GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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jueves, febrero 22, 2024

Franco Scattolo, El Tano de Villa Regina, pudo estudiar arquitectura gracias al esfuerzo de su padre, aunque decidió ser fruticultor: Hoy dice “mis hijos me dan esperanza”.


Franco Scattolo.
Franco Scattolo, El Tano de Villa Regina, pudo estudiar arquitectura gracias al esfuerzo de su padre, aunque decidió ser fruticultor: Hoy dice “mis hijos me dan esperanza”.

Franco Scattolo (60 años) habla italiano a la perfección y se presenta como “un tano de alma, emprendedor de frutas en el Alto Valle”. Su primera chacra queda a sólo 7 kilómetros de Villa Regina, en el Alto Valle de Río Negro, y vive en esa localidad. La llaman La Perla del Valle y es sede de la Fiesta Provincial de la Vendimia. Alrededor de ella predomina el cultivo de peras, manzanas y uvas, con una fuerte agroindustria que procesa las frutas.

Comienza Franco a recordar: “Mi papá, Ángelo Bruno, de joven, en Véneto, Italia, estaba de novio y ya tenía sus ahorros para construir su propia casa, cuando sobrevino la guerra y fue prisionero de los alemanes, pero sobrevivió. Una vez libre, se percató de que sus mismos ahorros no le alcanzaban para comprarse un par de zapatos. Le prometieron un trabajo en el ferrocarril, pero nunca se lo dieron y se enojó. Decidió venirse, sin un peso, a la Argentina. Así fue como vino a Villa Regina, donde lo esperaba un primo. Ahorró con sus primeros trabajos y le devolvió el dinero del pasaje a mi abuelo, y después le envió para el pasaje a su esposa, Virginia Biasi”. 

“Mi padre la esperó en Buenos Aires e hicieron 46 horas en tren hasta Regina. Muchos años después, mi madre recordaba con risas que, en aquel viaje, observando ella el ganado en las pampas le preguntó a mi padre dónde lo guardaban de noche…” –también se ríe Franco.

Y continúa: “Aquí nacimos sus tres hijos y mi padre nos enseñó el valor del sacrificio. Recuerdo que además, nos controlaba si teníamos las uñas limpias. El oficio de mi padre era de maestro mayor de obra y recorrió kilómetros en bicicleta construyendo las compuertas y puentes en las chacras, para el sistema de riego que se venía instalando para la fruticultura en el Valle de Río Negro. Después se compró una moto y en ella iba a construir casas”.

“Con mucho sacrificio, mi padre Bruno decidió comprarse una chacra. Como se hacía mucho tomate para industria, plantó tomates. Y después, frutas de carozo, ciruelas y especialmente, duraznos. Plantó dos vides con el objeto de hacer vino para consumo familiar, aunque le vendía algo a un par de bodegas. Añoro los tiempos de vendimia, cuando cosechábamos y luego hacíamos vino. Además, papá carneaba uno a dos cerdos al año para hacer sus propias facturas de chacinados y embutidos caseros. Trabajó hasta los 84 años con la pala al hombro y regando, porque era lo que lo mantenía vivo. Él pensaba que los que tocaban la guitarra y tomaban mate, eran vagos”, se ríe, Franco.

Y continúa: “Aquí nacimos sus tres hijos y mi padre nos enseñó el valor del sacrificio. Recuerdo que además, nos controlaba si teníamos las uñas limpias. El oficio de mi padre era de maestro mayor de obra y recorrió kilómetros en bicicleta construyendo las compuertas y puentes en las chacras, para el sistema de riego que se venía instalando para la fruticultura en el Valle de Río Negro. Después se compró una moto y en ella iba a construir casas”.

“Con mucho sacrificio, mi padre Bruno decidió comprarse una chacra. Como se hacía mucho tomate para industria, plantó tomates. Y después, frutas de carozo, ciruelas y especialmente, duraznos. Plantó dos vides con el objeto de hacer vino para consumo familiar, aunque le vendía algo a un par de bodegas. Añoro los tiempos de vendimia, cuando cosechábamos y luego hacíamos vino. Además, papá carneaba uno a dos cerdos al año para hacer sus propias facturas de chacinados y embutidos caseros. Trabajó hasta los 84 años con la pala al hombro y regando, porque era lo que lo mantenía vivo. Él pensaba que los que tocaban la guitarra y tomaban mate, eran vagos”, se ríe, Franco.

“Fui a una escuela técnica salesiana –sigue ‘El tano’ recordando- y me gustaba jugar al fútbol, pero a veces no podía porque tenía que cosechar con mi padre. La chacra, al principio, no me atraía, pero después me empezó a gustar. Iba caminando al colegio con 6 a 8 grados bajo cero, aunque lloviera. La tierra con el hielo se ponía como cemento. Después, hice la colimba en Comodoro Rivadavia, me casé en 1983 y no conseguía trabajo. Cuando mi ex esposa quedó embarazada, decidí irme con ella, a trabajar al Mercado de Productores y Abastecedores de Santa Fe, donde me quedé seis años, porque ya había estado allí y tenía muy buenos amigos. En aquella ciudad, con 23 años, fui papá y en un par de años había logrado ser dueño de un puesto en el Mercado. Para ello me ayudaron mucho, ‘Bichi’ Mazucca y el gordo Cordó”. 

“Comercializaba frutas de carozo y de pepita. Luego empecé a viajar para conocer otros mercados de mi país. El primero que sale al mercado con sus frutas es el de Jujuy, después el de San Pedro, le sigue el de San Juan, posteriormente Mendoza y finalmente Río Negro. Estuve 6 años y de paso estudié arquitectura, me recibí, pero al volver a Regina, nunca ejercí. Me di cuenta de que había estudiado por mi padre, pero me tiraba más su imagen en la chacra, y sus relatos de cuando cultivaban duraznos en Italia con mis abuelos”, afirma.

Franco relata sus comienzos, ya de vuelta en su pago: “Poco a poco logré comprar cuatro chacras, con un total de 40 hectáreas, alrededor de Regina. Empecé plantando frutas de carozo, duraznos, pelones, ciruelas. Después sumé frutas de pepitas, peras y manzanas. Acá aún regamos a manto y nos manejamos con el ‘tomero’. Registré mi marca ‘Sol Patagónico’ en 1989. Vino la época de Menem y me metí en una cédula hipotecaria que me costó mucho pagarla y logré salir como gato entre la leña. Casi pierdo todo. No me agarró el corralito porque no tenía ni un peso”.

“Comercializaba frutas de carozo y de pepita. Luego empecé a viajar para conocer otros mercados de mi país. El primero que sale al mercado con sus frutas es el de Jujuy, después el de San Pedro, le sigue el de San Juan, posteriormente Mendoza y finalmente Río Negro. Estuve 6 años y de paso estudié arquitectura, me recibí, pero al volver a Regina, nunca ejercí. Me di cuenta de que había estudiado por mi padre, pero me tiraba más su imagen en la chacra, y sus relatos de cuando cultivaban duraznos en Italia con mis abuelos”, afirma.

Franco relata sus comienzos, ya de vuelta en su pago: “Poco a poco logré comprar cuatro chacras, con un total de 40 hectáreas, alrededor de Regina. Empecé plantando frutas de carozo, duraznos, pelones, ciruelas. Después sumé frutas de pepitas, peras y manzanas. Acá aún regamos a manto y nos manejamos con el ‘tomero’. Registré mi marca ‘Sol Patagónico’ en 1989. Vino la época de Menem y me metí en una cédula hipotecaria que me costó mucho pagarla y logré salir como gato entre la leña. Casi pierdo todo. No me agarró el corralito porque no tenía ni un peso”.

“Me fui acomodando hasta que hoy, comúnmente contrato 18 a 20 cosechadores, 6 a 8 podadores, 12 a 15 raleadores, y tengo 4 empleados permanentes. Hacemos cultivos anuales. Producimos 200.000 kilos de fruta de carozo y 500.000 kilos de fruta de pepita, por año”. 

Scattolo entra en detalles: “El carozo no es como la pepita, porque hay que tener más cuidado con las heladas, pero lo tenés que vender enseguida. Y la cantidad que se produce por hectárea, es menor, aunque los gastos son menores, vendés y colocás. La manzana y la pera se almacenan y se venden durante el año. Alquilo cámaras de frío a un frigorífico. Vendemos a los mercados centrales de Buenos Aires, Paraná, Santa Fe, Córdoba capital, Río Cuarto y Guaymallén”. 



Y Franco fue por más: “Un día vi que los damascos de San Juan y de Mendoza no eran buenos y empecé a investigar el tema, las variedades, hasta que seleccioné a dos, búlida y orange, y aposté a ellas. Probé de cosecharlos con mujeres, porque son más detallistas. La cosecha de damascos es muy violenta, porque debe hacerse de modo muy rápido, ya que si se te pasan, los tenés que tirar, porque no llegarán al Mercado. Para el mercado interno hay que buscarles el punto justo de maduración de azúcar por sobre la acidez, un sabor de excelencia. Nosotros no exportamos –aclara-. Se hacen tres cosechas de tres días. Acá no abunda esta producción, porque lleva mucho tiempo aprender a manejarlo, y producirlo cuesta caro”. 

Franco cuenta una técnica curiosa: “Durante las heladas tardías que comienzan en agosto, cuando empieza la floración, tenemos por las noches entre 4 y 7 grados bajo cero. Y durante el día, unos 20 a 21 grados de máxima. Cuando la temperatura ambiente va a empezar a bajar de cero, cubrimos las flores con agua por aspersión, para que se vayan congelando, a fin de que su núcleo -que es el fruto que se está cuajando, y el cual es pequeñito y, en su mayoría, acuoso- no baje del grado cero y no se hiele. Con este clima de temperaturas extremas, estamos teniendo noches en enero en que hacen 30 grados y la fruta sigue madurando sin sol, y eso la perjudica”, señala Franco.   

Y Franco fue por más: “Un día vi que los damascos de San Juan y de Mendoza no eran buenos y empecé a investigar el tema, las variedades, hasta que seleccioné a dos, búlida y orange, y aposté a ellas. Probé de cosecharlos con mujeres, porque son más detallistas. La cosecha de damascos es muy violenta, porque debe hacerse de modo muy rápido, ya que si se te pasan, los tenés que tirar, porque no llegarán al Mercado. Para el mercado interno hay que buscarles el punto justo de maduración de azúcar por sobre la acidez, un sabor de excelencia. Nosotros no exportamos –aclara-. Se hacen tres cosechas de tres días. Acá no abunda esta producción, porque lleva mucho tiempo aprender a manejarlo, y producirlo cuesta caro”. 

Franco cuenta una técnica curiosa: “Durante las heladas tardías que comienzan en agosto, cuando empieza la floración, tenemos por las noches entre 4 y 7 grados bajo cero. Y durante el día, unos 20 a 21 grados de máxima. Cuando la temperatura ambiente va a empezar a bajar de cero, cubrimos las flores con agua por aspersión, para que se vayan congelando, a fin de que su núcleo -que es el fruto que se está cuajando, y el cual es pequeñito y, en su mayoría, acuoso- no baje del grado cero y no se hiele. Con este clima de temperaturas extremas, estamos teniendo noches en enero en que hacen 30 grados y la fruta sigue madurando sin sol, y eso la perjudica”, señala Franco.   

“Cada 20 días aplicamos un protector solar sobre los frutos, con el cual aminoramos el daño por un exceso de sol. A medida de que va creciendo el fruto, va perdiendo cobertura y por eso debemos volver a aplicarlo cada 20 días. Hemos tenido en lo que va de este verano, temperaturas máximas de 39 grados y por las noches suele bajar 15 a 20 grados”, indica el tano fruticultor. 

Lo bueno es que Franco no está solo: “En 2016, mi hijo Ricardo (33), recibido de ingeniero agrónomo en la UBA, le propuso a su novia venirse a trabajar en la chacra y aceptó. Como ella es paisajista, además pusieron un vivero. Después mi otro hijo Flavio (36), que estudió administración, en 2018 estaba cansado de vivir en Buenos Aires y decidió volver. Hoy me ayuda en la parte administrativa y la comercialización. Mi hijo Franco Andrés (40) es médico en General Roca, pero los días que no tiene guardias se viene a ayudarnos en la chacra. Gabriel (32) es economista y desde Buenos Aires nos asesora en todo lo financiero o para contratar un seguro. Ricardo se ocupa de la producción y yo quedé como gerente. Lo bueno es que, si no estoy, ahora la empresa con mis hijos funciona igual o mejor que cuando estoy”, declara el fruticultor, lleno de orgullo. Franco advierte que “la fruta de pepita es como una ficha de casino, una timba, porque la cosechamos en abril y tardamos 8 a 9 meses en venderla. Cada semana vamos empacando y enviando al mercado, dependiendo de la situación financiera del país, del tipo de cambio, porque todos los insumos nos cuestan en dólar blue y vendemos en pesos, una locura. El desafío consiste en disponer de fruta cuando vale bien, ya que se rige por la ley de oferta y demanda. Este año, con la manzana y la pera, o perdimos plata o apenas salimos sin perder, pero no ganamos”. 

El tano Scattolo reflexiona: “Yo hoy me pregunto por qué sigo haciendo esto, pero me doy cuenta de que no lo voy a abandonar. Además, si llegáramos a parar la producción, la chacra se caería a causa de una helada, o por una plaga como la carpocapsa, o por el piojo de San José, o la arañuela, o la cochinilla, y tardaríamos 4 o 5 años en recuperarnos”. 

Y culmina el tano Scattuolo: “Me da mucha pena saber que los jóvenes se van de nuestro país. Frente a esto, mis hijos me dan esperanza. Tenemos un país maravilloso, una juventud hermosa, con un potencial enorme y creo que es la que logrará el cambio, porque viene con otra mentalidad. Esfuerzo, sacrificio, perseverancia, y amar lo que hacés, son la clave”.

Publicado en BICHOS DEL CAMPO.

Imágenes: Bichos del Campo. Por Esteban “El Colorado” López.

https://bichosdecampo.com/

https://bichosdecampo.com/franco-scattolo-el-tano-de-villa-regina-pudo-estudiar-arquitectura-gracias-al-esfuerzo-de-su-padre-aunque-decidio-ser-fruticultor-hoy-dice-mis-hijos-me-dan-esperanza/

sábado, septiembre 11, 2021

Las hermanas de Allen que defendieron sus tierras y enfrentaron a los ocupantes Durante tres días, 150 familias tomaron siete hectáreas de su propiedad. Beatriz y Mariela, que ya sufrieron una usurpación hace cuatro años, esta vez sacaron postes y alambres a los gritos. Su valentía conmovió a toda la región y se logró un desalojo pacífico.

 

Beatriz Tarifa y su hermana Mariela no dejan de emocionarse cuando recorren su chacra en Allen que recuperaron con mucha valentía tras una toma de tierras que duró tres días. Cuando se enteraron de que los usurpadores llegaron el sábado 4 ellas no dudaron y fueron a enfrentarlos cara a cara.

Mariela, con sus manos, tiró varios de los postes y carteles de madera que ya tenían escritos apellidos, mientras su hermana Beatriz les gritaba para que se fueran.

Los medios registraron esos momentos dramáticos cuando desafiaron a las más de 150 familias que estaban ocupando sus tierras en el acceso del barrio Costa Oeste.

Esta determinación se viralizó en las redes y conmovió a la región. Incluso desde la Federación de Productores de Fruta de Río Negro y Neuquén convocaron a un desalojo con tractores si la justicia no daba una pronta respuesta.

Luego de una dura negociación en la que tuvieron que mostrar los títulos de su propiedad, los ocupantes se fueron el martes tras firmar un acta para acceder a lotes sociales.

“Cuando se fueron sentí que tocaba el cielo con las manos, nos abrazamos y lloramos, estuvimos allí hasta que no quedó nadie”, expresó con lágrimas Mariela.


Una chacra con historia


Beatriz, junto con su madre Leonor, contaron cómo llegó la familia Tarifa a Allen.

Su abuelo José ingresó al país a los 16 años desde Granada, España, con su hermano Francisco, escapando de la Primera Guerra Mundial que sacudía a Europa.

Los Tarifa se casaron con otras dos hermanas españolas.

El abuelo de Beatriz y Mariela primero trabajó en el Dique Ballester de cocinero y, luego, con su hermano compraron 50 hectáreas en Allen en el extremo sur de la Ruta 22, en las cuales se dedicaron a la fruticultura. Allí construyeron una casa grande en la que vivían todos.

Luego de que murió Francisco Tarifa, a las tierras las dividieron: 25 hectáreas para cada familia.

El abuelo de Beatriz tuvo seis hijos, entre ellos su papá, que también se llamó José y continúo produciendo la tierra. Con los años compró la parte de sus otros hermanos.

Su padre si bien amaba la fruticultura, no quiso que sus hijas se dedicaran a la actividad por la crisis que hace décadas afronta el rubro.

Vivian, Beatriz, Mariela y María Inés heredaron en 2009 estas hectáreas. Aunque las hermanas se dedicaron a otras profesiones nunca perdieron el amor por esta tierra. Pero hace cuatro años empezaron las tomas y en la primera perdieron 7 hectáreas donde hay construidas viviendas.

Después, con un plan del Funbapa, se sacaron todos los frutales y plantaron alfalfa en unas hectáreas. También un cuadro de peras nuevo de variedad Packham. “Lo quemaron durante la toma”, contó Beatriz.

Negociación y lágrimas.


El sábado comenzó la usurpación.

Beatriz y Mariela encabezaron la lucha por su tierra, pero no estuvieron solas. Además de familiares y amigos, el presidente de la Federación de Productores de Río Negro y Neuquén, Sebastián Hernández y desde la Cámara de Productores Agrícolas de Fernández Oro acompañaron a las damnificadas.

El martes llegó el jefe de la Policía Osvaldo Tellería y el ministro de Desarrollo Humano Juan José Deco. Ese día fue marcado por negociaciones entre los usurpadores y los funcionarios.

“Cuando vi el acompañamiento de vecinos y productores no paré de llorar. Fuimos a sacar copias de los títulos de propiedad que teníamos que mostrar a los ocupantes y la chica de la fotocopiadora no me las quiso cobrar”, recordó Mariela.

Cerca de las 15 comenzaron a salir en grupos los usurpadores.

Beatriz contó que no quieren que se instale ninguna torre de petróleo por el impacto ambiental. Las hermanas están esperanzadas de que sus hijas puedan producir la chacra.

“Amamos esta tierra, mi papá nos transmitió eso. Estamos convencidas de que el valle es producción”, aseguró Beatriz.

PUBLICADO EN DIARIO "RÍO NEGRO".

https://www.rionegro.com.ar/las-hermanas-que-defendieron-sus-tierras-y-enfrentaron-a-ocupantes-1953319/

domingo, mayo 02, 2021

La familia Palmieri-Palmieri, pioneros en Roca por Beatriz Chávez.

Segunda generación de “gringos”, forjadores de trabajo genuino y de espíritu de sacrificio como todo inmigrante que se atreviera a estas tierras.

La comunicación oral y/o escrita con los descendientes de estas familias pioneras, permite reconstruir el relato de vida familiar.

Los inicios nos llevan al año 1895, cuando arribaron al puerto de Buenos Aires Constantino Palmieri y Ana Catani con sus tres hijos: Palmira, Luis y Enrique. Habían salido de Cingoli, Macerata, región de Marche, Italia. Venían con recomendaciones para ir a la estancia Fuerte Argentino en Torquinst, Buenos Aires.

Poco tiempo después arribó Pacífico Palmieri, sin relación con Constantino, llegó solo, proveniente de Filotrano, Ancona, y años más tarde lo hacen su señora Anunciata Cornelio e hijas María y Palmira. Allí trabajaron como agricultores en campos con plantaciones de trigo y otros forrajes .

En la zona de Roca estaba radicado Ramón Flores, gran emprendedor de la región, dedicado al desmonte y a administrar chacras: además, instaló la primera balsa sobre el Río Negro.

Ramón compró máquinas en Bahía, pues realizaba tareas en distintas chacras de productores que habían adquirido muchas hectáreas impulsadas la venta por la Presidencia de la Nación. Luis Palmieri, que se había especializado en el armado de esas maquinarias agrícolas y ya había conocido a otra Palmieri, María, le propone hacia 1909 casarse para venir a Roca a trabajar en el desmonte de tierras. Lo hacen con Enrique. Eran todos muy jóvenes (Luis, que era el mayor, tenía 21 años). Se lanzaron a un destino incierto, con los sueños intactos, buscando alguna casilla para vivir y soportar las inclemencias del tremendo viento patagónico.

Ramón Flores le ofreció a Luis casilla y sueldo para que trajera a su familia, por eso también vinieron sus padres, Constantino y Ana. En Torquinst quedó Palmira, la hermana de María, que se había casado con Pedro Rossini.

Para 1910 los Palmieri se instalaron en un paraje llamado Las Cañitas, y allí Luis trabajó en la chacra el señor Juan José Paso, desmontando y emparejando su chacra, donde realizó las primeras plantaciones de manzanas y viñas.

Hacía varios años que se habían establecido muchos pobladores y productores principalmente españoles e italianos, y ya había bodegas como la Canale, Freydoz, Runge, Kauffmann, Zevallos, cada una con sus viñedos. Los vientos azotaban la casilla de madera en donde vivían, y la Nona María contaba que debían cubrir los platos con trapos o pañuelos para que no se llenaran de tierra. Ella les cocinaba a los peones.

En Las Cañitas construyeron un pequeño rancho de adobe como primera vivienda y allí nació Alejandro en 1912.

Luego de unos años trabajando en la chacra de Paso, los hermanos Palmieri le propusieron elaborar un poco de vino para cuenta propia, así le podían comprar la chacra. Así fue: en marzo de 1921 firmaron el contrato de compraventa. De este modo empezaron con la elaboración de vino que almacenaban en bordalesas en un galpón-rancho hecho de ramas de álamos.

Luego, en 1923, hicieron un cuerpo de bodega en mampostería, con piletas de cemento, cubas y toneles de roble: comenzaron con envíos fuera de General Roca (a Bahía Blanca). Si bien Luis y Enrique contaban con un libro de referencia, Principii della viticoltura, fueron guiados en el inicio por Valentín Serati, propietario de la bodega El Trébol. La foto nos muestra épocas de vendimia. La bodega de los Palmieri se fue ampliando, la chacra se pobló de hijos, pero Luis falleció muy joven y quedaron María (40 años) y Enrique.

El mayor de los hijos tenía 19 años, el menor 3. Luego de Alejandro nacieron Alfredo, Rosa, Rómulo, Aurelio, Remo, Irma, Laura, Amalia y Dante. Se educaron en el Colegio Padre Stefenelli, Escuela N° 32, Colegio María Auxiliadora. Ellos fueron segunda generación de “gringos”, forjadores de trabajo genuino y de espíritu de sacrificio como todo inmigrante que se atreviera a estas tierras.

Numerosas anécdotas echan luz a esta narración de más de 100 años, en la que se entrecruzan historias ejemplares de vida, y tanto la bodega como la casa se mantienen en pie, como símbolo testigo de trabajo fecundo de Luis, María, Enrique e hijos.

Carta de lectores publicada en Diario "Río Negro", domingo 2 de Mayo del 2021.

https://www.rionegro.com.ar/la-familia-palmieri-palmieri-pioneros-en-roca-1795393/

miércoles, noviembre 18, 2020

El mejor vino del mundo se hace acá: Pinot Noir Treinta y Dos 2018, de Bodega Chacra.

 


El mejor vino del mundo se hace acá: Pinot Noir Treinta y Dos 2018, de Bodega Chacra.

El Pinot Noir 2018 Chacra Treinta y Dos, de la bodega Chacra, de Piero Incisa della Rochetta fue elegido el mejor del mundo. Qué dice el italiano que encontró en Mainqué su lugar en el mundo para crear el vino favorito de este 2020.

Acá nomás, en una bodega que se confunde con la barda norte, en la pequeña localidad de Mainqué, se hace el mejor Pinot Noir del mundo. No es que lo diga su dueño, Piero Incisa della Rochetta; o el enólogo, o los que trabajan allí. Lo dice “Top 100 Wines of 2020”, el ranking que elabora el prestigioso crítico norteamericano James Suckling y que puso a esta etiqueta en el número uno de la lista. Y lo dice después de catar 1.800 vinos de todo el mundo. A Piero lo llamaron y se lo dijeron: su pinot Noir, Chacra Treinta y Dos, es el mejor del mundo.

Dicen que eso raramente ocurre dos veces, pero este 2020 es un año particular. Para el mundo y para Piero Incisa, este descendiente de la aristocracia italiana, cuyo escudo familiar se luce en la Fontana di Trevi, que tiene un ancestro que aparece mencionado en “La divina comedia” de Dante Alighieri, y que encontró su paraíso terrenal acá nomás, en Mainqué. A Piero, ese hombre obsesionado con el pinot noir, enamorado de los cielos de esta parte del mundo, de los vientos patagónicos, y de la salinidad del terruño, le pasó dos veces. Y dos veces en este año.

Cuando le dijeron que su vino era el mejor del mundo, Piero Incisa estaba junto al enólogo, y "los chicos" en el viñedo. "Fue un momento muy particular por un motivo especial. Si uno, alguna vez, logra que alguno de sus vinos tenga una clasificación de 100 puntos, puede sentir que ya ganó el Oscar. Eso nos pasó en abril de este año con el mismo Pinot Noir 2018 Chacra Treinta y Dos, que obtuvo los 100 puntos del ranking de Suckling. Y si eso ocurre, uno ya puede darse por satisfecho de por vida. Entonces, cuando nos llamaron para decirnos esto, fue muy muy especial. Para que se entienda: es como ganar un Oscar y la Champion League el mismo año", dice Piero, locuaz y divertido en esa lengua tan propia que mezcla los rastros de su italiano natal con el español.

Esta Champion League, como le dice él, llega después de 17 años de trabajo en este terruño que lo enamoró desde que probó, una vez, en Nueva York, un pinot Noir de la patagonia. Y que lo enamoró al punto de decidir tomarse un avión y venir hasta aquí a buscar estas tierras que ahora habita algunas partes del año. "Ustedes tienen aquí un diamante. Es la mezcla del suelo, del río que corre acá cerca, de la salinidad, de los vientos que lo hace tan especial", describe, con pasión.


Y aunque está claramente orgulloso de Chacra (siempre habla en plural, nunca en singular), dice que no se obsesiona con los premios. "No hago las cosas pensando en el resultado, sino en el camino. Y el camino lo disfrutamos entre todos los que trabajamos acá, porque este vino es el resultado del trabajo de todos. Si uno solo piensa en el resultado el trabajo resulta un calvario, en cambio cuando uno disfruta el proceso es todo placer.Para mirar para nosotros es un placer levantarse cada mañana a trabajar en la viña. Y así debe ser el vino, un placer, para disfrutar", le dice a RÍO NEGRO desde el otro lado del teléfono.

El premio, además del plural que abarca a todos los que trabajan en su terruño, dice Piero, "es un orgullo para la Argentina, para la Patagnia, para Río Negro y para Mainque, porque es un regalo líquido de este lugar para todo el mundo".

También dice Piero que si tiene que elegir unas pocas palabras para definir el vino campeón, diría: "Floreal, transparente, energético, mineral y simplemente delicioso", así, sin hablar de taninos ni de reminiscencias en el paladar. Así dice Piero sobre su vino, el que este 2020 ganó el Oscar y la Champion League.

Lo que dice la elección:

Los 10 vinos principales de la crítica incluyen etiquetas de Argentina, Alemania, Italia, Austria, Australia y Chile, la mitad de los vinos blancos, una selección increíblemente diversa y un reflejo de la visión cada vez más amplia del "buen vino" como categoría.

Los vinos anteriores del año de Suckling han tendido a gravitar alrededor de Burdeos, Napa o su amado Brunellos .

Su elección del Pinot Noir ‘Patagonia Treinta y Dos 2018’ de Chacra (cuando se plantaron las vides en 1932) este año es algo sorprendente, aunque parece confirmar su incipiente historia de amor con los vinos sudamericanos.

Más sorprendente aún es el hecho de que también haya elegido un vino "natural"; procedente de viñedos cultivados biodinámicamente, con crianza predominante en hormigón y barricas de roble segundo, tercero, cuarto y quinto llenado, fermentado espontáneamente con levaduras naturales y sin filtrar antes del embotellado.

Suckling explicó que no solo era un "vino maravilloso" digno de su etiqueta de 100 puntos, sino que también encapsulaba una serie de otros puntos que han ganado en importancia en la elaboración del vino hoy en día, que representan: "valor asombroso, producción ambientalmente responsable y sostenible, carácter claro y transparente que refleja su ecosistema, y ​​una potabilidad increíble ”.


El vino número uno del mundo, el de 2018, puede llegar a costar 25.500 pesos.
Publicado en Diario "Río Negro", 18/11/2020.

https://www.rionegro.com.ar/el-mejor-vino-del-mundo-se-hace-aca-pinot-noir-treinta-y-dos-2018-de-bodega-chacra-1575106/

Imágenes: Diario "Río Negro".

jueves, mayo 30, 2019

Gasparri ya descansa en el pueblo que creó: El Chañar. Las cenizas de quien creó el polo productivo a orillas del río Neuquén fueron trasladadas por su familia desde Córdoba para descansar en el mirador del pueblo.


La familia de Roberto Gasparri trasladó desde Córdoba hacia San Patricio del Chañar las cenizas del creador del emprendimiento productivo que nació reconvertido a orillas del río Neuquén.
Los familiares se congregaron junto a autoridades municipales en el mirador de la ciudad, para depositar allí una urna con las cenizas.
Este lugar había sido elegido por él mismo junto a su esposa como el sitio final donde descansarían sus restos al final de sus días.
Según informó la municipalidad de San Patricio del Chañar, ese lugar había sido elegido por la pareja en momentos en los que nacía San Patricio del Chañar y desde allí podía verse a la distancia, el movimiento de una ciudad pujante.
De la misma manera, el propio Gasparri había propuesto la entronización de la Virgen en ese lugar, para que los devotos al pasar, puedan tener allí un espacio destinado a la meditación.
El intendente de la ciudad Ramón Oses dijo que “tener entre nosotros a don Roberto Gasparri es asumir que uno pertenece al lugar donde deja su corazón, donde uno deja el sudor que persigue los sueños y donde uno mira más allá del tiempo presente. Donde uno contempla que esta tierra que pisamos nos pertenece a nosotros, a nuestros hijos, y a todo aquel que no duda en trabajar incansablemente para levantar un país en cualquier lugar, por más remoto que sea”. 
El mandatario local acompañó a Ana María Orozco, viuda de Gasparri, familiares y amigos, en este íntimo y a la vez histórico momento.
De la misma manera, el propio Gasparri había propuesto la entronización de la Virgen en ese lugar, para que los devotos al pasar, puedan tener allí un espacio destinado a la meditación.
El intendente de la ciudad Ramón Oses dijo que “tener entre nosotros a don Roberto Gasparri es asumir que uno pertenece al lugar donde deja su corazón, donde uno deja el sudor que persigue los sueños y donde uno mira más allá del tiempo presente. Donde uno contempla que esta tierra que pisamos nos pertenece a nosotros, a nuestros hijos, y a todo aquel que no duda en trabajar incansablemente para levantar un país en cualquier lugar, por más remoto que sea”. 
El mandatario local acompañó a Ana María Orozco, viuda de Gasparri, familiares y amigos, en este íntimo y a la vez histórico momento.
Publicado en Diario "Río Negro", 30/05/2019.

El homenaje a Roberto Gasparri, creador de El Chañar.

“Ya hicimos lo posible, ahora vamos por la utopía”. Ana María Orozco, viuda de Roberto Gasparri, y su hijo Fernando recordaron una de las máximas del ingeniero en su casa de Río Cuarto durante la visita del intendente de San Patricio del Chañar, Ramón Soto, como parte del reconocimiento al visionario que desarrolló una colonia agrícola de 11.000 hectáreas en el desierto neuquino y que se fue del Valle después de una polémica quiebra y sin un solo metro de tierra.

El intendente de San Patricio del Chañar, Ramón Soto, visitó días pasados en Río Cuarto a Ana María Orozco, viuda de Roberto Gasparri. Le entregó un mapa de la ciudad enmarcado en el que se destaca la calle principal que lleva el nombre del ingeniero desde hace cinco meses, una plaqueta recordatoria, la carta de la escuela secundaria que también quiere tomar el nombre del ingeniero, otra misiva de un antiguo empleado de la empresa y diez ejemplares del libro “El visionario”, la biografía. La dueña de casa estaba acompañada por su hijo menor, Fernando.
El viaje del jefe comunal a la ciudad cordobesa fue una prolongación del homenaje que el 13 de noviembre de 2009 realizó la municipalidad a Roberto Gasparri. El ingeniero –como todos le decían– fue uno de los grandes innovadores de la fruticultura regional y el emprendedor que desarrolló una colonia agrícola en el desierto neuquino a partir de 1969 al transformar alrededor de 11.000 hectáreas de monte virgen en una rica zona productiva.
Los préstamos con altos intereses a corto plazo para financiar un proyecto a largo plazo, la década de la Convertibilidad que asfixió a la fruticultura en la región, su voluntad de invertir en El Chañar contra viento y marea y la decisión del Banco de la Provincia del Neuquén de negarse al concurso de acreedores son algunas de las razones que lo arrastraron a la quiebra. Por entonces, el presidente del BPN era Luis Manganaro, cuyo padre había sido despedido de Gasparri Hermanos tras una fuerte discusión con el gerente general.
En esta historia de paradojas, el BPN, que había jugado un rol fundamental en los años ‘70 con créditos a los compradores de chacras de entre 5 y 10 hectáreas, le bajó el pulgar a Gasparri por deber 5.000.000 de pesos en concepto de capital y 11.000.000 de intereses, pero luego abrió el grifo con préstamos en condiciones muy ventajosas a los proyectos bodegueros concretados en parcelas mucho más extensas en la tercera etapa. Esos créditos, luego refinanciados y trasladados a la órbita del IADEP -que a su vez otorgó más préstamos- superan los 400.000.000 de pesos, con tasas mucho más bajas que las que pagó quien invirtió todo su capital en desarrollar la zona.
Pocos días después de la quiebra en 2001, la familia Gasparri dejó Cipolletti y se radicó en Río Cuarto. “Queríamos sacar rápido a papá del Valle. Le hacía mal quedarse ahí”, recuerda Fernando, quien pronto abrió un negocio de todo por dos pesos en la ciudad mediterránea. Su padre, quien alquiló junto a Ana María un departamento de dos ambientes, se ocupó de recibir las bolsas que entregaban los clientes al entrar al comercio. Pero cuando el local cerraba sus puertas revisaba el stock, sacaba conclusiones y proponía estrategias de crecimiento. Así fueron sus días hasta que enfermó, debió usar silla de ruedas y pasar a un departamento de tres ambientes más amplio para que pudiera circular en ella. Falleció a los 82 años el 14 de noviembre de 2004, en una ciudad ajena a su historia.
Recuerdos.
“Qué feliz era Roberto cuando se ocupaba de las chacras y no de los números”, comentó Ana María en el comienzo de una larga serie de recuerdos.
“El volvía de un viaje, se iba a recorrer las chacras y de repente le decía al ingeniero Teixé: ‘¿Cómo está la planta 4 de la fila 3?’ Era como si tuviera la foto en la cabeza”, agrega. Invita café con leche con medialunas y continúa: “El Chañar era su gran orgullo y le encantaba llevar a sus visitantes a recorrerlo. Una vez trajo a la gente del Mercado Central de Buenos Aires. Los tuvo seis horas de aquí para allá en el calor de febrero. No volvieron nunca más, claro (se ríe). Pero él no se cansaba nunca de caminar esas tierras”.
La historia de un sobrino que militaba en la radicalizada Juventud Peronista de los 70 se lleva un tramo del relato. “Desde Buenos Aires criticaba a la empresa y decía que eran unos explotadores. Después vino a conocer, habló con los empleados, vio las condiciones de trabajo, que la gente tenía su casa, su auto. Y le dijo a Roberto: ‘La verdad es que no está tan mal…’”
Es el turno de Fernando: “La idea de la colonia agrícola era buena, pero quizás era más apropiada para otro país, sin tantos cambios en las reglas de juego y en las políticas económicas. O por lo menos era una idea para otra dirigencia política…”
Bebe un sorbo de café y enciende un cigarrillo rubio. Sigue: “Cuando yo tenía 11 años nos mandó aprender a cosechar. Mi hermano Claudio era dos años más grande y mucho más alto en aquel momento, así que no tenía que pedir ayuda para mover la escalera como yo. Recuerdo la cara de orgullo de papá el día que se instaló la primera bocatoma en el río Neuquén, fundamental para el riego, su alegría en el asado de la inauguración. Quiso a El Chañar como su otro hijo. Una de las últimas cosas que hizo allá fue denominar Canal San Emilio al del la tercera etapa. Es el nombre de mi abuelo. Y el de mi hijo”.
Ahora habla Ana María: “Una sola vez volvió a El Chañar. Quería hablar con alguien a quien llamaba y llamaba, pero como no lograba que le atendiera el teléfono, decidió ir. Cuando volvió, me dijo: ‘No sabés qué lindo está todo. Las chacras, los viñedos, las bodegas. Nosotros no hubiéramos podido hacerlo, nosotros no teníamos apoyo”.
Retoma Fernando: “Siempre le importó la investigación. Por eso trajo a los profesionales de la universidad que detectaron la presencia de bentonita en las tierras de la tercera etapa. También estuvo un especialista israelí en riego por goteo. Quería lo mejor para San Patricio. Por eso había escrito esta frase en su escritorio: ‘Ya hicimos lo posible, ahora vamos por la utopia”.
Pese a que los Gasparri nunca quisieron volver a El Chañar después de la quiebra, tienen ganas de regresar el próximo 21 de mayo, cuando la escuela secundaria pase a denominarse Ingeniero Roberto J. Gasparri.
“No tengo problemas en cruzarme con nadie, excepto con una persona”, dice Fernando, que hoy se gana la vida con un polirubro en Oberá, Misiones. La referencia es hacia Julio Viola, un uruguayo que empezó como cadete bancario en otra de las firmas en las que participaba la familia (Jugos Cipolletti) y más tarde fue el operador inmobiliario que por pedido de Roberto Gasparri empezó a vender los lotes de la tercera etapa de El Chañar en 1996. Viola asegura que después compró esas tierras en 3.200.000 dólares, según un reportaje que concedió a la revista “Fortuna” en la que se presenta como un pionero que construyó un canal de riego de 20 kilómetros y cientos de kilómetros de caminos. “Era esto o nada, y apostamos todo lo que tenía la familia en este proyecto”, dijo a la publicación.
Hoy es dueño de la Bodega del Fin del Mundo, que recibió de la provincia préstamos por 148.000.000 de pesos, parte de ellos para el rubro marketing. La bodega logró que The New York Times la destacara e incluyera a San Patricio del Chañar en el segundo lugar de 31 sitios recomendados para visitar en todo el mundo durante 2010.
“Hace diez años –dice el artículo– un grupo de aventureros productores de vino posaron su mirada en un valle argentino llamado San Patricio del Chañar, un inusualmente fértil y extrañamente bello rincón de la Patagonia. Fue arado, sembrado y esperado. ¿El resultado? Una región de vino en flor con deliciosos malbec y pinot noir y bodegas de diseño elegante”.
La gaffe de uno de los diarios más prestigiosos del mundo es la última paradoja: ninguno de los recién llegados a El Chañar producía vino antes de recibir los millonarios préstamos del BPN. Y “los aventureros productores de vino que posaron su mirada en un valle hace 10 años” fueron aventajados en tres décadas por el ingeniero Roberto Gasparri.
Diario "Río Negro", 14 de Mayo de 2010.

lunes, diciembre 17, 2018

¿En qué afecta el fracking a la tierra y la gente? La socióloga Maristella Svampa contó en su libro “Chacra 51”, las consecuencias en la Patagonia de la explotación por fractura hidráulica del petróleo. ¿Riqueza o desastre ecológico?

Se podrá coincidir o no con el pensamiento de la socióloga, escritora e investigadora del Conicet Maristella Svampa, pero difícilmente podrá ponerse en tela de juicio su honestidad. Esa con la que desnuda los conflictos de su familia en su nuevo libro “Chacra 51. Regreso a la Patagonia en los tiempos del fracking”. Aquí relata con excesivo detalle y acertado clima intimista y descarnado cómo en la chacra de peras y manzanas de su abuelo, donde ella nació, en Allen (Río Negro), un primo adicto a la delincuencia común y las drogas terminó autorizando el ingreso de una petrolera para hacer fracking en una formación geológica vecina de Vaca Muerta. Las Lajas no es tan conocida como Vaca Muerta pero que permitió el inicio de la actual recuperación de la producción de gas en la Argentina. Claro que Svampa no lo celebra, ella milita contra el fracking por su impacto ambiental y sus consencuencias sociales. Y en su libro relata una cara desconocida del boom colateral de Vaca Muerta, pues su tierra no es como la menos poblada estepa neuquina, donde las torres de perforación y fractura se emplazan donde había comunidades mapuches o pequeños ganaderos caprinos. El suyo es el Alto Valle del Río Negro, tierra de la que a fines del siglo XIX fueron expulsados los indígenas y que desde entonces fue poblada por colonos españoles e italianos, como los Svampa.
La autora de “Chacra 51”, que nació allí hace 57 años , partió a los 18 a estudiar Filosofía en Córdoba, después se doctoró en Sociología en París, da clases en La Plata y ha sido conferencista en Alemania, Francia, Italia, México, Costa Rica y Canadá, ha escrito numerosos libros de ensayo sobre movimientos sociales e industrias extractivas y tres novelas. Pero su nuevo libro cuenta su regreso a Allen a los 50 años, la vuelta al “páramo”, como ella lo llama por la progresiva crisis de la fruticultura, que también supo diseminar agroquímicos ahora prohibidos, y el súbito avance de las petroleras. No es que Svampa se haya radicado de vuelta allí sino que ha comenzado a librar la lucha contra el extractivismo en su propio pueblo.
El Concejo Deliberante de Allen, con la movilización de fruticultores como el padre de Svampa, de ecologistas y el resto de la sociedad civil, llegó a prohibir en 2013 el fracking, pero a los pocos meses el Superior Tribunal de Justicia rionegrino echó por tierra esa prohibición y, con ella, el activismo popular. La socióloga hubiese deseado correr la misma suerte que donde se prohibió o suspendió la técnica de fractura del esquisto o las arenas compactas con agua y químicos, como en Francia, Bulgaria, Alemania, Gales, Irlanda, Escocia, Cantabria o el País Vasco, en municipios de estados norteamericanos como Nueva York o California, o en localidades de las provincias de Entre Ríos, Buenos Aires, Mendoza e incluso Río Negro. “La conversión de los chacareros en superficiarios (los que cobran la ‘servidumbre’ de las petroleras que explotan sus tierras) marca el ocaso de un territorio con historia casi centenaria, detrás del cual desaparecen no solo un sujeto social sino también un estilo de vida, un tejido social y cultural, simbólico y afectivo, además de los usos económicos o productivos de la tierra”, analiza Svampa.
“Hacia 2017, el Observatorio Petrolero Sur contabilizaba en Allen unos 20 accidentes ligados al fracking. A mí me duele contarlos”, entrelaza datos y sentimientos. “Sigo sin aceptar que en el pueblo donde nací haya tan baja percepción de los daños”, agrega.
El último capítulo siembra la angustia de que todo el mundo está en peligro. En él describe el Antropoceno, la nueva era geológica signada por la “sombra de la autodestrucción por la vía del ecocidio”.
Cita un informe de la ONG The Carbon Majors que indica que más de la mitad de las emisiones industriales mundiales desde 1988 corresponden a 25 empresas y entidades estatales, entre las que se encuentran las petroleras Exxon Mobil, Shell, BP y Chevron. “Las elites globales preparan su plan B para reciclar el proyecto de la modernidad capitalista sin tener que salir del capitalismo. Ese plan B se llama geoingeniería y está basado en el principio de que es posible superar los riesgos del calentamiento global a partir de una intervención deliberada sobre el clima a escala del planeta”, plantea Svampa. Pero no se resigna y propone alternativas de “solidaridad, cuidado, respeto de la naturaleza” que para muchos sonarán utópicos y para algunos, indispensables.
Por Alejandro Rebossio.
https://noticias.perfil.com/2018/12/16/en-que-afecta-el-fracking-a-la-tierra-y-la-gente/