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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

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"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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sábado, junio 27, 2026

El pueblo que quedó en el plano. Por Edith Cabrera.

 


El pueblo que quedó en el plano.

Un plano de remate publicado en 1929 por Río Negro permite reconstruir la historia del frustrado pueblo Ministro Serú, un proyecto urbanístico que buscó instalarse dentro de la ya consolidada Colonia Rusa, entre General Roca y Cervantes.

Por Edith Cabrera.


Esta página histórica de la arqueología inmobiliaria nos traslada exactamente al jueves 12 de septiembre de 1929. Aquel día, las páginas de nuestro diario anunciaban con entusiasmo un mega-remate que prometía refundar un sector clave del Alto Valle de Río Negro: el nacimiento del futuro pueblo «Ministro Serú». Era un ambicioso proyecto urbano y agrícola diseñado sobre los papeles que ofrecía facilidades de pago sumamente tentadoras para la época: los solares urbanos se pagarían en mensualidades de 10 pesos cada una, sin intereses, mientras que las quintas se ofrecían en cuotas semestrales con el 7% de interés y garantía en primera hipoteca.

Los propietarios de esas tierras vieron el enorme potencial que otorgaban el paso del ferrocarril y la cercanía al Canal Principal de Riego. Por eso, lanzaron un remate que combinaba el clásico diseño en damero de las manzanas urbanas con parcelas agrícolas más grandes. Para seducir a los compradores, el anuncio de la época aseguraba: “Las tierras que ofrecemos en venta no precisan recomendación pues son reconocidas como las mejores de la zona, lo cual está justificado con las pequeñas granjas en que está dividida esta parte de la colonia, cultivadas con frutales, viñedos y donde existe numerosas bodegas”.

Para garantizar el éxito del pueblo, la parte vendedora había ofrecido al F. C. Sud, en donación gratuita, el terreno necesario para la estación: una franja paralela a la vía de 102.35 por 1000 metros de longitud. Además, el plano ya contemplaba solares reservados para la Escuela, el Correo, la Comisión de Fomento, el Juzgado de Paz, la Iglesia, la Plaza Pública y la Comisaría de Policía. El nombre elegido era un homenaje al Dr. Juan E. Serú, el histórico diputado que en 1884 había defendido la Ley de Territorios Nacionales en el Congreso.

Entre las chacras 277 y 283: el oasis que ya tenía dueño.

El aviso detallaba de forma muy precisa la geografía del negocio. Las tierras a subastar por los martilleros Oliveira y Argañaraz se ubicaban específicamente entre las chacras 277 B, C y 283, pertenecientes al entonces Establecimiento Santa Rosa, que operaba como una finca unificada de gran extensión.

Si quisiéramos encontrar esa ubicación en el mapa actual, estaríamos parados en el corazón de la actual Colonia Fátima, justo en el límite donde termina General Roca (Stefenelli) y comienza el ejido de Cervantes. De hecho, en esa misma chacra 277 funciona hoy la histórica Escuela Rural N° 31.

Sin embargo, detrás del marketing inmobiliario que intentaba imponer una «marca» comercial y política atractiva para los inversores de Buenos Aires, latía una realidad social inocultable. La zona ya había sido poblada por familias de inmigrantes ruso-alemanes que habían convertido el desierto en un oasis verde a fuerza de lomo y canales de riego. El plano del futuro pueblo «Ministro Serú» se iba a instalar, en realidad, dentro de la ya establecida Colonia Rusa, fundada en 1906 con la primera adjudicación de lotes.


Recreación visual inspirada en el proyecto Ministro Serú y el paisaje agrícola que caracterizaba a la Colonia Rusa en las primeras décadas del siglo XX (imagen generada con IA).

La investigación histórica demuestra que las chacras de esta colonia —desde el límite este de Roca hasta entrar en Cervantes— iban desde la 270 hasta la 296. Es más, la célebre “Guía Comercial Edelman” de 1924 ya registraba que la Colonia Rusa estaba situada “entre la Estación Río Negro y el kilómetro 1.134, comprendiendo los lotes números 271 al 302”. Para ese entonces, la colectividad ya estaba consolidada por unas 25 familias y organizada con sinagoga, escuelas, cementerio separado y sociedades de beneficencia, además de contar con la Escuela Nacional N° 31, fundada previamente en 1917.

Decretos, cambios de nombre y el peso de la identidad.

Casi un siglo después, el plano de Ministro Serú sigue siendo el testimonio más tangible de una ilusión de papel. El territorio prosperó, las chacras continuaron produciendo y la zona terminó integrada a lo que hoy conocemos como Colonia Fátima. Lo que aún permanece sin respuesta es cuánto de aquel ambicioso remate llegó a concretarse antes de que la brutal crisis económica de 1929 cambiara por completo las reglas del juego.

Aquel remate de 1929 fue quizás el primer intento inconcluso de cambiarle el nombre a algo que ya estaba firmemente establecido por sus habitantes. No fue el único. Décadas más tarde, los escritorios oficiales volvieron a la carga: el 26 de abril de 1963, el Decreto N° 873 de la Intervención Federal aprobó la Resolución N° 69/63 de la municipalidad de Cervantes, modificando oficialmente la denominación de Colonia Rusa por el de “Colonia Fátima”.

La metamorfosis burocrática no terminó ahí. El 16 de octubre de 1974, otra resolución municipal cambió nuevamente el estatus de la población a “Villa Fátima”, bajo el argumento de que el paraje ya había superado la actividad eminentemente agrícola.

Lo cierto es que la historia y la identidad suelen ser más fuertes que los planos y los sellos oficiales. Ni el ambicioso proyecto de Ministro Serú en 1929 con sus promesas de estación de tren, ni los cambios de nombre decretados en 1963 y 1974, lograron borrar de la memoria colectiva el nombre con el que los pobladores identificaron históricamente a ese sector del Alto Valle: la Colonia Rusa.

Bosquejo de una vivienda de la Colonia Rusa de los años ’30 realizado
por Héctor Mutchinick.

Publicado en Diario Río Negro.

https://www.rionegro.com.ar/historias-de-la-patagonia/el-pueblo-que-quedo-en-el-plano/

Escuela Rural Nº 31 de Colonia Fatima.

“Creada en 1911, por voluntad de un grupo de inmugrantes rusos, cumplió 112 años y es de las escuelas más antiguas de la región. Albergó a varias generaciones de familias. Al llegar, una tranquera, flores y acequias dan la bienvenida al inmenso y viejo edificio que data del Plan Quinquenal de Perón.

Primero funcionó en la casa de Itzjak Locev, un inmigrante ruso-judío asentado en esa zona. El 15 de junio de 1953 se fusionaron dos instituciones en una, la 31 y la 130, y así surgió el actual edificio ubicado a pocos kilómetros de Roca, en el éjido de Cervantes”.

- De lo publicado en Diario Río Negro.

Para leer nota completa hacer click en enlace.

https://www.rionegro.com.ar/sociedad/defendemos-a-muerte-la-educacion-publica-la-escuela-que-nacio-en-una-casa-hace-112-anos-3326174/

Enlace de interés.

Una historia educativa regional de integración positiva.

La promulgación de la ley 1.420 de Educación Común en 1884, coincidente con la iniciación del período de organización del Territorio Nacional en la Patagonia, propició la creación de escuelas primarias. Surgió entonces la primera escuela nacional en el «Pueblo Viejo» de General Roca y con ello la llegada de los primeros maestros, cuando aún permanecían las fuerzas militares de la llamada «Campaña del Desierto» en el fuerte de la localidad (Vapñarsky, 1983). El caso de la escuela Nº 31 representará un modelo de relación Estado-sociedad, algo diferente pasados veintisiete años de aquel puntapié educativo inicial.

Su historia comienza siendo la historia de la «Colonia Rusa», asentamiento poblacional agrícola gestado en 1906 por un grupo de pioneros, cuyo mentor principal y utopista fue Itzjak Locev, ruso-judío procedente del pueblo de Shumiatich, Rusia. Las motivaciones de este emprendimiento quizás las explique, en parte, el contexto socio-político posterior a 1880 vivido por la comunidad judía previa a la caída definitiva del régimen del zar, «las persecuciones religiosas, los impuestos voraces, los impedimentos para ejercer libremente sus profesiones, las trabas para acceder a las tareas agrícolas, fueron acorralándolos… situación que culminó en expulsiones y matanzas…» («Gauchos de sinagoga», Ema Wolf,1997).

Locev arribó a la Argentina en abril de 1906, munido de un poder mediante el cual representaba a cien familias para la adquisición de tierras en el extranjero (Kaspin, 2006). Merced a su tenacidad, perseverancia y optimismo racional, luego de interminables gestiones ante el poder central nacional, logró finalmente su cometido de ser autorizado a ocupar parcelas en las inmediaciones de Gral. Roca. Después de una larga espera obligatoria de finalización del loteo de las tierras, junto a 40 familias en el pueblo de Roca, sufrió un buen número de deserciones y en 1908 recién se habilitó para concretar la ansiada colonización.

La esperanza renació con mayor fuerza cuando comenzaron a llegar esposas e hijos y demás familiares que permanecían en Rusia y los nuevos contingentes judíos que asumieron la labor cotidiana de la construcción real de la Colonia, en el día a día, de jornadas extensas y extenuantes de labor.

A fines de 1910, algo más afianzados como chacareros y en «muy buenas relaciones con los vecinos no judíos… ayudándose unos a otros, prestándose herramientas o intercambiando opiniones acerca de los métodos de trabajo», decidieron reunirse para hablar de la necesidad de una escuela primaria para la educación de sus hijos. A comienzos de 1911 comenzó a funcionar en la casa de Locev, por cesión de dicho espacio, la escuela 31, con la asistencia de una maestra enviada por el Consejo Nacional de Educación procedente de San Luis.

Los registros de asistencia escolares históricos muestran la pluralidad de nacionalidades que se vieron implicadas en un proceso de integración social progresivo, mediados por el trabajo y la convivencia social, cuyo eje fue la escuela a través del lenguaje unificador y la cultura. Rusos, polacos, españoles, chilenos, alemanes, italianos, franceses y nativos.

Laura Riskin de Mutchinik, alumna en 1921 de la escuela, recuerda con inmenso cariño uno a uno los nombres completos de los compañeros y amigas de las tres secciones de grado: Elena, Anelo y Guarrino Verdechia, Luisita Genari, Antonia y Francisca Escales, Elvira Nervi, Pilar Matilla, Rosita Palmero, León y Rafael Liberman, Fanny Sour, Luisa Panich, Noemí y Naum Locev, Encarnación y Dolores Hernández, Hermegildo González, deteniéndose en cada recuerdo de cariño y protección recibido de sus maestros.

El Acta de Visita de Inspección más antigua que conserva la escuela data de 1913, inspector Juan De Luiggi, director interino José F. Font y el maestro Luis Barbeito. Los alumnos presentes: 59 en 1º grado y 23 en 2º. En 1914 se trasladó al terreno cedido por el señor Ulman primero y luego por el señor Sporle.

Entre los directores más antiguos de Colonia Rusa figuran: Rosalía Núñez de Alcaraz, Enrique Garro, Francisca V. de Rodríguez García, Delia Q. De la Canal, Hilda Blanca de Ochoa, Onofre Funes, Elías Cagarlisky, Raquel M. de Casanova.

De los primeros docentes: Petrona Astudillo, Otilia Lucero, María E. Lucero Milan, Humberto Nievas; Vicente Zabala, P. Molina, Bautista Fasola, Irma Amerio, Rosa Cruz, Clelia Genghini de Escude.

En 1953 se produjo la fusión con la escuela Nº 130, también de Colonia Rusa, estrenaron edificio propio y conservaron el número 31. La dirección quedó a cargo del Sr. Elías Cagarlisky y como maestros: Carmelo Vazzana, Raquel M. de Casanova, Ada Vial y Marta Gabarret. De ahí en adelante el camino de la cultura, el conocimiento y el trabajo siguieron presentando un sinnúmero de dificultades propias de toda realidad dinámica y cambiante, pero nunca pudo compararse con aquella etapa del período inicial de la Colonia, donde parecía ser que cada cosa tenía que ser creada, recreada o inventada por primera vez. Toda su gesta nos llena de orgullo y esperanza.

En cuanto a la Colonia en su conjunto, en la década del cincuenta ya había empezado un proceso de desgranamiento de la población originaria de la Colonia Rusa, que durante el sesenta se agudizó debido a distintos factores y quedaron sólo unas pocas familias de colonos fundadores. El remate final inesperado para aquella historia construida por una sociedad civil activa, con gran espíritu asociacionista y solidario, visiblemente integrada, fue el cambio de denominación de la ya histórica «Colonia Rusa» por el de «Colonia de Fátima» en 1963. Decisión apresurada y desafortunada, adoptada por algunos sectores que, desconociendo el proceso socio histórico de gestación y su memoria, avanzaron en tal medida. La sociedad mantiene en ese sentido una deuda histórica de reparación, que esperamos sea saldada en aras del fortalecimiento de nuestra propia identidad y dignidad valletana.

ROBERTO «TONY» BALMACEDA Especial para «Río Negro»   Docente e investigador de la historia. rbalmaceda@hotmail.com

Publicado en Diario Río Negro.

https://www.rionegro.com.ar/una-historia-educativa-regional-de-integracion-positiva-NAHRN20061016282002/

domingo, enero 18, 2026

Ricardo Chiqui Pereyra, patagónico y tanguero de ley.

 


Ricardo Chiqui Pereyra, patagónico y tanguero de ley.

Por Beatriz Chávez.

Portador de una excelente voz, un rionegrino que honró la vida tanguera. El 28 de diciembre falleció este exponente, dueño de una enorme trayectoria marcada por un compromiso asumido con la música nacional y una interpretación sensible, imborrable, que marcó un rumbo en la cultura argentina.

Hace una década lo entrevistamos y lo homenajeamos por ser un artista que enalteció al tango en cada escenario, admirado por todas las generaciones. Ricardo nació el 26 de junio de 1951 en General Roca. Sus abuelos paternos fueron Fermín Pereyra y Lucía Alcorta. Su padre, Juan Carlos Pereyra, nació en el Cuy y su madre, Rogelia Gómez, en General Roca. Su abuela Eloísa, que según el relato de la hermana de Chiqui había nacido en 1892, cuando llegó al Valle conoció al General Roca: lo vio pasar en una galera negra con ropa de gala, y recordaba que la saludó.

Además, nos contó que Eloísa era cocinera en una de las antiguas fondas de la ciudad. Su abuelo materno fue músico del Colegio San Miguel de Stefenelli. El padre fue peón rural y la madre ama de casa. Chiqui tuvo una hermana, Delia, de sobrenombre Kuki. Chiqui y Kuki tuvieron otros hermanos de parte de padre: Juan Carlos, Nélida y Félix, estos últimos fallecidos.

Estudiaron en la escuela de la Colonia Rusa (hoy Fátima) y la terminaron en su Roca. Los primeros trabajos de Chiqui fueron de cadete en distintas tiendas de la ciudad, galpones de fruta y ayudante de agrimensura. Fue cantor en cabarets del valle, y luego cantante de folklore: formó parte de conjuntos vocales. En 1978 se realizó en su ciudad una selección de nuevas voces y esa oportunidad se convirtió en el pasaporte para presentarse ante las cámaras de televisión. 

Llegó a Buenos Aires a los veintisiete años de edad como concursante del programa Grandes Valores del Tango. La repercusión fue tal que los directivos del canal decidieron retirarlo de la competencia y otorgarle el rango de profesional: integró el elenco del programa, donde permaneció cantando hasta 1992. También formó parte del programa Botica del Angel hasta 1988. En paralelo comenzó con giras al interior y al extranjero y se presentó en los más importantes escenarios.

En 1996 fue elegido por Bebu Silvetti (director y arreglador musical discográfico de figuras internacionales) para grabar un CD que fue editado en el mismo año. Simultáneamente se incorporó al programa televisivo La noche con Amigos, en Canal 7, donde estuvo hasta 1999. Filmó dos películas y participó como invitado en otros programas televisivos. Grabó 12 discos acompañado por importantes maestros: Armando Pontier, Pascual Mamone, Eduardo Corti, Omar Valente, entre otros. Su último trabajo, Viento que vino del Sur, cuenta con la participación de Mercedes Sosa y Lito Vitale. En 2007 recibió el Premio Santos Vega al mejor intérprete masculino de tango. En abril del 2010 Sony Music reeditó sus éxitos en el CD Una Vida de Tangos. Realizó diversas giras por las provincias de Argentina y otros países como España, Estados Unidos y, especialmente, Chile. En 2019 cantó en el festival Internacional del Tango en Medellín, Colombia. Continuó con su espectáculo Vientos que vienen del Sur.

Sus hijas se llaman María Paula y Ana Eliana, ambas casadas y radicadas en Roca, al momento de la entrevista. Sus nietas y nietos se llaman Vera, Julia y Fabricio. En Buenos Aires, las hijas de Elena, su esposa, le dieron a Tomás y Luana (Natalia) y Lukas y Mayra (Laura).

Ricardo Chiqui Pereyra, un gran artista del tango, a pesar de haber dado la vuelta al continente, siempre recordó con cariño su General Roca natal y nunca olvidó sus orígenes, que lo formaron y lo convirtieron en lo que es hoy: uno de los más fieles representantes de nuestra música ciudadana, de nuestro tango. Destaco que era primo hermano de mi amiga Cristina Longo por parte de madre. En la foto lo observamos con Sandro, Bergara Leumann, entre otros.

A semanas de su muerte, con este escrito lo volvemos a homenajear y brindamos por la memoria y el descanso de uno de los grandes embajadores de nuestra música ciudadana argentina. Lo despide su Patagonia querida y el país todo.

Por Beatriz Chávez.

Publicado en Cartas de Lectores de Diario Río Negro.

Domingo 18 de enero del 2025.

https://www.rionegro.com.ar/cartas/ricardo-chiqui-pereyra-patagonico-y-tanguero-de-ley/

domingo, noviembre 12, 2023

Emilio Lino Gennari, gran bodeguero que suma 101 años.

Emilio Lino Gennari, gran bodeguero que suma 101 años.

Por Beatriz Chávez.

Fernández Oro.

Fundador de la bodega que lleva su nombre y apellido. Hoy su fructífera tarea es continuada por sus hijos y nieto. Su suegro fue don Juan T. Fernández, recordado hombre de General Roca. Don Emilio Lino nació el 23 de septiembre de 1922 en Colonia Rusa, localidad cercana a General Roca. Es hijo de padres italianos llegados de Mandola, pueblo cercano a Nápoles, Julia y Nazareno Gennari, que tuvieron diez hijos.

Julia y Nazareno habían vivido con sus padres en Bahía Blanca y luego arribaron al valle, asentándose en Colonia Rusa. Don Lino cursó la escuela primaria en el colegio San Miguel, en Stefenelli.

Realizó el servicio militar en la Brigada 6ta. de Caballería en Neuquén. Se casó a los 23 años con Nélida Fernández de la localidad de Mainqué, con la que tuvo tres hijos: Hugo, Osvaldo y Ana. En 1957 comenzó con su esposa el emprendimiento en Fernández Oro que en un principio se dedicó al secado de fruta. En ese entonces vivía en Huergo, ya tenía unos ahorros para comprar una casita y un pedazo de tierra donde poder plasmar su sueño. Se subió al tren con la idea de encontrar en Neuquén lo que estaba buscando.

Por error se bajó en la estación de Ferrocarril de General Fernández Oro. Cuando ya había partido el tren, tomó conocimiento de que no estaba en Neuquén sino en “Parada 81”, como le decían a la localidad. En la foto que acompaña el escrito lo vemos hoy a sus ciento un años con premios recibidos por su bodega.

Comenzó a caminar por las vías en dirección a Neuquén y vio un cartel que decía propiedad en venta. El lugar le gustó, tenía una casa, tres hectáreas de tierra y sus ahorros le alcanzaban. Así fue como a los pocos meses ya estaba instalado con su familia en General Fernández Oro. En la siguiente temporada comenzó con el secado de fruta, fundamentalmente pera, que exportaba a Alemania. Llegó a tener ciento cincuenta obreros trabajando de sol a sol y luego comenzó con el secado de ciruela y durazno.

En 1969 comenzó a elaborar vinos, actividad que le gustó mucho siempre, y que recibieron importantes premios en la Fiesta de la Vendimia.

La uva proviene de la chacra de Mainqué, una tierra especial para la plantación de vid ya que posee tierra arcillosa y presenta una marcada amplitud térmica en verano. Entre sus recuerdos: don Lino repartía él el vino en su camión a Neuquén, Plaza Huincul, Cipolletti, Roca, Villa Regina. Garrón de Piedra era el nombre de sus primeros vinos debido al apodo del padre de Ceferino Namuncurá -santo al que le pedían ayuda para que el emprendimiento prosperara- y que caminaba descalzo sobre las piedras.

El acompañamiento familiar fue muy importante: con su esposa vivieron en ese pequeño Fernández Oro que crecía a paso lento. El pueblo no tenía iglesia, por lo que se juntaron varios vecinos y levantaron la capilla “Santa María Goretti”. La imagen de la virgen la trajo la esposa de Gennari en tren desde Buenos Aires. Participaron activamente en el club haciendo kermeses y rifas para ampliarlo.

Sus hijos iban a la escuela en Cipolletti y en Neuquén, y junto a familias amigas consiguieron a través del Sr. Koprio –que repartía leche- trasladar a los niños a la escuela. Ese fue el germen de la empresa KO-KO. Don Lino Gennari recuerda su vida como una vida de mucho trabajo y feliz: “se podía trabajar y crecer”. Antes la palabra tenía valor, compraba y vendía sin necesidad de firmar ningún contrato.

Hace varios años se incorporaron sus hijos y en 2003 formaron la sociedad Gennari SA.

Seguramente muchos recordarán cuando don Gennari repartía vino en almacenes barriales del Neuquén y Cipolletti. Hoy a sus ciento y un años pudimos conversar con él y no dejamos de sorprendernos con su memoria, que es la memoria de toda una región. La tarea ha sido fecunda.

Carta de Lectores de Beatriz Chávez publicada en el Diario "Río Negro", domingo 12 de noviembre del 2023, Edición Papel Nro. 27059. Imagen: Diario "Río Negro".

https://www.rionegro.com.ar/opinion/emilio-lino-gennari-gran-bodeguero-que-suma-101-anos-3254933/

*** Justo homenaje en vida a Don Emilio Gennari que junto a su familia son creadores de riqueza y trabajo en la región del Valle del Río Negro, en nuestra tierra Patagonia Argentina.

domingo, septiembre 17, 2023

Emilio Lino Gennari, fundador de la bodega Gennari cumple 101 años.

 


Emilio Lino Gennari, fundador de la bodega Gennari cumple 101 años.

Emilio lleva 66 años de fructífera tarea. Junto a su hijo y nietos forman un gran equipo de trabajo con sus empleados. Su suegro fue don Juan T. Fernández recordado hombre de Roca.

Por Lic. Vicky Chávez.

Ante la búsqueda de hechos históricos del Alto Valle de Río Negro y Neuquén nos encontramos con descendientes de pioneros que gentilmente acceden a ponernos en contacto con los protagonistas. Este fue el caso de don Emilio Gennari con el que pudimos conversar.

Don Emilio Lino nació el 23 de septiembre de 1922 en Colonia Rusa, localidad cercana a General Roca. Es hijo de padres italianos de Mandola, pueblo cercano a Nápoles. Julia y Nazareno Gennari tuvieron diez hijos. Vivieron con sus padres en Bahía Blanca y luego arribaron al valle, asentándose en Colonia Rusa. Don Lino cursó la escuela primaria en el Colegio San Miguel de la localidad de Stefenelli. Realizó el servicio militar en la Brigada 6ta. de Caballería en Neuquén.

Se casó a los 23 años con Nélida Fernández hija de Juan T. Fernández de la localidad de Mainqué con la que tuvieron tres hijos. Hugo, papá de Marcela Gennari; Osvaldo y Ana.

Nos relató que en 1957 comenzó con su esposa el emprendimiento en Fernández Oro que en un principio se dedicó al secado de fruta. Fue muy curioso cómo encontró el predio donde comenzó con la empresa. En ese entonces vivía en Huergo, ya tenía unos ahorros para comprar una casita y un pedazo de tierra donde poder plasmar su sueño. Se subió al tren con la idea de encontrar en Neuquén lo que estaba buscando.

Por error se bajó en la estación de Ferrocarril de General Fernández Oro, cuando ya había partido el tren, tomó conocimiento que no estaba en Neuquén sino en “Parada 81”, así le decían a la localidad.

Comenzó a caminar por las vías en dirección a Neuquén y vio un cartel que decía propiedad en venta. El lugar le gustó, tenía una casa, 3 hectáreas de tierra y sus ahorros le alcanzaban. Esa noche le comentó feliz a su esposa que había encontrado el lugar soñado. Así fue como a los pocos meses ya estaba instalado con su familia, en Fernández Oro.

Ya en la próxima temporada comenzó con el secado de fruta, fundamentalmente pera, que exportaba a Alemania. Llegó a tener 150 obreros trabajando de sol a sol, luego comenzó con el secado de ciruela y durazno. En 1969, comenzó a elaborar vinos, actividad que le gustó mucho siempre, los que recibieron importantes premios en la Fiesta de la Vendimia. La uva proviene de una chacra de Mainqué hasta el día de hoy. Una tierra especial para la plantación de vid ya que posee tierra arcillosa y es una zona con marcada amplitud térmica en verano.

Entre sus recuerdos aflora el hecho de que don Lino repartía él el vino en su camión a Neuquén, Plaza Huincul, Cipolletti, Roca y Villa Regina.

“Garrón de Piedra” era el nombre de sus primeros vinos debido al apodo del padre de Ceferino Namuncurá -santo al que le pedían ayuda para que el emprendimiento prosperara – que caminaba descalzo sobre las piedras.


Gran labor comunitaria.

El acompañamiento familiar fue muy importante: con su esposa vivieron en ese pequeño Fernández Oro que crecía a paso lento. El pueblo no tenía iglesia, por lo que se juntaron varios vecinos y levantaron la capilla “Santa María Goretti”. La imagen de la virgen la trajo la esposa de Gennari en tren desde Buenos Aires. Luego participaron activamente en el club, haciendo kermeses y rifas para ampliarlo. Sus hijos iban a la escuela en Cipolletti y en Neuquén, junto a familias amigas consiguieron a través del señor Koprio – que repartía leche- trasladar a los niños a la escuela. Ese fue el germen de la empresa KO-KO.

Gennari recuerda su vida como una vida de mucho trabajo y feliz “se podía trabajar y crecer”. Antes la palabra tenía valor, compraba y vendía sin necesidad de firmar ningún contrato. Cuando tuve necesidad de dinero para ampliar la bodega o el secadero iba al banco y siempre me otorgaban un crédito a plazo que podía devolver”.

Cuando Osvaldo fue más grande se incorporó a la empresa ayudándole en la producción de vinos y fruta. En el año 1996 se incorporó Ana en su carácter de contadora pública y se hizo cargo de la administración. En el año 2003 formaron la sociedad Gennari SA que sigue vigente hasta el día de hoy.


En la bodega se puede ver hasta la fecha al hijo de don Lino, Osvaldo Gennari trabajando y a uno de sus nietos, como también a numerosos empleados. Después de 66 años, continúa el ejemplo de trabajo constante.

Muchos de los habitantes del Alto Valle recuerdan aún cuando Gennari repartía vino en almacenes barriales del Neuquén y Cipolletti. Hoy sus ojos continúan brillando, plagado de recuerdos. La tarea ha sido cumplida.

Publicado en Diario LA MAÑANA DE CIPOLLETTI.

https://www.lmcipolletti.com/cipolletti/emilio-lino-gennari-fundador-la-bodega-gennari-cumple-101-anos-n1057113

sábado, septiembre 17, 2022

Rosalía Palermiti nos invita a conocer en DIGO la identidad de su pueblo, Cervantes.

 

"La historia que no está en los libros voy a intentar contárselas yo, con testimonios y documentación que fue investigando en los últimos años", comenta Rosalía.

POR HORACIO LARA.

Síiiiii, ella es una “agitadora cultural” 100%. Es un torbellino creativo, entusiasta y emprendedor.

Siempre lo fue. Y lo sigue siendo.

Estamos hablando de Rosalía Palermiti, quien se suma a DIGO donde todos los jueves nos va a contagiar su pasión por la historia y la cultura de Cervantes, su pueblo.

Desde su adolescencia investiga y escribe sobre el pueblo que la vio nacer: Cervantes. Impulsó en la década del ’90 la creación de la primera radio de frecuencia modulada de esa localidad. Proyectó y contagió a la comunidad para fundar, en forma colectiva, el primero y único museo de Cervantes. Es la editora de la revista “Mirá Cervantes”. Y desde hace casi treinta años coordina la revista escolar “Óxido”, una marca registrada de la Escuela Monotécnica de su localidad.

Ahora es parte de “DIGO” donde propone conocer la identidad de este pueblo valletano con un recorrido histórico que irá más allá de la llegada del escritor Blasco Ibáñez y las familias valencianas. Nos trasladará a muchos años atrás, hablará de pueblos originarios, de la Colonia Rusa y muchas otras historias de Cervantes que, “no sale en los libros, sino que se transmiten de boca en boca, de generación en generación”.

Será un recorrido por el patrimonio cultural y natural, ubicado en el corazón del Alto Valle de Río Negro, que te dejará con ganas de agarrar el equipo de mate y andar por los maravillosos caminos de chacras y monumentos históricos aún en pie, como fieles testigos de la historia de Cervantes.

Vicente Blasco Ibáñez y trabajadores en la construcción del sistema de riego, en el Alto Valle.



Primer galpón construído en Colonia Rusa en 1910, aún en pie, Chacra de Isaac Locev.

De lo publicado en diario río negro.

https://www.rionegro.com.ar/en-casa/rosalia-palermiti-nos-invita-a-conocer-en-digo-la-identidad-de-su-pueblo-cervantes-2500663/

domingo, junio 07, 2020

El bandolero chileno que asoló el Alto Valle y dedicó sus memorias al pueblo de Roca por Javier Avena.

El bandolero chileno que asoló el Alto Valle y dedicó sus memorias al pueblo de Roca.

Víctor Elmez llegó a Roca en 1928 y se sumó a la banda de Vairoleto. Mató a dos policías y confesó sus delitos en sus memorias. Murió a orillas del río Negro después de fugarse. Una novela reconstruye sus pasos en la región.

“Me hice malo, me hice audaz / y con mi armadura por bagaje / me aparté del buen camino / y me di al bandidaje”.
Lo escribió el bandolero chileno Víctor Elmez en sus memorias pocos días antes de morir en la primavera de 1937, a los 30 años. Buen jinete, certero con el revolver, ágil y rápido con su metro sesenta y cuatro, galante con las mujeres, letal en la acción y tierno con las palabras, las dedicó al pueblo de General Roca y sus proximidades y se la entregó en la cárcel al periodista Antonio Vidal Oliver, director del periódico Alto Valle: 53 estrofas manuscritas en 11 páginas de un cuaderno ordenadas con números romanos.
Una confesión en verso que incluía asaltos de Neuquén a Villa Regina desde que llegó en 1928 desde Temuco. Y el asesinato de dos policías: el de Reynoso en La Pampa y el de Vidal en Cervantes en 1932, por el que fue detenido y pasó cuatro años preso en Viedma hasta que fue trasladado a Roca.
También se investigaba su participación en otros dos crímenes. El de una mujer que una noche iba de compras a un boliche en Villa Regina con una linterna y acaso confundieron en la oscuridad con un policía y el de Ismael González en Godoy, que quiso defender a su hermano en su almacén. Pero nunca se supo si las balas habían salido de su arma o había disparado otro de los otros integrantes de la banda del mítico Vairoleto.

La fuga.


Elmez había dicho que se iba a escapar. Y lo hizo cuando lo trasladaban del juzgado de Roca a la Colonia Penal en un camión de carga el lunes 25 de octubre de 1937. A pesar de las esposas, logró agarrar un hacha y tomar al volante. “Una fuga con zigzagueos espectaculares que despacharon a los demás ocupantes del vehículo”, dice la crónica de El Tribuno.
Los policías le dispararon desde la calle y abandonó el camión más adelante tras recibir un balazo en un neumático. Llegó a las bardas, cruzó el pueblo y llegó al río en Cervantes. “Quería ir hasta el lugar donde siempre se refugiaba en la isla”, dice César Aníbal Fernández, autor del primer libro sobre la historia del bandolero chileno, una crónica policial histórica que se lee como una novela de aventuras.
El fugitivo no pudo llegar a su guarida. Lo perseguían en automóvil, a caballo, a pie. Y dos policías estaban apostados donde se suponía que iba a ir: el cabo Arce junto a su perro Holmes y el agente Dix.
Cuando lo vieron aparecer entre los matorrales le dieron la voz de alto. Estaba armado, no obedeció e intentó huir. Fue entonces cuando le dispararon, según declararon antes de ser sobreseídos el 16 de noviembre por el juez Colman Lerner, quien recomendó un ascenso para ellos. “Todas las actuaciones judiciales fueron rápidas y tendientes a cubrir la responsabilidad policial en el hecho”, sostiene Fernández . El cuerpo de Elmez se perdió en el río. El arma también.
Lo hallaron el día siguiente a las 10.30 horas, a 135 metros de donde lo vieron por última vez en el agua. Aunque Holmes encontró su chaquetilla de presidiario con varios agujeros, la autopsia en Allen detectó dos heridas de bala: una en el torso y otra en un tobillo.
Su historia se había hecho mito en las charlas en las carneadas y las largas fiestas en las chacras . Y muchos se resistían a creer la noticia: las leyendas no mueren. Decían que la policía se equivocó, que le habían dado a un chivero.
“Ese mito me hubiera dado un final mejor para la novela, pero la verdad es que las evidencian indican que fue Elmez quien perdió la vida ahí. Y la policía exhibió su cadáver durante dos días en la comisaría y repartió las fotos del cuerpo”, dice Fernández.
No es un recién llegado a la historia. Nació en Godoy, creció en Stefenelli y su padre le contaba las andanzas del chileno. Después supo ganarse la confianza de Carriles, el chacarero que le daba refugio en la isla, que nunca dio señales de tener relación con la banda ni de saber nada sobre el otro mito, ese de que ahí guardaba los botines, pero le contó todo lo demás.
Fernández lo iba a ver con un cuaderno y anotaba cada detalle. Habló también con uno de los policías que le dispararon, con el periodista que recibió las memorias, trajinó los juzgados de Viedma y fotocopió seis expedientes, hurgó en los archivos de los diarios. Y muchos años después, con antiguos y nuevos datos, escribió su libro.

Elmez vs Vairoleto.

El chileno había llegado a Roca a los 21 años. Aunque empezó a trabajar en una chacra de Cipolletti, pronto se sumó a a la banda de Vairoleto con la que llegó a ir hasta Río Colorado. "Elmez engavillaba el pasto, cargaba la rastra y emparvaba.  Juntaban los choclos en las chacras que cultivaban el maíz con que se alimentaban los animales. Aprendió a bailar tango que le enseñó Vairoleto, la carneada y las visitas entre vecinos", narra Fernández.
Cuando le disputó el liderazgo, hubo pelea. La narró también en sus memorias, como aparece en otro libro, Rastreando bandoleros, de Elías Chucair:
“Nos disgustamos con Vairoleto / se enojó él / me enojé yo / Más al principio creyó / que yo no aceptaría el reto / Pero pronto se convenció / que si él era pesado / también lo era yo / Que siempre tuve más peso / al final de la porfía / lo mande a comer queso / pero no a la casa mía”.
No hubo vuelta atrás. Antes de ser detenido lideró su propia banda.
“Con la cooperación de Videla, Orellano y la mía / formamos la agrupación ‘Víctor Elmez y compañía’ / nuestra especialización asaltar a la luz del día / Para estreno Dios puso / causándonos alegría / al bolichito de un ruso / bien repleto de mercadería”, escribió.

Triste, solitario y final.

El 1 de noviembre de 1937 los restos de Víctor Elmez fueron inhumados en la fosa 129 cuadro 16 del cementerio de Roca.
En la requisa de su celda hallaron un diccionario, una gramática y novelas como Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas, Colmillo Blanco de Jack London y Robinson Crusoe de Daniel Defoe. También una de Vicente Blasco Ibañez: Hombre al agua.

El crimen de un policía en sus memorias.

“No me equivoqué, llegaron el oficial Reynoso y el agente Pérez / en una pieza me escondí / ligero a Flores como un cordero / tranquilamente lo ataron / cuando lo interrogaron / con acento muy sentido y girando la cabeza / dijo allí en esa pieza está Elmez escondido / Entonces el oficial / dio vuelta la cabeza / y al pensar que me mataría / con regular puntería / puse fin a su tristeza / ¡Mi compañero se muere! / dijo el valiente Pérez / y con su voluntad de hacer / despreciando su propia vida / fue a auxiliar al compañero”.

Una larga lista de golpes de Neuquén a Villa Regina.

Así los consignó el periódico El Tribuno en su edición de 31 de octubre de 1937. Según la información, son los que confesó. Se presume que participó en otros que no pudieron ser probados.
1. Robo de prendas de vestir en Neuquén el 24 de agosto de 1930 por denuncia de Manuel del Hoyo
2. Robo de ropas de vestir y efectos del que resultó víctima Segundo Repetti el 17 de noviembre de 1931.
3. Asalto en la casa de comercio de Inés Roquetti (viuda de Viterbori) en Estación Stefenelli en la madrugada del 3 de enero de 1932
4. Asalto en la Escuela Nacional N° 105 de Villa Regina en la noche del 8 de enero de 1932.
5. Asalto en la casa de comercio de Justo Fernández Flores de Villa Regina en la noche del 13 de enero de 1932.
6. Asalto en Cipolletti en la noche del 20 de enero de 1932
7. Asalto en la casa de comercio de Bernardo Ukrainski de Colonia Rusa en la noche del 5 de febrero de 1932
8. Asalto y lesiones graves a mano armada en la casa de comercio de Grieco y Macri en Allen el 7 de febrero de 1932 .
9. Desacato y resistencia a la autoridad con motivo del tiroteo del fugitivo a una comisión policial luego del robo de la casa Grieco y Macri en Allen.
10. Homicidio del meritorio de policía Macedonio Reynoso en 25 de Mayo (La Pampa) el 17 de marzo de 1932.
11. Robo de mercaderías en “Casa de Piedras” (La Pampa) de Eladio Betanzos el 20 de marzo de 1932
12. Homicidio del meritorio de policía Narciso Vidal el 30 de marzo de 1932 en Cervantes.
13. Hurto de objetos de Martín Moyano el 9 de abril de 1932.

El primer libro sobre la historia del bandido rural chileno.

“Elmez, bandoleros en Patagonia” es el libro de César A. Fernández que presentará cuando la pandemia quede atrás, el primero dedicado por completo al chileno.
Hoy con residencia en Cipolletti y 79 años, nació en Godoy y creció en las chacras de Stefenelli, donde los atracos de Elmez eran parte de la historial oral que narraban los vecinos. Visitó en varias ocasiones a Carriles, el hombre que le daba refugio en una isla del río Negro en Cervantes: “Tenía 25 años, iba a verlo en bicicleta y lo escuchaba hasta que me decía ‘basta por hoy’, recuerda. Y yo siempre volvía”, agrega.
Miembro de la Academia Argentina de Letras, profesor e investigador, eligió la crónica policial y la novela de aventuras como registro, echando mano a la ficción cuando lo encontró necesario. Entre otras fuentes, se nutrió de los archivos de los diarios, tarea que comenzó con el de “Río Negro” .
"En la novela se cuenta una historia contextualizada en el clima cotidiano de las actividades chacareras propias de la época -explica-. De ellas también participa Elmez. Era un valle dedicado fundamentalmente a la siembra y cosecha de alfalfa, a la cría de caballos, vacunos y cerdos. . Era un valle de granjas donde recién comenzaba a plantarse viña y frutales. Y  estaban las carreras cuadreras, los bailes."
"Es un delincuente que se reconoce como tal  y confiesa públicamente sus delitos (algunos) -continúa-. Su sensibilidad romántica se oculta tras una personalidad agresiva. Las lecturas en la cárcel cambian su manera de ver el mundo y, a su vez, agigantan su deseo de libertad".
"La novela tiene características etnográficas, ya que describe el modo de vida propio de una región repleta de inmigrantes, pero donde prevalecían las costumbres traídas de España y de Italia", afirma el autor.

El crimen del policía Narciso Vidal en Cervantes en sus memorias

"Caminando caminando / a los pocos días del hecho /                                       por el boulebard derecho / iba con rumbo a Roca /                                           cuando me topé boca a boca / con un hombre muy leal / a la ropa que vestía / un oficial de policía / apellidado Vidal.
Me apeé presuroso / al ver al policía / que tomó la misma vía /                       que siguió el pobre Reinoso / ¡Qué muchacho fastidioso! /                               con voz cansada y fría / me dio un ¡alto! furioso /                                             como para asustarme, creería que yo iba a abdicar /                                     entregánndome a la policía.
Meditabiundo quedé / cuando Vidal me dijo /                                                     ¿Quién es usted? / Soy un hijo engendrado por mi padre /                               fui el fruto de mi madre / lo digo sin vanidad /                                                     que no me entregaré / vivo a la autoridad /                                                           tristemente repliqué.
Vidal quiso proceder / pero la esquiva suerte /                                                     en nada lo acompañó / y la implacable muerte /                                                  con su vida se ensañó / apreté el disparador /                                                         por instinto conservador /  cuando un ¡ay! de dolor /                                           ¡un grito desgarrador! / me atravesó el corazón.
 Fue esta la triste suerte /  que corrió el pobre Vidal /                                         / al resistir la muerte / en cama de un hospital. /                                                 Siempre acude con dolor / el recuerdo a mi memoria /                                       de cómo terminó la historia / de ese leal servidor /                                             que Dios lo tenga en la gloria / y lo acoja con amor.

(Publicada en el libro Rastreando bandoleros de Elías Chucair).
Investigación: Javier Avena publicada en Diario "Río Negro", 
domingo 7 de Junio del 2020.