GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

sábado, junio 01, 2019

Se perdieron 30 mil puestos de trabajo en la Patagonia.

(ADN).- Desde la asunción de Mauricio Macri a la presidencia de la Nación, la región patagónica perdió 33 mil puesto de trabajo. Así lo revela un estudio oficial. El sector más golpeado es productivo. Nada quedó de aquel anuncio en Viedma del Plan Patagonia.
En Río Negro, hay 7.917 puestos de trabajo menos.
Según el Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial, que depende de la Secretaría de Trabajo de la Nación, en diciembre de 2015 había 377.909 asalariados registrados en la Patagonia, mientras que para el tercer trimestre de 2018, la cifra había descendido a 348.961 puestos.
Es decir, una destrucción de 28.948 puestos de trabajo asalariados privados directos.
Pero la destrucción de puestos de trabajo es más profunda si se analizan los principales rubros productivos, como por ejemplo Agricultura, Ganadería, Caza y Silvicultora; Industria Manufacturera; Explotación de minas y canteras; Construcción; Comercio al por menor y Servicios empresariales.
En estos rubros la pérdida de empleos directos fue de 33.090 entre diciembre de 2015 y septiembre de 2018, discriminados de la siguiente manera: Santa Cruz (-8772), Río Negro (-7917), Chubut (-7164), Tierra del Fuego (-7078) y Neuquén (-2162).
Publicado en ADN Río Negro, 31 de Mayo de 2019.

Se cumplen 20 años de la muerte de Cris Miró.

Cris Miró fue la primera mujer trans que ratificó su identidad en los programas más populares de la TV. Llegó a las marquesinas de la calle Corrientes cuando vestir ropa del sexo opuesto en la calle era considerado una contravención, fallecía hace 20 años a los 33 en la Clínica Santa Isabel del barrio porteño de Flores.
“No sé mi amor cómo tratarte: ¿señorita?, ¿señor?”; “Vos votaste, ¿no? ¿y en qué mesa votaste?”; “¿Cuál es tu verdadero nombre? ¿querés decirlo?”
Mirtha Legrand a Cris Miró
Mediados de los ’90.

Cris, de impactante metro 85, pelo negro ondulado, ojos verdes, respondió: “Mi verdadero nombre es el que siento”.
Hija de un militar retirado y una ama de casa Cris Miró estudiaba odontología en la Universidad de Buenos Aires cuando fue convocada para actuar en calle Corrientes.
“Debe haber sido 1992 cuando la vi por primera vez aparecer en un boliche como quien ve entrar a Rita Hayworth“, recordó el productor y director Lino Patalano.
“Recién cuando me la presentaron -dijo- me enteré que era una chica trans y esa misma noche le prometí entre copas que cuando hiciera una revista la iba a llamar a ella”.
“Soy de la misma generación -dijo la actriz y conductora Lizi Tagliani– y sin haber charlado más de dos o tres palabras, compartí muchos fines de semana con ella porque íbamos al mismo boliche”.
“Entrábamos, nos amontábamos todas y nos divertíamos convertidas en lo que queríamos ser con la magia que nos daban las tres o cuatro horas que estábamos ahí dentro. Y después volvíamos a ser Cenicienta”, recordó sobre una época en que la policía podía detener (y perseguía) a quienes vistieran ropa del sexo opuesto. 
“Me dio mucho orgullo su éxito: porque sirvió para demostrar que las chicas trans podíamos forjar un destino muchísimo más fructífero que la prostitución, la noche y la clandestinidad”.
Lizi Tagliani Actriz y conductora.
En 1995, con Patalano al frente del Teatro Maipo participó de “¡Viva la revista!: “Fue la sensación absoluta -dijo el director- hicimos un agujero en el techo y ella bajaba vestida con una malla que le quedaba increíble tirando papelitos dorados y plateados”.
También recordó que “hacía un número de streaptease muy Rita Hayworth y lo hacía tan bien que nadie se daba cuenta que era una chica trans, porque al principio no se lo habíamos dicho a nadie. Tenía un talento inusitado y un tremendo don de gente“.
Miró estudió baile clásico con Julio Bocca, comedia musical y actuación. Su carrera fue meteórica: la popularidad del teatro de revista la catapultó a la pantalla chica donde se convirtió en una figura solicitada en los programas de mayor audiencia: Mirtha Legrand, Nicolás Repetto, Antonio Gasalla y Marcelo Tinelli.
“Para mi era otra realidad porque yo había sido expulsada de mi casa en Salta como el 90 por ciento de las compañeras de provincia, y tirada a una situación de prostitución”, dijo Daniela a Télam.
“Que ella se haya sentado ahí y haya dicho ‘yo soy una travesti, yo soy Cris Miró’, representaba un acto político”.
Daniela Ruiz  Activista y directora de 7 colores Diversidad.
“Muchas como yo, que éramos adolescentes, nos sentíamos identificadas no sólo por la visión de ser travesti y de nuestro colectivo (que en ese momento no podíamos ni salir a la calle), sino por ser actriz y lo que eso implicaba para nosotras en el arte”, concluyó.
En 1997, en plena cima de su carrera, comenzaron a trascender sucesivas internaciones por problemas de salud que alimentaban rumores sobre HIV que ella siempre negó. Murió a los 33 años en el más absoluto hermetismo familiar, por causas que nunca quedaron claras. 
Agencia Télam. Publicado en Diario "Río Negro", 1º de Junio de 2019.

viernes, mayo 31, 2019

Los secretos de la primera farmacia del país, un lugar centenario que se mantiene en pie en el corazón de San Telmo.


Los secretos de la primera farmacia del país, un lugar centenario que se mantiene en pie en el corazón de San Telmo.
La Farmacia de la Estrella es una auténtica joya del patrimonio porteño, que abre sus puertas a diario como local comercial y como museo, con más de 130 años de historia. Por allí pasaron grandes próceres como Bartolomé Mitre y Julio Argentino Roca, entre otros.

Tiene el olor de lo histórico y la oscuridad de lo antiguo. Desde 1885 la Farmacia de la Estrella está a pasos de la Basílica de San Francisco, en una zona de calles angostas y adoquines de San Telmo, en la Ciudad de Buenos Aires. "Mantenemos las luces bajas para preservar los lienzos. Aquí en invierno hace frío y en verano, calor. Para cuidar el arte tenemos que moderar el uso del aire acondicionado", explica a Infobae Alejandro Cardelli, uno de los actuales dueños del lugar.
Ubicada en Alsina y Defensa, por esta esquina emblemática pasaron grandes próceres argentinos como Bartolomé Mitre, Julio Argentino Roca, Carlos Pellegrini e Hipólito Irigoyen, que hacían reuniones en el subsuelo del boticario. Con más de 130 años de historia, la farmacia permanece en funciones hasta la actualidad para atender al público y, además, ser museo.

"Ayer estuvimos desde las ocho de la mañana hasta las doce de mediodía recibiendo a maestras y niños de jardín de infantes. Los chicos se fascinan con la balanza pero… 'avísenme antes de venir y coordinamos', le dije a la directora", ríe el farmacéutico, que hace cinco años se asoció a Francisco Malfati para dirigir esta joya centenaria ubicada en el corazón del casco histórico porteño.
Mientras, mapa en mano, una pareja de alemanes comenta lo bello del piso de mosaicos genovés, Alejandro apunta: "Estamos en todas guías de turismo de Europa. Vienen cincuenta extranjeros por día. El domingo abro básicamente para chilenos y brasileros".

El desafío de honrar la historia
"Yo manejaba veinte farmacias de una cadena grande cuando me llamó por primera vez el padre de mi socio. Le contesté: "No me interesa, gracias". Me insistió durante un año. Hasta que acepté tomar un café en aquella mesa de este bar", relata el farmacéutico en otro notable, el Bar La Puerto Rico, de 1887. "Vení que te la muestro", parece que le dijo y… "¡Cuando la vi!", rememora Alejandro como si hablara del amor de su vida. "Quedé encantado. Dejé todo y me asocié. Sabía que era un desafió desde lo económico pero no podía dejarla ir", cuenta sobre ese romance ineludible, que promovió Malfati, cuya familia está en la farmacia hace tiempo.

De Villa Regina, Río Negro, Alejandro eligió su profesión admirando a su abuelo, "el farmacéutico de Luis Beltrán", una localidad vecina. "Lo veía preparar las cremas con una cuchara de madera enorme y me fascinaba. Porque en esa época empezaban las droguerías pero todavía las tinturas y jarabes se preparaba en las farmacias", cuenta Cardelli, que estudió la carrera en la Universidad de La Plata.
Entonces, basta poner un pie en el primer escalón de aquel antiguo boticario de Monserrat, para vivir ese viaje al pasado en ritmo presente. Porque transeúntes vienen y van, guareciéndose de la lluvia debajo de la misma pérgola de vidrio y hierros que está hace casi 135 años. Mientras tanto, el cartel de la entrada, en marrones y caqui, sigue como entonces para que los clientes atraviesen las puertas vaivén con vidrio de Venecia y se acerquen a los mostradores de madera de nogal traída de Italia para comprar un remedio de este siglo, algunas cremas antiage o perfumes de moda.

Están también los turistas que, sin comprar, entran especialmente para conocer esta gema porteña. Y quedan extasiados frente a los dos lienzos y el fresco –El triunfo de la farmacopea frente a la enfermedad– que pintó el italiano Carlos Barberis en 1900 y que engalanan paredes y cielo raso. Todo mientras Alejandro señala "la chica estudiando la fármaco botánica", en el lienzo de la izquierda y los frascos Erlenmeyer y balón y la auto clave –para esterilizar–, en el de la derecha. Entonces se hace eco de los rumores de entonces: una de aquellas dos damas de los lienzos sería Mercedes Quiroga, la hija del caudillo, casada con Antonio Demarchi, uno de los hijos de dueños de la farmacia.
Pero el arte de la Farmacia de la Estrella se presume además en cada uno de los muebles, cajones, mostradores y estantes que están coronados por un reloj de época que "anda perfecto y sólo necesita cambio de pila de vez en cuando". Se observa también un banco "que está como entonces" y los frascos color caramelo "que se usaban para que las drogas no se oxidaran con la luz". Mientras que los azules "siempre fueron para fragancias y artículos de perfumería".

–¿Cómo hacen para mantener una farmacia de 1885?

–Tenemos un contrato de bienes raíces que funciona como un alquiler de por vida. Eso implica hacernos cargo de la manutención. No contamos con ningún tipo de apoyo. La gente del Museo (de la Ciudad, donde se exponen objetos cotidianos de la antigua vida porteña) hace lo que pueden. Nuestro único rédito es mostrarla con orgullo. Es una verdadera reliquia. Yo soy farmacéutico. Cuando me enamoré al verla y me asocié con Malfitani no tenía ni idea de antigüedades, ni arte. Pero, con ayuda de expertos y restauradores, aprendí mucho.

–¿Y por dónde pasan los mayores desafíos de conservarla, en el día a día?

–Las veredas son angostas, muchos camiones dañan los toldos al pasar. El año pasado tuve que cambiarlos dos veces. Las calles son de piedra, los autos pasan y se mueve todo, entonces los pisos de mosaico se levantan. Guardo cada pieza que se sale y cada seis meses viene un especialista y la pega. El cableado es de época. Y de hecho el otro día vino el electricista por un aplique y me decía: "No hay manera de arreglar esto". Yo le contesté: "Arreglalo como puedas, pero no me la cambies". La madera se conserva con una cera en particular que se aplica cada un tiempo determinado. La trabaja un carpintero especial. Porque acá todo está en funcionamiento. Los cajones no son artículos de decoración, se usan para guardar los remedios.
–¿Es muy difícil mantener un lugar así?

–Si no estás en los detalles, todo se va perdiendo o dañando. Hay humedades, suciedad y hollín. Hace diez años hicimos una gran restauración con expertos y a pulmón. Pero llegamos hasta la mitad de la farmacia. Fue carísima. Hoy no podemos seguirla. Queremos, pero económicamente sería imposible. Sí estamos por pintar la fachada. Y además ya llamé al pintor restaurador para repasar el cartel de entrada. Todos los días hay algo para limpiar o arreglar. Porque si te dejás estar se cae a pedazos. Hay quienes aseguran que en un momento estuvo a punto de ser demolida. Nosotros estamos todo el tiempo en el mix de conservarla y atender el comercio, porque vivimos de la farmacia.

–Es decir que funcionan como una farmacia más…

–Claro. Hacemos todo lo que hace una farmacia. Tenemos vacunatorio para grandes y chicos. Aquí trabajan 14 personas. Abrimos de lunes a viernes de 8 a 20 horas; los sábados de 8 a 13 y los domingos, de 9 a 15 horas. Tenemos dos laboratorios: homeopatía y alopatía. El primero son las Flores de Bach, Glóbulos y demás. El segundo, los medicamentos que preparamos nosotros. Compro la droga, la peso y tengo la máquina de hacer comprimidos. Además, hacemos las tinturas madre.
–¿De que se trata?

–Consiste en extraer de una planta el principio activo para crear medicamentos. Hay tintura madre para diabetes, menopausia, fiebre, torcerduras. En los grandes laboratorios se hacen procesos de síntesis. Nosotros hacemos una maceración, que lleva siete días con alcohol a 70. Extraemos, filtramos y obtenemos productos muy buenos. Entiendo que la homeopatía se ponga en duda, pero las tinturas madres son indiscutibles. Hay un cuento que lo grafica. Pedro y Juan eran amigos y tenían sus casas a la vera del río, a cien metros de distancia y separadas por un sauce. La corriente iba de lo de Pedro a lo de Juan. Pedro, que sufría de dolores de cabeza, le decía a su mamá: "Cuando paso el día en lo de Juan, y tomo agua del río, se me va el dolor de cabeza". La mamá no entendía… No sabía que del sauce se extrae el ácido acetilsalicílico de la aspirina.

De sótanos y boticas

La historia de la Farmacia de la Estrella dice así. En 1834, casi veinte años después de la Revolución de Mayo, Bernardino Rivadavia convocó al bioquímico y botánico Pablo Ferrari para que fundara el primer boticario del país. Cuatro años después, se la vendieron a Don Silvestre Demarchi, un suizo –además el primer cónsul italiano en Argentina– que junto a la farmacia instaló una droguería que a mediados de siglo era la más importante de Sudamérica. Lo sucedieron sus hijos Demetrio, Marcos y Antonio –el yerno de Facundo Quiroga– que establecieron sucursales en Rosario, Córdoba y San Nicolás, además de Montevideo.
En 1864, Demetrio Demarchi se asoció al norteamericano Melville S. Bagle –que había trabajado de joven como cadete de la farmacia– y viraron a lo que sería Bagley y Cia, el gigante de las galletitas. Pero la droguería siguió creciendo. Y en 1885 los hermanos Demarchi se unieron con el bioquímico Domingo Parodi, para construir el local de la esquina de Defensa y Alsina.

A fin de siglo Marco Demarchi di Demetrio se organizó con José Soldati, Juan Carlos Craveri y Domingo Tagliabue para crear una sociedad anónima. Y en 1968, el famoso arquitecto José María Peña creó el Museo de la Ciudad en buena parte del edificio que originalmente era boticario. Así, la Farmacia de la Estrella pasó a ser Patrimonio Cultural de la Comuna y desde entonces forma parte del Casco Histórico de la Ciudad de Buenos Aires.
"Junto a sus mostradores o en sus trastiendas dábanse cita, noche tras noche, los parroquianos más expectables del barrio en tertulias que se prolongaban invariablemente hasta promediar la noche, cuando el silencio dominaba en la ciudad y solo quedaba en la rumorosa botica el farolillo tras la ventana, indicador de un servicio nocturno que aun hoy conserva su tradicional y misteriosa apariencia", escribe Francisco Cignoli, en su Historia de la Farmacia Argentina, de 1953. Habla de aquellas históricas reuniones en los subsuelos, de las que participaban Bartolomé Mitre, Julio Argentino Roca, Carlos Pellegrini e Hipólito Irigoyen.
Enclavada al lado de una iglesia, para que quienes la necesitaban pudieran ubicarla fácilmente buscando el campanario más cercano, la Farmacia de la Estrella vendió el primer algodón de la marca que hoy conserva el mismo nombre. Pero además, de aquella esquina salió el Tetralgin de Craveri, la Hesperidina de Bagley y las pastillas para la tos Parodi.

Y entre inmigrante ilustres, como bien relata Alejandro Cardelli, la Farmacia sigue ligada a la historia. "En aquella época los dirigentes se reunían en nuestros subsuelos. Ahora, todo el tiempo se cruza algún Ministro o funcionario a comprar medicamentos. Y nuestros farmacéuticos son los únicos acreditados para entrar a aplicar inyecciones a la Casa Rosada. Nos llaman secretarios e incluso vamos por el Presidente con algún que otro envío", detalla el farmacéutico que, desde su lugar, no sólo vela por la historia argentina sino que además acude a las urgencias de estos tiempos.
Publicado en INFOBAE, 12/05/2019.

Juicio al ginecólogo: premiaron a Rodríguez Lastra por interrumpir un aborto legal. Este jueves realizaron un acto en la ciudad de Buenos Aires para homenajear y entregar una distinción a médico que está condenado por obstruir un aborto no punible.

Juicio al ginecólogo: premiaron a Rodríguez Lastra por interrumpir un aborto legal.

Este jueves realizaron un acto en la ciudad de Buenos Aires para homenajear y entregar una distinción a médico que está condenado por obstruir un aborto no punible.

Este jueves se llevó adelante un acto a cargo del partido Democracia Cristiana, de la ciudad de Buenos Aires. Homenajearon y premiaron al ginecólogo Leandro Rodríguez Lastra, quien está condenado por obstruir un aborto no punible en Cipolletti. En julio se conocerá la pena que determinará el tribunal, que lo encontró culpable por incumplir sus deberes como funcionario público.
Lastra fue considerado un “héroe” en la sede de Democracia Cristiana Porteña, adonde un grupo de referentes que se autodenominaron “pro vida” le entregaron una distinción. Destacaron que fue por su “valentía al salvar las dos vidas” y celebraron que se negó “a llevar adelante un aborto en la Ciudad de Cipolletti, Río Negro lo que le generó una denuncia penal que hoy lo tiene como condenado”, reconocieron.
Allí, según consignaron fuentes de ese espacio político, el presidente del distrito, Carlos Lionel Traboulsi, invitó a todas las organizaciones e instituciones “defensoras de las dos vidas”, que estuvieron presentes, a que reciten “un compromiso por la defensa de la vida y familia”, dijeron, y luego leyeron un escrito que fue repartido entre los presentes a modo de oración.
En ese marco lanzaron “la línea 0800 220 DCBA (3222) que recibirá denuncias, pedidos de informes, aclaraciones, de padres, docentes, no docentes y alumnos sobre la implementación de la Educación Sexual Integral” (ESI), algo que fue considerado como “ideología de género”.
El evento fue coordinado por el secretario general de ese espacio, Roberto Martínez, y participaron las doctoras María Alejandra Muchart y Ana María Parini.
Otro espacio que también se sumó al evento fue el Consorcio de Médicos Católicos, desde donde expresaron “solidaridad” con el médico. Sus referentes consideraron al dictamen del juez como una “injusta situación” y aseveraron que encargan el asunto a la “divina providencia”.
Al final del acto el médico expresó que recibió el homenaje “por haber hecho mi trabajo”, y se preguntó: ¿qué dice eso de la sociedad?”, para responderse a sí mismo: “había un niño cuyo corazón latía en el vientre de su madre y me jugué para que ese chico nazca. Recibo una distinción por salvar dos vidas”, sostuvo entre aplausos y gritos de “héroe”.
Publicado en Diario "Río Negro",31/05/2019.

Juan Carlos Cobián, el gentleman del tango. Juan Carlos Cobián nació el 31 de mayo de 1896 en Pigüé.campiña francesa.

Juan Carlos Cobián, el gentleman del tango.

Juan Carlos Cobián nació el 31 de mayo de 1896 en Pigüé, un pequeño pueblo bonaerense con reminiscencia de la campiña francesa.
José Valle (*) / Especial para "La Nueva."
   Cuando contaba apenas con 3 años, los Cobián se trasladaron a Bahía Blanca. Afectiva y sentimentalmente ligado a esta ciudad donde su familia residió por muchos años y donde existió la casa paterna que inspiró el tango “La Casita de Mis Viejos”, estudió en el Conservatorio Williams teniendo como profesor a Numa Rossotti.

   En 1913, ya recibido, Cobián llega a Buenos Aires. Dormía en hoteles de $1 la cama y se ganaba sus primeros pesitos como pianista en una cervecería alemana y varios cines, en los que ponía la cuota de música al silencio de las películas.

   Conforma trío con uno de los más cotizados bandoneonistas del momento, Genaro Espósito y el violinista Ernesto Zambonini, hombre de facón al cinto. Juan Carlos estaba en la vereda opuesta de este músico: él era un típico "cajetilla" al que le bastaban sus certeras trompadas, generalmente por cuestiones de polleras.

   En esos años, Cobián ya es reconocido por su gran calidad musical y su refinada elegancia en el vestir, un verdadero dandy de cuerpo atlético, con el que hacía estragos entre las mujeres, que eran su debilidad junto con el whisky y el champagne.

  Vive cinco años en Estados Unidos llegando a trabajar junto al gran Rodolfo Valentino.

   Compuso "Los dopados" (retitulado "Los mareados"), "La casita de mis viejos", "El cantor de Buenos Aires", "Shusheta", "Niebla del Riachuelo", "Hambre", "Rubí", "Nostalgias" y "A pan y agua" (con letra de Cadícamo), "Es preciso que te vayas" (C. Flores), "Volvé a mi lado", "No me cortes las alas", "Has cambiado por completo" (con E. Dizeo), “Mi refugio" (P. Numa Córdoba) y "El motivo" (P. Contursi), "La noche de los dos", "Monedita de plomo" (ambos con letra propia) y muchos otros.

   Luis A. Sierra escribió: “El tango nace exclusivamente como danza popular y procedente de muy dispares fuentes de origen. Existe un proceso de evolución musical del tango; originalmente intuitivo por sus pioneros ejecutantes (...) Corresponde a Cobián la feliz e invalorable contribución de crear formas instrumentales del tango en relación artística con los métodos ya adquiridos por la composición del género”.
   Cobián contribuyó a gestar toda una tendencia en la cual se rindió culto al melodismo y en la que inscribieron luego sus tangos los hermanos De Caro, Lucio Demare, Pedro Laurenz, Aníbal Troilo, Antonio Rodio, Alfredo Malerba y otros.

   Me contó el recordado guionista y autor teatral Abel Santa Cruz, que Cobián era muy amigo, entrenaban juntos con el boxeador mediopesado Santiago Róttoli y eran compañeros de farra. Róttoli era un boxeador de pegada demoledora y mandíbula de cristal, es así que sus peleas las ganaba o las perdía por KO. Cobián y Róttoli con su pinta rompían corazones en la noche porteña hasta que el boxeador se enamoró perdidamente de una bella sanjuanina que al poco tiempo lo abandonó. Róttoli, deprimido, una fría madrugada de julio de 1934, se pegó un balazo en la cabeza, en el paseo de La Piedad del porteñísimo barrio de Congreso.
   El actor Juan Carlos Thorry siempre relataba que Cobián, en épocas de malaria económica, cuando andaba de gira por el interior del país, siempre viajaba con una vieja valija y un estuche de guitarra. ¿Para que un pianista quiere un estuche de guitarra? Allí ponía su ropa y enseres personales, dejando la valija en los hoteles y yéndose sin pagar con la excusa de ir a tocar.

   El 10 de diciembre de 1953 murió en el Hospital Fernández. Solo. Había perdido el conocimiento y hasta le habían robado su eterna pulsera de oro sin cierre (que había hecho soldar para hacerla “imperdible” en sus asiduas peleas a puño limpio). Tenía 57 años de vida intensa.

   ¿Había algo más que hacer en la tierra después de haberlo hecho todo? Juan Carlos Cobián había elegido vivir de primera y morir de segunda. Se fue de este mundo sin dinero, “quizás porque la mortaja no tiene bolsillo” escribió Cadícamo. Dejó 50 obras publicadas en Buenos Aires y valiosos manuscritos de tangos inéditos.

(*) El autor es historiador del tango, escritor, productor cultural.Director del Festival Nacional de tango "Carlos Di Sarli " de Bahía Blanca.

Publicado en Diario "La Nueva Provincia", 25 de Mayo de 2019.

jueves, mayo 30, 2019

Gasparri ya descansa en el pueblo que creó: El Chañar. Las cenizas de quien creó el polo productivo a orillas del río Neuquén fueron trasladadas por su familia desde Córdoba para descansar en el mirador del pueblo.


La familia de Roberto Gasparri trasladó desde Córdoba hacia San Patricio del Chañar las cenizas del creador del emprendimiento productivo que nació reconvertido a orillas del río Neuquén.
Los familiares se congregaron junto a autoridades municipales en el mirador de la ciudad, para depositar allí una urna con las cenizas.
Este lugar había sido elegido por él mismo junto a su esposa como el sitio final donde descansarían sus restos al final de sus días.
Según informó la municipalidad de San Patricio del Chañar, ese lugar había sido elegido por la pareja en momentos en los que nacía San Patricio del Chañar y desde allí podía verse a la distancia, el movimiento de una ciudad pujante.
De la misma manera, el propio Gasparri había propuesto la entronización de la Virgen en ese lugar, para que los devotos al pasar, puedan tener allí un espacio destinado a la meditación.
El intendente de la ciudad Ramón Oses dijo que “tener entre nosotros a don Roberto Gasparri es asumir que uno pertenece al lugar donde deja su corazón, donde uno deja el sudor que persigue los sueños y donde uno mira más allá del tiempo presente. Donde uno contempla que esta tierra que pisamos nos pertenece a nosotros, a nuestros hijos, y a todo aquel que no duda en trabajar incansablemente para levantar un país en cualquier lugar, por más remoto que sea”. 
El mandatario local acompañó a Ana María Orozco, viuda de Gasparri, familiares y amigos, en este íntimo y a la vez histórico momento.
De la misma manera, el propio Gasparri había propuesto la entronización de la Virgen en ese lugar, para que los devotos al pasar, puedan tener allí un espacio destinado a la meditación.
El intendente de la ciudad Ramón Oses dijo que “tener entre nosotros a don Roberto Gasparri es asumir que uno pertenece al lugar donde deja su corazón, donde uno deja el sudor que persigue los sueños y donde uno mira más allá del tiempo presente. Donde uno contempla que esta tierra que pisamos nos pertenece a nosotros, a nuestros hijos, y a todo aquel que no duda en trabajar incansablemente para levantar un país en cualquier lugar, por más remoto que sea”. 
El mandatario local acompañó a Ana María Orozco, viuda de Gasparri, familiares y amigos, en este íntimo y a la vez histórico momento.
Publicado en Diario "Río Negro", 30/05/2019.

El homenaje a Roberto Gasparri, creador de El Chañar.

“Ya hicimos lo posible, ahora vamos por la utopía”. Ana María Orozco, viuda de Roberto Gasparri, y su hijo Fernando recordaron una de las máximas del ingeniero en su casa de Río Cuarto durante la visita del intendente de San Patricio del Chañar, Ramón Soto, como parte del reconocimiento al visionario que desarrolló una colonia agrícola de 11.000 hectáreas en el desierto neuquino y que se fue del Valle después de una polémica quiebra y sin un solo metro de tierra.

El intendente de San Patricio del Chañar, Ramón Soto, visitó días pasados en Río Cuarto a Ana María Orozco, viuda de Roberto Gasparri. Le entregó un mapa de la ciudad enmarcado en el que se destaca la calle principal que lleva el nombre del ingeniero desde hace cinco meses, una plaqueta recordatoria, la carta de la escuela secundaria que también quiere tomar el nombre del ingeniero, otra misiva de un antiguo empleado de la empresa y diez ejemplares del libro “El visionario”, la biografía. La dueña de casa estaba acompañada por su hijo menor, Fernando.
El viaje del jefe comunal a la ciudad cordobesa fue una prolongación del homenaje que el 13 de noviembre de 2009 realizó la municipalidad a Roberto Gasparri. El ingeniero –como todos le decían– fue uno de los grandes innovadores de la fruticultura regional y el emprendedor que desarrolló una colonia agrícola en el desierto neuquino a partir de 1969 al transformar alrededor de 11.000 hectáreas de monte virgen en una rica zona productiva.
Los préstamos con altos intereses a corto plazo para financiar un proyecto a largo plazo, la década de la Convertibilidad que asfixió a la fruticultura en la región, su voluntad de invertir en El Chañar contra viento y marea y la decisión del Banco de la Provincia del Neuquén de negarse al concurso de acreedores son algunas de las razones que lo arrastraron a la quiebra. Por entonces, el presidente del BPN era Luis Manganaro, cuyo padre había sido despedido de Gasparri Hermanos tras una fuerte discusión con el gerente general.
En esta historia de paradojas, el BPN, que había jugado un rol fundamental en los años ‘70 con créditos a los compradores de chacras de entre 5 y 10 hectáreas, le bajó el pulgar a Gasparri por deber 5.000.000 de pesos en concepto de capital y 11.000.000 de intereses, pero luego abrió el grifo con préstamos en condiciones muy ventajosas a los proyectos bodegueros concretados en parcelas mucho más extensas en la tercera etapa. Esos créditos, luego refinanciados y trasladados a la órbita del IADEP -que a su vez otorgó más préstamos- superan los 400.000.000 de pesos, con tasas mucho más bajas que las que pagó quien invirtió todo su capital en desarrollar la zona.
Pocos días después de la quiebra en 2001, la familia Gasparri dejó Cipolletti y se radicó en Río Cuarto. “Queríamos sacar rápido a papá del Valle. Le hacía mal quedarse ahí”, recuerda Fernando, quien pronto abrió un negocio de todo por dos pesos en la ciudad mediterránea. Su padre, quien alquiló junto a Ana María un departamento de dos ambientes, se ocupó de recibir las bolsas que entregaban los clientes al entrar al comercio. Pero cuando el local cerraba sus puertas revisaba el stock, sacaba conclusiones y proponía estrategias de crecimiento. Así fueron sus días hasta que enfermó, debió usar silla de ruedas y pasar a un departamento de tres ambientes más amplio para que pudiera circular en ella. Falleció a los 82 años el 14 de noviembre de 2004, en una ciudad ajena a su historia.
Recuerdos.
“Qué feliz era Roberto cuando se ocupaba de las chacras y no de los números”, comentó Ana María en el comienzo de una larga serie de recuerdos.
“El volvía de un viaje, se iba a recorrer las chacras y de repente le decía al ingeniero Teixé: ‘¿Cómo está la planta 4 de la fila 3?’ Era como si tuviera la foto en la cabeza”, agrega. Invita café con leche con medialunas y continúa: “El Chañar era su gran orgullo y le encantaba llevar a sus visitantes a recorrerlo. Una vez trajo a la gente del Mercado Central de Buenos Aires. Los tuvo seis horas de aquí para allá en el calor de febrero. No volvieron nunca más, claro (se ríe). Pero él no se cansaba nunca de caminar esas tierras”.
La historia de un sobrino que militaba en la radicalizada Juventud Peronista de los 70 se lleva un tramo del relato. “Desde Buenos Aires criticaba a la empresa y decía que eran unos explotadores. Después vino a conocer, habló con los empleados, vio las condiciones de trabajo, que la gente tenía su casa, su auto. Y le dijo a Roberto: ‘La verdad es que no está tan mal…’”
Es el turno de Fernando: “La idea de la colonia agrícola era buena, pero quizás era más apropiada para otro país, sin tantos cambios en las reglas de juego y en las políticas económicas. O por lo menos era una idea para otra dirigencia política…”
Bebe un sorbo de café y enciende un cigarrillo rubio. Sigue: “Cuando yo tenía 11 años nos mandó aprender a cosechar. Mi hermano Claudio era dos años más grande y mucho más alto en aquel momento, así que no tenía que pedir ayuda para mover la escalera como yo. Recuerdo la cara de orgullo de papá el día que se instaló la primera bocatoma en el río Neuquén, fundamental para el riego, su alegría en el asado de la inauguración. Quiso a El Chañar como su otro hijo. Una de las últimas cosas que hizo allá fue denominar Canal San Emilio al del la tercera etapa. Es el nombre de mi abuelo. Y el de mi hijo”.
Ahora habla Ana María: “Una sola vez volvió a El Chañar. Quería hablar con alguien a quien llamaba y llamaba, pero como no lograba que le atendiera el teléfono, decidió ir. Cuando volvió, me dijo: ‘No sabés qué lindo está todo. Las chacras, los viñedos, las bodegas. Nosotros no hubiéramos podido hacerlo, nosotros no teníamos apoyo”.
Retoma Fernando: “Siempre le importó la investigación. Por eso trajo a los profesionales de la universidad que detectaron la presencia de bentonita en las tierras de la tercera etapa. También estuvo un especialista israelí en riego por goteo. Quería lo mejor para San Patricio. Por eso había escrito esta frase en su escritorio: ‘Ya hicimos lo posible, ahora vamos por la utopia”.
Pese a que los Gasparri nunca quisieron volver a El Chañar después de la quiebra, tienen ganas de regresar el próximo 21 de mayo, cuando la escuela secundaria pase a denominarse Ingeniero Roberto J. Gasparri.
“No tengo problemas en cruzarme con nadie, excepto con una persona”, dice Fernando, que hoy se gana la vida con un polirubro en Oberá, Misiones. La referencia es hacia Julio Viola, un uruguayo que empezó como cadete bancario en otra de las firmas en las que participaba la familia (Jugos Cipolletti) y más tarde fue el operador inmobiliario que por pedido de Roberto Gasparri empezó a vender los lotes de la tercera etapa de El Chañar en 1996. Viola asegura que después compró esas tierras en 3.200.000 dólares, según un reportaje que concedió a la revista “Fortuna” en la que se presenta como un pionero que construyó un canal de riego de 20 kilómetros y cientos de kilómetros de caminos. “Era esto o nada, y apostamos todo lo que tenía la familia en este proyecto”, dijo a la publicación.
Hoy es dueño de la Bodega del Fin del Mundo, que recibió de la provincia préstamos por 148.000.000 de pesos, parte de ellos para el rubro marketing. La bodega logró que The New York Times la destacara e incluyera a San Patricio del Chañar en el segundo lugar de 31 sitios recomendados para visitar en todo el mundo durante 2010.
“Hace diez años –dice el artículo– un grupo de aventureros productores de vino posaron su mirada en un valle argentino llamado San Patricio del Chañar, un inusualmente fértil y extrañamente bello rincón de la Patagonia. Fue arado, sembrado y esperado. ¿El resultado? Una región de vino en flor con deliciosos malbec y pinot noir y bodegas de diseño elegante”.
La gaffe de uno de los diarios más prestigiosos del mundo es la última paradoja: ninguno de los recién llegados a El Chañar producía vino antes de recibir los millonarios préstamos del BPN. Y “los aventureros productores de vino que posaron su mirada en un valle hace 10 años” fueron aventajados en tres décadas por el ingeniero Roberto Gasparri.
Diario "Río Negro", 14 de Mayo de 2010.

El pensamiento vivo de Raúl Scalabrini Ortiz.