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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

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"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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sábado, julio 06, 2019

6 de JULIO DE 1909: nacía en Maipú (provincia de Buenos Aires) OSCAR EDUARDO ALENDE.


OSCAR ALENDE FUNDADOR DEL PARTIDO INTRANSIGENTE, GOBERNADOR DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES (1958-1962), CANDIDATO A PRESIDENTE DE LA NACION EN 1963, 1973 Y 1983, DIPUTADO NACIONAL

Nació en Maipú (provincia de Buenos Aires), el 6 de julio de 1909. 
Su infancia y estudios primarios transcurrieron en esa ciudad bonaerense. Luego la familia se mudó a a la Ciudad de Mar del Plata, donde cursó la secundaria.
Más tarde, decidió estudiar Medicina en la Universidad Nacional de La Plata, donde adhirió al Movimiento de la Reforma Universitaria y en su militancia estudiantil fue presidente del Centro de Estudiantes de Medicina y vicepresidente de la Federación Universitaria de La Plata. Más tarde finalizó sus estudios en la Universidad de Buenos Aires, en 1933, recibiéndose de médico.

Desde entonces vivió en Lomas de Zamora. Ejerció su profesión con gran reconocimiento, aún durante su máxima responsabilidad política como Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, en 1958. Fue jefe de Cirugía Gastrointestinal del Hospital Rawson de Buenos Aires, profesor de la Escuela Quirúrgica del Hospital Finocchietto y miembro de la Academia Argentina de Cirugía.

Oscar Eduardo Alende fundó la Clínica Banfield, prestigiosa clínica privada que durante muchos años funcionó en la calle Acevedo, entre French y Beruti. “Mi casa es el único bien que poseo”, afirmaba Alende con íntimo orgullo en una de sus últimas entrevistas concedida al medio local “Noticias de Lomas de Zamora” muy lejos ostentación, el enriquecimiento, la frivolidad y el egoísmo y cerca de la Austeridad Republicana.

Mientras ejercía su profesión de médico, Alende compartía su pasión por la política. En 1945 fue uno de los firmantes de la Declaración de Avellaneda, realizada por el sector yrigoyenista intransigente de la Unión Cívica Radical.
Diputado provincial por la Unión Cívica Radical entre 1948 y 1952, presidente del bloque de 1950 a 1952; diputado nacional por la Unión Cívica Radical desde 1952 hasta 1955; consejero de la Junta Consultiva Nacional entre 1955 y 1957 (gran error político de Oscar Alende); gobernador de la provincia de Buenos Aires desde 1958 hasta 1962; presidente del Comité Nacional de la UCRI; candidato a Presidente de la Nación por la UCRI en 1963; candidato a Presidente de la Nación por la Alianza Popular Revolucionaria en 1973; presidente del Comité Nacional del Partido Intransigente en 1983; diputado Nacional en los períodos 1985-1989 y 1989-1993. En 1993 resultó electo diputado nacional para el período 1993-1997. Falleció en ejercicio de su mandato.
El pensamiento del doctor Alende, apodado por sus militantes como “El Bisonte está acreditado en sus discursos, en las políticas de gobierno ejecutadas  y en varios libros políticos, entre ellos "Entretelones de la Trampa", "Los que Mueven las Palancas", "Marcha al Sur", "Mi Memoria y El País que nos Dejan". Defensor de los Derechos Humanos en contra de los monopolios, los oligopolios y de un capitalismo nacional independiente.
Las referencias ideológicas eran al radicalismo yrigoyenista, el del grupo Forja de Arturo Jauretche y Gabriel del Mazo y sus continuadores como Moisés Lebensohn, cercano al peronismo, el peronismo-pueblo como lo denominaba Alende. “El Bisonte” Alende, aun antes de que lo propalara Raúl Alfonsín en sus discursos de campaña 1983, fue un entusiasta de la idea del Tercer Movimiento Histórico, continuador de la línea  de los caudillos argentinos: Hipólito Yrigoyen-Juan Domingo Perón como una síntesis que una las luchas populares por el federalismo, las libertades y la justicia social.
Otra de sus pasiones fue el fútbol y su amor por el Club Atlético Banfield.
Falleció un 22 de diciembre de 1996, a los 87 años,  siendo diputado nacional que llegó integrando en segundo término de la lista del PJ provincial.

viernes, agosto 18, 2017

Moisés Lebensohn (Bahía Blanca, Argentina, 12 de agosto de 1907 - 13 de junio de 1953).

FUNDADOR DE DEMOCRACIA E IDEÓLOGO DEL RADICALISMO.

Se cumplieron ayer 110 años del nacimiento de Moisés Lebensohn. 

Su nombre prestigia a la política y prestigia a la historia del radicalismo. Fue un hombre valiente, austero y lúcido. En su personalidad estaban presentes el coraje cívico de Alem, la pasión política de Yrigoyen y la honradez de Elpidio González. Fue radical a tiempo completo. Más parecido a un predicador que a un político. Recorría los pueblos de la provincia de Buenos Aires viajando en autos viejos que más de una vez hacían las veces de dormitorio, o trepado a trenes y colectivos que lo trasladaban de un caserío a otro, de un comité a una plaza, de una estación a una improvisada tribuna levantada en cualquier parte. Como Yrigoyen o como Sabattini, le gustaba la conversación mano a mano o en pequeños grupos. A la pasión y la fe en la causa, le sumó la actualización teórica. Fue un político a tiempo completo, pero también fue un hombre de ideas, de lecturas meditadas, de intereses culturales amplios.
“Doctrina para que nos entiendan, conducta para que nos crean”, fue su consigna preferida, una consigna que muchos políticos de hoy deberían tener presente. La historia es interesante, porque permite registrar lo que cambia pero también lo que permanece. Los años de Lebensohn  no fueron los de ahora, aunque también entonces circulaba como buena moneda la noción de que la política era el hábito de la astucia, la triquiñuela, el realismo ramplón y sin ideas elevadas. También entonces existían los políticos corruptos y los dirigentes improvisados, más reconocidos por su astucia y sus habilidades para la rosca y la camándula que por su vocación republicana.
Moisés Lebensohn fue la respuesta -no la única pero sí una de las más destacadas- a esa concepción mediocre, liviana y codiciosa de la política. Lo hizo con pasión, con talento, jugándose entero por lo que creía. Esa entrega, esa integridad moral le ganó seguidores y simpatizantes, pero también enemigos persistentes y enconados. Fue el santo del radicalismo, el dirigente de una generación que dio hombres como Crisólogo Larralde, Ricardo Balbín, Arturo Frondizi, Gabriel del Mazo y Alejandro Gómez. Todos estos hombres incursionarían después por caminos diferentes y a veces antagónicos, pero nunca dejaron de reconocer la personalidad de Lebensohn, los alcances de sus miras, su clarividencia política y su conmovedor testimonio ético.
Moisés Lebensohn nació en Bahía Blanca el 12 de agosto de 1907. Hijo de judíos inmigrantes, su padre Salomón era montenegrino, su madre Fanny Chaponik, rumana. Se crió en un hogar donde los libros y las ideas estaban presentes. Su padre era médico, hablaba nueve idiomas, se carteaba con los principales intelectuales de Europa y era amigo de Juan B. Justo. Tal vez, esa relación con el jefe histórico del socialismo explica la primera afiliación de su hijo a ese partido, aunque pronto descubrió que el radicalismo era la causa que más se adecuaba a su visión de la política y a su concepción humanista de la política.
La familia Lebensohn se mudó de Bahía Blanca a Junín. Moisés estudió abogacía en la Universidad de La Plata, y ni bien obtuvo el título abrió su estudio jurídico en Junín. No sólo la abogacía le importaba en aquellos años. Ya para entonces la política era su pasión excluyente y el estudio jurídico apenas un lugar donde reunirse con sus correligionarios o para atender las necesidades de los pobres. En esos años, conoció a Evita con quien siempre mantuvo una relación respetuosa y afectiva. Él le decía “Negrita” y ella “Rusito”. Curioso: las inmensas diferencias políticas nunca los distanciaron.
Lebensohn siempre consideró que la política debía ser acción práctica, pero sostenida por ideas. Coherente con sus principios, el 17 de octubre -fecha singular en el futuro- de 1931 fundó el diario Democracia, un emprendimiento periodístico importante que se sostiene hasta el día de la fecha en manos de su hijo Héctor, un diario de noticias y de ideas, una tribuna de doctrina y un registro de la vida cotidiana de la ciudad y el país.
Moisés creció políticamente luchando contra el régimen conservador de la denominada “Década infame”. No compartía la estrategia de la conducción nacional del partido de convalidar el fraude con la participación electoral. Tampoco compartía la mirada rutinaria de la política, el escaso vuelo teórico y el cinismo de quienes no creían en nada trascedente o concebían a la política como una coartada para enriquecerse o disfrutar de privilegios.
Radical abierto a las nuevas ideas, curioso y perceptivo, no estaba dispuesto a renegar de su partido o sumarse a cualquier iniciativa. Así se explica su rechazo a incorporarse a Forja, por ejemplo, el agrupamiento en el que participaban algunos radicales y nacionalistas y que para Lebensohn estaban peligrosamente influenciados por la tentación totalitaria en clave fascista y antisemita. No, no debía ser ése el lugar de los radicales.
Moisés fue un intransigente como Alem e Yrigoyen. Pero tuvo la lucidez necesaria para entender que a la intransigencia en la década del treinta no se la podía sostener con retórica liviana o con anacronismos. El partido debía actualizarse. En un mundo que cambiaba aceleradamente y marchaba hacia la tragedia, era necesario pensar con claridad y otorgarle a la política una nueva dimensión teórica y ética. El radicalismo, si quería ser leal a sus orígenes, debía actualizarse con nuevas ideas y nuevos programas.
En 1938, fue electo concejal en su ciudad. Ese mismo año, el radicalismo se presentó a las elecciones nacionales. El candidato era Alvear, un hombre al que le reconocían algunos méritos, pero criticaba no tanto a él como a sus seguidores y sus prácticas políticas. Sin embargo, en esas elecciones de 1938 el radicalismo presentó un programa de realizaciones inspiradas en las ideas del laborismo inglés y el socialismo francés. No alcanzaba, según Moisés, pero era un buen punto de partida. Se imponía profundizar aquello que ya había percibido Yrigoyen: nacionalización del petróleo y reforma agraria. ¿Por qué no? A partir de fines de la década del treinta, ésas serán las banderas de la resistencia radical.
En 1942, se celebró en Chivilcoy el quinto congreso de la Juventud Radical, presidido por Lebensohn. Allí comenzó a prefigurarse el famoso Programa de Avellaneda -elaborado en 1945- y la efectiva carta de presentación del Movimiento de Intransigencia Radical (MIR), corriente interna que ganaría la conducción del partido en 1948. En ese programa, están los fundamentos y los principios de un nuevo radicalismo, de un radicalismo comprometido con la democracia, la república y las libertades, pero también con la justicia social y el mundo del trabajo.
“La libertad no sólo está oprimida por las dictaduras -escribe- sino por el privilegio económico”. A la reforma agraria y la nacionalización del petróleo, el MIR sumaba el federalismo, la soberanía política y económica y una crítica sin concesiones a los totalitarismos de aquellos años: el nazifascismo y el comunismo. La diferenciación del comunismo no le impidió ser víctima de las maledicencias de sus enconados enemigos. “judío”, “comunista”, eran las diatribas que recibía con frecuencia.
En 1949, condujo el bloque radical en la Convención Constituyente. Fue el hombre que ordenó el retiro de la bancada de la UCR por no aceptar los atropellos institucionales. “Que se vayan”, gritaban los peronistas. Y Lebensohn respondía: “Volveremos a discutir la Constitución de los argentinos”. Ya lo conocían, sabían que era un crítico firme del régimen peronista, más peligroso que otros porque reconocía el valor de las leyes sociales, pero señalaba su incoherencia, la manipulación y sobre todo el sistemático atropello a las libertades, el culto desaforado y servil a la personalidad del “jerarca”.
Moisés Lebensohn murió el 13 de junio de 1953. Tenía cuarenta y cinco años y era el nuevo líder del radicalismo. Su muerte fue una pérdida para la UCR, pero sobre todo para la Nación. No fue una muerte inocente. Las privaciones, pero sobre todo las cárceles, minaron su salud. Uno de sus biógrafos sostuvo que si Lebensohn no se hubiera muerto tan joven podría haber cambiado la historia del país. Es probable.

OPINIÓN DEL DIARIO "DEMOCRACIA",13/08/2017.
Imagen del mismo sitio.

miércoles, junio 04, 2014

LA FRASE DE MOISÉS LEBENSOHN. Frente a la moral del éxito, del goce y del poder.


"... frente a la moral del éxito, del goce y del poder, representada en nuestra sociedad por la conquista del dinero y de las posiciones políticas y sociales, alcemos el tono moral de una generación que sintoniza los reclamos profundos de la hora y quiere ennoblecer sus días consagrándolos al servicio de un ideal nacional, confundido en un ideal de superación y dignificación de la condición humana..."
Moises Lebensohn (1907-1953).

Moises Lebensohn nacido en la Ciudad de Bahía Blanca (provincia de Buenos Aires) en el año 1907. 
Hijo de inmigrantes judíos; su padre era médico, su madre, Fanny Chaponik, rumana. Ambos, descendientes de humildes familias campesinas.
Alineado con el sector de raíz más popular del radicalismo, que entonces encabezaba Amadeo Sabattini, junto con otros jóvenes como Gabriel del Mazo, Damonte Taborda, Ricardo Balbín, Arturo Frondizi, Arturo Illia, Crisólogo Larralde y Alejandro Gómez, conformó el Movimiento de Intransigencia y Renovación o M.I.R.
"En 1949 fue elegido convencional constituyente por la UCR para reformar la Constitución de la Nación Argentina y presidió el el bloque radical en la Convención Constituyente. Disconforme con las cláusulas autoritarias que el peronismo quería imponer en la reforma de la Constitución, Lebensohn se retiró con el bloque radical de la Convención Constituyente y en respuesta a los gritos de la mayoría "¡Que se vayan!" exclamó: "Volveremos, para dictar la Constitución de los argentinos". Ello no impidió que el peronismo sancionara la Constitución argentina de 1949. Poco más tarde, Lebensohn sufrió la cárcel por razones políticas durante más de un año y allí se quebrantó su salud física definitivamente.
Esta combinación terminó por desgastar las fuerzas de Lebensohn, que falleció de un ataque cardíaco el 13 de junio de 1953, a los 45 años de edad. "No debo morir; hay tanto que hacer, tanto que luchar, luchar..." fueron sus últimas palabras. Fue un político de raza, de visión humanística, de actitud humilde y generosa y de un compromiso con los valores altos. El traslado de sus restos a Junín provocó una multitudinaria movilización espontánea. Centenares de coronas hicieron guardia de honor ante el paso del cortejo. El diario Democracia, al que el gobierno escamoteaba papel, consiguió aparecer, pero enlutado por un vacío irreparable. Dijo Félix Luna: "Lo más importante de Lebensohn es la pasión que lo animó y la jerarquía que dio a la política como instrumento para mejorar la vida colectiva"(wikipedia).

domingo, septiembre 23, 2012

LEANDRO N. ALEM, UN HOMBRE DE HONOR.

Leandro N. Alem fue hijo de un almacenero (pulpero del barrio Balvanera) llamado Leandro Antonio Alén, era un federal, integrante de la Sociedad Popular Restauradora.
Fue fusilado y  colgado en una horca y exhibido al pueblo tras la derrota de Rosas. Su familia conocieron la pobreza absoluta.
Pero eso no impidió que, gracias al gran esfuerzo de su madre Tomasa Ponce, Leandro Alén, luego rebautizado Leandro N. Além, pudiera realizar los estudios secundarios e ir a la Universidad. 
Decía el historiador y político Gabriel Del Mazo en su historia  El Radicalismo que el segundo nombre de Alem era Antonio y no Nicéforo que  "el error nace porque firmaba como "Ln" en abreviatura de "Leandro" y al ser consultado en una oportunidad sobre aquella N respondió "N de qué? pues N de Nada!"

 
"El desaliento, el quebranto, la inmoralidad, no surgen de los bajos fondos sociales. Vienen de las alturas. Hoy se sacrifica todo, el honor, la palabra, la fe jurada ante los hijos y la patria, para descender luego a los goces materiales, por gustar con fruición de sibaritas los placeres de la sensualidad y el de gobierno. Hoy no se busca la posición política para poner a su servicio talento, carácter, patriotismo, sino para que aquella sirva a los fugaces caprichos de oscuros bienes, de miserables sueños ... "
 
"Porque en momentos de angustia olvidamos estos sagrados ideales, porque hicimos de nuestras comodidades materiales, concentración de nuestros sentidos y aspiración única de nuestros espíritus, nos hemos visto vejados, ultrajados y deshonrados en nuestras afecciones más caras, sin que a duras penas asomase el sonrojo en nuestras mejillas y palpitaran de vergüenza nuestros corazones..."
 
"La vida política de un pueblo marca la condición en que se encuentra; marca su nivel moral, marca el temple y la energía de su carácter. El pueblo donde no hay vida política, es un pueblo corrompido y en decadencia, o es víctima de una brutal opresión..."

Discurso pronunciado en el Motín de Rosario por Leandro N. Alem el 24 de Agosto de 1890.
 
Conciudadanos:
Bienvenidos seais a ocupar el puesto que vuestro deber os señala; bienvenidos seais a tomar participación en esta verdadera revolución política y social.
Este país había llegado al extremo de ver comprometido el honor nacional. No existía más que la dignidad ultrajada, la libertad perdida, la dilapidación entronizada, la esclavitud constituída, y las voces de ultratumba de nuestros mayores nos pedían estrecha cuenta de nuestro silencio, de nuestra conducta, de nuestra debilidad, de sus sufrimientos ante el escarnio y la befa y el absolutismo de los poderes públicos.
Hubo un sacudimiento general; despertó la opinión y el pueblo se ha dispuesto a romper las cadenas que le oprimían: por eso vemos ese estallido de entusiasmo, esa explosión de sentimientos que a todos nos unen en la llama vivificadora del patriotismo.
¡Desgraciados los pueblos que se hallan animados por el sensualismo ! ¡Desgraciados los pueblos que no tienen ideales!
Por no tener ideales cayó la antigua Roma con toda su corte de bajezas y de inmoralidades; por no tener ideales cayó el Perú en la postración más abyecta; por no tener ideales Francia fué esclava de los reyes y pasto de los palaciegos; por no tener ideales la República Argentina ha sufrido la ignominiosa presidencia de Juárez!
Porque en momentos de angustia olvidamos estos sagrados ideales, porque hicimos de nuestras comodidades materiales, concentración de nuestros sentidos y aspiración única de nuestros espíritus, nos hemos visto vejados, ultrajados y deshonrados en nuestras afecciones más caras, sin que a duras penas asomase el sonrojo en nuestras mejillas y palpitaran de vergüenza nuestros corazones.
Al fin miramos a nuestro rededor, consultamos nuestras conciencias, levantamos nuestras frentes, sacudimos nuestro letargo, nos inspiramos en nuestras convicciones, dirigimos los ojos hacia la bandera de la patria, y el pueblo ha recuperado su dignidad y se halla dispuesto a sostenerla, aleccionado por el pasado.
En esta regeneración política y social, el ejército ha hecho causa común con el pueblo.
El ejército está constituído para defender las leyes y las instituciones, no para servir de pedestal a las tiranías; y por eso el ejército, que es argentino, y por lo tanto patriota, al ser hollados los fundamentos de la nacionalidad, al contemplar menospreciadas las libertades y suspendidas todas las garantías, al ver mancillado cuanto más noble y más digno y más santo conservan los códigos del país, al vislumbrar la ruina moral y económica de la República, precipitada por un hombre y una camarilla dueña y señora de vidas y haciendas, se levantó en cumplimiento de su deber y fué a la lucha a pelear ya morir por la causa del pueblo, que eran su causa: por la ley y por la libertad !
Nos hallamos en los principios de la senda colocada frente a nuestros ojos, y es necesario recorrerla hasta el fin, en todas sus escabrosidades, a costa de todos los sacrificios, como corresponde a nuestra historia y a nuestros antecedentes nunca desmentidos ni manchados.
Dejad esa tendencia de esperarlo todo de los gobernantes y grabad en vuestra conciencia la convicción de que este proceder rebaja el nivel moral de los pueblos.
Cuando un hombre está en el poder, necesita el consejo, el apoyo, el cariño y el aliento de sus gobernados, que han de ser sus amigos, no sus vasallos ; pero si ese hombre se olvida que se debe al pueblo y no respeta derechos ni constituciones, el pueblo tiene la obligación de recordarle los deberes de la altura, e imponerle su soberanía, si no por la razón, por la fuerza !