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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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martes, marzo 24, 2026

Se construirá una base permanente en la Luna. El sitio elegido para este asentamiento es el Polo Sur lunar.

 


La NASA anunció la construcción de una base permanente en la Luna.

El administrador de la agencia espacial, Jared Isaacman, confirmó que el objetivo es priorizar el asentamiento por sobre la estación en órbita.

Se construirá una base permanente en la Luna. El anunció lo dio el administrador de la NASA, Jared Isaacman, y sostuvo este martes que los Estados Unidos priorizarán la edificación de una base habitable fija en la superficie de la Luna, postergando el desarrollo de la estación orbital conocida como Gateway.

El ambicioso plan, enmarcado en el programa Artemis, contará con una inversión estimada de 20.000 millones de dólares para los próximos siete años, con el firme propósito de establecer una ocupación permanente y no solo visitas esporádicas.

Las fechas de la NASA para las próximas misiones espaciales.


“El objetivo no es solo llegar a la Luna, sino quedarse. Estados Unidos jamás volverá a renunciar a la Luna”, sentenció Isaacman durante la presentación del proyecto. Según explicó el funcionario, la agencia adoptará un modelo de ejecución similar al del programa Apolo.

El sitio elegido para este asentamiento es el Polo Sur lunar, una zona estratégica donde la presencia confirmada de hielo de agua en cráteres como Shackleton y Faustini permitirá sustentar la vida y las operaciones a largo plazo.

El cronograma oficial de la NASA establece hitos próximos: el próximo 1 de abril se lanzará la misión Artemis II, que llevará tripulación a orbitar el satélite por primera vez en más de medio siglo. Para 2027, se iniciará un puente logístico con viajes mensuales no tripulados para el transporte de suministros, mientras que el regreso efectivo de astronautas al suelo lunar está previsto para 2028 con las fases IV y V del programa.

El horizonte final para que esta base esté plenamente operativa y habitable para estancias prolongadas se sitúa entre los años 2030 y 2035.

Noticias Argentinas.

Publicado en Diario Río Negro.

24/3/2026.

https://www.rionegro.com.ar/mundo/la-nasa-anuncio-la-construccion-de-una-base-permanente-en-la-luna-4513275/

domingo, agosto 20, 2023

La NASA cumple 65 años: por qué es tan importante.

 


Desde su fundación, la agencia espacial es una fuerza impulsora en la exploración del cosmos. Repasamos cómo sus logros dejaron una marca indeleble en la historia de la humanidad

LAdministración Nacional de Aeronáutica y del Espacio, conocida como NASA, ha sido la columna vertebral de la exploración espacial estadounidense durante las últimas seis décadas. Desde su fundación hace 65 años, el 29 de julio, hasta la actualidad, la NASA ha llevado a cabo avances históricos y ha forjado nuestro entendimiento del universo de maneras extraordinarias.

Orígenes y Contexto Histórico.

La NASA emergió en medio de la Guerra Fría, una época caracterizada por la rivalidad global entre Estados Unidos y la Unión Soviética. En este ambiente, la conquista del espacio se convirtió en un símbolo de prestigio y poder. Fue bajo la presidencia de Dwight D. Eisenhower que, hace 65 años, la NASA tomó forma como la agencia espacial de los Estados Unidos.

La Carrera Espacial y el Desafío Soviético.

En 1957, la Unión Soviética lanzó un hito histórico: el Sputnik 1, el primer satélite artificial en órbita terrestre. Esto marcó un revés para Estados Unidos, que vio cómo los soviéticos tomaban la delantera en la exploración espacial. Para contrarrestar esta ventaja, la NASA fue creada y se puso en marcha el programa Explorer 1, el primer satélite estadounidense, lanzado cuatro meses después del Sputnik 1.

La Génesis de la NASA y la Misión Espacial.

La NASA nació con la promulgación de la Ley Nacional de Aeronáutica y del Espacio, estableciendo su estructura y objetivos. Los primeros pasos reales se dieron el 1 de octubre de 1958, cuando cuatro laboratorios de la NASA fueron inaugurados y unos 8.000 empleados comenzaron a formar parte de la agencia. La NASA asumió el legado de la NACA (Comité Consultivo Nacional para la Aeronáutica) y llevó la exploración espacial a nuevas alturas y comprometiéndose con vuelos tripulados al espacio.

El Histórico Proyecto Apolo.

El presidente John F. Kennedy pronunció un discurso trascendental el 25 de mayo de 1961, fijando la audaz meta de enviar un hombre a la Luna y regresarlo a salvo antes del final de la década. Esta visión se convirtió en realidad el 20 de julio de 1969 con el aterrizaje del Apolo 11 en la Luna. Neil Armstrong y Buzz Aldrin dejaron huellas en la superficie lunar, cumpliendo así la visión de Kennedy. Este triunfo llegó después de desafíos y tragedias, como el incendio del Apolo 1, que se cobró la vida de tres astronautas.

Sondas Voyager y Más Allá.

Las Sondas Voyager, lanzadas en 1977, han sido embajadoras inigualables de la humanidad en el espacio profundo. Recientemente, la Voyager 2 sufrió una interrupción en su comunicación debido a un ligero desplazamiento de su antena. A pesar de ello, estas naves espaciales son un testimonio del ingenio humano y han llegado a distancias sin precedentes en el espacio.

Explorando Marte y Otros Avances.


La NASA ha liderado la exploración de Marte con misiones emblemáticas, como Mars PathfinderCuriosityPerseverance y más. Cada misión ha ampliado nuestra comprensión del Planeta Rojo y sus posibilidades para la vida. Además, la agencia ha lanzado el revolucionario Telescopio Espacial Hubble y, más recientemente, el Telescopio Espacial James Webb, expandiendo nuestras capacidades de observación cósmica.

El Legado de la NASA y el Futuro Espacial.

A lo largo de sus 65 años, la NASA definió la exploración espacial moderna. Desde desafíos hasta triunfos, la agencia ha demostrado el poder de la innovación humana. A medida que miramos hacia adelante, la NASA continúa liderando el camino, con proyectos como Artemis I, que busca llevar a humanos nuevamente a la Luna y allanar el camino para futuras misiones a Marte y más allá.

Por Jerónimo Moretti.

Publicado en Diario La Mañana de Neuquén.

Domingo 20 de agosto del 2023.

https://www.lmneuquen.com/ciencia-y-vida/la-nasa-cumple-65-anos-que-es-tan-importante-n1050219


jueves, octubre 07, 2021

HORACIO FERRER: NO VES QUE VA LA LUNA, RODANDO POR CALLAO.

 


HORACIO FERRER: NO VES QUE VA LA LUNA, RODANDO POR CALLAO.

Octubre 1969, de la Luna a Buenos Aires.
Albert Collins y Neil Armstrong, los astronautas que habían pisado la luna el 20 de julio, llegaron a Buenos Aires tres meses después invitados por el Congreso de la Nación. El poeta Horacio Ferrer se inspiró en el desfile de los astronauta por la ciudad cuando dice: "No ves que va la luna rodando por Callao...", es porque Collins y Armstrong fueron pasearon en un auto descapotable.
Los traían parados con motos adelante y motos atrás. Era mediodía y venían por Callao. Las madres le decían a los chicos: "Esos hombres fueron la luna!". Los saludaban y todos los chicos se quedaban con la boca abierta. De ahí sale: "Un corso de astronautas y niños con un vals me baila alrededor".
Genial recuerdo que nos acerca el Dr Angel Oscar Croce, Instituto de Derecho Aeronáutico y Espacial del CALZ, Miembro de la FIDEHAE, e Instituto Nacional Newberiano, Delegación "Lomas de Zamora".
Fuente de información e imagen:

Instituto Nacional Newberiano.


MOMENTO MUSICAL:
BALADA PARA UN LOCO de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer.


martes, enero 07, 2020

LA CONTRADICCIÓN HUMANA POR CARLOS SCHULMAISTER.


LA CONTRADICCIÓN HUMANA
POR CARLOS SCHULMAISTER.

El conocimiento de la realidad consiste en un sistema de creencias que consagra de hecho y de derecho los parámetros de lo correcto, lo normal, lo verdadero, lo conveniente y lo debido para una sociedad determinada.

La importancia de la aceptación o acatamiento de sus premisas consiste en su capacidad de ordenar, disciplinar y tornar previsibles los comportamientos sociales, permitiendo así su desarrollo con el menor grado de conflictividad y ahorrando energías sociales disponibles.

En los últimos 12.000 años la mayor parte de la humanidad ha conocido una  extensa cantidad de sistemas, o culturas, caracterizados por tremendos contrastes de singularidad, originalidad, diversidad y complejidad entre ellos. Paulatinamente, casi todos han ido atenuando sus rasgos, comunicando, recibiendo, adoptando, tolerando, resistiendo o imponiendo a otros costumbres, creencias, normas y formas de sentirse en el mundo, de suerte que en el transcurso de la historia muchos particularismos fueron perdiendo exclusividad hasta convertirse en patrimonio común de grupos y sociedades cada vez más amplios. 

Existe una creencia -más bien un supuesto subyacente- acerca de que ciertas formas y concepciones culturales actuales muy extendidas y de antiquísima data han sido legitimadas por el transcurso del tiempo, recibiendo la consagración de sus bondades, virtudes y condiciones que las hacen  preferibles o deseables siempre, o por lo menos hasta hoy. Dicho de otra manera, la sabiduría humana se coce a fuego lento.

Cada ser humano es socializado en el acervo preexistente, incorporándolo formal e informalmente en su bagaje cultural personal y moldeando su conciencia histórica. Pero cada hombre, cada generación y cada sociedad en su época así como reciben cosas del pasado también van dejando improntas novedosas en la cultura, las cuales, a su vez, se proyectarán hacia sus respectivos futuros.

Como este proceso de recibir, recrear, crear y transmitir históricamente se lleva a cabo la mayor parte del tiempo en forma inconsciente (salvo en el caso de las revoluciones políticas modernas) estamos convencidos de que la humanidad tiene unas metas y unos insumos culturales legitimados y que todos somos en mayor o menor medida eslabones que cumplimos una función positiva en la proyección de de ese sistema. Esta certeza puede rastrearse desde la antigüedad en numerosos escritos que revelan conformidad y aceptación de la realidad, aunque generalmente concebida y ordenada a designios metahistóricos.

Según esa manera de concebir y sentir la existencia humana los hombres transmiten la sabiduría acumulada a lo largo del tiempo. Fácil es estar de acuerdo, no obstante, se suele olvidar lo que corresponde a la pregunta acerca de quién transmite la maldad y la irracionalidad de la que constantemente hace gala el género humano, precisamente el único género que posee la razón.

En todos los tiempos esa pregunta mereció respuestas similares, como las que situaban y sitúan  el mal fuera del género humano, tanto porque el mal tuviera vida propia por provenir de Lucifer, es decir, de alguien existente metafísica e históricamente en condiciones de superioridad sobre el género humano y por lo tanto en condiciones de poder vencer a éste; o bien por situarlo en los otros, en alguien fuera de los parámetros de humanidad a los que los hombres de la tribu se acogen, “alguien que no es como nosotros” y por ello mismo resulta ser un “monstruo”.

El sistema social y la humanidad representan y transmiten constantemente la versión atávica de la lucha del bien contra el mal. El bien es parte del sistema, el mal está fuera y debe estarlo siempre. Cada hombre en la historia, independientemente de su jerarquía y merecimientos, es decir, desde el más bajo al más alto, se siente parte del sistema, por más que pueda ser consciente de sus imperfecciones o injusticias.

De modo que al sistema lo consagran y convalidan tanto el amo como el esclavo, el rico como el pobre, el bueno como el malo, y ello tan sólo por pertenecer ambos al mismo sistema. Ambos polos de dicha contradicción consagran conjuntamente un orden en la medida que el primero somete al segundo, pero este orden se resiente cuando el segundo desobedece al primero. Claro que de ciertas desobediencias pueden surgir nuevos órdenes, como explica Victor Hugo en Los Miserables al mostrar las diferencias entre motín e insurrección.

Ante esta conclusión corresponde reformular la creencia acerca del mal como externo al nosotros. Evidentemente el mal también está en nosotros, en acto y en potencia, como lo está el bien, pero no solamente si comparamos varios individuos, sino fundamentalmente en un mismo individuo.

Eso sí, no se trata de dos hombres distintos en un mismo individuo sino de uno sólo con dos dimensiones posibles de realización, la del bien y la del mal, por decirlo sintéticamente para mostrar la fuerza de los contrastes  en sus polos antagónicos, pero teniendo siempre presente que en la realidad la variedad posible se expresa y construye a lo largo de un arco de 180 grados.

En consecuencia, dejando ya al hombre genérico o abstracto, cada uno de nosotros es un grano de arena en la historia, grano que sirve para afirmar y consolidar tanto lo bueno como lo malo, lo correcto como lo incorrecto, lo verdadero como lo falso.

Vale aclarar que ello es así independientemente de la inteligencia, de la voluntad o de la vocación de representar y realizar el bien y de excluir el mal que un hombre o muchos hombres pudieran tener particularmente.

Para aclararlo de una vez, todo lo que damos por bueno no es totalmente tal, ni todo lo que damos por verdadero es realmente tal. Lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso, son dos caras de la misma moneda en la historia de la humanidad y de cada uno de los humanos.

Esta contradicción constante de lo humano se basa en la facultad de los hombres de creer. Pero creer no es conocer, más aún, creyendo no se ha de conocer.

Esta digresión debería hacer carne en nosotros la necesidad de ser más humildes respecto a la condición humana, misma que transmitimos al futuro en nuestros descendientes repitiendo inexorablemente el mismo acto no democrático que nuestros padres cometieron al crearnos: no nos consultaron.

Una reflexión oportuna en este sentido -aunque sólo fuera de vez en cuando- nos haría comprender y tener presente la soberbia que en realidad representa el habitual optimismo ingenuo en el poder de la razón, especialmente respecto de la vida del espíritu que nos constituye.

Lejos de ser dioses, ni semidioses, ni héroes ni superhombres, ni de parecerlo, y puesto que vivimos en el tiempo somos una constante contradicción andante, débil y vulnerable, cada vez más parecida en nuestro errático divagar a la hoja de un árbol en la tormenta.

miércoles, octubre 02, 2019

"No ves que va la luna rodando por Callao"... Balada para un loco de Horacio Ferrer y Astor Piazolla.


"Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao, no ves que va la Luna rodando por Callao...".
Un 2 de octubre de 1969, a tan sólo 74 días del histórico alunizaje de la expedición Apolo XI, los astronautas Neil Armstrong y Michael Collins aterrizaron en el aeroparque metropolitano para realizar una visita fugaz a la Argentina, como parte de una gira continental a la que los envió el gobierno de Estados Unidos.
En los dos días escasos que estuvieron en la capital de la Argentina se alojaron en el hotel Alvear, en el barrio de la Recoleta, y fueron recibidos en la Casa Rosada por el presidente de facto Juan Carlos Onganía, un generalito de caballería alineado con Washington…
En los primeros días de aquel lejano octubre, habían llegado a Buenos Aires los astronautas Neil Armstrong y Michael Collins. Dos meses y medio antes, junto a Aldring que no pudo viajar a Buenos Aires aunque sí su esposa, estos hombres habían sido los primeros en pisar suelo lunar a bordo de la Apolo 11.

lunes, julio 22, 2019

EL HÉROE ARGENTINO DE LOS ASTRONAUTAS MÁS CONOCIDO COMO "EL LOCO".

EL HÉROE ARGENTINO DE LOS ASTRONAUTAS MÁS CONOCIDO COMO "EL LOCO".
El Ministro de Defensa del Gobierno del Gral. Juan Carlos Onganía (Dr. Cáceres Monié), no se cansaba nunca de contar el siguiente hecho : cuando en 1969 los primeros seres humanos que pisaron la luna llegaron a Argentina dentro de la gira triunfal que habían comenzado alrededor del mundo para ser aclamados y agasajados, él fué el encargado de recibirlos y no apartarse de ellos en las ceremonias, ya que Monié hablaba perfectamente inglés y los americanos ni una gota de español.
El tema es que Cáceres Monié estaba ahí donde fuera, paradito junto a Neil Armstrong, Michael Collins y Edward "Buzz" Aldrin, flanqueados por la bandera Argentina por un lado y la Norteamericana por el otro. La recepción era en Cancillería, frente a la Plaza San Martín y entre cada saludo y cada saludo Armstrong que se acercaba al oído de Cáceres Monié y le susurraba: "Ud. creé que esto va a finalizar rápido?" - decía el americano con gesto de preocupación- "Pero porqué"- preguntaba Monié extrañado- A lo que Collins (en la oreja opuesta de Monié) susurraba: "Es que nosotros vinimos a Argentina solo para ver al "Loco" y sabemos que a las 8 de la noche se retira a dormir"...."Y nosotros partimos de Ezeiza mañana a las 7hs!!!".....Neil Armstrong lo aturdió al Ministro de Defensa con este reclamo, porque él quería ir a ver a su héroe, su único héroe de la infancia, al "Loco".
Solo el ancho de la Plaza San Martín separaba la Cancillería del humilde departamento del 7mo. piso del edificio de Florida y Av Santa Fé. Un departamento en el cuál en ese momento un viejito muy débil, frágil y bajito le pasaba una franela a sus libros en la biblioteca, un plumerito a esa artesanía en madera tan amada por él que representaba a Ícaro, y le pasaba (orgulloso) una virulana a una plaqueta de bronce que su amigo Belisario Roldán le había regalado en 1916 y que decía "Yo tengo una cosa aguda que decirle a los astros: ya no son ellos los únicos que han visto a los Andes desde arriba".
Y es que ese viejito, a los 31 años, junto a su inseparable compañero Eduardo Bradley realizó la mayor proeza hasta ese momento: por primera vez cruzó con su globo remendado "Eduardo Newbery" las aterradoras montañas de Los Andes por encima de los agudos picos nevados, en trayecto de Santiago de Chile a Mendoza. Soportan temperaturas de 33° bajo cero pero el globo no termina de subir, se estabiliza a los 6.500 metros y ven como van a estrellarse o contra el Aconcagua o contra el Tupungato: había que desprenderse de todo el peso posible. Arrojaron las bolsas de arena y nada. Lanzaron las bolsas con comida. Nada aún. Tiraron por la barquilla los revólveres y las municiones. Las paredes seguían acercándose a colisionar de lleno contra ellos. Nada aún. Con todo dolor se desprendieron de todos sus instrumentos científicos, catalejos, relojes y anclas. Igual. En un ultimo intento, se desprendieron de su ropa de abrigo pesada y luego de la liviana. Cuando ya estaban por quitarse los calzones y las camisetas y desprender la barquilla para solo quedar atados a las cuerdas del globo, una proverbial corriente de aire los levanta y pasan a escasos 6 metros por encima del Aconcagua. Ven los valles mendocinos y se largan a llorar como chicos, por más que el porrazo del descenso fué memorable, aunque sólo rasguños. Quedaron al borde de un abismo, tambaleando como la piedra movediza, pero unos paisanos los salvaron. Esa misma tarde en Mendoza casi 2000 personas los llevaron en andas. A los 2 dias en Buenos Aires iban en andas sobre casi 40.000.
A ese viejito los franceses lo llamaron "Capitán Soulage", ya que colaboró anónimamente con la aviación militar francesa durante la Primera Guerra, produciendo múltiples derribos a los alemanes y era público y sabido que Manfred von Richthofen (el Barón Rojo) siempre buscó por los cielos al "único halcón que vuela como yo", para dirimir talentos, aunque nunca se encontraron.
Ese viejito fué galardonado como "Caballero de la Legión de Honor de Francia" y como "Comendador de los Cielos del Imperio Británico", amén de todas las condecoraciones en todo lugar del mundo recibidas.

El que creó la Fuerza Aérea Argentina, estaba limpiando todo para que su hogar luciera impecable para recibir a tamaños visitantes, aunque (en su humildad) no entendía mucho porqué querían conocerlo.
Se estaba por ir a dormir cuando a las 8 en punto de la noche, tocan el portero eléctrico. Escucha como su hija Esther habla en perfecto inglés con los visitantes y luego de la subida por ascensor, les abre la puerta........fué verlo, que Zuloaga los saludara con una franca sonrisa, que Collins casi no pudiera ni emitir palabra en los 45 minutos que duró la reunión, que "Buzz" Aldrin le hiciera todas las preguntas que su compañero no podía ni balbucear (mientras le sacaba foto tras foto) y que el gigante, duro y ya legendario Neil Armstrong (Comandante de la Apolo Xl) no parara de llorar como un chico. En el país de Superman, Batman y no sé cuantos héroes mas de ficción, él estaba en ese momento ante el único superhéroe de su infancia, cuyas historias lo habían llevado a apasionarse por la aviación y ser el primer hombre en pisar suelo lunar. Simplemente estaba ante Ángel María Zuloaga, el "Loco", y fué el día más feliz de su vida.

P D : Los legendarios astronautas (cuál simples cholulos) quisieron llevarse un recuerdo de Zuloaga, cualquier cosa. Y al "Loco Zuloaga" se le ocurrió ir a la cocina a lavar los platitos, las cucharitas y los pocillos que tenían impreso el escudo de su viejo globo "Eduardo Newbery", los mismos pocillos con los que hasta hacía un rato había compartido un cafecito con los imprevistos visitantes. Si uno va hoy al Museo de la NASA en Cabo Cañaveral, bajo increíbles artefactos y rodeado de objetos que representan epopeyas, en una vitrina y bajo una campana de cristal se encuentran expuestos a la admiración el juego de tres pocillos con sus platitos y cucharas utilizados en aquella pequeña velada. El cuarto pocillo con su cuchara y platito, el utilizado por Angel Maria Zuloaga, sigue estando aún hoy expuesto en el hogar del ya fallecido "Capitán del Espacio" Neil Armstrong, en la que él llamaba su habitación de trofeos.

Publicado en facebook 

Patricia Parisi - ARMADA ARGENTINA

sábado, julio 20, 2019

Era el 20 de julio de 1969. No había internet ni twitter, ni siquiera demasiados televisores.

El día que la Luna paralizó a la Tierra.

Era el 20 de julio de 1969. No había internet ni twitter, ni siquiera demasiados televisores. Pero la llegada del hombre a la luna unió a 650 millones de espectadores que sufrieron, se emocionaron y se fueron a acostar con la imagen de ese gran paso.
POR VERÓNICA BONACCHI.

Hay que ponerse en situación. 20 de julio de 1969. No hay twitter, ni whatsapp, ni tevé color. Ni siquiera hay muchos televisores (en Argentina se contaban 2.500.000 aparatos), y con suerte unos pocos canales de aire , donde sintonizar “El Capitán Piluso”, “El amor tiene cara de mujer”, y sí, “Almorzando con Mirtha Legrand”, que ya estaba ahí.
En la Argentina, el poder está en manos del militar Juan Carlos Onganía, la inflación es del 7,6%, y en los meses previos asesinaron al sindicalista Augusto Timoteo Vandor y ocurrió el Cordobazo.

El mundo está signado por la Guerra Fría. Estados Unidos está dispuesto a ganarle a la URSS la carrera espacial y a cumplir con el pedido del J.F.Kennedy que había soñado con llegar a la luna antes de que culminara la década. “¿Por qué -algunos se preguntarán- elegimos la Luna? Y tal vez también se pregunten: ¿Por qué escalar la montaña más alta? ¿Por qué 35 años atrás volamos sobre el Atlántico? (…) Nosotros en esta década elegimos la Luna. No porque sea fácil sino porque es difícil”, dijo Kennedy en un encendido discurso.

Hay que ponerse en situación. Llegar a la luna era una hazaña fuera de cualquier dimensión; el sueño aparentemente imposible que podía fallar, como un truco de Tu Sam. 
La Unión Soviética llevaba la delantera con el primer satélite, el Sputnik, y el primer vuelo espacial tripulado, el de Yuri Gagarin. La perrita Laika ya había sido enviada al espacio, sin pasaje de vuelta.

El mundo llegaba siglos imaginando desde la literatura, el cine, la poesía y la ciencia, por supuesto, con cruzar ese mar negro que nos separaba del satélite de la Tierra. Eran épocas de soñar lo imposible. Y de hacerlo.

Cuatrocientos mil personas trabajaron para cumplir con la hazaña que luego llevó la cara de Neil Armstrong, Edwin “Buzz” Aldrin y Michael Collins. Cuatrocientas mil personas y una enorme cantidad de dinero que EE.UU estaba dispuesto a invertir. Entre 1964 -–el año posterior al asesinato de Kennedy-– y 1967, la Nasa se llevó entre el 3,5 y el 4,5% del total del presupuesto del país. Hoy, es el 0,5% . Llevar a los astronautas y traerlos de regreso insumió más de un billón de dólares, en valores de la época. Pero la Guerra Fría evidentemente lo valía.
No podían estar seguros de que la proeza terminaría bien. “Nos daban al menos un 90% de posibilidades de regresar con vida y un 50% de conseguir alunizar”, dijo Armstrong, cuando ya tenía los pies en la Tierra. Y Nixon, el presidente de aquel entonces, había preparado lo que diría en caso de fallar: El destino dictó que los hombres que fueron a explorar la Luna en paz, descansarán en la Luna en paz”.
No fue necesario. Los millones de personas que siguieron el viaje que comenzó el 16 de julio, se reunieron el 20 para el episodio más importante de esa serie fantástica que dejó de ser ficción: el alunizaje.
Para los estadounidenses, el descenso final ocurrió un domingo por la tarde. En Europa ya era de noche. Aquí , era la tardecita. El mundo, los 650 millones de telespectadores que se calculan que vieron ese momento, estaba hechizado. Aún cuando la imagen era borrosa, aún cuando las palabras llegaban llenas de interferencias.

Fue una noche única.
Después de ese hito, hubo otras 11 misiones más. Hubo más alunizajes, y hubo, en total, 12 hombres que dejaron su huella en la lejana superficie lunar. Todo ocurrió en el plazo de cuatro años. En el 72, la Luna dejó de ser el objeto del deseo y de la imaginación. La falta de interés y el enorme gasto cerraron esa puerta abierta al espacio. 
Hoy el mundo sueña con poblar Marte y un grupo de millonarios planea viajes espaciales para turistas excéntricos (y millonarios también). 
Hay que ponerse en situación. Aquel 20 de julio, el mundo confirmó que podía desafiar lo imaginable.

Publicado en Diario "Río Negro", 20 de Julio de 2019.

Alunizaje histórico: mitos y curiosidades de una odisea.


Nicolás Camargo Lescano (Agencia CTyS-UNLaM)- ¿Sabías que en el mítico Apolo XI, responsable del primer alunizaje, a toda la tecnología de punta producida por la NASA se le sumaron un sextante y un telescopio, para hacer una navegación al estilo de los barcos? ¿Y que, una vez llegados a la Luna, se pasaron del lugar donde tenían que descender, lo que terminó permitiendo que la misión sea un éxito?

Estas y otras curiosidades son parte de la charla de divulgación que Livio Gratton*, doctor en Ingeniería Aeroespacial, realiza por estos días en distintas instituciones, con motivo de los 50 años de la llegada del Apolo XI a la Luna. Allí, Gratton realiza un recorrido por la misión, desde el lanzamiento de Cabo Cañaveral hasta el amerizaje en el océano Pacífico, con todos los detalles de la tecnología y habilidades de sus integrantes.

“En la llamada Carrera Espacial, la llegada a la Luna fue, sin dudas, el hito más importante. Además, a nivel científico fue trascendental, porque se definieron cuestiones que se venían debatiendo hace cientos de años- asegura el investigador, Decano del Instituto Colomb de la CONAE y la UNSAM-. “Y si bien fue una misión hecha con mucho profesionalismo y muy seriamente, la cantidad de cosas que podía salir mal era innumerable”.

Cuenta Gratton que, en esa famosa Carrera Espacial, la ventaja la tenía claramente la Unión Soviética. “Los soviéticos habían sido los primeros en todo: en el primer satélite, en el primer animal en el espacio, el primer hombre en órbita, la primera mujer, la primera caminata espacial…tenían la delantera- narra el científico-. Es por eso que el por entonces presidente John Kennedy habla con la NASA y les pregunta en qué podía ganar Estados Unidos. Y la NASA, con una intuición técnica asombrosa, indican que creen posible que en diez años podría poner a un hombre en la Luna y traerlo de vuelta”.

Claro que el camino estuvo plagado de obstáculos enormes, tanto a nivel científico como técnico. “Para empezar- enumera Gratton- la mecánica orbital no se conocía del todo bien, por lo que hacer encontrar a dos vehículos en el espacio era un desafío muy complejo. Y si bien al principio se había pensado en un cohete gigantesco que despegara, alunizara y volviera a la Tierra, luego se dieron cuenta que lo mejor era cambiar de plan y hacer que una parte del vehículo descendiera a la Luna para luego volver a unirse”.

Otro de los ejes estuvo en el software de vuelo, porque el equipo científico, cuenta Gratton, se da cuenta que no podía ser totalmente automatizado. “El vuelo termina teniendo un sextante y un telescopio, para hacer una navegación al estilo de los barcos. Los astronautas tenían que ver astros, medir los ángulos e introducir los datos en las computadoras, que analizaban la orientación que tenía la nave”, asevera el investigador.

Alunizaje histórico: drama, piedras y mitos.

“Cuanto más leo sobre todo el proceso de alunizaje, más entiendo el dramatismo, el profesionalismo y la confianza mutua que había entre todos los actores involucrados”, relata Gratton, quien cuenta que, al momento de descender a la Luna, Neil Armstrong tomó una decisión trascendental.

“Armstrong ve unas piedras enormes en el supuesto lugar donde tenían que alunizar. Se da cuenta que si descendían allí iba a ser un completo desastre. Entonces pone la nave en modo manual y sigue de largo- narra el investigador-. Ni siquiera su compañero, Buzz Aldrin, sabía bien qué sucedía, pero se comportó con un profesionalismo extremo: no se pone a preguntar qué está pasando, sino que sigue leyéndole las velocidades y los instrumentos, que era su función”.

Gratton comenta también que Armstrong “no era una persona que se sintiera cómoda en el centro de la escena. Hay personas que tal vez hubieran expresado una mayor intensidad en el momento, pero cuando él relata que ha alunizado, lo cuenta como si acabara de estacionar el auto en la vereda de su casa”, recuerda el especialista.

Consultado por las teorías conspirativas que giran en torno a si verdaderamente hubo alunizaje, Gratton es contundente. “No tengo ninguna duda que fue real. Los argumentos que intentan ponerlo en duda pueden ser pintorescos, ingeniosos y hasta algunas preguntas pueden ser válidas, pero la prueba fundamental de que fue real es que el bloque soviético nunca lo negó. Incluso hubo científicos rusos que felicitaron a sus pares estadounidenses por el logro”.

Respecto a los principales mitos que rondan a la llegada a la Luna, Gratton dice que la bandera no flamea, sino que tenía un poste con un alambre horizontal, del cual cuelga el estandarte. Y, en relación a la falta de estrellas en las imágenes, explica que la falta de atmósfera en el satélite terrestre hace que el suelo lunar sea mucho más reflectivo. “Los rayos del Sol tienen un efecto mucho más fuerte del que tenemos acá en la Tierra, lo que mata la tenue luz de las estrellas”.

En lo estrictamente científico, recuerda el investigador, los 10 kilos de piedra que trajeron los tripulantes del Apolo XI –material de enorme valor para la comunidad científica- se vieron opacados por los cientos de kilos que se fueron trayendo en las misiones posteriores. “Gracias al estudio de ese material se pudo estudiar la composición de la Luna o develar si había actividad volcánica o no. Los siguientes viajes de otros Apolo tuvieron carácter más científico, pero los programas se terminaron cortando porque eran extremadamente caros”, concluye Gratton.


*Livio Gratton es miembro de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) desde el 2011. Fue responsable de Propulsión para el Desarrollo  del lanzador “Tronador II”. Es Director del Instituto de Altos Estudios Espaciales “Mario Gulich” y Responsable de la Unidad de Formación Superior de CONAE, donde dirigió la creación de tres nuevas Maestrías en temática espacial.
Publicado en ADN Río Negro", 20 de Julio de 2019.

El viaje que cambió la historia.

El viaje que cambió la historia

Por Norman Mailer.
Sí, la Luna estaba ante ellos, tan visible, por fin, como la tierra del horizonte en las noches de media luz interminable de un verano norteño, el satélite de la Tierra, cuerpo sumamente misterioso, único en el sistema solar, una Luna cuyas propiedades y dimensiones resistían todas las categorías de clasificación entre planeta y satélite, esa Luna cuyos orígenes seguían siendo un misterio, cuyas facciones lunares fueron formadas..., nadie podía demostrar con certidumbre cómo habían sido formadas; bajo ellos, la Luna yacía desnuda en su multiplicidad de diseño. Ya fuera prueba muerta de las fuerzas que actúan en los cielos, o alguna cosa no del todo muerta todavía, lo cierto es que allá, bajo ellos, giraba algún mundo oscurecido de azul y gris plateado, con color sutil en sus bordes y cráteres luminosos a la vista. Era un espectáculo sumamente extraño, extraño como una presencia sobrenatural, extraño como una costa extraña y desierta que surgiese a través de un sueño de cielo y cristalina superficie de aguas. ¿Cómo remar? ¿Cómo respirar? La costa azul y desierta se aproximaba a través del espacio impalpable, catedrales de luz se inclinaban en torno al borde de su curva.
¡Qué tierra se ofrecía ahora a sus investigaciones! Si estaba muerta, era una mente con dimensiones. Era un cuerpo celestial que mostraba todos los indicios de haber perecido en alguna angustia del cosmos, alguna angustia de apocalipsis, un rostro tan cruelmente puntuado como un acné habría dejado a un hombre cuya piel hubiese muerto permaneciendo vivo el corazón. ¡Qué superficie de lavas y cortezas, de granos en la popa y capullos en angustia congelada! ¡Qué escala de extinciones! ¡Qué misterio de líneas y radios y hendeduras que iban de los bordes de un cráter quemado a otro! La Luna era como una vieja máquina de calcular enloquecida y anticuada, con una maraña de alambres todos quemados, un mudo campo de batalla de golpes y heridas y contusiones e impactos de todos los cuerpos voladores o viajeros, o partículas o radiaciones del sistema solar y de más allá incluso. La Luna hablaba de agujeros, torturas, cicatrices, quemaduras y fusiones de magma hirviente.
Embestida, destripada, descuartizada, retorcida, golpeada, una tierra de desiertos en forma de círculos de 80 y hasta 130 kilómetros a través, una tierra de anillos montañosos, algunos más altos que el Himalaya, una tierra de recovecos huecos y cráteres interminables, cráteres dentro de cráteres, que, a su vez, residían dentro de otros cráteres que vivían en el borde montañoso de cráteres enormes, cráteres minúsculos y cráteres de 1,5 kilómetros de profundidad, cráteres tan grandes que el Gran Cañón del Colorado cabría en ellos, como un cráter dentro de un cráter: hay un cráter conocido por el nombre de Newton que tiene 140 kilómetros de anchura y casi 10.000 metros de profundidad; su borde se levanta hasta 4000 metros sobre todas las montañas circundantes, y hay cadenas de montañas tan altas y vastas que se llaman los Alpes y los Apeninos, o el Cáucaso y los Cárpatos. Había también hendeduras, rotondas aplanadas, cráteres fantasma sobre la llanura, cuya existencia se distinguía solamente por un anillo de colores más claros, como si la Luna, en vista de que todas las otras muertes están a su disposición, fuera también una placa fotográfica de explosiones, impactos y holocaustos llegados a ella de otros sitios. Se veían huecos excavados en el suelo lunar, y granos y resquicios y espumas de arrugas sobre las llanuras, cúpulas y conos huecos, montículos de cimas blancas o negras, terrazas amuralladas y cataratas de roca al azar, escupitajos de 150 kilómetros de roquedo, tacitas de huevos pasados por agua, mesas de montaña y rebordes, huecos de barro seco, guaridas de almejas, puntas, aperturas, astillas de malformaciones, cadenas de cráteres, largos y misteriosos tajos, largos como carreteras interminables desde un vasto cráter hasta el siguiente, cráteres oscuros y cráteres relucientes, cráteres relucientes como la fosforescencia en un mar iluminado por la Luna, y largas e inexplicables y misteriosas redes de radios: no se me ocurre mejor palabra o manera de comprender por qué esas líneas volaban a lo largo y ancho de la superficie, miles de líneas que salían de ciertos cráteres, líneas rectas y líneas oscilantes, líneas que se detenían de pronto y líneas que parecían saltar de pico a pico como un lápiz que pasa a lo ancho de una tabla sin cepillar, líneas que continuaban en forma de cien arañazos levísimos, y líneas anchas, anchas como pinceladas asestadas a través de los bordes de un viejo lienzo al óleo; luego, líneas que se entretejían saliendo y entrando por los valles; esas líneas, esos radios de cientos de kilómetros de longitud, hasta de miles de kilómetros de longitud, carecían de dimensiones verticales; no eran, en realidad, ni muescas ni hendeduras; poseían, simplemente, cierta propiedad especial sobre el suelo de la Luna, reflejaban la luz de manera distinta, como si fuera una especie diferente de suciedad y polvo lunares, una capa superior de polvo de alguna especie de mente u orden que hubiera visitado a la Luna después de desaparecer la mente primigenia de la Luna, alguna especie de jeroglífico para registrar la historia de la relación entre la Luna y la Tierra; sí, estudiar la Luna era suficiente para inducir en uno un curioso pensamiento, porque la Luna era un fenómeno, la Luna era una voz que no hablaba, una historia cuya extensión, completamente revelada, era, así y todo, incapaz de dar respuestas: toda propiedad de la Luna resultaba una prueba contraria a ideas anteriores sobre su propiedad. Sí, la Luna era un centrífugo del sueño, acelerando toda idea nueva hasta la incandescencia misma. Hay que contener el aliento cuando se mira la Luna. (...)
Todo el mundo se preparó para presenciar el gran final de la semana más grande desde el nacimiento de Jesucristo. (...) La nave espacial, tras haber dado la vuelta a la Luna e ido de nuevo en torno a su parte posterior, comenzaría el frenazo inicial para el descenso, quedando entonces interrumpidas las comunicaciones por radio. Una hora más tarde comenzaría a su vez la combustión final para el descenso final. Aquarius, carente de radar o giróscopo personal, carente incluso de refinamientos olfativos en su pobre nariz periodística, deambulaba por el centro de prensa, volvía a Dun Cove a ver la televisión, porque en el cuarto de la prensa no había televisión en color, y luego, aburrido de escuchar a los locutores y, finalmente, incapaz de presenciar el acontecimiento solo, volvió al salón de cine y se sentó allí, en compañía de un centenar de periodistas, a pasar la última media hora.
A través de la electricidad estática de los altavoces llegaban frases sueltas. "El águila está estupendamente, todo va bien", llegó a sus oídos, junto con datos sobre la altitud. "¡Todo listo para el aterrizaje, fin!". "De acuerdo, listo para el aterrizaje, 900 metros". "Estamos listos, todo a punto, listos, 600 metros". Así iban saliendo las palabras de los altavoces. A cosa de 384.000 kilómetros de distancia, después de 10 años de preparativos y entrenamientos, mil experimentos y un millón de piezas, 25.000 millones de dólares y un maremágnum de maquinaria, se preparaban para entrar por el embudo de un acontecimiento histórico cuya importancia podría llegar a igualar a la de la muerte, y los periodistas que interpretarían esta información para los lectores del mundo entero estaban ahora agitándose en cortés, aunque creciente, atención, entre las serenas y crípticas voces tecnológicas que llegaban zumbando de la televisión. ¿Es así también la experiencia de estar a punto de nacer? ¿Esperaba uno en una estancia moderna, entre extraños, mientras se iban anunciando números?: "Alma número 77-48-16, lista, pase a la zona CX, será concebida a las 16.04 horas".
Y así las cosas se oyó la voz. Y la Luna estaba cada vez más cerca. (...)
-Luces encendidas, dos y medio, abajo, adelante, adelante, bien, 12 metros, 0,70 metros, abajo, recogemos un poco de polvo, 9 metros, 0,70 metros, abajo, leve sombra, 1,20 metros adelante, 1,20 metros adelante, desviación ligera a la derecha, 1,80 metros..., abajo.
Otra voz dijo:
-Treinta segundos.
¿Serían treinta segundos de combustible? Una leve agitación expectante se cernía sobre el auditorio.
-Desviación hacia la derecha. Luz de contacto. Vale -dijo la voz, tan serena como antes-, para el motor. Los mandos ahora automáticos, el control del motor de descenso desconectado. El brazo del motor desconectado. 413 en funcionamiento.
Se oyó un grito medio de júbilo, medio de confusión. ¿Habían alunizado?
Habló el Centro de Comunicaciones:
-Aguila, oímos que estás abajo.
Pero era una pregunta.
-Houston, aquí la base de la Tranquilidad. El águila ha aterrizado.
Era la voz de Armstrong, la voz serena del muchacho más estupendo del pueblo, el que lo saca a uno del mar cuando se está ahogando y se aleja corriendo antes de que pueda uno ofrecerle una recompensa. El águila ha aterrizado: lo oyó la prensa. Todos prorrumpieron en aplausos. Era ese tipo de aplausos que se solían oír en los cines abarrotados de gente de los años treinta, cuando la película llegaba al final y se oía al médico decirle a la estrella que sobreviviría a la operación. Entonces se inició un pequeño caos: algunos de los periodistas salieron corriendo del cuarto. ¿Tratarían de hacer creer que tenían que telefonear a la redacción? Otros se hablaban casi incoherentemente, y otros seguían escuchando el altavoz, que continuaba al servicio de la tecnología. (...)
Aquarius descubrió que se sentía feliz. Había ya un hombre en la Luna. Había dos hombres en la Luna. Era una sensación nueva, absolutamente carente de foco por lo que a él se refería. Aunque sentía como un leve endurecimiento en la superficie de esta sensación, como una costra de piel emocional que se formaba como consecuencia de su deseo de admirar a unos héroes a quienes no acababa de encontrar admirables del todo, sabía, a pesar de todo, que esta experiencia lo había dislocado tan profundamente como cuando oyó, en la sala de espera de padres del hospital, que su primer hijo había nacido. "¡Qué cosas!", había dicho entonces; ¡qué dato nuevo!, verdadero como la presencia de lo inmanente y, sin embargo, sin localizar en absoluto, todavía no, todavía sin localizar en la cómoda residencia de los datos verdaderos y reales de la vida del cerebro. (...)
Según el programa, aquella noche, bastante después de las doce, iba a comenzar el paseo lunar, por lo que mucha gente se había puesto de acuerdo para ver la cosa juntos. Pero los astronautas, lo que no es de extrañar, no estaban de humor para dormir; por eso la hora del paseo lunar fue cambiada y se convino que sería a las ocho de la tarde. A pesar de todo, esta vez los astronautas llegaron con retraso.
Esperando en el salón de cine, los periodistas se encontraban en un curioso estado de celebración mezclada de irritación. Era difícil, realmente, no sentirse víctimas de una tomadura de pelo. Ellos eran periodistas, no críticos de cine, y esta noche iban a tomar notas sobre acontecimientos que transcurrirían en una pantalla cinematográfica. Claro es que por fin tendrían ante los ojos el gran final de días de un trabajo periodístico sumamente difícil, pero en cierto modo era como si el sistema nervioso de uno hubiera sido confiscado y la última sacudida de un ataque de nervios fuera a tener lugar en una alcoba ajena.
No es fácil comprender la psicología del periodista: van corriendo de un lado para otro como sabandijas; Dios tiene confianza en ellos. A lo largo de los años van formándose una extraordinaria capacidad para localizar el lugar donde ocurrirá la próxima victoria. Si alguien da una conferencia de prensa y al final de ella no se ve rodeado de reporteros, no tiene por qué preguntarse cómo van sus cosas, porque los reporteros se lo han dado ya a entender. Por esta razón, los periodistas tienen fama de ser ellos quienes encauzan el rumbo de las cosas, y es que realmente son las únicas antenas en la concatenación de los sucesos, los tentáculos que nos indican el ritmo de la historia según va discurriendo. A pesar de todo, no hay realidad psicológica como la idea que cada uno tiene de sí mismo. Incluso cuando un escritor ha perdido lo mejor de su talento, dando, año tras año, datos que han perdido ya sus matices, es decir, escribiendo artículos de periódico, así y todo sigue teniendo una idea de sí mismo: que su atención personal puede ser vital para informar correctamente sobre un suceso determinado. Ahora bien, metamos a 500 periodistas en un cuarto para que informen sobre la fase final de un acontecimiento "cuya importancia es equivalente a la del momento de la evolución en que la vida acuática emergió a tierra", y pongamos ante ellos una pantalla cinematográfica y una transmisión televisada en la mencionada pantalla, que no solamente es el primer intento de comunicación desde un satélite situado a más de 300.000 kilómetros de distancia, sino que también, y de esto pueden estar ustedes seguros, está completamente desenfocada. Los periodistas se ponen gafas para no perderse la letra pequeña, pero una pantalla desenfocada añade una herida nueva a la llaga de la herida anterior. Algo en ellos se volvió del revés: observando la Luna en la pantalla eran como universitarios un viernes por la noche en el cine de la ciudad: no se podía predecir de qué se reirán la próxima vez, pero su sentido de lo absurdo era rápido y violento. (...)
De pronto se oyó la voz de Armstrong:
-Okay, Houston, ya estoy en el pórtico.
El auditorio prorrumpió en aplausos. Había también burla, como si la caballería hubiese llegado, al galope, a lo largo del hondón lunar.
Pasaron unos pocos minutos. La impaciencia se cernía en el aire. Luego se oyó un sonoro vítor al aparecer una escena en la pantalla. Era una escena cabeza abajo, cegadora por el contraste e incomprensiblemente el mismo caleidoscopio de luz y sombra que ven los niños en el primer momento, justo antes de que les llegue a los ojos el nitrato de plata. Luego se vieron reajustes y movimientos en la imagen, una enorme nube negra que acabó concretándose en la forma de Armstrong bajando por la escala, una confusión de objetos, una vaga e informe visión de un troglodita con una tremenda giba en la espalda, y voces, Armstrong, Aldrin y el Centro de Comunicaciones, dando detalles de la bajada por la escala. Armstrong apareció en tierra. Nadie le oyó bien del todo decir:
-Este es un pequeño paso para un hombre, pero una zancada gigantesca para la humanidad.
Ni tampoco le vio nadie dar el paso en cuestión. La imagen televisada que apareció en la pantalla era bella, pero seguía siendo tan maravillosamente abstracta como las ramas de un árbol o como un cuadro de Franz Kline a base de vigas negras contra un fondo blanco. A pesar de todo, se oyeron vítores y como una oleada de extraordinaria percepción y conciencia. Era como si el auditorio sintiera una compenetración inesperada con lo sepulcral, como si un horrible estuviera descendiendo, paso a paso, latido de corazón a decreciente latido de corazón, hacia el reino del mismo rey de la muerte, y estuviera informando, poco a poco, de lo que sus sentidos le revelaban. Había desaparecido el ambiente de irritación, y Armstrong ahora estaba describiendo la sustancia fina y como polvo que cubría la superficie:
-Veo las huellas de mis botas y los pasos en las partículas finas como arena.
Durante estos primeros minutos, cada revelación iba a ser un milagro. Habría sido más extraordinario oír que la Luna no acusaba los pasos en forma de huella en su fino polvo, o que el polvo era fosforescente, pero también era milagroso que la reacción del polvo lunar fuese igual a la del polvo terráqueo. Ya había, pues, respuesta a una pregunta. Si la respuesta era corriente, por lo menos era una pregunta menos que quedaba en los espacios solitarios de la mente humana. Aquarius tuvo un momento de atisbo en el espacio exterior, creciente como el charco más y más grande de una pregunta sin respuesta. ¿Era ése el poder que acechaba detrás de la fuerza que en este siglo había dado la victoria a la tecnología? ¿Que la tecnología, por lo menos, era una fuerza que intentaba obtener respuestas a preguntas que pasaban por no tener respuesta posible?
La imagen se volvía más y más descifrable. Alejándose de la escala con un paso vacilante y como saltarín, no muy distinto de los primeros inciertos pasos de una ternera recién nacida, Armstrong llamó al Centro de Mandos:
-Se puede andar perfectamente.
Pero como si aquélla fuera una libertad que no convenía permitirse con los sentimientos de la Luna, volvió a saltitos a la escala.
Las actividades proseguían. Había que tomar fotografías, describir el aspecto de las rocas, el carácter de la luz solar. Una de las primeras tareas de Armstrong era coger un espécimen de roca y metérselo en el bolsillo. Así, si ocurría algo imprevisto, si emergía de un cráter el yak inmencionable o el abominable hombre de las nieves, si el suelo comenzaba a temblar, si, por la razón que fuese, tenían que regresar a la sección y despegar súbitamente, por lo menos volverían a la Tierra con un pedazo de roca, y menos es nada. Esta primera muestra de piedra y polvo lunares recibió el nombre de "muestra de emergencias" y era una de las primeras tareas de Armstrong, pero éste parecía haberla olvidado. El Centro de Comunicaciones se la recordó sutilmente, lo que también hizo Aldrin. Se volvió a oír la voz del Centro de Comunicaciones:
-Neil, aquí Houston, ¿te precaviste con la muestra de emergencia?
-Okay -dijo Armstrong-, voy a hacerlo en cuanto termine esta serie de fotografías.
Aldrin probablemente no había oído.
-Bueno -llamó-, ¿vas a recoger la muestra de emergencia ahora, Neil?
-De acuerdo -cortó Armstrong.
Su irritabilidad era tan evidente que el auditorio rompió a reír.
(...) Risotadas entre el auditorio. Cuando se izó la bandera norteamericana en la Luna, los periodistas aplaudieron. El aplauso continuó, se hizo más fuerte; pronto se pondrían todos en pie para tributar a la imagen de la bandera una ovación en toda regla. Era, quizá, una manera de pedir perdón por las risas anteriores y por la risa que todos sabían no tardaría en resonar de nuevo, pero la experiencia, así y todo, era importante. Una sociedad reductiva estaba contemplando lo irreducible. Pero lo irreducible estaba siendo presentado de manera técnicamente imperfecta. Y de eso sí que podían reírse. Y se volvieron a reír una y otra vez. Hubo momentos en que Armstrong y Aldrin podrían haber sido ni más ni menos que Stan Laurel y Oliver Hardy vestidos de astronautas. (...)
Bueno, pues ya estaba izada la bandera. Habló el Centro de Comunicaciones pidiendo a los astronautas que se pusieran firmes ante la cámara y anunciando a continuación que el presidente de Estados Unidos quería decir unas palabras.
Armstrong: -Eso sería un honor para nosotros.
Director del Centro de Operaciones: -Adelante, señor presidente. Aquí Houston, empiece. (...)
El presidente Nixon: -Neil y Buzz, estoy hablándoos por teléfono desde la Sala Oval de la Casa Blanca. Y esta llamada es, ciertamente, la más histórica que se ha hecho jamás.
Risotadas entre el auditorio. ¡La llamada telefónica más cara que se había hecho jamás! Estentóreos aplausos.
El presidente Nixon: -No encuentro palabras para expresar lo orgullosos que nos sentimos todos de vosotros. Para todos los norteamericanos, éste tiene que ser el día más grande de su vida. Y para la gente del mundo entero, porque estoy convencido de que también ellos se unen a los norteamericanos ante una proeza tan grande. Y es que por lo que habéis realizado los cielos han pasado a formar parte del mundo humano. Y al hablarnos vosotros ahora desde el Mar de la Tranquilidad nos dais inspiración para redoblar nuestros esfuerzos por traer la paz y la tranquilidad a la Tierra. Durante un momento inapreciable de la historia del hombre, todos los habitantes de este mundo son verdaderamente un solo pueblo. Están unidos por el orgullo que les da lo que habéis hecho. Y están unidos en el deseo de que volváis sanos y salvos a la Tierra. (...)
-Gracias, señor presidente -respondió Armstrong con voz no del todo impávida.
¡Qué momento para Richard Nixon si las primeras lágrimas jamás vertidas en la Luna fuesen consecuencia de sus palabras!
-Es un gran honor y un gran privilegio -prosiguió Armstrong- ser representantes no sólo de Estados Unidos, sino también de los amantes de la paz del mundo entero.
Cuando hubo terminado saludó.