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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

martes, noviembre 13, 2018

Los Afro-Argentinos. Autor: CARLOS PISTELLI.


Los Afro-Argentinos.

En 1778 el virrey Vértiz se manda un censo para la ciudad de Buenos Aires, capital del Río de la Plata.

  • 24.205 pueblan sus calles.
  • 7.268 son negros y mulatos (30%)

  En 1810, los revolucionarios de Mayo organizan su propia estadística, con datos inconclusos:

  • 32.558 caminan los tiempos de Saavedra y Moreno.
  • 9.615 son negros y mulatos (29,53%). Los porcentajes se mantienen.

   En 1806/7 producto de las invasiones inglesas, Liniers organiza el regimiento de pardos y morenos que tendrá gran actuación militar en las guerras consiguientes. Tras la batalla de Sipe-Sipe o pampas de Viluma, el regimiento es desorganizado, pero el Libertador San Martín organiza regimientos enteros en su cruzada libertaria a Chile. En la sangrienta batalla de Maipú, negros regaron con su sangre la libertad trasandina.

  El gobierno bonaerense administrado por Bernardino Rivadavia, establece su propio censo (y luego hará uno de profesiones en su ‘presidencia’) La cantidad porcentual en la ciudad y la campaña decrece a un 25% de la población total. Claramente la participación en los ejércitos independentistas han hecho una sangría en los pueblos de origen africano. Esa merma no liquida la importancia de “las naciones”, que van a empezar a organizarse en 1827. Esas organizaciones, en función del supuesto origen regional del continente africano (Cabunda, Banguela, Moros, Lubolo, Congo, Angola, Minas y Mozambique), bregan por los derechos de los ‘negros’, e intentan comprar la libertad de los que todavía estuvieran bajo esclavitud.

  Una diferencia que hacen los historiadores estudiosos de la materia, es la siguiente. Dentro del cuadro de las sociedades esclavistas americanas, hacen una diferenciación sustancial. Si al Brasil o a los Estados Unidos las llaman “sociedades de esclavos”, en el Río de la Plata prefieren utilizar la terminología “sociedad con esclavos”. Eso no quiere decir que el sistema de explotación humana no existiese en nuestra región. Es un intento de explicar que es distinto al de esos dos países mencionados. En ese 1827, el 22% de los afro de Buenos Aires son libres, tanto porque han nacido así gracias a la famosa resolución de 1813, como a la de aquellos que han podido comprar, o les han comprado, su libertad. En términos generales, el “racismo” rioplatense difiere con respecto al brasileño o estadounidense en esos tiempos al menos.

 Con la llega de Rozas al poder, en 1829, pero especialmente en 1835, los negros viven su época dorada en el país. El Restaurador hace su propio censo apenas reasume el poder:

  • 143.000 en toda la provincia (62.000 en la ciudad)
  • 20.000 habitan en la ciudad (32%), el porcentaje disminuye en la campaña.
 Tanto John Lynch como Jorge Gelman en sus trabajos sobre Rosas, y a los cuáles no se les puede achacar “rosismo sentimental y nostálgico”, expresan favorablemente la relación que ligó al Gobernador y su familia con las “Naciones”: La presencia en los ‘candombes’ y fiestas, un famoso cuadro lo retrata, da por tierra con la visión dictatorial del Restaurador para con el Pueblo. Esta visión, que se contrapone a la de un Rosas (gobernador/patrón) en el cual sus órdenes son férreas e indiscutidas, se corresponde mejor a la de un gobernante que, si bien pudo basarse en su experiencia patronal con relación a la peonada, debe negociar y pautar ciertos aspectos para tejer influencias y construir poder. Los críticos del Restaurador, comenzando por Vicente F. López, amanuense con su padre de Palermo, como Echeverría son duros con esa relación: Don Esteban llega a decir que Rozas asentaba su poder en esa base humana degradada. López cuenta que era habitual las visitas los domingos de la familia gobernante a los candombes, y que no pocas veces les entregaba la Plaza de la Victoria (Mayo) para realizar sus celebraciones. Era de tal importancia ese sostén, que Lavalle los exhortó en sus expedición 1839/40 a que se pasen de bando: “Hombres de color y de casta por quienes he peleado en cien combates, puesto que he peleado por la igualdad de todos los hombres. ¡Yo vengo en defensa de vuestra causa, soy vuestro amigo y vuestro defensor. Os brindo un rango en mis filas para pelear contra el salvaje que os asesina y os vende, so pretexto hipócrita de amigo de los pobres”. No fueron pocos los negros que llegaron a la oficialidad, leales mayoritariamente a Rozas, aunque hay casos notorios de jefes pasados a enrolar entre sus enemigos y que inclusive hicieron carrera defendiendo al general Mitre a futuro.

  En 1837 Rozas prohíbe la compra de negros y en los acuerdos con Gran Bretaña de 1840 prohíbe definitivamente el ingreso del tráfico negrero en la ciudad. Hasta aquí, parte de la Historia.

Negros en el Río de la Plata.


  El Rey autoriza en 1595 a Pedro G. Reynal que ingrese anualmente al continente americano 4250 negros (600 para el Río de la Plata)

 Esa decisión, en virtud de traer brazos a la economía americana, proliferó rápidamente. En Buenos Aires, en esa época, el gobernador Hernandarias librará una batalla tremenda contra los traficantes de negros, que refugiaban su poder en el Cabildo porteño. Esa alianza contrabandista de las elites portuarias con el Portugal, que era el que suministraba el negocio, será la historia que marque al país.

  Los negros cumplieron con creces su papel en la sociedad porteña.

 Hemos centrado el estudio en la ciudad y campaña de Buenos Aires, a la cual sumaremos Montevideo y el Uruguay a posterior, porque son los datos más fiables que tenemos para hacer el presente análisis. Historiadores actuales están realizando encomiables investigaciones en la región de Arica, las provincias de Catamarca y Córdoba. Porque, claro, la gran mayoría de los esclavos iban a sumarse a la vida explotada de las regiones alejadas del Plata. Félix Luna calcula en 50% la población negra de La Rioja, y casi 65% en Tucumán en sus trabajos realizados. La gran historiadora oriental Ana Frega calcula en 60.000 almas las últimas oleadas en el período 1786/1812. En 1791 España determina que Montevideo sea el puerto único de ingreso de esclavos. Con lo cual, y si sumamos la decisión británica en 1807, dueña de los mares tras Trafalgar, de prohibir el tráfico a nivel mundial, a Buenos Aires empiezan a mermar drásticamente el arribo de negros.
 Como detalle entonces, diremos que la cantidad de negros en Buenos Aires que se mantiene a los albores de la Revolución es del 30%, y a partir de allí una lenta declinación hasta el período rosista. Con tres ítem no menores:
  • A los negros se les prohibía casarse entre sí siendo esclavos. Hay un intento de evitar que proliferen los niños afro debido a que “la libertad de vientres” establecida en 1813 les daba la conquista de un derecho. Pero las madres seguían esclavas con hijos libres y eran los amos los que debían mantener al niño libre.
  • Al mismo tiempo, la expectativa de vida de un esclavo era considerablemente menor a de un hombre “blanco”.
  • Y, además, la alta mortandad neonatal en las mujeres de principios del siglo XIX que era todavía mayor entre las mujeres negras: más del 30%.
 Con lo cual el cuadro de posibilidades para un negro esclavo en Buenos Aires no era un paraíso como suele suponerse.

 La Revolución, y la guerra emancipadora, abre un camino. Y ese consiste en incorporarlos a las fuerzas militares a cambio de una futura libertad. Eso permite que en la segunda década “nacional” el 22% de los negros porteños era libre.

 El general Viamonte camina por Buenos Aires. Héroe de la Independencia, vinculado al saavedrismo y a los futuros ‘lomos negros’ adversarios de Rosas, reconoce a una mujer mendigando:
-¡Pero! ¡Usted es la “Madre de la Patria“!

 Casualmente, o no, Viamonte se ha cruzado con María Remedios del Valle. Esta mujer había acompañado a las tropas del Ejército del Norte donde Viamonte sirvió, y era muy querida por cuidar de los soldados “como una madre”. Ni lento ni perezoso, el general que era diputado, y luego efímero gobernador, le otorgará una pensión y el título con la cual se hará conocida. Rosas la asciende al grado de capitán, y la mujer en agradecimiento adopta el apellido del Restaurador. Estimados lectores, la MADRE DE LA PATRIA  es una mujer afro. No lo olvidemos. Recordémosla. Ella fue artífice de la Libertad.

II. Los afro-argentinos, gentes de Rosas. por CARLOS PISTELLi.


Es innegable el apoyo recíproco que se tuvieron Rozas y negros en los tiempos que le tocó al Restaurador gobernar Buenos Aires. Rosas les dio visibilidad política y cultural, con lo cual se ganó el cariño eterno en los candombes. Además que los usaba como espías de las familias descarriadas, quienes empezaron a sentir un hondo desprecio humano hacia sus esclavos. La situación se tornaría insostenible a la derrota en los campos de Morón.


Ahora bien, ¿En qué consistía ese apoyo que Rosas le daba a los negros?

 En términos generales la posibilidad de que participen de la vida activa porteña, ya es un aliciente. Particularmente la decisión de poner fin a la compra y venta de negros sirvió a mejorar la situación. Pero esclavos seguía habiendo, y su importancia en la economía también.

 Tampoco Rosas se caracterizó por darles derechos que a posteriorise les brindaron. Seguía prohibido el casamiento entre ellos, excepto que sean libres, y la posibilidad de comprar su libertad dependía exclusivamente del amo, y no de una resolución gubernamental. Entonces, ¿De qué hablamos cuando hablamos de las mejoras que se vivieron en los tiempos rosistas pa’ lo’ negro’ del Restaurador?.

Movilidad social en tiempos de Rosas.

  Ya sea porque Rosas estaba convencido o primó su conveniencia pragmática, o ambas, un dato que se pierde de los tiempos rosistas es el mejoramiento sustancial de la vida nativa bonaerense.

 Eso no quiere decir que Rosas era Don Juan Domingo. But. Boys. Vean como mejoró la cosa.

En esa estadística que Rivadavia manda hacer en su efímero paso “presidencial”, se constata:

  • Un capitán de los ejércitos regulares, como su par, un capataz de estancia, ganaba cien pesos de la época. Un soldado raso, un peón anual, ganaba diez pesos mensuales. Una diferencia de 10-1 clara y contundente.
  • Haciendo una especie de índice big mac de la época.
    Nota al pie: Recordemos que es esto del big mac. Se toma el precio de una big mac en un país y se lo cruza con el sueldo medio nacional pa’ tomar en cuenta las hamburguesas que pueda comprarse. Es un índice que debe tomarse con pinzas. En 2013 un brasileño medio compraba las mismas big mac que un sueco. Con lo cual, es relativo el dato, pero se toma en consideración.
     Con ese sueldo mensual de cien pesos, un capitán necesitaba hasta tres sueldos para comprarse un costal de harina, y por lo menos dos para comprarse una negra esclava.
  • En la década del ’40 rosista eso cambia significativamente, dependiendo de los bloqueos, pero siempre favoreciendo a las clases populares. Hay etapas inflacionarias, más que nada para que tomen en consideración los datos siguientes. El sueldo de ese capitán se duplica. La diferencia salarial disminuye a menos de 2-1; Y con un sueldo mensual el capataz se compra aquel costal de harina que le costaba tres en tiempos prerrosistas. La cosa ha mejorado. 
  • A la caída de Rosas todo vuelve a como estaba. La diferencia salarial vuelve a incrementarse y llega a niveles nunca vistos: 15-1 y hasta 20-1 en un año en particular. Y el costal de harina se va a la miércoles. La vida popular se torna más que difícil.

 Rosas sí permitirá a las “Naciones” participar activamente de la vida social porteña y comprar la libertad de esclavos que sean ‘pareja’ de los libres. En 1837 se prohibió definitivamente la compra de personas para servir como esclavos, y en 1840 se terminó el libre ingreso de esclavos al firmarse con Gran Bretaña un tratado. Ya no entraron esclavos a Buenos Aires y nadie podía ser obligado a servir como tal si ya no lo era desde antes.

Sorpresivamente, o no tanto, la vida de un esclavo era mejor que la de un negro libre. Y eso pese a los beneficios que se vivían en tiempos del Restaurador. Servir en los ejércitos seguía siendo el mejor bienestar posible a futuro, porque Don Juan Manuel no descuidó a su soldadesca. En las estancias, bastión de su poder, sus instrucciones se seguían a rajatabla; Y no fueron pocas las veces que el Tirano omnipresente, dueño y amo de la vida y la muerte, debió discutir “paritarias” porque la peonada pedía mejoras salariales y en las condiciones de trabajo. Un dato de color es el intercambio epistolar del Gobernador con un famoso capataz de estancia, capitán a su vez de los extraordinarios Colorados del Monte.

 El Gobernador más honesto de los caudales públicos del páis, se entera de un problema no menor en sus haciendas. La que administraba el Capataz “Carancho” González. 

 Óigame, González, pudo decirle, cómo es eso que tengo ocupas en mis campos. Haga algo hombre, que sí paso por justo, tampoco me tomen por sonso. Efectivamente gentes de campo vivían de usurpadores en los campos del Restaurador, viviendo de su ganado, y hasta subalquilando parcelas a extraños. González respondió dando a entender la impotencia de perseguir ocupas. Rosas quedaba en una impensada encrucijada. En la Buenos Aires pueblerina donde todo se sabe, no puede expulsar a la gente en la que sostenía su poder, porque el mito de “padre de los pobres” se le vendría a pique. Pero sus negocios sufrían una merma significativa para quien había descuidado sus asuntos particulares en aras de administrar el estado provincial. Se llegó a un acuerdo tácito, en medio de reclamos salariales, por el cual González cobraría un canon a la gente que viviera de ‘prepo’. Pero lo mejor está por venir.
 Desde un  matadero del sur, ése que tal vez Echeverría describiera tan genial, y ficcionalmente, le llega información que se está vendiendo de manera ilegal ¡Ganado marcado rosista! Óigame, González! El amo y señor de la vida de Buenos Aires debe aceptar impotente que haya arriesgados que vendan su ganado y haya quien lo comercie en el matadero oficial. Cosas que pasan.

 Todo eso terminaría con su derrota en los campos de Morón. El desamparo de los vencedores para con los negros rosistas, sería tremendo. De eso nos dedicaremos en la próxima, y última, entrega. 

Autor: CARLOS PISTELLI.

Pertenece al sitio:

https://carlospistelli.com/2018/11/09/los-afro-argentinos/





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