GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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martes, febrero 22, 2022

ASOMBROSA CURIOSIDAD del 22/02/2022.

ASOMBROSA CURIOSIDAD. Hoy, a las 22:22:22, van a ser las 22 horas con 22 minutos y 22 segundos del día 22 del segundo mes del año 22. Eso nomás. Buenas tardes!

Más humor de Landrú en www.landru.org/humor
Visto en Fundación Landrú - Facebook.

 

lunes, agosto 21, 2017

20 de agosto de 1957: hace 60 años Landrú creaba “Tía Vicenta”.

20 de agosto de 1957: hace 60 años  Landrú creaba “Tía Vicenta”.

Humor político, hace 60 años Landrú creaba “Tía Vicenta”.


Hace 60 años, el 20 de agosto de 1957 -en pleno gobierno militar de la llamada Revolución Libertadora- los puestos de venta de diarios y revistas de Buenos Aires exhibían una nueva publicación, de enigmático  nombre: “Tía Vicenta”, y un esclarecedor subtítulo: “La revista del nuevo humor”.
Un solo dibujo, firmado por Landrú, dominaba toda la tapa. Un general, de abundante bigote, muy condecorado, es el último de una larga hilera de uniformados, que portan sables y lucen abundantes medallas. Observan la escena un niño pelado, vestido de marinero y que arrastra un caballito de madera; un perrito y un sonriente gato negro. El general le pregunta al militar que lo antecede: Perdón, ¿esta es la cola para hacer revoluciones?
Con la aparición de “Tía Vicenta”, el humor político volvía a los medios gráficos, tras muchos años de silencio o de intentos frustrados. Para encontrar un parangón, era necesario retroceder al 25 de mayo de 1863, fecha de la aparición de “El Mosquito”, cabal expresión de la prensa satírica, dirigida y dibujada por Henri Stein, que se presentaba como “fábrica argentina de fama, datos para la historia y conservas para la posteridad”. Treinta años duró la experiencia, período en que políticos, legisladores, gobernantes, figuras de la sociedad, eran caricaturizados con un humor mordaz y regocijante. El sendero abierto por Stein fue seguido por “Caras y Caretas”, (1898-1938), conducida en buena parte de su primer período por Fray Mocho (José S. Alvarez).
La aparición de “Tía Vicenta” volvía por los fueros del humor político, y su promesa “del nuevo humor” se justificaba plenamente. Frente a ella estaban “Patoruzú”, de Dante Quinterno, con las inocentes andanzas del simpático indio; “Rico Tipo”, de Divito y sus dibujos femeninos con las “chicas”  de ampulosas curvas y un humor nada comprometido con la realidad, y “Avivato”, dirigida por Faruk, hijo de Lino Palacio, en que seguían apareciendo tiras como Fúlmine, El otro yo del Dr. Merengue, Pochita Morfoni y otras clásicas dibujadas por Palacio.
La revista de Landrú rompió todos esos esquemas y, inspirada en el surrealismo de los dibujos de Steinberg y las piruetas de la revista española “La Codorniz” para evitar la censura franquista, se lanzó a un humor absurdo, satírico y burlesco.
A pesar de una raquítica campaña publicitaria, el número 1 de “Tía Vicenta” vendió rápidamente los 50.000 ejemplares de su primera tirada.
¿Por qué el nombre? 
Eduardo Musso, en su “Historia de Tía Vicenta”,  reproduce las palabras de Landrú que se refieren al nombre de la revista, que fue un disfraz que ocultaba a su tía Cora, “una especie de señora gorda a la que le gustaba mucho la política pero no entendía nada y sus conversaciones eran desopilantes”. Y agrega: “me encantaban sus rasgos, su humor involuntario, y su arsenal de historias. Una vez, para no pagar impuestos, puso el auto a nombre de su chofer, y el chofer se fugó con el auto”.
Tía Vicenta en realidad apareció antes, en las colaboraciones de Juan Carlos Colombres (que adoptó como seudónimo el nombre del célebre asesino serial francés) para la revista “Vea y Lea”, y hasta en publicaciones deportivas. “Yo seguía el partido por radio, y después escribía algún disparate. Siempre ponía que entre los espectadores estaba tía Vicenta haciendo comentarios sobre los jugadores o los goles, y cuando olvidaba nombrarla los lectores me lo reclamaban. En mis columnas de Vea y Lea empecé a aprovecharla usando frases sentenciosas, a la manera de “Lo dijo tía Vicenta”:“Los gobiernos son como las guitarras, se toman con  la izquierda y se tocan con  la derecha”
Perón censurado; Aramburu y Rojas. 
Aparecida en pleno gobierno militar, no era fácil para Landrú esquivar  una posible censura, ya que estaba prohibido mencionar al expresidente por su nombre y sólo debía decirse “mandatario depuesto”.  El humorista apeló a una página denominada “Para que lean los niños” y la clase era: “aumentativos no son aunque terminen en ‘on’;  con un dibujo para cada uno, aparecían buzo y buzón, pelo y pelón… hasta llegar a pera y el cuadrado siguiente era una gran tachadura con este epígrafe: decreto 4161.
Aramburu era siempre dibujado con expresión sombría o bien como un vacuno. El vicepresidente, almirante Rojas, era presentado con el rostro similar a un cuervo, denominado Hormiga negra, siempre con anteojos oscuros, y continuas apelaciones a los ”gorilas”. Tan es así que una tapa de la revista lo mostraba en la cama y para conciliar el sueño no trataba de contar ovejas sino gorilas.
Derogada la prohibición de mencionar a Perón, el expresidente fue objeto de numerosas caricaturas, en las que aparecía siempre sonriente, con manchas en el rostro y el clásico gorro pochito. Al respecto, confesaba Landrú: “Yo solía dibujarlo de pochito en motoneta, siempre riéndose, y con la gorrita en la cabeza, o bien acompañado por sus dos caniches. Siempre le hacía manchitas en la cara, que eran muy notorias viéndolas de cerca”. 
El último número de “Tía Vicenta” apareció  el  17 de julio de 1966, Landrú y algunos colaboradores pretendieron resucitarla con el nombre de “María Belén” –dejando de lado el humor político- y como no tuvieron éxito sacaron, con  la revista “Primera Plana”, la publicación ”Tío Landrú”, pero los tiempos habían cambiado y no lograron el éxito anterior.
- Publicado en Diario "Los Andes" de Mendoza, 21/08/2017.-

sábado, julio 08, 2017

Landrú el dibujante y humorista falleció en la noche del jueves, aunque la triste noticia se conoció ayer. Fue el creador de inolvidables personajes y fundador de la legendaria revista “Tía Vicenta”.

Landrú graficó como pocos las costumbres de las distintas clases sociales de la Argentina e introdujo la sigla G.C.U. (Gente Como Uno), para satirizar a las clases más acomodadas.

Juan Carlos Colombres, conocido como Landrú y autor de célebres personajes como “Tía Vicenta”, “El Señor Porcel” y “El Señor Cateura”, falleció en la noche del jueves a los 94 años, dejando como legado una cuantiosa obra que se caracteriza por su desenfado y habilidad para satirizar las costumbres y usos idiomáticos de la sociedad.

El humorista había nacido el 19 de enero de 1923 en la ciudad de Buenos Aires y en 1945 publicó su primer dibujo en la revista Don Fulgencio de Lino Palacio y un año más tarde empezó a colaborar como dibujante humorístico en distintas revistas. Adoptó el seudónimo Landrú, que tomó del asesino serial francés Henri Desire Landru.

Landrú fue el creador de la emblemática revista "Tía Vicenta", que comenzó su tirada a fines de la década del '50 y fue censurada en 1966 por el entonces dictador "el generalito" Juan Carlos Onganía, a quien el humorista lo caricaturizaba como la "Morsa". Acompañado por la plana mayor de la Editorial, Landrú fue a ver al ministro, quien inició la reunión diciendo: "Al Presidente no le gusta Tía Vicenta". "¡Ah! -respondió Landrú-, yo creía que el problema era más grave. Si al Presidente no le gusta, que no la compre" y "el generalito" cierra la  revista Tía Vicenta.

Onganía, un inservible, que llegó de la mano del golpe a Don Arturo Umberto Illia con el respaldo de grupos de poder internos y externos de la Argentina inestable en lo político y económico. Sigamos reconociendo la trayectoria de Landrú que si vale esta entrada.

Su obra reflejó la historia política y social de la Argentina durante más de siete décadas, con una mirada aguda de la realidad y un estilo que rozaba lo absurdo.

Su obra de humor político y social estuvo en las páginas de Rico Tipo, Vea y Lea, El Hogar, Loco Lindo, Medio Litro, Leoplán, Dinamita, Mundo Argentino, Popurrí y Patoruzú, entre otras.

Además fue el primer libretista de Tato Bores, conformó un grupo musical llamado “Jacinto W y los Tururú Serenaders” junto a Santos Lipesker y trabajó en Clarín desde 1972 hasta 2007. Antes, había pasado por La Nación donde publicó durante 1971 “Los grandes reportajes de Landrú” en la revista de los domingos de ese diario.

Landrú se hizo famoso por su aguda observación de la realidad política y social, como también por el gato que aparece en casi todas sus viñetas y que se convirtió con el tiempo en parte de su firma.

Landrú también había influido antes en el estado de ánimo de otro mandatario, Arturo Frondizi (presidente entre 1958 y 1962) que le molestaba como Landrú dibujaba su nariz, por lo que la respuesta del caricaturista fue dibujarlo de espalda durante un año a Frondizi.

Las clásicas caracterizaciones de políticos y gobernantes incluyeron también al presidente radical Arturo Umberto Illia ("La tortuga"), al dictador Jorge Rafael Videla ("La pantera rosa") y al mandatario Raúl Ricardo Alfonsín (el "Chapulín colorado").

Fue colaborador de la revista de los domingos del diario "La Nación" con “Los grandes reportajes de Landrú” y desde 1972 al 2007 trabaja en el diario Clarín donde publicará sus creaciones.
En 1982 le otorgan el premio Konex en la categoría Humor Gráfico.
Ciudadano ilustre de la ciudad desde 2003.

Landrú ha satirizado la política argentina desde el primer mandato de Juan Domingo Perón en 1945 hasta la gestión del ex presidente Néstor Kirchner.

A Landrú le adjudican también haber estampado su huella en el origen de la palabra "gorila" para denominar a los detractores del peronismo. En realidad esta palabra nace luego del golpe de 1955 en la "Revista Dislocada" que sin duda Landrú con su ingenio y buen humor contribuyó en su popularidad y uso cotidiano. Pues el dibujante fue uno de los primeros en hacer aparecer gorilas disfrazados de militares en sus viñetas luego del derrocamiento del presidente Juan Perón en 1955.
Recorriendo sus creaciones se recorre la historia de la Argentina de Perón a Kirchner como las costumbres... Un Maestro nos dejó pero su humor seguirá siempre vigente.

El dibujante pasó sus últimos años en su casa de Recoleta, rodeado por su familia.

miércoles, febrero 22, 2017

22 DE FEBRERO DE 1905: NACE LUIS SANDRINI UNO DE LOS ACTORES CÓMICOS POPULARES ARGENTINOS.

22 DE FEBRERO DE 1905: NACE LUIS SANDRINI UNO DE LOS ACTORES CÓMICOS POPULARES ARGENTINOS.

Luis Santiago Sandrini Lagomarsino conocido y recordado como Luis Sandrini.
Luis uno de los actores cómicos populares argentinos más respetados y queridos por el público argentino y la crítica.
Nacido en el barrio de Caballito; hijo de inmigrantes genoveses el  22 de febrero de 1905.
Su madre se llamaba Rosa Lagomarsino y su padre Luis, este trabajaba de inspector en el ferrocarril. Luis Sandrini empezó a trabajar en un circo junto a sus padres, como payaso.
En los años treinta entró en la compañía teatral de Enrique Muiño y Elías Alippi, donde conoció a su primera esposa, la actriz Chela Cordero.
Debuta en el cine en 1933 actuando en la primera película sonora argentina ¡Tango! (dirigida por Luis José Moglia Barth) en la cual trabajaban, un grande del teatro de revistas como Pepe Arias y Libertad Lamarque, Azucena Maizani y Tita Merello y  compartió pantalla con otros grandes cómicos como Tato Bores, el “capocómico” rosarino Alberto Olmedo, Pepe Biondi, José Marrone, Carlos Balá, Dringue Farías y Juan Carlos Altavista, entre otros.
 “Cuando los duendes cazan perdices” fue una película popular y l uego vino la “La cigarra no es un bicho” bajo la dirección de  Daniel Tinayre, , sobre la base de un guión suyo escrito en colaboración con Eduardo Borrás y el humorista Juan Carlos Colombres (conocido como Landrú). Una película que se considera referencial donde actuaron Luis Sandrini, Amelia Bence, Mirtha Legrand, María Duval, Narciso Ibáñez Menta, Carlos Perciavalle, Ángel Magaña, Elsa Daniel, Guillermo Bredeston, Teresa Blasco, Homero Carpena, Diana Ingro, entre otros. Inauguró en la Argentina el género de la llamada “comedia picaresca”, también se hizo famosa por haber incluido la primera palabra soez del cine de ese país (más concretamente, “pelotudo”), la cual fue mencionada por Luis Sandrini a Narciso Ibáñez Menta.
Sus últimas apariciones fueron en películas de Enrique Carreras. Falleció cuando rodaba la película ¡Qué linda es mi familia!, de Palito Ortega, donde trabajó junto a otra grande del espectáculo, Niní Marshall.
El comediante mexicano Roberto Gómez Bolaños, Chespirito, en sus memorias, dice de Sandrini: "Se trata de un argentino que debería tener residencia oficial en el Olimpo de los comediantes: el señor don Luis Sandrini, un actor en toda la extensión de la palabra, que lo mismo nos arranca carcajadas que lágrimas. Había sido mi ídolo desde la infancia y lo siguió siendo siempre".
En la década del '70 empezó una saga de films, empezando por "El profesor hippie" (1969), "El profesor patagónico" y "El profesor tirabombas". Luego vendrán los clásicos de Enrique Carrera como "Los chicos crecen" (1974) y "Así es la vida" (1976). Filmó casi ochenta películas. Sus últimas películas fueron dirigidas por Ramón "Palito" Ortega: "El diablo metió la cola", con Niní Marshall y "La familia está de fiesta". Cuando concluye la filmación de "Que linda es mi familia", empieza una agonía de 16 días que acaba con su vida. Sus films obtuvieron reconocimiento internacional, especialmente en España y las comunidades de habla hispana en EE.UU. En sus últimos años de vida, Sandrini se dedicó a la carpintería y a su familia.
Fallece el 23 de Junio de 1980.

domingo, febrero 22, 2015

22 de febrero de 1905: Nace el recordado y popular Luis Sandrini.


"Estoy conforme con mi vida porque hice todo lo que sentí y porque trabajé durante 50 años respetando al público” así decía y así era Luis Sandrini respetuoso del público. Un Señor con mayúsculas…

Luis Santiago Sandrini Lagomarsino fue uno de los actores cómicos populares argentinos más respetados y queridos por el público argentino. Recordado  por su entrañable personaje Felipe creación de Miguel Coronatto Paz  y por películas como El profesor Hippie y Cuando los duendes cazan perdices. Comenzó trabajando en el circo como payaso, pasó por la radio, la televisión, el teatro y el cine.
Su padre, de origen genovés,  fue un actor teatral, y Luis empezó a trabajar en un circo junto a él,  como payaso.
Sus comienzos fueron en el circo Rinaldi como payaso, para luego incorporarse a la compañía de Enrique Muiño y Elías Alippi (donde conociera a su primera esposa, la actriz Chela Cordero). ,
Alcanzó una importante repercusión en la pieza "Los tres berretines", de Malfatti y De Las Llanderas, que luego fue llevada al cine.
Luis Sandrini  compartió pantalla con otros grandes cómicos como Tato Bores, Alberto Olmedo, Pepe Biondi, José Marrone, Carlitos  Balá, Dringue Farías y Juan Carlos Altavista.
En el teatro hizo “Cuando los duendes cazan perdices”, luego llevada al cine conoció a Malvina Pastorino, de quien quedó asombrado por la belleza de la joven actriz, con la cual se casó.
No obstante, a pesar del amor que le tenía su público, Sandrini se vio obligado por un tiempo a dejar su vocación y dedicarse a la carpintería, en un taller improvisado en su casa, en cuya puerta de entrada colgaba un cartel improvisado que decía "Aquí trabaja Sandrini". Este período coincide con la caída del Peronismo, en 1955.
Luego se afianzó con la película La cigarra no es un bicho” una película argentina de 1963 dirigida por Daniel Tinayre, en base a un guión suyo escrito en colaboración con Eduardo Borrás y el humorista Landrú, sobre la novela del mismo nombre de Dante Sierra. 
Esta película significó el debut del comediante Carlos Perciavalle (quien aparece en los créditos como "Hector Perciavalle") en un breve papel y a penúltima cinta que realizaría Mirtha Legrand.

Se dice que la secuencia de la requisa policial a los clientes del hotel tras el decreto de la cuarentena por la peste bubónica es una sátira de los operativos policiales que se realizaban en ese entonces a los llamados hoteles alojamiento, los cuales eran fiscalizados personalmente por el tristemente célebre comisario Luis Margaride, quien era para la época el jefe de la División de Seguridad Personal de la Policía Federal.  También se hizo famosa por haber incluido la primera palabra soez del cine de ese país (más concretamente, “pelotudo”). El desprevenido público asistente al estreno estalló en carcajadas sorprendido por el epíteto en boca de un primer actor acostumbrado a brindarnos personajes tiernos, ingenuos y, sobre todo hasta ese momento, muy blancos. Además, y contrario a lo que se cree, la palabreja en cuestión no estaba en el guion original sino que el mismo Sandrini la agregó cuando filmaron dicha escena.

Han pasado a la historia sus  famosas expresiones: “¡La vieja ve los colores!”, “Hasta que el cuerpo aguante”.
Luego de 17 días de estar internado en un estado crítico en el Sanatorio Güemes, Sandrini falleció el 6 de julio de 1980, en pleno rodaje de la película “Qué linda es mi familia” con Niní Marshall y Palito Ortega.

Entre los premios y reconocimientos que obtuvo se cuentan el Cóndor de Plata al mejor actor en 1972 por La valija, y el Konex de Honor 1981, este último póstumo.



miércoles, febrero 11, 2015

HUMOR ARGENTINO: Juan Carlos Colombres ... LANDRÚ, con acento en la “u” y sus 92 años.

HUMOR ARGENTINO: Juan Carlos Colombres ... LANDRÚ, con acento en la “u” y sus 92 años.

Juan Carlos Colombres, más conocido como Landrú es un grande del humor,  nació el 19 de enero de 1923 en  Buenos Aires dentro de una familia tradicional tucumana es un humorista argentino caracterizado por sus ironías sociopolíticas en las cuales incluye la caricatura tanto gráfica como textual reflejando la realidad política, social y cultural durante los últimos 60 años.
Juan Carlos Colombres  es junto con el mendocino Quino, el cordobés Lorenzo Amengual, Guillermo Mordillo, Miguel Brascó, Copi, Lang, Oscar Conti (Oski), así como el dibujante uruguayo radicado en Buenos Aires Hermenegildo Sábat parte de una saga de grandes creativos del humor argentino.
Cuentan que por el 1947 mientras aún trabajaba en la revista Don Fulgencio editada por Lino Palacio comenzó a editar su propia revista humorística llamada Cascabel contó Landrú: "Estábamos una tarde en la redacción de Don Fulgencio cuando Jorge Palacio, Faruk, observándome detenidamente me dijo: 'Tenés el perfil más parecido a Landrú que he visto en mi vida…'" refiriéndose al sicópata asesino serial de mujeres francés Henri Désiré Landru que fue a la guillotina el 25 de febrero de 1922.


Hoy a los 92 años dice que "Landrú me parece más pegadizo, más contundente y más corto, por ende más cómodo que mi propio nombre” y tiene toda la razón del mundo en esa observación.
A los seis años  (1929) ingresa en el escuela primaria Cinco Esquinas;  en 1942 egresa en el Colegio Nacional Sarmiento.
Por 1945 publica su primer dibujo en la revista Don Fulgencio de Lino Palacio y fue colaborador como dibujante humorístico en las revistas Cascabel  inspirado en la revista italiana Bertoldo, en la época de Benito Mussolini, cuando estaba prohibida cualquier disidencia en Italia, Rico Tipo, Vea y Lea, Patoruzú, Sucedió con la Farra, Dinamita, El Gráfico, Gente de Cine, Loco Lindo, Leoplan, Gente y la Actualidad, Somos, Mercado , entre otras.
Es por  el año 1947 que empieza a firmar sus creaciones  con el seudónimo Landrú.

En 1957 se transforma en libretista de Tato Bores y por aquellos años de Dringue Farías (un pionero de la televisión argentina).
El 13 de agosto de 1957 se  funda la revista “Tía Vicenta” que llegó a tener una tirada de unos  500.000 ejemplares por semana. 
Allí se dieron a conocer jóvenes que formarían parte de la historia del humor gráfico argentino  como Caloi, Hermenegildo Sábat y otros que ya conocidos como Quino, Oski, Copi, Conrado Nalé Roxlo y María Elena Walsh.
"La única restricción que existía en Tía Vicenta  era no insultar. En ella creamos un ámbito basado en la espontaneidad, el disparate y la falta de solemnidad, ya se tratase de la política o de hábitos sociales. Había una redacción abierta a todos... Hasta Frondizi envió un texto, que firmó Domingo Faustino Cangallo, que si bien él siempre negó, su secretario lo confirmó” (blog tango reporter).
Por 1959 el  Departamento de Estado de los Estados Unidos lo invita a recorrer todo el país del Nortey conoce a Walt Disney.
Llega 1966 y “el generalito” Onganía ¡una animalada del generalito!  molesto por una caricatura de él como una morsa (un sobrenombre con el que sus camaradas militares se referían a Onganía debido a sus grandes bigotes). Onganía tenía intenciones de cerrar la revista y el ministro del Interior, Martínez Paz, quería tener una reunión previa con Landrú. Acompañado por la plana mayor de la Editorial, Landrú fue a ver al ministro, quien inició la reunión diciendo: "Al Presidente no le gusta Tía Vicenta". "¡Ah! -respondió Landrú-, yo creía que el problema era más grave. Si al Presidente no le gusta, que no la compre" y "el generalito" cierra la  revista Tía Vicenta. Luego reaparecería  con el nombre María Belén y como un suplemento del diario El Mundo. Recordaría Landrú: “En 1966. La cerró Onganía. Pero me hizo un bien: fue muy comentado ese cierre. A los dos años me dieron en Estados Unidos el premio Moors-Cabot. Casualmente yo, a Onganía, que usaba un bigotazo, solía dibujarlo como una morsa. Cuando me dieron ese premio, yo le decía el premio Morsa-Cabot”.


Por 1968 aparece la revista Tío Landrú.
Fue colaborador de la revista de los domingos del diario La Nación con “Los grandes reportajes de Landrú” y desde 1972 al 2007 trabaja en el diario Clarín donde publicará sus creaciones.
En 1982 le otorgan el premio Konex en la categoría Humor Gráfico.
Ciudadano ilustre de la ciudad desde 2003.
Landrú ha satirizado la política argentina desde el primer mandato de Juan Domingo Perón en 1945 hasta la gestión del ex presidente Néstor Kirchner.


Entre sus personajes más destacados se recuerdan la Tía Vicenta, Rogelio "el hombre que razonaba demasiado", al Doctor Chantapufi , Tía Cora, Rudy el Playboy y el señor Porcel; dejó marcas indelebles en el colectivo social: como bautizar "Villa Cariño" a la zona del barrio de Palermo frecuentada por parejas de enamorados.
Son de su autoría los apodos  que han quedado como "el chancho" a Álvaro Alsogaray, Aramburu era caracterizado como “una vaca”, "la jirafa" a Arturo Frondizi y "la tortuga" a Arturo Ilia, “la pantera rosa” del dictador (hijo de su madre) Videla; introdujo la sigla G.C.U. (Gente Como Uno) como expresión del grupo social de pertenencia de personas con buen gusto y popularizó expresiones en desuso, algunas provenientes del lunfardo, como "mersa" y "piruja".


Hoy en la Fundación Landrú (www.landru.org), una organización sin fines de lucro que tiene como misión, a partir de la digitalización, mantener vigente toda su obra de más de 70 años de trabajo en los medios, material que es parte del patrimonio cultural argentino con proyectos como el Landrú digital, un museo virtual, un blog de la revista Tía Vicenta.

miércoles, octubre 31, 2012

Un presidente irrepetible por Héctor Ciapuscio.



Un presidente irrepetible por Héctor Ciapuscio.



Arturo Illia, quien estuvo a cargo del gobierno nacional entre octubre de 1963 y junio de 1966, llegó a él con sólo el 25% de los sufragios. Esa precariedad electoral, con el peronismo proscrito, fue uno de los factores de la inestabilidad de un gobierno que hoy, a más de 40 años de su derrocamiento, se aprecia cuando menos como irreprochable. Hubo en su caída otros factores que al final fueron decisivos. En primer lugar, la opinión adversa de los militares, alarmados por la Revolución cubana, por la rehabilitación electoral del peronismo, por la política cultural y la universitaria, por el debilitamiento de ideales del catolicismo integrista y por su desplazamiento como dueños del poder. En segundo lugar, la reacción del "establishment" económico ante políticas como la anulación de los contratos petroleros y la ley de medicamentos. En tercer lugar, la pertinaz confrontación de grupos sindicales, la hostilidad del desarrollismo y la sensación pública de una conducción parsimoniosa. Hay más, pero quizá lo que se constituyó en factor decisivo fue la prensa formadora de opinión. Aquel gobierno fue condenado desde el principio y en todo tiempo por los diarios y la caricatura (la "tortuga" de Landrú). La revista "Primera Plana", vocero de grupos desarrollistas y de los "azules" del Ejército, dio el modelo del acoso y la motivación para un cambio drástico (lentitud, ineficiencia, provincianismo, etcétera), con la exaltación de una urgente necesidad de orden, dinamismo y capacidad de gobierno. Así se entronizó la nostalgia militar de muchos en la figura de quien finalmente dio el golpe el 26 de junio. (Esa noche Juan Perón le dijo a Tomás Eloy Martínez en Puerta de Hierro que era "un movimiento simpático porque acabó una situación que ya no podía continuar", que "Onganía ponía fin a una etapa de verdadera corrupción" y que "Illia había detenido el país queriendo imponerle estructuras de los años mil ochocientos").
Vayamos ahora a un perfil del personaje que inspira el título de esta nota.
Un amigo nos trajo desde Italia un libro que no conocíamos y que en 110 páginas refiere una biografía familiar y personal del expresidente argentino. Fue editado en el 2007 con motivo del bautismo de la escuela media de Samolaco –localidad lombarda cercana a la frontera con Suiza– con el nombre "Arturo Umberto Illia" en razón de integrar –sus padres emigraron de allí a la Argentina– la nómina "illustri nel mondo" originarios del lugar. El libro incluye, además de lo biográfico y familiar, una cantidad de referencias documentarias sobre convicciones políticas y morales de Illia que le otorgaron una personalidad de excepción. Aquí se recortarán del texto italiano trozos que se refieren a dos aspectos: su política y su conducta.
En cuanto a lo político, la reproducción de párrafos de sus mensajes al Congreso nos muestra ideas que lo inspiraban y algunos de sus logros. Por ejemplo, la comunicación de 1963 donde dice: "No asumimos el poder para dominar a nuestro país, sino para servir a su grandeza sin alejarnos jamás de la Constitución y de la ley, asegurando a todos nuestros conciudadanos igualdad de derechos y responsabilidades". En el segundo, de 1964, resumió los esfuerzos de su gobierno por la paz social, el pleno empleo, la distribución equitativa de la riqueza, la independencia de los sindicatos y el efectivo ejercicio de la democracia en todos los niveles. En 1965 enfatizó la prioridad de la educación, la salud y la cultura, el significado de la nueva ley de "salario mínimo, vital y móvil" y la garantía de los derechos previsionales. En su último mensaje, en 1966, informará sobre la economía en pleno período de crecimiento, balanza comercial por primera vez en años favorable, la disminución de la desocupación al 4,6% y la inflación reducida a un mínimo. En cuanto al prestigio internacional del país, las visitas de personalidades como el presidente francés De Gaulle, el rey de Bélgica, el presidente italiano Saragat, el chileno Frei y el alemán Lubke mostraban la realidad de un país visto en el mundo como en paz y amigo. Fundamental, el éxito argentino en la ONU con la resolución 2065 que obligaba a Inglaterra a negociar la soberanía de Malvinas.
Respecto de su conducta como gobernante, el libro tiene un título –"L'austeritá e l'onestá del presidente"– en el que se refieren hechos que desconcertarían, por extraños, a muchos políticos de ahora. La austeridad, se lee, "es un aspecto en el que se distingue netamente de todos aquellos que lo habían precedido". Y seguido, se podrá añadir con malicia. Veamos algunos de esos hechos.
Al día siguiente de su derrocamiento, Illia convocó al escribano mayor del gobierno para hacer una pública manifestación de sus bienes. En 1963, cuando asumió la primera magistratura, poseía una propiedad en Cruz del Eje obsequiada con el aporte de 4.000 vecinos que habían contribuido individualmente con 1 peso moneda nacional, sus útiles de consultorio médico, un automóvil y un modesto depósito bancario. A la fecha de su destitución seguía teniendo la casa pero había perdido el automóvil y el saldo del banco. Por otra parte, durante los 32 meses de gobierno dispuso de 80 millones de pesos anuales para gastos reservados sobre los que no hay obligación de rendir cuentas. Del total de 240 millones para los tres años sólo utilizó 20 millones, entre otras cosas para la presentación en Europa de una obra teatral de Ricardo Rojas, y procedió a reintegrar los 220 millones restantes a la Tesorería General de la Nación. Posteriormente, su automóvil fue vendido para pagar una operación quirúrgica a su mujer, quien falleció el 6 de septiembre de 1966. En el mismo orden de cosas, el libro refiere que el presidente depuesto rechazó la pensión que le correspondía como expresidente. Su razón fue consecuencia de la decisión de no reconocer legalidad alguna a aquellos que se habían apoderado del poder no a través del voto ciudadano previsto por las leyes sino recurriendo a la fuerza de las armas.
Y este libro nos brinda una perla para un cierre de parábola. Una nota al pie de la página 50 transcribe una carta del coronel Perlinger quien, al mando del piquete armado que en la madrugada del 28 de junio de 1966 lo desalojó del gobierno, sostuvo con él en su despacho un diálogo final en el que Illia lo amonestó con sus principios advirtiéndole: "Yo sé que su conciencia le remorderá algún día por lo que está haciendo". Fueron palabras proféticas. El 19 de julio de 1982 Perlinger le escribió manifestándole que ya había hecho público el reconocimiento de su error. Le agradece por haberle dado en aquella circunstancia una lección de civismo, concluyendo: "Usted podrá siempre tener la satisfacción de saber que su último acto de gobierno fue el de transformar en auténtico partidario de la democracia hasta a quien lo estaba desalojando con la fuerza de las armas".