GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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domingo, enero 14, 2024

Del sueño roto, a la lapicera de Perón: el día que a "Lole" Reutemann se le acabó la nafta y el autódromo quedó mudo.

 

Perón y Reutemann, en 1974.

Del sueño roto, a la lapicera de Perón: el día que a "Lole" Reutemann se le acabó la nafta y el autódromo quedó mudo.

El santafesino se preparaba para la fiesta total. Iba a ganar en Buenos Aires su primera carrera de Fórmula 1. Pero algó falló en el momento más inesperado.

Carlos Alberto Reutemann ganó 12 carreras en la Fórmula 1. Es decir, muchas. Solo 26 pilotos en toda la historia ganaron 12 carreras o más. La última fue en Bélgica, en 1981, la anterior en Brasil (´81 también); en 1980 ganó en Mónaco, en el '78, en Estados Unidos (¡Las dos carreras)!, en Gran Bretaña y en Brasil; en el 77 en Brasil, en el 75 en Alemania, en el 74 la primera vez en EE.UU., y ganó en Austria, y en Sudáfrica. Esa en Sudáfrica, en el circuito de Kyalami, fue la primera de todas. Que debió haber sido otra, pero no lo fue por poco. O muy poco.

 Por nada.

El 13 de enero de 1974, Lole quedó a 500 metros de la gloria en el autódromo de Buenos Aires. No es un decir, fue literal:  se quedó sin nafta.

De atrás para adelante o de adelante para atrás, Lole hizo un carrerón en sus 12 temporadas en la F1. Fue uno de los mejores de la época, un ídolo también. Le faltó el título (¡Estuvo tan cerca en 1981!) y algo más que toda la vida lo golpeó en el corazón: ganar el Gran Premio de Buenos Aires, aquel que abría la temporada cada enero. Salió dos veces tercero y dos veces segundo, pero no pudo festejar la victoria. Toda la vida lo cargó con pesar.  

Ahora se cumplen los 50 años de la tarde en que estuvo ahí, más cerca que nunca.  Fue en el circuito 15 del autódromo que está en el mismo lugar de siempre pero todavía no se llamaba Oscar y Juan Gálvez y hacía años que había dejado de llamarse 17 de octubre, aunque esa tarde, precisamente, el protagonista de la gesta homenajeada por el nombre original estuvo en al palco convocado de apuro.

En el autódromo había más 80 mil personas y Lole estaba contento. Su Brabham BT44B blanco, con el número 7, lo había dejado conforme. Andaba bien y el santafesino sentía que tenía chances.

Largó desde el sexto lugar pero avanzó hasta la punta en la tercera vuelta. En la carrera alcanzó a sacarle 27 segundos al que venía atrás. La hazaña estaba ahí, y quizá fuera una circunstancia irrepetible. Eso transpiraba el ambiente: otra forma de calor en enero. Pero no fue. Nunca más ocurrió, tampoco.

La vuelta fatídica fue la 51. Lole mantenía la ventaja amplia y paró en boxes. Apareció una falla. "Se trabó la rueda trasera derecha con el portamasa y tuvimos que cambiar la suspensión trasera. En el apuro nos olvidamos de cargar la última lata de combustible de 18 litros. De haberlos tenido, 'Lole' hubiese terminado la carrera sin problemas y la hubiese ganado", contó más tarde Gordon Murray, diseñador del Brabham BT44B .

Unos minutos después la imagen era desconsoladora. El público esperaba la aparición del Brabham en la recta, para la bandera a cuadros. Pero la escena final de la tarde se desarrollaba en la entrada a mixtos: Lole sentado sobre el asfalto, apoyado en el auto inmóvil, a 500 metros de la llegada.

Ante un público abatido, el neocelandés Denny Hulme, que había sido campeón seis años antes, aprovechó el regalo y ganó su última carrera de F1.

 

Perón salió volando para el autódromo. 

El otro gran personaje de esta historia es el general Juan Domingo Perón, que transcurría el tercer mes de su tercera presidencia y, también, los últimos meses de su vida.

No había ido a ver la carrera, pero cuando le avisaron que Lole iba a ganando, o mejor, que iba a ganar, se subió a un helicóptero en Olivos con Isabelita y el expresidente interino Raúl Lastiri y llegó al autódromo. Fue preparado para una fiesta y terminó sentado en una butaca del palco, decepcionado. De todos modos la sonrisa de Perón se hizo presente cuando el piloto fue a saludarlo al palco.

A Lole también se lo ve sonriente en las fotos, tal vez temporariamente recuperado; tal vez  porque mostrarse entero era el gesto mínimo ante el abrigo del líder, más allá del resultado.   

La anécdota famosa de ese momento es que Perón, a falta de otra cosa a mano, le regaló su lapicera. "Cuando llego, me lo encontré junto a Isabelita. Me dice 'pibe, pibe, llevate un recuerdo' y me da un abrazo", contó Lole en 2021 al programa Agenda Personal, en Santa Fe. Ese día se le acercó una persona de ceremonial y le dijo que el general lo invitaba a almorzar a Olivos. El martes siguiente se produjo el reencuentro.

Reutemann conservó la lapicera y la usó en su siguiente vida pública, como político, para firmar su asunción como gobernador de Santa Fe, 17 años después.

"Nunca superé la tristeza de no haber podido ganar en mi país", dijo, años después, con la cabeza en el autódromo de Buenos Aires. Aquel día de verano de 1974 estaba convencido de que podía ganar. "Aunque los ensayos no habían del todo satisfactorios, intuitivamente estaba seguro de que el auto era excelente", recordó en una entrevista en 1997.

Ese 13 de enero el Brabham tuvo otro problema. Se dañó la toma de aire, que quedó inclinada. Pudo haber influido en un mayor gasto de combustible, según los expertos, aunque el error principal fue con la recarga de combustible en la parada en boxes.

"Es noche no pude dormir. Varias veces me desperté sobresaltado. No me podía resignar inconscientemente a no haber ganado la carrera", seguía lamentándose años después. En aquel 1974, el mismo de la muerte del general que le regaló su lapicera, Lole  tuvo revancha rápido y ganó en el circuito de Kyalami, en Sudáfrica.

Kyalami, Brands Hatch, Interlagos, Jarama, Nürburgring, Monza, Mónaco, Long Beach: esos nombres.

Retumban como música de nostalgia para las generaciones que vivieron a la Fórmula 1 con la bandera en la cabeza y el corazón con el  Lole al volante en cualquier pista del mundo.

Carlos Reutemann celebra su primer triunfo en la F1, en Sudáfrica.
Por Leonardo Torresi.
Publicado en Diario Perfil.

miércoles, julio 07, 2021

Falleció Carlos Reutemann.

Falleció Carlos Reutemann.

El ex piloto de Fórmula 1 falleció en el Sanatorio Santa Fe, tras sufrir un agravamiento en su cuadro de "anemia, hipoalbuminemia, infección e inestabilidad hemodinámica".

El senador y exgobernador de Santa Fe, Carlos Reutemann, falleció hoy, a los 79 años, luego de un mes y medio de internación que derivó en un paulatino deterioro de su salud.

Reutemann fue piloto de Fórmula 1 desde 1972 hasta 1982. Durante sus años en la Fórmula Uno (F1), donde corrió para las escuderías Brabham, Ferrari, Lotus y Williams.

A los 23 años, en 1965, debutó en una carrera de Turismo Mejorado, categoría desde la que pasó rápidamente al Turismo Nacional donde obtuvo varios campeonatos.

El 23 de enero de 1972, el Lole se subía por primera vez a a un monoplaza de F1 de manera oficial en el Gran Premio de la Argentina llevado a cabo en el Autódromo de Buenos Aires.

Considerado  el piloto argentino de Fórmula 1 más importante después de Juan Manuel Fangio. Destacado por sus pares como uno de los mejores de su época.

En 1981, habiendo superado a su compañero de equipo y primer piloto de Williams, Alan Jones, finalizó segundo en el Campeonato de Pilotos a solo un punto del campeón, Nelson Piquet.

Su carrera como piloto de la Fórmula 1 lo convirtió en una de las grandes figuras deportivas de la Argentina y luego, de la mano de Carlos Menem, incursionó en la política: fue dos veces electo gobernador de Santa Fe y ocupó una banca en la Cámara alta durante más de 22 años, pero también rechazó pelear por la presidencia tras la crisis de 2001.

“Lole” nació el 12 de abril de 1942, en Manucho, a 30 kilómetros de la ciudad de Santa Fe en una zona rural. Por esa época, su padre Enrique y su madre Flora Molina se dedicaban a tareas agrícolas con herramientas rudimentarias para arar los campos y plantar trigo.

Cuando era chico, Reutemann colaboraba y siempre les pedía ir al corral de los porcinos con la frase “Vamo’ a ver lolechones”. Fue de esta peculiar frase que surgió su tan conocido apodo.

En 1990 recibió el Premio Konex de Platino como el mejor automovilista de la década en la Argentina.

Fue Convencional en la reforma de la Constitución de la Nación Argentina de 1994.

viernes, marzo 26, 2021

El Rey sin corona. En marzo de 1982, Carlos Reutemann se retiró de la Fórmula 1.


El Rey sin corona.

En marzo de 1982, Carlos Reutemann se retiró de la Fórmula 1, en donde dejó una maca imborrable y sólo le faltó el título, que se le escapó en la última carrera de la temporada 81. Para muchos fue el eterno segundo, para muchos más, uno de los íconos de nuestro automovilismo. No pudo ser profeta en su tierra, pero fue parte de nuestros domingos deportivos.

POR OSVALDO ALVAREZ.

Este marzo que se está yendo, aparece impregnado de recuerdos, anécdotas, fotos que le han ganado al paso del tiempo. ¿El protagonista de este capítulo? Carlos Alberto Reutemann, de los mejores pilotos que dio la Argentina y que pagó tributo por el pecado de no haber sido campeón del mundo en Fórmula 1. En la década del 70 y parte de los 80, el santafesino fue el ícono argento en la Máxima. Fue convocado por las mejores escuderías de la época, fue un piloto de punta, el mejor tester de la época, pero le faltó la cereza en el postre.

Un 21 de marzo de 1982Lole le dijo adiós a la F1. Ocurrió una vez finalizado el Gran Premio de Brasil, en Jacarepaguá. Allí supo que ya no tenía más nada para dar y días siguientes hizo el anuncio oficial. Resultó lógica su decisión porque no había logrado digerir el mazazo de 1981 cuando en Las Vegas perdió la chance de ser campeón, título que quedaba en manos del brasileño Nelson Piquet, del equipo Brabham.

A pesar de las lecturas y enfoques del momento, y de las desmentidas oficiales, aquel padecimiento del argentino en el GP de Estados Unidos sonaba a consecuencia de la rebeldía del santafesino en Brasil (a principios de ese 81) cuando desobedeció la orden de Frank Williams de dejar pasar a su compañero de equipo, Alan Jones, quien era el vigente campeón del mundo. Tanto fue así, que en ese GP que cerraba la temporada en la ciudad estadounidense, ganó el australiano y el festejo del equipo Williams sonó a turbio y descortes, al menos, con su piloto 2, a quien se le había escapado nada menos que el título.

Justamente marzo también es mes de la efeméride correspondiente a aquella rebelión, que dejó estampada la foto del cartel Jones-Reut que el equipo le mostraba al argentino cuando mandaba por escándalo en Jacarepaguá. Fue un 29 de marzo. Llovía en Río de Janeiro, en donde Lole se deslizó con su Williams sobre piso mojado, como nadie no lo podía hacer. Era tal su supremacía que ese cartel resonaba como un insulto a su talento desplegado sobre el agua. Por ello desoyó la orden y ganó con Williams, con Alan Jones y el Arrows de Ricardo Patrese, a sus espaldas. "Nunca vi ningún cartel", dijo el argentino. Nadie le creyó. Pero en el podio, Alan Jones dejó su lugar vacío como para marcar el clima que esperaba a Reutemann; en boxes saludó por compromiso al ganador, pero luego lanzó un dardo envenenado: "Desde hoy, Reutemann es un enemigo más".

Lo cierto es que con su salida de la Fórmula 1, el automovilismo argentino dejó de tener presencia por años. Y si bien aparecieron esporádicamente Miguel Angel Guerra (corrió unos metros apenas con un Osella), Ricardo Zunino (piloto suplente de Brabham), Norberto Fontana (suplencia en el equipo Sauber), Esteban Tuero (una temporada con Minardi) y Gastón Mazzacane (Minardi y el Prost), ninguno pudo igualar la trascendencia de Carlos Reutemann en la Máxima.

El curriculum del santafesino marca que en Fórmula 1 obtuvo 12 victorias, 45 podios, 6 pole positions y 6 récord de vueltas, en 146 carreras corridas, además de dos triunfos en carreras fuera de campeonato; fue subcampeón en 1981 y tercero en 1975. Fue elegido por equipos de la talla de McLaren, Brabham (cuando era propiedad de Bernie Ecclestone), Ferrari, Williams y Lotus.

Debutó en la Fórmula 1 en enero de 1971, con un McLaren, en una competencia sin puntos para el campeonato mundial; fue tercero en el autódromo de la Ciudad de Buenos Aires. Pero, oficialmente el estreno se dio en 1972, en General Paz y Roca. Incluyó la pole y no ganó por el desgaste prematuro de los neumáticos, con lo cual finalizo séptimo.

También en marzo se dio su primer triunfo en la F1. Ocurrió el 30 de ese mes de 1974 en Kyalami, Sudáfrica. Esa carrera no fue televisada y el argentino se la jugó solo, sin compañía ni aliento de los suyos. El blanco Brabham BT44 Nº7 peleó con la Ferrari de Niki Lauda y su contundencia doblegó al austríaco. En el prólogo de su primera victoria había andado cerca. En Interlagos (San Pablo) fue segundo en clasificación nada menos que detrás del local, Emerson Fittipaldi, con un Lotus 72 que era imparable; y en la carrera se dio el gusto de ser líder. Terminó 7º, pero avisó que estaba para anotarse. Pero, además venía de amagar en Buenos Aires, en donde el tanque de nafta se secó antes de lo calculado y se quedó sin nada cuando era puntero cómodo.

Carlos Reutemann fue de esos deportistas a los que la varita mágica les tiró una gambeta. Talento le sobraba, siempre pareció un experimentado, hasta en sus comienzos. Metódico, calculador, eficiente, pero faltó una pizca de fortuna.

Tras los GP de Argentina, Brasil y Sudáfrica, la Fórmula le daba marcha a su temporada europea. Entonces, los domingos por la mañana la cita era una sola: tempranito el mate, las facturas y la TV o la radio para alentar a Reutemann. Después seguía el TC en la ruta, el asado del viejo o los fideos de la vieja. Y por la tarde el fútbol.

Reutemann era parte de los domingos de los argentinos. Los relatos de González Rouco, de Alberto Legnani, Alberto Hugo Cando o de Héctor Acosta sonaban como plataformas de transporte hacia esos circuitos lejanos. Aprendimos geografía, porque nos enteramos en dónde estaban Zolder (Bélgica), Zandvoort (Holanda), Anderstop (Suecia), Jarama (España), Silverstone o Brand Hatch (Inglaterra), Paul Ricard (Francia), Imola, Monza (Italia). Era una liturgia hacer fuerza por ese santafesino callado, parco, poco simpático y mucho de timidez. Tenía sus soldados, aunque no los conocía.

El mal trato típico del argentino se hizo carne en él. Marcado como "eterno segundo'', como "perdedor'', el Lole soportó estoico y respondió con resultados y magia arriba de un F1. Claro que la carrera del 74 en Buenos Aires (toma de aire rota y posterior abandono por falta de combustible cuando era líder) juega como el ícono para sus detractores.

Sin embargo, el Lole Reutemann también supo edificar belleza arriba de un auto de carreras. Emocionó en Montecarlo 1980, en donde ganó con el Williams Nº 28. Cuando cayó la bandera de cuadros en el Principado, el relator de Canal 7, Héctor Acosta, rompió en llanto como tantos que asistíamos a un momento de gloria del santafesino. O cuando ganó en Brasil sin importarle qué dirían Frank Williams y Alan Jones.

Le quedó una materia pendiente, como a muchos: ser profeta en su tierra. No pudo en la Argentina, pese a que estuvo muy cerca, porque siempre giró en la punta. "Fue lindo, pero no tuvo el mismo sabor que si la hubiese logrado en Argentina'', dijo tras su primera victoria (en Sudáfrica). Sin dudas, quedó clavada una espina, pero fue parte de las alegrías argentinas.
Publicado en Diario "La Prensa", 25 de marzo del 2021.

jueves, abril 23, 2020

Cacho Fontana cumple 88 años y sueña con volver a trabajar: "Lamentablemente, en la tele no se ve gente de mi edad".

La estoy pasando más que bien, quizá mejor que en los tiempos jóvenes porque estoy con una vitalidad y fortaleza que me ayudan a llevar hasta esta pandemia que estamos padeciendo todos", contó Cacho Fontana, que hoy cumple 88 años y vive desde hace un tiempo en una residencia para adultos mayores .
Emocionado, el locutor contó en Nosotros en la mañana , el programa que el Pollo Álvarez conduce en eltrece, que se siente muy contenido por sus compañeros del hogar: "Hacemos las cuatro comidas juntas, charlamos, yo además leo mucho y me entretengo. Esta es una familia muy linda, gente macanuda y simpática. Hoy ésta es mi casa. He podido superar todo esto a pesar de que no tenemos un entrenamiento para esto. Pero tenemos que confiar en el talento de otra gente que nos dará una salida a esto".
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Fontana se refirió también a los saludos que tuvo en el día de su cumpleaños: "Bien temprano recibí el llamado de mi hija Ludmila desde España, y después mi otra hija Antonella, con mi nieto. Me falta un nieto que me llame y ya está. También me llamó Liliana [Caldini, su expareja], y ya están todos".
De larga trayectoria en radio y televisión, el animador tiene muchos recuerdos en su haber, pero eligió compartir dos. "Lo mejor de mi carrera son tantas cosas que dejaría de lado hechos importantes por señalar algunos. Pero recuerdo especialmente la entrega del Premio Nobel a Luis Federico Leloir, la visita al papa Francisco que hicimos con mi hija y mi nieto hace poco, y yo ya no estaba trabajando. Fue un encuentro emocionante, porque me conocía de la cancha de San Lorenzo cuando transmitía José María Muñoz y él iba como hincha", señaló.
También Fontana tuvo unas palabras para su colega, Pinky. "Estuvo un tiempo aquí, casi un año, y luego se fue a su casa y perdimos contacto. No creí nunca que iba a volver a la tele porque no era su deseo. Y después la vi en un programa. Tenemos una relación que no se pierde y está siempre latente, a pesar de que no hablemos. Y le tengo un cariño especial a Antonio Carrizo, que fue mi maestro. Me abrió las puertas y creo ser uno de los mejores alumnos. Sería un placer poder volver a tomar un café con él", aseguró.
A los 88, el gran deseo del locutor y conductor es volver a trabajar. "Es lo único que quiero y lo único que no me dejan. Tengo una idea para televisión, pero soy un tipo de 88 años y no se ve en la tele gente de mi edad. Tengo un programa armado de pies a cabeza. ¿Cómo sería? Uno en el que Fontana pregunta 'con seguridad'. Y sino seguir haciendo radio", confió.
Siempre informado, Fontana observó que "en la camada joven", ve a la mujer "en un lugar de superación" respecto de lo que se acostumbraba en su época. "Lo noto en los temas a tocar y en las personalidades. Es una generación renovada y muy feliz. Las veo muy bien a las chicas", opinó. Sin embargo, si tiene que elegir a un conductor se queda con Santiago Del Moro, quien también lo llamó muy temprano para saludarlo en el día de su cumpleaños.
Publicado en Diario "La Nación", 23 de abril del 2020.

Un Cacho de la radio y la tele.

por Alfredo Leuco.
El inmenso Cacho Fontana, hoy cumple 88 años. La última vez que hablamos con él por estos micrófonos nos quedamos tranquilos al comprobar que está muy bien cuidado por sus hijas y que comparte sus horas con Pinky en un hogar para adultos mayores de excelencia.

Todos los que amamos la radio y nos ganamos la vida con sus oficios, hoy deberíamos levantar la copa y brindar por Cacho. Y agradecerle a este verdadero monumento a los medios, el periodismo y la locución.
Feliz cumpleaños Cacho. Por 100 años más. Hoy cumple 88 años. Es que el 23 de abril de 1932 nació por primera vez Cacho Fontana.
Se llamaba Norberto Palese. Su padre ganaba 160 pesos como capataz de un galpón del Ferrocarril Belgrano y su madre cosía a máquina junto a la ventana. El arrabal de Barracas era su mundo. Se prendía a un cepillo de pié, lo acercaba a su boca y soñaba relatando goles como Fioravanti. Annabella, su primera noviecita de la calle Vieytes… el piberío… la esquina, el respeto por don Adolfo Pedernera y la locura por la máquina de la banda roja. A la noche, los Palese, se daban el mejor de los gustos: escuchar a Luis Sandrini. Para reír y llorar en familia.
Un día de 1949, nació por segunda vez Cacho Fontana.
Ya era un personaje inventado por Norberto Palese que debutó presentando en el salón “La Argentina” a la orquesta de Roberto Padula. Anunció el primer tango de su vida y dijo: “Canaro en Paris…” Ganaba 10 pesos por baile. Después vino la orquesta de Domingo Federico, el primer aviso con esa voz inigualable que ofrecía confiabilidad, precisión y que dijo: “Rematador Loturco, en Guernica”. Radio El Pueblo, la utopía de Radio El Mundo. El famoso encuentro con su amado Antonio Carrizo y la anécdota mil veces contada:
-¿Pibe, usted es Fontana?, le preguntó el flaco de la vida y el canto…. Sale bien pibe ehhh… pero deje el bolero.
Eran tiempos de cambios, de decirle chau a los engolamientos y a los almibarados locutores de entonces. Cacho entendió rápido el negocio y pateó todos los tableros. Revolucionó la radio. La hizo de nuevo.
Durante años el “Fontana Show” fue el programa de mayor audiencia. Inventó los móviles, una manera especial y vertiginosa de entrar a la noticia. La gloria de Radio Rivadavia, el locutor más vendedor, la imagen más transparente, el más prolijo. El pelo engominado. Cacho era el símbolo de la armonía que algún día le iba a explotar en las manos. Era impecable. Cacho tenía cada cosa en su lugar.
Una noche, les hizo el mejor de los regalos a sus padres. Un departamento de lujo y de yapa, le llevó a Luis Sandrini a cenar a su casa. Para que juntos recordaran aquellas noches de verano en Barracas, con el aroma del espiral y los malvones.
Ese locutor de la Nación fue reconocido por el Senado de la Nación. Le dieron la Mención de Honor Domingo Faustino Sarmiento. Es la máxima distinción que otorga la cámara que representa a todas las provincias argentinas.
Grande entre los grandes, Cacho inmortal. Todos los locutores le deben algo. Son los salieri de Cacho. Porque el rompió el molde, reinventó esta profesión noble que empieza en la voz clara y modulada y termina como nudo en la garganta.
Un mes de abril, pero de 1970, cantó en el Madison Square Garden de Nueva York, el primer artista latino y se hizo la primera transmisión vía satélite a 16 países. Apareció una voz de acero en el escenario y dijo para la historia: “Con ustedes, el ídolo de América, Sandro”. Era Cacho Fontana, en nombre de canal 9, Libertad y para felicidad de Alejandro Romay.
Doce años después, condujo junto a Pinky “Las 24 horas de Malvinas”, en la televisión pública que en esa época se llamaba ATC. Fue para recaudar fondos, en medio de la guerra contra Inglaterra. En aquel momento despertó mucha polémica porque en el país gobernaba la dictadura. Pero, repasando esos videos, se puede confirmar que ni Pinky, ni Cacho tuvieron una actitud propagandística a favor del régimen militar, ni arengas belicistas. Por el contrario. Siempre apelaron a la paz, a la vida y a los soldaditos. Todas las figuras de ese momento, hicieron donaciones. Susana Giménez, Maradona, Ricardo Darín, Favaloro, Lolita Torres, Monzón, Passarella, Reutemann, Tato y Alberto Olmedo, entre tantos. Se recaudaron fortunas en pesos y 140 kilos de joyas. Nada de eso le llegó a los soldados que se morían de hambre y por falta de indumentaria adecuada. Fue un terrible y doloroso caso de corrupción que aceleró el hundimiento de aquellos uniformados que habían asaltado el poder de la democracia.
Más adelante, hubo un tiempo maldito donde a Cacho Fontana le faltó esa Seguridad Odol en las neuronas. Desbarrancó, se cayó a pedazos. La vida lo cagó a trompadas en ese ring donde solía anunciar a los grandes boxeadores de la mano de Tito Lectoure, su amigo de toda la vida hasta que la muerte los separó. No fue un minuto Odol en el aire, ni la luna le dijo al sol que lindo que son tus dientes. El país ya no se paraba para verlo como antes. O mejor dicho, igual que en las carreras, se paraba en las curvas para ver cómo se pegaba la piña.
Cacho de las sentencias, de la sabiduría de la noche y el mostrador. Cacho tanguero, vestido de smoking y moñito entre el rubio champagne y las rubias del Chantecler. Sonrisa gardeliana, quien si no iba a tener los dientes perfectos como propaganda de dentífrico.
La vida de Cacho en muchos puntos se toca con la de Diego Maradona. No solo porque fue el número uno por lejos en lo suyo, gambeteando furcios, poniendo la inflexión correcta en un ángulo, leyendo un aviso desde la mitad de la cancha como nadie. No solo en eso se parecen Cacho y Diego. También tuvieron sus parábolas de ídolo. Su amor y su desprecio por parte de la gente. Cacho y Diego no solamente compartieron la gloria. También compartieron Devoto. Porque ambos se perdieron en los laberintos malditos.
En carne propia comprendieron que cuando uno se cae en esas profundidades hasta que no logra ponerse de pié, está condenado a avanzar arrastrándose. Y eso humilla. Da vergüenza ante las hijas, te encierra en odio con tu esposa. Te aleja de tu oficio que es lo que más querés y lo que mejor hacés.
Una vez le preguntaron si le había pegado a Marcela Tiraboschi, una joven de 22 años que se ganaba la vida mostrando su redondeces en el programa de Sofovich y dijo:
– No acostumbro a hacer esas cosas con las mujeres. Hago otro tipo de estupideces, como enamorarme, por ejemplo.
Cacho Fontana se fue quedando solo y hasta tuvo que comer gracias a la solidaridad de los amigos.
Justo él, que en las noches de las noches era capaz de cerrar un boliche y repartir burbujas seductoras y bataclanas para todos. Su madre se fue quedando ciega, tal vez para no verlo en el derrumbe.
Porque después sí que se vino la noche para Cacho. Pero la noche pesada, de gatos de cuarta y de viajes de ida. “Que puedo hacer si me gustan las mujeres con pasado”, decía, cargándose a sí mismo. Ya había pasado taconeando por su vida la gran Beba Bidart. Pero hubo un momento en que la gente empezó a hacer leña del Cacho caído. El escándalo, la parálisis facial, los corticoides que lo inflan para curarlo, la idea de suicidarse que se repite hasta que…
Un día de junio de 1999, Cacho Fontana nació por tercer y última vez.
Resucitó del tiro de desgracia con el que se había castigado. Ese día del Martín Fierro, tocó el cielo con las manos. Lo ayudó su tercera y definitiva ex mujer, Liliana Caldini, la madre de sus dos hijas. La que tuvo destino de familia con sus genes.
La vida le dio revancha y Cacho la ganó el premio a la trayectoria. Subió temblando de emoción con las cámaras en vivo. Miró de frente a los 40 puntos de rating y desnudó sus miserias. Fue el día del perdón. Pidió disculpas por tantas macanas. Lo juró por sus hijas, por Antonella y Ludmila, y por sus nietas. Alcanzó a decir que se juramentaba ante Dios convertir esa trayectoria en futuro y se quebró y nos quebró a todos. Se tapó la cara y Cacho Fontana lloró desconsolado. Y pidió una oportunidad más. Y todos se la dieron. Todos nos pusimos de pié. Para verlo correr en la recta y llegar a la meta como está llegando ahora. No queremos un Cacho de Fontana. Lo queremos entero, de pie, para que salga a dar cátedra con los cientos de tonos con que lee las noticias o la tanda. Para que otra vez, con su sonrisa gardeliana, vuelva ese minuto Fontana en el aire., para que otra vez transmita y reclame seguridad como solo él sabe hacerlo y es su marca registrada. Un Cacho de 88 años que sigue soñando. Nació tres veces. Así en la vida como en la radio.
Publicado en el sitio de Alfredo Leuco, 23/04/2020.

miércoles, octubre 16, 2019

Marchas del “Sí se puede” no le suman votos a Macri hasta ahora por Guillermo Cherashny.


La frenética recorrida del presidente Macri por las 30 ciudades de todo el país está generando mucho entusiasmo entre sus seguidores pero de ninguna manera suma votos a los que obtuvo el 11 de agosto pasado. En efecto, si bien la idea de las movilizaciones surgió en las redes sociales en forma espontánea, sólo logran galvanizar el denominado “voto duro”, es decir, un tercio del electorado que es igual al que tuvo en la primera vuelta del 2015, es decir el 34%, aunque en las últimas PASO no llegó al 32%.

Ahora el objetivo para Macri es aumentar un 6% que, en caso de obtenerlo, lo dejaría como el líder de la oposición, según piensa Marcos Peña. Distinta es la opinión de Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal, pero para los últimos les vendría muy bien esos puntos que se podrían lograr, el jefe de gobierno para ganar en primera vuelta y Vidal para mantener la mayoría que tiene en el senado provincial, donde tenía 29 miembros pero con el resultado de las PASO bajaría a 25 contra 21 del Frente de Todos.

El problema de Vidal es que se pueden fracturar los bloques legislativos provinciales, porque están integrados por los PRO puros, los radicales y peronistas que se sumaron a Cambiemos y que pueden volver al peronismo, como ocurrió con el diputado provincial Mario Giacobbe, quien ya pidió un monobloque. En el senado provincial, Roberto Costa, un hombre de Gustavo Posse, quiere formar un rancho aparte con Ana María Gelloso, seguidora de Monzó, con lo cual habría un empate en 23 cada uno y debería desempatar Verónica Magario, la vicegobernadora.

Lo mismo ocurre en el Congreso de la Nación, donde en el senado Cambiemos se quedaría con 23 senadores sobre 72 pero hay 5 peronistas anti k, como serían Reutemann, Romero, Menem, Rodriguez Saá y algún otro. En cambio, en diputados, Cambiemos se quedará con 110 diputados, con 10 peronistas hasta hoy anti k.

Como se ve, aunque el triunfo del Frente de Todos no está en duda, es importante saber con qué número de bancas se queda Juntos por el Cambio y si Macri puede conservar el liderazgo o habrá conducción colegiada.

Guillermo Cherashny.

martes, mayo 21, 2019

Murió Niki Lauda, el legendario tricampeón de Fórmula 1.

Murió Niki Lauda, el legendario tricampeón de Fórmula 1.

En 1976, el austríaco sobrevivió a un grave accidente en el Gran Premio de Alemania: sufrió graves quemaduras que le dejaron marcas de por vida.

Su nombre aparece en las páginas gloriosas del automovilismo. Andreas Nikolaus Lauda, o simplemente Niki, murió a los 70 años. Fue tricampeón mundial de la F1 y uno de los pilotos más importantes en la historia de la máxima categoría
Nacido en Viena el 22 de febrero de 1949, Lauda debió desafiar a su familia para convertirse en piloto. Sus padres no querían que se dedicara al automovilismo y dejara su incipiente carrera como hombre de negocios, para seguir el legado familiar, que incluía banqueros y financistas. Pero a Niki lo apasionaban los autos: sabía de mecánica y tenía la ambición de ser el mejor. Su apellido, sin embargo, le iba a servir de ayuda.
“En 1972 logré entrar en la F1, tras acordar con March un patrocinio de 250.000 dólares, una fortuna entonces. Los patrocinadores no cumplieron y tuve que pedir un préstamo a un banco, aprovechando el nombre de mi familia, de buena posición en el mundo industrial”, recordó Lauda en alguna entrevista.
Sus temporadas en March (entre F2 y F1) no fueron como las soñaba: el auto no le permitió mostrar su potencial en la pista. Además, como segundo piloto, el monoplaza más rendidor se lo quedaba el sueco Ronnie Peterson. Por eso, su salida estaba anunciada; en 1973 pasó al British Racing Motors (BRM) donde tuvo como compañero a un hombre que le cambió su futuro. Era Clay Regazzoni, quien lo recomendó a Ferrari.
Un Lauda incrédulo atendió el llamado de Luca de Montezemolo para ser piloto de Ferrari. Y Lauda fue el encargado de devolverle la gloria a la escudería, tras una década sin títulos después de aquel conseguido por el británico John Surtees en 1964.
En 1975, en su segundo año en Italia, Lauda ganó cinco Grandes Premios (Mónaco, Bélgica, Suecia, Francia y Estados Unidos) y le sacó 19,5 puntos al brasileño Emerson Fittipaldi, el campeón defensor, para quedarse con su primer título en la F1.
Estaba en el mejor momento de su carrera cuando protagonizó uno de los accidentes más terribles del automovilismo en el mundo. El 1° de agosto de 1976, la lluvia había afectado el circuito de Nürburgring pero, al comenzar el Gran Premio de Alemania, los 22 kilómetros de la pista estaban secos y por eso varios pilotos cambiaron de neumáticos durante la competencia. En la segunda vuelta, después de la curva Berwerk,La Ferrari 312T2 impactó contra el muro. Volvió a la pista envuelto en fuego y fue chocado por el auto del estadounidense Brett Lunger. La imagen paralizaba al mundo, mientras el piloto Arturo Mezario trataba de sacar del auto a un Lauda inconsciente.
Rápidamente, Lauda fue trasladado al hospital de Mannheim, donde incluso esa misma noche recibió la extremaunción. Pero el austríaco sobrevivió y seis semanas después volvió a correr.
Aunque Ferrari había contratado al argentino Carlos Reutemann para reemplazarlo durante su recuperación, Lauda solo se perdió las citas de Austria y Holanda. Apenas 41 días después del accidente, y pese a los dolores que le representaba ponerse el caso por las graves quemaduras sufridas en su cabeza, se presentó en Monza para participar del GP de Italia; llegó cuarto.
El accidente de Lauda le permitió a James Hunt darle pelea en la lucha por el título: ganó en aquella final de Alemania y luego en Holanda, Canadá y Estados Unidos. Sin embargo, el austríaco fue quien llegó a la última fecha en Japón como el líder del campeonato, con tres puntos de ventaja sobre el inglés.
La lluvia, como en aquella jornada en Nürburgring, se presentó en Fuji. La reunión de los pilotos, muchos atemorizados por salir a correr en esas condiciones, no prosperó y la presión fue más fuerte: la final se corrió igual.
Fittipaldi fue uno de los primeros en abandonar: “No se puede correr así”, dijo. En la segunda vuelta, quien le puso un freno a la competencia fue Lauda, cuando marchaba 16° y no podía ver lo que pasaba delante suyo por la lluvia. “En la vida hay cosas más importantes que un título de Fórmula 1”, cuentan que le dijo a Mauro Forghieri, director técnico de Ferrari. Ese abandono le costó su segunda estrella: Hunt, con un tercer puesto se llevó ese título por apenas un punto.
Lauda no se desplomó. Tras aquel subcampeonato, llegó su segundo título. En 1977, su temperamento frío y calculador se adueñó de él; no necesitaba apretar el acelerador a fondo, sacaba ventaja previendo los errores ajenos y sacando ventajas de su Ferrari. Así, logró el título a dos carreras del final, con el cuarto puesto en el GP de Estados Unidos. La relación con Enzo Ferrari no era la mejor y por la tensión que había en el equipo, el austríaco decide no presentarse en Canadá ni Japón. Luego, anunció que ya no tenía motivación para seguir en la escudería italiana.
Entonces, se llevó el 1 al equipo Brabham, donde solo ganó dos carreras en 1978. En 1979, con 30 años, se retiró y se dedicó a compañía de vuelos chárter Lauda Air. Ese tiempo sabático duró dos años hasta que McLaren lo convenció para volver en 1982 y dos años después conquistó su tercer título.
En 1984, Lauda fue campeón de la Fórmula 1 con apenas medio punto de ventaja sobre Alain Prost. Ganó las carreras de Sudáfrica, Francia, Gran Bretaña, Austria e Italia. Aunque el francés, compañero suyo en McLaren, luchó hasta el final, las victorias en el GP de Europa y en el de Portugal no alcanzaron. Y Lauda no le dio revancha.
En 1985, finalmente, anunció su retiro de la actividad y retomó sus negocios en la aviación comercial. Con el tiempo, Austrian Airlines absorbió Lauda Air y en 2003 se unió con Air Berlin para fundar la low cost Niki.
Los problemas de salud por aquel accidente en Alemania no tardaron en aparecer. Sus pulmones rápidamente presentaron queja por los gases tóxicos que respiró en 1976.
Además, antes de este último trasplante, se realizó dos trasplantes de riñón; fueron en 1997 y 2015, cuando su novia Birgit, con la que luego contrajo matrimonio, le donó uno.
También intentó a través de cuatro operaciones hacerse trasplantes de piel: pero su sistema rechazó cada uno de ellos y Lauda ya no quiso volver a intentarlo y adoptó su característica gorra roja para ocultar las cicatrices de su cabeza.
Volvió a acercarse a la categoría con Mercedes, que lo convocó como director no ejecutivo en 2012, con una participación del 10 % en el accionariado del equipo y un contrato que regía hasta 2020.
Como piloto, participó de once años en la Fórmula 1, en los que cosechó 25 victorias en Grandes Premios, tres títulos mundiales, un retiro inconcluso y un accidente que estuvo a punto de costarle la vida.
Pero todo eso lo convirtió en uno de los íconos del automovilismo, que hoy llora su muerte.

Publicado en Diario "Clarín", 20/05/2019.

miércoles, agosto 15, 2018

Sesión caída. Uno por uno, los senadores que salvaron a Cristina Kirchner de los allanamientos por el caso de las coimas.

Sesión caída.

Uno por uno, los senadores que salvaron a Cristina Kirchner de los allanamientos por el caso de las coimas.

El gran aporte lo hizo el interbloque del PJ que conduce Pichetto. Los dos oficialistas ausentes y el progresista que estuvo y se fue.

El peronismo fue clave este miércoles para que no hubiera quórum en la sesión para tratar los allanamientos a los domicilios de Cristina Kirchner. Sólo bajaron ocho de los 24 senadores del interbloque Argentina Federal que conduce Miguel Pichetto. Pero hubo más. Incluso al oficialismo le faltaron dos. Y un progresista estuvo pero se fue. Así, la sesión, por uno, no alcanzó los 37 legisladores necesarios para poder votar.
De los 25 de Cambiemos, estuvieron 23. Por Argentina Federal, además de Pichetto dieron el presente Carlos Caserio (Córdoba), Omar Perotti (Santa Fe), Carlos Camau Espínola (Corrientes) Rodolfo Urtubey (Salta), Dalmacio Mera (Catamarca), Mario Pais (Chubut) y Eduardo Aguilar (Chaco). 
Del ex interbloque Federal asistieron Cristina Fiore (Salta), Lucila Crexell (Neuquén) y Carlos Reutemann (Santa Fe). También acudió la misionera Magdalena Solari. Lo del porteño Fernando "Pino" Solanas fue particular: llegó, se sentó, pero luego se levantó de su banca.

Ausentes

Argentina Federal:
Guillermo Snopek (Jujuy) -que habían bajado el miércoles anterior, esta vez no se lo vio.
José Alperovich (Tucumán)
Inés Blas (Catamarca)
Julio Magni (Tierra del Fuego)
Margarita González (Formosa)
Pedro Guastavino (Entre Ríos)
Sigrid Kunath (Entre Ríos)
Cristina Valverde (San Juan)
 José Mayans (Formosa)
Carlos Saúl Menem (La Rioja)
Beatriz Mirkin (Tucumán)
José Anatolio Ojeda (Tierra del Fuego)
 Rubén Uñac (San Juan)
Daniel Lovera (La Pampa)
Norma Durango (La Pampa)
Alfredo Luenzo (Chubut)

Ex Interbloque Federal
Guillermo Pereyra (Neuquén)
Juan Carlos Romero (Salta).

Unidad Justicialista
Adolfo Rodríguez Saá (San Luis) es otro que asistió el miércoles pasado pero en esta oportunidad no fue.
María Eugenia Catalfamo (San Luis)

Frente para la Victoria
​Cristina Kirchner (Buenos Aires)
Marcelo Fuentes (Neuquén)
Claudia Almirón (Corrientes)
Anabel Fernández Sagasti (Mendoza)
María Sacnun (Santa Fe)
Silvina Larraburu (Neuquén)
Susana González (Chubut)
Ana María Ianni (Santa Cruz)
María Inés Vergara (Chaco)
Cambiemos
Esteban ​Bullrich
Miriam Boyadjian

Frente Cívico por Santiago
Ada Rosa del Valle Itúrrez de Cappellini (Santiago del Estero)
Blanca Porcel de Riccobelli (Santiago del Estero)

Misiones
Maurice Closs

Frente Popular
Gerardo Montenegro (Santiago del Estero)

Río-Frente Progresista
María Magdalena Odarda

Como mínimo hay seis senadores más que está confirmado que están adentro de la casa”, se quejó la presidenta del Senado, Gabriela Michetti.
Sin embargo, si Cambiemos hubiera tenido asistencia perfecta hubieran alcanzado el quórum. Estuvieron ausentes Miriam Boyadjian (Tierra del Fuego) quien fue operada y Esteban Bullrich (Buenos Aires) que está de viaje en Italia.
El miércoles pasado -en el primer intento de tratar los allanamientos-, el quórum se alcanzó vencido el tiempo reglamentario, sólo cuando se dispuso votar el postergamiento del debate.
El oficialismo aceptó una propuesta de Pichetto, jefe del bloque peronista, para tratar el tema esta semana junto a los tres proyectos de extinción de dominio. 
Publicado en Diario "Clarín", 15 de agosto de 2018.