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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

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"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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sábado, marzo 03, 2018

Los papeles secretos de Celia Cruz.



Detrás de la Celia Cruz folclórica y extrovertida, la artista que conquistó escenarios de todo el mundo al grito de ¡Azúcar!, había una persona celosa de su espacio íntimo y muy organizada, con un llamativo gusto por acumular toda clase de papeles y documentos de su vida y su carrera. El archivo íntimo de la cantante cubana más universal (La Habana, 1925-Nueva Jersey, 2003) está en manos de su albacea y último mánager, Omer Pardillo, que lo conserva en Miami como oro en paño y ha dado a EL PAÍS acceso para consultarlo. “Todo lo que tenía que ver con ella lo guardaba. Contratos, cartas, periódicos, fotografías, carteles. Tenía en casa unas cajas de plástico y cuando llegaba de un viaje metía los papeles que se había traído”, cuenta Pardillo en su oficina. El material pasaba entonces a manos de dos hermanas portuguesas, emigrantes ya mayores y siempre vestidas de negro, que eran sus empleadas de la limpieza, cocineras y archiveras. Hoja a hoja, dos señoras sobrias y herméticas, encarpetaban los documentos de la intérprete de La vida es un carnaval.En privado, Celia las llamaba con cariño “mis urracas”. “Les tenía un aprecio enorme”, dice Pardillo. “Trataban sus cosas con un rigor escrupuloso”.
Pero su acopio arrancó décadas atrás, en Cuba. Uno de los documentos que su albacea custodia con más celo, depositado en un banco del que lo sacó por un día para este reportaje, es su primer pasaporte, expedido en 1947 para un viaje a Caracas en el que hizo sus primeras grabaciones. Joven y atildada, Celia Caridad Cruz Alfonso ya firmaba Celia Cruz. Otra joya es su carné de empleada del espectáculo El Caribe del hotel Habana Hilton, que en 1959 fue rebautizado Habana Libre y donde Fidel Castro tuvo su oficina unos meses.
De octubre de 1959 es un visto bueno de la Policía Nacional Revolucionaria que autorizaba a Celia, ya estrella en Cuba con la orquesta La Sonora Matancera, a “abandonar el territorio nacional a su entera libertad”. En 1961, la banda y su cantante tomarían el avión del exilio con destino México. Un desarraigo que intensificaría la tendencia de la artista a conservar cosas, hasta dejar un vasto legado de documentos y archivos. La mayor parte lo tiene el mánager a resguardo, otra porción menor, aunque sustancial, está en el Smithsonian Institute y la Universidad de Miami posee una muestra de cartas y fotos.
“El exiliado cubano de su generación salía de aquel país sin nada y tendía a guardar y atesorar todo lo que tuviese. Ella solo pudo sacar una maleta en la que llevaba básicamente su ropa y una figura de la Virgen de la Caridad del Cobre”, dice Pardillo, de 45 años, cubanoamericano de Nueva York nacido en la isla.

De natural anticomunista.
Ojeando las numerosas carpetas que trajo el albacea a la cita, tan solo una muestra de un material inédito más amplio y merecedor de una investigación documental de la que no ha sido objeto hasta ahora, aparecen diversidad de documentos personales y profesionales: un certificado de vacunación cubano de 1959; una foto de carné dedicada en 1961 por Celia a su marido Pedro: “A mi Adonis negro, tu muñeca que te adora”. Un número sin contabilizar de contratos para conciertos de los sesenta en adelante, como uno de 1971 que estipula que en el anuncio su nombre figurará “un 100% mayor que el de los otros artistas”; una carta a la dueña de un teatro de Ciudad de México en la que la caribeña avisa de que llegará cinco días antes: “Para aclimatarme a la altura”; otra de 1970 a Joaquín Prats pidiéndole que ponga su música en la radio —“El público de España no me conoce y mi propósito es conquistarlo”—, avanza ante su estreno en Madrid.
También figuran recibos de los pagos que hizo a lo largo de su vida como uno de 260 dólares (211 euros) por 40 clases de inglés que tomó en Nueva York en 1972; un préstamo de un banco de EE UU por 37.000 dólares (30.000 euros); un análisis de laboratorio de su marido; una garantía oficial de un Rolex; una reseña de The New York Times de un concierto suyo, mecanografiada en español, que dice que “podría ser la última de las grandes artistas del pop que suena como si hubiera aprendido a cantar sin un micrófono”. Además, figuran cosas tan nimias como un recibo de un restaurante de la Pequeña Habana de Miami o de tanta prestancia como un carta que le envió Ronald Reagan desde la Casa Blanca firmada de puño y letra; por aquí una carta a Whoopi Goldberg comentando la idea de que la actriz la interpretase en una película sobre su vida; por allá una hoja donde Celia escribió a bolígrafo la canción Cruz de navajas, de Mecano, para cantar su versión; y por otro lado, una carta de un coleccionista español de autógrafos, José Manuel Lorenzo, desde Lugo, que le rogaba en 1994 a la Guarachera de Cuba (¡en inglés!) que le mandase su firma por correo. “Esto te demuestra que, de verdad, Celia lo guardaba todo”, bromea Pardillo.

La política también toca los papeles de Celia Cruz. En 1963, estaba tramitando el permiso de residencia en EE UU y en plena Guerra Fría una cubana debía dar cuenta al Departamento de Estado de su probidad ideológica. Así, el grupo paramilitar anticastrista en el exilio Alpha 66 redactó una carta en la que afirmó que “la formidable y sensacional cantante cubana” era “una legítima amante de la democracia y por lo tanto una anticomunista por naturaleza”.
“QUE DIOS ACOJA EN SU SENO A LA FARAONA”
El mismo día de la muerte de Lola Flores, 16 de mayo de 1995, la cantante cubana Celia Cruz cogió un bolígrafo y escribió a la familia Flores —esposo e hijos y hermana— unas líneas breves pero al mis tiempo emotivas que les envió por fax desde el hotel Biltmore de Los Ángeles, en el que se encontraba alojada. “Pedro [su marido] y yo estamos sumamente afectados con la desaparición de nuestra adorada Lola”, dice. “Que Dios acoja en su seno a nuestra Faraona”.
El albacea de sus documentos, Omer Pardillo, recuerda que entre las artistas Celia Cruz y Lola Flores había una conexión especial. La española —que en la Cuba de antes de la Revolución era aclamada “como una Lady Gaga de los años cincuenta”, dice el exmánager— solía tratarla en su país a cuerpo de rey, y la cubana la apreciaba tanto que después de su muerte no había vez que pasase por Madrid y no cumpliese con la visita a la tumba en el cementerio madrileño de la Almudena.

En una ocasión, recuerda Pardillo, la cubana deslizó un disco suyo por debajo de la puerta del panteón de los Flores, y una “fuerza oculta, porque no había aire, lo movió y lo llevó directo al lugar en que estaba escrito el nombre de Lola Flores”.
https://elpais.com/cultura/2018/03/02/actualidad/1520016675_078343.html

jueves, febrero 20, 2014

Fallece Simón Díaz, el autor de ‘Caballo viejo’. El Llanero de Caracas.

Mientras dos maneras de entender a Venezuela protagonizan una batalla campal en las calles de todo el país, Simón Díaz, a los 85 años, dijo basta, y se desaferró ayer de ese pedazo de terruño tricolor al que logró unir durante décadas con un inagotable cancionero inspirado en las fábulas del campo adentro. Aunque su descubrimiento al mundo se produjo tardíamente, luego de que su himno Caballo viejo,incluido en el homónimo álbum de 1980, fuera versionado por Celia Cruz, Julio Iglesias, Joan Manuel Serrat, Ry Cooder o Plácido Domingo, su legado tiene la misma proyección, magnitud y brillo que el de iconos universales como Atahualpa Yupanqui y Violeta Parra. Y es que el folclorista aragüeño no sólo se dedicó a la preservación del joropo (el ritmo nacional venezolano), de la copla y del pasaje, sino al rescate de la tonada, género cuya expresiva inmensidad llanera deslumbró de la misma forma a Caetano Veloso y a Devendra Banahrt, quienes la revisitaron en sus respectivos repertorios.
 A pesar de que hizo su carrera en Caracas, metrópolis caribeña a la que se mudó en 1949, Díaz, aparte de su cuatro, el instrumento que lo acompañó siempre en la intimidad de la creación, trajo consigo una maleta llena de ropa y de historias sobre la vida ganadera de Barbacoas, su pueblo natal, que comenzó a universalizar primero en la radio, con la que se introdujo en el mundo artístico. A la que luego le siguieron el cine (su última incursión en la Gran Pantalla, tras su debut en 1963 en la cinta Cuentos para mayores, sucedió en 1978 en La empresa perdona un momento de locura), y la televisión, en la que mostró también su veta humorística junto a uno de sus ocho hermanos, el comediante Joselo Díaz, quien falleció el año pasado. No obstante, el tándem hizo reír a varias generaciones de venezolanos, entre la década de los setenta y los ochenta, con sus discos navideños Las Gaitas de Simón Díaz y Jodelo, proyecto que el folclorista inició en 1968 con el productor Hugo Blanco (autor de la memorable canción Moliendo café).
Pero Díaz, quien comenzó en la música en 1948, iniciado por su padre, que falleció cuando él tenía 12 años, por lo que tuvo que trabajar también como cabestrero, repartidor de periódicos y vendedor de empanadas para mantener a su familia, logró, en una época en la que el folclore era sinónimo de anacronismo y campesinos, inculcar la tradición en los niños mientras condujo el programa televisivo Contesta por Tío Simón. Por lo que a lo largo de los setenta y del ochenta, el espacio, transmitido por la señal estatal Venezolana de Televisión, a partir de las 5:30 de la tarde, le permitió ganarse al autor de clásicos del temperamento de El becerrito, Luna de Margarita y Sabana (partícipes de un repertorio conformado por más de 200 canciones) el apodo de "Tío Simón". Desde entonces, era imposible no pensar en uno de los alumnos más celebres del maestro Vicente Emilio Sojo sin su traje de liquiliqui beige y sombrero de llanero, no sólo su uniforme, sino su identikit.
Dos años antes de que el Mal del Alzheimer lo alejara de los escenarios, Simón Díaz, que siempre apeló por la humildad, en 2006 actuó por primera vez en el Carnegie Hall de Nueva York, lo que desprendió la euforia y el asombro sobre un artista al que el reconocimiento mundial le llegó tras 60 años de carrera. Lo que fue confirmado por el Grammy Latino que recibió en 2008 por su trayectoria artística. Sin embargo, si en algo fue consecuente el legendario folclorista, que 2005 lanzó su último álbum de estudio, Mis canciones (el primero apareció en 1963), a lo largo de su vida musical, además de afirmar que "su querencia es el monte", fue intentar que los jóvenes continuaran su legado. Lo que consiguió ver en vida, incluso a través del tributo que le rindió la escena de la música electrónica nacional, con el recopilatorio Simón Díaz Remixes (2005).
http://cultura.elpais.com/cultura/2014/02/19/actualidad/1392831393_855438.html
Gentileza: "Gallo Viejo".
CABALLO VIEJO - SIMÓN DÍAZ