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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

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"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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domingo, febrero 22, 2026

FATE, la caída de un símbolo de soberanía tecnológica.

 


FATE, la caída de una empresa que fue símbolo de soberanía tecnológica.

Construyó calculadoras de vanguardia, que se exportaban, desarrolladas por investigadores expulsados por la dictadura. Su cierre simboliza los embates recurrentes contra la idea de que un país periférico puede desarrollar tecnología soberana.

Por Nora Bär.

En estos días las quiebras de empresas se suceden a ritmo de vértigo. Suman decenas de miles en los últimos dos años; según Fundar, exactamente 21.938. Pero aunque todos son lamentables, algunos representan más que meras noticias económicas. El cierre de FATE (Fábrica Argentina de Telas Engomadas, luego convertida en productora de neumáticos y pionera de la electrónica nacional) es el epílogo de una larga historia y un símbolo de los embates contra un proyecto de país. 

Para entender por qué su desaparición es trascendente, y no solo para sus casi mil trabajadores que quedan en la calle, hay que remontarse a hace más de ocho décadas. A un vendedor ambulante de impermeables en el barrio del Once. A la Segunda Guerra Mundial. A la “noche de los bastones largos”. A una calculadora que sacó del mercado argentino a Olivetti. Y a un ingeniero, entre varios otros, que todavía recuerda aquellos años como la aventura más importante de su vida.

Su fundador, Leiser Madanes, llegó a la Argentina desde Polonia en 1912 como tantos otros a “hacer la América”. Después de trabajar durante años como vendedor ambulante, pudo instalar un negocio en el corazón del Once: la Casa Madanes, cuyo producto estrella eran los “capotines”, impermeables de hule para la lluvia. Pronto comenzó a diversificarse hacia otros derivados del caucho, hasta que llegó la Segunda Guerra Mundial y el caucho se convirtió en un material estratégico que empezó a escasear. Comenzó a procesarlo industrialmente, y en 1940 funda FATE Neumáticos. La primera planta, en el barrio porteño de Saavedra, tenía apenas 1.000 metros cuadrados. "Un detalle importante para percibir esta capacidad del desarrollo tecnológico que anida en el grupo FATE, es que para emprender esta empresa de tiras engomadas, sus hijos se asocian con el ingeniero Horn, que era quien realmente tenía el conocimiento técnico y tecnológico para fabricar las tiras engomad –subraya Bruno de Alto, autor de un libro sobre esta historia–. Cuando se percibe ya, durante la Segunda Guerra Mundial, un problema de provisión de importaciones, los hermanos Manuel y Adolfo Madanes, hijos de Leiser, piensan en el negocio de los neumáticos. Otro punto vital para el crecimiento tecnológico de la empresa fue cuando en 1956 se asocian con la empresa norteamericana General Tire, que no estaba en la Argentina, y hay un proceso de transferencia tecnológica. Esto lo señalo porque es una conducta que se va a ir instalando y creciendo en el grupo en cuanto a cómo crecer a través del conocimiento tecnológico".

“Cuando ellos se iniciaron, no había neumáticos nacionales –cuenta Bruno Massare, editor de la agencia de noticias científicas y tecnológicas TSS de la Universidad Nacional de San Martín, docente e investigador en ciencias sociales, cuya tesis doctoral se centra en FATE Electrónica–. Ellos literalmente crearon una industria, algo muy valioso. Y crecieron a pulmón. Desarrollaron el primer neumático radial del país y en los años setenta, una calculadora de primer nivel; al punto que llegaron a exportarla a Inglaterra, México y Brasil. Fueron, claramente, líderes en América Latina. Y pudieron hacerlo porque era una empresa que apostaba a la investigación en un momento en que eran pocas, muy pocas las compañías que hacían desarrollo de tecnología”. 

El gran salto vino al terminar la guerra, cuando Estados Unidos modernizó su aparato productivo y liberó equipamiento industrial para la exportación. Los Madanes negociaron con empresas norteamericanas, firmaron un convenio de transferencia de tecnología y en 1960 comenzaron la construcción de una nueva planta en San Fernando, en un predio de 65 hectáreas con 47.000 metros cuadrados cubiertos y maquinarias que representaban la más avanzada tecnología disponible. En 1969, fabricaron el primer neumático radial "made in Argentina”, que permitió sortear la escasez del mercado internacional, una revolución tecnológica impulsada por las terminales automotrices. Para ese momento, la planta ya empleaba a 800 personas.

Ese emprendimiento fue fruto de una serie de acontecimientos paradójicos. El 29 de julio de 1966, tres semanas después del golpe de Estado de Juan Carlos Onganía, la policía entró con bastones a las facultades de Ciencias Exactas, Arquitectura, Medicina e Ingeniería de la UBA, y golpeó a estudiantes y docentes que se resistían a la intervención. Muchos investigadores renunciaron o fueron expulsados. Otros emigraron. Manuel Madanes —hijo de Leiser y por entonces a cargo de la empresa— había sido compañero de escuela y era muy amigo de Manuel Sadosky, el matemático que sería luego conocido como el padre de la computación argentina (organizó el Instituto de Cálculo de la UBA y trajo al país la primera computadora en una universidad, Clementina). Tras la “noche de los bastones largos”, Madanes le enviaba dinero para sostener a algunos de los profesionales que habían sido desplazados de la universidad. Según explica Elio Díaz, que fue desde operario hasta gerente y estudioso del caso FATE y coautor del libro Una Experiencia de Desarrollo Independiente de la Industria Electrónica Argentina de Tecnología de Punta, Fate División Electrónica 1969-1976, fue el propio Sadosky quien un día le propuso un cambio de lógica: en lugar de darle dinero, ¿por qué no tomaba directamente a esa gente para trabajar en el desarrollo industrial de la empresa?

Así, Madanes incorporó a investigadores del Instituto de Cálculo, estadísticos, matemáticos, físicos de Exactas. Entre ellos, estaba el astrofísico Carlos Varsavsky, docente e investigador que terminó convirtiéndose en asesor de investigación. Un poco por la visión de estos pioneros y otro por la tragedia de la represión, FATE se convirtió en algo sin precedente en la historia industrial argentina: un ámbito en el que científicos trabajaban en el desarrollo de tecnología de punta.

"En ese tiempo eran muy pocas las compañías que hacían desarrollo de tecnología –destaca Massare–. La Argentina ya entonces tenía recursos humanos muy buenos para investigación, en química, en matemática, en lo que era la incipiente computación. Esa gente, que tenía cargos de investigación en la universidad, termina recalando en FATE”.

La calculadora que doblegó a Olivetti.

El ingeniero Roberto Zubieta, que dirigía un laboratorio de semiconductores en la Facultad de Ingeniería de la UBA, articuló el equipo que haría historia. A través de Carlos Varsavsky, la gente de FATE lo contactó con la idea de que la empresa pudiera realizar algo desarrollado por técnicos e ingenieros argentinos. Zubieta convocó a Pedro Joselevich, ingeniero en telecomunicaciones especializado en electrónica, que por esas cosas de la vida había ingresado al mundo de los sistemas digitales gracias a una beca en Philips. También se sumó Alberto Bilotti, nacido en Bahía Blanca y graduado en la Universidad Nacional de La Plata, a quien Joselevich (hoy de 89 años) describe como "un ingenierazo".

El objetivo era audaz: diseñar y fabricar en el país una calculadora electrónica de punta, usando lo más avanzado de la tecnología disponible. En ese momento, eso significaba la "lógica TTL, transistor-transistor", que era la vanguardia de los circuitos integrados.

"Fue una aventura tecnológica que recuerdo como la más importante de mi vida", cuenta ahora Joselevich, emocionado.  El proceso resultó largo y artesanal: primero diseñaron todo en papel, después construyeron un prototipo cableando manualmente los pines [terminales metálicas conductoras que permiten la conexión eléctrica entre el chip interno y componentes externos] de los circuitos integrados. Cada defecto se corregía, cada componente se ajustaba. “No tenían impresora, así que un colega que había partido a Palo Alto, en Silicon Valley, actuó como embajador técnico y consiguió una de la firma Seiko”, detalla Joselevich, que diseñó la interfaz que permitía que la calculadora la comandara.

El diseño físico de la caja fue otra batalla: se involucraron dos arquitectos expertos en diseño industrial, Silvio Grichener –que había trabajado en Philips de Brasil– y Arturo Montagú. Hubo grandes discusiones, porque hacerla de plástico, en pequeña escala,  resultaba muy costoso. Al final, la caja fue de aluminio. El teclado, al principio importado, luego se integró localmente. El diseño de los circuitos impresos, 154 elementos que había que ensamblar e interconectar, se realizó en Estados Unidos con métodos que Joselevich califica como muy laboriosos.

“La primera calculadora así construida fue bautizada Cifra 311. Tenía 150 circuitos integrados de tercera generación. Y era tan buena que puso en tela de juicio la existencia de Olivetti en el mercado argentino: la superaba tecnológicamente”, afirma Díaz. Así, FATE Electrónica, como fue llamada la división creada para este proyecto, fue creciendo, lanzando nuevas series. Una calculadora científica pequeña, otra en plástico fabricada en grandes cantidades, máquinas de contabilidad, circuitos impresos de doble faz, minicomputadoras. Llegaron incluso a desarrollar el prototipo funcional de una computadora completa.

Esta área de investigación llegó a tener 80 personas. “Para hacerse una idea –subraya Massare–,  en 1976, toda la industria manufacturera argentina contaba con apenas 245 científicos e ingenieros. Un tercio de ellos trabajaban en FATE”.

En 1975, FATE Electrónica —sin contar Aluar ni la división de neumáticos— tenía 860 empleados. Era una empresa enorme desde cualquier punto de vista, pero especialmente si se la mide en el contexto de la industria tecnológica latinoamericana de la época.

“Todo esto se hizo en un entorno político-económico en que el Estado nos ayudaba, permitiéndonos importar los componentes necesarios que no se fabricaban en el país con aranceles muy bajos, pero con el compromiso de FATE Electrónica de integrar cada vez más –recuerda Díaz–. Se hicieron varias series de calculadoras diferentes. Una científica chiquita, una ya con una matriz para plástico, porque las cantidades eran mayores, con una impresora nueva, mucho más pequeña. Después, se empezaron a fabricar circuitos impresos con una técnica muy avanzada. Eso fue un desarrollo tecnológico importante, porque no es nada simple de hacer. También máquinas de contabilidad”.

"La División Electrónica fue una apuesta fuerte y atrevida: encaró la producción escalonada de calculadoras de escritorio y de mano, sistemas contables y finalmente, una computadora argentina. Con el golpe de 1976 todo terminó. Dos arietes derribaron este proyecto de autonomía tecnológica: el fin de las protecciones y medidas de apoyo del Estado que recibió la empresa; y la apertura económica impulsada por el neoliberalismo del Ministro de Economía de la dictadura, José Alfredo Martínez de Hoz, permitiendo la invasión de calculadoras y computadoras extranjeras que sí tenían apoyo de sus respectivos Estados. Todo agravado con un creciente clima de represión, persecución política y exilio para sus protagonistas", escribe Bruno Pedro de Alto en Visión País.

Durante unos años, fue una alianza entre empresa privada y política pública, algo paradójico, porque ocurrió durante un gobierno que había destruido la universidad. Como señala Díaz, el mismo golpe de Estado que expulsó a los científicos de las aulas, en un rasgo de nacionalismo, permitió el desarrollo tecnológico de la industria. Pero el mismo mecanismo que habilitó el crecimiento fue también el instrumento de su destrucción. En 1976, con el golpe de Estado encabezado por Jorge Rafael Videla y la llegada de José Alfredo Martínez de Hoz al Ministerio de Economía, un nuevo esquema arancelario estableció que importar los componentes electrónicos costaría más que importar el producto terminado. De un día para otro, resultaba más barato traer una calculadora completa desde Japón que fabricar una en Argentina. “Todo eso se canceló cuando vino el señor Martínez de Hoz, que impuso aranceles sobre los componentes mayores que los que se aplicaban al producto terminado y la producción japonesa hizo inviable la existencia de FATE Electrónica”, cuenta Díaz

"La producción japonesa hacía inviable la existencia de FATE Electrónica", recuerda Pedro Joselevich con una amargura que no se disipó con los años. Massare coincide en que la ventaja tecnológica que FATE había construido con tanto esfuerzo se perdió de manera abrupta en 1976. No por razones técnicas ni por limitaciones del talento local, sino por un cambio en la idea de país. FATE Electrónica desapareció y el prototipo de computadora que había desarrollado, que podría haber marcado una época, quedó abortado.

Antes de que la electrónica colapsara, FATE había dado otro paso en su diversificación. A partir del asesoramiento de investigadores de Exactas, la empresa había explorado la posibilidad de producir aluminio a partir de tierras de Misiones. Era una ilusión técnicamente costosa. Pero la Fuerza Aérea tenía un proyecto propio de producción de aluminio y Manuel Madanes decidió asociarse. De esa alianza improbable nació Aluar, la única empresa productora de aluminio primario de la Argentina y una de las más importantes de Sudamérica. Con el tiempo, ese terminó siendo el principal negocio del grupo. 

“Podríamos decir que FATE tiene tres historias: sus inicios como fábrica argentina de telas engomadas, la producción de neumáticos, la electrónica, y la productora de aluminio”, resume Díaz. En 2015, FATE fabricaba anualmente más de 15 millones de neumáticos para automóviles, camionetas, camiones, ómnibus, tractores y maquinaria vial. Tras la muerte de Manuel Madanes, el liderazgo de la empresa pasó por una serie de conflictos sucesorios hasta recaer en Javier, nieto de Leiser, que Elio Díaz describe como un hábil empresario, pero sin el espíritu de su abuelo. 

Más allá de los responsables individuales, el cierre de FATE tiene una dimensión que trasciende lo empresarial. Pedro Joselevich lo siente como un duelo. “Un país sin desarrollo industrial es un país para menos gente –afirma Massare–. No se puede vivir solamente de servicios o del agro. Sin industria se pierden capacidades como país, soberanía”. 

FATE es, en este sentido, una demostración empírica de ese principio. La empresa pudo hacer calculadoras porque ya tenía un laboratorio y una cultura de investigación forjados en la producción de neumáticos. Pudo hacer Aluar porque tenía el músculo institucional y el capital humano acumulado en tres décadas de industria y la capacidad de desarrollo tecnológico que había logrado en otra área.

La pregunta que plantea su desaparición no es solo qué perdemos, sino qué queremos ser. Sin políticas que permitan aprovechar el conocimiento y el talento de nuestros científicos, su traducción en industria, en exportaciones, en empleo calificado, en soberanía. Su cierre es el epílogo lamentable de una historia que llegó a mostrar que con políticas públicas adecuadas y talento científico es posible competir en la primera línea de la tecnología. 

*** Publicado en El Destape.

https://www.eldestapeweb.com/sociedad/ciencia/fate-la-caida-de-una-empresa-que-fue-simbolo-de-soberania-tecnologica-20262210651

martes, julio 04, 2023

Murió el humorista y caricaturista Tabaré Gómez creador de “Diógenes y El Linyera”.


Creador de los recordados “Diógenes y el Linyera”, una tira humorística que fue publicada ininterrumpidamente desde 1977, sin pausa, en la contratapa del diario Clarín de Buenos Aires con las colaboraciones de Jorge Guinzburg, Carlos Abrevaya y Héctor García Blanco.
Por aquellos años debajo de "Diógenes y el Linyera" estaba el popular Clemente de Caloi.

“¿Qué lindo que es ser joven, Diógenes! Tener ganas y fuerza para hacer cosas nuevas…Por eso extraño la polenta que tenía yo para pedir limosna…”, compartía el linyera con su perro Diógenes. “Yo también extraño la polenta” contestaba el perro fiel y siempre con hambre.

También se destacó con otras historietas como “Vida interior”, “Eustaquio”, “Cacique Paja brava”, “Villadiego”, “Historias de no contar” y “Bicherío”.

Tabaré había nacido en 1948 en la Ciudad de La Paz, departamento de Canelones, en Uruguay. A partir de 1969 comenzó a publicar trabajos en medios argentinos. Sus comienzos fueron en Satiricón.

Se radicó definitivamente en la década del ´70 en nuestro país viviendo en sur del Gran Buenos Aires y se radicó sucesivamente en Banfield, Llavallol y finalmente en Turdera.

Falleció en las últimas horas de la porquería del cáncer de páncreas.


Imágenes varias de internet.
Por "lapsus bloguero", "mala pata" se vuelve a hacer... cosas que pasan...

Yapa.

Historieta de Propaganda Política de la Juventud Intransigente.

Realizada por Tabaré (Tabaré Gómez Laborde) para la campaña del PI, el Partido Intransigente en 1985 con Oscar Eduardo Alende como candidato a Diputado Nacional.

jueves, diciembre 08, 2022

Clemente Onelli verdadero visionario en la historia Patagónica.

 

Clemente Onelli verdadero visionario en la historia Patagónica.

Por Rodrigo Rosetani.

La historia de la Patagonia Argentina ha sido influenciada por muchos y diversos personajes italianos hasta el día de hoy, en diferentes aspectos y categorías. Son numerosas las historias en la que increíblemente siempre aparece un italiano o italiana en cada suceso que ah pasado en Río Negro, en este caso que es nuestra jurisdicción de redacción. En este caso estamos hablando de Clemente Onelli. En esta nota recorreremos un poco sobre la historia de este gran sabio italiano que realizo diversas actividades y descubrimientos en la Patagonia Argentina.

Clemente Onelli inteligencia y visión.

Clemente Onelli nació en Roma, Italia, el 22 de agosto de 1864. Era hijo de Vittorio Onelli, abogado romano. Siendo niño quedó huérfano y estudió hasta su mayoría de edad en el colegio papal de Roma, y posteriormente en la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad de Roma. Su educacion estuvo relacionada especialmente orientado a la paleontología y geología, recibiéndose de licenciado a la edad de jóvenes 23 años. Aprendió a leer y escribir, además del italiano natal, en latín, en griego y en francés. Todavía en Italia, tomaría clases de español, idioma que viviendo en la Argentina también dominaría, al igual que el mapuche y el tehuelche estas lenguas de pueblos originarios que predominaron en el territorio rioengrino. Finalmente tomó la decisión de emigrar a América del Sur.

Foto retrato de de Clemente Onelli.
Fuente: Revisionistas.


Onelli y su llegada a la Argentina.

En 1888 Clemente Onelli, con casi todo el patrimonio familiar empobrecido, decide emigrar a la Argentina siguiendo ese enorme flujo migratorio que, entre fines del siglo XIX y la primera década del 1900, trajo y albergo más de un millón y medio de italianos a las nacientes a esta nación sudamericana. Arribó a la Argentina en 1888. Contaba sólo con 24 años, luego de haber finalizado en Roma sus estudios en Ciencias Naturales. Al poco tiempo se contactó con el perito Francisco Moreno, por entonces director del Museo de La Plata, donde ingresó como ayudante. Aquí es donde a Clemente Onelli se le encomienda la misión de explorar la Patagonia para buscar fósiles.

Durante un año recorrió la región y estudió las lenguas aborígenes, que dominó antes del castellano. De regreso al Museo se dedicó al estudio de las piezas paleontológicas, arqueológicas y etnográficas que había recogido y publicó algunos tratados sobre sus viajes al lejano sur.


El pueblo de Clemente Onelli presenta un microclima Patagónico extremo en invierno.

Clemente Onelli el famoso “nahuelito” de Bariloche.

La leyenda del Nahuelito la trataremos pronto en este sitio. Posiblemente sea uno de los misterios famosos que hace ser conocida nuestra zona. Clemente Onelli fue la supuesta aparición en el lago Nahuel Huapi de un “monstruo” de grandes dimensiones. En 1922, Onelli decidió organizar una expedición que tuvo ribetes de espectacularidad y, como objetivo, constatar la veracidad de la insólita aparición del plesiosaurio.

Un pionero de la Patagonia.

Podemos decir que de tantas expediciones a la Patagonia Argentina y haber estudiado tanto a esta tierra inhóspita y natural podemos recordarlo como un pionero de la Patagonia y como un gran promotor de las bellezas naturales, la cultura y las riquezas que encierra el sur argentino. Clemente Onelli realizo un libro épico en el cual relata y describe esta misión lo cual a este libro lo nombró como “Trepando los andes”.

Poblado de Clemente Onelli.

Un pueblo llamado Clemente Onelli.

Clemente Onelli es un pueblo joven de la region línea sur de Río Negro. Su nombre es por el gran emigrante italiano Clemente Onelli. Hasta la década de 1990 gozó de la cría de ganado y su rol como parada obligada del tren que unía Buenos Aires con Bariloche llamado tren patagónico. Supo albergar casi 500 personas que soportaron los 25° bajo cero del invierno y se instalaron en este cañadón a más de aproximadamente 1140 metros. A partir de 1990, con el cierre de este ramal, la población se redujo a casi la mitad. Este pueblo se hizo viral por tener hasta el momento 0 personas contagiadas con COVID-19. Actualmente es un poblado en crecimiento lo cual ha llegado a estas tierras hace unos pocos años la conexión internet, tv y señal de teléfonos celulares. Volveremos a seguir investigando más curiosidades sobre personajes italianos en esta inhóspita region de la Patagonia.

PUBLICADO EN

https://rionegro.italiani.it/clemente-onelli-verdadero-visionario-en-la-historia-patagonica/

Imágenes:

https://rionegro.italiani.it/clemente-onelli-verdadero-visionario-en-la-historia-patagonica/

domingo, marzo 20, 2022

Clemente Onelli, el pueblo que se hizo famoso por una publicidad y nunca tuvo COVID.

 


Clemente Onelli, el pueblo que se hizo famoso por una publicidad y nunca tuvo COVID.

La localidad rionegrina logró evitar la llegada del coronavirus. En el paraje de la Línea Sur viven 42 familias.

El 20 de marzo de 2020, la provincia y el país estaban en cuarentena para intentar evitar contagios masivos de coronavirus. Comercios cerrados, salidas mínimas y calles desiertas cambiaron la imagen de casi todas las ciudades. Los positivos de COVID, tarde o temprano, llegaron casi a todas las comunidades de la provincia. Casi todas. A dos años de las llegada de la pandemia, hay un poblado rionegrino que no tuvo un solo caso: Clemente Onelli.

Símbolo de la distancia y la soledad de la Línea Sur por una vieja publicidad de Telefónica, Clemente Onelli no figuró en el parte sanitario de la provincia.

Las 42 familias del paraje cumplieron con los mismos cuidados que todos los rionegrinos, pero no sufrieron ningún caso. “La Policía cerró el único ingreso y no pasó nadie desde Jacobacci”, recordaron los vecinos.

Muchos pobladores aseguran que no llegaron a temer a la pandemia, porque solo les llegó “como noticias o consejos” de maestros o médicos.

Víctor Miguel, el comisionado de fomento de Clemente Onelli, explicó que durante la cuarentena se visitaba casa por casa a las familias para saber qué necesitaban y llevarlo hasta la puerta. “Nos entregaban una lista, como cuando le daban el papelito a los chicos para hacer compras”, contó.

El bloqueo policial no lo atravesaron ni los proveedores. Se acercaban los comerciantes hasta el límite de Onelli. Así, no llegó un solo caso.

PUBLICADO EN DIARIO "LA MAÑANA DE NEUQUÉN".

https://www.lmneuquen.com/clemente-onelli-el-pueblo-que-se-hizo-famoso-una-publicidad-y-nunca-tuvo-covid-n895519

viernes, septiembre 06, 2019

Muñoz no estaba solo. Por Gustavo Veiga.

José María Muñoz fue el propalador más visible de la dictadura aquel 7 de septiembre de 1979. No sería el único, aunque quedó más expuesto que José Gómez Fuentes, Julio Lagos y los editores de la revista Para Ti que idearon una entrevista falsa a la detenida-desaparecida Thelma Jara de Cabezas tres días después. El relator de América, como lo presentaba Radio Rivadavia en sus transmisiones, convocó a la población con fe de cruzado: “Vayamos todos a la Avenida de Mayo y demostrémosles a los señores de la Comisión de Derechos Humanos que la Argentina no tiene nada que ocultar”. Algo semejante hicieron sus colegas de la televisión y la radio. El seleccionado juvenil de fútbol había salido ese mismo viernes campeón mundial en Japón. Le ganó la final a la Unión Soviética 3 a 1. César Luis Menotti era su director técnico y Diego Maradona su principal figura. El fútbol, como tantas otras veces, como durante el Mundial ’78, “se lo comió todo”, escribiría León Gieco en su tema Memoria varios años después.
En la construcción de una subjetividad cómplice, Muñoz se destacaba entre la prensa adicta al régimen genocida. En aquellos días de la visita de la CIDH, jugó un papel clave mimetizado en el éxito deportivo de aquel gran equipo. Seis de sus jugadores habían pasado por la colimba ese año, aunque con evidentes ventajas por su condición de futbolistas notables: Barbas, Simón, Calderón, Escudero, el arquero García y el propio Maradona.
El 10 de septiembre y ya de regreso desde Japón, todos bajaron con caras de pibes sorprendidos de dos helicópteros militares que aterrizaron en la cancha de Atlanta, en el corazón de Villa Crespo. La CIDH estaba en plena recorrida por la Argentina. Se había reunido ese día con el ex presidente Arturo Frondizi. Clarín colocaba en su tapa ambos temas, aunque el futbolístico ocupaba la mayor parte de su portada.
El plantel fue llevado en caravana por la avenida Corrientes hasta la Casa Rosada. Videla lo recibió aprovechándose de la situación. Entre los jugadores también estaba Jorge Piaggio, del club Atlanta. Su tía Elida del Pozo hizo la cola ante las oficinas de la OEA en Avenida de Mayo 760. Había ido a denunciar la desaparición de su hijo, Guillermo Mezaglia. El defensor contó en el libro que acaba de publicarse, El fútbol del sol naciente, del periodista Guillermo Blanco, que la tarde del 7 a la mujer la molieron a palos. “El botón de Videla nos usó de ejemplo. Nos hizo cortar el pelo y hacer el servicio militar”, recordó Maradona en 2017 desde su cuenta de Instagram.
Muñoz monopolizaba audiencias en pleno clima represivo desde La Oral Deportiva, su tradicional programa de Radio Rivadavia. La suya no era una voz solitaria. El 7 de septiembre del ’79, el conductor televisivo Gómez Fuentes convocó a marchar desde canal 7. El periodista Lagos lo hizo en su programa Cada día de Radio Mitre. La CIDH no era bienvenida en el país por la junta militar, aunque se vio obligada a recibirla. Ese sector de la prensa se lo haría saber. En un par de semanas, la Comisión se las ingenió igual para recolectar 5580 denuncias sobre detenidos-desaparecidos. Familiares que llegaron a formar filas de cuatro cuadras de largo, contribuyeron a documentarlas. El Gordo Muñoz fracasó en su prédica que podía resumirse en aquel slogan amargo de “Los argentinos somos derechos y humanos”. Solía verse en calcomanías que se pegaban en las lunetas de los autos.
Cuando la CIDH finalizó su viaje a la Argentina el 20 de septiembre, difundió un comunicado en el que sostenía: “La Comisión estima que el problema de los desaparecidos es uno de los más graves que en el campo de los derechos humanos confronta la República Argentina”. Dejó una serie de recomendaciones. Sus juristas que tomaron las denuncias visitaron Buenos Aires, Córdoba, Tucumán y Rosario, varios centros clandestinos de detención --como una ESMA camuflada que había sido desmantelada días antes-- y se entrevistaron con militares, políticos, jueces y organismos de Derechos Humanos.
Muñoz cuestionó las investigaciones de la CIDH desde su púlpito radiofónico. Era más papista que el Papa. En 1958 había llegado a la dirección de Deportes de Rivadavia. Hasta su muerte en 1992, fue un personaje omnipresente. Pero comenzó a declinar cuando Víctor Hugo Morales cruzó el Río de la Plata desde Uruguay en 1981 para competir con él por la audiencia futbolera.
La adhesión del relator de América a la dictadura ya había quedado clara durante la Copa del Mundo en el ’78. “El mejor Mundial, organización extraordinaria, miles y miles de banderas, miles y miles de gargantas enronquecidas, 25 millones de argentinos que tienen un solo color, el celeste y blanco. El fútbol ha hecho el milagro del país, de este país maravilloso, que nos siguen atacando aquellos que no nos conocen”, dijo en una de sus tantas intervenciones radiales. Hace cuarenta años, aquel 7 de septiembre, se esforzó para que su producción consiguiera que se saludaran al aire Menotti y Videla. El técnico le deseó “éxito en su gestión” desde Japón. Pero antes de que pasara un año, en agosto de 1980, el Flaco firmaría una solicitada que los medios titularon “De Borges a Menotti” en la que se pedía “conocer la lista y los paraderos de los desaparecidos”.
Julio Grondona, quien ya presidía la AFA desde abril de 1979, recibió presiones del régimen para echarlo como entrenador de la selección mayor. Adujo una razón de peso para no hacerlo: era el DT que había conseguido el primer título mundial en el ‘78 y del campeón juvenil al año siguiente. En ese contexto, la prensa “canalla” --la revista Humor la bautizó así-- desempeñaba su papel, incluso colocándose al borde del delito.
Para Ti, publicación de Editorial Atlántida de la familia Vigil, tituló su nota de tapa que salió el 10 de septiembre del ’79: “Habla la madre de un subversivo muerto”. Se trataba de una entrevista apócrifa a la ex detenida-desaparecida Thelma Jara de Cabezas. La madre de Gustavo, su hijo de 17 años secuestrado y desaparecido el 10 de mayo de 1976 en una plaza de Martínez. Una patota que lideraba el represor Ricardo Miguel Cavallo la sacó del centro clandestino de detención de la ESMA y la puso ante los periodistas en una confitería de avenida Figueroa Alcorta y Pampa, en el Bajo Belgrano. El magazine femenino se había prestado a la maniobra que terminó en 2014 con su director Agustín Bottinelli desfilando en la Justicia y bajo proceso. Tuvo que dar explicaciones sobre uno de los momentos más turbios del periodismo complaciente con la dictadura cívico-militar.
A Thelma la habían obligado a ir a ese encuentro para hacer la nota que se publicaría durante aquella visita de la CIDH. Para Ti puso en su boca mientras estaba secuestrada, un pedido para otras madres argentinas: “estén alertas, que vigilen de cerca a sus hijos. Es la única forma de no tener que pagar el gran precio de la culpa, como estoy pagando por haber sido tan ciega, tan torpe”. Muñoz no estaba solo. La contracara de la prensa que él representaba fue el centenar de periodistas desparecidos.
Publicado en Diario "Página 12", 6 de Septiembre de 2019.

sábado, mayo 19, 2018

“Hola vieja... ¡A que no sabés de dónde te estoy llamando!”, la frase que cambió una vida La dijo Sabino Morales hace 25 años al filmar un célebre corto publicitario cuando se inauguró el primer teléfono público en Clemente Onelli, en la Línea Sur.

“Hola vieja... ¡A que no sabés de dónde te estoy llamando!”, la frase que cambió una vida

La dijo Sabino Morales hace 25 años al filmar un célebre corto publicitario cuando se inauguró el primer teléfono público en Clemente Onelli, en la Línea Sur. Era un simpático policía cuando hizo ese papel a pedido de los vecinos porque al actor no le salía. Sus jefes lo acusaron de lucrar con eso, se enojó y pidió el retiro. El antes y el después de una vida de película.



“Hola vieja... ¿a qué no sabes de dónde te estoy llamando?”
¿Te acordás de aquel comercial que hizo Telefónica cuando instaló el primer teléfono público en Clemente Onelli luego de la privatización de la exEntel? Fue hace 25 años.No solo hizo famoso a este pequeño paraje de la Región Sur rionegrina 50 km al oeste de Jacobacci y 150 al este de Bariloche, sino también a uno de sus pobladores, quien por entonces estaba a cargo del destacamento policial.
Como al actor que había traído la productora del comercial no le salía bien, ante el pedido de los vecinos hizo el personaje principal del corto.
Por su espontaneidad, su gracia y su apariencia, Sabino Morales se ganó la simpatía y el reconocimiento de cientos de miles de argentinos que hasta hoy recuerdan al simpático gaucho que luego de llamar a “su vieja” sacaba la lengua y soltaba una carcajada. ¡Estás igual! Sabino Morales 25 años después: el mismo gesto.
El sargento Sabino


A partir de allí, su vida cambió. El gran impacto que tuvo el comercial hizo que Morales fuera convocado por la empresa telefónica y recorriera los principales canales de televisión de Capital Federal. Su imagen fue haciéndose cada vez más famosa. “Pero comencé a tener cada vez más problemas en la policía. Nunca pensé que iba a sufrir una persecusión”, señala con tristeza.
¿Qué había pasado? “La gente de la productora se fue un domingo de Clemente Onelli. Y me dijeron que iba a tener noticias el martes o miércoles siguiente. Fue así que el jueves a las 10 de la mañana me llamaron por teléfono que tenía que estar a las 10 de noche en Buenos Aires. Tenía un vuelo desde Bariloche. Le contesté que no podría. Tenía que pedir autorización a la policía”, explica.
Y agrega: “De entrada mis jefes me dijeron que no. De la productora me preguntaron quién era mi jefe. Entonces los llamaron a la Unidad de Jacobacci y así hacia arriba hasta que llegó el pedido al ministro del Interior de la Nación. Como a las 18 me autorizaron a ir. Por primera vez iba a viajar en avión y ni siquiera sabía qué iba a hacer en Buenos Aires. Fue todo una locura...
“Después vinieron a Clemente Onelli la ministra María Julia Alsogaray, el presidente de Telefónica y el embajador de España para inaugurar el teléfono público y me dijeron que tenía que seguir yendo a los programas de la tele”. Luego de varios viajes a la Capital Federal(conoció la Casa Rosada, el Congreso y la cancha de Boca, el club de sus amores y recorrió varios programas de televisión), Sabino Morales continúo desempeñándose en el destacamento policial de Clemente Onelli. También llegaron algunos beneficios para el paraje: pintura para la escuela, computadoras, útiles y manuales escolares, entre otros elementos. Pero la situación había cambiado: mientras sus compañeros lo felicitaban, sus jefes lo visitaban en horas inusuales para ver si estaba en el lugar de trabajo y le iniciaron un sumario administrativo por “posible abandono de servicio” y otro por “realizar tareas lucrativas no relacionadas al servicio”.
Adiós a la policía.
“Cuando me iniciaron el primer sumario me querían trasladar a Jacobacci, me presenté ante mi jefe y le entregué la ropa, el arma, todo lo que tenía de la fuerza. Le dije: ´Soy un policía con todas las letras, no un malparido. Colaboré con la gente en lo que pude y no puedo ensuciar mi uniforme`”.
“Hice una nota y me fui de la fuerza después de 21 años de servicio. Me faltaban seis meses para ascender a suboficial principal. Nunca lo pudieron probar. No pasaron ni diez días cuando me llegó el sobreseimiento”.
Morales se había vuelto a Bariloche, donde estaba su familia. “Trabajé de un montón de cosas”, cuenta. Sorín volvió a contactarlo y lo llevó a Santa Cruz a filmar “Historias Mínimas” y “El Perro”. Pero Morales se cansó de viajar y en el 2000 volvió a Colán Conhué, lugar en el que nació en 1949 y donde reside actualmente cuidando unas 200 ovejas en un campo familiar.
Hasta el 4° grado.
Desde muy pequeño fue inquieto y curioso. También muy servicial, como le inculcó su padre, cuenta. Cuando tenía 11 años, acompañó a un policía llamado Pascual Amaya a realizar el censo en el paraje y la zona aledaña para la apertura de la Escuela 216 de Colan Conhué (100 km al norte de Jacobacci) a la que asistió hasta 4° grado.
Su educación primaria se interrumpió porque su padre le pidió que lo ayudara en las tareas del campo. A los 18 años le llegó turno del servicio militar y a su regreso hizo distintos trabajos. Entre ellos la extracción de piedra laja en Los Menucos, lugar en el que conoció al oficial de la policía Raúl Rosa, quien le aconsejó ingresar a la Escuela de Policía. “Habían pasado 8 meses y no podíamos cobrar lo que nos correspondía. En cada quincena nos daban algo de plata, pero no alcanzaba. Este oficial me dijo que en la policía no iba a ganar mucho, pero iba a cobrar todos los meses y además iba a tener otros beneficios como una obra social. Me dio una nota de recomendación y me fui a Viedma”.
Al curso de que se dictaba en la Escuela de Suboficiales le faltaban 25 días para terminar. Pero Morales llegaba con la instrucción del Servicio Militar y contó además con la suerte de encontrarse con Pascual Amaya, aquel policía del censo. “Habló con el director, el Gringo Marchetta. Y y me aceptaron”. En Viedma pudo terminar sus estudios primarios y fue designado por la fuerza policial a Bariloche. Antes, supo estudiar en la Alcaidía, junto a otros aspirantes y presos.
En la ciudad andina ejerció su profesión durante varios años. Allí conoció a su esposa, con quien tuvo cinco hijos y levantó su casa. Eligió Clemente Onelli para pasar sus últimos años en policía. Tras volver junto a su familia en Bariloche luego de retirarse, en 1995 comenzó el secundario. “Uno tiene que estudiar, siempre se tiene que estar actualizando, más aún con las nuevas tecnologías. Por eso cuando tuve la oportunidad lo hice y en 1999 me recibí de Perito Mercantil en el CENS 77 de Bariloche. Terminé cuanto tenía 46 años, pero me sirvió mucho en mi vida”.
El lonco Sabino.
Mientras cursaba el secundario, Morales conoció a un profesor de Cívica de origen mapuche. Sabino asistía a la escuela vestido con bombacha de campo, camisa y pañuelo al cuello, atuendo típico del hombre de campo. Un día el profesor comenzó a indagar sobre su vida y entablaron una relación amistosa.
Fue así que lo invitó participar de reuniones donde se juntaban familias mapuches con abogados para abordar distintos temas que afectan, y aún hoy lo hacen a las comunidades. “Ahí conocí al abogado Darío Rodríguez Duch y salió la idea de formar una comunidad en Colán Conhué. Yo vivía en Bariloche, pero tenía algunas ovejitas y estábamos muy desprotegidos por los gobiernos. Tampoco nos iba bien. Fue ahí que me propuso ser el lonco, pero yo no quería porque... ¡ni siquiera sabía hablar la lengua mapuche! Aun sigo si aprender. Solo se algunas palabras... nada más.
Pero Duch me dijo ‘sabe lo que pasa Sabino, usted sabe hacer una nota, sabe relacionarse con un político, con un funcionario o con cualquier persona’. Y acepté. Estuve ocho años como lonco de la comunidad Mariano Solo”, afirma. Agrega que la comunidad marchaba bien y se habían conseguido importantes beneficios, pero que había otras personas que querían estar al frente y trabajar de otra forma. “La veían fácil. Entonces yo entregue todo y me fui. Pero lamentablemente en dos años partieron al medio la comunidad, hicieron un desastre y se fueron. No quedó ni la documentación y la comunidad quedó acéfala. Nos reunimos para ver como seguíamos. Había muchos años de trabajo. Yo no quise ser el lonco y asumió Verónica Sánchez, quedé como werken, que vendría a ser el secretario”.
Aclara que tanto él, como el resto de los integrantes de la comunidad tiene una visión dialoguista frente a los desafíos o políticas que se intenta llevar adelante desde el gobierno. Por estos días, el tema de la minería de primera categoría vuelve a esta en tapete. “Hemos hablados bastante con los peñi (hermanos). Y la posición es escucharlos cuando llegue el momento. Saber qué es lo que va a pasar con nosotros, qué beneficios nos va a dejar para la comunidad, como se va a cuidar el medio ambiente, queremos asesorarnos bien. No podemos decir no porque no a todo. Creemos que debemos tener una postura dialoguista para tratar temas tan importantes”.
Publicado en Diario "Río Negro", 19/05/2018.-

viernes, octubre 30, 2015

30 de octubre de 1960: nace uno de los máximos astros del fútbol argentino DIEGO ARMANDO MARADONA "DIEGUITO, LA MANO DE DIOS".

Diego Armando Maradona nace en el Policlínico Evita, de Lanús, Buenos Aires  y es el 5to. hijo, primer varón, de Diego Maradona y Dalma Salvadora Franco, conocida como la Tota el  30 de octubre de 1960, aunque todos lo identifiquen como “el Pelusa” de Villa Fiorito, donde vivió su infancia entre pelotas y potreros  y desde donde saltó a la fama.  Su padre Don Diego estaba a cargo de una canchita en el barrio y dirigía el equipo Estrella Roja.
Tiene ascendencia italiana, española y croata.
“El 28 de septiembre de 1971, con sólo diez años, apareció por primera vez en el diario Clarín. La nota decía que "había un pibe con porte y clase de 'crack'", aunque en la nota lo llamaban "Caradona". También comenzó a ser conocido por los simpatizantes de Argentinos Juniors, ya que durante el entretiempo de los partidos de la Primera División los entretenía haciendo malabares con la pelota. Debido a esta habilidad, fue convocado a uno de los programas de televisión de mayor audiencia, Sábados Circulares” (Wikipedia).
PIPO MANCERA le hizo la primera entrevista en su popular "Sábados circulares" a Dieguito Maradona en 1971 con sus 10 años donde juga 45 minutos con la pelota ¡un capo!

Su debut en la Primera División argentina se produjo el 20 de octubre de 1976, a los 15 años de edad, por un partido del Campeonato Metropolitano, oportunidad en que su equipo Argentinos Juniors perdió ante Talleres por 1:0 de local. Ingresó, con la camiseta número 16, como reemplazante de Rubén Aníbal Giacobetti al comenzar el segundo tiempo. En la primera jugada que participó le realizó un "caño" a un adversario, entusiasmando a la hinchada local y Diego estaba feliz: "ese día toqué el cielo con las manos" recordaba.

El 27 de febrero de 1977, a los 16 años, debutó en la selección argentina en un amistoso jugado en La Bombonera frente al seleccionado de Hungría, reemplazando a Leopoldo Jacinto Luque.
Luego de Argentinos Juniors  donde jugó hasta 1981 y fue goleador de los torneos Metropolitano del ´78, Metro ´79, Nacional ´79, Metro ´80 y Nacional del ´81 que hicieron que sea contrado por Boca Juniors ese año y Boca gana el Torneo Metropolitano de 1981.

En febrero de 1981, Queen organizó una gira en la Argentina hicieron tres shows en Vélez, uno en Mar del Plata y otro en Rosario. En uno de sus recitales el popular Diego Armando Maradona se sacó una foto con camiseta inglesa con los integrantes de este grupo inglés que capitaneba Freddie Mercury.
Luego vendrían los clubes europeos Barcelona y el Napoli  “años después, Maradona reconoció en su autobiografía Yo soy el Diego, que su marcha al Nápoles también estuvo motivada por motivos económicos, ya que su entonces representante Jorge Czysterpiller había hecho una mala gestión de sus inversiones económicas” (Wikipedia). En octubre de 1985, Guillermo Cóppola se convirtió en su nuevo representante, en reemplazo de Czysterpiller.
Pero desde lo meramente futbolístico Maradona ganó dos veces la Liga de Italia (1986-1987 y 1989-1990), una Copa UEFA, una Copa Italia y una Supercopa italiana; hasta que en años  ´90 Diego Maradona fue involucrado en un caso de drogas, luego vinieron Sevilla, Newels de Rosario (que puso de mal humor a Roberto “El Negro” Fontanarrosa, fanático hincha de Rosario Central, el creador del Inodoro y Mendieta, que recordaría: "Sólo dos veces mi mujer me despertó antes de las diez de la mañana: una fue cuando me dijo: "invadieron las Malvinas". Y la otra: "Diego firmó para Newell’s". Dos catástrofes”  pero… fue por breve tiempo para alegría de Fontanarrosa y volvió a Boca Juniors nuevamente donde se vivieron "un romance" entre la hinchada boquense y Diego Maradona, "El 10".

Corría el 22 de junio de 1986 y por  los cuartos de final de mundial de México '86 en ese encuentro la selección  Argentina se enfrentó con Inglaterra; fue un partido inolvidable disputado en en el Estadio Azteca de la ciudad de México; un Diego Armando Maradona lleno de arte jugando al fútbol, tocó el cielo con las manos y también la pelota.
En 1986 los aires fueron beneficiosos y el  equipo del entonces director técnico Carlos Salvador Bilardo tenía al mejor de todos y en su mejor momento: Diego Armando Maradona que llevaba dos años en el Nápoles. Llegó como capitán de su selección y durante la Copa, jugó todos y cada uno de los minutos de los siete partidos que disputó su selección.
En el encuentro entre la Argentina e Inglaterra la Selección empataba 0-0 en el segundo tiempo y no podía destrabar el encuentro pero todo cambió para bien de la selección un mal despeje del jugador inglés Steve Hodge, a los 6 minutos del segundo tiempo  llegó el gol para la polémica conocido como “La mano de Dios”.
El árbitro Ali Bennaceur, de Túnez, cobró el gol, pero tras los reclamos de los jugadores británicos pidió consejo a su segundo abanderado, quien convalidó el tanto.
El fotógrafo mexicano Alejandro Ojeda Carbajal inmortalizó este momento en una fotografía en que se ve claramente el golpe con la mano.
Pero Clemente la creación de Caloi haría en su tira diaria del diario Clarín la demostración que no fue con mano… y es que Clemente no tiene manos… bien argentino Clemente…
Diego Maradona dijo “Ahora sí puedo contar lo que en aquel momento no podía, lo que en aquel momento definí como «La mano de Dios»... Qué mano de Dios, ¡fue la mano del Diego! Y fue como robarle la billetera a los ingleses también...
El propio Diego Maradona declaró luego del partido que el tanto lo había marcado "un poco con la cabeza y un poco con la mano de Dios".
En el ámbito audiovisual, el gol suele ir asociado a la narración en directo que hizo del mismo el periodista Víctor Hugo Morales: “La va a tocar para Diego, ahí la tiene Maradona, lo marcan dos, pisa la pelota Maradona, arranca por la derecha el genio del fútbol mundial, deja el tendal y va a tocar para Burruchaga... ¡Siempre Maradona! ¡Genio! ¡Genio! ¡Genio! Ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta... Gooooool... Gooooool... ¡Quiero llorar! ¡Dios Santo, viva el fútbol! ¡Golaaazooo! ¡Diegoooool! ¡Maradona! Es para llorar, perdónenme... Maradona, en recorrida memorable, en la jugada de todos los tiempos... Barrilete cósmico... ¿De qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés, para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina? Argentina 2 - Inglaterra 0. Diegol, Diegol, Diego Armando Maradona... Gracias Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este Argentina 2 - Inglaterra 0”.
Pero éste fue el Mundial de Maradona. Contra Inglaterra, Maradona vengó con dos goles de zurda al orgullo patrio malherido en las Malvinas: hizo uno con la mano izquierda, que él llamómano de Dios, y el otro con la pierna izquierda, después de haber tumbado por los suelos a la defensa inglesa.
Argentina disputó la final contra Alemania. Fue de Maradona el pase decisivo, que dejó solo a Burruchaga para que Argentina se impusiera 3 a 2 y ganara el campeonato".
El 25 de junio de 1994 ese fue un día para Diego Maradona de despedida de la Selección Nacional salió caminando lentamente de la mano de una joven enfermera rubia,  Sue Carpenter diciendo adiós del estadio Foxboro, en Boston. Cuatro días después, entre llantos diría que le "cortaron las piernas".
En el Mundial de Fútbol de los Estados Unidos tras el partido contra Nigeria que culminó con un triunfo para la Selección Argentina por 2 a 1, Maradona fue sorteado para realizarse el control antidopaje y en la orina le detectaron efedrina sustancia prohibida para el deporte.
El director técnico de la selección Alfio Basile confesaba: "Yo estaba seguro de que éramos campeones mundiales” y el Presidente “in eternum” de la A.F.A.  Julio Grondona negoció rápido sacar a Diego Maradona del Mundial y sin la estrella de Maradona la selección cayó con Bulgaria y Rumania, y adiós Mundial de Estados Unidos. Pero Grondona siguió en la A.F.A. negociando con los gobiernos de turnos.
El sociólogo Eliseo Verón coincide al expresar que Maradona refleja "las creencias y las necesidades colectivas, de los despojados, de los pobres, de los que necesitan creer que Dios está cerca y por eso se identifican con Diego, como antes con Evita".
Desde el 28 de marzo de 2009 y hasta el último partido disputado en Mundial de Sudáfrica, el 3 de julio de 2010, fue Director Técnico de la Selección Argentina. Posteriormente, ha dirigido al club Al Wasl de Dubái entre mayo de 2011 y julio de 2012, sin conseguir buenos éxitos.
En la Argentina y varias partes del mundo existe esta parodia de religión relacionada con el culto a Maradona como Dios supremo. Para ellos 1961 es el año 1 D.D., Después de Diego, y marca el comienzo de la Era Maradoniana.
¡Diego, que Dios te lo pague! Osvaldo Soriano (Argentina)

Crónica del partido Argentina-Australia, clasificatorio para el Mundial de 1994,

publicada en el diario Página 12, jueves 18/11/93.

¡Qué ansiedad, Dios mío! ¡Los nervios de punta y un cosquilleo en la planta de los pies!. Un nudo en el estómago. A esta altura la gente se conformaba con el cero a cero, pero por fortuna apareció el bueno de Tobin y la metió en su propio arco al desviar un centro de Batistuta. El primer tiempo, mientras Maradona estaba intacto, pintaba para lujos y goleada; después, con el cansancio llegaron los sofocones tan temidos. Menos mal que Diego se portó como si el que estuviera en la cancha fuera su propio monumento. La llevaba atada, la escondía y la mostraba para embelesar australianos y exigir argentinos. Para que alguien la llevara hacia el arco. El primer tiempo era la fiesta de Maradona y el estremecimiento para los que esperábamos que Batistuta y Balbo se llevaran el mundo por delante. Pero no: los dos delanteros y Ruggeri se perdieron goles de los que no se perdonan ni en un picado. Y después el arquero australiano ya se agrandó y parecía como si Islas, harto de esperar una oportunidad con Basile, hubiera entrado a jugar por Australia.
Estaban mejor parados que allá en Sidney pero pasaba lo de siempre: agujeros negros en la defensa, porque Ruggeri no siempre llegaba y Vázquez se salía de la vaina por irse arriba. Redondo empezó bien en el medio pero después desapareció, se fue al cine o a ver el partido por la tele. Pérez había empezado sin saber dónde pararse porque la inercia lo empujaba a la derecha. Pero cuando Redondo se fue a mirar el partido por la tele, Perico decidió ocupar el medio, todo roto como estaba por los pisotones y los golpes. Entonces Argentina empezó a apretar. Frente al arco Ruggeri cabeceó mal, Balbo demoró más en conectar los pases que le ponía Diego que Encotel en entregar las cartas. Y lo de Diego era eso: cartas de amor ansioso, ecuaciones de genio chiflado. ¡Qué cosas hace todavía con la pelota!. ¡Cómo pesa su presencia ahí donde otros hacen nada más que lo grosero!. A decir verdad hubo un momento en que daba pena que a su alrededor no estuvieran Gimnasia de Jujuy o Douglas Haig de Pergamino para liquidar el partido de una vez por todas.
El gol llegó de carambola, cuando hacía rato que los nuestros merecían el pasaje a Estados Unidos. Se habían perdido todas la oportunidades que creó el viejo coloso de Villa Fiorito. Entonces todo cambió: el equipo retrocedió para atrincherarse. Basile lo puso a Zapata y de a ratos Redondo dejaba el televisor y corría alrededor de los más sudorosos. Entre tanto, lo de Mac Allister tomaba visos de epopeya potreril: pelota que encontraba, pelota que reventaba fuerte y algo: imagen perfecta de un equipo desesperado que luchaba contra sus propios fantasmas. No bien los otros defensores advirtieron que Mac Allister se llevaba la gloria tirando cañonazos al cielo, decidieron imitarlo y ¡pum!, Vázquez, ¡pum! Ruggeri, ¡pum! Simeone. ¡La hora referí!.
Eso no le quita méritos a los muchachos: esta vez al menos sabían que no podían fracasar. El triunfo fue de Maradona, talento y ganas, y de Mac Allister, furia y sudor; aunque hubo soponcios que agitaron la noche de todos los argentinos: esa pelota que cruzó el área, a contrapelo de la tardía llegada de Ruggeri y Chamot, con Goycochea tropezando y Mac Allister que llegó a tiempo y la mandó al cielo de los chambones, pero cielo al fin. La gente esperaba el final. Nadie pensaba ya en la goleada que se insinuó en el primer tiempo. Zapata empezó a poner precisión y llevar calma a los más desordenados. Como Chamot, que ya casi perdió el habla y jugó, como en Sidney, un partido aparte, de quintita bien cuidada.
Hubo de todo. Hasta el referí de Dinamarca sonreía, aliviado, porque si Argentina quedaba fuera de Estados Unidos iba a ser el mundial de los presos. Sobre le final, cuando un pelotazo cruzado lamió el palo de Goycochea, hubo toda clase de desmayos. Pero ya estaba todo dicho y la historia no tendría más sobresaltos: Diego Armando Maradona le devolvió la sonrisa a una Argentina que ya se estaba desconociendo a sí misma.
Saludos y respetos, muchachos, señores del fútbol. Ahora hay que formar un equipo para ir a Estados Unidos.