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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“

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"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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jueves, septiembre 21, 2023

LA FRASE DEL DÍA DE HOY. Bernardo Houssay.


Dr. Bernardo Houssay, Premio Nobel Argentino dijo:  

“Los países ricos lo son, porque dedican dinero al desarrollo científico tecnológico, y los países pobres lo siguen siendo si no lo hacen. La ciencia no es cara, cara es la ignorancia”. 

El Investigador.

Se podría decir que la carrera científica de Bernardo Houssay estuvo fuertemente atravesada por el estudio de glándulas endocrinas aunque sus contribuciones impactaron no sólo en el campo de la Endocrinología sino también en áreas como la Fisiología, Histología, Bioquímica, Farmacología, Cardiología e Inmunología. Desde que en 1907 tuvo la oportunidad de ver una enferma con acromegalia (enfermedad progresiva que resulta del exceso de liberación de la hormona de crecimiento -GH-), se propuso estudiar el papel de la glándula hipófisis, tema que en esa época era desconocido. Así,  en 1911 se recibe con honores de la carrera de Medicina de la Universidad de Buenos Aires por su tesis basada en el estudio de la acción de los extractos hipofisarios. Desde entonces, se dedicó a profundizar dicho tema, lo cual lo llevó a obtener el Premio Nobel en 1947.

Los trabajos de investigación de Houssay impresionan por su variedad y originalidad. Muchos de esos temas han sido estudiados durante años con diversos colaboradores y enfoques. Por caso, algunos de ellos fueron:

  • Hipófisis y metabolismo de los hidratos de carbono
  • Secreción de la insulina por el páncreas
  • Regulación hormonal del metabolismo de las grasas
  • Regulación de la función sexual
  • Hipertensión arterial experimental

Asimismo, Bernardo Houssay fue pionero en trabajos relacionados con el veneno de arañas, serpientes y escorpiones y estudió sus efectos biológicos.

Se interesó también por el estudio del yodo en las zonas de bocio  y por el desarrollo de investigaciones agrícolas. En este último aspecto, se ocupó del estudio de la acción farmacológica de ciertas plantas y la acción nociva de otras para el ganado, ayudando en la formación de investigadores en esta área.

Sus investigaciones contaron con la colaboración de muchos discípulos e insumieron muchos años de trabajo colaborativo,  contribuyeron a incrementar el conocimiento importante para comprender  las funciones corporales en salud y la enfermedad y sirvieron  para formar a una gran cantidad de científicos jóvenes y estimular el desarrollo de investigaciones científicas originales en América Latina.

Fuente Notables de la ciencia - CONICET.

https://notablesdelaciencia.conicet.gov.ar/bernardo-alberto-houssay/el-investigador/

Bernardo Alberto Houssay nació en el 10 de abril de 1887, cerca de la Plaza de Mayo.

Sus padres Alberto Houssay y Clara Lafont emigraron de Francia a la Argentina hacia 1870.

Fue un médico que se recibió a los 23 se recibió de médico en la Universidad de Buenos Aires con una tesis que mereció un diploma de honor,  fue catedrático y farmacéutico argentino.​

“Luego de saltear los grados de la escuela primaria por lo avanzado de sus conocimientos, fue enviado al Colegio Nacional de Buenos Aires donde obtuvo su título de bachiller a los 13 años. Quiso ingresar a estudiar la carrera de Medicina pero fue rechazado por su corta edad, de manera que decidió ingresar a la Escuela de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires, logrando su título a los 17 años” (Wikipedia).

En 1943, fue dejado cesante en la Universidad de Buenos Aires por haber firmado, junto con otras personalidades, una declaración pidiendo la convocatoria a elecciones democráticas en el país y en apoyo al bando aliado en el marco de la Segunda Guerra Mundial.

El Dr. Bernardo Houssay obtuvo el Premio Nobel de Medicina en 1947 por sus investigaciones y descubrimientos sobre el papel desempeñado por la hipófisis en la regulación de la cantidad de azúcar en sangre siendo el primer laureado en Ciencias (Carlos Saavedra Lamas, también argentino, había ganado el Premio Nobel de la Paz en 1936) de Nuestra América. Gracias a su trabajo, la fisiología fue la disciplina médica que mayor vigor y desarrollo tuvo en la Argentina nuestra.

“El premio no le sirvió para aminorar las tensiones que tenía con el gobierno peronista. El gobierno, a través de Raúl Apold, subsecretario de Prensa y Difusión, dio la orden de no darle ninguna difusión al acontecimiento” (Wikipedia).

En 1958 participó en la creación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), institución que presidió hasta su muerte en 1971.

“Siempre he creído y persisto en creer que el porvenir del país depende de la Universidad, (...) la tendencia mundial es hacer de la investigación una función a cargo de las instituciones oficiales de cada país”.

Además de su trabajo pionero en su país, dejó también a decenas de discípulos de importancia mundial entre los cuales se destacan Luis Federico Leloir (Premio Nobel de Química en 1970) y Christiane Dosne de Pasqualini.

Houssay falleció el 21 de septiembre de 1971.

En la Argentina, en su honor, cada 10 de abril se celebra el “Día del Investigador Científico” fecha se recuerda el nacimiento del doctor Bernardo Houssay.

domingo, agosto 20, 2023

García Larraburu: «La Ciencia Argentina no se negocia».


 Por Silvina García Larraburu. Presidenta de la Comisión de Ciencia y Tecnología del Senado.

Como sociedad no podemos permitir la desaparición de la Ciencia y la Tecnología en la Argentina. Es más, tenemos que ser capaces de garantizar el fortalecimiento de uno de los sectores estratégicos de la generación de conocimiento a nivel nacional.

El desarrollo de los países no se alcanza por la gracia divina o natural del devenir histórico, sino mediante la adquisición de capacidad sistemática para generar conocimiento, progreso tecnológico y desarrollo industrial. Para ello es decisivo que el Estado Nacional invierta en la formación de recursos humanos, el desarrollo de nuevos paradigmas, la exploración que permite la generación de nuevos conocimientos y la transferencia tecnológica a los sectores productivos.

A diferencia de lo que sucede en economías más desarrolladas, en Argentina existe una baja participación relativa del sector privado en Investigación y Desarrollo. Tan sólo aporta el 25% del total. Por eso es fundamental que la inversión estatal crezca, como logramos establecer en la Ley de Financiamiento que se aprobó por unanimidad a principios de 2021; por la cual el presupuesto de la función Ciencia y Tecnología se irá incrementado progresivamente hasta alcanzar el 1% del PBI en 2032. Gracias a ella, el presupuesto de este año le otorgó el 0,34% del PBI: unos 500.921 millones de pesos.  Significó un crecimiento en términos reales de un 32% y es el tercer año consecutivo de crecimiento, aproximándose a los valores que tenía en 2015. Recordemos que en 2019 representaba sólo el 0,23% del PBI.

Además, desde el Congreso sancionamos normativas con el propósito de incrementar la sinergia público-privada, como son las leyes de Economía del Conocimiento y la de Promoción del Desarrollo y Producción de la Biotecnología Moderna y la Nanotecnología. 

Por medio de ellas, se brindan beneficios impositivos a los proyectos y empresas que promuevan nuevas tecnologías, generen valor agregado basado en el conocimiento  e inviertan en Investigación y Desarrollo.

En 2023  la Ley de Economía del Conocimiento tiene un cupo fiscal de 70 mil millones y la de Promoción del Desarrollo y Producción de la Biotecnología Moderna y la Nanotecnología, de 700 millones. Desde el Estado estamos generando mecanismos para que los privados inviertan e innoven en la Argentina. No debemos permitir que se caiga en la falsa dicotomía público vs privado. Tenemos que seguir trabajando en una lógica de cooperación para mejorar la competitividad productiva y el desarrollo sostenible del país sobre la base de mas ciencia y conocimiento.

Tenemos objetivos claros: transformar la matriz productiva, aumentando la transferencia de conocimiento apoyando a nuestras PYMES; agregar valor en los bienes industriales y servicios a través del desarrollo tecnológico y la innovación; generar empleo, complejizando nuestra estructura productiva y exportar conocimiento alcanzando de esa manera  una mayor soberanía científica y tecnológica para decidir con autonomía en todas las áreas estratégicas del país.

En el momento más difícil que nos tocó atravesar durante la Pandemia, nuestros científicos inmediatamente se pusieron al servicio de las necesidades sanitarias: desarrollaron Kits rápidos de detección, anticuerpos policlonales, barbijos  y están trabajando en la vacuna nacional, por nombrar los más emblemáticos. Creo que todos y todas comprendimos que la vida misma depende del conocimiento e innovación que generamos, agradeciendo a nuestros científicos y sintiendo orgullo por su labor.

Tenemos que ser capaces como sociedad de sacar las agendas de ciencia y tecnología de la discusión partidaria con el objetivo de construir consensos en torno a políticas que permitan un verdadero desarrollo nacional.

Como decía el Dr. Bernardo Houssay, ilustre Premio Nobel Argentino “Los países ricos lo son, porque dedican dinero al desarrollo científico tecnológico, y los países pobres lo siguen siendo si no lo hacen. La ciencia no es cara, cara es la ignorancia” mantiene su vigencia más que nunca.


Publicado en LA COMUNA DE VILLA REGINA.

https://lcr.com.ar/la-ciencia-argentina-no-se-negocia/

jueves, febrero 02, 2023

Nuevo billete de $2.000: así es el boceto. El directorio del Banco Central (BCRA) aprobó este jueves la emisión de un nuevo billete que se integrará a la actual Línea Peso.

 

(ADN).- El Directorio del Banco Central de la República Argentina (BCRA) aprobó la emisión de un nuevo billete que incorpora la denominación $ 2000 y que se integrará a la actual Línea Peso.

A través de un comunicado, el Banco Central confirmó que el nuevo billete, diseñado en colaboración con Casa de Moneda, conmemora el desarrollo de la ciencia y de la medicina en la Argentina y tendrá como protagonistas al Instituto Malbrán, y a la Dra. Cecilia Grierson y al Dr. Ramón Carrillo, precursores en el desarrollo de la medicina en nuestro país.

En el anverso del billete estarán las figuras de Grierson y Carrillo y en el reverso del billete se representa al edificio del Instituto Nacional de Microbiología Dr. Carlos G. Malbrán.

“El BCRA impulsa el uso de los medios electrónicos de pago en las transacciones con medidas innovadoras que permiten su desarrollo a partir del programa Transferencia 3.0”, asegura el comunicado, pero mientras avanza el proceso de digitalización de los pagos, “este billete de mayor denominación permitirá mejorar el funcionamiento de los cajeros automáticos y al mismo tiempo optimizar el traslado del efectivo”.

El instituto y las personas homenajeadas en el nuevo billete.

La Administración Nacional de Laboratorios e Instituto de Salud Dr. Carlos Malbrán es un organismo público descentralizado, que tiene por misión fundamental participar en las políticas científicas y técnicas vinculadas a los aspectos sanitarios del ámbito público. Fue fundado formalmente en el año 1893 con el objetivo de elaborar productos biológicos para tratar enfermedades infectocontagiosas.

La institución adoptó el nombre del célebre médico en 1941.

En el Malbrán trabajaron importantes científicos como los premios Nobel Bernardo Houssay y César Milstein. Los y las profesionales que hoy cumplen tareas en esta institución fueron los responsables de realizar los análisis y detectar los casos de coronavirus durante los tiempos más duros de la pandemia.

La Dra. Cecilia Grierson nació en Buenos Aires el 22 de noviembre de 1859 y falleció en la misma ciudad el 10 de abril de 1934. Ella fue la primera médica de la Argentina, graduada en 1886, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.

Grierson ejerció como obstetra y kinesióloga, pero no logró trabajar nunca como cirujana por su condición de mujer, a pesar de tener el título habilitante de la especialidad. Desde joven se dedicó también a la docencia, tarea que nunca abandonó. Al mismo tiempo, luchó incansablemente por los derechos de la mujer.

La Dra. Grierson creó la Primera Escuela de Enfermería de América Latina con un plan de estudios formal, además fue miembro fundadora de la Asociación Médica Argentina. También fue precursora de la idea de abrir salas de primeros auxilios en los diferentes pueblos para ayudar con la asistencia primaria a los enfermos.

Grierson desempeñó un rol clave durante la epidemia de cólera que afectó a la Ciudad de Buenos Aires en 1886.

Nacido el 7 de marzo de 1906 en Santiago del Estero, el Dr. Ramón Carrillo fue neurocirujano, neurobiólogo, médico sanitarista y el primer Ministro de Salud de la Nación. Carrillo egresó de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, en el año 1929, con Medalla de Honor. Fue también Profesor Titular de la Cátedra de Neurocirugía de la Facultad de Medicina y abandonó su brillante carrera de neurólogo para dedicarse al desarrollo de la medicina social (sanitarismo).

Carrillo realizó una gran transformación en la salud pública de nuestro país desde una concepción social de la medicina. Es reconocido por el legado de sus ideas, principios y fundamentos de su accionar, entre las cuales se encuentra la siguiente: “Todos los hombres tienen igual derecho a la vida y a la salud”.

Durante su gestión como Ministro de Salud Pública, que duró ocho años y comenzó en 1946, se realizaron campañas masivas de vacunación, imponiéndose la obligatoriedad del uso del certificado de vacunación para las escuelas. Además, erradicó en 2 años enfermedades endémicas como el paludismo. También creó una cantidad importante de hospitales publics, terminó con las epidemias como el tifus y la brucelosis, y redujo drásticamente el índice de mortalidad infantil. Carrillo también impulsó la incorporación del tren sanitario que recorría todo el país durante 4 meses al año haciendo análisis clínicos, radiografías, asistencia médica y odontológica.

El Dr. Ramón Carrillo murió el 20 de diciembre de 1956 en la ciudad de Belén, en Brasil.

Noticia publicada en ADN RÍO NEGRO.

https://www.adnrionegro.com.ar/2023/02/el-bcra-anuncio-un-nuevo-billete-de-2000/

viernes, enero 27, 2023

Clausurado y confiscado por Carlos IALORENZI.

 

Se cumplen 72 años de aquel 26 de enero de 1951, en que el diario La Prensa, fue clausurado y confiscado por el régimen peronista.

Fueron casi cinco años en que su valiosa voz fue silenciada por un gobierno que no admitía al que opinaba distinto, y que implantó una rigurosa persecución contra los ciudadanos y los medios que se oponían a su accionar de gobierno denunciándolos o encarcelándolos, a los que denominaban contreras, cipayos y luego gorilas. Fue el gobierno de la “Revolución Libertadora” el que devolvió el diario a sus legítimos dueños, reapareciendo el 3 de febrero de 1956.

La Prensa durante muchos años recordó esta oprobiosa etapa: encabezaba su columna editorial mencionando al fundador y a sus directores y agregaba “Clausurado y confiscado por defender la libertad el 26 de enero de 1951; reinició sus ediciones el 3 de febrero de 1956”.      

El diario fundado por José C. Paz el 18 de octubre de 1869, fue reconocido nacional e internacionalmente por la rigurosidad de la información y por la gran calidad de sus periodistas y colaboradores lo que lo hizo figurar entre los diez diarios más importantes del mundo y el primero de habla hispana.

Desde 1943 ejerció su dirección Don Alberto Gainza Paz, que fue un firme defensor de los principios fundacionales del diario, lo que le costó sufrir la cárcel, conflictos gremiales, sanciones económicas y tener que exiliarse en Uruguay y EE. UU.   

Como informa Enrique José Maceira en su libro "La Prensa que he vivido" menciona que "Cerca de la confiscación, se imprimían los días hábiles 480.000 ejemplares y los domingos 550.000". La población de la Ciudad de Buenos Aires más la del gran Buenos Aires estaba alrededor de los 5.000.000 de habitantes, mientras que la población total del país rondaba los 17.000.000. 

UN FUERA DE SERIE.

En su primer ejemplar La Prensa sostuvo: “La independencia, el respeto al hombre privado, el ataque razonado al hombre público y no a la personalidad individual formarán nuestro credo” y más adelante expresó “Verdad, honradez: he ahí nuestro punto de partida. Libertad, progreso, civilización: he ahí el fin único que perseguimos”.  

El diario fue siempre un faro que iluminó a generaciones, como lo hizo su formidable farola, que todavía puede verse coronando el majestuoso edificio en que funcionó el diario en la Av. de Mayo 567 y que hoy es la Casa de la Cultura del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Gracias a sus numerosos avisos clasificados, muchos argentinos e inmigrantes consiguieron trabajo o lograron comprar o alquilar su casa.

Además de su misión de informar con rigurosidad, el diario creó varios servicios para la comunidad:

Es así que, en su edificio de Av. de Mayo inaugurado en 1898, funcionaban una gran Biblioteca Pública, consultorios médicos y odontológico y un consultorio jurídico.  Todos estos servicios se brindaban gratuitamente.

También se realizaron cursos de capacitación agrícola ganadera para que los inmigrantes que habían comprado tierras aprendieran a trabajarlas, y un Conservatorio de Música al que asistían niños y personas mayores.

Otro caso para destacar fue la fundación del Instituto Popular de Conferencias por iniciativa de Estanislao Zeballos en 1914. Ocuparon su tribuna notables personalidades como Albert Einstein, José Ortega y Gasset, Azorín, Bernardo Houssay, Adolfo Bioy Casares, George Clemenceau, Edmundo De Amicis, entre otros.

Enrique J. Maceira también destaca como dato curioso en su libro “La Prensa que he vivido” la existencia de espacios dedicados al ocio de los integrantes de la redacción en los que se podía jugar al billar, al ajedrez y al truco, o también practicar esgrima en una pedana.

Entre las numerosas personalidades nacionales y extrajeras que escribieron, por razones de espacio solo mencionaremos a Jorge L. Borges, Victoria y Silvina Ocampo, Eduardo Mallea, Leopoldo Lugones, Manuel Mujica Láinez, Bernardo González Arrili, Sigmund Freud, Albert Einstein, Miguel de Unamuno, Luigi Pirandello, José Ortega y Gasset, José Martí y un largo etcétera.

LA PRENSA HOY.

En estos tiempos de crisis de valores y de grandes cambios sociales y tecnológicos, La Prensa sigue siendo el diario diferente. Refleja en sus páginas los que otros por ideología o por conveniencia prefieren callar.

En el ADN de “La Prensa” está presente la búsqueda de la verdad y la defensa de la libertad de expresión consagrada en nuestra Constitución Nacional.

Hoy más que nunca la opinión pública necesita seguir nutriéndose de sus páginas. Muy probablemente sea el único medio tradicional del país, en el que abundan columnas con opiniones que se oponen a la cultura globalista que nos abruma.

Por el pasado y por el presente, vayan nuestras sinceras felicitaciones y agradecimiento a este gran diario por dejarnos opinar libremente y por defender los valores fundacionales de la patria.   

PUBLICADO EN DIARIO LA PRENSA.

https://www.laprensa.com.ar/525214-Clausurado-y-confiscado.note.aspx

martes, septiembre 21, 2021

El pensamiento de Bernardo Houssay.

Veamos lo que decía este otro Premio Nobel, pero de Medicina, del cual estamos orgullosos los argentinos, acerca del respeto a los hombres que hicieron grande nuesto país.

Bernardo Alberto Houssay nació en Buenos Aires el 10 de abril de 1887. Sus padres, Alberto Houssay y Clara Laffont, emigraron de Francia a la Argentina en 1870, se casaron en 1879.

Fue un médico, catedrático y farmacéutico argentino.

En 1920 fundó la Sociedad Argentina de Biología, que fue muy pronto afiliada a la Sociedad de Biología de París, y permitió así implementar la difusión de las investigaciones nacionales.

Fue uno de los fundadores de la Sociedad Argentina para el Progreso de las Ciencias, del cual fue su presidente desde 1934 hasta 1957. Esta asociación puede ser considerada antecesora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).

Por sus descubrimientos sobre el papel que desempeñan las hormonas pituitarias en la regulación de la cantidad de azúcar en sangre (glucosa), fue galardonado con el Premio Nobel en Medicina en 1947, siendo el primer latinoamericano laureado en Ciencias (Carlos Saavedra Lamas, también argentino, había ganado el Premio Nobel de la Paz en 1936). Gracias a su trabajo, la fisiología fue la disciplina médica que mayor vigor y desarrollo tuvo en Argentina.

En 1970, ya semipostrado, recibió con gran alegría la noticia de que a su discípulo Luis Federico Leloir le habían otorgado el Premio Nobel.

Falleció el 21 de setiembre de 1971.

jueves, enero 14, 2021

Esteban Laureano Maradona fallece en la Ciudad de Rosario el 14 de enero de 1995 a los 99 años. El “Doctorcito Dios” de la selva formoseña.

 

Esteban Laureano Maradona fallece en la Ciudad de Rosario el 14 de enero de 1995 a los 99 años.

Por 1986, Otelo Borroni y Roberto Vacca dirigían la serie de documentales y fascículos inolvidables: “Historias de la Argentina Secreta”. Hasta ese momento el apellido Maradona representaba inequívocamente a una sola persona: el máximo jugador de fútbol que conocimos. “No sé si somos parientes. Me han dicho que es un muchacho millonario” dijo otro Maradona. El comentario le pertenecía a un anciano humilde, protagonista de una historia secreta, la de El hombre que perdió el tren. Gracias a ella, se replicó el famoso apellido sobre un desconocido doctor y naturalista, que se llamó Esteban Laureano Maradona.

“…Si algún asomo de mérito me asiste en el desempeño de mi profesión, este es bien limitado, yo no he hecho más que cumplir con el clásico juramento hipocrático de hacer el bien a mis semejantes. Muchas veces se ha dicho que vivir en austeridad, humilde y solidariamente, es renunciar a uno mismo. En realidad ello es realizarse íntegramente como hombre en la dimensión magnífica para la cual fue creado…” Esteban Laureano Maradona, médico rural argentino.

Dr. Esteban Laureano Maradona (1895-1995).

Esteban Laureano Maradona fue un médico que no hizo otra cosa que cumplir con su tarea, con abnegación y una profunda vocación de servicio.  Sin embargo, el compromiso que asumió como profesional, la labor desinteresada y solidaria, la denuncia de la injusticia y la defensa y atención de los indígenas y de los pobres, sumadas a la humildad con la que enfrentó el reconocimiento de su obra, valen por sí solas para destacar al hombre que orientó su saber y su esfuerzo en quienes nada tenían.

Nació el 4 de julio de 1895, en Esperanza, provincia de Santa Fe.  Fue uno de los 14 hijos de Waldino Maradona y Petrona de la Encarnación Villalba, una familia enraizada ya en estas tierras.  Descendía, por parte de su padre, de una familia gallega (los Fernández Maradona) llegada desde Chile en la época colonial a poco de fundarse San Juan donde finalmente se radicaron y dieron figuras de talla histórica.  Del lado materno en cambio la ascendencia era criolla (de Santiago y Buenos Aires), y su infancia transcurrió en gran parte en su estancia de Los Aromos en las barrancas santafecinas del río Coronda.  Ya adolescente, la familia se trasladó a Buenos Aires, donde se recibió dos décadas después de médico en la Universidad de Buenos Aires, en 1926, con diploma de honor.  Fue durante sus estudios, discípulo de Bernardo Houssay.

Hacia 1930, se radicó en Resistencia (Chaco).  Y allí estaba cuando la revolución de Uriburu del 6 de setiembre depuso al presidente Hipólito Yrigoyen.  Si bien nunca había sido “yrigoyenista” sino acaso lo contrario, asumió como ciudadano defender la democracia y el gobierno constitucional pronunciando entonces fogosas conferencias en las plazas públicas, que le valieron inmediatas persecuciones.  En el entusiasmo de la juventud acaso esa experiencia lo marcara, porque nunca luego llegó a practicarla seriamente y definitivamente se apartó de ella.  “Pese a que llegué a ser candidato a diputado por el Partido Unitario —recordaba a propósito del tema—, la política nunca ocupó el centro de mi vida; los políticos, en su mayoría, siempre dicen una cosa y hacen otra, muchas veces desvirtúan la democracia para hacer demagogia en nombre de ella”.

Perseguido por el régimen que derrocara a Yrigoyen, partió para Paraguay donde comenzaba entonces la Guerra del Chaco Boreal, con apenas una valija de ropa, un revólver 38 y su diploma de médico como todo equipaje.  Ya llegado, ofreció sus servicios a un comisario de Asunción, pero pidió que no lo sometieran a ninguna bandera porque su único fin era el “humano y cristiano de restañar las heridas de los pobres soldados que caen en el campo de batalla por desinteligencias de los que gobiernan”.  Tan nobles palabras le valieron la cárcel por unos días: no le creyeron y lo tomaron por un espía argentino.  Poco después ya liberado, lo tomaron como camillero en el Hospital Naval, donde en tres años llegó a ser director, atendiendo en esa etapa a cientos de soldados de ambos bandos.  Fue para ese entonces que conoció a la que sería el único amor de su vida: Aurora Ebaly, una jovencita de 20 años descendiente de irlandeses y sobrina del presidente paraguayo.  Ya comprometidos, el romance estaba llamado a ser fugaz: el 31 de diciembre de 1934 Aurora murió con el año víctima de la fiebre tifoidea.  Pero fue largo el recuerdo que Maradona encendió en su memoria, pues no se casó nunca y nunca volvió a noviar.

 

Acaso el dolor del duelo fue uno de los motivos que lo alejaron de Paraguay no bien terminó la guerra.  Tras donar los sueldos que ganó a soldados paraguayos y a la Cruz Roja, escapó, de los honores y agasajos que le realizaron.  No pocos dijeron que este médico tuvo mucho que ver con el fin de la guerra, pero él mismo se encargó de minimizar las versiones: “Pese a lo que algunos dijeron, yo no fui quien directamente hizo firmar la paz entre ambos países.  Solamente colaboré para que se juntaran las comisiones que habían viajado desde Europa con los delegados de Bolivia y Paraguay”.

Volvió entonces a Argentina.  Había proyectado las etapas de su viaje: regresaría a su país en barco, hasta Formosa, y allí tomaría el tren que pasaba por Salta, Jujuy y Tucumán; en esta ciudad visitaría a un hermano, que era intendente; después llegaría a Buenos Aires, donde vivía su madre.  Fue en ese tren donde le salió al encuentro su destino definitivo en el monte formoseño.  El próximo pasaba a los tres o cuatro días, y en ese intervalo la gente del lugar y de los campos vecinos acudió a hacerse asistir, y todos le pidieron insistentemente que se quedara, ya que no había ningún médico en muchas leguas a la redonda.  Y también fue entonces cuando simplemente y según sus palabras “Había que tomar una decisión y la tomé… quedarme donde me necesitaban.  Y me quedé 53 años de mi vida”.

Y se estableció en Estanislao del Campo, entonces el Paraje Guaycurri, un villorrio formoseño sin agua corriente, gas, luz o teléfono.  Y a poco de vivir allí, vio aparecer a los aborígenes de las cercanías, tobas y pilagás.  Llegaban de cuando en cuando, como espectros en fuga, miserables, desnutridos y enfermos a los comercios y viviendas de los límites del poblado, ofreciendo canjear plumas de avestruces, arcos, flechas y otras artesanías por alguna ropa o alimento que necesitaban.  El corazón de Maradona se conmovió y latió con ellos, con su dolor y su desamparo, y se transformó en un compromiso asumido como obligación moral de hacer algo por ellos, desde entonces y durante toda su vida.  E hizo muchísimo: no es fácil resumirlo, el lector habrá de llenar los espacios cotidianos que mediaron en medio siglo… Primero acercarse, ganar su confianza demasiado herida, atenderlos, curarlos, oírlos y aprender sus lenguas y costumbres hasta ser aceptado en las tribus.

En Estanislao del Campo vivía solo en una modesta casita que adquirió en 1939 en quinientos pesos.  Tenía una sola habitación (que hacía de alcoba, gabinete de estudio y consultorio), una galería y una pequeña cocina, todo de pared y piso de ladrillo y techo de zinc.  Al retrete y al aljibe, que estaban en el patio, los compartía con una familia vecina.  No había tampoco luz eléctrica.

Vale la pena destacar todo esto, porque agiganta la dimensión espiritual del hombre.  Era hijo de una estanciera, médico de profesión, y podría haber vivido como mimado de la suerte en medio de las comodidades de una gran ciudad; sin embargo, prefirió las privaciones de una zona agreste para el mejor servicio en favor del prójimo.  Pudo morir millonario, pero vivió donando sus bienes y provechos para mitigar dolores y necesidades de los demás.  Fue un verdadero e inagotable fontanar de virtudes, y su vida todo un ejemplo de altruismo, abnegación y filantropía.

Y en el monte y las tolderías se escribió el capítulo más admirable de este hombre de extraordinaria riqueza y fuerza espiritual volcada en amor a su prójimo más necesitado.  Su labor no se circunscribió solamente a la asistencia sanitaria: convivió con ellos, se interiorizó de las múltiples necesidades que padecían y trató de ayudarlos también en todos los aspectos que pudo: económicos, culturales, humanos y sociales.  Realizó gestiones ante el Gobierno del Territorio Nacional de Formosa y obtuvo que se les adjudicara una fracción de tierras fiscales.  Allí, reuniendo a cerca de cuatrocientos naturales, fundó con éstos una Colonia Aborigen, a la que bautizó “Juan Bautista Alberdi”, en homenaje al autor de “Las Bases . . .”, colonia que fue oficializada en 1948.  Les enseñó algunas faenas agrícolas, especialmente a cultivar el algodón, a cocer ladrillos y a construir sencillos edificios.  A la vez, los atendía sanitariamente, todo, por supuesto, de manera gratuita y benéfica, hasta el extremo de invertir su propio dinero para comprarles arados y semillas.  Cuando edificaron la Escuela, enseñó como maestro durante tres años, hasta que llegó un docente nombrado por el gobierno.

Además de sus tareas filantrópicas, Maradona, que era un apasionado de las ciencias naturales, realizaba investigaciones sobre la gea, la flora y la fauna del lugar y anotaba sus observaciones, sus impresiones y sus ideas. Escribió muchos libros, en su mayor parte todavía inéditos. Entre ellos podemos mencionar “A través de la selva”, “Recuerdos campesinos”, “Historia de la ganadería argentina”, “Plantas cauchígenas”, “Una planta providencial”, (el yacón), “Vocabulario Toba pilará”, “La ciudad muerta” (historia de los primeros días de la ciudad de Concepción del Bermejo), “Páginas sueltas” (recopilación periodística), “Historia de los Obreros de las Ciencias Naturales (de Botánica y Zoología Americanas)”, “Dendrología”, y varios más.

Varias veces le ofrecieron puestos; nunca prestó conformidad.  En 1981 un jurado compuesto por representantes de organismos oficiales, de entidades médicas y de laboratorios medicinales, lo distinguió con el premio al “Médico Rural Iberoamericano”, que se adjudicaba acompañado de importante suma de dinero.  Rechazó a ésta de plano, y en el mismo acto de la entrega, logró que con ese fondo se instituyeran becas para estudiantes que aspiraban a ser médicos rurales.  Cuando ya era anciano, el gobierno quiso destinarle una pensión vitalicia; tampoco aceptó.  Su norma inquebrantable de conducta rezaba “todo para los demás, nada para mí”.

Fue postulado tres veces para el Premio Nobel y recibió decenas de premios nacionales e internacionales, entre los que se cuenta el Premio Estrella de la Medicina para la Paz, que le entregó la ONU en 1987.  Sin embargo, no le importaban los honores.  Había escrito su historia en el silencio, y la fama lo asaltó tiñendo su figura de ribetes legendarios y valores espirituales alejados de las sociedades de este tiempo, que paradójicamente lo admiraron por ello.  Esa notoriedad le fue tan ajena como los homenajes o las retribuciones dinerarias: simplemente no alteraba su vida ni la aceptaba como algo merecido o que valiera la pena.  En una carta dirigida a Eduardo Bernardi, al referirse a los premios, escribió: “Es todo humo que se disipa en el espacio”.  Sus frases, siempre amables y sin altisonancias, son en sí mismas un legado más para la reflexión cuando ya su figura es una ausencia grande:

“Si algún asomo de mérito me asiste en el desempeño de mi profesión, éste es bien limitado; yo no he hecho más que cumplir con el clásico juramento hipocrático de hacer el bien”.

“Muchas veces se ha dicho que vivir en austeridad, humilde y solidariamente, es renunciar a uno mismo.  En realidad ello es realizarse íntegramente como hombre en la dimensión magnífica para la cual fue creado” …. “estoy satisfecho de haber hecho el bien en lo posible a nuestro prójimo, sobre todo al más necesitado y lo continuaré haciendo hasta que Dios diga basta”.

Y mucho bien hizo, y ese bien habría de ser muy necesitado pues Dios tardó en decir basta.  Recién cuando ya desbordaba los 91 años a mediados de 1986, enfermó y aceptó ir a vivir en Rosario con la familia.  Su sobrino, el doctor José Ignacio Maradona y su esposa Amelia junto a sus diez hijos lo rodearon de afecto los nueve últimos años de su vida.  De una lucidez asombrosa, que conservó hasta su muerte, estudiaba con los más chicos medicina e Historia.  Su más cercano amigo durante 35 años, Abel Bassanese, cuenta que en el día anterior al de su deceso habían estudiado temas sobre el Virreinato del Río de la Plata.  Murió de vejez, sin sufrimientos físicos ni morales -en la santa paz de los buenos y justos- poco después de despuntar la mañana del 14 de enero de 1995, cuando le faltaban apenas unos meses para cumplir los cien años.

Maradona era de físico pequeño, limitado por una talla de un metro con cincuenta y tres centímetros y una constitución delgada.  Pero dentro de esa moderación, las proporciones hacían evidente acto de presencia y con ellas, una sencilla y graciosa elegancia.  Además, conjuntábanse otras dotes que imprimían a la generalidad de su persona un aspecto interesante y agradable.  Así, al cutis blanco lo recubrían unas facciones tan armoniosas y regulares que de ellas no merece destacarse ningún detalle en especial, como no sea violentando las leyes de la verdad y la justicia.  Su frente era apenas inclinada, sus ojos pardos y más bien chicos, su nariz recta, delgada y mediana, su boca y orejas también medianas, estas últimas contiguas a un cráneo cuya nuca se prolongaba con la discreción de la justa medida.  Todo ese conjunto, que visto de frente era ligeramente oval, estaba coronado por una cabellera lacia que fue de color castaño oscuro hasta que entró en la madurez, pero que paulatinamente se fue decolorando, para llegar a ser completamente blanca a poco de cruzar la línea del medio siglo.  Sin embargo, se le mantuvo abundante, hasta que comenzó a ralearse un tanto en la senectud, acaso para estar a todo con la enjutez de ese rostro de asceta.

Pero es en la esfera moral donde resplandecían con toda magnitud las más estimables cualidades de Esteban Maradona, aquéllas que más lo singularizaban y ennoblecían; y a ellas debemos referirnos.

Su mente -propia para altas preocupaciones, tanto científicas como humanísticas- era absolutamente libre, su carácter dulce y jovial, su espíritu fino y bondadoso, su humildad extrema, y su altruismo sublime.

Fue el “Doctorcito Dios”, el “Doctor Cataplasma”, el “Doctorcito Esteban”, el “médico de los pobres”, como lo llamaban sus pacientes, con profundo amor y devoción.

Su recuerdo, tal como quizá lo hubiera querido, se funde con el homenaje a todos los médicos rurales argentinos, cuyas historias anónimas nos esconden sus nombres y sus desvelos: el 4 de julio, día de su nacimiento ha sido declarado por ley Día Nacional del Médico Rural.

 * Fuente: Bassanese, Abel – Esteban Laureano Maradona, una vida ejemplar.; Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado; Portal www.revisionistas.com.ar; Sellanes, Matilde – Esteban Laureano Maradona: El “Doctorcito Dios” de la selva formoseña(1895 – 1995).

Fuente de información: www.revisionistas.com.ar

jueves, abril 09, 2020

Una científica del Malbrán descartó todas las teorías conspirativas sobre el coronavirus.

Una científica del Malbrán descartó todas las teorías conspirativas sobre el coronavirus.

La especialista Josefina Campos aseguró que el genoma del Covid-19 no fue manipulado. Es de origen animal.

La científica del instituto Malbrán, Josefina Campos, descartó todas las teorías conspirativas que dan vuelta en redes sociales en relación al inicio de la pandemia de coronavirus. Según la especialista, pudo comprobarse que no hubo manipulación genética en el genoma del Covid-19 y que la infección es de origen animal. 
En tanto, científicos de laboratorio cabecera en Argentina para determinar si un caso es positivo o negativo, lograron secuenciar tres genomas del coronavirus que circula en Argentina y así poder seguir la evolución de la pandemia a nivel local, lo cual ubica al país en la vanguardia de la investigación sobre el COVID-19 a nivel internacional.
Así lo explicó Josefina Campos, doctora en Bioquímica y científica integrante del equipo que trabaja en el Instituto Malbrán. Según lo señaló la experta durante una entrevista con el programa Animales Sueltos “Son los tres primeros genomas que secuenciamos de un estudio mucho mayor, la idea es secuenciar todos o la mayor cantidad posible de los casos que hemos tenido para poder hacer el seguimiento de la pandemia”.
“Esta pandemia que nos afecta a todos globalmente, ha tenido la posibilidad de seguirla en tiempo real a nivel científico. Existe una plataforma global donde subimos los datos; hasta el domingo Argentina no estaba en esa plataforma global y a partir del lunes pudimos poner nuestros genomas y representar a la Argentina en esta distribución del coronavirus a nivel internacional”.
Ante la consulta sobre cuánto falta para llegar al desarrollo de vacunas o medicamentos, la científica respondió que “para eso no tenemos una respuesta tan clara. Desarrollar una vacuna lleva tiempo y tenemos que tener paciencia. Lo que pudimos asegurar secuenciando estos genomas y lo que faltan es que esa vacuna que se esté desarrollando tenga la representación de lo que está circulando en el país”.
A su vez, Campos puntualizó que “un grupo de científicos analizó el genoma en su totalidad y poder asegurar fehacientemente que no hay ningún tipo de manipulación genética en este genoma. Nadie lo inventó, no salió de ningún laboratorio. Fue un salto de especie que pasó y puede pasar”.
El Instituto Nacional de Microbiología Carlos G. Malbrán. Es un organismo dependiente de a la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud (ANLIS). El mismo es considerado uno de los principales centros de investigación de microbiología en el mundo y por la institución pasaron prestigiosos científicos como los premios Nobel Bernardo Houssay y César Milstein.

lunes, marzo 23, 2020

Orgullo: Carlos Malbrán, el médico catamarqueño que luchó contra las epidemias.

El jueves 4 de septiembre de 1902 fue un día especial. En el convento de Santo Domingo se exhumaron los restos de Manuel Belgrano, para ser depositados en el mausoleo que se había erigido en su honor. Para la ceremonia del retiro de los despojos se había formado una comisión integrada, entre otros, por los ministros del Interior, Joaquín V. González, y de Guerra, Pablo Ricchieri (que se apropiaron de piezas dentales del prócer que la denuncia pública y la vergüenza los obligaron a devolver). Y también estaba el presidente del Departamento Nacional de Higiene, el doctor Carlos Gregorio Malbrán, que pasaría a la historia como uno de los precursores en la implementación de políticas y programas de salud pública en nuestro país.
Este catamarqueño, había nacido en Andalgalá, en 1862 y a los 25 años egresó de la Facultad de Medicina. Entre 1883 y 1885 fue practicante en el Hospital San Roque (hoy Ramos Mejía), y su tesis “La patología del cólera” lo instalaría como un referente en investigación bacteriológica. No alcanzó a obtener su título de doctor cuando fue comisionado para colaborar en la lucha contra la epidemia de ese flagelo que se había desatado, por segunda vez, en Mendoza.
Intercalando su labor en diversos hospitales, se propuso mejorar las condiciones de salud pública. Fue miembro del Comité de Limpieza de la Ciudad de Buenos Aires, inspector técnico de Higiene de la Municipalidad porteña y jefe del Departamento Nacional de Higiene. En un precario instituto, que funcionaba en dos habitaciones cedidas por la Prefectura General de Puertos en su edificio de la calle 25 de Mayo, Malbrán realizaba sus estudios.
Realizó un viaje a Europa donde investigó con los mejores especialistas el uso de sueros antituberculosos y antidiftéricos. De la misma manera, en el Paraguay se dedicó a implementar una campaña para combatir la epidemia de peste bubónica que azotaba a ese país.
Funcionario sanitario
Sus conocimientos y experiencias lo llevaron a presidir conferencias internacionales sobre malaria y lepra. Y a fin de enero de 1900 fue nombrado presidente del Departamento Nacional de Higiene.
Asumía en una institución un tanto desprestigiada por la floja gestión de su antecesor, Eduardo Wilde, que si bien era médico también era político. Y el presidente Julio A. Roca, rápido de reflejos, reemplazó a su amigo por un profesional con trayectoria de investigación. Al parecer, su nombramiento vino en el momento justo, ya que la revista Caras y Caretas publicó que a Malbrán “lo habilitan para lograr sus propósitos e imprimir al Departamento de Higiene un carácter de que hasta hoy ha carecido por falta de rumbos claros”. Malbrán fue descripto como “uno de los médicos jóvenes del país que más se ha distinguido en estos últimos tiempos por su preparación y su actividad”.
Leyes claves
El país carecía de una ley nacional de sanidad. Logró la sanción, en 1902, de la Ley de Defensa Sanitaria que establecía la ampliación de la injerencia del Estado en todo el país en caso de una epidemia. Y el 27 de agosto de 1903 por la ley 4202 establecía la vacunación y revacunación obligatoria, aunque restringida a la Capital y a los territorios nacionales.
A esa altura, Malbrán era profesor en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, en donde llegaría a ser vicedecano. Hasta 1920 estaría al frente de la cátedra de Bacteriología, que él mismo había creado en 1897. Sería el principal difusor, en nuestro país, de la teoría microbiana del químico francés Louis Pasteur, que sostenía que los gérmenes provocaban enfermedades.
Malbrán tenía en mente la adopción de medidas de higiene preventiva para poner al país en alerta ante una epidemia. Entendía que el desafío era la investigación de sueros y vacunas, más aún cuando el país había sido severamente golpeado por epidemias de cólera, fiebre amarilla y peste bubónica.
Nace el Instituto
Logró que le cedieran terrenos sobre la avenida Vélez Sarsfield, en el barrio de Barracas, en un predio donde en 1871 habían enterrado a residentes ingleses, víctimas de la fiebre amarilla. Ahí levantaría el Instituto de Bacteriología y Conservatorio de Vacunas. No es de extrañar que la piedra fundamental se haya colocado en 1904, pero recién se inauguraría el 10 de julio de 1916, aunque había comenzado a funcionar, en forma provisoria, en 1914.
Malbrán renunció a la dirección del Departamento Nacional de Higiene en 1910, cuando resultó electo senador por Catamarca. Lo sucedió el doctor José María Penna.
En el Instituto, se construirían varios pabellones, destinados a la conservación de vacunas, a laboratorios y establos para el estudio de enfermedades pestíferas. En dicho instituto se formaron miles de prestigiosos profesionales, y por sus laboratorios pasaron, entre otros, los premios Nobel de Medicina Bernardo Houssay y César Milstein.
Malbrán falleció el 1 de agosto de 1940. Su co-provinciano, el vicepresidente Ramón Castillo, fue el que propuso, en 1941 que el instituto llevase su nombre. El, en definitiva, es el responsable de que hoy sea popularmente conocido como “el Malbrán”, un apellido que, más que referenciar a una persona, es una marca registrada de salud pública. (Fuente Infobae).
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sábado, enero 26, 2019

A dos semana de regresar de sus vacaciones, Macri se tomó unos días de descanso en Chapadmalal. El mandatario viajó junto a Juliana Awada y su hija Antonia. El lunes retomará sus actividades en Mar del Plata.

A dos semana de regresar de sus vacaciones, Macri se tomó unos días de descanso en Chapadmalal.

El mandatario viajó junto a Juliana Awada y su hija Antonia. El lunes retomará sus actividades en Mar del Plata.


A dos semanas de haber regresado de sus vacaciones en Villa La Angostura, el presidente, Mauricio Macri, arribó este viernes a la ciudad costera de Chapadmalal, a 23 kilómetros de Mar del Plata, para descansar junto a su familia. El mandatario se trasladó hasta el Complejo Turístico de Chapadmalal luego de haber visitado la colonia de verano del Centro Recreativo Nacional (Cerena) en Ezeiza con la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal. Según detalló la agencia Noticias Argentinas, viajó acompañado por Juliana Awada, y su hija Antonia. El lunes retomará sus actividades con la inauguración del Hospital Bernardo Houssay de PAMI, en la ciudad de Mar del Plata.
Este verano, el Presidente se tomó 23 días de vacaciones en la Patagonia y causó polémica. En este marco, a principios de enero la senadora Magdalena Odarda, de Río Negro, propuso reglamentar por ley el receso presidencial, ponerle un tope de 14 días corridos y que el descanso sea dentro de territorio argentino. “Actualmente, no existe regulación normativa específica sobre el régimen de licencias anuales de quien ejerce la Presidencia de la Nación. Eso explica porqué el presidente Macri ya se ha tomado más de 120 días de vacaciones desde que asumió”, expresó la senadora.
La cantidad de días de vacaciones del Presidente causó rechazo en diferentes ámbitos. "Si fuera presidente y tuviera un país en las condiciones en las que está ahora, con tantas necesidades en todos los rubros, no me iría de vacaciones. Me quedaría en Buenos Aires tratando de solucionar los problemas. La presencia es muy importante", consideró Mirtha Legrand en una entrevista a Crónica. "No entiendo las críticas de que tome vacaciones, uno tiene que tener un espacio de tranquilidad y reflexión para recuperar energías", expresó el mandatario mientras descansaba en Villa La Angostura. 
"Este trabajo es tal vez el más intenso que he tenido en mi vida. Y aún estando acá diría yo que trabajo todos los días, porque uno como Presidente es mentira que se puede desenchufar. Uno siempre está en contacto con presidentes de otros países, dando entrevistas para llevar un mensaje, inaugurando cosas. Estamos todos el día conectados pero hacerlo desde acá durante un tiempo me permite reflexionar de otra manera", agregó en diálogo con LU5 de Neuquén.  En el sur, durante este verano su rutina se redujo al descanso y paseos por la costa del lago Nahuel Huapi, entremezclados con reuniones de trabajo en el exclusivo country Cumelén. Ahora, el complejo presidencial en el que se hospeda en la Costa Atlántica cuenta con pileta, helipuerto, una playa exclusiva, muelle, 15 bungalows y canchas de tenis y paddle. 
Fuente www.perfil.com

domingo, diciembre 10, 2017

10 de diciembre de 1947: el científico argentino recibe el Premio Nobel de Medicina.

10 de diciembre de 1947: el científico argentino recibe el Premio Nobel de Medicina.
El científico argentino Bernardo Alberto Houssay recibe el premio Nobel de Medicina fue el primer premio Nobel hispanoamericano, concedido en 1947 junto al matrimonio Cori, por sus descubrimientos sobre el papel que juegan las hormonas de la glándula pituitaria en la regulación de la cantidad de glucosa de la sangre en los animales, estudios que posibilitaron nuevos avances en el tratamiento de la diabetes.
Descendiente de franceses, fue bachiller del Colegio Nacional de Buenos Aires a los 13 años (promoción 1900), se graduó de farmacéutico a los 17 años, y de médico a los 23 años, dos años después de comenzar la docencia en la Universidad de Buenos Aires.
También se debe a su iniciativa y la de sus colaboradores la fundación en 1920 de la Sociedad de Biología y la publicación del Acta Physiologica Latinoamericana desde 1950. En 1945 publicó el tratado Fisiología humana, que sería traducido a las principales lenguas. Gracias a la publicación de este tratado Houssay recibió la consagración internacional a través de importantes premios: de la Universidad de Toronto (Canadá), del Royal College of Physicians (Inglaterra), de la Royal Society of New South Wales (Australia), y finalmente, el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1947, por su trabajo de la influencia del lóbulo anterior de la hipófisis en la distribución de la glucosa en el cuerpo, de importancia para el desarrollo de la diabetes.

El premio no le sirvió para aminorar las tensiones que tenía con el gobierno peronista: expulsado de su cátedra y en forma privada, Houssay creó el Instituto de Biología y Medicina Experimental.

Bernardo Houssay fue presidente de la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias, de la Academia Nacional de Medicina, de la Sociedad Argentina de Biología y de la Federación Internacional de Diabetes.

Houssay fue el propulsor del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y obtuvo los doctorados Honoris Causa en Harvard y en Oxford.recibe el premio Nobel de Medicina por sus trabajos sobre la glándula hipófisis. Houssay fue el propulsor del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y obtuvo los doctorados Honoris Causa en Harvard y en Oxford.
Falleció el 21 de Septiembre de 1971.