Evangelización salesiana en la Patagonia.
Carlos Oscar Hernalz - Cipolletti.
Carlos Oscar Hernalz - Cipolletti.
El hombre que soñó el Alto Valle.
POR GIANLUCA V. DI BATTISTA *
Hablar del Alto Valle es hablar de transformación. De cómo el ingenio humano logró convertir el recién conquistado desierto, que producía algo menos que sombra, en un centro agroexportador de relevancia internacional. Y en el corazón de esa historia, brilla, entre todos los nombres, el del padre Alejandro Stefenelli, un misionero con aires de ingeniero que soñó con un valle productivo y puso su vida al servicio de su ejecución. Este sacerdote salesiano, al que el rey Vittorio Emanuele III condecoró con el título de Colonizador y Civilizador italiano en la Argentina, movido por el ejemplo misionero de Don Bosco emprendió su misión a la Patagonia a los 24 años, allá por 1878 el Valle era una región árida y desolada pero él llegó con una convicción inquebrantable: “La promoción del hombre, de cada hombre, del hombre en su totalidad.”
Realizador incansable, activo, múltiple y práctico, que levantó edificios, compró maquinarias, las transportó tiradas por bueyes durante más de 600 km., abrió canales de riego mecanizados, experimentó la adaptación de cultivos, realizó investigaciones geográficas y meteorológicas, fundó escuelas de oficios. “Mi ensueño es ver estas tierras convertidas en productivos centros agrícolas”, decía, y soñaba con “laboriosos agricultores disfrutando de las aguas corrientes que enriquecen a sus hogares y al país”. Para ello, ideó la nueva bocatoma del primitivo canal Furke, acudió hasta las altas autoridades de la Nación, presidió la Comisión de Riego y colaboró con el ingeniero César Cipolletti en la construcción de un nuevo canal de riego que pondría en producción 60.000 hectáreas.
El trabajo del Patriarca del Alto Valle no se limitó a la infraestructura; también implementó una visión estratégica de desarrollo comunitario. Sabía que transformar un desierto en un vergel requería no solo agua, sino también un cambio en las prácticas agrícolas y en la mentalidad de los habitantes. Por ello, fundó una escuela agrícola que educase a las nuevas generaciones, especialmente a las más pobres, en las técnicas avanzadas de cultivo, y que también promovía el sentido de civilidad, comunidad y responsabilidad colectiva: “Asilar, alimentar, vestir, instruir, moralizar, dar un oficio, enseñarles a trabajar… para la Sociedad y para la Patria.”
Despertó el amor por la tierra, enseñó a cultivar y preparó personal idóneo para el trabajo de campo y su administración. En cada uno de sus proyectos se reflejaba su fe en que, con trabajo duro, “el espinoso piquillín y alpataco” podían transformarse en “árboles frutales, viñedos y olivares” y así fue.
El legado de Stefanelli era, y sigue siendo, una hoja de ruta para el progreso. Su sueño y planificación sentaron las bases para que el Alto Valle se convirtiera en una de las regiones productivas más importantes del país con relevancia internacional. Qué lejos quedaron aquellos días de nobles sueños y grandes empresas.
INVOLUCION.
Hoy, el Alto Valle enfrenta un abandono que amenaza con deshacer todo lo que Stefenelli y otros pioneros construyeron. En la última década, el sistema productivo ha expulsado al 34% de sus chacareros, con 778 familias obligadas a abandonar su estilo de vida. De estos, el 85% eran pequeños productores de menos de 30 hectáreas, aquellos que, como soñó Stefanelli, deberían haber sido el corazón de un valle productivo y próspero. La falta de acción y la ineficacia de las políticas públicas han llevado a la región al borde del colapso. Las últimas administraciones tienen una responsabilidad objetiva e ineludible en este abandono. La falta de planificación, la sobrerregulación, el anquilosamiento en los cargos de las instituciones, la imposibilidad de acceso a la tierra y la brutal concentración de mercado, nos condujo a esta situación que hoy favorece a unos pocos, mientras el valle y sus familias sufren las consecuencias.
Stefenelli, en sus años finales, dejó una reflexión que resuena profundamente en este contexto: “Yo ya estoy cansado de estas promesas incumplidas… en cuanto a lo demás estoy resuelto a decir con más fe: el pan de cada día… y de vencer con la oración y el trabajo todas las dificultades”.
Esa fe, combinada con el trabajo incansable, es el faro que aún puede guiar al Alto Valle hacia un futuro digno de su historia. Pero para que eso ocurra, es necesario retomar la planificación, el compromiso y la acción que hicieron de este desierto un vergel, sin esperar a que el Estado venga a socorrernos. Al igual que el Alto Valle se construyó a espaldas de la política, debemos hoy retomar las riendas del progreso, con una visión libre y autosuficiente. La memoria de Stefenelli no debe quedar como un recuerdo lejano, sino como un llamado urgente a recuperar lo que nunca debimos dejar caer.
* Instagram: gian.dibattista / giandibattista@gmail.com
Publicado en LA PRENSA.
https://www.laprensa.com.ar/El-hombre-que-sono-el-Alto-Valle-555348.note.aspx
El Padre Alejandro Stefenelli, la agricultura y el riego en el Alto Valle.
Stefenelli fue un salesiano nombrado por don San Juan Bosco para misionar en la Patagonia.
Por Lic. Vicky Chávez.
Don Bosco envió a sus primeros misioneros, llegaron al país en 1875 y entraron en la Patagonia en 1879. Monseñor Juan Cagliero llegó como cabeza de la primera expedición de Salesianos. El Padre Alejandro Stefenelli fue un salesiano nombrado por don San Juan Bosco para misionar en la Patagonia.
Stefenelli había nacido en Fondo (Trento) el 15 de diciembre de 1864 y era el séptimo de doce hermanos. Venía de una familia acomodada: su padre era Enrique de Stefenelli y Catalina, su madre. Nació en un hogar profundamente “cristiano, religioso y de costumbres adamantinas”, como recordaba.
Su padre ejercía la medicina con abnegación por lo que, mientras atendía en medio de una tormenta de nieve y viento, se contagió de pulmonía y falleció. Tres meses después falleció su mamá. Alejandro quedó al cuidado de su tío, padre Guido de Stefenelli. Había oído hablar del sacerdote turinés Don Bosco y de su obra en los Oratorios festivos.
A los 15 años fue a Turín y conoció a Don Bosco sobreponiendo sus hábitos señoriales que chocaron con la pobreza y estrechez de la humilde casa de Don Bosco. ”La poca atrayente dieta, la mesa no tendida de manteles y los rústicos utensilios de latón y de madera”, señalan los documentos de aquella época.
Entre sus recuerdos escribió “la tarde del 7 de diciembre de ese año 1879, fui invitado a una conferencia de Don Bosco con todos los aspirantes, en la iglesia de San Francisco. Nos explicó que significaba ser salesiano y nos prometió en esta vida, pan, trabajo y alegría, y en la otra el paraíso ¡Oh! Qué entusiasmo suscitó en mi la palabra del santo ¡Comprendí entonces el valor de esas escudillas, vasos y platos de lata y las comidas condimentadas con hierbas ya no me causaron aversión!”
En noviembre de 1881, recibió el hábito de manos de Don Bosco y a los 18 años hizo su primera profesión religiosa en la Congregación Salesiana… y dijo desde ese entonces “Así, desde ese día feliz, fui todo y para siempre de Don Bosco”.
Stefenelli tomó conocimiento de los proyectos y predicción de Don Bosco sobre la Patagonia. Se enteró de las primeras noticias que llegaron a Turín de la entrada de los salesianos a la Patagonia y se sumó al entusiasmo del visionario Don Bosco como muchas otras personas deseosas de venir a la región. El Padre Stefenelli se interesó y entró en contacto con dos futuros misioneros, Piccono y Zanchetta. Mientras tanto continuó trabajando como profesor de física y ciencias experimentales en el Instituto Gimnasial de S. Benigno y comenzó a tomar lecciones de Meteorología en el Observatorio de Don Denza en Moncalieri.
El 14 de febrero de 1885 partió a la Patagonia; fue despedido por Don Bosco y fueron acompañados por el Monseñor Cagliero, flamante Obispo. Stefenelli cargó su gran baúl con instrumentos y libros de ciencias naturales, física, química, arquitectura, matemática.
Don Bosco los despidió cálidamente, ya estaba enfermo en ese entonces. El 14 de marzo llegaron los misioneros a la Argentina. El 8 de junio de 1885 Stefenelli llegó a Patagones lugar en el que estudió teología para poder ordenarse sacerdote; allí instaló y atendió el observatorio meteorológico y dio clases. El 12 de mayo de 1889 se dieron las primeras ordenaciones sacerdotales en la Patagonia. El Obispo Cagliero ordenó a cinco jóvenes salesianos: Stefenelli, Aceto, Dell’Era, Garrone y Luciano.
El Monseñor Cagliero estaba preocupado por fundar un Centro Misional en General Roca. El Obispo le preguntó al Padre Stefenelli si se sentía capaz de ir a una misión a esa localidad y aceptó. Preparó sus alforjas, pidió acompañantes. Preparó cuatro caballos; algunos pocos se había llevado el Padre Milanesio –otro gran Salesiano- así que eligió entre los que quedaban.
El 5 de julio de 1889 desmontaba en Roca y se instalaba en un salón rancho de 6 por 10 donde acomodó todo: casa, capilla, dormitorio con colchones de bolsa de pasto y a los 15 días también escuela, que la puso bajo la protección del Arcángel San Miguel, ya que sin dudas iba a necesitar quien lo defendiera.
Cerca del río Negro compró una chacra, la cercó con alambre, la preparó para cultivos y sistematizó el riego. Empezó a cultivarla. En sus memorias dejó escritas varias impresiones que tuvo al llegar como la de los niños que vagaban por un pueblo en el que aún no había escuela. Por eso tuvo la visión de fundar una escuela de agricultura porque vio que el provenir estaría en los cultivos y sería más útil que una escuela de Artes y Oficios.
La escuela se inició humildemente y con mucho esfuerzo. Con trabajo y tesón inquebrantable, la chacra se transformó en Escuela Práctica de Agricultura: los alumnos aprendían prácticamente las técnicas de la agricultura. Era enseñanza de nivel primario y la mayor parte del aprendizaje se hacía en el mismo campo de trabajo. Las clases teóricas eran muy pocas y se daban en las aulas del colegio.
El Objetivo del Padre Stefenelli era despertar el amor a la tierra, aprender a cultivarla y preparar personal idóneo para el trabajo del campo y su administración.
La compra del Primer motor y bomba para riego en 1896 fue gran acontecimiento. Su traslado fue primero en barco y luego por tierra tirado por bueyes. Era un motor a vapor de 14 caballos nominales con una centrífuga de 10 pulgadas de diámetro, capaz de elevar 300.000 litros por hora.
Primeramente, la escuela funcionó en un local prestado y luego en salones del Comando, el P. Stefenelli construyó dos edificios. El primero en la manzana 154 y el segundo en la manzana 152. Ambos a 1000m. de distancia de la chacra de la escuela Agrícola.
En el Libro “El Padre A. Stefenelli y la agricultura y el riego en el Alto Valle de Río Negro” se puede leer el gran aporte que hizo el Padre Stefenelli al riego del valle, que tuvo antecedentes como el Canal de los milicos, por ejemplo.
Luego la Bocatoma y el dique móvil fueron construidas por el Padre.
Stefenelli tomó contacto con el Ing. César Cipolletti con quien mantuvo relación de trabajo. Viajó a Bs. As. en búsqueda de un medio de transporte para llevar a los niños al colegio y le donaron una diligencia.
La segunda etapa de la escuela agrícola fue en J.J. Gómez, el entonces Presidente Julio Argentino Roca le otorgó hectáreas para levantar la escuela agrícola.
Hasta 1910 el padre Stefenelli fue director de los dos colegios: La escuela Agrícola en J.J.- Gómez y el primario del San Miguel. En la escuela Agrícola, los cultivos fueron numerosos frutales, alfalfa, vides. Su obra tan vasta no se puede resumir en estas páginas. Recordemos que en 1933 por decreto la estación “los Perales” pasó a llamarse Padre Alejandro Stefenelli. Grandes festejos se realizaron para este acontecimiento.
En 1942 el rey de Italia Víctor Manuel III lo nombró Comendador de la Orden de la Corona de Italia. Cuando partió de Gral. Roca, el padre Stefenelli regresó a Italia después de haber estado unos meses en el colegio Don Bosco de Bahía Blanca. En Roma reorganizó la escuela Agrícola. A los 74 años celebró sus bodas de oro sacerdotales. Falleció en Italia. Prolífica vida, obra sin medida, la evangelización fue un ejemplo de tesón, trabajo fecundo.
Hoy lo honramos.
Publicado en la Mañana de Cipolletti.