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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

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"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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lunes, enero 02, 2023

La Virgen, el niño y la esperanza (Homenaje a todas las madres).

POR JUAN CARLOS PUEYRREDON *

Por sorprendente que parezca, una de las obras más espirituales que se hayan escrito sobre María, Madre y modelo de todas las madres que existen sobre la tierra, nada menos que la Madre del Hijo de Dios, la escribió Jean Paul Sartre, Barioná, el hijo del trueno.

¿Qué pudo mover al padre del existencialismo ateo, a un hombre que creía que “el hombre es una pasión inútil” a escribir semejante maravilla?

Nadie lo puede saber con exactitud...

Yo tiendo a imaginar que Sartre, prisionero como estaba en esa Navidad en un campo de concentración alemán, aterido, vio de repente a su costado una joven y bella mujer recostada en el suelo acurrucando a su pequeño bebé en sus brazos...

La joven madre, totalmente ensimismada, como si estuviera en el cielo, miraba a su pequeño con una mezcla de admiración y dulzura, con la misma felicidad y ternura con que todas las mujeres madres alguna vez miran a sus hijos.

Como la tuya te miraba a vos, como la mía me miraba a mí y tantas otras han mirado y miraran a sus bebés, con el mismo encanto y el mismo amor hasta el final de los tiempos...

Entonces, el viejo filósofo francés se detuvo y absorto con la belleza de la escena, renunció por un momento a sus invenciones filosóficas tan tristes y apartadas de la realidad de la vida, miró de nuevo a la joven mujer madre que sonreía a su hijo y dijo con palabras que brotaron de su corazón: “La Virgen está pálida y mira al niño. Su cara expresa una reverencia y asombro que no han aparecido más que una vez en una cara humana. Y es que Cristo es su hijo: carne de su carne y fruto de sus entrañas”.

“Durante nueve meses lo llevó en su seno. Le dará el pecho, y su leche se convertirá en sangre divina. De vez en cuando la tentación es tan fuerte que se olvida de que Él es Dios. Le estrecha entre sus brazos y le dice: `Mi niño´”. Pero en otros momentos, se queda sin habla y piensa: Dios está ahí. Y le atenazan temores ante este Dios mudo, ante este niño que infunde respeto''.

“Todas las madres se han visto así alguna vez, colocadas ante ese fragmento rebelde de su carne que es su hijo, y se sienten exiliadas de esa vida nueva que han hecho con su vida, pero donde habitan pensamientos distintos''.

“Mas ningún niño ha sido arrancado de forma tan cruel y directa de su madre como este niño, pues Él es Dios y sobrepasa por todas partes lo que ella pueda imaginar”.

“Aunque... yo pienso que hay también otros momentos, rápidos y resbaladizos, en los que ella se da cuenta de que Cristo, su hijo, es su niño y es Dios.”

“Le mira y piensa: Este Dios es mi hijo. Esta carne divina es mi carne. Está hecha de mí. Tiene mis ojos, y la forma de su boca es la de la mía. Se parece a mí. Es Dios y se parece a mí”.

PIEZA TEATRAL.

Barioná, el hijo del trueno fue la primera pieza teatral escrita por Sartre en el otoño de 1940, en el campo de concentración nazi en el que estuvo prisionero tras la capitulación de Francia. La hizo a petición de sus compañeros de prisión, en especial de un grupo de sacerdotes. Se representó en el campo el día de Navidad de 1940 y Sartre hizo el papel del rey mago Baltasar.

Recién veintidós años después, en 1962, Sartre autorizó una primera publicación, aclarando que no significaba que “hubiera cambiado la dirección de su pensamiento acerca de la mitología del cristianismo durante el cautiverio. Se trataba simplemente, de acuerdo con los sacerdotes prisioneros, de encontrar un tema que pudiera hacer realidad, la noche de Navidad, la unión más amplia posible entre los cristianos y los no creyentes”.

Sin embargo, y a pesar de dicha aclaración, resulta notable, la maravillosa profundidad y belleza de la descripción que hace Sartre en esa ocasión del Nacimiento del Niño Dios y de María, su madre, como si esa explosión de ternura, de inocencia, de amor y de alegría entre ambos, acompañados en una noche estrellada por José, los pastores y los Reyes Magos, encabezados por Baltasar en la persona del Sartre, hubiera podido, por lo menos por un instante, disipar las tinieblas del absurdo, de la náusea, y de la desesperación, para dar lugar a la Esperanza.

La Esperanza, esa “niñita de nada” como decía Péguy “que vino al mundo la Navidad del año pasado y que juega todavía con enero, el buenazo, con sus arbolitos de madera de nacimiento cubiertos de escarcha pintada, y con su buey y su mula de madera pintada, y con su cuna de paja que los animales no comen porque son de madera”.

“Pero, sin embargo, esta niñita Esperanza es la que atravesará los mundos, esta niñita de nada, ella sola, y llevando consigo a las otras dos virtudes, la Fe y la Caridad es ella la que atravesará los mundos llenos de obstáculos.  Como la estrella condujo a los tres Reyes Magos desde los confines del Oriente”.

“Y así, una llama temblorosa, la esperanza, ella sola guiará las virtudes y a los mundos, una llama romperá las eternas tinieblas”.

* Prof. Filosofía del Derecho UCA y UNBA.

Publicado en Diario LA PRENSA.

2/1/2023.

https://www.laprensa.com.ar/524364-La-Virgen-el-nino-y-la-esperanza-Homenaje-a-todas-las-madres.note.aspx

domingo, septiembre 26, 2021

De Sartre a Kafka, los dilemas en la literatura por Néstor Tkaczek..


“Estamos condenados a elegir” decía el viejo maestro Jean Paul Sartre. Y en la conciencia de esa elección está la levadura que propicia nuestra singularidad como humanos.
No hay forma de saltar ese dilema, ya que siempre deberemos elegir, aun cuando nos resistamos a tomar una determinación, el solo hecho de no hacerlo ya es toda una elección. Y cada decisión no se hace en el limbo, sino siempre “soy yo y mi circunstancia” como le gustaba proclamar a Ortega y Gasset. Y la circunstancia es fundamental, es la fuerza apelativa de nuestras decisiones, el motor y el cepo. De allí que haya resoluciones que son casi automáticas o que requieren pocas cavilaciones: por ejemplo si hago arroz o tallarines en el almuerzo, si me voy de vacaciones al mar o la cordillera, etc.
Siempre recuerdo ese extraordinario cuento de Kafka, “Un médico rural”, cuyo protagonista acude al llamado de un enfermo que vive muy lejos de su casa. Ese hecho tan nimio se vuelve una verdadera pesadilla que queda resumida en la frase final del cuento: “Basta acudir una vez a un falso llamado de la campanilla nocturna para que lo irreparable se produzca”. Una pequeña decisión trae consecuencias enormes. A veces uno puede revertir lo decidido, pero en muchos casos es poco posible.
Es que decidir implica siempre abrir puertas, sin embargo por cada puerta abierta hay una o muchas que se cierran y la topografía de nuestra vida se puede trazar por las puertas que abrimos o bien por las que cerramos. En esta infinita madeja de decisiones que nos viene de Adán hay algunas que hemos heredado y que han condicionado en muchos aspectos nuestra vida, por ejemplo el hecho de que nuestros padres decidieran mudar de país, de provincia, de ciudad. Ese hecho desata un haz de consecuencias futuras: gracias a aquella decisión tuvimos esos amigos en el colegio, conocimos a nuestra/o novia/o, conseguimos determinado empleo, amamos u odiamos ese paisaje.
El acto de elegir conlleva siempre una dosis alta de misterio e imprevisibilidad, y si no mirá hacia atrás, y fijate en el recorrido que has hecho para llegar hasta aquí.
Elegir o elegir, esa es la cuestión.

* PUBLICADO EN DIARIO "RÍO NEGRO".

Domingo 26 de Septiembre del 2021.

https://www.rionegro.com.ar/de-sartre-a-kafka-los-dilemas-en-la-literatura-1973840/

miércoles, abril 15, 2020

A 40 años de su muerte, el legado intelectual de Jean-Paul Sartre El autor de "El ser y la nada" y "La náusea" murió el 15 de abril de 1980 a los 74 años.

El legado intelectual de Jean-Paul Sartre.

A 40 años de la muerte del pensador francés filósofos argentinos analizan su impacto en la historia de la filosofía, el de sus ideas y si sus libros y premisas han quedado fuera del discurso académico actual.

El 15 de abril de 1980, a los 74 años, luego de medio siglo de pensamiento infatigable, de escribir obras filosóficas y literarias, de fundar medios, de haber participado y hasta protagonizado las revueltas intelectuales y políticas más importantes del siglo XX y de haber obtenido y rechazado el Premio Nobel de Literatura, Jean-Paul Sartre se despedía de este mundo: cinco días después su cuerpo fue acompañado al cementerio parisino de Montparnasse por más de 20.000 personas.
Sartre estudió filosofía en París durante la década del 20, en la Escuela Normal Superior; allí conoció a Simone de Beauvoir, su pareja de toda la vida, con quien estableció una dupla intelectual y amorosa sin igual.
Luego de participar como meteorólogo en la Segunda Guerra mundial y caer prisionero de los nazis, en 1943 publicaría su libro de filosofía más importante: “El ser y la nada”.

Desde entonces se convertiría en una de las figuras intelectuales más célebres del mundo: pensó y se solidarizó con las revoluciones de la juventud, del tercer mundo y con las luchas anticolonialistas; escribió obras filosóficas (“Crítica de la razón dialéctica”), teatrales (“Las moscas”, “A puerta cerrada”), novelas (“La náusea”), cuentos (“El muro”), ensayos (la serie “Situaciones”) y crítica literaria (“El idiota de la familia”); y en 1964 obtuvo y rechazó el Premio Nobel de Literatura.
Sus ideas (“El ser humano está condenado a ser libre”; “El infierno es el Otro”) le sobreviven como eslóganes de una particular pregnancia; en las décadas del 50 y 60, en el mundo pero también en la Argentina, Sartre era leído y discutido hasta en los bares, y fue elevado a la categoría de héroe intelectual por la generación beat en los Estados Unidos y por la llamada “generación del 60” en nuestro país.
Para Mariana Gardella Hueso, doctora en Filosofía e investigadora del Conicet, “en la historia de la filosofía hay un antes y un después de Sartre.
Luego de la publicación de ‘El ser y la nada’ todo cambió. Esta obra es el acta de nacimiento del existencialismo francés, un movimiento filosófico que, en el contexto de la Segunda Guerra mundial, propuso una nueva forma de pensar nuestro lugar en el mundo y el alcance de nuestras acciones”.

Gardella Hueso explica a Télam que “el principio básico del existencialismo se resume en la conocida afirmación sartreana ‘la existencia precede a la esencia’. Esto quiere decir que lo que somos no está determinado por ninguna forma fija o naturaleza esencial, sino por nuestra existencia concreta. Cada persona empieza por no ser nada. Se encuentra arrojada en el mundo y tiene la responsabilidad de proyectarse, de hacerse, de auto-determinarse a través de la acción”.
“El existencialismo es una teoría vital que concede un lugar privilegiado a la noción de libertad. Sobre esta noción se funda una nueva ética que nos permite construir quiénes somos ante la mirada de otros que deben emprender la misma tarea: construir quiénes son. El mayor regalo que nos ha hecho Sartre fue habernos devuelto la responsabilidad por nuestra existencia”, agrega Gardella Hueso.
Y concluye: “Desde entonces no hay nada ni nadie a quien podamos echarle la culpa de lo que somos. No hay dioses, mundo de esencias fijas, ni mandatos que nos determinen. Somos ante todo proyecto y tenemos la difícil tarea de decidir qué queremos ser y hacer. Ese es el valor y el costo de la libertad”.
El filósofo y docente Tomás Abraham es uno de los pensadores que más ha estudiado el legado de Sartre. Y cree que en la actualidad su obra “no ocupa un rol central para la filosofía”. Aunque, agrega, “los nombres que hoy circulan por los medios y venden libros al estilo de vida líquida, sociedad del cansancio, homo sapiens o neocomunismos son enanos al lado del gigante, de aquel gigante de un metro y medio”.
¿Se lee y enseña a Sartre en las universidades? ¿Tiene algún peso en el discurso académico actual?

Abraham asegura que no: “No se lo lee en las universidades porque no es parte de los modismos de hoy, aunque sí lo es su compañera Simone de Beauvoir, por su libro ‘El segundo sexo’. Lo curioso es que el feminismo que la rescata no se detiene en el hecho de que ella en gran parte de su obra se dedicó a divulgar las tesis de su marido sin libreta”.
Sobre el legado sartreano, Abraham cree que su obra fundamental es “El ser y la nada”: “Se trata de un libro de filosofía que combina talento literario con una imaginación teórica aplicada a elaborar un nuevo concepto de libertad”.

Y destaca “sus obras de teatro, algunas de las cuales tiene una particular intensidad, sus ideas sobre la literatura, desde su crítica a la poética surrealista, al romanticismo y sus variantes. Además de cómo, en la última parte de su vida, ciego y sin posibilidades de escribir, llevó a cabo una extraordinaria epopeya para desdecirse de todo lo que hizo y recomenzar de nuevo”.

El ensayista y filósofo Luis Diego Fernández afirma que “la filosofía francesa del siglo XX se puede dividir en dos cabezas pensantes: Sartre en la primera mitad y Foucault en la segunda”. Y cree que por eso mismo “su lugar es incuestionable”.
Aunque aporta algunas ideas que explican, según su opinión, el descrédito en el que en ciertos círculos pueden haber caído su obra y su figura: “El tiempo colocó a Sartre como una figura demasiado hija de su tiempo, y su obsolescencia se hizo evidente”.
Sabe que su recepción en la Argentina fue enorme y diversa: “Desde Juan José Sebreli a Tomás Abraham, pasando por José Pablo Feinmann, hubo filósofos ideológicamente opuestos que lo han tomado como referencia”.
"En las últimas dos décadas su pensamiento ha desaparecido, quizá producto de una concepción antropológica anticuada y de un modelo voltaireano que concibe al intelectual como portavoz de verdades universales que hoy resulta entre naif y absurdo, así como pretencioso y narcisista. En tiempos donde la subjetividad es plástica, el modelo sartreano quedó a años luz, al igual que su construcción del rol de un intelectual”, concluye Fernández.
Publicado en Télam, 15/04/2020.

domingo, julio 08, 2012

“EL INFIERNO SON LOS OTROS”

LOS OTROS... LOS OTROS... LOS DE AFUERA...

EL INFIERNO SON LOS OTROS...


Garcín: -Todas esas miradas me devoran… (Se vuelve bruscamente.) ¡Cómo! ¿Solo sois dos? Os creía muchas más. (Ríe.)
Entonces esto es el infierno. Nunca lo hubiera creído... Ya os acordaréis: el azufre, la hoguera, las parrillas... Qué tontería todo eso...
¿Para qué las parrillas? El infierno son los otros.


Jean Paul Sartre.
La mayoría de sus obras de teatro  de Jean Paul Sartre están llenas de símbolos que sirven de instrumento para difundir su filosofía existencialista (que es “ininteligible” según mi modesto entender).
La más famosa de estas obras es, Huis Clos (A puerta cerrada), contiene la famosa línea: «L'enfer, c'est l´Autre» («El infierno es el Otro»).
“Cuando el infierno son los otros, el paraíso no es uno mismo.” 

Mario Benedetti.