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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

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"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

domingo, septiembre 23, 2018

¿Cómo fabricar emprendedores?

Cómo fabricar emprendedores.

Siempre hubo corrupción pero el kirchnerismo, al traspasar todo límite, nos da la oportunidad de un “Nunca más” de la corrupción que mejore y preserve a las empresas.

por Jorge Fontevecchia.
Llevar a la práctica innovaciones es difícil y constituye una función económica peculiar, primero porque está fuera de las tareas rutinarias que todo el mundo entiende y en segundo lugar porque el mundo exterior presenta a esto una resistencia multiforme... Para actuar con confianza, se requieren aptitudes que solamente se dan en una pequeña fracción de la población y caracterizan tanto al tipo como a la función del emprendedor. Esta función no consiste esencialmente en inventar algo ni en crear de otro modo las condiciones que la empresa explota. Consiste en lograr realizaciones”.   (Joseph Schumpeter) * * * Para Schumpeter, el admirado economista de la innovación, el “cuello de botella” del proceso de todo desarrollo económico está en que la sociedad cuente con la suficiente cantidad de emprendedores. Siempre creí que el problema central de la economía argentina era la falta de verdaderos empresarios, no los del club de la obra pública ni de la patria contratista sino de aquellos que producen nuevos o mejores productos para el mercado generando competencia. La prueba de nuestra decadencia es que 68% del producto bruto privado argentino es generado por empresas multinacionales mientras que en Brasil solo el 24%: la enorme mayoría de lo que consumen nuestros vecinos es producido por empresas brasileñas. Otro de los problemas de la economía argentina fue su ubicación en el planeta, alejada del mundo en el hemisferio sur, donde 70% es agua, lejos aun de nuestros vecinos: Africa y Oceanía. Sumado a que las dos guerras mundiales nos aislaron aún más durante la mitad del siglo XX y vivir con lo nuestro pasó de ser una táctica coyuntural a ser una estrategia desdichada. 
Por eso admiré más aún a aquellos empresarios argentinos que se animaron a expandir sus organizaciones también fuera del país llevando al exterior trabajo, talento, ideas y productos argentinos, rompiendo con nuestro aislacionismo conceptual. Pagani, Rocca, Bulgheroni, Pescarmona y Eurnekian integran esa lista reducida, y a todos ellos la revista de economía de Editorial Perfil, Fortuna, los reconoció por su trayectoria a lo largo de la última década y tuve el gusto de entregarles el premio personalmente en la Bolsa de Valores de Buenos Aires. Y de uno de ellos, Enrique Pescarmona, trata esta columna introductoria del reportaje que se publica hoy. A pesar de los esfuerzos profesionales por tomar distancia de los afectos, que creo haber logrado en el reportaje y el lector juzgará, me siento en la obligación de advertir que quiero mucho a Pescarmona y a su hermosa familia, y que a pesar de no haber conocido a su padre ni obviamente a su abuelo, admiro la obra que esas tres generaciones de empresarios hicieron: de aquel inicial taller metalúrgico de 1907 a la empresa en que se convirtió Impsa exportando tecnología compleja a toda América y Asia sostenidamente durante varias décadas. En lo personal, siento empatía por el hecho de Pescarmona definirse como mejor ingeniero que empresario, lo mismo me pasa a mí con el periodismo, como la pasión académica al tomar a su profesión como ciencia, algo poco común entre los empresarios. Conocí a Pescarmona en 1999, cuando Editorial Perfil y el diario Folha de São Paulo eran socios en la subsidiaria argentina de UOL, el mayor portal de internet de Latinoamérica, y Pescarmona tenía Impsat, la versión digital de Impsa. Y a pesar de que nunca tuvimos ningún emprendimiento conjunto, desde entonces nuestra relación personal fue creciendo sobre la base de nuestra empatía personal. Debo decir también que escuché más de una versión sobre que Pescarmona tiene un doble estándar porque, mientras siempre protestaba por la corrupción política, nunca dejó de adaptarse a los ecosistemas Estado-mercado que se fue encontrando. Justo esta semana, por una columna que escribí recomendando a Techint una mayor coherencia entre el arrepentimiento judicial de sus ejecutivos y el arrepentimiento frente a la opinión pública, recibí una carta de un alto ejecutivo de Techint que dejó la empresa hace más de una década, casualmente por una instrucción no ética que le dio Paolo Rocca. Y el hombre, a quien luego recibí personalmente, terminaba su carta diciéndome: “Al contarle esto, no puedo dejar de lado el hecho de que si tuviera que elegir una empresa como ejemplo de lo que quisiera que hubiera más en el país, elegiría, sin dudas, a Techint y sus empresas industriales”. Sin embargo: “La responsabilidad de Techint, como la mayor empresa argentina, es doble porque sus actos construyen una forma de canon para el empresariado en su conjunto” (esto último de su carta es una cita de la columna que yo había escrito). En mi doble condición de periodista y empresario me siento en la obligación de generar puentes entre la opinión pública y las empresas usando la crítica y el periodismo de investigación para ayudar a mejorar la economía, como también la crítica a los gobiernos contribuye a mejorar el país. Es a favor y no en contra de la política o de las empresas. El país precisa más personas interesadas en la política y más personas creando y engrandeciendo empresas, nunca menos. 
El reportaje a Pescarmona por el Cuadernogate merece otra aclaración especial. Dos veces se frustró. Primero iba a hacerse telefónicamente tras la detención del directivo de Impsa, Rubén Valenti, cuando Pescarmona estaba en Kuala Lumpur reuniéndose con el jefe de Estado de Malasia, el viernes 10 de agosto. Sus abogados consideraron que, hasta que no declarara frente a Stornelli y Bonadio, no era conveniente judicialmente. Luego se iba a realizar el viernes 31 de agosto, cuando Rubén Valenti fue excarcelado tras Pescarmona declarar en la causa asumiendo su responsabilidad en carácter de arrepentido. Y la tercera vez que casi se frustra fue este mismo viernes a las 9 de la mañana, cuando el abogado que lo acompañó al reportaje pidió posponerlo una semana y Pescarmona por primera vez desoyó su consejo. Los abogados quieren que los empresarios no hablen con la prensa, priorizando su estrategia judicial, sin entender que es tan importante ser comprendidos judicialmente como que la opinión pública comprenda las diferencias entre un mercenario, un testaferro, un socio, un oportunista y quien de manera no sistémica y frente a un caso puntual pagó coimas, sin que por eso deba ser exculpado ni deje de merecer su castigo. Pero no es lo mismo. La opinión pública merece una explicación de los propios involucrados y un pedido de disculpas para que el arrepentimiento no sea una formalidad judicial. Solo se recupera la credibilidad reconociendo los errores y mostrando verdadero arrepentimiento. El consagrado profesor de investigación de historia internacional de London School of Economics Arnold Toynbee, en su libro La génesis de la civilización, sostenía que para el desarrollo económico de una sociedad, la ciencia y las empresas debían ser concebidas como la pareja de una danza, ambos debían conocer cada paso del otro y seguir un ritmo común. No cabe duda de que el ecosistema Estado-mercado de los países subdesarrollados, especialmente el argentino, y más intensamente durante el kirchnerismo, impulsó a varias empresas a danzar un baile suicida para el país y para las propias empresas. La última dictadura cruzó todos límites y el juicio que se le siguió marcó un antes y un después. Siempre hubo corrupción pero el kirchnerismo, al también traspasar todo límite, nos da la oportunidad de un “Nunca más” de la corrupción que mejore y preserve a las empresas, que son la herramienta imprescindible para el desarrollo de la economía y la sociedad en su conjunto. 
Fuente www.perfil.com

Enrique Pescarmona: "Muchas veces me he puesto a llorar".

Luego de arrepentirse ante Bonadio y ya sin control de Impsa, el empresario cuenta todo. Autocrítica, vergüenza y cómo De Vido amenazó de muerte a uno de sus hijos.

El ex CEO de Impsa, Francisco Rubén Valenti, estuvo detenido varias semanas antes de que usted se presentara a declarar. ¿Por qué no lo hizo antes, ahorrándole ese tiempo de presión, como hizo Calcaterra con el ex CEO de Iecsa? —Valenti no era CEO, era el vicepresidente de la compañía. Se ocupó 18 años de Asia. Es un gran trabajador y un tipo de primera. —¿Por qué esperó cuatro semanas para presentarse? —Tenía una reunión fijada con el primer ministro malayo que no se podía cambiar para el viernes 4 de octubre. Rubén, que es muy testarudo, quería declarar que no era culpable. No había forma de convencerlo, hasta que yo llegué. Rubén Valenti es un tipo fantástico, trabajó toda su vida como un negro. Es un trabajador incansable. Se levanta a las 7 y trabaja hasta las 12. Es muy insistente y a veces se pasa. —¿Por qué en el caso de Techint alcanzó con que se arrepintiera uno de sus directivos sin que lo tuviera que hacer su dueño, Paolo Rocca, y en su caso no alcanzaba con que se arrepintiera Rubén Valenti? —Es fantasy fiction. Yo no sabía qué quería hacer Valenti, porque estaba lejos y enfocado en conseguir otros contratos. Ir a Malasia a mi edad no es fácil. Hay 12 horas de diferencia. —¿Qué edad tiene? —Tengo 76 y voy a cumplir 77 en noviembre. Estoy muy bien para mi edad, pero no tengo la resistencia física que tenía a los 50. —Vuelvo a preguntarle. ¿Encuentra una diferencia en el caso de Techint y el suyo? En el caso de Techint alcanzó con que fuera Betnaza y en el caso de Impsa tuvo que ir usted. —No sé si era necesario o no. Lo hice porque creo que siempre el presidente de una compañía es el último responsable. No se puede juzgar a los otros porque es fantasy fiction. Yo no soy quién para juzgar a nadie. Techint es una gran compañía, Paolo Rocca es un gran empresario. —¿Puede haber un trato preferencial con Techint por la importancia de su inversión en Vaca Muerta? —¡Pregúntele a los jueces! Es evidente que Vaca Muerta, para Argentina, es estratégico. Es la solución del problema energético de la Argentina, el cual lo tenemos gracias a los señores K. 
—¿Hay alguna injerencia de Cambiemos en la causa: acelerar o demorar o hacer foco o no en ciertos empresarios? —No parece. —¿Confía en un juez como Bonadio, que fue parte de la famosa servilleta de Corach, y un fiscal como Stornelli, que fue ex funcionario de Scioli? —Creo en la Justicia. Quiero una Justicia independiente. Es la única que funciona en un país como la gente. —Mencionó que estaba en Malasia tratando de conseguir nuevos contratos para la empresa de Malasia. ¿La empresa de Malasia quedó separada de Impsa? (N de R: en 2017 los acreedores de Impsa pasaron a tener el 65% de Impsa y Pescarmona quedó solo con el 35% sin poder siquiera participar de los directorios). —Quedó separada, sí. Por razones que no vienen al caso. La sigue ayudando a Impsa ya que la contrata. Si sale este proyecto que está avanzado, vienen 30 millones de dólares de fabricación para Argentina. —También estuvo en Colombia, donde tiene otra empresa. ¿Qué empresas le quedaron a usted y su familia? —Me quedó una empresa en Colombia que hace 30 años que la tenemos. Estamos muy contentos. Tiene 1.800 empleados. —¿Es la empresa más grande que le queda? —En empleo, sí. —¿Queda alguna otra empresa? —Tenemos Citrac. Es tecnología moderna. En México, Panamá, Chile, Argentina, Brasil y Uruguay. Es una empresa de tecnología de todo tipo. Informática, software, inteligencia artificial. —¿Y le queda la bodega? —La bodega, sí. La manejan mis hijos. Tengo casi 77 años y está todo pasado a mis hijos.
—¿Qué autocrítica tiene para hacer? —Estoy arrepentido. La verdad que me faltó resiliencia. Los atrasos en los pagos en Venezuela eran muy complejos. La verdad que se atrasaron mucho, se pasaron facturas por 300 o más días, y no las pagaban. Me pasé muchas noches sin dormir buscándole una solución. Lo más importante de las empresas son la gente. No es el capital, sino la gente que uno tiene y por eso hay que defenderla. —¿Le faltó resiliencia? —Me faltó, sí, porque después de 11 meses de no cobrar uno empieza a tomar decisiones erróneas. Me sentía como si estuviera secuestrado. Todavía, cada dos meses o 45 días, me despierto a las tres de la mañana con ataque espasmódico, pensando que estoy en el calabozo. En donde me tuvieron guardado 45 días, en el suelo, en condiciones inhumanas. Me sentía en las mismas condiciones con los K y estos chicos. Era un sistema sistémico de cobranza. Fue una sensación muy acosadora, extorsionadora, me sentía una porquería. Me estaban extorsionando y haciendo cosas ilegales. A veces uno toma decisiones que jamás debería haber tomado.
—En el libro “Cien años de Impsa” usted cita a su abuelo y a su padre. Cuenta que su padre tenía en el escritorio una frase: “Nunca darse por vencido, aun vencido”. Cuando dice que le faltó resiliencia, ¿su padre habría actuado de otra manera en este sentido? —Fantasy fiction. No lo sé. —¿Siente vergüenza? —Claro que me da vergüenza. ¡Como no me daría vergüenza! Muchas veces me he puesto a llorar por haber tenido que hacer estas cosas. Cuando estaba en el calabozo, a veces lloraba. A uno le da una angustia muy grande. —El juez Bonadio se refiere taxativamente al argumento de pagar los sueldos, en su dictamen diciendo: "Hizo funcionar una maquinaria que le sacaba con procedimientos amañados dinero al Estado Nacional, en detrimento de la educación, la salud, los jubilados, la seguridad, que dejaba al pueblo más humilde sin cloacas, sin agua corriente, sin servicios, sin transporte seguro, etc., y todo esto se hizo para distribuir coimas a funcionarios corruptos a cambio de que, por avaricia y codicia, ese selecto grupo de empresarios también se llenaran los bolsillos mediante su participación en licitaciones o concesiones, sosteniendo a posteriori un discurso acomodaticio y cobarde, pretendiendo haber cedido a las presiones oficiales, en bien de cuidar sus empresas y los puestos de trabajo de sus empleados". ¿Qué reflexión le merece este párrafo? —Mal me puede hacer ninguna reflexión cuando nosotros en Argentina no tuvimos trabajo con los K. 
—¿No le quitó recursos al Estado argentino? —Al contrario. Traje trabajo. No teníamos trabajo acá, lo tenía que buscar afuera y lo conseguía. Eramos competitivos. Soy un tipo medio loco, y si veo que no puedo hacer cosas en un lugar, me voy a otro. Es más, lo hablamos en familia y decidimos que nuestros hijos se fueran a Brasil. Nos dimos cuenta de que ya no íbamos a hacer nada aquí. Nos fuimos a Brasil, y trabajamos en cuarenta países. —¿Como no obtuvo ninguna obra en Argentina, no hubo sobreprecios que les quitara, por ejemplo, a las jubilaciones? —Nada, nada. —¿Cree que los empresarios en su conjunto deberían hacer una autocrítica? —No puedo decir eso. Puedo decir lo que yo haría, pero no lo que van a hacer los otros. —¿Piensa renunciar a la vicepresidencia de AEA? —Todavía no lo he pensado. —¿Aquellas personas que se arrepienten tendrían que dar un paso al costado? —Fantasy fiction… —¿Cómo fue su experiencia con el gobierno de Néstor y Cristina Kirchner? Detalle qué negocios hizo, en qué quedó afuera, cómo era el mecanismo de pago de coimas para conseguir obras en el exterior, y cómo y en cuántas oportunidades tuvieron que pagar. —Solamente en Macagua, Venezuela. En el resto no. En Brasil no teníamos problema. En Tocoma no teníamos problema porque la Corporación Andina de Finanzas financiaba y pagaba. Tampoco tuvimos problema en Colombia, en Malasia, en todos los demás países. —¿Cambió algo con Néstor Kirchner de presidente a cuando asumió Cristina en su lugar? ¿O se mantuvo siempre la misma situación? —Hasta el 2006 nos interesaba mucho la Argentina. Era un buen momento económico, aunque había un problema energético muy grande y lo sigue habiendo. Sigue sin solucionarse. Tener que importar energía es uno de los problemas más serios que hemos tenido y seguimos teniendo. Si uno mira la Patagonia, el potencial eólico que tiene, el potencial solar que tiene toda la Argentina, en especial la Cordillera de los Andes, es fantástico. Y además el potencial hidroeléctrico, que es muy grande. Queríamos hacer trabajos en nuestro país, pero no tuvimos éxito. Ganábamos las licitaciones, en algún caso nos las adjudicaban y después nos las arrebataban. Por razones obvias. Querían que fuéramos socios de ellos. —¿El que se mantuviera De Vido hizo que fuera igual con un presidente o con otro? —No sabría hacer una diferencia. Mantenerlo a De Vido significaba que era parecido. —¿Qué rol jugaban De Vido, Baratta, José López? ¿Tuvo relación con alguno de ellos? —Ellos eran los que apretaban, siempre. Por decisión de la corona. Siempre lo decían, de una manera o de la otra.-
—¿Qué papel jugaban los gobernadores? ¿Se aplicaban los mismos mecanismos también en las provincias? —No hacíamos obras en las provincias, así que no puedo saberlo. —Kicillof, el ministro de Economía de entonces y que hoy se perfila como candidato del kirchnerismo en las próximas elecciones, ¿estaba al tanto del pago de coimas? —No lo sé. —¿Qué sintió cuando se enteró de la aparición de los cuadernos de Centeno? —Me parecía que no eran ciertos. Pero cuando empezaron a aparecer los arrepentidos se convirtieron en ciertos. —¿Cómo fueron estos meses en lo personal, lo familiar? —Horrorosos. Primero perdimos credibilidad, respetuosidad, prestigio. Estamos todos golpeados, lo cual es malo. Uno deja de ser creativo, no piensa en nuevos proyectos y trabajos. El empresario no hace las cosas por plata, las hacemos porque nos gusta. Soy ingeniero y me importa hacer más cosas de ingeniería, que ganar más plata. Si me dan un proyecto de algo extraordinario y no tengo que ganar nada, lo hago. Soy un nerd. La plata nunca es un fin para mí, es un medio para hacer cosas que te interesan. —Además de Valenti, ¿qué otras personas estaban al tanto de esto? —Creo que nadie más. 
—¿Intervino alguna vez Ernesto Clarens? —No, ni lo conocemos. —¿Durante esos años otros empresarios le comentaban tener los mismos problemas que tenía Impsa? —No. —¿Alguna vez medios periodísticos afines al gobierno lo extorsionaron actuando en combinación con el gobierno kirchnerista? —No sé. No me acuerdo. —Usted siempre dijo que fue discriminado por el kirchnerismo. ¿Cómo luchó contra eso? ¿Intentó denunciarlos? —Hicimos denuncias. Contratamos a dos grandes estudios de abogados para que nos ayudaran. Cada vez que hacíamos alguna impugnación, la rechazaban, o cambiaban los pliegos. —¿Impugnaciones a las licitaciones que finalmente no le adjudicaban? —Quisimos hacer problemas judiciales y nunca pudimos. Nos dimos cuenta de que íbamos a parar a una vía muerta. Ibamos a gastar plata y no íbamos a hacer nada. Nos parecía más positivo buscar trabajo en otro lado. —Usted llegó a pensar en tomar de modelo el antecedente de PERFIL, que le hizo un juicio al Estado por discriminación. —Lo pensé diez veces. En algún momento va a haber que pensarlo. Pero ahora hay que salir de este lío. —¿Por qué, habiéndolo analizado, después decidió no seguir lo que había hecho PERFIL al kirchnerismo? —Por qué somos ingenieros. Nos fuimos a otro lado porque había una posibilidad. Es más difícil para PERFIL. Pero para la ingeniería hay que estar muy enfocado en lo que uno hace. Son proyectos difíciles, técnicos. Si uno tiene la cabeza metida en la parte legal, pierde el foco de lo que sabe hacer. Decidimos irnos a hacer negocios en otros países. Quizás, erróneamente. —¿Hoy, en retrospectiva, qué cree que debería haber hecho? —No sé, tendría que haber seguido pensando cómo salir del atolladero. —¿Le faltó creatividad? —Sí, me faltó creatividad, resiliencia, inteligencia. Encontrarle una vuelta. Tal vez, igual no se la hubiera encontrado.
—Teniendo la experiencia actual, ¿se pregunta si hubiera hecho esto, o aquello? —No tendría que haber licitado en Argentina y listo. Podía trabajar en el mundo. Me agarró la argentinidad. Podría haber llevado trabajo a la gente de cualquier parte del mundo. Cuando uno tiene una empresa que es eficiente, competitiva y tiene la mejor tecnología, siempre vas a conseguir trabajo. Si uno es argentino, y nosotros lo somos, y no tiene la mejor tecnología y al mejor precio, no compra nadie. Más del 50% de las ventas de nuestros vinos son en el extranjero. Es interesante. En Citrac, por ejemplo, el 80% de los ingresos vienen de otro país. —Pero su problema no fue por haber pagado coimas para licitaciones en Argentina, sino casualmente por una hecha en el exterior, en Venezuela. —Exactamente, por Macagua.
—¿Los empresarios que pagaron coimas son todos cómplices, o algunos son víctimas? —No sé, pero debe haber de los dos casos. —¿Es consciente de que la opinión pública cree que los empresarios se colocan en el papel de víctimas para evadir la crítica social? —Es probable que la gente tenga razón, pero no en mi caso. Yo no fui beneficiado de este sistema. Al contrario, perdí la empresa y más de cien años de trabajo. Perdí por no poder estar en la empresa, dejé el 65% en manos de los acreedores. Trabajé para hacer una gran empresa fuera de Argentina y la perdí por esto. Ninguno de la familia puede ser director y estar ahí, a pesar de tener el 35% de las acciones. Había que salvar a la gente, la tecnología y las empresas. Es importante que las empresas sigan creando valor. Este proceso puede complicar la economía y hay que salir rápido. Tiene que servirnos para aprender. Si uno no aprende con esto es porque es un marciano. "De Vido, Baratta y López eran los que apretaban. Por orden de la corona, decían siempre". —¿Recibió castigo social por esto? ¿Alguien lo insultó? —Nunca me insultó nadie. No voy mucho a los restaurantes. —¿No tuvo problemas con una funcionaria de Migraciones al entrar a Ezeiza? —No, fue algo menor. —¿Lo miran distinto que antes en lugares públicos? —No lo he notado. Pero soy distraído. —A la mañana cuando se mira al espejo, ¿le pasa algo distinto tras el Cuadernogate? —No, pienso a ver cómo salir de esto y cómo mejorar para ser mejor el día de mañana. Errores vamos a cometer siempre, el único que no se equivoca está ahí arriba. Los humanos nos equivocamos, siempre. Cometí errores, como todos los humanos. —¿Se presentó al blanqueo? —Sí. —¿Qué diferencia hay entre la “patria contratista” de los años 80 y el mecanismo que practicó el kirchnerismo? —Sistémico. El sistema era así. Antes, hicimos muchas obras en Argentina que eran todas correctas. Los funcionarios te ayudaban a hacer el trabajo. Estaba el Compre Nacional. Se le quería dar trabajo a la gente. Con el gobierno anterior, el Compre Nacional no existía. Preferían dar trabajo a los extranjeros en vez de a los argentinos, a pesar de que eras competitivo y mejor. —Hizo obra pública en Venezuela, primero con Chávez. —No, empecé antes. En Venezuela estamos hace 40 años, conocemos muy bien el país. Era mucho más rico que Argentina hace 25 años: 25 mil megas de pico tenían ellos, y Argentina 18 mil. Con mucha menos gente, eso sí. Los tipos eran muy ricos e inteligentes. Siempre pensaban que su commodity, su forma de vida, era el petróleo. Pero invertían la plata del petróleo en hacer internamente todas las centrales hidroeléctricas. Tenían una industria fuerte. Me fue bárbaro allá. —¿Qué diferencia hay entre la Venezuela pre Chávez, la de Chávez y la de Maduro, respecto de la corrupción? —Chávez era mucho mejor que Maduro. Más no le puedo decir. —Para poder cobrar la indemnización por la nacionalización de su empresa en Venezuela Techint confesó que tuvo que pagar coimas. En su caso, ¿a qué obedecían las coimas? —¡No pagué coimas! ¡Me extorsionaron para que pagara! Eso se llama extorsión. Como un secuestro. —¿Techint podría decir lo mismo? —No sé, pregúnteles a ellos. "Pensé que era falso lo de los cuadernos. Pero aparecieron los arrepentidos y cambié de opinión". —¿Qué similitudes encuentra en el caso de Impsa y de Techint, que son las dos empresas que actuaron en Venezuela? —Somos totalmente distintos. Ellos fabricaban, y nosotros no. —En su declaración judicial dijo que habló con los ejecutivos de Techint para compartir datos sobre los problemas que ambos tenían en Venezuela. —No, yo no dije eso en mi declaración. (N de R: En su declaración judicial dijo: “El tema de la extorsiones las conversé informalmente con la gente de Techint porque a ellos les pasaba lo mismo con la expropiación de Sidor”). —La oposición al chavismo denunció que la represa concedida a Impsa por adjudicación directa tuvo sobreprecios “desorbitantes”. Presupuestada inicialmente en 223 millones de dólares, sobrepasó los 350 millones y Julio De Vido fue el gestor del negocio ante Chávez. ¿Fue así? —No, es mentira. Son los competidores nuestros internacionales. Nadie habla de ellos acá. Todos hablan de la obra civil y nadie habla de los sobreprecios de Yacyretá o de las obras electromecánicas que le concedieron a una multinacional. —¿Un Lava Jato argentino finalmente favorecerá los intereses de empresas trasnacionales extranjeras, que podrán quedarse con las firmas argentinas a precio de ganga? —Es posible. Cuando se da esta situación, la gente se vuelve muy aséptica y no quiere seguir creando empresas. Esto tiene que solucionarse rápido. Brasil lleva diez años de recesión y todavía no sale. Nosotros, con el nivel de pobreza que tenemos, no podemos permitirnos tener diez años de recesión. Hay que salir rápido de este asunto. —También actuó en Brasil. ¿Qué diferencias encuentra en el mecanismo de recaudación que hubo en los gobiernos del PT con el de los kirchneristas? —No tuvimos problemas en Brasil. La crisis nuestra viene porque nos dejaron de pagar, probablemente porque rompimos algunos carteles. No me sumé a ellos. Una empresa que se vuelve cartelista se vuelve ineficiente. Además, es ilegal. Si uno es una empresa que quiere andar en el mundo, tiene que ser eficiente y competitiva. Si no, a la larga, desaparece. Impsa duró 110 años, y espero que siga durando mucho más de lo que yo viva. —Pero tuvo dificultades en Brasil. —En Brasil me dejaron de pagar energía generada en un parque eólico que habíamos invertido, el más grande de Brasil en ese momento. Tardaron tres años en pagarme. —Dejar de pagar es el mismo método, entonces. —Sí, es un método. En Brasil no había problemas de coimas. Era un problema de venganza. —Usted declaró ante Bonadio que cree que, en Brasil, el kirchnerismo hizo que el PT le pospusiera los pagos para quebrarlo. —Es probable. Tengo la sospecha, pero no estoy seguro. Si lo hubiera estado hubiera actuado distinto. —También tuvo controversias en Paraguay. Le leo parte de un editorial del diario “ABC”, el principal del país: “En tiempo récord, los directores Recalde y Thomas realizaron múltiples gestiones como la cancelación del proceso licitatorio iniciado en el 2000, sin razón válida y sin notificar a los participantes; el cambio arbitrario del reglamento de contrataciones de Yacyretá para habilitar la ‘iniciativa privada’, con el único y evidente propósito de beneficiar a Impsa en su afán de ser ‘iniciador privado’ con los enormes privilegios que ello conlleva; el ‘pedido’ a Impsa de ‘reconfirmar’ y actualizar su propuesta de 1999, el estudio exhaustivo de la nueva propuesta, su aprobación por todos los estamentos técnicos, financieros y jurídicos de Yacyretá en ambos países y la decisión del comité ejecutivo y el consejo de administración de declarar a Impsa ‘iniciador privado’ de Aña Cuá. ¡Todo en 90 días y en secreto!”. —Eso no es verdad. Eso era una maravilla de ingeniería que hicimos. Teníamos derecho de autor, era algo que no había pensado nadie. Les resolvíamos el problema en serio a la Argentina y muy rápido. No podíamos cobrar sobreprecios porque teníamos que invertir nuestra propia plata. Si le poníamos más precios, no íbamos a recuperar el dinero invertido. Fue una operación de las más grandes del mundo contra nosotros. No tengo pruebas. Alguno de los europeos es probable, no creo que los americanos. —En Paraguay denuncian que del costo original de 160 millones Aña Cuá pasó a 420 millones en tres años sin explicación alguna. —Estoy seguro sobre los norteamericanos. Los norteamericanos fueron cartelistas hasta los 60, y en los 70 hubo, casualmente, un cambio legislativo. Viví seis años en Pittsburgh donde pasaban esas cosas. Soy miembro de un club, hay una mesa para los miembros y siempre me sentaba con Joe Denve, que era mi asesor y también miembro y ex presidente de American Breach, una empresa de construcciones que hizo los hoteles de Walt Disney. Joe me contaba que con Disney no firmaban contrato, se daban la mano y después lo cumplían. —Hasta los 60 las empresas norteamericanas también se cartelizaban. —Sí, lo estaban. Incluso había algunos de los cartelizados que se sentaban en la mesa porque ya habían pagado su condena, y Joe no se quería sentar con ellos. "Perdí credibilidad, respeto prestigio y quedé muy golpeado. Estos meses han sido borrosos". —La modificación de la legislación hizo que las empresas norteamericanas cambiaran. —La legislación cambió y se adaptaron. Los norteamericanos se adaptan rápido. —¿Puede ser que los norteamericanos hoy estén utilizando su propia legislación para aplicarles a las demás empresas del mundo? —Me encantaría que hicieran eso y nos dejamos de joder. —¿Cuál era su relación con Oscar Thomas, el ex director de Yacyretá, recientemente detenido luego de más de un mes prófugo? —No existía. Lo conocía, pero a nosotros no nos podía ni ver. Tenía una relación asquerosa. —¿A quién reportaba Thomas? —A De Vido. —¿La constructora de la familia Macri tuvo también adjudicaciones en los complejos hidroeléctricos fronterizos con Paraguay? —No sé nada de eso. —¿La amistad con Macri del ex gobernador de Misiones y actual embajador en España, Ramón Puerta, viene de aquellas obras de la constructora familiar en la zona? —Ramón Puerta es un tipo bien. Hacía un buen papel como embajador de Argentina en España. —Durante el kirchnerismo, Electroingeniería emergió como el gran competidor de Impsa, ¿por qué no había surgido antes? ¿Fue favorecida por el anterior gobierno? —Obvio que fue favorecida por el kirchnerismo, sin ninguna duda. Apareció Electroingeniería, porque si no, hubiera aparecido Báez. —Relate los encuentros que tuvo con De Vido, cuando le dijo que, para tener obra pública, usted necesitaba un socio. —El vino un día a cenar, se invitó. Yo estaba de acuerdo. Al principio empezó bien, pero cuando llegó el tiempo de los postres empezó a decir que necesitábamos un socio. Le dije que nosotros no necesitábamos un socio. Uno de mis hijos le dijo que ya teníamos un socio en Paraguay, que la plata la poníamos nosotros, que teníamos el conocimiento, podíamos financiar el proyecto y le íbamos a resolver un problema de energía a Argentina. Cuando mi hijo le explica eso, el señor se enoja, le dice "pendejo de mierda" y se retira enojado. "Por ahora no sufrí castigo social. Nadie me insultó, porque no voy mucho a los restaurantes". —En su declaración usted sostuvo que insultó fuertemente a su hijo Lucas. —Sí, lo insulta. Nosotros somos educados. Podemos ser apasionados, pero no somos maleducados. —¿Amenazó de muerte a sus hijos? —Sí. A uno le dijo: "Pendejos como vos aparecen después en un arroyo".
—¿Y la segunda comida? —Duró diez minutos. Dijo que venía "por la corona" a decir que necesitaba un socio, o si no, no íbamos a tener ninguna obra. No necesitamos un socio nosotros, le dije. —¿La corona sería…? —El Estado. El gobierno: el presidente y la presidenta. —Usted está en un área que tiene que ver con energía… —Todos piensan que nosotros somos la "patria contratista". Pero hicimos más trabajos con las empresas privadas que con las públicas. Hicimos un proyecto extraordinario en Filipinas, que financiamos con socios norteamericanos. Acá no tenemos situación financiera pero muchas empresas trabajan solo con empresas privadas. —Esta causa tiene que ver con energía. —Tiene que ver con Macagua. Era un proyecto que también fue una genialidad nuestra. Una genialidad ingenieril. Los venezolanos querían que Macagua fuera un museo, y a nosotros nos pareció que era una locura tener una central donde el 70% de la obra civil ya estaba hecha. Presentamos oferta para repotenciar la central por poca plata. Era una oferta de 200 millones, nunca llegó a los 300, eso es todo mentira. No solo repotenciamos la central, le aumentamos la potencia. La tecnología mejoró en 50 años, con 30% más de potencia, con la misma agua. —Más allá del juez Bonadio, la sentencia la dictará un tribunal superior. ¿Le transmite confianza la Justicia Federal argentina? —La Justicia siempre me transmite confianza. Si no, me tengo que ir de este país. Y yo no me pienso ir. Es una cuestión teórica. Cuando me muera quiero que me entierren en Mendoza. —Compare la Justicia brasileña con la Argentina, por favor. —La Justicia brasileña se ha equivocado en algunas cosas, porque ha durado mucho tiempo con los casos. Espero que la nuestra no dure ese tiempo. Brasil es un partenaire importantísimo. Y no solo Brasil, Latinoamérica. Latinoamérica no comercia entre sí misma. Es fundamental aumentar el comercio entre nosotros y no lo hacemos. Brasil es importantísimo. Ojalá salga rápido, nos va a ayudar en la economía. —¿Qué diferencia hay entre los empresarios brasileños y argentinos? —Es una cultura distinta. La brasileña es buena. Ellos tienen financiación y nosotros no. Tienen el BNDS (el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social), tiene moneda y nosotros no. Somos una economía que piensa en dólares y ellos piensan en reales.- "Mi padre y mi abuelo me molerían a palos por lo que hice y mis hijos piensan lo mismo". —Como ingeniero, ¿cómo evalúa a Odebrecht? —Son buenos. —¿Vio la serie de Netflix "El mecanismo"? —No la vi. —¿Cómo llegó a asociarse con Camargo Correa en la licitación de Cóndor Cliff? —Tenían el BNDS, y nosotros buena relación con ellos. Era un problema de empatía. El afecto con algunos uno lo tiene, y con otros no. Con Odebrecht no, y con Camargo un poco más. Al final no pasó nada, nos echaron. Después la ganaron los chinos, y con máquinas importadas. Ingeniería china, cuando es mejor la argentina. Ojo: no tengo nada contra ellos, trabajamos en China: hicimos ochenta grúas ahí. —Para esa misma época Odebrecht también se asociaba a otras empresas argentinas para poder obtener contratos de obra pública. Sus ejecutivos, como Luiz Mameri, declararon en Brasil que para poder operar en Argentina las brasileñas debían asociarse a compañías locales. Era parte del esquema de corrupción en la obra pública. Además, tanto Impsa como Corporación América están en los cuadernos, y sus responsables confesaron los pagos. ¿Por qué la licitación de Condor Cliff sería una excepción? —Nada que ver. Nosotros no hicimos nada con los brasileños. Había que pagar coimas, y nosotros no las pagamos. —En Brasil, Camargo Correa está siendo investigada por supuestas coimas a ex funcionarios públicos y financiamiento ilegal de campañas políticas. Hay, incluso, indicios de que pagó sobornos en Argentina a través del ejecutivo dedicado a pagar coimas, Pietro Giavina Bianchi. ¿Les exigieron “contribuciones” para ganar esa licitación de 2007? —No tengo idea. No sé nada de eso. Nunca me preguntaron por coimas. —Usted ha declarado: "Los serios en lo nuestro pagamos más que los chorros. Yo perdí el 65% de una empresa de 110 años, mientras casi todos los chorros andan sueltos". ¿Quiénes son los chorros que andan sueltos? —Es obvio. Pero quizás fue un exabrupto. —Meses antes de las elecciones de junio de 2015, cuando Cristina Fernández visitó Mendoza para apuntalar a los candidatos locales, ¿le ofreció un salvavidas: proveer los equipos a Cartellone, quien ya había ganado la licitación por la hidroeléctrica Los Blancos? —No fue así. Los Blancos era una empresa de Mendoza. Si usted es competitivo y no le dan el trabajo, le pegan un tiro los mendocinos. Nosotros hicimos Potrerillo con Cartellone. Pusimos nuestra plata, que no recuperamos nunca porque después congelaron las tarifas. Ibamos a cobrar por la energía, pero fue un pésimo negocio. Nos pagaban lo que querían. Eso fue otra pérdida de plata. Fue un chino. Quizás nos hubiera pasado también con Aña Cuá. Pero también: es fantasy fiction. —En un anterior reportaje le hice esta pregunta: "La cartelización de la obra pública era la fuente de sustentación de la plata negra de la política. No solo es un problema de eficacia económica sino de corrupción política". Y usted respondió: “En todas las democracias, los empresarios, de alguna forma, ayudan a las campañas políticas. Pero una cosa es ayudar y otra cosa es que desaparezca la plata y se use para otros fines. La verdad es que es muy difícil financiar las campañas políticas que hay en este momento porque cuestan mucho dinero. Y todavía no se ha hecho una ley como para financiar esas campañas. Eso no está reglamentado en la Argentina”. —Sigo pensando lo mismo. No puede ser que en la política no haya una ley que diga cómo van a financiar las campañas, para evitar estas cosas. Con Clinton empezaron a pagar a gente para las campañas, y en vez de pedir cantidades exorbitantes pedían 10 dólares, 20 dólares y la gente la financió así. Por internet. Siempre hubo grandes financistas de las campañas norteamericanas. A los buenos que habían recaudado, el gobierno los ayudaba con una embajada. Acá nunca fue el caso. —¿Financió las campañas políticas de todos los candidatos en el pasado? —No, de la izquierda nunca. Siempre financié en las campañas, pero con factura. —¿Cómo era la corrupción en la época de Menem? —Yo no tuve problemas. Tampoco hacía obras. —¿El grado de corrupción fue aumentando en Argentina? —Sí, aumentó. Alfonsín no tenía corrupción. Menem, comparado con Kirchner, tenía muy poca, pero sí la había. Mucho menor. —¿Cuáles eran los mecanismos a los que recurrían luego las empresas para blanquear esas salidas de fondos? —No lo sé porque nunca pagué. La plata que confesé era mía, era blanca. Cuando uno paga los impuestos, puede hacer lo que quiera con la plata. —¿Cuánta plata aceptó que le pagó a esta gente? —200 mil dólares.
—¿Es cierto que el kirchnerismo no aceptaba pesos y siempre tenía que ser en dólares? —No sé. Yo pagué en dólares. —¿La decisión de pagar se tomaba en forma individual y aislada, o la hablaban y acordaban posturas entre empresarios? —Nunca consultábamos a nadie. —¿Alguna vez alguien le contó que estaba pagando? —No. —¿Cómo evalúa a Iecsa como ingeniero? —Iecsa es buena desde un punto de vista ingenieril. "De Vido se hizo invitar a cenar y empezó con que necesitábamos un socio. Fue agresivo". —¿Hubo algún cambio con Iecsa a partir de que asume Calcaterra y deja de pertenecer a Franco Macri? —No sé. Los ingenieros no tienen nada que ver con la construcción. Pero cuando son buenos, siguen siendo buenos. —¿Los empresarios siempre son oficialistas de todos los gobiernos? —Uno no se puede pelear con los gobiernos. El poder del Estado es enorme. Pueden cambiar una resolución en un día y te dejan con las patas para arriba. No quiere decir que uno deba dormir con ellos. Una cosa es tenerles respeto porque fueron electos por el pueblo, y otra cosa es dormir con ellos. —Usted fue criticado por ser siempre oficialista. —Fui crítico de los gobiernos, incluso de Menem, de Alfonsín. Escribí un artículo cuando Sourrouille era ministro, le expliqué algunas cosas y no tuve éxito. —Como industrial, ¿está más cerca de una economía liberal o keynesiana? —Keynesiana. —Desde el punto de vista económico, en su carrera profesional, ¿quién le parece que fue el mejor ministro de Economía? —Krieger Vasena fue un gran ministro. —¿Y de la recuperación democrática para acá? —Hubo varios buenos. Sourrouille no fue malo, salvo que no controló la última parte. Se equivocó con la parte energética. Todos nos equivocamos. Dujovne es bueno, está haciendo las cosas que tiene que hacer. Le tocó bailar con la más fea. También hay que reconocer algunos que hicieron un buen trabajo. Lavagna, por ejemplo. —¿Si tuviera que destacar a dos? —Krieger Vasena, Roig, Lavagna y hasta ahora lo veo bien a Dujovne. Hemos tenido muy buenos economistas. —Pero Argentina no encuentra solución, a pesar de eso. —Argentina, mientras tenga el déficit fiscal que tiene, va a seguir teniendo caídas. "Pendejos como vos después aparecen en un arroyo, le dijo De Vido en la cara a mi hijo Lucas". —El 3 de agosto, al enterarse de la judicialización de los cuadernos de la corrupción, usted envió un mensaje que se publicó en algunos medios de Mendoza diciendo: “Esto es una venganza de los K porque no entramos en la joda”. ¿En qué joda usted no entró y otros sí? —Fue así. A lo mejor me equivoco, es mi pensamiento. —¿Cuál era la joda? —La joda es lo que le conté. Para qué lo vamos a repetir… —¿No le queda la sospecha de que la causa de los cuadernos, si tiene una dirección política, apunta al corazón del kirchnerismo pensando en las elecciones de 2019? —No parece, no parece… —Todos los empresarios arrepentidos tienen el mismo embargo de 100 millones de dólares… —Yo no tengo esa plata, y si la tuviera la tendría invertida. Soy como usted. Si me sobra un mango, bárbaro, si no me sobra lo hago igual porque encuentro financiamiento. Usted se ha metido en un berenjenal con el canal de televisión. Bueno, nosotros somos así. —¿Pensó alguna vez que para terminar siendo parte de una asociación ilícita junto con Cristina Kirchner, y habiendo perdido el 65% de su empresa, hubiera sido mejor haberse beneficiado más del mecanismo de corrupción? —¡Está loco usted! Como puede ser que me endilguen una asociación ilícita cuando a mí me ha ido pésimo con los Kirchner. No lo entiendo. Es más, hemos hecho una apelación a la Cámara. Nunca hemos sido partícipes de esa asociación ilícita. Bonadio hizo un gran trabajo, pero con la rapidez que tuvo, es probable que se haya equivocado. No digo que se equivocó, digo que es probable. Si yo creyera que no se equivocó, no estaría recurriendo la resolución. Nosotros hemos sido perjudicados. Me quedé con el 35% de mi empresa. Soy un paria, ahora. Soy un tipo mal visto por la sociedad. Nunca estuve en una asociación, no soy cartelista. Compito en el mundo, en todo lo que hago. Pienso en el mundo como mi mercado, no solo pienso en Argentina.  
—Una hipótesis que puede tener quien lea este reportaje, que el problema es que usted fue avaro, pagó pocas coimas, perdió el 65% de su empresa, pero igual quedó procesado por asociación ilícita, y embargado en cien millones de dólares. —Esas son las cosas que uno no entiende. Qué quiere que le diga… —¿Se preguntó alguna vez si terminó en el peor de los mundos, sin la empresa, e igualmente procesado? —Me lo pregunto todos los días. Pero hubiera hecho lo mismo. Lo único es que no le hubiera pagado nada a nadie. Tal vez me fundía antes. Total, hubiera entrado en el proceso (N.d.R: reestructuración de deuda). Me pasó cinco años después. Quizás tendría que haber decidido en ese momento que, si no me pagan, no me pagan y terminar en default. A lo mejor me hubiera ido mejor. Es fantasy fiction. —¿Ese análisis hipotético se lo hace muchas veces? —Me cuesta mucho. Es fantasy fiction, Jorge. ¿Qué hubiera hecho en esa situación? ¿Qué hubiera pasado si me hubiera muerto? —¿Qué hubiera pasado si no les pagaba nada, y en lugar de entrar en un concurso de acreedores en 2013 hubiera entrado en 2008? —Quizás me hubiera ido mejor. —Y hoy no estaría procesado, ni embargado en cien millones de dólares, ni hubiera perdido la reputación pública. ‒—Hubiera perdido también la reputación. Impsa no puede hacer una convocatoria. —Pero terminó haciéndola. —No, el APE no es una convocatoria. —Por eso, ¿si hubiera hecho el APE cinco años antes, sin haber pagado por lo de Venezuela, no estaría mejor que hoy? —Fantasy fiction. Probablemente sí, probablemente no. —Usted es ingeniero… —Soy mejor ingeniero que empresario. —Mientras que Paolo Rocca es economista y trabajó en el Banco Mundial, ¿es probable que no haya tenido la suficiente capacidad financiera para adaptarse a un entorno financiero como el argentino, en una actividad de capital intensivo como son las obras de infraestructura? —Es probable. —Su familia es de origen italiano, igual que los Rocca, que tuvieron durante el Mani Pulite al director general de Techint Italia acusado por el entonces fiscal Di Pietro. —Pero yo no soy Rocca, así que pregúntele a él. Con Techint hay que sacarse el sombrero porque es una gran empresa. Después, qué sé yo. Las cosas raras que habrán hecho no es problema mío. Yo los miro como empresario. Hay que ver lo que hicieron en Cidor, que fabricaba 4.400.0000 toneladas con 9 mil personas más 3 mil indirectos. Vino, y se la compraron al año. Techint se la compró al Estado venezolano que era socio al 60/40. Lo sé porque era Venezuela: sesenta Techint, cuarenta Venezuela. Daba dividendos todos los años. Era muy eficiente. Después deciden nacionalizarla. Uno de mis grandes amigos marxistas dice que fue un error eso. "Uno no se puede pelear con los gobiernos. Con una resolución, te dejan patas para arriba". —¿Un marxista venezolano? —Sí. Muy serio. Lo que pasa es que cuando un año después que se van los técnicos de Techint, pasan a fabricar un millón de toneladas, la cuarta parte en un año, y la cantidad de empleados pasa a 30 mil. Entonces pierde plata a lo loco. Al tercer año no fabrica más un carajo, nada. Todo este polo de desarrollo industrial electrointensiva que había hecho que Puerto Ordaz, que era una maravilla, aluminio, acero, electroaleaciones, desapareció. No fabrica más nada. —¿Eso a partir del chavismo? —Sí, de Maduro. Del chavismo, Maduro, qué sé yo. —¿Hay un punto de contacto entre lo que pasó en Italia con el Mani Pulite y lo que pasó con el Cuadernogate en Argentina? —No lo sé, nunca estudié el Mani Pulite. No me puedo dedicar a ver qué pasa en todos lados. —Los mediterráneos, los latinos, ¿son más propensos a la corrupción que los anglosajones? —Los anglosajones también tienen lo suyo. Por eso decidieron las leyes para que no se repitan más, lo hicieron antes de nosotros porque son economías más avanzadas. Yo espero que acá aparezca algo parecido, y se hagan leyes en serio. —¿Piensa que es el resultado de un Estado que no combate la corrupción? ¿Finalmente aquí lo que hace falta es combatirla en serio? —Sí la cosa viene de arriba es muy difícil combatirlo. Hay que empezar por arriba. Siempre digo esto. Mi gente a mí me sigue, soy un líder, en muchos aspectos. Pero me siguen porque saben que no le saco plata a la empresa. No les afano, no le robo a la empresa. Si robara un centavo, todos tendrían derecho a robar. El de arriba mete la mano en la lata, entonces yo también. El resultado es que la empresa, en tres años, desaparece. Todo empieza por arriba. Por eso me declaré responsable. A lo mejor no debería haberlo hecho, pero bueno. Al final, el presidente de la compañía es siempre el responsable, me guste o no. —Hace poco más de un año usted ganó el premio anual de la Academia de Ingenieros, ¿lo llamaron integrantes de la Academia después de conocerse su nombre en el Cuadernogate? —Si tuviera que decir la verdad, muchos. No de la Academia de Ingeniería, pero muchos me mandaron muchas notas dándome ánimos. El último me lo mandaron hace dos días y es muy importante porque es de un mendocino. Un WhatsApp a mi mujer, y me dice unas cosas que… Pero muchos no piensan lo mismo. —¿No es una paradoja que el ingeniero que gana el premio de la Academia Nacional de Ingeniería un año después esté integrando una asociación ilícita? —¡Yo no estoy en una asociación ilícita! Es un error del doctor Bonadio, a quien respeto y que está haciendo las cosas como él cree que están bien. Se equivocó conmigo, qué quiere que le diga. Tengo que aceptar la Justicia, pero puedo aceptar que la Justicia se equivoque, o un juez, en este caso. —¿Cree que el Gobierno y el Congreso deberían avanzar en un proyecto para limitar la responsabilidad empresaria a las personas físicas? —Supongo que puede ser una buena idea. Pero yo no soy legislador. —Pero usted decía hace un rato que le parecía que, a diferencia de Brasil, que duró mucho tiempo, en Argentina debería ser más rápido. —Tiene que ser más rápido, las empresas son creadoras de valor. Si no, no podés salir, en un país tan complicado como el nuestro. Los que pueden traer más riqueza siempre son los empresarios. El Estado no te va a traer riqueza por más que es lindo hablar del Estado y el socialismo. Los únicos socialismos que han funcionado son los socialismos pragmáticos, como el de Felipe González en España, como la DC italiana, o los países escandinavos. Pero siguen siendo capitalistas. Son socialistas en la distribución de la renta, pero no en la forma de la producción. Podés aplicar impuestos y repartir mejor la plata. La mejor forma de repartir la plata es con la educación. —¿Cómo deberían devolver las empresas a la sociedad el perjuicio que le generaron? ¿En forma de multas? —Yo no le ocasioné ningún perjuicio. Pregúnteles a los que lo ocasionaron. A mí me extorsionaron. Los funcionarios tendrían que haberme defendido y no. Me extorsionaron. —Le pregunto al vicepresidente de AEA. Es evidente que todas las empresas están pasando por un momento en el cual la opinión pública las mira con desconfianza. ¿Cómo cree que se debería reparar la relación entre las empresas y la sociedad, en el caso en que las empresas y sus empresarios terminen condenados por corrupción? No en su caso, hablo de todos en general. —No soy un sociólogo, eso habría que preguntárselo a un tipo que sepa mucho cómo funciona la sociedad. Pregúnteme sobre ingeniería, cómo hacer un reactor nuclear, un puente. En eso soy experto. Pero sobre cómo mejorar las leyes, le puedo dar una opinión que a lo mejor es errada. No soy bueno en eso, ya le dije. Si miramos cómo evolucionó el mundo, incluso la Argentina con todos sus problemas, hoy somos mucho mejor que hace 40 años. Sin duda. El mundo sacó 2 mil millones de personas de la pobreza en los últimos 40 años. Es extraordinario eso, y no lo hizo con el socialismo, lo hizo con el capitalismo. Que en China es un capitalismo de Estado. —¿El dinero acumulado de la corrupción está en algún lado? ¿Qué debería hacer la Justicia para encontrarlo? ¿Se gastó? ¿Cuál es su hipótesis? —No lo sé. La plata que se ha cobrado de coima es muy alta, pero no sé qué han hecho con eso. —¿Imagina que hay un lugar con plata guardada? —En varios, en todo caso. —¿Qué dirían hoy su padre y su abuelo, el fundador de Impsa? —Me cagarían a patadas. —¿Y qué le dirían? —De todo. —¿Qué, más allá de todo? —Ya le dije, me cagarían a patadas. En esa época te pegaban. A mí me pegaba cachetones. Me dirían de todo.
—¿Qué piensan sus hijos? —Piensan como mi viejo. —¿Qué le dicen? —Que no quieren estar más en negocios con el Estado. Y eso que nosotros no tenemos muchos negocios con el Estado. La gente me ve como un contratista de obras públicas y no fue así en el caso de Impsa. Es un problema nuestro de mala comunicación. —¿Qué le dicen sus hijos sobre lo que debería haber hecho? —Me critican por lo que le acabo de decir. Mis hijos son rightius. Tratan de ser lo más correctos posible. Yo también soy así, pero me equivoqué con estos tipos. Maté un perro y después me llamaron “el mataperros”. Qué quiere que le diga. —¿Cree que debe limpiar el apellido Pescarmona y dar explicaciones? —Sí, por eso se lo estoy explicando. Si no, no lo haría. —¿Teme ir preso? —No. Mientras que no haya garrapatas… —¿Duerme bien? —Duermo muy bien, después de dos semanas afuera que me hicieron muy bien. Me atendieron muy bien mis amigos peruanos. Comí bárbaro. Me fui a Colombia después, y lo mismo hicieron los colombianos. Después vine acá y duermo bien. Estuve tomando pastillas para dormir, pero ahora no tomo nada. —Hace tres años, en el cierre de otro reportaje para PERFIL, me decía, y le cito textualmente: "Yo me despierto todos los días a las 3 de la mañana y, entre las 3 y las 4, pienso, y después me vuelvo a dormir. Y cuando el despelote es muy grande, no me duermo más". —Es cierto, me sigo despertando. Por eso me fui afuera. Cuando estábamos en medio de este lío estuve un mes sin dormir, prácticamente. Era muy peligroso. Me volvieron los fantasmas, más fuertes que antes del secuestro. —¿Esto le generó recuerdos del secuestro? —Me hizo retroceder. Como una regresión. —En el juzgado dijo: “Para mí era lo mismo que estar secuestrado. No queríamos darles un mango a estos tipos porque eran unos hijos de puta. Pero tuvimos que acceder”. ¿Podría profundizar más sobre ese síndrome que le quedó al perder su libertad? —Era un secuestro, lo viví así. Por eso no podía dormir. Cuando estaba metido en el calabozo, me volví mucho más religioso. Me costó seis, siete meses salir del entuerto aquél. Todos querían que fuera a un psiquiatra, pero como soy un testarudo, no fui. A lo mejor hubiera salido antes con un psiquiatra. —Lo dieron por muerto. —Me dieron por muerto en la tapa de Clarín, sí. Por suerte no era verdad. —¿Hay algo que quiera agregar y no le haya preguntado? —Usted es muy incisivo, como siempre. Hace preguntas difíciles. Lo que quisiera agregar es que trabajo para la gente, por eso mi gente me sigue. Trabajo para la gente porque no trabajo para la plata, trabajo para hacer cosas. La plata no me interesa más allá de vivir bien. Lo que más me importa es tener los domingos o los sábados para andar en bicicleta con mi grupo de ciclismo, que siempre es muy lindo, o para hacer degustaciones de vinos raros del mundo. Eso me da placer. Pero después, la plata… —¿Cómo imagina a Impsa dentro de otros cien años? —Tendrá que evolucionar, como toda empresa.

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