GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...

GRACIAS POR ESTAR AQUÍ...
...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.
“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“

“
"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

Mostrando las entradas con la etiqueta carrera espacial.. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta carrera espacial.. Mostrar todas las entradas

lunes, mayo 12, 2025

Argentina se lanzará a las estrellas con cohete propio desde Necochea. Se prepara el lanzamiento del primer cohete nacional que pondrá a Argentina entre las 10 potencias espaciales del mundo.

 "No al colonialismo mental. No hay proyecto que la capacidad argentina, que la materia gris argentina, no pueda encarar".


Argentina se lanzará a las estrellas con cohete propio desde Necochea.

Se prepara el lanzamiento del primer cohete nacional que pondrá a Argentina entre las 10 potencias espaciales del mundo. Todo desde Necochea.


¿Te imaginaste alguna vez que Argentina tendría su propio programa espacial? Bueno, ya no es ciencia ficción. A pocos kilómetros de las playas de Necochea, se está gestando una revolución que cambiará para siempre la historia tecnológica del país. El Puerto Espacial Malacara se prepara para un acontecimiento histórico: el lanzamiento del primer cohete argentino hacia la órbita baja terrestre.


Esta hazaña, impulsada por la empresa nacional TLON Space, no es un simple experimento. Cuando el cohete Aventura I rompa la barrera del cielo bonaerense, Argentina ingresará al exclusivísimo club de naciones con capacidad espacial propia, un grupo de apenas diez países que dominan esta tecnología estratégica.


El Aventura I surgió de la brillantez argentina y 15 años de desarrollo silencioso pero constante. Mientras muchos miraban hacia afuera buscando soluciones, un equipo de científicos e ingenieros locales creaba esta maravilla tecnológica en nuestro propio territorio.

La joya tecnológica nacida de Argentina para ir rumbo al cielo.

El Aventura I desafía todos los límites de la ingeniería nacional. Con apenas 10 metros de altura y menos de una tonelada de peso, este pequeño gigante transportará nanosatélites y picosatélites a órbitas de entre 200 y 850 kilómetros sobre la Tierra.

No te confundas con su tamaño. Este cohete ultraligero incorpora 18 innovaciones tecnológicas desarrolladas íntegramente por TLON Space. Su revolucionario motor ECOSTAR con electrobomba, su fuselaje de materiales compuestos ultralivianos y sus sofisticados sistemas de navegación representan un salto cuántico para la industria aeroespacial latinoamericana.

El Puerto Espacial Malacara, ubicado en la desembocadura del río homónimo entre Lobería y General Alvarado, no fue elegido al azar. Su posición geográfica privilegiada permite lanzamientos hacia el sur y el este con mínimo riesgo para zonas pobladas, aprovechando la curvatura natural de la costa bonaerense. Un genio estratégico que convierte a este rincón de Argentina en punto clave para misiones que requieren diversas trayectorias orbitales.

Argentina espacial: la nueva frontera ya está aquí.

¿Quiénes están detrás de esta revolución? Los visionarios Pablo Vic y Gerardo Natale fundaron TLON Space en 2005, cuando pocos apostaban por el desarrollo espacial argentino. Hoy, con el respaldo de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y alianzas estratégicas con empresas como Innova Space, están a punto de hacer historia.

La ambición de este proyecto rompe todos los moldes: la compañía proyecta realizar hasta seis lanzamientos comerciales por año y tiene capacidad para producir 200 vehículos anualmente. Un verdadero polo industrial aeroespacial nacido en suelo argentino que democratizará el acceso al espacio con servicios más accesibles para la pujante industria de satélites pequeños.

¿Querés ser testigo de la historia? Si te animás a visitar el Puerto Espacial Malacara, tomá la Ruta Provincial 86 desde Necochea hacia Lobería y seguí los caminos rurales señalizados hacia el sur. Te recomendamos un vehículo apto para terrenos irregulares y consultar previamente con autoridades locales sobre horarios de acceso.

Mientras el mundo mira con asombro, Argentina no solo sueña con las estrellas, sino que construye el camino para alcanzarlas. El Aventura I está listo para inscribir al país en la historia espacial mundial con tecnología propia, talento nacional y una visión que trasciende fronteras y desafía lo imposible.

PUBLICADO EN URGENTE 24.

Destacado color amarillo URGENTE 24.

domingo, marzo 20, 2022

Conquista del espacio. El argentino que no para de poner satélites en órbita y cotiza en la bolsa de Nueva York.

 

Emiliano Kargieman proyecta para 2025 construir más de 200 nanosatélites que permitirán observar la Tierra en tiempo real; la startup que se perfila como el próximo unicornio nacional.

Luego de ver a nuestro planeta desde el universo, muchos astronautas experimentan un cambio en su conciencia. Lo que sienten, luego de esas experiencias espaciales, es la obligación y la responsabilidad de cuidar para siempre a ese frágil punto azul. Esto se conoce como el efecto perspectiva u overview effect. ¿Qué pasaría si cualquiera de nosotros pudiera observar cualquier punto de nuestro planeta desde el Espacio en tiempo real? ¿Cómo podría impactar en el cuidado de los recursos naturales y en las decisiones que tomamos para la resolución de los grandes problemas de la humanidad? La industria de la exploración y observación espacial está en pleno despliegue global y uno de los principales actores dentro de esta exploración con tecnología de alta resolución de imágenes y bajo costo es Satellogic, cofundada en 2010 por los argentinos Emiliano Kargieman y Gerardo Richarte.

En 2022, Satellogic cumple 12 años y lo hace mientras ingresa en una nueva etapa. Desde principios de este año, la compañía comenzó a cotizar en la bolsa de Nueva York, iniciando su etapa como empresa pública. A partir de este hito, con 25 nanosatélites en órbita y 200 más en plan de construcción y lanzamiento, LA NACION revista conversó con sus fundadores y equipo para conocer el presente y el futuro de la empresa y su impacto en la vida de las personas en la Tierra y fuera de ella. “Esta etapa nos permite tener el capital para ejecutar nuestra visión sin tener que ir de a poco y podemos empujar a fondo. Nuestra misión no cambia. Este año vamos a duplicar la flota en órbita. Para el que viene, estamos apuntando a llegar a hacer mapeos semanales de toda la superficie del planeta y en el camino a hacer estos mapeos diarios hacia 2025″, cuenta Emiliano Kargieman, cofundador y CEO de Satellogic, desde Barcelona, España, donde vive junto con su esposa y su hija.

Hoy cuenta con más de 330 empleados distribuidos en diez países y con ocho oficinas en el mundo. El despliegue de su constelación posee veinticinco satélites en órbita, tres de ellos hechos de una etapa temprana de prototipo y veintidós más llamados NewSats con el diseño actual. Diecisiete de estos satélites entregan imágenes de alta resolución y tienen cuatro satélites más que están en proceso de integración para ser lanzados en la segunda mitad de este año.

“El plan era y es empezar con una versión de cada tecnología. Hacerlas evolucionar a medida que aprendíamos y teníamos más necesidades. Es un camino infinito y seguimos mejorando todo el tiempo, en cada iteración de los procesos, en cada generación de satélites y en cada actualización de software. Por ejemplo, los primeros satélites tenían un prototipo de nuestra primera computadora para satélites, este prototipo evolucionó y se transformó en las muchas computadoras que hoy tiene cada uno de nuestros satélites. Ya tenemos en el horno las próximas y lo mismo pasa con casi todas las partes de los satélites, como las cámaras, tanto en la electrónica como en su software”, explica Gerardo Richarte, cofundador y Chief Technology Officer (CTO), desde Bariloche. Sus principales funciones están mayormente centradas por locación: ingeniería y operaciones en Argentina, fabricación en Uruguay y Países Bajos, producto en España, finanzas y ventas en Estados Unidos.

Para Richarte, en unos años podremos tomar decisiones usando la información de todo lo que pasa en el planeta, en tiempo real. “Ahora es imposible, pero si tenemos éxito, en unos años va a ser obvio para luego pasar a ser invisible y usado masivamente, como la tecnología detrás de los GPS o celulares. Hay muchos desafíos que tuvimos que pasar para lograr el balance correcto entre tecnología de punta y costos bajos; si no, terminás haciendo algo genial a lo que solo pocos tienen acceso, eso no sirve”, dice.

Si bien hay otros jugadores a nivel global en la industria de la observación con satélites de bajo costo, Satellogic logró una tecnología y una integración vertical que los tiene como cabeza de lanza en su rubro. Kargieman explica cómo esto es su núcleo diferenciador. “Tenemos 100 veces mejor unit economic (unidad que describe los ingresos y costos de un modelo de negocio específico) que cualquier otra compañía de satélites que esté haciendo captura de datos de alta resolución. Eso es en lo que estuvimos trabajando los últimos 10 años y se basa en dos cosas: por un lado, la tecnología que desarrollamos: una cámara que nos permite capturar datos de manera continua y que cada uno de nuestros satélites capturen diez veces más kilómetros cuadrado que cualquier otro satélite pequeño y, por otro lado, sobre una integración vertical que tenemos”.

Así como SpaceX lo hace con los cohetes, Satellogic lo hace con los satélites de observación. “Fabricamos y diseñamos cada uno de los componentes para los satélites, los integramos, operamos, procesamos la información y damos los servicios”, describe. Hoy tienen la posibilidad de capturar alrededor de 5 millones de kilómetros cuadrados de imágenes por día (más capacidad hoy que las cuatro compañías que los siguen juntas en capacidad de observación) Pero mapear la Tierra completa requiere tener ojos en 150 millones de kilómetros cuadrados a la vez. Para eso, se requieren cientos de satélites más y de eso se trata la próxima etapa.

Hasta ahora, los satélites se construían en la planta que la empresa tiene en Montevideo con una capacidad máxima de veinticinco satélites por año. Con el impulso de la salida a la bolsa, comienzan la etapa de construcción a escala en una nueva planta en los Países Bajos. Mariel Feder es parte del equipo que esta diseñando los nuevos procesos y la integración de la planta en Países Bajos con la planta piloto en Uruguay. Ingeniera de Sistemas y master en Sistemas de Información por la Universidad de Oxford, entró en Satellogic en 2020 como gerenta de Software de planta y ahora se desempeña como Líder de Sistemas en el departamento de Ingeniería y Manufactura. Mariel explica los desafíos de ser pioneros: “Con el departamento de ingeniería estamos haciendo camino al andar. No existe hoy una planta que produzca satélites en serie en el mundo ni bibliografía en donde podamos leer cómo debería funcionar. Cuando los procesos están escritos, se puede entrenar gente para seguirlos. En este caso, necesitamos gente que sea capaz de inventar estos procesos y ponerlos en marcha. Esto hace que se requieran los mejores profesionales con el valor y las agallas para ir más allá de lo escrito”, describe la profesional madre de tres hijos.

Desde su nacimiento, en Satellogic trabajan con un diseño iterativo que les permite introducir mejoras de manera permanente. Ponen partes de pruebas en todos los satélites que, si funcionan bien, se incorporan como parte del sistema. En la nueva planta esperan producir hasta 200 satélites los próximos tres años. Alan Kharsansky empezó a trabajar hace diez años en Satellogic, en el diseño de partes de electrónica y software. Actualmente es vicepresidente de Misiones y Operaciones y dirige el equipo que se encarga de las operaciones en órbita. “Cuando construimos los primeros satélites, hacíamos todo entre pocos. Diseñábamos, construíamos, probábamos, lanzábamos y operábamos”, cuenta desde Barcelona, donde vive con su esposa y dos hijos. Los satélites que lanzan ahora son la octava generación de la familia. Sobre el futuro de la exploración satelital y espacial cree que colonizar y expandir a la raza humana más allá de la Tierra va a ser un gran foco. “Pero para eso hay que desarrollar una serie de componentes para sustentar esa idea. Mejoras en las naves que nos permitan salir de la Tierra y viajar por el espacio, hábitats en lugares hostiles que nos protejan de la radiación, etcétera. El turismo espacial sin duda va a tener una parte interesante en el futuro cercano”, predice.

¿Qué ves cuando me ves? Los microsatélites llevan tres cargas útiles. Una cámara multiespectral, que toma imágenes de altísima resolución, una cámara hiperespectral que permite analizar propiedades de suelos y superficies a nivel molecular, y la tercera carga es variable, con dispositivos lanzados a la fecha que van desde cámaras térmicas a sensores de Internet de las Cosas (IOT). Cada nueva generación de satélites que lanzan incorpora mejoras respecto de la anterior, siempre bajo una arquitectura de microsatélites, que miden unos 90 centímetros de alto y tienen una masa algo mayor a 40 kg. y que hoy capturan imágenes con una resolución de hasta 70 centímetros. Desde el año pasado empezaron a lanzarlos con cohetes de SpaceX, la compañía de cohetes reutilizables de Elon Musk.

Las principales industrias para las que hoy brindan servicios son Agricultura, Forestación, Energía y Seguros, en el ámbito privado. “En agricultura, monitoreamos cultivos, rendimiento de nutrientes, estimación de niveles de producción; en forestación, monitoreamos operaciones, clasificamos especies, contamos copas de árboles; en energía, monitoreamos infraestructura, controlamos movimientos y alertas en pozos petroleros, áreas por donde circulan ductos, y en Seguros, accionamos rápidamente ante catástrofes y hacemos observaciones antes y después de ocurrido un siniestro”, enumera Luciano Giesso, director internacional de ventas de Satellogic desde hace tres años. Giesso es ingeniero industrial y vive en Estados Unidos. Por otra parte, tienen clientes en organismos gubernamentales alrededor del mundo, tales como ministerios de ciencia, defensa y agricultura, y agencias espaciales.“Nuestras imágenes y servicios dan solución a temas de cartografía, urbanización y estimación de censos, monitoreos de fronteras y zonas portuarias”. Un ejemplo reciente de cómo observar la Tierra desde el espacio puede dar información vital para la toma de decisiones tempranas fue hace unas semanas, cuando los imágenes de inteligencia geoespacial de Satellogic permitieron identificar desde el espacio un convoy de las fuerzas armadas rusas avanzando por las rutas de Ucrania.

 “Están en un momento de expansión la industria de la exploración espacial y, particularmente, la de la observación de la Tierra. Hay muchas oportunidades de negocio y la demanda supera a la oferta, entonces es un momento de crecimiento donde, a veces, junto con otras compañías de observación de la Tierra vamos a resolver más problemas trabajando juntos que por separado”, dice el CEO de Satellogic. Kargieman predice que cuando estén en condiciones de remapear toda la superficie del planeta una vez por semana y luego una vez por día, se va a generar un gran crecimiento a nivel de adopción de tecnología de las imágenes satelitales para la toma de decisiones y ahí se va a expandir el mercado y tendrán impacto significativo sobre la economía del mundo. “Y si vos querés imágenes para fines humanitarios puedas pagar una muy pequeña fracción de lo que paga un gobierno o un productor grande de una industria, al poder distribuir datos en todo el mundo garantizados todas las semanas tendremos un esquema de precios diferenciado y dinámico, por eso hablamos de democratizar”, dice.

Pionero global, mente de startup. ¿Cómo es el talento en una industria que reinventa el modo en el que se hacen las cosas? ¿Qué tipo de cultura se precisa para innovar de manera permanente, hasta el punto en el que hay que crear de cero procesos, productos y modos de repensar lo preestablecido? Mariela Josebachuili es doctora en Astrofísica de partículas. Empezó a trabajar en el equipo de óptica de los nanosatélites y luego en la interfaz con la planta de producción en manufactura. Hace 10 meses está a cargo como program manager de la cámara hiperespectral del satélite, coordinando todo a nivel tecnológico y programático. Se declara una fanática del aprendizaje y de la curiosidad en su trabajo y pone el acento en el equipo y la horizontalidad.

“Independientemente del rol que cumpla la persona dentro de la empresa se escuchan las diferentes voces. Eso a nivel ingeniería permite tener miradas no tan convencionales, proponer ideas que solucionen problemas de manera no tradicional ni preestablecida. Desde los primeros satélites hasta hoy seguimos evolucionamos principalmente por el equipo que tenemos”, dice. Para la científica, la diversidad de los perfiles es clave. Ingenieros mecánicos, electrónicos, aeronáuticos, industriales, de software, en sistemas, matemáticos, físicos y tanto más son parte de Satellogic, que a su vez se ven muy motivados por el propósito que encuentran en su trabajo: “Democratizar el acceso a la información de la Tierra es un objetivo maravilloso, es poder brindar información en escalas de tiempo mucho más rápidos en diferentes lugares del mundo. Y como humanidad siempre queremos tener más información. La base para estar motivado tiene que ver con que el ambiente es propicio para que se valoren las diversas visiones que se tienen sobre un mismo problema y que haya una actitud de escucha. Eso permite que haya una mirada cultural globalizada, ya que no hay una única forma de resolver las cosas”.

Ana Zapiola entró en Satellogic hace un año y medio con la motivación de generar impacto en el futuro del planeta a través de su propósito: empoderar a las personas a maximizar su talento. Ingeniera industrial, trabajo enfocada en crear equipos resilientes y de alta performance y lidera un espacio llamado el club de liderazgo, dedicado a ejercitar la cultura de la compañía. “Hay una diversidad muy grande en cuanto a culturas, nacionalidades, experiencias laborales, conocimientos pero sobre todo perfiles de personas que van para adelante y no se achican frente a desafíos grandes ni caen en discusiones sin sentido. Lo que caracteriza a estos perfiles es la autonomía, la colaboración y el compromiso con lo que hacemos. Es espectacular y compleja a la vez”. Zapiola imagina que en 2030 Satellogic podría ser “el Google del 2000″, habilitando soluciones para enfrentar los desafíos que trae nuestro planeta.

Feder también cree que la diversidad de Satellogic explica su evolución. “Lo mejor de todo es que muchos de los proyectos donde me ha tocado participar son interdisciplinarios e integran a gente de muchas de estas áreas, con improntas y preocupaciones diferentes, pero con un mismo objetivo, lo que genera un sinergia que nos permite lograr cosas asombrosas en tiempos récord. Lo más interesante de Satellogic es su cultura de startup y su organización horizontal. No es fácil poder implementar esto en una compañía que está creciendo tan rápido, pero acá se esta haciendo un esfuerzo importante. Cada persona es un líder en lo que hace y puede tomar las decisiones que corresponda. Equivocarse no se penaliza, sino que es una oportunidad de aprendizaje. Esto sumado a la misión noble de la empresa (más allá de su objetivo comercial), hace que nos sintamos parte de algo más grande.

La vida humana interplanetaria

La conquista del espacio, el humano haciendo turismo o emprendiendo en otros planetas, tener la posibilidad de ver en tiempo real cualquier rincón del mundo desde nuestro sillón... Nada de esto es ciencia ficción en los planes de quienes integran Satellogic. Richarte piensa el futuro con la misma mirada que los motivó desde el primer día: seguir pensar radicalmente distinto, no meterse en un proyecto tradicional de la industria espacial en donde se invierten muchísimos años pensando hasta el último detalle, sino tomar un nuevo paradigma opuesto y aceptar los riesgos. En el área de I+D de Satellogic están desarrollando nuevos sensores además de los ópticos, tales como detectores de emisiones de metano, cámaras térmicas, detectores de nubes y sensores de IoT (internet de las cosas). Y además de sus servicios para la Tierra, el año pasado empezaron con detección de objetos y naves espaciales en órbita baja. Para Kargieman, estamos en un momento similar a lo que fue la década de los 70 para las tecnologías de la información, pasando a la década de los 80 de evolución. “Es un momento muy interesante, pero no miro solo cinco años en el futuro, sino hacia el final del siglo. Creo fuertemente que vamos a desarrollar una economía fuera de la Tierra que va a competir con escala con lo que hoy pasa dentro del planeta. Eso requiere infraestructura, transporte, comunicaciones, energía y logística, alimentación. Toda una infraestructura de la que hoy estamos, por primera vez, en condiciones de empezar a colocar las primeras piecitas”, dice.

Los últimos diez años fueron de una altísima evolución para la industria de exploración espacial con actores globales como SpaceX, Blue Origin y Virgin Orbit. Kargieman ve para esta década la madurez de muchas empresas y la aparición de decenas de startups con nuevos modelos de negocios posibilitados por los menores costos de lanzamientos. “Un poco más a largo plazo vamos a tener que ocupar de manera permanente o semi-permanente la órbita alrededor de la Tierra, y probablemente la Luna, para empezar a desarrollar la infraestructura que necesitamos para hacer generación de energía en el espacio. Para hacer explotación de recursos naturales de asteroides, por ejemplo”, dice. El fundador de Satellogic también espera estaciones espaciales privadas en órbita, mientras muchas cosas empiezan a dar sentido en la microgravedad. “El desarrollo de compuestos biológicos por un lado; por el otro, investigación de nuevos materiales, en cuestiones de óptica. Hay cosas que son muy difíciles de construir en la Tierra porque la gravedad molesta”, explica. Aunque muchos señalan a la empresa como el próximo unicornio argentino, es decir, empresas que valen más de US$1000 millones, este no es un tema que a los cofundadores los desvele. Su foco y desafío, dicen, está en seguir manteniendo la cultura mientras crecen para lograr su objetivo de mediano plazo para 2025. Sus primeras proyecciones, doce años atrás, indicaban que debían tener trescientos satélites en órbita al mismo tiempo para poder ver lo que pasa en el mundo cada día. Y ese sigue siendo el objetivo que persiguen hoy.

Sobre el futuro de sus servicio, Mariel Feder imagina que en unos pocos años tendrán satélites comunicándose entre ellos y enviando su información a tierra en tiempo real. “También imagino una plataforma abierta al público en general, donde las personas y ya no las empresas puedan acceder a la información que les interesa, y monitorear sus propiedades, sus pequeños campos, sus casas, su auto estacionado a unas cuadras, desde su celular. En el otro extremo, imagino que de la misma forma que observamos la Tierra, estaremos en condiciones de observar otros planetas o astros cercanos, como Marte, la Luna, o hasta el propio sol”, vaticina.

Richarte confía en que la humanidad va a seguir evolucionando y mejorando por miles de años. “Esa escala de tiempo ya es incomprensible, pero pienso que es casi inevitable que la humanidad salga del planeta para comenzar a poblar el espacio, tanto en naves-ciudades como establecidos en planetas”.

Los primeros tres satélites de la actual constelación en órbita llamada Aleph-1 fueron Fresco, Batata y Milanesat. Luego, cada uno de los siguientes veintidós satélites fue bautizado con el nombre de una mujer que dejó su huella en la historia de la ciencia global: Ada, Marie, Alice, Cora, Rosalind y más. En los logos de los cohetes, junto a cada uno de esos nombres, se puede leer una frase en latín que se repite en Satellogic, Per aspera ad astra: “A través del esfuerzo, hacia las estrellas”.

PUBLICADO EN DIARIO "LA NACIÓN".

https://www.lanacion.com.ar/la-nacion-revista/conquista-del-espacio-el-argentino-que-no-para-de-poner-satelites-en-orbita-y-cotiza-en-la-bolsa-de-nid19032022/

lunes, julio 27, 2020

27 de julio de 1964: se lanza un cohete Gamma-Centauro desde Puente del Inca.

EFEMERIDES NEWBERIANAS.
El 27 de julio de 1964 se lanza un cohete Gamma-Centauro desde Puente del Inca, transportando hasta los 35.000 metros de altitud carga útil telemétrica para medir la temperatura.

Fuente de información e imagen: 
Instituto Nacional Newberiano/facebook.

sábado, julio 06, 2019

El mundo en el que hoy vivimos nació el 20 de julio de 1969.

El origen del mundo 

por Daniel Molina.

Lo más importante del proyecto espacial de viajar a la Luna es lo que no se vio: los cientos de grandes desarrollos tecnológicos que hoy constituyen casi todo nuestro entorno.

Dentro de dos semanas se cumplirán 50 años de la primera vez que el hombre estuvo en la Luna. ¿Cómo fue posible realizar una hazaña semejante con la tecnología de entonces? La capacidad de procesamiento de las computadoras que le permitieron a Neil Armstrong ser el primer humano que caminó sobre la Luna era ínfimo comparado con el cualquier celular actual. Todas las tecnologías que hoy son de uso cotidiano (incluso en los ámbitos menos desarrollados) no existían en 1969. A pesar de esas limitaciones, en 1969 un ser humano caminó sobre la superficie lunar.

Las grandes diferencias que les permitieron a los hombres de los 60 llegar a la Luna y que le impiden a los hombres del siglo XXI volver a intentar semejantes hazañas no son tecnológicas sino políticas. En 1961 la Unión Soviética había logrado la mayor hazaña tecnológica de la historia: poner al primer hombre en el espacio. Yuri Gagarin había dado una vuelta al planeta en una nave que orbitó más allá de la atmósfera terrestre.
Para poder dimensionar el desafío que significó ese primer viaje de Gagarin (en aquellos años la persona más popular del planeta) debemos recordar que aún no había vuelos directos entre Europa y el sur de Sudamérica. Cada partido del campeonato de fútbol de 1966 se vio por TV en la Argentina con varios días de retraso (el primer campeonato de fútbol que vimos en directo fue el de 1970).

Cuando el hombre llegó a la Luna vivíamos en otro mundo. No solo en el campo tecnológico sino también en el de las relaciones interpersonales, en el cultural y, sobre todo, en el campo político. La década de los 60 fue el núcleo candente de la Guerra Fría, ese enfrentamiento constante (aunque nunca explícitamente militar) entre los EE. UU. y la Unión Soviética. El mundo estaba divido en dos bloques enemigos (y los países que trataban de escapar a esa lógica o mantenerse neutrales terminaban siendo invadidos y avasallados).
Cuando la Unión Soviética logró poner a Gagarin en el espacio en 1961 ganó un prestigio tecnológico (traducido inmediatamente en política) que humilló a los EE. UU. Para superar el golpe, el gobierno norteamericano (liderado por John Fitzgerald Kennedy) tomó una decisión heroica: redoblar la apuesta hasta niveles inconcebibles: ya no solo llevar un hombre al espacio sino permitir que llegue a la Luna (un viaje con miles de peligros y dificultades técnicas infinitamente mayores que la órbita espacial de 1961). Se propuso lograrlo antes de que terminara esa década. Y cumplió.
La inversión necesaria para lograr ese objetivo fue inmensa. Un gasto absolutamente desproporcionado respecto de todos los demás gastos del Estado norteamericano. Hay distintas estimaciones presupuestarias a valores actuales, pero la menor de ellas calcula el presupuesto 1962-1970 de la NASA -la oficina estatal que tuvo a su cargo el viaje espacial- en el equivalente al PBI argentino (o un poco más). Solo la férrea decisión política de cuatro administraciones norteamericanas -en plena guerra de Vietnam, que también exigía gastos desmesurados- pudo sostener el financiamiento de un proyecto que hubiera sido imposible de concebir en cualquier otro contexto.
Quedó la hazaña que se vio en directo por TV en casi todo el mundo. Tres hombres despegaron de la Tierra, viajaron cientos de miles de kilómetros en el espacio y alunizaron en nuestro satélite. Dos de ellos bajaron de la pequeña nave en la que viajaban, caminaron en la superficie lunar, recogieron algunas muestras, tomaron fotos, pusieron una bandera norteamericana. Y los tres volvieron al planeta, sanos y salvos. Parece mucho, pero dice poco de lo gigantesco que fue el esfuerzo científico, técnico, político, financiero y cultural para lograr ese objetivo.
Pocos años más tarde EE. UU. ya no pudo sostener semejante apoyo económico a un proyecto que, encima, no daba los mismos réditos propagandísticos que en 1969 (la gente se acostumbró rápido a los alunizajes y el rating de la TV cayó en picada). El esfuerzo gigantesco que demandó poner al hombre en la Luna tuvo su logro propagandístico (que era lo que impulsó la misión) resumido en la gran frase pronunciada por Armstrong al bajar del módulo lunar y pisar la superficie de nuestro satélite: “Un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad”.
Sin embargo, lo más importante de ese proyecto espacial es lo que no se vio: los cientos de grandes desarrollos tecnológicos. Sino hubiera existido el afán de poner el hombre en la Luna casi todo lo que hoy constituye nuestro entorno técnico no existiría: desde los nuevos textiles e los instrumentos sofisticados hasta las telecomunicaciones electrónicas y los estudios médicos de avanzada (la tomografía computada y la resonancia magnética, los implantes, el monitoreo cardíaco a distancia y tantos otros). El mundo en el que hoy vivimos nació el 20 de julio de 1969.
Así de enorme fue el salto para la humanidad que dio Armstrong aquella noche de hace medio siglo.
Publicado en Diario "Río Negro", 6 de Julio de 2019.