GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

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"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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domingo, octubre 11, 2020

11 de octubre: Día Nacional de la Patagonia. Por Ana María Manceda.

11 de octubre: Día Nacional de la Patagonia. 

El 11 de octubre de 1878 el presidente Nicolás Avellaneda sancionó la Ley 954, creando dicha Gobernación y estableciendo la sede de las autoridades en la ciudad de Mercedes de Patagones, luego ciudad de Viedma. 11 de octubre: Día Nacional de la Patagonia.

El Día de la Patagonia recuerda el acto legal y administrativo que en 1878 dispuso la creación de la Gobernación del Territorio Nacional de la Patagonia con jurisdicción “desde el océano por el este, hasta la cordillera por el oeste, y desde los ríos Negro y Neuquén por el norte hasta el Cabo de Hornos por el sur". Justamente, el 11 de octubre de 1878 el presidente Nicolás Avellaneda sancionó la Ley 954, creando dicha Gobernación y estableciendo la sede de las autoridades en la ciudad de Mercedes de Patagones, luego ciudad de Viedma.


PLANETA AZUL; ECOLOGÍA BLOG DE TEMÁTICA ECOLOGÍCA DE Ana María Manceda.
Cuadro de imágenes: BLOG DE LA PATAGONIA.

lunes, julio 16, 2018

Patente de corso de Arturo Pérez-Reverte.

Ahora le toca a la lengua española
25 Jun 2018/ARTURO PÉREZ-REVERTE / Patente de corso.
Patente de corso de Arturo Pérez-Reverte.
No me había dado cuenta hasta que hace unos días, mientras lamentaba las incorrecciones ortográficas de una cuenta oficial en Twitter de un ministerio, leí un mensaje que acababan de enviarme y que me causó el efecto de un rayo. De pronto, con un fogonazo de lucidez aterradora, fui consciente de algo en lo que no había reparado hasta ese momento. El mensaje decía, literalmente: «Las reglas ortográficas son un recurso elitista para mantener al pueblo a distancia, llamarlo inculto y situarse por encima de él».

No fue la estupidez del concepto lo que me asombró –todos somos estúpidos de vez en cuando, o con cierta frecuencia–, sino la perfecta formulación, por escrito, de algo que hasta entonces me había pasado inadvertido: un fenómeno inquietante y muy peligroso que se produce en España en los últimos tiempos. En determinados medios, sobre todo redes sociales, empieza a identificarse el correcto uso de la lengua española con un pensamiento reaccionario; con una ideología próxima a lo que aquí llamamos derecha. A cambio, cada vez más, se alaba la incorrección ortográfica y gramatical como actividad libre, progresista, supuestamente propia de la izquierda. Según esta perversa idea, escribir mal, incluso expresarse mal, ya no es algo de lo que haya que avergonzarse. Al contrario: se disfraza de acto insumiso frente a unas reglas ortográficas o gramaticales que, al ser reglas, sólo pueden ser defendidas por el inmovilismo reaccionario para salvaguardar sus privilegios, sean éstos los que sean. Ello es, figúrense, muy conveniente para determinados sectores; pues cualquier desharrapado de la lengua puede así justificar sus carencias, su desidia, su rechazo a aprender; de forma que no es extraño que tantos –y de forma preocupante, muchos jóvenes– se apunten a esa coartada o pretexto. No escribo mal porque no sepa, es el argumento. Lo hago porque es más rompedor y práctico. Más moderno.
Todo eso, que ya por sí es inquietante, se agrava con la utilización interesada que de ello hacen algunos sectores políticos, en esta España tan propensa secularmente a demolerse a sí misma. Jugando con la incultura, la falta de ganas de aprender y la demagogia de fácil calado, no pocos trileros del cuento chino se apuntan a esa moda, denigrando por activa o pasiva cualquier referencia de autoridad lingüística; a la que, si no se ajusta a sus objetivos políticos inmediatos, no dudan, como digo, en calificar de reaccionaria, derechista e incluso fascista, términos que en España hemos convertido en sinónimos. Con el añadido de que a menudo son esos mismos actores políticos los que también son incultos, y de este modo pretenden enmascarar sus propias deficiencias, mediocridad y falta de conocimientos. Otras veces, aunque los interesados saben perfectamente cuáles son las reglas, las vulneran con toda deliberación para ajustar el habla a sus intereses específicos, sin importarles el daño causado.
Tampoco el sector más irresponsable o demagógico del feminismo militante es ajeno al problema. Resulta de lo más comprensible que el feminismo necesario, inteligente, admirable –el disparatado, analfabeto y folklórico es otra cosa–, se sienta a menudo encorsetado por las limitaciones de una lengua que, como todas las del mundo, ha mantenido a la mujer relegada a segundo plano durante siglos. Aunque es conveniente recordar que el habla es un mecanismo social vivo y cambiante, pero también forjado a lo largo de esos siglos; y que las academias lo que hacen es registrar el uso que en cada época hacen los hablantes y orientar sobre las reglas necesarias para comunicarse con exactitud y limpieza, así como para entender lo que se lee y se dice, tanto si ha sido dicho o escrito ahora como hace trescientos o quinientos años. Por eso los diccionarios son una especie de registros notariales de los idiomas y sus usos. Forzar esos delicados mecanismos, pretender cambiar de golpe lo que a veces lleva centurias sedimentándose en la lengua, no es posible de un día para otro, haciéndolo por simple decreto como algunos pretenden. Y a veces, incluso con la mejor voluntad, hasta resulta imposible. Si Cervantes escribió una novela ejemplar llamada La ilustre fregona, ninguna feminista del mundo, culta o inculta, ministra o simple ciudadana, conseguirá que esa palabra cervantina, fregona, pierda su sentido original en los diccionarios. Se puede aspirar, de acuerdo con las academias, a que quede claro que es un término despectivo y poco usado –cosa que la RAE, en este caso, hace años detalla–, pero jamás podrá conseguir nadie que se modifique el sentido de lo que en su momento, con profunda ironía y de acuerdo con el habla de su tiempo, escribió Cervantes. Del mismo modo que, yéndonos a Lope de Vega, cualquier hablante debe poder encontrar en un diccionario el sentido de títulos como La dama boba o La villana de Getafe.
Se está llegando así a una situación extremadamente crítica. Del mismo modo que se ha logrado que partidarios o defensores sinceros del feminismo sean tachados de machistas cuando no se pliegan a los disparates extremos del feminismo folklórico, a los defensores de la lengua española, de sus reglas ortográficas y gramaticales, de sus diccionarios y de su correcto uso, se les está colgando también la etiqueta de reaccionarios y derechistas –lo sean o no– por oposición a cierta presunta o discutible izquierda que, ajena a complejos lingüísticos, convierte la mala redacción y la mala expresión en argumentos de lucha contra el encorsetamiento reaccionario de una casta intelectual que –aquí está el principal y más dañino argumento– mantiene reglas elitistas para distanciarse del pueblo que no ha tenido, como ella, el privilegio de acceder a una educación (como si ésta no fuera gratuita y obligatoria en España hasta los dieciséis años). Del mismo modo que, según marca esta tendencia, quien no se pliega al chantaje del feminismo folklórico es machista y todo machista es inevitablemente de derechas, quien respeta las reglas del idioma es reaccionario, está contra la libertad del pueblo, y por consecuencia es también de derechas. Pues, como todo el mundo sabe, no existen machistas de izquierdas, ni maltratadores de izquierdas, ni taurinos de izquierdas, ni acosadores de izquierdas, ni tampoco cumplidores de las reglas del idioma que lo sean. Resumiendo: como toda norma es imposición reaccionaria y todo acto de libertad es propio de la izquierda, quien defiende las normas básicas de la lengua es un fascista. En conclusión, todo buen y honrado antifascista debe escribir y hablar como le salga de los cojones. O de los ovarios.
No sé si los españoles somos conscientes –y me temo que no– de la gravedad de lo que está ocurriendo con nuestro idioma común. Del desprestigio social de la norma y el jalear del disparate, alentados por dos factores básicos: la dejadez e incompetencia de numerosos maestros (algunos ejercicios escolares que me remiten, con preguntas llenas de faltas ortográficas y gramaticales, de atroz sintaxis, son para expulsar de la docencia a sus perpetradores), que tienen a los jóvenes sumidos en el mayor de los desconciertos, y el infame oportunismo de la clase política, que siempre encuentra en la demagogia barata oportunidad de afianzar posiciones. Pero no pueden tampoco eludir su responsabilidad los medios informativos; sobre todo las televisiones, donde hace tiempo desapareció la indispensable figura del corrector de estilo –un sueldo menos–, y que con tan contumaz descaro difunden y asientan aberraciones lingüísticas que desorientan a los espectadores y destrozan el habla razonablemente culta. Y más, teniendo en cuenta que el Diccionario de la Lengua Española no lo hace sólo la RAE, sino también las academias de 22 países de habla hispana (de ahí tantas palabras que llaman la atención o indignan a quienes ignoran ese hecho), abarcando el habla no sólo de 50 millones de españoles que nos creemos dueños y árbitros de la lengua, sino de 550 millones de hispanohablantes, muchos de los cuales ven con estupor nuestro disparate suicida y perpetuo.
Tampoco la Real Academia Española, todo hay que decirlo, es ajena a los daños causados y por causar. En vez de afirmar públicamente su magisterio, explicando con detalle el porqué de la norma y su necesidad, exponiendo cómo se hacen los diccionarios, las gramáticas y las ortografías, dando referencias útiles y denunciando los malos usos como hace la Academia Francesa, en los últimos tiempos la Española vacila, duda y a menudo se contradice a sí misma, desdiciéndose según los titulares de prensa y las coacciones de la opinión pública y las redes sociales, intentando congraciarse y no meterse en problemas. Esa pusilanimidad académica que algunos miembros de la institución llevamos denunciando casi una década ante la timorata pasividad de otros compañeros, ese abandono de responsabilidades y competencias, esa renuncia a defender el uso correcto –y a veces hasta el simple uso a secas– de la lengua española, ese no atreverse a ejercer la autoridad indiscutible que la Academia posee, envalentonan a los aventureros de la lengua. Y crecidas ante esa pasividad y esos complejos, cada día surgen nuevas iniciativas absurdas, a cuál más disparatada, para que la RAE elimine tal acepción de una palabra, modifique otra y se pliegue, en suma, a los intereses particulares y, lo que es peor, a la ignorancia y estupidez de quienes en creciente número, con la osadía de la ignorancia o la mala fe del interés político, se atreven a enmendarle la plana. Por eso, en el contexto actual, pese a que de las nueve mujeres académicas admitidas en tres siglos seis han ingresado en los últimos ocho años, pese a su formidable e indispensable labor para quienes hablan la lengua española, la Academia es considerada por muchos despistados –basta asomarse a Twitter– una institución reaccionaria, machista, apolillada y autoritaria. Cuando en realidad, gracias a algunos de sus académicos, sólo es una institución acomplejada, indecisa y cobarde.
Y ojo. Aquí no se trata de banderitas y pasiones más o menos nacionales. Aquí estamos hablando de un patrimonio lingüístico de extraordinaria importancia; un tesoro inmenso de siglos de perfección y cultura. De algo que además nos da prestigio internacional, negocio, trabajo y dinero. Hablamos de una lengua, la española, que es utilizada por cientos de millones de hispanohablantes que hasta hoy, gracias precisamente a la Real Academia Española y a sus academias hermanas, manejan la misma Ortografía, la misma Gramática y el mismo Diccionario; cosa que no ocurre con ninguna otra lengua del mundo. Constituyendo así entre todos, a una y otra orilla del Atlántico, un asombroso milagro panhispánico. Un espléndido territorio sin fronteras. Una verdadera patria común, cuya auténtica y noble bandera es El Quijote.
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Publicado el 24 de junio de 2018 en XL Semanal.

domingo, marzo 29, 2015

LOS ÁRBOLES SAGRADOS de ANA MARIA MANCEDA.

En homenaje a los miles de árboles que se están quemando
LOS ÁRBOLES SAGRADOS. ANA MARIA MANCEDA.
Los “Seres Humanos” somos parte de la naturaleza, dentro de la jerarquía alimentaria necesitamos comer y respirar como todo ser vivo y para eso dependemos de los seres verdes, “ Los Vegetales”. Ellos son una maravillosa fábrica que capta la energía solar. A través de sus hojas absorben el dióxido de carbono y la luz, por sus raíces el agua del suelo, en una alquimia biofísico-química transforman estos elementos en alimento y oxígeno. Hace miles de millones de años que nacieron en la Tierra, nosotros los “ Homo Sapiens” hace solo 100.000 años( si bien los Homínidos que nos antecedieron tuvieron su origen unos pocos millones de años antes). En la cadena alimenticia somos consumidores, si ellos desaparecen, nos extinguimos. Las algas verdes marinas son las mayores productoras de oxígeno y en la tierra los bosques son los pulmones del mundo.

Podemos decir que un árbol es un mundo en sí mismo; nos da sombra, frutos, oxígeno, madera para nuestros muebles, papel, refugio a algunas especies animales, belleza, leyendas historias. Es imposible enumerar todas las funciones biológicas de un árbol, pero hay una especial que nos hace comprender otra importancia de los árboles añosos “ abuelos” de doscientos años o más. El tronco de un árbol es un testigo viviente de los cambios climáticos que sucedieron en sus años de vida, en el interior del tronco se encuentra el leño propiamente dicho, en él se individualizan tantos anillos concéntricos como años de vida del tronco. Anualmente el árbol, a medida que completa su desarrollo, encierra en una especie de abrazo su pasado, formando en su entorno un nuevo anillo de materia viva, por lo tanto su tronco es el producto de una labor tan antigua como el propio árbol. De esta manera los especialistas pueden " leer y reconstruir” mediante el número de anillos, espesor, morfología y tonalidad, la aventura de la vida del árbol, a partir del clima y las adversidades meteorológicas a las que ha estado expuesto, de las condiciones de la asociación en las que ha vivido y del aprovechamiento del que ha sido objeto por parte del hombre y de los animales. ”Los anillos de crecimiento son por lo tanto un registro inmediato e imperecedero de todos los acontecimientos que se han producido en las proximidades del árbol”.” Fue Leonardo Da Vinci, quien con su mente enciclopédica, intuyó que no sólo podía discernirse la edad de un árbol a través de sus anillos sino también, mediante su diversa amplitud, era posible conocer las condiciones climáticas de una época determinada. La influencia del clima sobre los anillos es completamente singular al igual que las huellas digitales.

Quedaría para otro comentario la importancia sagrada de los árboles en los pueblos antiguos. Cuando talen un árbol ( Asesinen), sobre todo si es un “ Abuelo” no seamos indiferentes a tal acción, por ahora “ HAGAMOS SILENCIO, EN ALGUN LUGAR DE LA TIERRA ESTA NACIENDO UN ARBOL”

ANA MARIA MANCEDA. San Martín de Los Andes. Patagonia Argentina.

Fuente de información e imagen: Ana María Manceda (facebook).

Las imágenes de un incendio forestal que sigue avanzando y que ya consumió más de 3 mil hectáreas de bosques nativos en los ejidos del Parque Nacional Lago Puelo, El Hoyo y Epuyén en el sur argentino.

sábado, diciembre 13, 2014

LA CIUDAD ARGENTINA DE SAN MARTÍN DE LOS ANDES, NEUQUÉN, PATAGONIA ARGENTINA.

San Martín de los Andes es una ciudad, en el sudoeste de la provincia del Neuquén, enclavada en la Cordillera de los Andes, Argentina, sobre la costa este del lago Lácar, y es la localidad turística más importante de la provincia.
En 1898 el General Rudecindo Roca, responsable máximo de la Fuerza, decide reocupar el fuerte Maipú (que estaba desocupado) y fundar un pueblo a orillas del Lago Lácar, con el fin de sentar soberanía sobre la región. Es así como el 4 de febrero de 1898 el Coronel Celestino Pérez, acatando las órdenes de éste, funda San Martín de los Andes, la última ciudad patagónica enmarcada en la campaña al desierto.
San Martín de los Andes es la cabecera del departamento Lácar, se encuentra a 640 msnm y a 1.575 km de Buenos Aires.
Es uno de los puntos turísticos más importantes de la provincia del Neuquén y de la región patagónica. Se accede por la Ruta Nacional 401 y posee un aeropuerto a 22 km del centro. (fuente de información: Wikipedia).

El valle donde hoy se emplaza nuestra ciudad fue habitado durante cientos de años por distintas comunidades indígenas como pehuenches, mapuches y otras migratorias ocasionales.

Los pueblos originarios llevaban una economía de autoabastecimiento; eran cazadores recolectores, y tenían una organización social muy desarrollada, con un lenguaje propio sumamente rico en vocablos y una religiosidad bien conceptuada.
En 1883 llegan por primera vez tropas del Ejército Argentino a lo que hoy conocemos con el nombre de Vega Maipú. No existieron enfrentamientos con las comunidades que habitaban el valle, sino que se firmaron ciertos acuerdos de paz.
En 1898 el General Rudecindo Roca, responsable máximo de la Fuerza, decide reocupar el fuerte Maipú (que estaba desocupado) y fundar un pueblo a orillas del Lago Lácar, con el fin de sentar soberanía sobre la región. Es así como el 4 de febrero de 1898 el Coronel Celestino Pérez, acatando las órdenes de éste, funda San Martín de los Andes, la última ciudad patagónica enmarcada en la campaña al desierto.
Nacida como un destacamento militar, los primeros civiles fueron prestadores de servicios del Ejército; inmigrantes sirios libaneses establecieron los primeros comercios locales. El entorno boscoso permitió a colonos holandeses desarrollar grandes aserraderos, mientras que en el valle de la Vega, la agricultura y la ganadería eran desarrolladas por suizos, franceses, italianos, alemanes y otros europeos. La mayoría de los pioneros llegó a la zona vía Chile, debido a las malas condiciones de comunicación que existían con el resto de Argentina. También por ésta razón se veían obligados a autoabastecerse, cultivar la huerta, árboles frutales y criar animales.


Los densos bosques generaron la materia prima para la industria maderera, principal actividad económica de la región. Existían sobre la cuenca del Lago Lácar más de 30 aserraderos, que trasladaban a la ciudad sus productos en enormes barcazas que atracaban en la playa ubicada en el sector Costanera. (www.sanmartindelosandes.gov.ar)

Estudio revela que un coronel uruguayo es el verdadero fundador de San Martín.

Un aspecto sustancial de la historia de San Martín de los Andes, tanto como lo es su mismísima fundación, ha dado un vuelco con estudios de documentos hasta no hace mucho en manos privadas, que vieron la luz por una combinación de tesón y simple fortuna.
Según cartas, actas, y escritos de viajes, el fundador de esta ciudad aquel 4 de febrero de 1898 no fue el general Rudecindo Roca, como se pensaba y señala la historia oficial, sino un coronel y jefe del regimiento 3 de Caballería, de origen uruguayo y algo olvidado en crónicas militares, que se llamó Celestino Pérez, quien de todos modos aparece como presidente de la comisión fundadora.
Por lo menos así lo señalan las conclusiones de los investigadores de la Fundación San Martín de los Andes, que tuvieron a su cargo el estudio de los documentos.
Don Rudecindo Roca, hermano de Julio y comandante a cargo de la exploración y poblamiento de la región andina sur, estaba en ese preciso instante a unos 80 kilómetros al noreste, abriéndose camino en el bosque por las que hoy son las Termas de Epulafquen.
La fundación de San Martín fue orden de Roca en medio de la disputa de límites con Chile, y en el marco de una estrategia destinada a sentar presencia con pueblos en la franja cordillerana que va de Ñorquín (cerca de Aluminé) a la colonia 18 de Octubre (en inmediaciones de Bariloche)
Empero, y según la investigación, fue Pérez quien ejecutó la orden. Siguiendo la tradición castellana, el acto fundador debió haber sido reconocido al coronel, pero por alguna maroma de la historia no fue así.
La reconstrucción de aquellos hechos tiene zonas grises y especulaciones sobre el porqué del "olvido" fundacional de la figura de Pérez, pero se alimenta de testimonios indubitados que lo ponen como colocador de la piedra basal de San Martín de los Andes.
El estudio fue realizado por las investigadoras Noemí Valentino y Ana María Manceda, y por el arqueólogo Diego Chammah, para la Fundación San Martín de los Andes, que por el momento es depositaria de los originales, algunos de los cuales corren el riesgo de convertirse en polvillo si no son tratados por manos expertas.
En verdad, la forma en que esos documentos llegaron al Sa Martín de los Andes de la actualidad es todo un capítulo de convicción y buena suerte.
El hasta el miércoles intendente Sergio Schroh es un hombre preocupado por la historia y en particular por la reconstrucción de los primeros años del pueblo.
Ya antes de ser jefe municipal concurría con frecuencia a una vieja librería porteña donde se nutría de material.
En una ocasión, un librero que sabía de su interés lo abordó para comentarle que tenía entre sus pertenencias unas viejísimas cartas, un libro con ribetes de oro y otros documentos que pertenecían a un coronel que tuvo protagonismo en la campaña por la zona andina del Neuquén.
Con el avance de la conversación, el hombre pidió 5.000 dólares por deshacerse del material. Frente a la cifra, Schroh declinó la oferta pero la relación quedó en pie hasta mejores momentos.
El caso es que tras la debacle del gobierno delarruista y la salida de la Ley de Convertibilidad, el mismo personaje se presentó tiempo después y ofreció la misma documentación, pero entonces por 5.000 pesos.
Tras una primera comprobación seria sobre la originalidad del material y ya convertido en intendente, Schroh pidió autorización al Deliberante para comprar los escritos; permiso que obtuvo.

Qué dicen los documentos
Luego de la aprobación de la compra por el Concejo local, 36 documentos, dos mapas, fotos y un pesado libro personal llegaron a manos de la Fundación San Martín para realizar los estudios más detallados, tanto de la veracidad a través de las características del papel, caligrafías, tintas y otros elementos, como del contenido histórico de ese material.
La tarea se inició en diciembre de 2002 y culminó en abril de 2003. Buena parte del material está referido a la campaña de Chaco y Formosa, donde Pérez tuvo actuación, pero el resto está ligado a aspectos de la campaña sur, a los primeros años tras la "pacificación" en la guerra con "el indio", y a la fundación de San Martín de los Andes.
La presencia de Rudecindo Roca en las termas de Epulafquen está constatada en esos escritos a través de una carta de un tal capitán Anschütz, que incluso exhibe su reproche porque recibió la orden de acompañar al general en su viaje a aquel lugar inexplorado, mientras se fundaba la ciudad que había ayudado a delinear: San Martín.
Otro de los datos que ponen en la persona de Celestino Pérez la responsabilidad y ejecución del acto fundacional, surgen de un acta de 1910. Unos vecinos de la villa conformaron una comisión de festejo y, en ese contexto, eligieron como presidente honorario al "fundador" Celestino Pérez. También, decidieron imponer el nombre de Teniente Coronel Pérez a la hoy calle céntrica donde se encuentra el Concejo Deliberante. Hicieron colocar una placa cuyo destino hoy se desconoce, y gravar una medalla que en una de sus caras dice: "El pueblo de San Martín de los Andes a su fundador, coronel Celestino Pérez; 4 de febrero de 1898 - 25 de Mayo de 1910". Las actas están firmadas por los vecinos Alberto Mediac y Baldomero Alvarez. El presente fue llevado en mano a Pérez por el director de la Escuela 5 -la primera y única por entonces-, José Calderón. (ASM).
El olvidado legajo de Pérez
El legajo militar del teniente coronel Pérez, que se inicia en 1860, es en sí mismo una pieza plena de curiosidades, y quizá contribuya a revelar en parte el origen del equívoco histórico que, según la Fundación San Martín de los Andes, se ha cometido con el que ahora se cree fue el verdadero fundador de esta ciudad.
Las copias fueron proporcionadas por el Ejército Argentino a la investigadora Noemí Valentino. El legajo tiene papel, tinta y caligrafía propias de la época y coincide en un todo con el material analizado por la entidad.
Del legajo surgen algunas disputas administrativas sobre la nacionalidad del coronel y acaso una explicación posible sobre la controversia histórica. En los registros de la superioridad, la foja militar de Pérez aparece sin consignar la nacionalidad ni la fecha de nacimiento desde el primer folio. La comandancia le pide a Pérez un acta y certificado de nacimiento para incluir en su legajo, pero el coronel aduce haber perdido la documentación.
Esa circunstancia podría haber incidido en la carrera militar de Pérez y en la posibilidad de ascensos, al punto que se obtuvo una carta dirigida a Sarmiento y una del entonces presidente a la comandancia militar, en la que recomienda una mejora por servicios prestados y para retenerlo en las filas del Ejército.
En uno de esos escritos, Pérez confiesa a Sarmiento su nacionalidad "oriental" y su deseo de retirarse para retornar a la familia, en la República Oriental. Una de las especulaciones de los estudiosos es que la historia militar desplazó a Pérez del reconocimiento como fundador de San Martín de los Andes, acaso por el entredicho sobre su origen uruguayo. Cuando corría 1915, Celestino Pérez sigue un pleito contra el gobierno nacional en demanda de un adicional de 400 pesos de la época por haber participado de la campaña sur, que se pagaba a otros militares de igual grado y destino pero que él no percibía por razones ignoradas. Pérez murió un año después.

Publicado en Diario "Río Negro", viernes 12 de diciembre del 2013.
http://www1.rionegro.com.ar/arch200312/12/v12j17.php