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...." el pueblo recoge todas las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria". Leopoldo Marechal.

LA ARGENTINA DEL BICENTENARIO DE LA PATRIA.

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“Amar a la Argentina de hoy, si se habla de amor verdadero, no puede rendir más que sacrificios, porque es amar a una enferma". Padre Leonardo Castellani.

“

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"La historia es la Patria. Nos han falsificado la historia porque quieren escamotearnos la Patria" - Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría).

“Una única cosa es necesario tener presente: mantenerse en pie ante un mundo en ruinas”. Julius Evola, seudónimo de Giulio Cesare Andrea Evola. Italiano.

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jueves, diciembre 11, 2025

Directorio de Moño Azul S.A. en la inauguración del Mercado Concentrador "José Enríquez" en Centenario (Neuquén).

 


1998 Directorio de Moño Azul S.A.

De izquierda a derecha

José Humberto Calderón

Antonio Carmelo Pirri

Manuel Enríquez

Norberto Enríquez

Osvaldo M. Grisanti

Honorio Enríquez

Miguel Enríquez

Inauguración del Mercado Concentrador de Neuquén.

El mismo lleva el nombre de José Enríquez pionero frutícola de la provincia.

Gentileza: José Calderón.

domingo, noviembre 23, 2025

TRES ASES. 50 mil toneladas de frutas al año: el gigante de la Patagonia que nunca dejó de estar a la vanguardia.

 



FAMILIA GRISANTI.

50 mil toneladas de frutas al año: el gigante de la Patagonia que nunca dejó de estar a la vanguardia.

Ayer, con la conservación en atmósfera controlada y hasta un barco de exportación propio, y hoy con las cámaras de maduración presurizada, Tres Ases ha hecho de la innovación la base de su éxito y resiliencia. Los hitos y los desafíos a lo largo de su historia en la fruticultura del Alto Valle.

En el Alto Valle del río Negro hay una firma cuya historia es un ejemplo de resiliencia apoyada en el progreso técnico: hablamos de Tres Ases, una de las empresas frutícolas más importantes de Argentina. Nació como un emprendimiento familiar comercial impulsado por inmigrantes italianos, creció de la mano de la innovación (primero con las cámaras de atmósfera controlada, hoy con la presurización), atravesó una fuerte crisis originada en los años de la hiperinflación argentina y, aun así, logró transformarse para volver a ser protagonista central del sector.

Con sede central en Cipolletti (Río Negro), hoy la compañía está en plena transición: mantiene el ADN familiar que la caracterizó desde siempre, pero avanza decididamente hacia la profesionalización de su gestión. En ese proceso, la mirada moderna de su presidente, Gabriel Grisanti, y la incorporación de perfiles como Alejandro Sartor (adjunto al Directorio) explican por qué Tres Ases vuelve a ser una referencia absoluta en la región y el país. Esta es la historia de cómo una firma pionera supo reinventarse sin perder su esencia.

Fruticultura en Río Negro: la empresa siempre innovadora.

Antes de ser una empresa, Tres Ases fue una idea. Su raíz se remonta a 1914, cuando Enrique Grisanti (abuelo de Gabriel), nacido en Italia, instaló un puesto de frutas y verduras en el mercado de Bahía Blanca. Ese fue el puntapié inicial. Con el fin de ampliar y fortalecer su red comercial, en 1941 la familia desembarcó en el Alto Valle, alternando su actividad con la campaña del cítrico en Entre Ríos. La empresa formal nacería en 1960, pero para entonces ya había experiencia productiva: en 1957 se habían adquirido las primeras chacras en Villa Elvira, Cipolletti. Las mismas siguen siendo un importante bloque productivo de Tres Ases, y fueron visitadas por Río Negro

Foto de la planta de empaque de Tres Ases en 1977.
Foto: gentileza.

La segunda generación, conformada por Enrique y Segundo Grisanti (padre y tío de Gabriel), apostó por la innovación sin titubeos. Alrededor de 1970, “viajaron a Italia, consiguieron la representación de una empresa, y así Tres Ases construyó las primeras cámaras de atmósfera controlada de la región”, relata Gabriel. Ese salto tecnológico enorme les permitió extender la vida de poscosecha y vender fruta hasta la siguiente temporada. Fue la chispa de un cambio estructural en el sector.

En aquellos años, Tres Ases también construyó un frigorífico en el puerto de Ingeniero White y, en 1969, se convirtió en la única firma frutícola del Alto Valle con buque exportador propio. Fue bautizado como “Cipolletti” y construido en el astillero Río Santiago para abastecer los puertos del

Tres Ases tuvo barco de exportación propio: el histórico buque Cipolletti. Foto: gentileza.

“Acompañando al barco y a la atmósfera controlada, se consolida una marca comercial muy fuerte, muy vinculada a una jugada ganadora o a una jugada de éxito que tiene traducción en todos los idiomas y culturas”, describe Gabriel Grisanti con respecto a la elección de Tres Ases como denominación, y revelando el ambicioso objetivo de llegar a todo el mundo con las peras y manzanas norpatagónicas.

El relacionamiento con productores fue otra piedra angular del modelo Tres Ases. La empresa supo articular redes de provisión con familias históricas de la región, convirtiéndose en un actor integrador. Esa visión (una marca comercial fuerte, un proyecto de alcance global y un espíritu innovador permanente) moldearía su identidad durante las siguientes décadas.

1989: el origen de un problema… y de su solución.

La hiperinflación de fines de los años ochenta encontró a Tres Ases en plena reconversión productiva: plantaciones tradicionales estaban siendo reemplazadas por sistemas intensivos en espaldera, un cambio tecnológico indispensable pero costoso. “El financiamiento más largo disponible en ese momento en la Argentina era a seis meses, y el 97% del pasivo cuando ingresé a la empresa vencía en menos de 180 días, que además había que renovar”, recuerda Gabriel, que se incorporó a la dirección en 1991. La ecuación era insostenible.

La empresa tuvo que achicarse, desprenderse de activos y centralizar su administración en Cipolletti. El proceso concluyó en 1999 con un concurso de acreedores que ordenó el pasivo y permitió respirar. Fueron años extremadamente duros, pero también decisivos. La inversión que había generado la crisis (la reconversión de las chacras) fue la llave del futuro. La modernización productiva estaba hecha; solo faltaba un contexto favorable.

Gabriel Grisanti, presidente de Tres Ases. Foto: Juan Thomes.

Ese “viento de cola” llegó en 2002 con la devaluación. Para entonces, Tres Ases era un “velero liviano”, en palabras de Grisanti: una estructura eficiente, con costos ajustados y plantaciones tecnológicamente renovadas. Cuando soplaron los vientos adecuados, la empresa estaba lista. Y despegó con fuerza.

Despegue, innovación y un nuevo modelo comercial desde el Alto Valle.

Tras la resolución del concurso comenzó una etapa de crecimiento continuo. Con los tres hermanos Grisanti que conforman la tercera generación (Gabriel, Enrique y Gustavo) ya firmes en Peras de Tres Ases, en el Alto Valle.

Peras de Tres Ases, en el Alto Valle. Foto: gentileza.

Uno de los hitos fue la incorporación de la clasificación óptica, que reemplazó personal de clasificación manual y permitió ampliar estándares de calidad y eficiencia. Al mismo tiempo, Tres Ases reformuló su modelo comercial. Ya no se trataba solo de vender productos: la empresa decidió vender soluciones. Incorporó importaciones estratégicas y amplió su abanico de frutas hasta superar las veinte referencias, entre producción propia, compras a productores regionales e importaciones. El objetivo: garantizar abastecimiento continuo y calidad uniforme para clientes de Argentina.

Ese enfoque convirtió a Tres Ases en un proveedor integral: peras, manzanas, carozos, membrillos, bananas, paltas, cítricos contraestación, nueces y más. La clave estaba en la logística, el know-how, la maduración controlada y la consistencia. “Para cada cliente se construía una relación de confianza a largo plazo, que normalmente demanda entre tres y cinco años hasta consolidarse. Y una vez consolidada, el factor determinante deja de ser el precio: lo que importa es la confiabilidad”, explicó Alejandro Sartor.

El emblemático establecimiento de Tres Ases en el casco urbano de Cipolletti. Foto: Juan Thomes.

Con ese objetivo, Tres Ases se asoció con el mayor importador de banana de Argentina y está próxima a iniciar la maduración de frutas en cámaras presurizadas de última tecnología en la ciudad de Cipolletti. “Será la primera planta de maduración presurizada de la Patagonia, y nos permitirá abastecer bananas, paltas, peras y otras frutas listas para ser consumidas en la región y en el norte de Patagonia”, explicó Sartor.

La eficiencia productiva siguió siendo una prioridad. Todo cuadro que rinde menos de 37.000 kilos por hectárea se reemplaza con plantas nuevas. El rendimiento promedio actual ronda las 42 toneladas entre peras y manzanas. Otra máxima de Tres Ases es que toda nueva hectárea debe implantarse con tecnología e infraestructura de punta. El crecimiento siempre estuvo atado a la calidad.

El presente de Tres Ases, un gigante de la Patagonia.

Hoy Tres Ases es una de las firmas frutícolas más importantes del país. Opera 1.100 hectáreas (70% propias, 30% arrendadas), distribuidas desde San Patricio del Chañar (Neuquén) hasta Cervantes (Río Negro). Produce peras, manzanas, carozos y membrillos, con una estructura que combina tradición y modernidad. Más de 2.300 personas trabajan en temporada alta, con 180 permanentes. El 60% de la producción propia se exporta, mientras que la mitad de las 50.000 toneladas anuales comercializadas se destina a mercado interno.

Pero el cambio más profundo está en la organización. Tres Ases avanza hacia un esquema de gestión profesionalizada, donde perfiles técnicos y comerciales especializados toman protagonismo. En ese camino, Alejandro Sartor encarna la nueva etapa: una mirada estratégica, foco en la logística, la diversificación y el desarrollo comercial de largo plazo.

Alejandro Sartor, adjunto al Directorio de Tres Ases. Foto: Juan Thomes.

Esa profesionalización no borra la esencia familiar: la complementa. Gabriel Grisanti refleja esa síntesis a la perfección. Heredó de su padre valores como la integridad, el esfuerzo y la visión integral del negocio; a eso le sumó una perspectiva moderna, tecnológica y orientada al servicio. Tres Ases también es eso: una empresa que empezó siendo familiar, que hoy se profesionaliza, y que en ambos modelos encuentra la misma identidad. Una firma que fue pionera hace sesenta años con la atmósfera controlada y que hoy, con cámaras presurizadas y un enfoque comercial global, vuelve a estar en la vanguardia.

Tres Ases no solo sobrevivió a un ciclo adverso: lo convirtió en plataforma. Y hoy vuelve a liderar un sector que necesita exactamente eso: innovación, calidad, eficiencia y una visión de largo plazo. Como su historia lo demuestra, esa siempre fue su jugada ganadora (como los tres ases en el póker).

Publicado en RURAL del Diario Río Negro.

Domingo 23 de noviembre del 2025.

https://www.rionegro.com.ar/rural/50-mil-toneladas-de-frutas-al-ano-el-gigante-de-la-patagonia-que-nunca-dejo-de-estar-a-la-vanguardia/

Enlace de interés.

Los Grisanti: tres generaciones de fruticultores.

HISTORIA DE VIDA 
Diario Río Negro, suplemento Rural,sábado 07 de Abril de 2007.
Publicado en GPA 2011.

https://guillermopirriargentino.blogspot.com/2011/07/los-grisanti-tres-generaciones-de.html

martes, junio 05, 2012

Murió Don "Manolo" Saiz, a los 94 años.














Murió "Manolo" Saiz, a los 94 años. Una larga e incansable vida de trabajo como bodeguero, chacarero y comerciante roquense. 

Murió a los 94 años "Manolo" Saiz, quien durante más de 40 años estuvo ligado a la vitivinicultura de la provincia de Río Negro y fue un protagonista destacado. Tuvo una de las bodegas más importantes de la región y durante muchos años presidió el Centro de Bodegueros de Río Negro, gestionando beneficios para el sector. Manuel Saiz sin duda alguna formó parte de la historia de la producción de vinos de la provincia. Integró la CAIC, Cámara Agraria de Industria y Comercio roquense, de la que fue presidente entre 1953 y 1958. Fue fundador de la Asociación Bomberos Voluntarios, de la cual fue vicepresidente. En el Rotary Club participó durante 50 años, siendo el único socio en alcanzar ese récord. Ocupó todos los cargos en el Centro de Bodegueros de Río Negro, en tiempos en los cuales el sector era manejado por interventores en el INV. Sin embargo, reconocía que nunca había tenido inconvenientes durante sus gestiones, por demás exitosas: "siempre me dieron lo que pedí porque nunca solicité lo que no correspondía". Amable, sonriente, su figura traslucía haber vivido intensa y plenamente. Hasta hace pocos años atrás se lo podía ver manejando su larguísimo Ford Fairlane por las calles de Roca. Siempre fue un apasionado del trabajo y disfrutó todo lo que hizo. No le interesó nunca la política, "no era para mí", decía en aquel reportaje el tío del ex gobernador de Río Negro Miguel Saiz.
 Fuente: Archivo Diario Río Negro. 

NOTA DEL DIARIO RÍO NEGRO, Sábado 05 de Julio de 2008, Historias de vida. 
"EL CHACARERO DE VERDAD SIEMPRE VA PARA ADELANTE". 

Nació el 22 de noviembre de 1917 en Roca y hace siete décadas que trabaja para esta ciudad. Fue comerciante, tuvo chacras y una bodega y colaboró en casi todas las instituciones locales. 
Hoy, con 90 años, Manuel Saiz sigue con la producción de peras, manzanas y duraznos. 
 Manuel Saiz vive en una casa impecable, de ésas en que cada cosa está siempre en su lugar. 
En su escritorio, cuyos muebles lo acompañan incondicionalmente desde hace varias décadas, guarda todo aquello que da testimonio de su trayectoria, todo lo que atesora como sus mejores trofeos: pergaminos que recuerdan la fundación de uno de los comercios más importantes de la década del '50 en la región (Saiz, López & Baraldi), los del Rotary y los del Directorio del Banco de Río Negro y Neuquén; fotos con su familia y, en alto, una suya con su primera y única bisnieta; las etiquetas de los vinos que hacía y comercializaba en su bodega de Mainqué y un recuerdo de su paso por la vicepresidencia del cuerpo de bomberos y de su presidencia en la Cámara de Agricultura, Industria y Comercio. 

Sobre el escritorio reposan lápices negros con puntas perfectas, almanaques, una máquina de escribir, carbónicos y una síntesis en tinta azul de las fechas más importantes de su biografía. Manuel, de punta en blanco y con su infaltable corbata, comienza a relatar su biografía: "Manuel Saiz, hijo de españoles, nace en 1917, inicia sus actividades comerciales en 1940". 
 La charla toma otros senderos y algunos atajos y fluye. Manuel, muy amable, acepta que la conversación siga otros cauces. Es un hombre sonriente. Trasluce haber vivido intensa y plenamente. 
 Sus padres, Adolfo Saiz y Modesta del Río, eran españoles, de Lillo. "Ella salió de España con sus padres y sus papeles en orden; en cambio, mi padre quiso subir al barco de polizón y lo descubrieron. De modo que mi madre llegó un poco antes que mi padre, pero ambos fueron inmigrantes". Llegaron en vapor a Bahía Blanca cuando el siglo XX nacía. Luego, sus padres se casaron y se mudaron a General Roca. "Mi padre era panadero y puso una panadería que mucha gente recuerda; después dispusieron su traslado a Huergo. Él fabricaba el pan y mi madre estaba en la caja. En Huergo tuvieron a cinco de sus hijos: Adelino ('Farrucho'), José ('Chochón'), Adolfo ('Fito'), Manuel y Modesta. Yo nací en 1917 en Roca, pero viví en Huergo hasta que me casé", cuenta el menor de los varones de la familia. Sus padres vendieron la panadería cuando él tenía 12 años. 
Manuel había terminado su escuela primaria con las mejores notas y decidió seguir sus estudios en la Academia Mandarano, donde toda una generación de vecinos de la colonia -debido a que no había escuelas secundarias- aprendió el oficio de "tenedor de libros" y los rudimentos de la contabilidad. A los 15 años Manuel ya tenía apuro por trabajar. "Fui el primer empleado de la cooperativa que se fundó en Huergo, la llamada 'Lobo de Río Negro'. 
Allí trabajé siete años, hasta 1939; me retiré por voluntad propia, pero debo decir que ésos fueron años fundamentales, años en que aprendí muchísimo sobre el sector frutivinícola. Fijate cómo será, que paralelamente a ese trabajo hice una sociedad con mi hermano 'Fito', con quien empezamos a meternos en el negocio de la fruta. Yo era menor de edad, pero pura audacia; de hecho, obtuve una autorización del primer juez letrado que tuvimos en Roca para poder comerciar siendo menor. Mandarano -una persona muy querida y respetada- me convenció de pedir una autorización al juez para trabajar y éste me la otorgó. Siempre fui un apasionado del trabajo y por eso disfruté de todo lo que hice. 
Digamos que estoy en paz con la vida. Aprendí observando a los mayores. "Con mi hermano aprovechamos que existía el tren frutero -continúa-. Recorría toda la provincia de Buenos Aires, donde hice una linda clientela en Mar del Plata, Olavarría, Dorrego, General Lamadrid... nos fue muy bien, aprendimos y progresamos. Pero tuvimos que interrumpir la actividad cuando terminó el tren frutero, cuando se nacionalizaron los ferrocarriles. 
Digamos que nos arruinaron el negocio" (risas). Los problemas que generó la salida de los ingleses del transporte y el comercio de fruta del Valle recién se resolvieron cuando Frondizi decidió invertir en la Ruta 22. En medio fueron años críticos para la logística del sector. 
 Hasta el año '40 Manuel siguió viviendo en Huergo; luego se mudó a Roca, donde con los años se estableció toda su familia. "Mis padres vivieron aquí el resto de sus vidas; mi padre hasta los 87 años y mi madre, hasta los 85. Yo me casé en 1940 con Alcira Puicerverg; ella también era hija de inmigrantes que se habían radicado en Huergo (Miguel Puicerverg y Celedonia Cantó) y tuvimos tres hijas. 
Durante años hicimos nuestras reuniones familiares enormes, infaltables.
También nos reuníamos con amigos. Teníamos unos amigos íntimos en Godoy con quienes hacíamos unas farrongas bárbaras. Eran los Frassón y los Micheletto. Me acuerdo de que nos veíamos para las fiestas y cada uno llevaba lo que podía: yo iba con unas ciruelas, otros hacían pavitos rellenos y así. Fuimos amigos durante toda la vida". Cuando era chico, Manuel tuvo tifus, enfermedad que le dejó un soplo y que lo hizo concentrarse en una actividad sola: el trabajo. "Varias veces pensé que me moría, pero ahora ya no temo a la muerte, estoy amansado", dice. "Ingresé al comercio cuando me desvinculé de la fruta, a los 23 años. Hice una sociedad con el señor Oscar Boscacci, quien tenía un negocio de bicicletas, cocinas y artículos para el hogar, algo que andaba muy bien por entonces. Hicimos una sociedad que se llamaba 'Boscacci & Saiz'. 
Paralelamente, entre 1940 y 1945 alquilé a Ernesto Verdecchia una bodega en Mainqué, frente a la Ruta 22; algo sabía del rubro por haber trabajado en la cooperativa. Yo estaba en el comercio en Roca y mi hermano 'Fito' quedó al frente de la bodega. En el '45 se venció el contrato de alquiler y yo hice una oferta para comprarla, pero Verdecchia no aceptó, así que invertí en una chacra de 25 hectáreas y me largué a hacer el negocio grande". La nueva sociedad fue "Saiz, López & Baraldi", dedicada al comercio de artículos del hogar, tractores, camiones, autos, repuestos para autos, curadoras y maquinarias para chacras y bodegas.

"Como esos años fueron económicamente muy buenos, me animé a comprar un terreno para construir el local en la calle Tucumán (donde actualmente está Topsy). 
Contraté a un estudio de arquitectura en Bahía Blanca para que hiciera un gran salón sin columnas, como había visto en San Luis... toda una revolución. La gente me preguntaba cómo se iba a sostener el techo sin columnas (risas). Era el local más grande de Roca y en esos años Neuquén no tenía comercios tan grandes como el nuestro. Lo hice con un crédito del Banco Hipotecario y mirá los buenos años que serían, que cancelé el crédito antes de tiempo. "El edificio fue inaugurado el 16 de noviembre de 1947 y fue muy próspero hasta que se cerraron las importaciones.
 Muchas firmas que nos vendían decidieron cerrar sus filiales en Argentina, como John Deere y Agar Cross. "En 1966 cerraron el negocio; era la fecha en la que caducaban los contratos contraídos hacía 20 años. Fueron épocas de crecimiento para el Valle; pese a los altibajos vimos a Roca crecer. Eran tiempos en que si hacías las cosas bien, salían bien. Además la gente cumplía sus compromisos y dedicábamos tiempo a lo comunitario, que es muy gratificante. 
Roca era un pueblo muy importante, marchaba a la cabeza de las localidades de la provincia y trabajábamos con ese impulso, de mejorar nuestra localidad". 
 En 1950 Manuel compró otra chacra y en adelante la fruticultura y la vitivinicultura concentraron sus energías. "Me retiré quince años de la bodega pero volví. Logré que la familia Verdecchia me vendiera aquella propiedad que había alquilado. En 1962 había hecho tan buen negocio con los duraznos que me pagaron con un cheque y, así como me lo dieron, se lo entregué a Verdecchia como pago de la bodega. Volví a la actividad con muchísimo entusiasmo. Agrandé la infraestructura y estuve hasta el 2006 haciendo vino. Fraccionaba en damajuanas y vendía en botellas en toda la zona; el primer lugar en ventas era Neuquén". En medio de tantas actividades, Manuel formó su familia. Estuvo casado durante 65 años y con su esposa vieron crecer a sus tres hijas, Mirta, Mabel y Silvia, y a sus siete nietos. 
"En el 2005 perdí a mi señora... la vida ahora es distinta pero, para tranquilidad de mis hijas, tengo que estar bien. Mi mujer permitió que yo hiciera todo lo que hice; siempre toleró mis constantes llegadas tarde, mis actividades sociales. Por suerte, pudimos disfrutar también y viajar por el mundo", recuerda. 
 Manuel estuvo durante muchos años al frente del Centro de Bodegueros de Río Negro. 
"Me tocó la época en la cual el sector era manejado por interventores; sin embargo nunca tuve inconvenientes durante mis gestiones, siempre me dieron lo que pedí porque nunca solicité lo que no correspondía. También estuve al frente de la CAIC (1953-1958) y en la vicepresidencia de Bomberos Voluntarios y siempre me manejé con el mismo principio: sinceridad y apertura, dos ingredientes fundamentales a la hora de conseguir consensos. 
En política nunca estuve; no era para mí la política", cuenta el tío del actual gobernador de Río Negro, Miguel Saiz. Manuel cumplió 50 años de socio del Rotary, el único en alcanzar ese record, y por pedido de Septimio Romagnoli se sumó a la Comisión del Banco de Río Negro y Neuquén cuando él estaba al frente de la institución. "He sido un hombre afortunado, aprendí mucho de los mayores y el tiempo en que estuve activo en la sociedad me tocó conocer a gente extraordinaria. 
La comisión de Bomberos era lindísima; estaban Kaufmann, Fava, Spizter, Carrera, Stafisso y otros... ¡qué linda gente! ¡Y, por favor, no olvidemos mencionar a Septimio Romagnoli! Nos enseñó muchas cositas buenas, una maravilla de persona. Estuvo 25 años al frente del banco. Yo lo acompañé entre 1956 y 1960; luego me excusé porque mi comercio necesitaba mi presencia".
 Actualmente Manuel maneja una chacra y confiesa que siempre se ocupó personalmente de comercializar su fruta. Durante 30 años le vendió a Moño Azul y ahora le vende a Expofrut. "Tuve siempre manzanas, peras y duraznos. Los duraznos me dieron muchas alegrías, sobre todo en el tiempo en que se inició la fábrica de conservas en Otto Krause, cuando Grisanti estaba al frente de ella". Manuel viene de una familia muy unida y repitió con la propia esa característica. Lo acompaña siempre su hija Mirta, quien es la única que vive en Roca, y sueña con que alguno de sus nietos continúe con la fruticultura. "Si llega el momento sé que algún nieto lo hará", afirma confiado. "En el 2004 comencé mi retiro de las actividades: vendí la bodega y me quedé con una chacra que me mantiene entretenido.
 Para finalizar, tengo que decir con satisfacción que un empleado que me acompañó durante 34 años en la chacra se acaba de jubilar. 
La chacra ha sido lo más constante en mi vida, nunca abandoné. 
Años buenos, años malos todos los tuvimos, pero el chacareo auténtico siempre va para adelante". 
Entrevista realizada por: SUSANA YAPPERT.

El más sentido pésame por esta irreparable perdida de quien sigue siendo ejemplo de lo que se está perdiendo en la Argentina nuestra la cultura del trabajo, el valor de la producción, la productividad, el fomento de la libre iniciativa, del esfuerzo.

domingo, febrero 12, 2012

Reconocimiento a los productores y obreros de la fruta en la Fiesta Nacional de la Manzana 2012.






Fiesta de la Manzana 2012.
Un reconocimiento a los productores y obreros de la fruta.

El homenaje que recibieron productores con extensa trayectoria en la zona.



La Fiesta Nacional de la Manzana es un tributo y festejo de esta importante actividad económica del país.
En la Fiesta Nacional de la Manzana 2012 el viernes 10 de febrero se realizó la ceremonia que homenajeó a los productores frutícolas y a obreros de la fruta en la Globa de Prensa en el predio de la Fiesta Nacional de la Manzana de la Ciudad de General Roca.
En el homenaje participaron autoridades municipales encabezada por el Intendente Municipal, Martín Soria y autoridades provinciales, y, también, familiares y amistades de los homenajeados. Estos dignos reconocimientos para quienes llegaron incluso de diversos lugares y lograron consolidar, en el suelo rionegrino, una historia de trabajo y producción en sus chacras, que ahora continúan sus hijos o nietos y sirve para valorar la cultura del trabajo, del esfuerzo y la importancia de la producción.
También fueron homenajeados por las autoridades los obreros del sector frutícola con muchos años de desempeño en la tarea.


Los homenajeados fueron:
* Antonio Pirri Siracusa Productor
* Joaquín García – Productor
* Antonio Zinelli (Tonino) - Productor
* Basilio Natalini - Productor
* Roberto Ricardo Pistagnesi - Productor
* Ana Catalina Melchiori Vda. de Mendoza – Productora
* Emilio Jesús Pablo - Trabajador de empaque
* Rogelio Antonio Díaz - Trabajador Rural
* Cesar Hugo Acuña - Trabajador Rural
* Julio Ricardo Jara - Trabajador Rural
* Anania del Carmen Rivas - Trabajador Rural
* Ramón Ireneo Ledesma - Trabajador de empaque
* Yolanda Alicia Vidal - Embaladora
* María Mafalda Loncoman – Clasificadora.
Entre los productores homenajeados se encuentra ANTONIO PIRRI SIRACUSA.


ANTONIO PIRRI SIRACUSA.

BREVE HISTORIA:
ANTONIO PIRRI SIRACUSA nació en Punta Alta (Buenos Aires) en 1931, hijo de inmigrantes italianos, llegó a Villa Regina el 6 de enero de 1944.
Regresó a su ciudad natal para terminar su 6to. Grado y volvió a Villa Regina en diciembre de ese año.
Siendo la fruticultura (de manzanas y peras, duraznos y ciruelas), el comienzo de su desarrollo en la región Patagónica.
El 10 de diciembre de 1944, de pantalones cortos, comenzó a trabajar con su primo Antonio Carmelo Pirri.
El 5 de enero de 1945 se formó la Sociedad de hecho Antonio Pirri con Guido Rafael Grisanti puntapié inicial de lo que más tarde sería Moño Azul S.A.; vale decir que comenzó con ellos siendo el Primer empleado de la futura y potente frutícola la que en 1959 se llamará Moño Azul S.A. integrada por las cuatro familias fundadoras: Pirri, Grisanti, Buttá y Enríquez.
En abril de 1960 formó la sociedad Pirri Siracusa, Tormena y Cía. S.A.C.I.A. que iniciará sus actividades en la Ciudad de Villa Regina el 15 de septiembre de ese año dedicándose a las actividades de índole frutícola y comercial como la distribución de YPF y estaciones de servicio que abastecía desde Chelforó a Contralmirante Guerrico; la representación de la marcas Dodge, tractores Fahr, camiones Deutz, acoplados y furgones térmicos Montenegro y motores Perkins.
En el año 1962 adquiren una bodega con 50 hectáreas de viña, en la localidad de Ing. Huergo, que se mantiene y se amplió.
Añora “el amor de sus amores”: Moño Azul que ya no está en manos de sus fundadores y descendientes.
En marzo de 2007 el Ministerio de Producción y el Aero Club de Villa Regina en el marco de la Fiesta Provincial de la Vendimia en el Polideportivo Cumelén le otorga un reconocimiento por la actividad vitivinícola.
A pesar de los avatares y gobiernos, inestabilidad política y económica de nuestro país sigue al frente de esta empresa de capital nacional creando riqueza y trabajo, desde sus inicios, con los próximos 81 años a cumplir con plantación de frutales y viñedos únicamente en este suelo bendito rionegrino.


*** Fuente de información e investigación: Guillermo Pirri.

viernes, julio 01, 2011

HACE 5O AÑOS NACÍA LA EMPRESA MOÑO AZUL.

HISTÓRICAS REGINENSES.

MOÑO AZUL.

Dice Franco González de esta empresa en el libro "Hechos y Realidades Reginenses":

"Comienza su actividad con Galpón de Empaque en el año 1946, Don Antonio Carmelo Pirri, trabajando en forma conjunta con la firma Grisanti y Cía., para pasar a denominarse en 1954 Grisanti, Pirri y Cía.

Esta firma se fusionó en 1961 con Enríquez y Cía., más tarde entre estas sociedades se constituye "Moño Azul" S. A., considerada una de las más importantes empresas frutícolas de Río Negro y Neuquén, con varios establecimientos de empaque y frigoríficos.

Están ubicados en Villa Regina, Campo Grande, Centenario, Vista Alegre, Neuquén y Paso de los Libres, frente a Uruguayana (Brasil)".

Por su parte la historiadora reginense Silvia Zanini en el libro "Las historias que nos unen una perla junto a las bardas".

"La empresa "Moño Azul" conformada originariamente por Antonio Carmelo Pirri y Grisanti hacia 1953, adquirió esta razón social en 1961 cuando se fusionaron con Enriquez y Cía., ampliando paulatinamente sus departamentos de producción: cultivos, empaques, conservación frigorífica, aserradero, fábrica de conservas y exportación."

"Esta empresa fue fundada el 1 de julio de 1961 como resultado de los esfuerzos conjuntos de cuatro empresas familiares que han estado presentes en el negocio frutícola desde hace más de 40 años. Su primer Directorio fue integrado por José Buttá, José Enríquez, Rafael Guido Grisanti, Antonio Carmelo Pirri, Honorio Enríquez y Norberto Enríquez. Su primer presidente fue Rafael Grisanti. La nueva empresa se construyó sobre la base de la experiencia en la producción de las familias Enríquez y Pirri en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén y la experiencia en comercialización de Buttá y Grisanti".