GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...
...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

Mostrando las entradas con la etiqueta Martín Fierro.. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Martín Fierro.. Mostrar todas las entradas

domingo, noviembre 09, 2025

Es patrimonio, es fuego vivo y sagrado.

 


Es patrimonio, es fuego vivo y sagrado.

Por Jorge Martín Flores *

La Argentina celebra hoy el Día de la Tradición en honor al natalicio de José Hernández, autor célebre del Martín Fierro, obra cumbre de nuestra identidad patria y arquetípica de nuestro ser nacional, representado en el gaucho, en el hijo de este suelo, en el hombre vertical arraigado a la fe, a la tierra heredada y al espíritu de libertad responsable en la verdad. 

¿QUÉ ES TRADICIÓN?

Tradición es herencia, es legado, es el pasado viviente en el presente, es continuidad, es proyecto arraojado hacia adelante, es futuro esperanzado y arraigado como raíz de árbol.

Es patrimonio, es fuego vivo y sagrado transmitido es un tesoro recibido que como tal ha de ser custodiado, trabajado y amado, para ser nuevamente donado, gratuitamente y honradamente, dignificado, bellamente custodiado.

Y es un estilo continuamente realizado, es un sueño con sacrificio alcanzado, que con frutos genuinos y auténticos, resplandece en virtudes, intelectuales, morales y sobrenaturales; en identidad señera, en vocación de ser héroes, en llamado para ser santos.

Tradición es Patria. Tradición es amor. Tradición es don. Tradición es formar parte de la obra de la Redención.

Pues, ya enseñaba en 1911 Eugenio Dórs cuyo aforismo está grabado en la fachada norte del Casón Madrileño, llamado del Buen Retiro: “Solo hay originalidad verdadera cuando se está dentro de una tradición. Todo lo que no es tradición es plagio.” 

¿QUÉ HAY DE BUENO EN NUESTRA PATRIA?

Voy a limitarme a titular y glosar este auténtico modelo de vida argentino trazado por José Hernandez en su Canto 32 del Martín Fierro (Parte II: La vuelta del Martín Fierro). Patrimonio más actual que nunca, vigencia dada por la veracidad de sus afirmaciones y el imperioso estado de confusión, desorientación, comodidad, enajenación, internacionalización y  desontologización en el que nos hallamos inmersos:

* PRUDENCIA: “Un padre que da consejos. Más que padre es un amigo. Ansi, como tales digo que vivan con precaución: Naides sabe en qué rincón se oculta el que es su enemigo. Bien lo pasa hasta entre pampas el que respeta a la gente; el hombre ha de ser prudente para librarse de enojos; cauteloso entre los flojos, moderado entre valientes.”

* DILIGENCIA: “Aprovecha la ocasión el hombre que es diligente; y téngalo bien presente si al compararla no yerro la ocasión es como el fierro, se ha de machacar caliente”.

* SABIDURÍA: “Yo nunca tuve otra escuela que una vida desgraciada; no estrafien si en la jugada alguna vez me equivoco. Pues debe saber muy poco aquel que no aprendió nada. Hay hombres que de su cencia tienen la cabeza llena; hay sabios de todas menas, mas digo, sin ser muy ducho: Es mejor que aprender mucho el aprender cosas buenas”.

* HUMILDAD: “Las faltas no tienen límites como tienen los terrenos, se encuentran en los más buenos, y es justo que les prevenga: Aquel que defetos tenga disimule los agenos”.

* ABANDONO EN LA DIVINA PROVIDENCIA. MESURA: “Su esperanza no la cifren nunca en corazón alguno; en el mayor infortunio pongan su confianza en Dios; los hombres, sólo en uno,con gran precaución, en dos”.

* AMISTAD, LEALTAD Y HONOR: “Al que es amigo, jamás lo dejen en la estacada; pero no le pidan nada ni lo aguarden todo de él: Siempre el amigo más fiel es una conduta honrada”.

* LABORIOSIDAD: “Debe trabajar el hombre para ganarse su pan; pues la miseria, en su afán de perseguir de mil modos, llama en la puerta de todos y entra en la del haragán. Ni el miedo ni la codicia es bueno que a uno lo asalten, ansí, no se sobresalten por los bienes que perezcan, al rico nunca le ofrezcan y al pobre jamás le falten”.

* DIGNIDAD: “Muchas cosas pierde el hombre que a veces las vuelve a hallar; pero les debo enseñar, y es bueno que lo recuerden: Si la vergüenza se pierde jamás se vuelve a encontrar”.

* UNIDAD FRATERNA: “Los hermanos sean unidos, porque ésa es la ley primera; tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos pelean los devoran los de ajuera”.

* TEMPLANZA Y FORTALEZA: “El hombre no mate al hombre ni pelée por fantasía; tiene en la desgracia mía un espejo en que mirarse: Saber el hombre guardarse es la gran sabiduría”.

* JUSTICIA: “Es siempre, en toda ocasión, el trago el pior enemigo; con cariño se los digo, recuérdenló con cuidado: Aquel que ofiende embriagado merece doble castigo”.

* VERACIDAD: “Estas cosas y otras muchas medité en mis soledades; sepan que no hay falsedades ni error en estos consejos: Es de la boca de un viejo de ande salen las verdades”.

Por ello, no necesitamos copiar nada, sino ratificar con obras lo que hemos heredado. Frente a la rebelión de la nada, lo que nos queda es volver al ser.

SER ARGENTINO

Por ello, queremos concluir estas líneas para los argentinos que resisten, con los versos de Don Juan Luis Gallardo, poeta católico y argentino, de feliz memoria:

“Ser argentino, señores, es algo que acontece,

es algo que se aprende y después no se olvida,

es un temple del ánimo y una emoción que crece,

es una decisión, vigilante o dormida.

 

Es advertir de pronto nuestra alma conmovida

al oír un galope que en la tarde estremece

o al aspirar una aroma de tierra humedecida

o al ver una bandera que en el aire se mece.

 

Ser argentino, amigos, consiste, me parece,

en sentirse partícipe de una guerra perdida

y, pese a la derrota, mantenerse en sus trece.

 

Es conservar girones de gloria compartida

y es saber que algún día, si el motivo se ofrece

severos jugarnos, sobriamente, la vida”.

* Profesor de Historia.

Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/Es-patrimonio-es-fuego-vivo-y-sagrado-566036.note.aspx

jueves, febrero 20, 2025

Las razones del Martín Fierro.

 

Por Julio C. Borda *

Una de las principales razones por la que el Martín Fierro fue escrito por José Hernández, fue con el propósito de denunciar las injusticias del sistema político promovido por Mitre y por Sarmiento en perjuicio del gaucho, a quien le arrebataron su libertad, obligándolo a abandonar a su familia para marchar a la frontera con el fin de combatir a los indígenas en penosas condiciones, pues no ese criollo no contaba ni con armas, ni con vestimentas, ni con alimentos suficientes para enfrentar con dignidad a esas tribus salvajes.
 

En el célebre poema, Hernández denuncia la arbitrariedad y el abuso de esas autoridades que se aprovechaban del gaucho para humillarlo y someterlo.

MITRISMO Y SARMIENTISMO.

La filosa pluma del poeta se lanza sobre todo, contra el vencedor de la guerra de la Triple Alianza. El creador del gran poema gauchesco deja asentado su pensamiento en forma clara y rotunda al publicar en un diario montevideano, que es al mitrismo como forma de gobierno y al sarmientismo como ideología a lo que apunta el combate de este poema.

No deja de cuestionar la personalidad de Mitre en toda oportunidad que se le presenta; y así lo hace en distintas cartas publicadas en el diario La Patria durante el año 1874, donde critica sin piedad la trayectoria política de don Bartolo.

En ellas el autor del gran poema gauchesco lo acusa de perseguir y exterminar a los caudillos provinciales, y de ejercer en forma obsesiva un centralismo extremo desde Buenos Aires, anulando toda posibilidad de que las provincias fueran autónomas. Sus argumentos son sólidos y precisos, propios de un hombre que se caracteriza por ser un gran polemista y mejor escritor.

En Hernández no hay medias tintas, va hasta el hueso; no tiene prurito en condenar abiertamente aquello que considera una verdadera injusticia, y está decidido a denunciarlo a los cuatro vientos caiga quien caiga, ya sea un hombre sin influencia alguna, o un dirigente verdaderamente poderoso como en este caso lo era Mitre, a quien le cuestiona también su actuación en la Guerra contra el Paraguay, señalando que después de haber derramado a torrentes la sangre argentina desde los Andes hasta el Paraná…dirigió sus miradas al Paraguay…el Paraguay es el escándalo de la América meridional…Y Mitre es el autor de ese escándalo, el causante único de tantas lágrimas, de tanta sangre, de tanta devastación. Él hizo de la Patria un vasto campo de batalla y del Paraguay, un cementerio cubierto de bosques seculares, donde reina el silencio de las tumbas.

“LOTERIA FUNEBRE”.

Pero si hay un artículo en que el poeta defenestra al vencedor de Pavón, es el publicado en “La Patria” el 23 de octubre de 1874 y que lo titula “La bolilla negra”.

En ese duro artículo, el poeta dice, entre otras cosas, que para la República Argentina, para la República Oriental, para el Paraguay, fue "una especie de lotería fúnebre, una bolilla negra que desde el día de su aparición en la escena ha venido presagiando desgracias y amasando su fortuna política con las lágrimas y con la sangre de millares de víctimas…la sangre que se ha derramado por su causa, bastaría para teñir de rojo las aguas de los caudalosos Uruguay y Paraná. ¡Es el último de los grandes malvados!"

En cuanto a su presidencia, Hernández señala que "ha sido la más inmoral de las administraciones que ha habido en el Río de la Plata desde la emancipación hasta hoy…Mitre ha sido un cometa de sangre, un flagelo devastador, un elemento de corrupción, de desquicio y dan testimonio los huérfanos, las viudas y los inválidos. Triste hora aquella en que apareció en el cielo de la patria la figura sombría de ese personaje funesto".

Palabras de una dureza inusual dirigidas hacia quien tuvo las riendas del poder durante un largo período de tiempo.

RECONCILIACION.

Sin embargo con el correr de los años, el rechazo que siente el poeta por Mitre va cediendo, pues lo que busca es la reconciliación con su antiguo adversario.

Con ese propósito de reconciliación, Hernández le hará llegar a su viejo adversario un ejemplar de “La vuelta de Martín Fierro”, junto con una carta en donde le escribe: “Señor Bartolomé Mitre: hace 25 años que formo en las filas de sus adversarios políticos. Pocos argentinos pueden decir lo mismo; pero pocos también se atreverían como yo, a saltar sobre ese recuerdo para pedirle al ilustrado escritor un pequeño espacio en la biblioteca para este modesto libro. Le pido que lo acepte como un testimonio de respeto de su compatriota. El autor.

Mitre, olvidando los agravios recibidos, también procede con amabilidad; es así que el 24 de marzo de 1879 le envía al poeta una carta, en donde entre otros conceptos le escribe: “Martín Fierro es una obra y un tipo que ha conquistado su título de ciudadanía en la literatura y en la sociabilidad argentina. Este libro faltaba a mi biblioteca americana, y el autógrafo de su autor le da doble mérito. Agradezco las palabras benévolas de que viene acompañado… Mejor es reconciliar los antagonismos por el amor y la necesidad de vivir juntos y unidos que hacer fermentar los odios…Felicitando a Ud. por el singular éxito que ha alcanzado su libro, y que atestiguan sus numerosas y copiosas ediciones.

Una verdadera lección de grandeza y de hidalguía; luego de un estéril e inútil enfrentamiento, la reconciliación unió a estos dos viejos adversarios.

* Abogado e historiador.

Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/Las-razones-del-Martin-Fierro-556317.note.aspx

sábado, julio 27, 2024

“La América es la Patria del porvenir”.

 

JOSÉ HERNÁNDEZ*
“La América es la Patria del porvenir”

“La América tiene un gran destino que cumplir en la suerte de la humanidad. El día en que nuestras rencillas domésticas nos den lugar para pensar en cosas más serias y trascendentales que las que nos han ocupado hasta aquí, se realizará indudablemente la alianza americana y la alianza ha de producir la libertad del mundo. La América ha de ser la cuna de los grandes principios que han de producir un trastorno completo en la organización política y social de las demás naciones. Veremos cómo se portan nuestros hombres públicos en esta emergencia.”
CARTA A MANUEL A. PUEYRREDÓN, 27 DE JULIO DE 1864.

************

* Soldado, político y poeta, es uno de los principales representantes del federalismo popular de las provincias argentinas enfrentado tanto al rosismo como al mitrismo. Autor del Martín Fierro. Militó en la misma corriente del Chacho, Felipe Varela y López Jordán, siendo compañero y asesor de este último. Nació en 1834 y murió en 1886.
Norberto Galasso, “América Latina – Unidos o dominados”, página 71

Fuente de información: pensamiento discepoleano.

https://pensamientodiscepoleano.com.ar/index.html

lunes, mayo 27, 2024

Dos gauchos, una “mar” y un mar. Por Fernando Sorrentino.

 

En su ensayo “La poesía gauchesca” (Discusión, 1932), Borges dice de José Hernández: "No especifica día y noche, el pelo de los caballos: afectación que en nuestra literatura de ganaderos tiene correlación con la británica de especificar los aparejos, los derroteros y las maniobras, en su literatura del mar, pampa de los ingleses".

Parecería que, si el mar es la pampa de los ingleses, a los gauchos de nuestra llanura bonaerense, por el contrario, poco o nada les interesaba lo que pudiera ocurrir en la inmensa extensión del planeta cubierta por las aguas.

Sin embargo, podríamos evocar dos referencias gauchescas al mundo acuático:

a) Estanislao del Campo (1834-1880)

En el Fausto (1866) hallamos a don Laguna y Anastasio el Pollo, sentados, sobre sendos cojinillos y entregados a placentera conversación. Ya Anastasio ha relatado una parte considerable de lo que vio en el Teatro Colón y, por ese motivo, al final del canto 2, confiesa:

–A juerza de tanto hablar
se me ha secao el garguero:
pase el frasco, compañero...

A lo que don Laguna responde con un no que, socarronamente, significa “Por supuesto que sí”:

–¡Pues no se lo he de pasar!

Prosigue, pues, el diálogo (canto 3) entre ambos paisanos, hasta que, refiriéndose a los respectivos caballos de cada uno, Anastasio exclama:

–¡Como si jueran hermanos
bebiendo la agua juntitos!

Por asociación de ideas, la mención del agua le hace decir a don Laguna:

–¿Sabe que es linda la mar?

Y esta pregunta (desde luego, retórica) le da ocasión a Anastasio para desarrollar el bello poema descriptivo que ocupa 47 versos (434-480), y del que sólo recordaré los tres versos iniciales:

–¡La viera de mañanita
cuando a gatas la puntita
del sol comienza a asomar! (434-437),

y la redondilla final:

Y es muy lindo ver nadando
a flor de agua algún pescao:
van, como plata, cuñao,
las escamas relumbrando. (477-480)

Puesto que el coloquio entre los dos amigos transcurre en algún punto de la ribera de la ciudad de Buenos Aires, la mar en cuestión no es el océano Atlántico sino el conocido río que baña la avenida costanera Rafael Obligado. (1)

b) José Hernández (1834-1886)

Aunque infinitamente más escueto que don Estanislao, no se privó Hernández de formular una alusión al mar. Sucedió en una de sus tantas y sapientísimas sentencias, esta vez puesta en boca del digno, prudente y educado (pero no menos rencoroso y vengativo) Moreno que protagoniza con
Martín Fierro la genial payada del canto 30 de La vuelta de Martín Fierro (1879).

Invitado el Moreno por Martín Fierro a preguntarle lo que desee, aquél contesta con cautela y con cierto temor a equivocarse, pero admitiendo que nadie lo obligó a exponer su talento, por lo cual cabe aplicarle el proverbio que lucen los dos versos finales de la sextina:

–No te trabes, lengua mía,
no te vayas a turbar.
Nadie acierta antes de errar
y, aunque la fama se juega,
el que por gusto navega
no debe temerle al mar. (4271-4276)

En efecto: el que por gusto navega no debe temerle al mar. Manera, por cierto, muy elocuente de afirmar que cada cual debe hacerse responsable de sus decisiones.

1. Juan Díaz de Solís (c.1470-1516), que lo descubrió para los europeos, lo llamó “mar Dulce”, bautismo que no lo libró, según algunas fuentes, entre ellas María Esther de Miguel (1925-2003, autora de los cuentos de 'Los que comimos a Solís', 1965), de convertirse en alimento de los antropófagos de (tal vez) la isla Martín García. También Borges (1899-1986) ironizó sobre tal almuerzo cuando escribió que por esos lugares “ayunó Juan Díaz y los indios comieron” ('Fundación mítica de Buenos Aires', Cuaderno San Martín, 1929).

Por otra parte, Lugones (1874-1938) lo llamó “el gran río color de león” (“A Buenos Aires”, Odas seculares, 1910); Borges (op. cit.), “río de sueñera y de barro”; Cortázar (1914-1984), “río color café con leche” (“Final del juego”, Final del juego, 1956).

Publicado en LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/Dos-gauchos-una-mar-y-un-mar-545108.note.aspx

viernes, noviembre 10, 2023

10 de Noviembre: Día de la Tradición.


10 de Noviembre: Día de la Tradición.

Ma. del Valle Alvarez Gelves Periodista

Para Conservadores Argentinos publicado el viernes 6 de noviembre del 2009.

 

El Día de la Tradición fue instituido por el entonces Gobernador de la Pcia. de Buenos Aires, Dr. Manuel Fresco en el año 1939. En su discurso alusivo a la conmemoración de esta fecha, el Dr. Fresco afirmó “mi gobierno es conservador, en cuanto conserva, defiende y rinde homenaje a los valores tradicionales de la sociabilidad argentina, en cuanto asienta su fuerza y su prestigio sobre las instituciones básicas del mundo occidental y cristiano, la familia, la propiedad, la nacionalidad, la jerarquía [....]”.

Bajo el amparo de la Ley 4576/1939 se formaliza así un anhelo social que había comenzado con la aparición del Martín Fierro de José Hernández y tuvo como continuadores a Ricardo Güiraldes, Leopoldo Lugones, entre otros. Por ese motivo, esta conmemoración nacional, coincide con el natalicio del gran poeta, periodista y político argentino José Hernández.

Por alguna razón que apoyamos, los mentores de esta idea, que ha trascendido y permanecido por años y cobra cada vez más vigencia, asociaron tradición con herencia gaucha; no así con “tradición indígena o revolucionaria” como se definiera a los otros estratos que incidieron en la sociedad argentina.

La Tradición, en la cosmovisión del acervo popular, se ha asociado siempre con un estilo de vida unido al campo, a la ganadería, al caballo; con la infinitud pampeana y la libertad, con las injusticias que ha denunciado el Martín Fierro, con aguantar ante la adversidad. En síntesis y como apuntara José L. Romero, la tradición siempre se vinculó “al estilo criollo”.

Para Lugones el gaucho resume las “mejores prendas humanas: serenidad, coraje, ingenio, meditación, sobriedad, vigor; todo eso hacía del gaucho un tipo de hombre libre, en quien se exaltaba, naturalmente, a romanticismo, la emoción de la eterna aventura. Aquel estado sentimental constituía por sí sólo una capacidad de raza superior: la educación de la sensibilidad, que, simultáneamente, amplifica la inteligencia…el gaucho poseía la compasión, a la cual he llamado alguna vez suavidad de la fuerza; la cortesía, esa hospitalidad del alma; la elegancia, esa estética de la sociabilidad; la melancolía, esa mansedumbre de la pasión. Y luego las virtudes sociales: el pundonor, la franqueza, la lealtad, resumidas en el don caballeresco por excelencia: la prodigalidad sin tasa de sus bienes y de su sangre”. En síntesis, según afirma Leopoldo Lugones, “será fácil hallar en el gaucho el prototipo del argentino actual”.

Sin falsos nacionalismos; con el patriotismo y no el “patoterismo” como fuente de inspiración vernácula, vemos, en el Día de la Tradición, una celebración apropiada para resaltar lo mejor de nuestra nacionalidad. Después de todo, como señalara Miguel de Unamuno, “la tradición vive en el fondo del presente; es su sustancia”.

Si bien la desesperanza es la norma que hoy rige nuestra sociedad, creemos porque lo sabemos, que la Argentina ha tenido épocas de esplendor que pueden ser reeditadas. Sólo cuando comprendimos que entre el campo y la ciudad debía haber una comunión irrompible que tuvo como valor supremo a la Nación, es cuando las cosas funcionaron bien.

Creemos en la fuerza del campo como motor y reserva de valores olvidados en la gran ciudad; creemos en el trabajo productivo para salir de la crisis económica y social en la que estamos sumergidos. Apostamos al trabajo digno, lejos de las especulaciones políticas y financieras.

Como ya hemos insistido en entradas anteriores del blog, los conservadores no somos ni hemos sido nunca enemigos del progreso; antes bien, el crecimiento del país y su transformación se realizó bajo los gobiernos conservadores, favorecidos por su legislación y su política. Y así como es de simple sentido común admitir que la civilización es el resultado del cambio no podemos renegar de la tradición. Sin el orden, que supone algún grado de permanencia, la existencia misma de la sociedad sería imposible.

Desde esta columna celebramos la iniciativa del Dr. Fresco de instituir el Día de la Tradición.

Valga nuestro sentido homenaje a la tradición nacional en la esperanza que el Bicentenario de nuestro nacimiento institucional, republicano y federal nos encuentre confiados en una pronta recuperación de los valores que hicieron grande al país.

Publicado por Conservadores argentinos.

http://conservadoresargentinos.blogspot.com/2009/11/10-de-noviembre-dia-de-la-tradicion.html

martes, enero 31, 2023

De gringos, perjuicios y traducciones.

Por Fernando Sorrentino.

Únicamente en Italia hay un porcentaje mayor de apellidos italianos que en la Argentina (entre los que se cuentan, por ejemplo, los de mis cuatro abuelos y, desde luego, el mío). Y esta hiperabundancia, que se considera ahora el más natural de los hechos, fue, sin embargo, motivo de enconos en otras épocas.

Abundan los testimonios literarios de animadversión al gringo, vocablo de desdén y desvalorización destinado a todo extranjero no hispanohablante. Gringos eran el inglés y el irlandés; gringos, el alemán y el francés. Pero, sobre todo, gringo era, en razón de su elevado número, debido al aluvión inmigratorio, el italiano.

Con la única excepción del gringuito cautivo / que siempre hablaba del barco (pasaje maestro de conmovedora y sobria ternura –II, vs. 853-858–), todos los gringos del Martín Fierro (I: 1872 - II: 1879) son presentados en situaciones de error, de cobardía, de ridiculez. Es evidente que José Hernández (1834-1886) no sentía la menor simpatía por ellos. Recordemos los 42 versos destinados íntegramente al denuesto de los gringos en general, no de un gringo en particular, que corren en I, vs. 889-930, y que empiezan con “Yo no sé por qué el gobierno / nos manda aquí a la frontera / gringada que ni siquiera / se sabe atracar a un pingo. / ¡Si creerá, al mandar un gringo, / que nos manda alguna fiera!”. Etcétera, etcétera.

El escritor argentino Eugenio Cambaceres (1843-1888) –né Cambacérès: sangre francesa por rama paterna; inglesa, por la materna– se tomó el trabajo (que no es poco) de redactar toda una novela, En la sangre (1887), para “demostrar” que los italianos inmigrantes llevaban en la sangre todos los defectos y vicios habidos y por haber.

Según consigna Borges en su Evaristo Carriego (1930), este poeta menor (1883-1912), cuyo paradójico apellido materno era Giorello, solía vanagloriarse: “A los gringos no me basta con aborrecerlos: yo los calumnio”.

Este sentimiento de hostilidad se manifiesta en una anécdota sobre una famosa traducción.

El general Bartolomé Mitre (1821-1906), presidente de la Argentina desde 1862 hasta 1868, tenía diversas inquietudes intelectuales, entre ellas la de traductor. Convencido de que la versión española de La divina commedia realizada por el conde de Cheste (1879) traicionaba el buen gusto y el buen sentido, decidió acometer su propia traducción, que concluyó en 1893.

Según parece, los escritores contemporáneos desconfiaban de las bondades de la versión de Mitre. Y el cuentecillo narra que otro escritor, también militar y con fama de socarrón, el general Lucio V. Mansilla (1831-1913), le preguntó un día:

–¿En qué anda trabajando, general?

–Estoy traduciendo La divina commedia.

–Hace bien –comentó Mansilla–. A los gringos hay que perjudicarlos.

Claro, no hay manera de saber si en verdad Mansilla se atrevió a decir tal cosa en voz alta, o si sólo la dijo entre dientes, o, acaso, si únicamente inventó para sus amigos un episodio que le habría encantado protagonizar.

PUBLICADO EN DIARIO LA PRENSA.

 https://www.laprensa.com.ar/525392-De-gringos-perjuicios-y-traducciones.note.aspx

martes, diciembre 20, 2022

Martín Fierro y la concordia argentina.

 

Pintura de Carlos Montefusco, artista que, como pocos sabe captar la esencia del gauchaje argentino.

Por Franco Ricoveri.

El Martín Fierro es nuestro gran poema nacional y nos llena de orgullo. Esta afirmación, aunque es bien común entre los argentinos, contradice todo el artículo que Ezequiel Adamovsky publicó en La Prensa el pasado 21 ("Martín Fierro y el desacuerdo argentino").

Me disculpo por no contestar cada una de sus afirmaciones, porque en estos 150 años de vida que tiene la obra hernandiana, ya mostró de sobra sus quilates para defenderse sola. Pero es cierto que desde su misma aparición tuvo admiradores y detractores. Los argumentos que esgrime Adamovsky no son nuevos. Sobre todo aquella vieja tesis borgeana que señala al "Facundo" de Sarmiento como su contracara supuestamente positiva. Que el

"Facundo" sea una obra llena de falsedades, lo dice el mismo autor justificándolas con su intencionalidad política ("el relato" diríamos hoy). Y que Fierro sea portador de verdades, es lo que forjó su sitial en la Historia grande de la Patria como verdadero Poema nacional. Es cierto que para alcanzar ese lugar primero tuvo que hacerse paso entre aquellos detractores que mencionáramos. ¿Cómo? Primero con un gran éxito popular: el gauchaje se sabía presente en esa historia. Después sí vino el aplauso creciente de la crítica, refrendado cuando desde afuera hablaron admiradores de la talla de Unamuno o Menéndez y Pelayo, que lo destacaban como algo único. Nuestro gran poeta Leopoldo Lugones también jugó su papel, pero es injusto decir, como afirma Adamovsky que "esperaba convertir al poema de Hernández en la piedra angular de un culto nacionalista y autoritario". Injusto, anacrónico y es más, agraviante a la memoria de Lugones y al espíritu de sus conferencias tituladas "El payador", pero no hace al tema (al interesado lo remitiría a un libro imprescindible de José Isaacson: Martín Fierro. Cien años de crítica). El problema aquí es más grave.

Cuando pensamos que el gaucho es nuestro "arquetipo nacional" no estamos cayendo en ideologismos y miradas tendenciosas, no caemos en un relato más, desligado de las realidades argentinas, por el contrario, nos inclinamos a ver el rostro sufriente y real de nuestra Patria crucificada, como se ha dicho. Son las miradas ideologizadas, desatentas a la realidad argentina histórica y actual, aquellas que nos dividen y destruyen. Destruyeron la vida política, cultural, nuestra educación, hasta nuestra religiosidad. Y desde 1810 hasta nuestro triste presente. Siempre. Y desde ya que no es una división que creó "el gaucho", si no que la sufrió en su propio cuero y ahí, ante la injusticia, apareció Hernández que le dio voz. Pero el gaucho era más viejo que Hernández y supo llegar con su canto al corazón del pueblo para despertarlo.

La palabra "gaucho" que en tiempos "pre-Fierro" era fuertemente despectiva, fue rescatada por nuestro poeta y, a partir de entonces, es sinónimo de lo mejor que tenemos los argentinos. No es una "construcción" social o literaria, es una realidad profunda y multirracial (empapada tanto en sangre española como indígena). Encarna la trágica (y feliz) realidad de lo que significa ser argentinos. No es casualidad que en la frágil memoria popular, lo primero que brote son aquellos versos que nos llaman a la unidad ("los hermanos sean unidos."), pero partiendo de un "rumiar" nuestra realidad, no mirando para otro lado. Aunque duela. Pero hay que advertir que para entenderlo hace falta un corazón cristiano y criollo, que sepa perdonar y crea en la conversión.

En parte eso es lo que le faltaba a Borges cuando proponía que nuestro modelo hubiese debido ser el Facundo sarmientino. Lejos de creer que "el emblema gaucho encapsula nuestros desacuerdos y enfrentamientos políticos, de clase, étnicos y raciales", como afirmaba Adamovsky, el gauchaje que adoptó a Fierro como maestro sabe abrirse al misterio profundo de la realidad humana. Misterio cristiano que como nadie Fierro explica en esta estrofa: "Junta experiencia en la vida / hasta pa"dar y prestar / quien la tiene que pasar / entre sufrimiento y llanto, / porque que nada enseña tanto / como el sufrir y el llorar." Misterio al fin que sólo se acepta desde la fe (aunque la Historia termina comprobándolo).

ARQUETIPO.

Martín Fierro no es el arquetipo que nace perfecto, sino aquél que se redime a pesar de los maltratos y vejaciones que ha sufrido por parte de "los que mandan", es el que sabe perdonar y reconocer que el camino al bien (personal y social) no pasa ni por el odio, ni por la lucha estéril, pasa primero por" vencerse a sí mismo", para parafrasear al gran arquetipo de los argentinos, el Libertador General de San Martín.

Adamovsky señalaba que el gaucho era para él un "emblema de lo imposible", y que "no funciona como emblema de unidad, sino más bien de desunión".

Creo sinceramente que en el espíritu de los lectores, la palabra "gaucho" despierta lo contrario: sus mejores sentimientos. Hernández no sólo supo que era una realidad, sino también una bandera "posible", aunque no para todos... Para otros representaba una realidad que había que exterminar. Recordemos la famosa frase de Sarmiento en carta a Mitre que exteriorizaba lo que fue una política planificada: "No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos".(20-9-1861). Había que cambiar el componente racial de Argentina y para ello, el gaucho era un obstáculo. Por muchas razones el espíritu del gaucho es todavía un enemigo al que hay que aniquilar.

Martín Fierro, el gaucho, es un abanderado de la Argentina profunda y por eso molestaba y sigue molestando. Abanderado de una tierra que, humillando el poder del invasor inglés, supo expulsarlo repetidas veces; de la que cruzó los Andes para liberar América; la misma que dejó su sangre en Malvinas y sigue luchando por la tierra de sus padres, de sus hijos y nietos. Es el abanderado de una Argentina que, a pesar de sus dirigentes, "no sabe rendirse", porque aprendió que los males que nos tocan vivir, sirven para fortalecernos, y nunca, jamás, para quebrarnos. Lo es del que trabaja feliz, pero también del enfermo que sufre, sabiendo que ese sufrimiento tiene sentido. Por eso en Fierro está el poeta que canta, el niño que sueña, el padre que cuida, la madre que espera. Y su gauchaje es bandera de servicialidad, de hidalguía, de generosidad, fortaleza, coraje., y de todo lo bueno que llevamos adentro los argentinos. ¡tantas cosas lleva en su bandera que nos emociona sólo pensarlo!

Pero, ¿eso alcanza para alcanzar la "unidad" a la que estamos llamados? Y la respuesta es que obviamente no, porque hay dos Argentinas opuestas. Cuando el gran Capitán nos decía: "Serás lo que debas ser, si no, eres nada", también nos mostraba una grieta inconciliable entre los que aspiran y batallan para "ser lo que debemos ser" y los otros.

Es cuestión de "ser o no ser", de elegir una bandera y obrar en consecuencia. Y si la bandera tiene un alférez gaucho y cantor, ¡qué más podemos pedir!

Publicado en Diario LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/523838-Martin-Fierro-y-la-concordia-argentina.note.aspx

lunes, diciembre 05, 2022

Tironeos en torno al Martín Fierro.

VIGENCIA DEL GRAN POEMA NACIONAL, A 150 AÑOS DE SU PUBLICACION.

Tironeos en torno al Martín Fierro.

La maestría de José Hernández para retratar al gaucho, su habla y su agonía convirtieron a la obra en un clásico del género. Los usos políticos, reinterpretaciones e intentos de apropiación extendieron su actualidad.

Autor: Agustín De Beitia.

Canto de un hombre dolido, intenso drama y confesión de un alma atribulada, lamento de un pasado añorado. El Martín Fierro, con su conmovedor retrato del gaucho, su habla y su agonía, mantiene su poder de atracción y su amplio reconocimiento como el gran poema nacional, emblema de la tradición y hasta símbolo de la argentinidad. A 150 años de su publicación, la vigencia de este clásico del género es atribuida a la genial creación de José Hernández y también, en parte, a las distintas interpretaciones, usos políticos e intentos de apropiación de la obra que se registraron a lo largo de todo el siglo XX.

Elena Calderón de Cuervo, doctora en Letras y profesora de Literatura Hispanoamericana Colonial y del siglo XIX en la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), es una de las que explica esa vigencia de la obra por su valor literario y por la maestría de Hernández en la pintura del gaucho.

“El Martín Fierro no es solo el gran poema argentino sino el gran poema hispanoamericano”, aclara, enfática, en una entrevista con La Prensa. “En toda la producción Literaria hispanoamericana no tiene parangón”, insiste.

“Si cuesta a veces su expansión en otras literaturas es por el lenguaje utilizado: el dialecto gauchesco que José Hernández necesitaba rescatar para caracterizar a ese personaje particularísimo que es el gaucho argentino, o el gaucho de las pampas, en realidad”, añade la profesora e investigadora, que es hija del ilustre filósofo, teólogo e historiador Rubén Calderón Bouchet.

La docente aclara, sin embargo, que esa expansión de la obra de José Hernández por la región “es impresionante, y es pareja con la que tuvo en su momento en nuestros propios gauchos que poblaban el Río de la Plata. Ellos lo sabían de memoria. Mi papá lo sabía de memoria. Él había nacido en Chivilcoy y era de la familia de los fundadores de Chivilcoy. Todos gauchos”, menciona.

­HIDALGO.­

“El error -puntualiza- está en pretender que gaucho era solo el oprimido. Porque gauchos eran desde el patrón de estancia, como Juan Manuel de Rosas, hasta el último peón. Es más bien un carácter, una modalidad, una manera de ser. Y esa manera de ser tiene que ver con el hidalgo español, que es cristiano. El gaucho es descendiente de ese primer conquistador”.

“Claro -continúa Calderón de Cuervo- el suyo es un cristianismo que ya en el siglo XIX es un poco desleído. Algo en lo que tuvo mucho que ver la expulsión de los jesuitas y también la instalación, ya a partir de 1850, del liberalismo oficial, que combatió no solamente al gaucho, sino que llevó adelante lo que bien podría considerarse un genocidio. La guerra de frontera fue un genocidio”.

“El Martín Fierro refleja ese gaucho, con sus pesares, sus penas, sus alegrías, sus costumbres y también sus malas costumbres”, continúa.

Calderón de Cuervo no duda en afirmar que el Martín Fierro es “un retrato hecho con maestría. Uno la puede ver en el uso del verso y en el recurso a las tradiciones literarias”, ejemplifica.

“José Hernández, en realidad, pensó nada más que en escribir El gaucho Martín Fierro (1872), lo que después se va a llamar La ida. Solo años después escribió La vuelta de Martín Fierro (1879)”, explica la profesora.

“Pero en su opinión no hay una contradicción, como a veces se ha señalado, entre el primer libro y su continuación, es decir, entre el personaje levantisco de la primera parte, y el que intenta congraciarse con la sociedad en la segunda parte.

“No hay ninguna necesidad de marcar una diferencia, sino más bien una evolución entre el Martín Fierro de La ida y el de La vuelta. Porque realmente es preciosa La ida y en La vuelta está toda su sabiduría gauchesca”, insiste.

“En La ida tenemos todo su carácter, tan varonil, tan heroico, porque el héroe a veces no es todo el tiempo bueno. El Martín Fierro de La ida es más violento. El de La vuelta es más viejo, ha sufrido más, ha perdido al amigo, ha perdido a la mujer, la casa, la hacienda. No le queda nada más que asumirse en esa sociedad”.

­HORIZONTES.­

­Sobre las diversas interpretaciones que se han dado al poema, Calderón de Cuervo advierte que no puede perderse de vista que “hay una idea que quiso plasmar José Hernández que no se puede obviar”.

En este sentido llama a distinguir entre el horizonte de producción y el contexto de recepción de la obra. “En la llamada Ida -explica- está la persecución del gaucho, el genocidio, esa lucha, ese combate contra el gaucho, que existió, que fue así. Los dejaron realmente sin nada”.

“Hay que tener en cuenta el horizonte de producción”, dice. “José Hernández sabe que, a diferencia de la segunda corriente colonizadora, que es andaluza y se afincó en la zona andina, allí el gaucho, que es extremeño, castellano, duro, se descuelga. Le permiten vender la hacienda que le habían dado en premio a la conquista y se vuelve un ser solitario, muy amigo de la libertad. Y esa libertad chocaba con el sistema liberal, que es el que se impuso después de la Constitución. Una Constitución que se llamaba federal pero que era más bien liberal”, añade.

Por eso, admite, se puede considerar que, “en general, fue una persecución a los federales. La montonera tenía como lema: Religión o muerte”.

Para la profesora, es la pintura vívida que logra Hernández del drama de ese gaucho lo que permite que tan diversas personas se conmuevan, se identifiquen, se reconozcan. “Como trabaja un pintor, José Hernández fue recogiendo todos los datos necesarios para retratar a su personaje, que es más que nada un arquetipo”.

“En La ida se podría decir que Martín Fierro muestra la hilacha, con ese primer duelo que tiene -un duelo del que, dicho sea de paso, se va a arrepentir siempre- con ese negro que terminó muerto en la pulpería porque él estaba borracho, porque él estaba desahuciado, porque le habían quitado todo, porque había perdido casa, mujer y hacienda”, enumera Calderón.

“Todo había perdido. Todo se lo desbastaron en la leva, por la política genocida, fundamentalmente de Sarmiento”, lamenta.

­DISTANCIA­.

­El doctor en Historia Matías Emiliano Casas, profesor universitario y autor de Como dijo Martín Fierro, libro que acaba de publicar la editorial Prometeo, también señala en una entrevista con La Prensa “el inmediato impacto popular que tuvo el libro, algo que se refleja en la memorización del poema, en el relato en los fogones y en las diferentes ediciones que fue experimentando la historia de El gaucho Martín Fierro”.

“Hernández intentó distanciarse de la literatura gauchesca anterior”, explica Casas. “Y eso está anunciado en su prólogo. Dice que no escribe sobre el gaucho para hacer reír a costa de su ignorancia, sino que va a retratar a un pobre gaucho, a la clase desheredada de nuestro país, con todas sus desventuras”, añade.

“Por un lado -prosigue Casas-, es una obra diferente a todo el recorrido anterior, a Hilario Ascasubi, a Pérez, a Estanislao del Campo. Y por el otro, Hernández no restringe a su público. Todo el tiempo juega con una doble dimensión del texto: escribe para iletrados y también para la cultura letrada”.

En su repaso de la primera trayectoria del poema, Casas recuerda la importancia que tuvo para la consagración de la obra el ciclo de conferencias que pronunció Leopoldo Lugones en el teatro Odeón en mayo de 1913. Sin embargo, afirma que hay que matizar la originalidad de la mirada de Lugones. “La idea de que el Martín Fierro era un poema épico ya había sido esbozada por otros autores, como Martiniano Leguizamón”, aclara, para luego recordar también el temprano descubrimiento de la obra que habían hecho Unamuno y Menéndez Pelayo.

Canto de un hombre dolido, intenso drama y confesión de un alma atribulada, lamento de un pasado añorado. El Martín Fierro, con su conmovedor retrato del gaucho, su habla y su agonía, mantiene su poder de atracción y su amplio reconocimiento como el gran poema nacional, emblema de la tradición y hasta símbolo de la argentinidad. A 150 años de su publicación, la vigencia de este clásico del género es atribuida a la genial creación de José Hernández y también, en parte, a las distintas interpretaciones, usos políticos e intentos de apropiación de la obra que se registraron a lo largo de todo el siglo XX.

Elena Calderón de Cuervo, doctora en Letras y profesora de Literatura Hispanoamericana Colonial y del siglo XIX en la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), es una de las que explica esa vigencia de la obra por su valor literario y por la maestría de Hernández en la pintura del gaucho.

“El Martín Fierro no es solo el gran poema argentino sino el gran poema hispanoamericano”, aclara, enfática, en una entrevista con La Prensa. “En toda la producción Literaria hispanoamericana no tiene parangón”, insiste.

“Si cuesta a veces su expansión en otras literaturas es por el lenguaje utilizado: el dialecto gauchesco que José Hernández necesitaba rescatar para caracterizar a ese personaje particularísimo que es el gaucho argentino, o el gaucho de las pampas, en realidad”, añade la profesora e investigadora, que es hija del ilustre filósofo, teólogo e historiador Rubén Calderón Bouchet.

La docente aclara, sin embargo, que esa expansión de la obra de José Hernández por la región “es impresionante, y es pareja con la que tuvo en su momento en nuestros propios gauchos que poblaban el Río de la Plata. Ellos lo sabían de memoria. Mi papá lo sabía de memoria. Él había nacido en Chivilcoy y era de la familia de los fundadores de Chivilcoy. Todos gauchos”, menciona.

­HIDALGO.­

“El error -puntualiza- está en pretender que gaucho era solo el oprimido. Porque gauchos eran desde el patrón de estancia, como Juan Manuel de Rosas, hasta el último peón. Es más bien un carácter, una modalidad, una manera de ser. Y esa manera de ser tiene que ver con el hidalgo español, que es cristiano. El gaucho es descendiente de ese primer conquistador”.

“Claro -continúa Calderón de Cuervo- el suyo es un cristianismo que ya en el siglo XIX es un poco desleído. Algo en lo que tuvo mucho que ver la expulsión de los jesuitas y también la instalación, ya a partir de 1850, del liberalismo oficial, que combatió no solamente al gaucho, sino que llevó adelante lo que bien podría considerarse un genocidio. La guerra de frontera fue un genocidio”.

“El Martín Fierro refleja ese gaucho, con sus pesares, sus penas, sus alegrías, sus costumbres y también sus malas costumbres”, continúa.

Calderón de Cuervo no duda en afirmar que el Martín Fierro es “un retrato hecho con maestría. Uno la puede ver en el uso del verso y en el recurso a las tradiciones literarias”, ejemplifica.

“José Hernández, en realidad, pensó nada más que en escribir El gaucho Martín Fierro (1872), lo que después se va a llamar La ida. Solo años después escribió La vuelta de Martín Fierro (1879)”, explica la profesora.

“Pero en su opinión no hay una contradicción, como a veces se ha señalado, entre el primer libro y su continuación, es decir, entre el personaje levantisco de la primera parte, y el que intenta congraciarse con la sociedad en la segunda parte.

“No hay ninguna necesidad de marcar una diferencia, sino más bien una evolución entre el Martín Fierro de La ida y el de La vuelta. Porque realmente es preciosa La ida y en La vuelta está toda su sabiduría gauchesca”, insiste.

“En La ida tenemos todo su carácter, tan varonil, tan heroico, porque el héroe a veces no es todo el tiempo bueno. El Martín Fierro de La ida es más violento. El de La vuelta es más viejo, ha sufrido más, ha perdido al amigo, ha perdido a la mujer, la casa, la hacienda. No le queda nada más que asumirse en esa sociedad”.

­HORIZONTES.­

­Sobre las diversas interpretaciones que se han dado al poema, Calderón de Cuervo advierte que no puede perderse de vista que “hay una idea que quiso plasmar José Hernández que no se puede obviar”.

En este sentido llama a distinguir entre el horizonte de producción y el contexto de recepción de la obra. “En la llamada Ida -explica- está la persecución del gaucho, el genocidio, esa lucha, ese combate contra el gaucho, que existió, que fue así. Los dejaron realmente sin nada”.

“Hay que tener en cuenta el horizonte de producción”, dice. “José Hernández sabe que, a diferencia de la segunda corriente colonizadora, que es andaluza y se afincó en la zona andina, allí el gaucho, que es extremeño, castellano, duro, se descuelga. Le permiten vender la hacienda que le habían dado en premio a la conquista y se vuelve un ser solitario, muy amigo de la libertad. Y esa libertad chocaba con el sistema liberal, que es el que se impuso después de la Constitución. Una Constitución que se llamaba federal pero que era más bien liberal”, añade.

Por eso, admite, se puede considerar que, “en general, fue una persecución a los federales. La montonera tenía como lema: Religión o muerte”.

Para la profesora, es la pintura vívida que logra Hernández del drama de ese gaucho lo que permite que tan diversas personas se conmuevan, se identifiquen, se reconozcan. “Como trabaja un pintor, José Hernández fue recogiendo todos los datos necesarios para retratar a su personaje, que es más que nada un arquetipo”.

“En La ida se podría decir que Martín Fierro muestra la hilacha, con ese primer duelo que tiene -un duelo del que, dicho sea de paso, se va a arrepentir siempre- con ese negro que terminó muerto en la pulpería porque él estaba borracho, porque él estaba desahuciado, porque le habían quitado todo, porque había perdido casa, mujer y hacienda”, enumera Calderón.

“Todo había perdido. Todo se lo desbastaron en la leva, por la política genocida, fundamentalmente de Sarmiento”, lamenta.

­DISTANCIA­.

­El doctor en Historia Matías Emiliano Casas, profesor universitario y autor de Como dijo Martín Fierro, libro que acaba de publicar la editorial Prometeo, también señala en una entrevista con La Prensa “el inmediato impacto popular que tuvo el libro, algo que se refleja en la memorización del poema, en el relato en los fogones y en las diferentes ediciones que fue experimentando la historia de El gaucho Martín Fierro”.

“Hernández intentó distanciarse de la literatura gauchesca anterior”, explica Casas. “Y eso está anunciado en su prólogo. Dice que no escribe sobre el gaucho para hacer reír a costa de su ignorancia, sino que va a retratar a un pobre gaucho, a la clase desheredada de nuestro país, con todas sus desventuras”, añade.

“Por un lado -prosigue Casas-, es una obra diferente a todo el recorrido anterior, a Hilario Ascasubi, a Pérez, a Estanislao del Campo. Y por el otro, Hernández no restringe a su público. Todo el tiempo juega con una doble dimensión del texto: escribe para iletrados y también para la cultura letrada”.

En su repaso de la primera trayectoria del poema, Casas recuerda la importancia que tuvo para la consagración de la obra el ciclo de conferencias que pronunció Leopoldo Lugones en el teatro Odeón en mayo de 1913. Sin embargo, afirma que hay que matizar la originalidad de la mirada de Lugones. “La idea de que el Martín Fierro era un poema épico ya había sido esbozada por otros autores, como Martiniano Leguizamón”, aclara, para luego recordar también el temprano descubrimiento de la obra que habían hecho Unamuno y Menéndez Pelayo.

Menciona las muy diversas referencias religiosas que hay en todo el poemario, donde “están presentes hasta San Agustín y las cosas de la Biblia” y enfatiza que “las alusiones a la catolicidad del gaucho serían infinitas”.

Lo que sí ocurre, según la profesora, es que por la leva y por la guerra de frontera, “el gaucho quedó un poco débil, no tanto en su fe, pero sí en la práctica de esa fe”.

“De hecho -añade-, cuando muere el cacique, ni Fierro ni Cruz saben rezar. Y cuando muere Cruz, él también extraña el no poder rezar, no haber encontrado palabras. Sin embargo, dice: `le levanté un bendito'. Y logra volver, y reivindicarse, salvando a la cautiva, que es el acto del caballero cristiano”.

­ACTUALIDAD­.

­“Logra salvar a la cautiva de manos del indio idólatra y pagano, y devolverla a su civilización, que es la civilización cristiana. No hay otra en Hispanoamérica”, enfatiza.

“Esa civilización es la que se había afianzado durante los 300 años del Virreinato. No se puede olvidar que esto fue, si no una teocracia, sí un estado confesional. Y El gaucho Martín Fierro refleja a ese gaucho, un poco pobrecito, desleído y combatido, pero que formaba parte de ese estado confesional. Por eso también la identificación con ese personaje dentro de Hispanoamérica”, apunta.

La profesora coincide en que el poema mantiene su capacidad de interpelar a los argentinos. Más aún en un contexto como el actual, en el que la deserción de Fierro cobra hoy otro sentido para el hombre moderno ante una nueva persecución que tiene delante de los ojos, dirigida por un poder mundial que es unificado, tiránico, opresor, que no deja espacio para el disenso, y que avanza sin pausa, quebrando los lazos de la fe, la tradición y las familias, tal como le sucedió entonces al gaucho.

“Hoy -admite- existe un pensamiento único que es de una imbecilidad realmente emocionante pero que intenta quebrar a las personas y no permite que se resistan. Si alguien pelea, lo marcan como homofóbico o lo denuncian. Hay muchas cosas que ya no se pueden decir porque hay toda una legislación atrás que lo impide. Al gaucho le pasaba lo mismo”.

“El gaucho tenía las leyes en contra. Había leyes antigauchas. A partir de Sarmiento se instaló todo un sistema de persecución. Y esa modalidad libre, airosa y varonil del gaucho, no podía evadirse”, dice, para luego agregar que así se entiende el posible traspié de José Hernández que menciona el escritor Roque Raúl Aragón, según el cual el autor del Martín Fierro fue arrastrado a adherir a la masonería de la época, aunque sin por ello perder nunca la fe.

“Yo creo que sí, hay un parangón con esta época”, concluye Calderón de Cuervo. Una muestra de que el Martín Fierro nos sigue interpelando.

Por Agustín De Beitia.

PUBLICADO EN DIARIO LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/523266-Tironeos-en-torno-al-Martin-Fierro.note.aspx