubren cartas donde don Carlos se ponía bajo el mando de Fernando VII, enviándole detalladamente las ubicaciones militares de nuestras tropas. Merced a ellas, los hispanos atacaron por el norte argentino y las vimos negras. Suerte que Alvear, descreyendo de la fortaleza del ‘Gaucho’ Güemes, despreció la influencia del Caudillo a la hora de la camorra. Los españoles subieron por la Quiaca, y se encontraron con que había más argentinos bien dispuestos a defender su bandera que cuando festejamos el mundial del ’86…

 .

Salud don Martín Miguel, la Patria te debe su existencia![1]

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 de Vale la pena ser argentino, tomo II, “Los Caudillos”.

[1] … y habría que agregar el gol de Maradona: ¡Hay que decirlo, che!

FICCIÓN:

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– La confianza del enemigo es nuestra oportunidad, me dijo el Capitán Saravia, con su tonada jujeña al observar con mi catalejo la tropilla realista acomodándose en la capilla de la ciudad de Humahuaca. El párroco local los recibía con afecto, demostrando su traición.
–No lo crea tanto, mi amigo –arrojando el puro al suelo Saravia me dijo– No metamos al creador en estos asuntos de guerra; Además quel cura, tío de mi mujer, nos dirá lo que queramos saber.
    Mientras observaba a Saravia deslizándose con grandeza por el pueblo para recibir las informaciones de su tío, el cura, un gaucho me sorprendió dormitando con el catalejo rumbo al horizonte:
– Capitán, el ‘general’ Güemes está aquí.
   Güemes no pasaba de ser Coronel, pero se las daba de Superior, por las dudas. Le saludé mientras bajaba el caballo, Le hice la venia, y le saludé para enojarlo:
– ‘Coronel’, Saravia se adelantó para espiar la situación. Se adelantó de mí, viendo a Saravia venir.
– General, le dijo a Güemes, están dispersados en el pueblito, y el Capitán Español descansa en el Cabildo: los tomaremos por sorpresa. Güemes se volvió hacia mí, diciendo todavía, gangoso:
– Castelli me dijo una vez que la Revolución es un sueño eterno; Otra vez, más exaltado, dirá, Hay un lugar reservado en el infierno para mí y mis amigos;– Se considera amigo de Castelli, le pregunté,
   Güemes, sucio, barbudo y sobrio en sus ademanes, terminó de un sorbo la ginebra extendida por un lugarteniente, volvió a mirarme, se acomodó el poncho hacia el hombro derecho y, apenas, farfulló:
– Si ves al futuro, dirá otra vez huyendo del combate, dile que no venga,
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   El caudillo ordenó a las tropas, se acomodó en el llamado Cerro o Piedra Blanca, a dos leguas de distancia del poblado, y ordenó dar el ataque en sigilo: Las vanguardias degollaron a los puestos de guardia, cruzaron el río seco y un sonido de disparo, alteró la calma, y el primer grito a degüello, y por la Patria, por el rey, y la muerte; 
   Saltando techo a techo me arrojé hacia un realista que intentaba formar un escuadrón de tiro: Caí sobre él y le desprendí con fuerza animal el pescuezo. Tomé una tacuara y asesiné a un segundo hombre y cuando un tercero se disponía rematarme el clarinete y la caballería patria cayeron sobre él. Corriendo por las callecitas, un gaucho veloz me arrojó su brazo y aprovechando su fuerza, mi impulso y la velocidad del caballo, trepé tras suyo, apoyé mis pies sobre el lomo del matungo y me volví a lanzarme sobre un chapetón cobarde que pretendía emprender la retirada: Un cuchillazo en las vértebras, lo mató.
   Los españoles subieron la cuesta norte del poblado, tomando la parroquia como referencia, mientras en el Cabildo a una cuadra y media de la misma, emplazábamos los primeros cañones, y el rugido de los mismos, despertó al amanecer.
– Tiene tiempo para un puro, le grité a Saravia, trepado al techo del Cabildo;
– Siempre que usted me lo encienda!
.
   Un balazo perdido fue a dar en la campana de la parroquia. Vino a avivar los ánimos, y el griterío de los “Huijas, Ahijunas” propios de estas gentes. La batalla campal se desenvolvía cuerpo a cuerpo, casita por casita, desbordó en descontrol: Un hachazo de piedra partí en el rostro de un tenientico. Cuando volvía a mi posición inicial en busca de un arma por el Cabildo, Güemes irrumpió con su guardia:
– ¡Galván! Se me hace cargo de estas gentes (veinte habrán sido) y me toma la parroquia;
   Me subí a un caballo, tomé una tacuara,
– ¡¡Por la Patria, Salta, Jujuy y Orán!!             
   Subimos a la plaza, que separaba a la parroquia con el cabildo, enfurecidos en frenesí: Dos, tres, cuatro, cayeron pero saltando las rejas y la parecita parroquial, irrumpimos en ella y en la Sala Capitular den medio. Desmonté ingresé a la iglesia, un disparo vino a pasarme por la oreja, arrojé una imagen al suelo, que se partió en mil pedazos:
– Ave maría purísima… – se espantó el soldado guachupín.
–… y con pecado concebida – y le clavé el tacherazo;
– Capitán, esto es tierra sagrada – me previno el atemorizado curita,
– Córrase, padrecito, que si Dios no está con nosotros, menos lo estará con los enemigos,
.
   Pasé al patio trasero, caminando con calma, serena actitud y dando órdenes seguras. No habrán pasado minutos de la toma de la iglesia que el enemigo se batía en retirada hacia el norte:
– Auxilien a los heridos, amontonen a nuestros muertos, y de retirada más allá del puente!- exclamó Güemes.
.   
Mientras encendía mi puro, y Saravia, herido en un brazo, me sonreía a lo lejos, monté a caballo, y siguiendo a Güemes hasta el cerro blanco, pude decirle todavía:
– Yo soy la Revolución, – Güemes que conocía al hombre de la frase, apenas sonrió.

sábado, octubre 17, 2015

Los nombres de al calle Scalabrini Ortiz (Canning) a lo largo de la historia.

Los nombres de al calle Scalabrini Ortiz (Canning) a lo largo de la historia.

Un poco de historia Esta pintoresca y febril avenida, que va desde Warnes, en Villa Crespo, hasta la Avenida del Libertador, en Palermo, en poco más de 100 años cambió de nombre cinco veces. Cuando aún era de tierra, allá por 1867, se la denominó El camino del Ministro Inglés, porque el diplomatico inglés Henry Southern la transitaba para ir hasta su casa de campo, donde vivía con su familia. 

El 27 de noviembre de 1893 cambió de nombre a Canning, en reconocimiento al secretario de Relaciones Exteriores del Reino Unido, George Canning. 

Durante el tercer gobierno del ex tirano Juan Domingo Perón, por decreto del 31 de meyo de 1974, se decretó un nuevo cambio de nombre, esta vez fue Scalabrini Ortíz, en memoria de Raúl Scalabrini Ortiz, periodista y escritor argentino, miembro de FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina). 

Durante la presidencia de Jorge Rafael Videla en 1976 volvió a cambiar su nombre a Canning En 1982, tras la guerra de las Malvinas se le restituyó el anterior nombre y actual de Scalabrini Ortiz. 

Cambios de nombre que evidencian los vaivenes de la política a través de la historia.