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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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domingo, diciembre 07, 2025

Norberto Serventi se convirtió en un profundo conocedor de la historia productiva regional.

Norberto Serventi sigue asesorando a productores a sus 80 años. Foto: Cecilia Maletti.

Recorre los valles de Río Negro y Neuquén desde hace 53 años y anticipa su futuro: «Ya está sucediendo».

Por su extensa trayectoria en el norte de la Patagonia y su inagotable curiosidad, Norberto Serventi se convirtió en un profundo conocedor de la historia productiva regional. Desde esa mirada, identifica tendencias y entiende hacia dónde vamos. Un relato sobre los orígenes del Alto Valle y sobre lo que encontró en la región al llegar en la década de 1970.

Norberto Serventi nació en Buenos Aires. Se graduó como ingeniero agrónomo en la Universidad de La Plata en 1972, y desde entonces nunca ha dejado de trabajar. Ese mismo año, desembarcó en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén para trabajar en una fruticultura que atravesaba su apogeo. Sin embargo, su carrera se orientaría luego a la producción forestal, en particular hacia la producción de madera con álamos.

Su trayectoria incluye el paso por firmas frutícolas, forestales, agropecuarias e industriales presentes en Río Negro y Neuquén. Además, fue docente en la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Comahue, dictando la materia “el cultivo de las salicáceas” (álamos y sauces) durante 10 años. También fue coordinador del Tercer Congreso Internacional de Salicáceas, celebrado en la ciudad de Neuquén en 2011. A sus 80 años, sigue brindando asesoramiento en importantes proyectos productivos.

[1972-1976] Fue ingeniero jefe de campo de Los Canales de Plottier, una chacra frutícola de la empresa Zucamor ubicada en la localidad de Plottier (Neuquén). Allí encaró un plan de expansión y de cambio tecnológico, reemplazando montes frutícolas tradicionales por montes en espaldera.

[1976-1990] Se desempeñó como jefe del departamento técnico de la Corporación Forestal Neuquina (Corfone). “Fui su primer ingeniero argentino, necesitaban a alguien con experiencia en álamos”, recuerda Serventi.

[1990-1994] Fue gerente de producción en Los Chopos, la empresa forestal de MAM SA (ex Álvarez Hermanos y Durán). Desarrolló forestaciones en Pomona y Darwin (Río Negro) para abastecer la planta industrial, a la que también estuvo íntimamente ligado.

[1994-2003] Se desempeñó como responsable técnico del aprisionamiento de madera de álamo a la planta para la fabricación de celulosa en Productos Pulpa Moldeada, planta ubicada en Cipolletti (Río Negro) y que hoy se llama Celulosa Alto Valle. Allí fabrican celulosa de fibra corta.

[2003-Actualidad] Empieza a trabajar en forma autónoma, y lo sigue haciendo a sus 80 años. En Servicios Neuquinos (Añelo, Neuquén) brinda asesoramiento en proyectos forestales y forrajeros. Asesora a Las Taperitas (Picún Leufú, Neuquén) desde sus primeros pasos en la región.

Entrevista a Norberto Serventi, un gran conocedor de los valles de la Patagonia Norte.

PREGUNTA: ¿Cuándo y cómo llegó al Alto Valle?

RESPUESTA: El mismo año que me recibí, vine de La Plata al Valle a través de un amigo. Yo vivía cerca de una empresa que necesitaba un ingeniero autónomo recién recibido para una importante chacra frutícola de Plottier. Antes de recibirme, ya tenía trabajo, pero yo antes ya había venido a la Norpatagonia. Conocí San Patricio del Chañar (el Chañar) en 1971, cuando todavía no era nada.

P: ¿Qué recuerda de el Chañar en ese viaje?

R: Apenas se emparejaban las primeras 500 hectáreas. En Neuquén el desarrollo de la fruticultura se limitaba a Centenario, Plottier y Vista Alegre, y ahí se terminaba. Pero el gobierno de la provincia ayudó a través de líneas de crédito a la firma de Roberto Gasparri y así comenzó a concretarse el Chañar. En 1972 se estaban plantando las primeras chacras en la picada 1 y 2, con frutales. Hoy hay desarrolladas más de 3.000 hectáreas. Debe haber sido la última colonización de Argentina con simbiosis Estado-privado. Recuerdo un camino de ripio bastante áspero que atravesaba el Chañar y me dijeron “acá va a estar el pueblo”. Y el Chañar es hoy una localidad importante. Ese desarrollo fue todo un acontecimiento porque ahí se pasó de la fruticultura de monte tradicional al monte en espaldera. Esa transición la viví, y a mí me contrataron de la empresa Zucamor justamente para hacer esa transformación. En aquel entonces, un productor con cinco hectáreas de peras Williams era un potentado. Hoy con 30 hectáreas es duro sobrevivir.

«Villa San Patricio de El Chañar», reza el cartel en esta histórica imagen; de gafas y camisa amarilla, Roberto Gasparri. Foto extraída de «El Visionario», de Javier Avena.

P: ¿Qué sabe del origen del Alto Valle?

R: Fue con inmigrantes. Regina, Roca, Neuquén, Allen y Cipolletti han sido colonizadas por inmigrantes italianos, y Huergo, Cervantes, Godoy y Fernández Oro por inmigrantes españoles. Los primeros inmigrantes han sido los pioneros de todo el desarrollo del Valle. Cuando vine estaba en una época de auge. Esta corriente inmigratoria fue posterior al desarrollo del sistema de riego que encaró el ingeniero Cipolletti, contratado por el presidente Roca. Querían desarrollar a nivel nacional zonas bajo riego y él empezó a hacer los estudios de las áreas de regadío, que son todas las zonas de Cuyo. Después vino a la zona y en el año 1910 se empieza a hacer el dique Ballester, de donde nace el canal que le ha dado vida al Valle con sus casi 100 kilómetros de recorrido hasta Regina. El milagro del Valle fue el riego. Cipolletti fue el que marcó el rumbo y luego, producto de las guerras en Europa, empezó toda la inmigración. Me parece que toda la gente de esa época tenía mucha visión y, además, venían con mucha necesidad. Yo alcancé a vivir ese espíritu de trabajo, y aún lo tengo, con 80 años sigo haciendo cosas porque es algo que me apasiona. Además, mi hijo mayor Mauro es colega: es docente de la Facultad local, especialista en suelos y sigue mis pasos.

P: ¿Cuáles fueron las primeras producciones en el Alto Valle, una vez inaugurado el sistema de riego?

R: Forraje. Se empezó a sembrar alfalfa para fijar y estabilizar suelo, porque ahí se trabajaba con caballos y con rastrones. Así descubrieron que la alfalfa era un forraje importante. Formaba parte de una cadena porque había animales, había aves. Empezaron con alfalfa no solo para fijar suelos, sino también para que la gente pudiera alimentarse. Una de las primeras especies que se introdujeron en el Alto Valle fueron los tamariscos, que actuaban como protección de viento; el único árbol autóctono de acá es el sauce colorado. Luego empezaron a desarrollarse las primeras chacras de frutas, cerca de 1930 con la inmigración. Ahí había necesidades de madera para calefacción, pero también para mover la fruta. Gente vinculada al Delta empezó a traer los primeros árboles, álamos criollos. El transporte de la fruta se hacía por el ferrocarril, se vendía fruta a Buenos Aires. A medida que fue aumentando la escala, se empezó a descubrir la calidad de la fruta del Valle.

“El ferrocarril del Sud contrata a principios de siglo a Barcia Trelles, un ingeniero español, como director de su estación agronómica. En Cinco Saltos hizo los primeros ensayos con frutales.” Norberto Serventi, ingeniero agrónomo.

P: ¿Por qué se decidió producir fruta?

R: Siempre en el desarrollo de las distintas zonas, el ferrocarril ha tenido mucho que ver. El Ferrocarril del Sud, después de la conquista del desierto, fue lo primero que vino a la región. Era de los ingleses y a principios de siglo contrata a Barcia Trelles, un ingeniero español, como director de la estación agronómica creada para promover el desarrollo científico de las tierras irrigadas en el valle. Él era un conocedor de fruta y ahí en Cinco Saltos hizo los primeros ensayos con frutales. Fue antes de la inauguración del sistema de riego. Pero cuando se hizo el dique Ballester, ahí también se ensayaban cultivos. Esa fue la base del impulso de los desarrollos de la zona. El desarrollo de la fruticultura tuvo lugar a base de prueba y error. Se hacían básicamente peras y manzanas. La fruticultura del Alto Valle surgió espontáneamente gracias al esfuerzo de todos los pioneros. Cuando empezaba a haber fruta, los empaques eran muy precarios, pero después empezaron a instalar empaques. Fueron a Europa a copiar todo el desarrollo y ahí se empezaron a establecer los vínculos comerciales para exportar la fruta. Llegamos a ser el primer exportador del mundo de peras.

Roberto Gasparri, junto a un peral en flor.
Foto extraída de "El Visionario", de Javier Avena.

P: ¿Hubo algo que lo sorprendiera cuando llegó al Valle?

R: La zona en sí misma. Cuando vine, la fruticultura estaba en pleno desarrollo. Llegué justo cuando se cambia el monte tradicional al monte de alta densidad. En el monte tradicional eran 300-400 plantas por hectárea y se pasa a más de 1.000 plantas por hectárea. Ahora se están plantando 2.500 plantas por hectárea. Fue un proceso de mucha tecnología. El ingeniero Gasparri fue un pionero: todas sus chacras estaban orientadas a ese tipo de monte. Él vendía la hectárea emparejada, bajo riego, fijada y plantadas con frutales, pero también sin plantar. Él desarrollaba chacras y las vendía, y con ese dinero seguía avanzando en su desarrollo en el Chañar. Había entre cuatro y seis empresas dedicadas a emparejar suelos.

P: ¿Cómo ve a los valles norpatagónicos actualmente?

R: Se están transformando. Los valles se volcarán cada vez más a la producción de alfalfa para exportación, que ya está sucediendo en Valle Medio. Es una de las alternativas que tiene el Valle. Cuando alguien produce alfalfa, lo que está vendiendo es agua. La alfalfa tiene excelente calidad en los valles porque uno puede manejar el agua con el riego, se siembran más kilos de semillas por hectárea elevando la productividad, y encima hay alfalfas resistentes a zonas frías. La producción de carne es otra alternativa productiva, al igual que los frutos secos, como nueces, almendras y pistachos. Esta zona, al ser seca, tiene menos plagas que, por ejemplo, Chile. Tiene ventajas ambientales muy importantes. La actividad forestal, sobre todo los álamos, es también una alternativa viable atada a un sistema silvopastoril. Vos podés plantar álamos a baja densidad y sembrar alfalfa durante todo un ciclo de álamos que dura 12 años. Teniendo forraje y carne, la forestación te sale prácticamente gratis. Podés sacar 3.000 kilos de carne por hectárea durante un ciclo de 12 años del cultivo de álamos. La ventaja de todo esto es que, con sistemas de regadío y con agua abundante, se puede hacer ese tipo de desarrollo. Veo al riego superficial por manto con distribución de alto caudal como la gran alternativa para los productores. En Las Taperitas fui un poco el ideólogo interno del sistema de riego que se desarrolló: riego por manto con alto caudal como si fuera una chacra, pero con cuadros de 5 a 12 hectáreas. La horticultura es otra alternativa productiva, al igual que los granados y los olivos. Son todos cambios que vienen, el potencial bajo riego, tanto de Río Negro como de Neuquén, es enorme. Hacen falta superficies bajo riego de 100 hectáreas o más, y la subdivisión de la tierra del Alto Valle ha sido en pequeña escala. Por eso, el Valle Medio, el Valle Inferior o la zona de Añelo son las regiones que tienen más potencial.

«Los valles se volcarán cada vez más a la producción de alfalfa para exportación, es algo que ya está sucediendo en Valle Medio.» Norberto Serventi, ingenieron agrónomo.

*** Publicado en RURAL del diario Río Negro.

Sábado 6 de diciembre del 2025.

https://www.rionegro.com.ar/rural/recorre-los-valles-de-rio-negro-y-neuquen-desde-hace-53-anos-y-anticipa-su-futuro-ya-esta-sucediendo/

domingo, julio 02, 2023

La familia Rosauer, pionera en la ciudad de Cipolletti.

 


Juan Rosauer fundó en 1920 el vivero "Los Álamos de Rosauer", una importante empresa de la región. Sus plantas se distribuyeron por todo el valle y se multiplicaron en millones.

Por Lic. Vicky Chávez.

La historia de esta pionera familia ha sido motivo de diversos escritos a lo largo de su historia. Una vez más los recordamos porque sus profundas huellas de trabajo tesonero no terminan, continúan en sus descendientes que se encargan de fructificar aquella tarea de los ancestros.

Roberto Rosauer, originario de Austria, nació en 1940 y falleció en Cipolletti. Llegó a Argentina casado con Hewig Klein a fines del siglo XIX y adquirieron tierras tanto en Chaco como en La Patagonia. Primero se establecieron en Buenos Aires, donde nacieron sus tres hijos: Carmen, Rodolfo en 1899 y Juan Erich en 1901. Durante su tiempo en Buenos Aires, Roberto se dedicó a la filatelia y a la impresión de tarjetas postales de Argentina.

Posteriormente, Roberto adquirió campos en la Patagonia, específicamente en las Lagunas –Parque Provincial-al norte del Neuquén y en las márgenes norte y sur del brazo sur del Río Colorado y en la isla de Choele Choel. En este lugar, estableció un paraje conocido como "Paso Peñalva", que luego sería llamado Pomona. Juan estableció su primer vivero en 1920, donde implementó riego mecánico y se especializó en el cultivo de frutales, rosas y la producción de miel. Además, cultivaba frambuesas y elaboraba dulces.


Durante un viaje en tren desde Buenos Aires hacia el sur, Juan Rosauer tuvo la oportunidad de conocer a Sir Montague Eddy, el Gerente del Ferrocarril del Sud. Al enterarse de los conocimientos de Juan, Eddy le solicitó que estableciera un vivero de plantas frutales, como parte de un proyecto de desarrollo de la fruticultura impulsado por la empresa inglesa en la región. El Ferrocarril del Sud tenía una chacra experimental en Cinco Saltos, donde llegaban las plantas madres desde Inglaterra para su multiplicación y estudio de su adaptabilidad al clima y a las tierras de la zona.

De esta manera, se comenzaron a identificar las variedades más adecuadas para las diferentes plantaciones, lo que les valió el reconocimiento con numerosas medallas. Este fue el inicio de lo que posteriormente se convertiría en una próspera industria frutícola en nuestro valle.

Inicialmente, Juan Rosauer se dedicó a la importación de plantas, las cuales distribuyó a precios promocionales. Con el tiempo, el Ferrocarril del Sud le encomendó la tarea de realizar una multiplicación masiva de frutales, proporcionándole yemas de diferentes variedades de manzanas y perales.


Con un gran trabajo, esfuerzo y dedicación, Juan logró consolidar su emprendimiento. Durante casi veinte años, se dedicó a multiplicar plantas en la zona de Pomona y las comercializó en todo el país. Su arduo trabajo fue reconocido con premios y medallas, que su familia aún conserva como testimonio de la calidad de las plantas.

Mientras tanto, la empresa seguía creciendo. En 1950, adquirieron chacras en Villa Regina, lo que llevó a desarmar y trasladar el vivero de Cipolletti. La primera chacra se subdividió para convertirse en un barrio que hoy conocemos como Barrio Rosauer. Durante los años siguientes, la familia vivió en Villa Regina y fue testigo de los grandes cambios políticos y económicos tanto del país como de la región. Sus padres viajaban casi a diario en camioneta desde Cipolletti hasta Regina.


En estos tiempos compró su casa en Cipolletti: en 1940 compró las primeras 20 hectáreas y se radicó allí. En ese año falleció su padre, don Roberto. Al año siguiente se casó con Irene Toschi con la que tuvieron tres hijos: Martha, Juan Roberto y Juan Erich. De acuerdo con el testimonio de sus hijos fueron un matrimonio consolidado lo que fue uno de los mayores motivos del éxito empresarial. En 1950 Rosauer vendió el campo de Paso Peñalva a la familia Franco de Cipolletti. Más adelante llegaron comodidades que facilitaron el trabajo a la distancia: se asfaltó la ruta 22 y hubo mejores transportes y comunicaciones.

Ya en 1960 la empresa estaba consolidada y compraron varias hectáreas, para hacer rotación de suelos sin mover sus instalaciones. Vivero “Los Álamos” se mudó a Campo Grande, compraron 300 hectáreas lugar en donde todavía no había establecimientos frutícolas. También había comprado tierras en ese lugar un amigo de la familia, don Roberto Gasparri. Martha relató que “Cuando fuimos a Campo Grande fue como volver a empezar; cuando llegamos solo había tierra y agua. Construimos las instalaciones y poco a poco llegaron las comodidades como el teléfono”.

En la década del ’70 se iniciaron nuevas actividades, en 1974 inauguró su propio frigorífico y empaque. Recordaba Martha que en 1950 Rosauer había participado de la fundación del primer frigorífico de su ciudad, el Frigorífico Cipolletti, junto a los Gasparri, Los Mohr, los Toschi, Bassi y otros.

Don Rosauer trabajó hasta que sus fuerzas se lo permitieron. En su retiro escribía recomendaciones a sus hijos, los orientaba con su experiencia y consejo. Apasionado por su trabajo, pasaba largas horas en el vivero, abocado a la producción, tuvo excelentes colaboradores como Ernesto Marti Reta quién lo acompañó fielmente durante varios años, que lo liberaban del manejo de las finanzas. Sus últimos años pasaba con sus nietos y pasaba las tardes jugando al truco con su esposa, y así lo encontró la muerte.

Murió el 26 de junio de 1986 en Cipolletti; sus descendientes continuaron con el vivero más importante de la Patagonia. La familia reestructuró la empresa e incorporó a la tercera generación de los Rosauer.

Familia Toschi:

Don Luis Toschi era propietario de chacras y un almacén de Ramos Generales donde Juan Rosauer solía abastecerse. Fue allí donde Juan conoció a Irene, una de las hijas de Don Luis.

Los hijos de Juane Irene pasaron sus primeros años en Cipolletti, compartiendo el mundo de esfuerzo de sus padres. Rara vez salían de vacaciones. Para cursar la escuela secundaria, fueron enviados a Buenos Aires y, una vez graduados, regresaron para trabajar en el negocio familiar.

Debido a los logros y la dedicación de la familia Rosauer, el municipio de Cipolletti emitió una ordenanza que nombró en su honor al Parque Meteorológico, ubicado entre las calles Blas Parera, Ceferino Namuncurá y las avenidas Mengelle y Mariano Moreno.

Hoy en día, la empresa está en manos de Roberto Rosauer, quien representa la tercera generación de la familia. Continúa buscando y probando las mejores variedades de frutales y rosales.

Publicado en La Mañana de Cipolletti.

1º de julio de 2023.

https://www.lmcipolletti.com/la-familia-rosauer-pionera-la-ciudad-cipolletti-n1036995

jueves, mayo 30, 2019

Gasparri ya descansa en el pueblo que creó: El Chañar. Las cenizas de quien creó el polo productivo a orillas del río Neuquén fueron trasladadas por su familia desde Córdoba para descansar en el mirador del pueblo.


La familia de Roberto Gasparri trasladó desde Córdoba hacia San Patricio del Chañar las cenizas del creador del emprendimiento productivo que nació reconvertido a orillas del río Neuquén.
Los familiares se congregaron junto a autoridades municipales en el mirador de la ciudad, para depositar allí una urna con las cenizas.
Este lugar había sido elegido por él mismo junto a su esposa como el sitio final donde descansarían sus restos al final de sus días.
Según informó la municipalidad de San Patricio del Chañar, ese lugar había sido elegido por la pareja en momentos en los que nacía San Patricio del Chañar y desde allí podía verse a la distancia, el movimiento de una ciudad pujante.
De la misma manera, el propio Gasparri había propuesto la entronización de la Virgen en ese lugar, para que los devotos al pasar, puedan tener allí un espacio destinado a la meditación.
El intendente de la ciudad Ramón Oses dijo que “tener entre nosotros a don Roberto Gasparri es asumir que uno pertenece al lugar donde deja su corazón, donde uno deja el sudor que persigue los sueños y donde uno mira más allá del tiempo presente. Donde uno contempla que esta tierra que pisamos nos pertenece a nosotros, a nuestros hijos, y a todo aquel que no duda en trabajar incansablemente para levantar un país en cualquier lugar, por más remoto que sea”. 
El mandatario local acompañó a Ana María Orozco, viuda de Gasparri, familiares y amigos, en este íntimo y a la vez histórico momento.
De la misma manera, el propio Gasparri había propuesto la entronización de la Virgen en ese lugar, para que los devotos al pasar, puedan tener allí un espacio destinado a la meditación.
El intendente de la ciudad Ramón Oses dijo que “tener entre nosotros a don Roberto Gasparri es asumir que uno pertenece al lugar donde deja su corazón, donde uno deja el sudor que persigue los sueños y donde uno mira más allá del tiempo presente. Donde uno contempla que esta tierra que pisamos nos pertenece a nosotros, a nuestros hijos, y a todo aquel que no duda en trabajar incansablemente para levantar un país en cualquier lugar, por más remoto que sea”. 
El mandatario local acompañó a Ana María Orozco, viuda de Gasparri, familiares y amigos, en este íntimo y a la vez histórico momento.
Publicado en Diario "Río Negro", 30/05/2019.

El homenaje a Roberto Gasparri, creador de El Chañar.

“Ya hicimos lo posible, ahora vamos por la utopía”. Ana María Orozco, viuda de Roberto Gasparri, y su hijo Fernando recordaron una de las máximas del ingeniero en su casa de Río Cuarto durante la visita del intendente de San Patricio del Chañar, Ramón Soto, como parte del reconocimiento al visionario que desarrolló una colonia agrícola de 11.000 hectáreas en el desierto neuquino y que se fue del Valle después de una polémica quiebra y sin un solo metro de tierra.

El intendente de San Patricio del Chañar, Ramón Soto, visitó días pasados en Río Cuarto a Ana María Orozco, viuda de Roberto Gasparri. Le entregó un mapa de la ciudad enmarcado en el que se destaca la calle principal que lleva el nombre del ingeniero desde hace cinco meses, una plaqueta recordatoria, la carta de la escuela secundaria que también quiere tomar el nombre del ingeniero, otra misiva de un antiguo empleado de la empresa y diez ejemplares del libro “El visionario”, la biografía. La dueña de casa estaba acompañada por su hijo menor, Fernando.
El viaje del jefe comunal a la ciudad cordobesa fue una prolongación del homenaje que el 13 de noviembre de 2009 realizó la municipalidad a Roberto Gasparri. El ingeniero –como todos le decían– fue uno de los grandes innovadores de la fruticultura regional y el emprendedor que desarrolló una colonia agrícola en el desierto neuquino a partir de 1969 al transformar alrededor de 11.000 hectáreas de monte virgen en una rica zona productiva.
Los préstamos con altos intereses a corto plazo para financiar un proyecto a largo plazo, la década de la Convertibilidad que asfixió a la fruticultura en la región, su voluntad de invertir en El Chañar contra viento y marea y la decisión del Banco de la Provincia del Neuquén de negarse al concurso de acreedores son algunas de las razones que lo arrastraron a la quiebra. Por entonces, el presidente del BPN era Luis Manganaro, cuyo padre había sido despedido de Gasparri Hermanos tras una fuerte discusión con el gerente general.
En esta historia de paradojas, el BPN, que había jugado un rol fundamental en los años ‘70 con créditos a los compradores de chacras de entre 5 y 10 hectáreas, le bajó el pulgar a Gasparri por deber 5.000.000 de pesos en concepto de capital y 11.000.000 de intereses, pero luego abrió el grifo con préstamos en condiciones muy ventajosas a los proyectos bodegueros concretados en parcelas mucho más extensas en la tercera etapa. Esos créditos, luego refinanciados y trasladados a la órbita del IADEP -que a su vez otorgó más préstamos- superan los 400.000.000 de pesos, con tasas mucho más bajas que las que pagó quien invirtió todo su capital en desarrollar la zona.
Pocos días después de la quiebra en 2001, la familia Gasparri dejó Cipolletti y se radicó en Río Cuarto. “Queríamos sacar rápido a papá del Valle. Le hacía mal quedarse ahí”, recuerda Fernando, quien pronto abrió un negocio de todo por dos pesos en la ciudad mediterránea. Su padre, quien alquiló junto a Ana María un departamento de dos ambientes, se ocupó de recibir las bolsas que entregaban los clientes al entrar al comercio. Pero cuando el local cerraba sus puertas revisaba el stock, sacaba conclusiones y proponía estrategias de crecimiento. Así fueron sus días hasta que enfermó, debió usar silla de ruedas y pasar a un departamento de tres ambientes más amplio para que pudiera circular en ella. Falleció a los 82 años el 14 de noviembre de 2004, en una ciudad ajena a su historia.
Recuerdos.
“Qué feliz era Roberto cuando se ocupaba de las chacras y no de los números”, comentó Ana María en el comienzo de una larga serie de recuerdos.
“El volvía de un viaje, se iba a recorrer las chacras y de repente le decía al ingeniero Teixé: ‘¿Cómo está la planta 4 de la fila 3?’ Era como si tuviera la foto en la cabeza”, agrega. Invita café con leche con medialunas y continúa: “El Chañar era su gran orgullo y le encantaba llevar a sus visitantes a recorrerlo. Una vez trajo a la gente del Mercado Central de Buenos Aires. Los tuvo seis horas de aquí para allá en el calor de febrero. No volvieron nunca más, claro (se ríe). Pero él no se cansaba nunca de caminar esas tierras”.
La historia de un sobrino que militaba en la radicalizada Juventud Peronista de los 70 se lleva un tramo del relato. “Desde Buenos Aires criticaba a la empresa y decía que eran unos explotadores. Después vino a conocer, habló con los empleados, vio las condiciones de trabajo, que la gente tenía su casa, su auto. Y le dijo a Roberto: ‘La verdad es que no está tan mal…’”
Es el turno de Fernando: “La idea de la colonia agrícola era buena, pero quizás era más apropiada para otro país, sin tantos cambios en las reglas de juego y en las políticas económicas. O por lo menos era una idea para otra dirigencia política…”
Bebe un sorbo de café y enciende un cigarrillo rubio. Sigue: “Cuando yo tenía 11 años nos mandó aprender a cosechar. Mi hermano Claudio era dos años más grande y mucho más alto en aquel momento, así que no tenía que pedir ayuda para mover la escalera como yo. Recuerdo la cara de orgullo de papá el día que se instaló la primera bocatoma en el río Neuquén, fundamental para el riego, su alegría en el asado de la inauguración. Quiso a El Chañar como su otro hijo. Una de las últimas cosas que hizo allá fue denominar Canal San Emilio al del la tercera etapa. Es el nombre de mi abuelo. Y el de mi hijo”.
Ahora habla Ana María: “Una sola vez volvió a El Chañar. Quería hablar con alguien a quien llamaba y llamaba, pero como no lograba que le atendiera el teléfono, decidió ir. Cuando volvió, me dijo: ‘No sabés qué lindo está todo. Las chacras, los viñedos, las bodegas. Nosotros no hubiéramos podido hacerlo, nosotros no teníamos apoyo”.
Retoma Fernando: “Siempre le importó la investigación. Por eso trajo a los profesionales de la universidad que detectaron la presencia de bentonita en las tierras de la tercera etapa. También estuvo un especialista israelí en riego por goteo. Quería lo mejor para San Patricio. Por eso había escrito esta frase en su escritorio: ‘Ya hicimos lo posible, ahora vamos por la utopia”.
Pese a que los Gasparri nunca quisieron volver a El Chañar después de la quiebra, tienen ganas de regresar el próximo 21 de mayo, cuando la escuela secundaria pase a denominarse Ingeniero Roberto J. Gasparri.
“No tengo problemas en cruzarme con nadie, excepto con una persona”, dice Fernando, que hoy se gana la vida con un polirubro en Oberá, Misiones. La referencia es hacia Julio Viola, un uruguayo que empezó como cadete bancario en otra de las firmas en las que participaba la familia (Jugos Cipolletti) y más tarde fue el operador inmobiliario que por pedido de Roberto Gasparri empezó a vender los lotes de la tercera etapa de El Chañar en 1996. Viola asegura que después compró esas tierras en 3.200.000 dólares, según un reportaje que concedió a la revista “Fortuna” en la que se presenta como un pionero que construyó un canal de riego de 20 kilómetros y cientos de kilómetros de caminos. “Era esto o nada, y apostamos todo lo que tenía la familia en este proyecto”, dijo a la publicación.
Hoy es dueño de la Bodega del Fin del Mundo, que recibió de la provincia préstamos por 148.000.000 de pesos, parte de ellos para el rubro marketing. La bodega logró que The New York Times la destacara e incluyera a San Patricio del Chañar en el segundo lugar de 31 sitios recomendados para visitar en todo el mundo durante 2010.
“Hace diez años –dice el artículo– un grupo de aventureros productores de vino posaron su mirada en un valle argentino llamado San Patricio del Chañar, un inusualmente fértil y extrañamente bello rincón de la Patagonia. Fue arado, sembrado y esperado. ¿El resultado? Una región de vino en flor con deliciosos malbec y pinot noir y bodegas de diseño elegante”.
La gaffe de uno de los diarios más prestigiosos del mundo es la última paradoja: ninguno de los recién llegados a El Chañar producía vino antes de recibir los millonarios préstamos del BPN. Y “los aventureros productores de vino que posaron su mirada en un valle hace 10 años” fueron aventajados en tres décadas por el ingeniero Roberto Gasparri.
Diario "Río Negro", 14 de Mayo de 2010.

martes, junio 14, 2011

San Patricio del Chañar y el hacedor Ing. Roberto Gasparri.

Ing. Roberto Gasparri. Visionario, hacedor y promotor de la fruticultura regional.

SAN PATRICIO DEL CHAÑAR - RESEÑA HISTÓRICA. [El siguiente es un artículo de la reseña histórica de San Patricio de Chañar que fuera publicado en el suplemento aniversario de la localidad neuquina San Patricio del Chañar y que reproduzco porque siempre es positivo sobre todo en tiempos donde se debe rescatar la Cultura del Trabajo, el valor de la producción, la productividad, la importancia del desarrollo armonioso e integral, de crecer sobre la base del esfuerzo y sacrificio personal como de la nada se pueden concretar realizaciones efectivas] 

Una idea y un sueño cumplido.  

Alguna vez el ingeniero Roberto Gasparri pensó en convertir miles de hectáreas vírgenes en montes con cultivos de peras, manzanas, pelones, duraznos y ciruelos, entre otros frutos. “Según los registros, los primeros propietarios particulares de estas tierras fueron obreros que trabajaron en la construcción del Dique Ballester. Posteriormente una familia francesa de apellido Deutieux las adquirió como inversión. En 1943, a raíz de una deuda, el Banco de la Nación remató la propiedad, que fue vendida en 340 mil pesos moneda nacional a una inmobiliaria de Buenos Aires que no le dio ningún aprovechamiento. En 1966 un grupo de vecinos de Cinco Saltos adquirió El Chañar en ocho millones de pesos, pero (aparentemente por razones económicas) no llegaron más allá de la subdivisión del campo”. De esta manera, se inicia el relato de los primeros pasos del asentamiento tal como lo sostiene la reseña histórica de la Municipalidad de San Patricio del Chañar. Agrega la información que “entre abril y mayo de 1968 la firma Frigorífico Cipolletti S.A. (luego absorbida por Gasparri Hnos. S.A.) adquirió las 20 mil hectáreas de tierra en monte bruto siendo el objetivo sistematizar con plantíos estos terrenos en tres etapas, obteniendo agua por medio de bocatomas sobre el río Neuquén. Tras estudios hechos por la empresa cordobesa Topoges se determinaron 8.400 hectáreas con dominio de riego gravitacional. En 1969 se iniciaron las obras de sistematización, regándose los primeros cultivos y plantaciones por bombeo desde el río Neuquén con tres bombas de 1.000.000 de lts./hr. cada una. Las primeras cosechas fueron de papas, de distintas variedades y excelente rinde, que se comercializaron durante varios años en la zona. Esta área piloto abarcó aproximadamente 500 hectáreas. Ya con la construcción de la primera bocatoma, en 1971, que permitió regar la primer etapa de 3.068 Has., se da comienzo a la venta de parcelas totalmente plantadas, llave en mano, cuya superficie mínima era de 6 Has. de acuerdo a la unidad económica establecida en la época. En el año 1973 se construyó la obra de la segunda bocatoma emplazada”. Objetivo: El Chañar “A finales de la década del ’60 el Ing Roberto Gasparri comienza a recorrer el paraje que se conocía como El Chañar, cuyos propietarios de la vecina Cinco Saltos en ese entonces habían puesto a la venta. Desoyendo las voces de quienes opinaban que allí no podía crecer nada, compra las 20.000 hectáreas de desierto, sostenido por la opinión de otros ingenieros allegados, y el especial consejo de su padre Emilio”, explica la información histórica. La cercanía con el río Neuquén, los chañares y el instinto de pionero, llevaron a Gasparri a imaginar miles de hectáreas irrigadas y cultivadas donde por ese entonces no había más que arbustos en medio de un paisaje netamente patagónico. Señala la reseña que “Gasparri le puso el hombro y sus mejores días al proyecto El Chañar, y a su empresa empacadora que un par de décadas después de los ‘70 estuvo en la cúspide del comercio: fue la mayor exportadora de frutas de la Argentina. Los comienzos fueron difíciles y los descansos llegaban después de durísimas jornadas de trabajo, en un lugar donde nada era amable”. 

A mano alzada. 

Hasta ese entonces no había nada. Sólo la idea de poner bajo cultivo unas 8.000 hectáreas pero en tres etapas. Sostiene la información del municipio que el propio ingeniero dibujó y diagramó de puño y letra cada una de las fases del proyecto de crear un polo productivo que se denominaría El Chañar. “Ya en aquella época, Tulio Ferraresso y una tropa de colaboradores se habían convencido de que El Chañar era posible y que Gasparri, otra vez, cabalgaba sobre un objetivo innovador. Cuando los hombres de El Chañar volvían a sus casas tenían tanta tierra encima sus esposas se resistían a abrirles las puertas. Y más de uno tuvo que bañarse en el quincho antes de pisar el comedor, recuerdan con humor los ex colaboradores del empresario frutícola”, se indicó. Se informa además que “en la larga lista de colaboradores figuran, entre otros, Ferraresso, Luis Teixe, Alfredo Rodríguez, Federico Horme, Federico Trassarti, Ramón Plieger, Ramón Arévalo, Mario Roat, Reinaldo Fuentes, Miguel Teixe, Víctor Grunvel, Juan Mora, Héctor Castillo, Franco Gasparri, Hugo Hirsch y Juan Carlos Pereira. La nómina se podría engrosar con muchas otras personas. En pleno apogeo de la firma Gasparri en Cipolletti y con producciones nuevas en El Chañar, la necesidad de contar con mano de obra para el trabajo rural en esa nueva zona llevó a la fundación del Chañar como asentamiento primero. “La década del ‘80 se sobrellevó sin grandes problemas y la empresa se mantenía como una de las más importantes de la región. Pero hacia principios del ‘90 la situación financiera se desbordó como consecuencia de la deuda que presentaba de arrastre la firma, y la falta de políticas de Estado que sostuvieran tamaño proyecto productivo, hacen que la empresa entre en un embudo financiero difícil de sobrellevar. Todo ello termina con el concurso y quiebra de Gasparri S.A., un fin que nadie imaginó hasta el último momento, y que muchos lloraron como propio”, señala la reseña. Gasparri se fue a vivir a Río Cuarto –como sostiene la información histórica- sólo con unos pocos ahorros. El 14 de noviembre de 2004 falleció a los 82 años. 

Diversificación productiva. 

Su visión fue mucho más lejos que el hecho de poner hectáreas bajo cultivo. Las primeras plantaciones de fruta de pepita correspondieron a las variedades de manzana Red Starkrison y Granny Smith, mientras que en peras se experimentó con William’s, Packam’s Triumph y D’anjou. Un año después, en 1.969, Gasparri se propuso un nuevo desafío y fue así que, con ejemplares traídos desde Chile, comenzó la implantación de las primeras variedades de nectarines (pelones). Los primeros nectarines cultivos fueron de las variedades Early Sungrand, Legrand, Autum Grand, September Grand, Dark Delicuis, Armiking y un durazno del tipo O’Henry. Se supo también que si no alcanzó con experimentar –con excelentes resultados- con los cultivos de peras, manzanas y pelones este pionero introdujo en esa zona ciruelos japoneses Roysum, Fridar, Laroda, Angeleni, Blackmber, Linda Rosa, Antum Rosa y Rainbow.. Fuente de información histórica e imágenes de la localidad neuquina de San Patricio de Chañar forma parte del suplemente aniversario del diario “La Mañana del Neuquén” 38º ANIVERSARIO DE SAN PATRICIO DEL CHAÑAR – Reseña histórica, fecha 21/05/2011.

Fotos: Distintos sitios de internet.

viernes, junio 10, 2011

ING. GASPARRI: PIONERO, VISIONARIO, CREADOR DE RIQUEZA.

ING. ROBERTO GASPARRI: UN PIONERO, VISIONARIO Y CREADOR DE RIQUEZA.

El Ingeniero que pudo con el desierto

pero no con la Argentina. 

Se reproduce con un inmenso "Dolor-País" la Segunda Entrega de la historia del Ing. Roberto Gasparri que publicara el 13 de diciembre del 2008 el Diario Río Negro en el Suplemento Rural las imágenes pertenecen a la misma nota. 

El visionario que creó un oasis productivo en el país equivocado

por JAVIER AVENA.

Neuquén le debe al ingeniero Gasparri su zona productiva más exitosa: El Chañar. Sin apoyo crediticio a largo plazo, quebró por las deudas derivadas de su genial obra. La Argentina, con sus permanentes cambios de reglas de juego, no fue justa ni leal con él. -No sé si lo vamos a poder mantener. Pero, si alguna vez nos llegamos a fundir, por lo menos hemos hecho cosas. Está todo acá -dice Gasparri. Desde ese punto panorámico en la sierra, al lado de la Virgen del Valle que su mujer trajo de Catamarca, el ingeniero contempla la primera y la segunda etapa de El Chañar junto a Trasarti y Montalvo, dos de sus hombres de confianza. Los tres han recorrido parte de esas 8.000 hectáreas apenas unos minutos antes en la camioneta, pero desde arriba todo luce distinto: los lotes en marcha, los frutales, las acequias, el canal principal, las compuertas y los árboles plantados hace más de veinte años, cuando comenzó la aventura de transformar aquel tramo del desierto del norte neuquino en un oasis productivo. Más allá divisan las tres mil hectáreas de la tercera etapa. -Ahí vamos a plantar nuevas variedades de manzanas, peras y nectarines -comenta el ingeniero. En el portafolios lleva el plan de desarrollo en seis hojas que escribió a mano con birome negra. Apuesta a generar un nuevo polo con la potencia suficiente como para diferenciarlo del Alto Valle. Los frutales crecen en el vivero: las primeras pruebas son satisfactorias. A mediados de 1994 sueña con poder pagar con ese ambicioso proyecto las deudas que arrastra la empresa. El dinero que le prestaron no está en bancos del exterior ni en una rueda financiera. La plata está ahí; es eso que se ve abajo, ese verde, ese milagro. No pudo hacerlo. Y lo mandaron a la quiebra en el 2000: no hubo contemplaciones para el hombre que creó El Chañar. Luego otros empresarios, con mejores contactos en los despachos políticos donde se suben o bajan los pulgares, consiguieron millonarios créditos oficiales en condiciones muy ventajosas y desarrollaron sus propios emprendimientos en la tercera etapa. Gasparri se quedó sin nada. CONSEJOS -Fijate esos yuyos. No crecerían si la tierra no fuera buena -le dice el ingeniero Asunción a Gasparri una tarde de 1968 mientras caminan esa superficie inhóspita. Asunción sabe de qué habla: ha investigado esos suelos. No hace falta mucho más para motivar a un emprendedor nato. Gasparri sigue su instinto y adquiere esas 20.000 hectáreas en 1968, 20 kilómetros de largo por 10 de ancho de puro monte virgen a orillas del Neuquén. En la inmobiliaria hay festejos de los compradores y también de los vendedores, un grupo de socios de Cinco Saltos felices de haberse sacado de en cima aquel páramo. En diciembre de 1969, lo primero es el reconocimiento del terreno: extenuantes jornadas a caballo o a pie para medir los cañadones, detectar los médanos y los pozos y volcar toda la información en un mapa. Los hombres de la avanzada llevan suero antiofídico en un botiquín: ése es el hábitat de las víboras. Comienzan los trabajos de emparejamiento con los tractores Fiat 780 con una y dos palas en tándem, cuadrantes para nivelar, topadoras y retroexcavadoras para hacer la primera bocatoma en el río después de asegurarse de que la peor bajante no pueda dejarla sin ingreso de agua. Los estudios indican que unas 8.400 hectáreas son aprovechables para la producción con riego por gravitación. Mientras tanto, las tierras ganadas se riegan con tres bombas de 1.500.000 litros con motores de 80 HP que conducen el agua del Neuquén hasta un piletón conectado al canal principal que alimenta las acequias secundarias y terciarias en desnivel. Siembra sorgo, centeno y cebada para fijar el suelo. Trae cañones regadores de 90 metros de diámetro de alcance desde Balcarce; la idea es no apretar la semilla y dejarla germinar. Prueba con papa, una tradición familiar iniciada por su padre a comienzos de siglo en Santa Fe. El resultado es excelente. El ingeniero, de botas cortas, jean y camisa liviana, tiene el paso enérgico y un tono que a veces infunde respeto y otras, temor. Lleva el pelo castaño oscuro peinado hacia atrás y usa grandes anteojos de aumento y para sol cuando le baja las gafas oscuras. Está al frente de un grupo que empieza a trabajar a las seis de la mañana y termina cuando ya es noche cerrada. Son más de 50 kilómetros de camino de tierra cada día hasta Neuquén. Vuelven cubiertos de polvo y por varios se duchan afuera antes de entrar a casa. Poco importan los sacrificios si se es parte de un sueño. Hay otras empresas que pagan más y que dan bonificaciones, pero nada hay más atractivo para esos pioneros que vencer al desierto: Gasparri ha logrado contagiar su mística hasta a los más escépticos. Luego será generoso con sus colaboradores más estrechos y regalará 17 chacras en producción de entre 6 y 10 hectáreas, una para cada uno. En los primeros años de los '70 el Banco de la Provincia del Neuquén otorga préstamos a largo plazo para los compradores de los lotes de la primera etapa, casi 4.000 hectáreas. Es un éxito: se venden todos, menos las 800 hectáreas que ha reservado para él. Con esos fondos más los ingresos de la planta de empaque y el frigorífico de Cipolletti, financia las obras de la segunda etapa, de otras cuatro mil hectáreas. La bocatoma concluida imprime aún mayor dinamismo en los trabajos. Se instala la segunda cinco kilómetros al oeste. El 21 de mayo de 1973 se crea la Comisión de Fomento y Gasparri dona más de 120 hectáreas para dar vida a un pueblo que ya es imposible de detener: el censo de 1975 indica que hay 650 habitantes. Con los militares en el poder, El Chañar corre riesgo de desaparecer: Hidronor decide instalar el dique compensador de Planicie Banderita para controlar las crecidas del Neuquén en una zona que inundaría buena parte del emprendimiento. Una gestión desesperada del gobernador Felipe Sapag, que siempre apostó por el proyecto, logra cambiar el lugar de la obra y lo salva. La venta de los lotes de la segunda etapa también es exitosa y entre los compradores aparecen firmas de renombre. Para bajar costos, el ingeniero fusiona las empresas del grupo en una sola, Gasparri SA. La firma atraviesa años de apogeo, con 1.200 empleados entre las chacras, el galpón de empaque y el frigorífico. En 1980 debe 200.000 dólares, poco para la envergadura de su compañía. Pero la Argentina de Martínez de Hoz y su tablita cambiaria es una timba donde es mucho más rentable especular que producir. Y Gasparri debe tomar créditos: los frutales de El Chañar aún no entran en producción y es necesario sostener la estructura que demanda su titánica obra. No hay políticas de Estado que alienten desarrollos de largo aliento. Los créditos en dólares son a corto plazo y con intereses devastadores. Se inicia así un círculo perverso del que nunca podrá salir. Sin embargo, en los primeros años de los '80 la situación parece estar controlada y la empresa es una de las más importantes de la región. El valor de su producción supera en más de veinte veces al de su deuda y continúan los planes de expansión: compra en Italia la más moderna preclasificadora del mercado, en dos millones de dólares. En una agitada reunión de directorio en Cipolletti argumenta que así se ahorrará espacio en el frigorífico, que la selección automatizada por tamaño y por color agilizará todo el proceso en forma notable y que eso es indispensable porque sus proyecciones indican que la producción de El Chañar llegará pronto a los 40 millones de kilos anuales. Aunque al principio hay voces en contra, todos terminan convencidos. "Éramos como satélites alumbrados o ensombrecidos por el planeta principal", recuerda uno de los participantes. Hay malas noticias: la máquina golpea demasiado la fruta y aunque viajan técnicos para calibrarla nadie encuentra la manera de hacerla funcionar. Son mercados distintos y no es fácil adaptar la tecnología. Pero esa pérdida no hace mella en el espíritu del ingeniero, que ya había dejado de comercializar y exportar la fruta de otros galpones de empaque para dedicarse de lleno a El Chañar. Le muestran los balances pero los ignora. Tiene un objetivo entre ceja y ceja: producir más. Los '90 y el uno a uno lo sorprenden metido de lleno en la apuesta a la que dedica su vida. No hay otra manera de sostenerla que con mayor endeudamiento en dólares y con intereses delirantes: más del 20% al año mientras la inflación no supera el 5%. En 1992 la multinacional Chiquita Brands International elige a Gasparri como socio estratégico en el Cono Sur y le compra el 49% de la empresa a cambio de cinco millones de dólares para sanear la empresa. El ingeniero no puede con su genio y utiliza parte de ese dinero en inversiones productivas. Llegan los balances y los nuevos socios los objetan: reclaman más austeridad y el 65% de las acciones. -¡De ninguna manera! -grita Gasparri. Resultado: debe devolver los cinco millones más otros dos por resarcimiento. Su deuda se abulta aún más. En 1994 entra en concurso de acreedores. Decide poner a la venta los lotes de la tercera etapa y convoca para eso a Julio Viola, dueño de una inmobiliaria en Cipolletti. No es un buen momento: la fruticultura es un pésimo negocio en plena convertibilidad y acaso por eso no aparecen interesados. Cambia de estrategia y traspasa la titularidad de las tierras a Viola a cambio de una suma incierta. Los hechos se precipitan. La deuda lo asfixia, el uno a uno lo aniquila. Necesita apoyo para recuperarse, pero nadie parece dispuesto a dárselo. Entra otra vez en concurso de acreedores con la ilusión de seguir en marcha, como tantas otras empresas en el Valle. Está cerca de cerrar un acuerdo de venta con la empresa Klepe cuando el Banco de la Provincia del Neuquén (BPN) se opone a la convocatoria y lo condena a la quiebra. No la vacía antes; no quiere ser el dueño rico de una empresa pobre. El propio titular de la entidad, Luis Manganaro -cuyo padre había sido despedido de Gasparri SA tras discutir con el gerente general-, explica que de los 16 millones que debe el ingeniero, sólo 5 corresponden al capital y 11, a los intereses. Se trata del mismo banco que luego consideraría irrecuperables los 14 millones prestados al frigorífico Temux de Buenos Aires, sin sede en Neuquén; de la misma entidad que abrió el grifo con generosos créditos a las bodegas instaladas en la tercera etapa de El Chañar. En la Secretaría de Trabajo de Cipolletti, durante una protesta de los trabajadores de Gasparri por sus salarios, alguien arroja dos rompeportones y cierra la puerta para que retumben con más fuerza mientras el ingeniero sube las escaleras. El estruendo es tan potente que rompe un vidrio. Gasparri llega a su casa aturdido. Se sienta en el sillón, toma un vaso de agua e intenta leer el diario. Mira las páginas pero no puede leerlas; no ve nada. -Vamos al médico -pide. Le detectan un daño cerebral. -Estoy jodido -le dice a su hijo Fernando al volver. EPÍLOGO Antes del remate desaparecen las computadoras, un hermoso mueble francés y hasta un tractor. Las 1.035 hectáreas se adjudican en 836.000 pesos, a razón de 807 pesos la hectárea, cuando el valor del mercado es de al menos 5.000. Expofrut se queda con la mayor parte de las tierras y el estudio Chinni, Seleme y Bugner, con el resto. Entre ellas, con "La Juana", la chacra de 60 hectáreas y el chalet donde vivían los Gasparri en Río Negro, por 54.000 pesos. Gasparri se va a vivir a Río Cuarto. El seguro de retiro que había pagado durante toda su vida le alcanza para comprar un lote con dos casas. En una se instalan con su mujer, Ana María. En la otra, su hijo Fernando con su familia. Luce recuperado y se entusiasma con el negocio de todo por dos pesos que abre Fernando. Está otra vez en carrera: hace proyecciones, chequea el stock y ubica en un armario las bolsas y mochilas que le dan los clientes al entrar. A los tres meses estalla el uno a uno. La devaluación que le hubiera permitido salvar la empresa declarada en quiebra apenas 8 meses antes ahora le pone fin al todo por dos pesos. Reconvierten el negocio en un polirrubro. En el 2002 viaja solo en colectivo y visita El Chañar. Recorre asombrado las bodegas. Un enólogo lo reconoce y le ofrece probar el primer vino. "No entiendo mucho, pero parece rico", contesta el ingeniero. No hay rencores: "No sabés qué lindo está todo. Las chacras, los viñedos, las bodegas. Nosotros no teníamos apoyo, nosotros no lo hubiéramos podido hacer", le cuenta a Ana María al volver. Aquellas tierras ya no son suyas, pero las siente propias. Vuelve a sentirse mal y va otra vez al médico. "Envejecimiento cerebral" es el diagnóstico. El doctor les dice a sus familiares que sufrirá picos cada vez más agudos. Debe movilizarse en silla de ruedas y no lo tolera; eso es demasiado castigo para un hombre de acción. Fallece el 14 de noviembre de 2004, a los 82 años. Para el próximo aniversario del pueblo, el 31 de mayo de 2009, el intendente Ramón Soto, hijo de un albañil que trabajó con Gasparri, prepara un homenaje para el hombre que creó El Chañar. Un buen punto de partida para empezar a saldar la deuda con el ingeniero que pudo con el desierto pero no con la Argentina. Preguntas sin respuestas ¿Por qué el Banco de la Provincia del Neuquén le bajó el pulgar a Gasparri? ¿Por qué no permitió que fuera aceptado su concurso y evitara así la quiebra? ¿Por qué otorgó millonarios créditos en condiciones muy ventajosas a los empresarios que desarrollaron sus emprendimientos en la tercera etapa de El Chañar y no tuvo la misma actitud con Gasparri? ¿Cuánto y cómo se abonó por la cesión de tierras de la tercera etapa? Colaboradores Son muchos los hombres que jugaron un papel clave al lado del ingeniero. Tantos, que es difícil nombrar a todos. Éstos son algunos de ellos: Ferrareso, Hirsch, Testaseca, Trasarti, tres generaciones de la familia Teixé y sus primos Gasparri. ¿Cómo lo recuerdan? “Si no hubiera sido por él, aquello seguiría siendo un monte virgen”, dice Lefevre. “Fue un hombre de mentalidad productiva, nunca especulativa. Y eso lo llevó a chocar con las políticas económicas contradictorias de la Argentina, que lo sacaron del camino”, señala Ochoa. 

JAVIER AVENA 

Imagenes de la nota del Diario Río Negro:

Otras imágenes del Ing. Gasparri:

jueves, junio 09, 2011

El Ing. Roberto Gasparri "El visionario". Primera Parte.

Quisiera decir que tengo alegría en lo que doy pero con mi canto voy más triste de lo que vengo. "Milonga más triste"
de Alfredo Zitarrosa.
Se reproduce con un inmenso "Dolor-País" la Primera Parte de la historia del Ing. Roberto Gasparri que publicara en el 2008 el Diario Río Negro en el Suplemento Rural las imágenes pertenecen a la misma nota. 

El ingeniero que pudo con el desierto pero no con la Argentina Endeudado y acorralado por el poder tuvo un final que no mereció. Ésta es la primera parte de su ejemplar historia. 
Por JAVIER AVENA.
Parado frente a un inmenso cañadón, rodeado por sus empleados más fieles, el hombre que está a punto de dar la orden de empezar a convertir ese desierto en un vergel parece un general que arenga a su tropa antes de la batalla. Le han dicho que es imposible, han apostado a que no podrá, pero eso no lo intimida. Ahí va el ingeniero Gasparri al frente de ese puñado de pioneros, protegido del sol por el sombrero de ala ancha. En la mano derecha lleva el portafolios negro lleno de papeles con los que improvisa reuniones en medio del campo y el mapa donde trazó el destino de esas 20.000 hectáreas de monte virgen a orillas del río Neuquén. Pronto avanzarán las máquinas, huirán las víboras y las liebres y caerán los alpatacos y las jarillas, mientras seis baquianos a caballo, los únicos habitantes del lugar, controlan que no ingresen intrusos en ese territorio sin alambrar que nunca volverá a ser el mismo. -Acá vamos a emparejar y plantar. Estas tierras van a ser de lo mejor -dice Gasparri, mientras sus acompañantes lo miran incrédulos: ese páramo y esos cañadones de cuatro metros de profundidad y un kilómetro de extensión no son una presa fácil en medio del polvo y el ripio, sin una gota de agua ni caminos. De esa madera están hechos los visionarios: ven lo que otros no ven. Aquel sueño que se puso en marcha en diciembre de 1969 hoy es la marca más taquillera de la producción neuquina: San Patricio del Chañar, con nada menos que el 40% de la superficie frutícola provincial y bodegas de alta gama que producen más de 13 millones de litros al año, exportan y ofrecen su gastronomía gourmet. Pero el hombre que lo soñó, el que lo hizo posible, pasó sus últimos días en un negocio de todo por 2 pesos en Río Cuarto junto a su hijo Fernando, mientras se remataban sus chacras, vehículos y herramientas en el polideportivo municipal levantado en las tierras que él había donado, en un ambiente de fiesta que cerraba el círculo de una paradoja cruel. Ésta es la historia de Roberto José Gasparri, el ingeniero que pudo con el desierto pero no con la Argentina. GRINGOS Juan Gasparri y cuatro de sus ocho hijos (José, Marieta, Víctor y Antonio) desembarcan en Buenos Aires en 1904. Provienen de Ascoli Piceno, 100 kilómetros al este de Roma. Como tantos otros, escapan del hambre y quieren hacer la América. Otros, más afortunados, eligen la del Norte. Se afincan en la provincia de Santa Fe, en las afueras de Rosario. En 1905 los siguen su mujer, Juana Ricci, y los demás hijos: Emilio, Atilio, Quinto y Enrique, que cruzan el Atlántico en el "Alfonso XIII". Primero producen papas como peones y luego alquilan una quinta. Les va bien: a base de trabajo y ahorro logran instalar un almacén de ramos generales en Cuatro Esquinas. Allí Emilio se pone de novio con Rosa Pagano. Un día la pasa a buscar en el auto de Gasparri Hermanos y revoluciona el pueblo: es la primera vez que circula uno por sus calles. Se casan en 1921 y tienen cinco hijos: Roberto, Pedro, Catalina, Nelly y Elga. Pedro muere a los 4 años, víctima de una enfermedad pulmonar fulminante. En 1927, con la empresa en crecimiento, los hermanos se dispersan en distintas ciudades. A Emilio le toca Buenos Aires. Van a vivir a la planta alta de una casa en Barracas, al sur de la ciudad. La terraza es amplia y los chicos la patinan de lado a lado. También les divierte saltar de cama en cama. aunque a sus padres no. Estudian en colegios de la zona. En 1937 la firma le asigna una nueva misión a Emilio: hacerse cargo de la empresa en Río Negro. Se radican en Cipolletti, donde la vida parece ser más tranquila. Las chicas están felices porque ahora sí su padre las deja ir a bailar a El Prado Español o al club. De a poco Roberto deja su rol de hermano mayor protector que les espanta los pretendientes. Le dicen que está flaco y se dedica a la gimnasia como un poseído: desarrolla tanta musculatura que el médico le advierte que pare porque si sigue así va a oprimir el corazón. Cursa las primeras materias para ser ingeniero agrónomo cuando le toca el servicio militar en Covunco, en el Regimiento de Infantería del Ejército enclavado en la bella precordillera neuquina. Sale a los tres meses como subteniente de reserva. Mientras el mundo se desangra en la Segunda Guerra, la Argentina vive tiempos agitados con los militares en el poder y un joven coronel que comienza a construir su leyenda en la Secretaría de Trabajo: Juan Domingo Perón. Lejos de la convulsionada Buenos Aires, Gasparri es convocado otra vez a Covunco, donde permanece otros 19 meses. Al terminar sus estudios, su padre lo premia con un viaje por Estados Unidos. Recorre, mira y aprende, como hará cada vez que visite otro país. Al regresar se incorpora a pleno a la empresa familiar. Por entonces los Gasparri, que han comprado una chacra de 60 hectáreas a la que han bautizado "La Juana" en homenaje a la madre, se asocian con los Toschi en la producción de manzanas. Montan una pequeña planta de empaque en Cipolletti, aunque luego la sociedad se disuelve. Con el auge del mercado interno, los años '50 son tiempos de expansión para ellos. Adquieren más chacras: "San José" (25 hectáreas), "San Emilio" (120), "San Antonio" (40), "San Quinto" (80) y, por último, otra ubicada en Vista Alegre (60 hectáreas). Arman una nueva sociedad con los Rosauer y los Boschi, entre otros. Mientras tanto, Roberto Gasparri ya da muestras de su capacidad de liderazgo y su visión de futuro. Vive entre Buenos Aires y Río Negro y está al tanto de las últimas exigencias del Mercado de Abasto. En el verano del '52 conoce a Ana María Orozco, una maestra de Allen que pasa unos días de vacaciones en la chacra de los Menichelli, casi enfrente de "La Juana". Una tarde Roberto lleva hasta allí al ingeniero Asunción, que va a hacer estudios de suelo. No sabe que lo presentaron como un buen candidato ni que Ana María se decepciona al verlo por culpa de esos enormes anteojos que le dan el aspecto de ser mucho mayor. "Es grande para mí", les dice a sus amigas. Pronto tendrá revancha en una fiesta a la que ambos están invitados. Nace un romance que culminará con el casamiento en 1954. Tienen dos hijos: Claudio y Fernando, que pasan sus primeros años de vida en Buenos Aires, en un departamento de Congreso. El padre está poco en casa: trabaja de domingo a domingo, en Río Negro o en la capital. Arranca a las 7 de la mañana y termina a las 9 de la noche. Y cuando abre la puerta, Eddie, el Cocker blanco con manchas negras, le gruñe porque no lo reconoce. Busca momentos para compartir con sus hijos: juega al fútbol, al bowling o al ping-pong con Fernando, conversa con Claudio... Cena y se acuesta a las diez de la noche; tarda segundos en quedarse dormido. Lo suyo es la producción, las ventas, las tendencias, el futuro. Se acercan los años '60 y los fundadores de la empresa empiezan a dar un paso al costado; es el turno de las nuevas generaciones. Roberto emerge como el indicado para tomar el timón. ESTILOS Es inquieto, innovador, generoso, terco y muy exigente: no ad mite dos errores. A veces llega a las seis de la mañana al galpón en Cipolletti y revisa la planta de empaque palmo a palmo. Y cuando llegan los responsables de área los invita a caminar y les muestra las fallas que encontró. Toma una decisión clave: no escatimar un solo billete si se trata de incorporar tecnología. No le importan los costos; quiere siempre lo mejor y envía a los gerentes a Europa y a Estados Unidos a detectar nuevas máquinas, nuevos sistemas, nuevas ideas. Contra la costumbre de la época, incorpora ingenieros agrónomos. Desarrolla los bines de 450 kilos, que reemplazan a los viejos y pequeños cajones cosecheros. Es un cambio de fondo en el Alto Valle: así el proceso es más rápido y económico. Trae tractoelevadores de Estados Unidos, les pide a firmas locales que los fabriquen y con ellos la cadena productiva es aún más rápida. Tecnifica las plantas de empaque y cambia los platillos de lona por otros de plástico, más higiénicos. Y hace otro aporte fundamental, con la construcción de la sala frigorífica más grande de Sudamérica. Sabe que el mejor negocio es guardar parte de las manzanas y las peras en frío para venderlas en contraestación en el mercado interno o en Brasil. -Tenemos que estar cuando nadie está -explica. Y esa estrategia le da excelentes resultados. Hincha de Boca, juega de centrodelantero en los picados de la empresa y muestra su olfato para el gol. No se pierde los asados de los viernes con los colaboradores ni los célebres de fin de año con todo el personal, con regalos y sorteos. Otorga préstamos para construir viviendas para los empleados y le dice al médico de la empresa y personal, Raúl Olavegogeascoechea, que la empresa se hace cargo de los accidentes laborales y que no hay que reparar en gastos si algún operario o sus familiares deben ser trasladados a otras provincias para ser atendidos. A fines de los años '60 va por más. Quiere sumar tierras, expandirse. Sobrevuela Río Colorado en una avioneta pero algo no lo convence. Recuerda aquel consejo de su padre y opta por El Chañar. El 31 de diciembre de 1969 alza su copa y brinda con una frase que lleva su sello:"Este año va a ser nuestro". Con la conquista del desierto neuquino se acerca la etapa más vertiginosa de su vida. Días de ilusiones y de hazañas, de aciertos y de errores, de brillo en los ojos con cada metro ganado. No intuye que luego vendrán tiempos de injusticias, deslealtades y traiciones. 
 *Suplemento Rural Diario Río Negro, sábado 6 de diciembre de 2008.